Archive for 30 enero 2011

LA NUEVA DERECHA DEL VIEJO CONTINENTE

enero 30, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en Calling from London de Revista Capital, edición del 28 de enero de 2011)

Desde Gran Bretaña hasta las repúblicas del Este, el continente europeo estrena también su “nueva derecha”. Se trata de un selecto grupo que comparte varias características. Obviamente, todos se ubican a la derecha de sus respectivos mapas electorales, ya sea en tiendas conservadoras, liberales o democratacristianas. Ninguno rebasa los 45 años, son ganadores en las urnas, y todos apuntan hacia el centro político. A su manera, cada uno de ellos ha desafiado el estereotipo tradicional de la derecha.

La lista la encabeza, por supuesto, David Cameron (44). El ocupante de Downing Street N°10 fue comparado durante mucho tiempo con Tony Blair justamente por su capacidad para desligarse del pasado de su partido y encabezar un profundo proceso de renovación al interior de los tories. Para muchos, su apretura ideológica lo pone en las antípodas del modelo Thatcheriano de liderazgo conservador. 

Luego se suele citar a Fredrick Reinfelt (45), desde 2006 a la cabeza del gobierno sueco. El año pasado fue reelecto, convirtiéndose en el primer político de derecha en ejercer el poder por dos períodos consecutivos. Doble mérito en el arquetipo del Estado de Bienestar europeo. Fue justamente Reinfelt quien ajustó el nombre de su “Partido Moderado” agregándole el calificativo de “Nuevo”.

En Alemania, los ojos están puestos en la emergente figura de Karl-Theodor zu Guttenberg (39), que pasó de ministro de economía a ministro de defensa de Angela Merkel. Con AC/DC como banda de cabecera, este socialcristiano acaba de darle un buen dolor de cabeza al nacionalismo alemán al abolir el servicio militar obligatorio.  

En la lista siguen Valdis Dombrovskis (39), desde hace dos años primer ministro de Letonia; Alexander Stubb (42), ministro de relaciones exteriores de Finlandia; Jyrki Katainen (39), también finlandés, elegido por Financial Times en 2008 como el mejor ministro de hacienda de Europa; y Jean-Francois Copé (46), nuevo líder del UMP francés.

Angela Merkel (56) y Nicolás Sarkozy (55), increíblemente, pasaron a reforzar la vieja guardia. Tampoco califica Mariano Rajoy (55) del Partido Popular Español ni menos el actual gobernante de Portugal (que va por la reelección en las próximas semanas), Aníbal Cavaco Silva (71).

La tarea para la “nueva derecha” europea es ardua. Por un lado, los que tienen el poder deben administrarlo durante una etapa especialmente difícil para las finanzas públicas. Austeridad no suele ser sinónimo de popularidad. Deberán, además, enfrentar a una izquierda que promueve un uso más extendido de las herramientas estatales para sortear la crisis. Pero por otra parte, existe escepticismo respecto de sus capacidades para articular un discurso común que tenga cierta consistencia intelectual. Los miembros de esta “patrulla juvenil” se ufanan de sus redes y buenas relaciones, pero está claro que eso no basta. El pragmatismo quizás no sea suficiente como emblema. Se suele recordar que en los años noventa muchos líderes fueron seducidos por la “tercera vía” de Blair, Clinton y compañía, pero que finalmente no hubo un aporte político particularmente distintivo ni perdurable en el tiempo. Está por verse si Cameron, Reinfelt y compañía logran marcar un hito relevante.

Por de pronto, son conexiones útiles para la derecha chilena. Aunque el Presidente Piñera haya abandonado hace un buen rato sus cuarenta y tantos, puede pavimentar el camino para la aparición de una nueva patrulla juvenil cobijada al alero de su administración. Si la “tesis Hinzpeter” pretende tomar vuelo, estos son ejemplos a imitar en el fondo y en la forma: una derecha que copa el centro político y que se comunica de manera distinta.

Alguna vez escuché que la derecha chilena miraba como ejemplo a los republicanos de EEUU mientras la izquierda criolla le seguía la pista a la socialdemocracia europea. Hoy la recomendación debiera ser, al menos para el oficialismo, olvidarse por un buen rato del Tea Party (aun considerando su reciente boom) y enfocarse en las experiencias del viejo continente.

