Nazis y Hitler. Von Baer y Zaldívar. Internet y Comunicación

por Mathias Klingenberg

Cristóbal Bellolio me ha invitado a opinar en este ilustre blog sobre la los dichos del senador Zaldívar sobre la Ministra Von Baer (y viceversa, supongo). No suelo tener un blog de opiniones porque generalmente otra gente es mucho más clara que yo en la exposición de ideas, y porque mi eventual audiencia interesada son los tipos que se juntan a beber en mi cumpleaños. Y mi esposa (aunque en este último caso es más bien una audiencia cautiva, no necesariamente interesada). Divago. Suelo hacerlo (¿ven lo que digo? Mal hábito para un blog de opinión). Y suelo abusar de los paréntesis.

Cristóbal pensó en mí a raíz de que respondí por mail sus preguntas surgidas en la columna “El Momento más Feliz” (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2010/10/13/el-momento-mas-feliz/) y su “tuiteo” en que mencionó la felicidad de Piñera y la de Hitler (hay símiles que he escuchado decir y otros no. ¿Más contento que chancho en el barro? Sí, lo he escuchado.  ¿Más contento que perro con dos colas? Sí.  ¿Más contento que tula en agua tibia? También. “Estoy más contento que Hitler entrando París” no lo recuerdo… Divago otra vez, prometo tratar de evitarlo).

En ese mail hice bastante referencia a mi experiencia como usuario intensivo de Internet y de mi participación en varias “comunidades online”, por supuesto matizado de forma poco rigurosa (sesgo profesional cuando nos da por opinar) con mis observaciones sociológicas. Aprovecho que ustedes no leyeron ese mail, y reutilizaré indiscriminadamente párrafos ya escritos.

Vamos revisando un par de axiomas comunicacionales (unos más serios que otros) que van ordenando algunas ideas en torno a este pugilato Alianza / Concertación:

1.- Ley de Goodwin sobre las discusiones de Internet: “mientras la discusión online se extienda, aumenta la probabilidad de que se mencione a Hitler y/o a los Nazis”

Nótese que la ley de Goodwin fue enunciada en 1989, en los albores de “la red”. Esto plantea preguntas:

(En este momento, si no sabe lo que es un flamer o un troll, por favor vaya al final de esta columna y lea los casos 1 y 2 para ilustrarse, hacia el final de esta columna)

a.- ¿Por qué en un medio de interacción tan nuevo se generó de inmediato una observación que a pesar de su ridiculez sigue siendo vigente 20 años después? ¿Qué tiene Internet que hace que existan “cierto tipo” de discusiones improductivas y ciertos personajes particularmente odiosos como los flamers y los trolls?

Una posible respuesta tiene que ver con el medio (Internet), que permite asincronía, distancia y anonimato. Permite no ver las consecuencias de lo que estoy haciendo/ diciendo, y puedo mantener mi “vida real” inalterada. Lo que es funcional a cierta necesidad de “ser relevante/ interesante/ polémico” con que mucha gente carga, la necesidad de “dejar mi marca” en el mundo, aunque el fin haya sido destructivo.

b.- ¿Por qué Hitler/ los nazis?

Caramba, eso es simple. Hitler pasó a ser el símbolo absoluto de El Mal. Más que Don Sata. Más que Mr. Burns. Y como símbolo masivo, después de 7 décadas de películas y documentales que buscaron reflejar esa maldad y bestialidad inconmensurable, apela profundamente a la emocionalidad.

Así, cuando se habla de que alguien es bueno o es malo, el último referente (en esta comparación) son los Nazis.

Ahora, como se pudo ver en la mencionada columna de Cristóbal, esta elaboración tiene un par de efectos. Por un lado, simplifica/ trivializa el símbolo (no resiste demasiadas “dimensiones complejas”). Y por otro…

2.- Corolario a la ley de Goodwin “Una vez que se menciona a los Nazis o a Hitler, cualquier posibilidad de diálogo o debate razonable se acaba”.

