LA PARADOJA DE LA NUEVA DERECHA

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic el jueves 18 de noviembre)

Para hacer esta columna revisé casi todo lo que se escribió estas últimas semanas sobre “la nueva derecha”. Es probable, por tanto, que las siguientes líneas no sean tan sabrosas como analíticas. Pido las disculpas a quien se aburra, a quien desde ya le encuentro toda la razón.

Desde mi perspectiva, hay dos debates paralelos sobre la tesis Hinzpeter. El primero nos remite al asunto de si la “nueva derecha” existe ideológicamente o se trata sólo de un set de novedosas actitudes. O sea, si hay algo de fondo o es pura forma. Algunos columnistas han preguntado legítimamente dónde están las ideas del proyecto. Enumerar obviedades no basta. Hinzpeter menciona el alza de impuestos a las empresas y el salvataje de Punta de Choros entre otras originalidades del gobierno respecto del paradigma de la derecha clásica. Estamos de acuerdo, pero todo parece indicar que las motivaciones de estos episodios son pragmáticas y no dogmáticas. Como lo señaló otra comentarista parafraseando a Isaiah Berlin, en La Moneda habitan más zorros (partidarios de la confusión) que erizos (partidarios del contraste). Esto no es peyorativo; de hecho, se trata de la nueva “forma” –y no del nuevo “fondo”- de gobernar. Esta interpretación es coherente con el espíritu de desdramatizar el cambio de coalición en el poder. La tarea de Piñera tiene similitudes con lo que a su vez hizo Aylwin: derribar el prejuicio de la ingobernabilidad, frustrar a los extremistas propios, salir a conquistar el centro para construir una mayoría estable y no meramente accidental.

La posibilidad de pasar de las actitudes novedoso-pragmáticas a las convicciones novedoso-ideológicas, sin embargo, existe. Esa posibilidad radica en abrazar lo que se conoce como la causa liberal. Una derecha laica, cosmopolita y plural sería sin duda una “nueva derecha”, satisfaciendo parcialmente la demanda por ideas. Una derecha que, como recuerda otro célebre columnista mercurial, respete la responsabilidad individualidad no sólo frente al mercado, sino también frente a las distintas opciones de vivir la vida privada. Pero es una remota posibilidad, especialmente con un Presidente semi canuto y careciendo los pocos liberales de poder en los partidos del oficialismo.

La segunda cuestión que subyace a la discusión es la que enfrenta a sincréticos y separatistas. Los primeros creen que toda la derecha chilena se merece el apelativo de “nueva”. Los segundos, en cambio, tiran una línea divisoria clarita: piñerismo a un lado,  derecha popular al otro. Si somos rigurosos, ambos tienen razón. Sumando y restando, la derecha de hoy es bien distinta de la tradicional del siglo XX, pasada a latifundio, enferma de proteccionista y apologética de la desigualdad. Tampoco es igual a la derecha que representó Pinochet, modelo de conducción autoritario y antidemocrático. En perspectiva histórica, por supuesto que se trata de una “nueva” derecha, así como fue nueva la renovación socialista respecto de su pasado marxista-leninista. Pero a la UDI no le vienen con cuentos. Saben que Hinzpeter no está dándoselas de historiador. Saben que los quiere meter al saco. Y en honor a la verdad, los gremialistas tienen todo el derecho de declararse originarios agentes de cambio del sector. Algunos han recordado que podríamos estar hablando de Allamand como el promotor de una auténtica nueva derecha. Pero como no resultó, volvemos a los discípulos de Jaime Guzmán. Es éste proyecto el que trasciende la dictadura, empalma con la ortodoxia de Chicago, y se va a meter a las poblaciones. Joaquín Lavín, sin ir más lejos, es el primer candidato presidencial de la derecha que suscribe la superación de la pobreza como parte estructural -y genuina- de su discurso.

En conclusión, creo que hay argumentos poderosos para sostener que la “nueva derecha” no adquiere aun fisonomía ideológica y se limita a un catálogo de actuaciones esporádicas, y que por otro lado representa sólo a un sector específico dentro de la derecha –en torno a la figura del propio Presidente- que está lejos de ser hegemónico o indiscutible. La paradoja es que mientras más invierta en su perfil ideológico –digamos, liberal- más se configura a sí mismo como un actor con identidad propia, distinto de los proyectos de derecha tradicional (que está en las últimas), pinochetista (que casi no existe) o popular (que todavía ronca fuerte).  

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Una respuesta to “LA PARADOJA DE LA NUEVA DERECHA”

  1. vozyvoto Says:

    Debo partir por “autocomentarme”. Le he estad dando vueltas al asunto del fin de la derecha pinochetista, pero sin quererlo me encontré con esta perla. Léala y vuelva después: http://www.eldinamo.cl/blog/%C2%BFnueva-derecha-depende

    La leyó? Bien, ya no me interesa hablar de la derecha pinochetista, si por ella vamos a entender un grupo de jubilados o parlamentarios en franco declive vital. Esto es lo preocupante hacia el futuro. Y no cabe dentro de la “derecha popular”. La derecha que representa este columnista es la derecha integrista.

    Antes de leerla, me había percatado que las discusiones conceptuales (qué es la nueva derecha) se confunden con las normativas (que debiera ser la nueva derecha). Después de leerla, se hace más urgente dejar al analista atrás e involucrarse en el terreno normativo: Si la derecha va a ser conducida por esta estirpe, entonces HAY QUE construir una nueva derecha.

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