Link:  http://www.capital.cl/calling-from-london/la-nueva-derecha-del-viejo-continente.html

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¿ELEGIMOS BIEN?

enero 26, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el miércoles 26 de enero de 2011)

Un tuitero me preguntó hace algunos días por mi evaluación del gobierno de Sebastián Piñera, a poco de cumplirse un año de gestión. Por el tono de la pregunta (dirigida también al cientista político Patricio Navia), era fácil percibir un dejo de sarcasmo. Algo así como “ya que ustedes votaron por él, ¿reconocen estar arrepentidos?” Le prometí que pensaría en la respuesta: ¿Elegimos bien los chilenos? ¿Voté individualmente bien?

La primera pregunta se puede contestar bajo un criterio objetivo y maximalista. Deberíamos entonces evaluar a la centroderecha en el poder de acuerdo a lo que comúnmente se entiende como buen gobierno, o sea, entrar a picar en su desempeño en cada una de las áreas relevantes de la política pública. Entonces alguien dirá que Lavín se la está jugando en Educación, pero otro considerará que aunque apruebe cien proyectos de ley éstos son ideológicamente los equivocados. Otros llamarán la atención respecto de los avances de la reconstrucción, pero no faltarán ejemplos para señalar que el proceso camina más lento de lo esperado. Algunos acusarán el calamitoso estado de los hospitales, pero los oficialistas retrucarán -sin mentir- que se trata de un problema heredado. Es incluso probable que alguien quiera empatar la epopeya de la mina San José con la tragedia de la cárcel de San Miguel.

Sin embargo, me parece más adecuada una evaluación objetiva-minimalista. Esta recomienda observar la performance del equipo de Piñera en tres cuestiones que fueron esenciales en la campaña y que están en el corazón de todo proyecto de centroderecha. Dicho de otra manera, materias en las cuales es imperdonable que falle: Crecimiento, empleo y seguridad ciudadana. En el primer ítem, la cosa no anda mal (5,3% estimado para el 2010, contra 2,9% promedio de la era Bachelet) y promete ir mejor. En el segundo ítem, se han creado muchas más fuentes laborales que en otros años, aun aceptando los cuestionamientos metodológicos que disputan si se trata del doble o del triple. Finalmente, los últimos estudios revelan un país donde baja la victimización y el temor de la población ante la delincuencia. En síntesis, el gobierno sale jugando con relativa comodidad en su propia cancha. Más adelante tocará medir cómo juega en la cancha del rival, para ver si realmente esta “nueva derecha” es capaz de hacer retroceder la pobreza y la desigualdad.

Pero hay también una evaluación subjetiva. Si usted votó por Piñera exclusiva o principalmente por el postnatal de 6 meses, entonces quizás se sienta defraudada. Si lo hizo porque confió en la que propuesta de uniones civiles homosexuales vería la luz en el primer año, lo mismo. Los ciudadanos tienen derecho a ponerle nota al gobierno de acuerdo a consideraciones que no le afectan necesariamente al resto. En lo personal, voté por Piñera en segunda vuelta porque la alternancia me resultaba un mejor cuadro para la renovación de la elite política, y porque –siguiendo la tesis Allamand- veía en la Concertación una ostensible “fatiga de materiales”. Desde esta perspectiva, al menos, no me he equivocado. La fauna política se ha diversificado y una nueva generación aspira a jubilar a aquellos que dividieron Chile entre demócratas y autoritarios. Los nombres de Hinzpeter, Golborne, Von Baer, Bulnes o Felipe Kast entran al ruedo. Y aunque el Presidente resulte a ratos agotador, desatinado o sobreactuado, nadie puede negar que está entregado más allá de sus posibilidades físicas a esta labor, lo que empuja a sus colaboradores a hacer lo mismo. Estoy seguro que no existía un depósito de energía semejante en la Concertación, lo que ha sido fácil de comprobar durante este año. Ni toda la torpeza política que ha exhibido el debutante gobierno hace ver mejor al contrario.