Este corolario también forma parte de “la sabiduría de Internet” y tiene al menos 15 a 10 años. Es decir, la sola referencia a este símbolo absoluto, que despierta emocionalidades y referencias tan tremendas, limita la posibilidad de poder elaborar un argumento que matice algo distinto a “maldad”.

Así, si alguien quiere tener atención o ser polémico, basta que se mencione a Hitler y verá los resultados. Por eso el fenómeno pasa a ser bastante extendido. El referente simbólico está demasiado enraizado, demasiado “amojonado en el hipotálamo” (me gustó la frase).

Si un comunicador es absolutamente inescrupuloso en el uso de símbolos y comunicaciones de masas para fines malvados, pasa a ser Goebbels. Un debate razonable sobre qué constituyen sus méritos en términos de “eficacia comunicacional” es difícil de alcanzar fuera de un contexto sumamente académico. Y aún ahí hacemos separaciones semánticas, por ejemplo entre “la publicidad”/ “comunicación estratégica/ efectiva/ etc.” (que es legítima e incluso buena) versus “la propaganda” (que tiene fines manipulativos/ ideológicos/ malvados).

3.- Axioma de la comunicación n° 3 de Watzlawick (es decir, es un axioma serio): “La naturaleza de la relación depende de la puntuación de secuencias” (o algo así).

Es decir, la comunicación humana no puede ser estructurada en términos de causalidad. Ya que para cada participante una misma dinámica se puede puntuar de forma distinta y tener interpretaciones distintas, y llegar a la “causa original” suele ser un ejercicio- sino difícil- inútil.

A modo de ejemplo simple: “Yo no soy tonto” – “Yo no. Soy tonto”. El punto hace una diferencia radical en el significado de la frase.

A modo de ejemplo complejo:

–          “Lo que el Senador dijo fue una exageración” (la culpa es de usted, senador Zaldívar)

–          “Lo que dijo la vocera fue una provocación. No puede esperar que no reaccionemos.” (Usted me provocó, vocera Von Baer).

–          “Lo que dijeron los congresistas de la Concertación fue una canallada y una bajeza” (Ustedes partieron diciendo huevadas sin fundamentos ni evidencias).

–          “La conducta del Presidente, que anuncia estadios nuevos para los clubes opositores a Harold, hacen sospechar de intervención desde la Moneda” (¿Piñera eligió “justo ese día” para los anuncios de estadios nuevos? Andáaaa… No creo en coincidencias, las evidencias ni hacen falta). Ver nota 3.

Es decir, la discusión se puede eternizar y no llegaremos jamás a “descubrir” (de forma convincente para todo mundo) cuál fue la causa primera ni quién fue el responsable último de este desmadre. Todos los participantes tienen una responsabilidad que no asumen. Y si el objetivo es salir de la situación de conflicto comunicacional, el ejercicio de buscar la responsabilidades últimas puede pasar a ser bastante inútil.

Si los protagonistas no pueden ponerse de acuerdo, un espectador probablemente esté menos capacitado (y seguramente menos interesado) para llegar a la causa primera o al responsable último.

4.- A modo de cierre

Si no han leído los casos 1 y 2, les pido que los lean ahora.

Una de las consecuencias más tristes de las dinámicas de internet mencionadas, con los trolls, los flamebaits, los Nazis, los argumentos polémicos y discusiones fútiles sobre culpas… es que muchas de estas comunidades virtuales se terminan desintegrando.

Y es que las peleas comunicacionales (es decir, sobre quién dijo qué, quién tiene la culpa y quién merece las disculpas), donde no hay ninguna “grandeza” en el debate, donde “ya están mencionando de nuevo a Hitler (y por lo que no vamos a ver ninguna conclusión interesante)” no resultan tan excitantes como los protagonistas piensan.

Y las herramientas de Internet 2.0 sólo sirven para eternizar un espectáculo sin audiencia, cuyo triste epílogo al día de hoy vendría a ser éste (http://www.lasegunda.com/ediciononline/politica/detalle/index.asp?idnoticia=602396). Pero acá “disolver la comunidad” tiene un costo dramático. Que la ciudadanía pierda el interés en la políticas es nefasto.

