MATAR AL PADRE (Y AL HERMANO)

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición N°287 del 22 de octubre)

Ed Miliband, con apenas 40 años, asume el liderazgo del partido laborista británico. David Cameron, actual primer ministro, tomó el control del partido conservador hace un lustro con 39 a cuestas. Nick Clegg hizo lo propio dentro de los Liberal Demócratas con exactos 40. A mediados de los noventa, Tony Blair ganó las internas con 41 años. A simple vista, la renovación generacional se convirtió en un imperativo de la política inglesa. La capacidad de cada sector para jubilar a los viejos cuadros se ha vuelto un factor que incide en el éxito electoral.

En el contexto chileno, varios próceres ligados al régimen militar, a la recuperación de la democracia o a la transición siguen siendo activos protagonistas. Pensar que la generación que sobrepasa la cincuentena debe recluirse en los cuarteles de invierno es inverosímil. El flamante presidente de la DC, senador de la república, ex ministro y dos veces diputado, sostiene representar la “renovación” de su partido con 54 años. Esta conversación se ha vuelto inevitablemente un lugar común, pero sin perder su vigencia y relevancia: ¿Deben las nuevas generaciones tomar el control de las estructuras políticas tradicionales para operar el cambio que demandan los nuevos tiempos? ¿El retiro de la vieja guardia se produce voluntariamente o sólo cristaliza a través de su derrota democrática? ¿Están dispuestos los hijos a desafiar a los padres?

La particularidad del caso inglés radica en que Ed Miliband no sólo representa con su ascenso el fin de la hegemonía del New Labour de Tony Blair y Gordon Brown (sus padres políticos), sino que además se permite desbancar a su propio hermano mayor David Miliband, hasta hace poco el favorito para quedarse con el puesto. El pequeño Ed mata al padre, al sostener en su primera aparición pública que durante sus años de gobierno (1997-2010) el laborismo se había equivocado en una serie de cuestiones y había que reconocerlo públicamente (desde la guerra de Irak hasta ciertas políticas económicas). Pero además mata al hermano,  confinándolo al autoexilio político: hace pocos días, David Miliband anunció que daba un paso al costado, decidiéndose a no integrar el “gabinete en las sombras” de la oposición.

¿Podemos decir que con 45 años David Miliband fue jubilado de la política? Improbable. La vocación no se esconde fácilmente. Las cualidades del liderazgo no se replican artificialmente. Pero aunque improbable, posible. El hermano mayor ha dicho en privado que no quiere alimentar los mismos dañinos rumores que acompañaron la relación Blair – Brown durante tanto tiempo. Pero también hay una cuestión de honor en juego. Algo similar a lo que los militares hacen cuando un compañero de menor antigüedad asciende antes que ellos. Lo pueden dejar pasar una que otra vez, pero generalmente entienden que les ha llegado la hora. Entonces presentan la renuncia.

En Chile, el escenario político apenas da para “matar al padre”, tomando en cuenta que las cartas renovadoras de la Concertación son descendientes literales y no metafóricos de los fundadores de la coalición o de los partidos. Piense un segundo en Claudio Orrego, Ricardo Lagos Weber o Carolina Tohá. En estos casos, los costos de sacrificar al padre no son meramente políticos. Además, el discurso de este trío adolece de los elementos autoflagelantes que saca a relucir “Red Ed”, como es conocido el menor de los Miliband por su inclinación a la izquierda. Girardi, Vidal y Ominami están más cerca de esa posición crítica respecto de la “obra” de la Concertación, pero ninguno de ellos porta las virtudes de una imagen fresca y lozana. En el otro lado del espectro, lo que hizo la patrulla de Piñera, Allamand, Espina, Matthei y compañía respecto de Jarpa, Diez y las otras eminencias de la antigua derecha, durante los noventa, amenaza prontamente con sucederles a ellos. No es nada personal. Es el ciclo de la vida. Y en política, los británicos han demostrado que funciona de manera implacable. Con los padres… y los hermanos mayores.

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2 comentarios to “MATAR AL PADRE (Y AL HERMANO)”

  1. Javier Sajuria Says:

    Lo interesante es que su discurso de matar al New Labour no pasó más allá del acceptance speech. En todas y cada una de las Prime Minister Questions, Milliband ha debido salir a defender las medidas adoptadas por Blair y Brown (en especial este último y en especial las medidas económicas). Puede que sea una estrategia inteligente de los tories de sacarlo al pizarrón cada vez que puede, pero Milliband no ha sido capaz de plantear una estrategia propia que sea acorde a lo que planteó cuando asumió el liderazgo de su partido. En vez de eso, pareciera que prefiere defender la supervivencia del New Labour más que enterrarlo.

  2. MK Says:

    Con el titular pensé que estabas escribiendo de Sebastián Piñera. No sé sobre su padre, pero sí debe hacer algo respecto al hermano. Digoyonomas.

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