En resumen, recordando el odioso “¿votaste bien?” con que los gremialistas universitarios solían acosar a sus compañeros, puedo responderle al tuitero que creo que como chilenos elegimos bien y mis razones particulares no han sido defraudadas. Por supuesto que me sobran las críticas y me habría gustado que muchas cosas se hicieran distinto (esta tribuna ha dado testimonio de ello), pero sigo siendo –hasta ahora- de aquellos que ven el vaso medio lleno.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/01/26/pinera-presidente-%c2%bfelegimos-bien/

PARÁBOLAS POLÍTICAS

enero 22, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Post el viernes 21 de enero de 2011)

Aprovecho la tribuna que gentilmente me ofrece El Post para someter a juicio de los lectores una teoría que escuché a pedazos en alguna parte y que ahora trato de reconstruir. Se trata, en síntesis, de la supuesta contradicción de valores políticos que es posible encontrar en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento. Anticipo que esto no es un ataque a los católicos ni mucho menos. Todo lo contrario, les solicito amablemente que me ayuden a interpretar lo que pareciera ser un conflicto ideológico ante un par de ojos contemporáneos.

Por un lado tenemos la parábola de los talentos. En ella, como es sabido, un hombre entrega cinco, dos y una moneda a tres de sus siervos respectivamente. Los dos primeros doblan lo recibido después de haber negociado con el capital inicial. El tercero, temeroso del riesgo, esconde su moneda y no obtiene utilidad alguna. El señor premia a los dos primeros, a cada cual según su mérito. Para el tercero tiene duras palabras de reproche. No resulta difícil concluir que la parábola avala un sistema de mercado que asigna beneficios económicos de acuerdo al mérito, productividad o desempeño, y que por otra parte no sólo rechaza la igualdad de resultado, sino que tampoco se hace problema con la desigualdad de origen de los participantes. La redistribución tampoco existe, salvo de abajo hacia arriba: el hombre le quita el único talento al tercer siervo y se lo da al más rico de los tres. En resumen, tiene toda la cara de una posición libertaria (ni siquiera liberal).

Luego tenemos la parábola de los trabajadores de la viña. El propietario contrata temprano en la mañana a un par de jornaleros y acuerda pagarles un denario. Contrata otros dos a mediodía y otros dos al caer la tarde. Con estos dos grupos acuerda la misma remuneración, a pesar de haber trabajado menos y mucho menos, respectivamente, que la primera dupla. Aunque el propietario se justifica en la libertad de hacer lo que quiere en sus asuntos, parece claro que la parábola apunta a la igualdad de los tres grupos de trabajadores. Desaparece la noción de incentivos (los primeros nunca más llegarán tan temprano si por un par de horas trabajadas recibirán lo mismo) y no se evalúa el desempeño. Un especie de salario que es mínimo y máximo a la vez consolida una lógica donde los que más trabajan subsidian de tal manera a los que menos lo hacen, que ni siquiera se hace necesario redistribuir (salvo que se considere que la redistribución ya va incluida en la remuneración). No sé si un modelo de este tipo podrá llamarse sencillamente socialista, en alguna versión ortodoxa, pero liberal no es.

Ambas parábolas parecen estar en las antípodas desde la perspectiva de su interpretación política. En el primer caso, lo justo está determinado por dar más a quien produce más. En el segundo, por dar a todos lo mismo independiente de cuanto produzcan. Aunque seguramente algún exégeta especializado me dirá que estoy comparando en planos incomparables (porque ambas parábolas tratan de explicar cosas en dimensiones distintas), me quedaré tranquilo si alguien más considera, como yo, que acá hay una disparidad de criterios sobresaliente.

Link: http://elpost.cl/content/par%C3%A1bolas-pol%C3%ADticas

@SalmaanTaseer

enero 22, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Post el viernes 14 de enero de 2011)

“Peace, prosperity & happiness for new year. I’m full of optimism” escribió en Twitter el gobernador de la provincia paquistana de Punjab, Salmaan Taseer, en las últimas horas del 31 de diciembre recién pasado. Cuatro días después fue acribillado por uno de sus escoltas. Taseer era uno de los campeones de la tolerancia liberal en el Paquistán contemporáneo. El fundamentalismo religioso musulmán no lo resistió.

