OSSANDÓN Y LA CONVICCIÓN

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el miércoles 1 de diciembre)

El alcalde Ossandón se niega a repartir la “píldora del día después” en los consultorios de su comuna. Para justificar su actuación, se ampara en dos argumentos relacionados: primero, que los electores de Puente Alto estaban conscientes de su posición al respecto al momento de elegirlo (y con una abrumadora mayoría), y segundo, que en esta materia están en juego sus convicciones más profundas, aquellas que no está dispuesto a transar. ¿Son argumentos válidos? Me parece que no.

En el estilo Peña, se me hace necesario traer a colación esa vieja distinción weberiana entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. De acuerdo a la primera, las personas actúan motivadas por sus creencias y valores. De acuerdo a la segunda, las personas actúan por ciertos compromisos ineludibles. Manuel José Ossandón, como individuo, tiene todo el derecho de actuar de acuerdo a sus creencias y valores. Manuel José Ossandón, como alcalde, debe conducirse en la vida pública respetando ciertos compromisos ineludibles. Aunque a veces nos cueste aceptarlo, en la vida nos toca desempeñar distintos roles que requieren de distintas actitudes. La consecuencia o coherencia que algunos quieren ver en las actuaciones del alcalde Ossandón respecto de la píldora, no es tal. Como funcionario público, su deber es actuar de acuerdo a la ética de las responsabilidades de su cargo. Si el Estado de Chile ha llevado a cabo todas las instancias de validación necesarias para que la anticoncepción de emergencia esté disponible en los consultorios, entonces no hay creencia personal que lo justifique para no cumplir las responsabilidades de su cargo.

Esta lógica se aplica independiente del sector político del cual provenga la autoridad. Aunque todavía sea motivo de crítica desde algunos sectores de la izquierda, la actitud que asumieron los gobiernos de Frei y Lagos respecto de la detención de Pinochet en Londres fue la correcta desde la perspectiva de la responsabilidad, aunque haya sido incómoda o incluso dolorosa desde la óptica de la convicción. Ministros que fueron exiliados por el dictador se vieron en la necesidad de actuar con criterio de Estado (aunque podamos discutir si éste fue el correcto), supeditando sus anhelos personales de retribución.

Pero en el caso de Ossandón hay otro problema más grave aún, que suele darse en la derecha más que en la izquierda. Se trata de la precaria comprensión de la necesaria prioridad de lo Justo por sobre las concepciones personales del Bien. En las sociedades complejas y cada vez más diversas en las que vivimos, es posible encontrar variadas visiones respecto de cómo vivir la vida. Todas esas visiones, mientras no destruyan la convivencia, merecen respeto. El alcalde Ossandón también tiene derecho a que respeten la suya.

Pero ninguna de ellas –tampoco la suya- puede ser impuesta sobre los demás en el espacio público. Es imperativo, entonces, establecer acuerdos o consensos básicos –la idea de lo Justo- que se traduzcan en instituciones y normas, las únicas que pueden ser legítimamente obligatorias. Volviendo a la píldora, no es la particular creencia o concepción del Bien del alcalde Ossandón la que debe ser satisfecha, sino la adecuada razonabilidad pública de acuerdo a los procedimientos establecidos, es decir, lo Justo para todos los ciudadanos.

No conozco exactamente la extensión del decreto y posterior legislación que autoriza la repartición de la píldora en los consultorios municipales. Pero si se llegara a configurar la transgresión legal, no hay ética de la convicción ni concepción del Bien que valga. El alcalde Ossandón tendría dos caminos: la renuncia en nombre de sus valores (lo que tiene un enorme mérito más allá de lo político), o bien el sometimiento a la ley como todos los mortales.

Por supuesto, esto no tiene absolutamente nada que ver con su evidente reclamación de que hay cosas más importantes de que preocuparse. Este es un asunto, como él mismo señala, de convicciones y principios. 

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/12/01/ossandon-y-la-conviccion/

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5 comentarios to “OSSANDÓN Y LA CONVICCIÓN”

  1. sonnia navarro morales Says:

    excelente no se pude formar parte del EStado que es laico y gobernar desde creeencias religiosas que son particulares y pertenecen a la vida privada, lo contario es no en tender la separación Iglesia-estado ocurrida el en siglo pasado 1925¡¡

  2. MK Says:

    Con la certeza de repetirme, replico el mail enviado:

    A modo de precisión en la ética de la responsabilidad y de la convicción.

    Weber no decía que la ética de la convicción debía “irse para la casa” en materias políticas. Decía que debía supeditarse a la ética de la responsabilidad. La convicción sí tiene un espacio. El tema que está detrás es que la política hace referencia a la violencia, y las convicciones pueden llevar a menospreciar la vida de un “otro”. La imagen en la que piensa Weber (y que le aterra) es en la de un profeta gritando con metralleta en mano. Es impedir las guerras religiosas de Europa del siglo 16 y 17 (que es la imagen en la que se basa Hobbes también).

    Parafraseando, la “ética de la responsabilidad” tiene su “convicción” más profunda en resguardar las vidas. En el cálculo de cuántas vidas se salvan y cuántas se dejan de salvar. Dado que existen las ametralladoras (la violencia), a uno le gustaría que quienes las manejan siempre tuvieran presente ese valor antes de disparar.