El argumento no es que Internet ha saltado a la realidad y ha impuesto sus lógicas (aunque a ratos pareciera que sí). La política siempre ha tenido sus pequeñas teleseries y sus grandes peleas pequeñas, como el duelo a pistolas de Allende con Raúl Rettig (hummm… esa idea sí es interesante para terminar el asunto Von Baer- Zaldivar… Divago de nuevo, pero ya termino).

El punto central es cómo diablos le hacemos para recuperar la audiencia que se interesa en los temas políticos (politics) y de políticas (policy), pero que (entendiblemente) se cansan de esto. Cómo le hacemos para que los debates sean productivos, y que si hay diferencias éstas sean en asuntos sustantivos y no en luchas por tener “la última palabra” o “dar el apretón de manos a la estrella”. Cómo vamos a hacerle nosotros para tener políticos que puedan ser atractivos, perceptivos y efectivos (o al menos 2 de 3). Cómo le hacemos para sacar el máximo provecho al debate público sin desgastar nuestras limitadas capacidades comunicacionales.

Parte de la respuesta creo recordarla de un texto de Sennet: y es que tenemos que partir de la base de que esto es política. Y la política es sin llorar. No porque las emociones no tengan cabida, sino porque ser “demasiado sensible” es un lujo que no te puedes dar. Y parece ser que para ser un aporte en política tienes que estar (o parecer) dispuesto a sentarte a negociar, aunque sepas que tu contraparte tuvo intenciones de liquidarte.

¿Alguien tiene más pistas?

Casos ilustrativos y notas al pie

Caso 1: flamer, flambaits

Supongamos que existe un grupo de fanáticos del cacho. Comienzan a intercambiar mails y de pronto generan un foro, a través del cual conocen a otros fanáticos del cacho y se organizan eventos de cacho. Ha nacido una “comunidad virtual”.

No es extraño que después de un tiempo, y a medida que llega más gente desconocida a la comunidad, se haga probable que alguien plantee alguna pregunta del tipo “A propósito de vasos de cuero, ¿qué opinan del trato ético de las vacas?”.

Esto lo puede hacer sabiendo que hay grupos dentro de la comunidad que se juntan a hacer asados y ubica a un par de veganos que prefieren usar vasos plásticos.

El tema es un “flaimbait” o “anzuelo de flamer”, planteando algo que sabe generará polémica, y en lugar de estar “interesado en el debate”, se satisface con “generar preguntas interesantes” que arman polémica, mientras mira cómo se pelean los usuarios.

Caso 2: trolls

Misma comunidad. De pronto, en plena discusión sobre la los resultados del campeonato regional de cacho, un usuario nuevo interviene y postea algo como “¿Aún juegan con dados? Tropa de palurdos, consíganse una vida.” Acto seguido, vienen todas las airadas respuestas, partiendo por supuesto por los jugadores más sensibles.

Nota 3:

Axioma de la Comunicación N°1 de Watzlawick: “No se puede no comunicar”. Y es que toda conducta, toda acción, es interpretable por otro. Es comunicación. Y Piñera no tuvo el cuidado de saber que estaba comunicando cosas “sin querer”, sin referirse a la ANFP. Y me puedo desdecir de lo dicho, pero desdecirme de lo que hago es mucho más difícil.

Nota 4:

A modo de reflexión paralela, y sin ánimo de hacer o recibir un juicio político al respecto… pero el “tema Pinochet”, para la audiencia chilena, si no se tiene cuidado, puede terminar generando el mismo efecto que el corolario a la Ley de Goodwin. Abusar del símbolo puede terminar por trivializarlo.

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Una respuesta to “Nazis y Hitler. Von Baer y Zaldívar. Internet y Comunicación”

  1. MK Says:

    Genial la ilustración, Cristóbal. No podría haber elegido una mejor.

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