Archive for 5 noviembre 2010

JUGANDO CON FUEGO

noviembre 5, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición N°288 del 5 de noviembre)

En Gran Bretaña, el drama tiene nombre: cortes en el gasto público. No sutiles, sino masivos. El malo de la película es el gobierno de coalición que reúne conservadores y liberal-demócratas. Aunque algunos sectores sensibles han logrado salvarse del machetazo (particularmente salud), no son pocos los medios que hablan del “desmantelamiento del estado de bienestar británico”.

Nadie discute la existencia del hoyo fiscal. La mayoría le echa la culpa a la crisis financiera originada en el sector privado, pero no faltan interpretaciones críticas del manejo de la era Brown. Aunque haya sido fugaz, alguien tiene que pagar el revival keynesiano. Luego, nadie discute que hay que hacer algo al respecto. Hay consenso en que el futuro se viene negro – arriesgando la bancarrota- si no se toman medidas. Donde no hay acuerdo en el tercera parte de la ecuación: qué medidas tomar.

La derecha en el poder tiende a resolver estas situaciones dentro de un marco bastante claro: hay que apretarse el cinturón y parar la maquinita de hacer dinero. Aunque el gobierno británico tiene conciencia de los costos sociales que esto implica, no parece amilanado por la impopularidad de sus anuncios. Dicen estar convencidos que los tratamientos que más duelen son a la larga más beneficiosos. La crítica del laborismo opositor no se ha hecho esperar: los cortes son demasiado extensos y profundos; hay aprovechamiento ideológico para debilitar el aparato público; no está claro cuál es el plan para revitalizar la economía en tan precarias condiciones.  

Vamos por parte: a ningún gobierno le gusta ser impopular. Aunque si hubiera que elegir, es mejor tomar las decisiones difíciles al comenzar y no cuando se está ad portas de la siguiente elección. Desde ese punto de vista, Cameron parece estar haciendo lo políticamente acertado. En segundo lugar, los conservadores pueden convencer al votante de que no había otra manera de revitalizar las arcas británicas, y que puestos en situaciones igualmente adversas, ellos son mejores que los laboristas para lidiar con el problema. La agresividad, elocuencia y credibilidad comunicacional serán factores decisivos en esa batalla. En tercer lugar, el gobierno no puede transmitir sensación de prescindencia o indiferencia frente a los costos sociales de los cortes. Métodos paliativos deben entrar a la cancha en forma visible y sustantiva. Finalmente, sólo queda esperar que los resultados de tan difícil cosecha salgan a la luz antes de ser evaluados por la ciudadanía.

Este set de armamento político (oportunidad, calidad, mitigación y resultados) puede ser aplicado básicamente en cualquier escenario similar. Pensemos por un momento en la presidencia de Michelle Bachelet, que tuvo dos primeros años complejos y que posteriormente salió a flote en inéditas condiciones de popularidad. Como pocas veces, los chilenos percibieron que el manejo económico del gobierno era el adecuado (es decir, la transmisión de ese mensaje fue efectiva) y que existían los paliativos necesarios en caso de vulnerabilidad (en nuestro caso, la publicitada puesta en marcha de una red de protección social). Lo que no alcanzó a gozar la Concertación fue la curva ascendente de la economía que seguramente desplegará su potencial en el actual mandato de Sebastián Piñera.

No está dicha la última palabra para la coalición de conservadores y liberales en Gran Bretaña. Están jugando con fuego, pero todavía cuentan con el respaldo mayoritario de la población. Se vienen tiempos difíciles y el discurso político se orientará a pedir paciencia, lo que nunca es el mejor de los escenarios.

Winston Churchill condujo a los ingleses a la victoria en la segunda guerra, exigiendo de su pueblo “sangre, sudor y lágrimas”, pero una vez terminado el conflicto perdió la reelección frente al laborista Clement Attlee. Por el otro lado, el recuerdo thatcheriano aviva las esperanzas en la capacidad de asumir el descontento de importantes actores sociales y aun así proyectarse electoralmente, aunque en este caso Cameron no tiene Malvinas para echar mano.