El Twitter de Taseer permanece abierto. Posee innumerables claves para descifrar al personaje. Llamaba la atención acerca de la fortuna de los creadores de Facebook y la comparaba con la deuda de su país.  Mandaba saludos a las familias cristianas en Navidad y les agradecía su aporte a la nación. En las últimas semanas estaba enfrascado en una candente disputa en torno a la llamada “Ley de la Blasfemia”, que pena incluso con la muerte a todo aquel que se pronuncie en contra del Islam. Taseer había dado su apoyo a una de las mujeres condenadas por dicha ley y abogada públicamente por su derogación. El asesino interpretó que su actitud también lo transformaba en un blasfemo merecedor del infierno. Taseer había anunciado en su cuenta que pelearía por la causa hasta dar la vida si fuese necesario. Trágica profecía auto cumplida.

Los líderes del mundo desarrollado consideraron que la muerte de Taseer era una gran pérdida para Paquistán y para el mundo. Los extremistas religiosos internos recibieron con pétalos de rosa al asesino en la corte de Islamabad.

Nosotros, los liberales chilenos, a miles de kilómetros y enfrentando desafíos muy distintos a los que enfrentaba Taseer, ganamos un nuevo testimonio de valentía, humanidad y amor por la libertad.

Link: http://elpost.cl/content/salmaantaseer

LOS DISCOLOS ADENTRO DEL GABINETE

enero 17, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en el El Mostrador el lunes 17 de enero de 2011)

Las columnas del fin de semana cubrieron casi todas las aristas del cambio de gabinete: el regreso de la patrulla juvenil, la venganza de los políticos, el inicio de la carrera por la sucesión. Todas tesis con las cuales cuesta estar en desacuerdo. Me concentraré, por ende, en las cuestiones que han recibido menos atención.

Primero, en que sacar a Allamand y Matthei del Senado para instalarlos en el gabinete contradice lo que pareció ser la posición mayoritaria de la centroderecha frente al episodio Tohá, cuando la ex Presidenta Bachelet despojó a los santiaguinos de su representante para cubrir la vocería de su gobierno. Recuerdo haber leído sensatas declaraciones llamando la atención sobre los riesgos de este tipo de enroques. No me refiero particularmente a las lagunas constitucionales, sino al efecto que tiene privar a los electores de un determinado distrito o circunscripción del parlamentario que ellos eligieron. Si ya la política pasa por una fase de mala reputación, este tipo de maniobras no ayuda mucho. El voto vale poco con sistema binominal. Ahora el mensaje es que vale todavía menos. Especialmente cuando son los propios partidos los que designan, a dedo, al reemplazante. El caso de RN es delicado. Aunque las razones esgrimidas por su directiva para “convencer” a Carlos Larraín de tomar el sillón valdiviano sean razonables, el asunto tiene mucho de impresentable: se trata nada menos que del presidente del partido, lo que genera una asimetría muy difícil de revertir para cualquier otro aspirante, sobre todo local. En resumen, más poder para los que ya lo tienen, menos para los ciudadanos. La única salida decente que le queda a la clase política es que, una vez que ya todos se han aprovechado de sus beneficios, se modifique el actual sistema y las vacantes del Congreso se comiencen a llenar a partir de elecciones complementarias.

Segundo, que Allamand y Matthei no sólo agregan peso al gabinete, sino que son funcionales a lo que supuestamente es el nuevo diseño político que acordó La Moneda después de los últimos resultados en las encuestas. Según este plan, el Presidente no puede estar en todas las batallas. El llamado “gabinete de gerentes” debía tener una sola estrella con nombre y apellido: Sebastián Piñera. Una vez que se opta, quizás a contrapelo, por una estrategia en la cual los escuderos son relevantes no sólo para hacer su pega sino para lidiar con el fuego enemigo, los dos experimentados senadores calzan a la perfección. En síntesis, la jugada exhibe coherencia, a mi juicio, no tanto porque ordena la carrera por la sucesión y la traslada a un concurso de desempeños ministeriales, sino porque constituye un reforzamiento para el propio primer mandatario. ¿Por qué Allamand y Matthei? ¿Acaso otros no podrían haber sido igual de buenos escuderos? Porque hacen más ruido afuera que adentro. Allamand era perseguido por los medios para deslizar sutiles y no tan sutiles críticas al gobierno. Su proyecto de uniones civiles aceleraba la agenda valórica de La Moneda. El patrocinio de Matthei a la discusión del aborto también remaba contra la corriente del oficialismo. Los arrebatos liberales de ambos legisladores han sido erradicados. La independencia que exhibían desde el Congreso se acabó. Ahora son parte de un equipo y ese equipo tiene un jefe que pone la música y ordena el baile.