    En el caso de Ossandón, se aplica el principio de que no existe evidencia de si la píldora es abortiva o no. Pero sí hay evidencia de que su no uso puede tener un costo importante en vidas (o libertad vital). Y bajo esa perspectiva, la ética de la responsabilidad pondera mucho más la evidencia, no las hipótesis no probadas (aunque se tenga convicción en ellas).

    En la vida personal puedes tomar decisiones resguardandote de riesgos morales/ vitales de no hacer determinadas cosas porque “podrían ser perjudiciales” para tu cuerpo o tu alma (los transgénicos, el glucomato, el amarillo N° 5, la tartrazina, las transfusiones de sangre, etc.). En la vida pública no puedes dejar de decidir en base a la evidencia (los transgénicos han ayudado a palear el hambre, los conservantes son claves para optimizar el consumo de alimentos, las transfusiones de sangre salvan vidas).

  3. Francisco Urbina Says:

    No es tan fácil, Cristóbal. Por una lado, hay una sentencia del Tribunal Constitucional —que en nuestro sistema es el máximo intérprete de la Constitución— que dice que la repartición de la píldora afecta un derecho fundamental. Ossandón no necesita “ampararse en su concepción privada del bien” (sea lo que sea a lo que te refieras con eso), sino que puede justificarse con un argumento que tiene mucha base en nuestra legalidad. En el fondo, él no necista decir “yo vs la ley”. Puede decir “hay dos interpretaciones de lo que la ley me permite hacer: yo creo que la mejor es ésta”.

    Segundo, si lo que estás planteando es algo así como la distinción rawlsiana entre prioridad de lo justo por sobre el bien (“right over the good”) entonces lo de Ossandón cae dentro de las concepciones sobre lo justo, y no sobre las concepciones del bien, como lo presentas. Es un problema de derechos fundamentales, no sobre cómo es mejor que cada uno viva su vida —como lo sería si fuera un asunto relativo sólo a la anticoncepción, y no al aborto—. Y esto es parte de una concepción de justicia, no de “la vida buena”. Por lo demás, por lo que he visto de la defensa, eso sería parte de lo que Rawls llamaría una “concepción política de la justicia”: está articulada sobre princpios compartidos por todos (derechos humanos, dignidad del ser humano) que sirven de base común de justificación entre personas que tienen diversas concepciones del bien, y que están referidos a problemas de justicia.

    En la introducción a la edición rústica de Liberalismo Político, en una nota a pie de página, el mismo Rawls se retracta de un comentario anterior sobre el aborto, y explica cómo el argumento pro vida podría perfectamente estar planteado en términos de razón pública. A mí me parece que la justificación de fondo de Ossandón para no entregar la píldora se puede explicar fácilmente en esos términos. Y sus observaciones sobre “los ciudadanos sabían como pienso” se pueden referir a su interpretación de a lo que nos obliga la Constitución y la ley, y más generalmente, a su idea de lo que implica el respeto al derecho a la vida. Todo eso es parte de una “concepción política de la justicia”, y no de una “doctrina comprensiva” (aunque Rawls creía que, siempre, para todos los ciudadanos, —también los liberales— las doctrinas comprensivas presentaban las razones para sostener el deber de argumentar desde una concepción política de justicia).

    Y bueno, esto asumiendo que Rawls tuviera razón…

  4. vozyvoto Says:

    Parto por agradecer los comentarios. Respecto de las precisiones de Mathias, las comparto. Aunque no creo que la ética de la responsabilidad tenga sólo una dimensión consecuencialista (quizás el término ya se emancipó del propio Weber), sí creo que ambas “éticas” deben ser combinadas incluso en ejercicio de lo público. Los laboristas le reprochan a Blair no haber declinado la participación en Iraq por las mismas razones: optó x la responsabilidad (atendida su alianza con USA) por sobre la convicción.

    Respecto de los comentarios de mi amigo Urbina, creo que tenemos que acordar las premisas del debate. Como yo mismo señalo en la columna, no estoy al tanto de las implicancias legales del último fallo, pero que en caso de ser interpretadas inequívocamente contra Ossandón, entonces no le queda mucho espacio para actuar. Si hay dos interpretaciones válidas y superpuestas, no tengo problemas con que la autoridad local opte por una en lugar de la otra.

    Finalmente, nada de lo sostenido respecto de la prioridad de lo Justo sobre las concepciones del Bien es contradictorio con la columna. La concepción del Bien de Ossandón puede ser razonable e incluso puede formar parte del acervo que finalmente produce la idea misma de los Justo. De hecho, la visión cristiana es para los pueblos occidentales gran parte de ese “consenso sobrepuesto”. Mi problema es que en este caso el alcalde Ossandón no está argumentando desde la idea de lo Justo para todos, sino desde sus “convicciones”, como lo ha repetido en diversas ocasiones. Comprenderás Francisco el riesgo que corremos si cada uno justifica sus acciones en una pretendida idea de lo Justo pero que contradice precisamente toda la estructura de la justicia procedimental.

    Respecto de si Rawls tenía o no razón, yo tiendo a simpatizar bastante con su liberalismo político, aunque entiendo las complicaciones que produce no poder argumentar en el espacio público desde la tribuna de las creencias personales.

    • Francisco Urbina Says:

      Gracias por tu respuesta, Cristóbal. Perdona por no haber continuado el debate en su momento. La acabo de ver recién.

      Francisco Urbina

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