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EL PLEBISCITO DE LONGUEIRA

noviembre 3, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el miércoles 3 de noviembre en El Mostrador)

Hace un tiempo me sometí a un singular “desafío Pepsi”: sin conocer el contenido de la demanda marítima peruana y su respectiva respuesta chilena, me pareció más justa y razonable la primera. El velo de la ignorancia rawlsiano me hizo pasar por antipatriota. Desde entonces, me he inhabilitado para hablar públicamente del tema. Si hablara a favor de la posición de Chile, sería deshonesto con mi intuición. Si hablara en contra, pecaría de poco prudente (y pasaría por desconocedor de la importancia de la certidumbre jurídica).

Del mismo modo siempre me ha parecido sensata la posición de abrir paso al mar para Bolivia. Que lo haya dicho Marco Enríquez en campaña no parecía una sorpresa. Que lo ponga el senador Longueira sobre la mesa sí lo es. Me dirán que apenas propuso un plebiscito, y que aparte del procedimiento ni siquiera ha explicitado su propia posición al respecto. No es relevante: contribuyó a romper el veto que el nacionalismo impone en el discurso público, particularmente en la derecha.

Sus argumentos son de distinta índole (aprovechar el capital político del gobierno, asumir los códigos de un mundo global, representar coraje y visión de futuro), pero en conjunto apuntan a lo mismo: adoptar, como país, una actitud distinta. Tengo serias dudas que la buena nueva que el Presidente Piñera salió a regalar en su última gira tenga que ver con lo que pide Longueira. El primero entiende la grandeza como un reconocimiento a los méritos propios, mientras el segundo parece estar refiriéndose a una mayor capacidad empática.

Como señaló el propio Presidente junto a Angela Merkel, ante la inverosímil pregunta de si nuestro país era un modelo a seguir para Alemania, “Chile es un muy buen modelo”. El problema es que en el barrio donde vivimos lleva demasiado tiempo pareciéndose al mateo que no presta los cuadernos (o que no devuelve el Huáscar).

Es cierto que los acuerdos comerciales hacen su pega, particularmente en Perú. Pero no todo se reduce a exportar retail. La oportunidad de Chile pasa también por asumir un rol protagónico en el escenario político latinoamericano. Para ello hay que partir solucionando conflictos imperecederos, como bien apuntó Longueira. Cerrar esclusas y avanzar. Con esa idea en mente, la tarea de los actores involucrados es diseñar compromisos basados en ciertos principios y no meramente en regateos coyunturales. Integración, amistad, solidaridad entre los pueblos. Por supuesto que es importante tener acceso al gas boliviano, pero esa no puede ser la razón fundante de los acuerdos. La ventaja de poner los valores primero en una negociación, es que la otra parte también los reconoce como suyos y sobre ellos se construye confianza.

Marco Enríquez fue objeto de bullying político cuando osó reconocer que Pinochet había sido el gobernante más osado que había tenido Chile en relación a las concesiones a Bolivia. Longueira también deberá aguantar el chaparrón entre los propios. Y aunque siempre está la sospecha de que “los políticos no dan puntada sin hilo”, la capacidad de posicionarse transversalmente en ciertos temas altera el statu quo y genera movimiento hacia adelante. Por eso, se agradece.

Esto no significa que mañana retiremos nuestros planteamientos de La Haya o que les pasemos nuestro pedacito antártico a los demás ocupantes “por la pura buena onda”. No se trata de pasar del mateo egoísta al pavo que le roban la colación de la mochila. Sí se trata de abandonar complejos atávicos y el hábito nunca sano de pensar que porque nosotros lo decimos, debe ser verdad.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/11/03/el-plebiscito-de-longueira/