Tercero, que las designaciones debieron ser inversas. Allamand debió ir a Trabajo y Matthei a Defensa. El primero necesita crecer en las encuestas, rápidamente, si no quiere olvidarse del sueño presidencial. Es cierto, Trabajo es riesgoso y conflictivo, pero ahí radican los temas que le importan a la mayoría de los chilenos. Preocuparse por los derechos de los homosexuales es, sin duda, un imperativo ético y político. Comprar aviones, por otro lado, puede ser esencial para defender el territorio de una eventualísima agresión externa. Pero solucionar un problema laboral de relevancia nacional lo reposiciona en otra dimensión. Mal que mal, al titular del Trabajo le correspondía haber intervenido en el episodio de los mineros, y no al Ministro de Minería. Se me recordará que Bachelet fue grito y plata arriba de un tanque. Pero para Allamand el cargo no tiene nada de simbólico como lo tuvo para la ex Presidenta, primera mujer en ostentarlo e hija de un uniformado víctima de la dictadura. Para Matthei, en cambio, sí lo tiene. Mujer e hija de un miembro de la Junta Militar que entregó el poder en 1990, podría haber hecho mucho más –conociendo su estilo- por terminar de cerrar las heridas.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/01/17/los-discolos-adentro-del-gabinete/

CONFLICTO DEL GAS: LA IRRUPCIÓN DEL NUEVO CIUDADANO

enero 15, 2011

por Daniel Brieba (publicado en El Dínamo el viernes 14 de enero de 2011)

Como ya varias voces han alertado, el conflicto del gas no es tanto sobre el precio del gas en sí como sobre una forma de relación entre el gobierno central radicado en Santiago y los habitantes de Magallanes. Es el contexto en que se dio el alza- un sentimiento regionalista arraigado y una vieja percepción de los puntarenenses acerca de la radical incomprensión de la realidad local por parte de las autoridades centrales- lo que ha transformado una necesariamente impopular medida económica en una movilización ciudadana de alto voltaje desplegada bajo el signo de la bandera magallánica.

Por ello, si bien el conflicto abre una serie de frentes inmediatos al gobierno- control de daños a su popularidad, no alienar el voto crucial del Senador Bianchi en el Congreso, y sobre todo acordar una salida mínimamente satisfactoria a ambas partes en el conflicto-, el desafío de fondo es otro: cómo redefinir la relación de largo plazo entre Santiago y las regiones.

Aquí no está en juego sólo una preferencia normativa por un país más descentralizado, sino que también aparece una cuestión de efectividad: es cada vez más evidente que la vieja relación territorial entre centro y periferia del Estado chileno- jerárquica y dependiente, pero históricamente exitosa- empieza a hacer agua a medida que Chile se desarrolla económicamente, se complejiza social y culturalmente y se democratiza políticamente. Cada uno de estos procesos fomenta ciudadanos más autónomos y un tejido social más diferenciado, donde las identidades locales florecen y donde por ende la posibilidad de decidir e imponer tecnocráticamente desde el centro disminuye.

En efecto, ya no es sólo el conflicto mapuche el que desafía al Estado chileno con una otredad que se pretende irreducible: tanto en Rapa Nui como en Magallanes escuchamos demandas no de trato igualitario respecto al resto de los chilenos, sino de reconocimiento y trato especial, es decir, adecuado a sus características particulares, y por ende más justo.

Zonas con identidades propias, se hallan en la periferia de esa chilenidad unitaria y homogénea construida desde el Estado y que tanto acomoda a las élites santiaguinas, acostumbradas a identificar sin más los intereses de Santiago y del país.

Por su parte, en Arica se escuchan demandas parecidas, y por todas partes asoman la cabeza movimientos políticos regionalistas que desafían la estructura nacional, uniforme y programática de nuestro sistema de partidos. El regionalismo podría prender aún en nuevas zonas, y la rebelión frente al centralismo bien puede darse en casi cualquier lugar del territorio.

En la medida en que sea producto de una ciudadanía más autónoma y consciente de sus derechos democráticos de resistencia y protesta, la conflictividad social en sí no es algo que lamentar. Impone, no obstante, el desafío de construir una democracia a la altura de las circunstancias: que pueda, de manera ordenada, transparente e institucional regular los conflictos entre un gobierno central preocupado del bien común y las demandas de autonomía y trato particular de las localidades. Para ello, hacer del eterno mantra de la descentralización un verdadero proyecto de transferencia de poder hacia las regiones es un buen lugar donde comenzar.

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/conflicto-del-gas-la-irrupcion-de-un-nuevo-ciudadano

EN EL AÑO DE NUESTRO SEÑOR

enero 13, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el miércoles 12 de enero de 2011)

El prestigioso semanario The Economist incluye en su especial de recuento del año 2010 una optimista columna firmada por nuestro Presidente Sebastián Piñera. Al comenzar, sostiene que los latinoamericanos tenemos muchas razones para estar orgullosos, pero por sobre todas las cosas, debemos estar agradecidos con Dios por regalarnos este maravilloso continente. Sin duda, vivimos en un precioso lugar. No tengo claro por qué europeos o asiáticos deberían estar menos agradecidos con lo que les tocó, pero el punto relevante no es ese, sino la profesión de fe que realiza un mandatario de una nación en la cual el Estado no debería –constitucionalmente- promover culto alguno.

No tengo memoria de otro año político en el cual la apelación a Dios haya estado más presente que durante el 2010.  Comenzó con las morbosas y aberrantes alusiones al terremoto: “este es un castigo por haber elegido a Piñera” decían algunos, mientras otros retrucaban “Dios quiso que Piñera estuviera al mando para solucionar este problema”. Más tarde, el rescate de los mineros fue bautizado comunicacionalmente como “el milagro de San José”, y no fueron pocos los personajes públicos que responsabilizaron al de arriba por la epopeya. Algunos abogaron por dejar el escepticismo y aceptar de una buena vez la prueba fehaciente de la intervención divina en los asuntos humanos.

Por eso es que el alcalde Ossandón está tan equivocado cuando sostiene, en una reciente entrevista, que “el único exiliado en Chile es Dios”. Por el contrario, está presente en una enorme variedad de conversaciones en torno al poder. Su propia hermana, Ximena, ha estado en el ojo del huracán por una serie de actuaciones entre las cuales destaca la instalación de una enorme Virgen a la entrada del edificio de la Junji. El mismo alcalde, sin ir más lejos, estuvo a punto de quemarse las manos por la inocencia del sacerdote Fernando Karadima.

Podemos reconocer que las denuncias sobre abusos sexuales al interior de la Iglesia han dañado su ascendencia. Muchas columnas políticas fueron dedicadas este año a la pérdida del poder de la curia católica, las que se redoblaron cuando el Ministro Hinzpeter desechó su propuesta de indulto bicentenario. Otras tantas se destinaron a resaltar la autoridad moral de sus pastores cuando parecía que sólo ellos eran capaces de evitar que la sangre llegara al río en los conflictos sociales más complejos. La muerte de Monseñor Valech resucitó varias conversaciones sobre el rol histórico de su institución. Por si fuera poco, Dios aparece una y otra vez, en forma de argumento religioso, cuando se discute la posibilidad del matrimonio homosexual o de ciertas formas de aborto. ¿Exiliado Dios? Ni por si acaso.

En el año del debut del Presidente Piñera, es imposible no darse cuenta que Dios siempre tiene un lugar privilegiado en sus discursos. Sin duda es sincero en su invocación. Pero tratar de parecer un buen cristiano, sobre todo diciéndolo cada vez que se tiene la oportunidad, puede terminar siendo contraproducente. La Moneda está preocupada por el creciente nivel de rechazo que exhibe el mandatario, particularmente respecto de sus niveles de credibilidad. Quizás el Presidente crea que seguir insistiendo en publicitar las virtudes de su fe es el mejor camino para revertir la situación. Pero la respuesta pareciera ser la inversa. La devoción religiosa se dignifica en privado, cuando no se grita a los cuatro vientos. En el espacio público, con las herramientas del poder desplegadas, pierde parte de su sentido y se confunde con oportunismo y falsa piedad.

El 2010, en nuestros calendarios, será el año del terremoto y los mineros de San José. Pero también será el año en que “nuestro señor” más metió sus divinas manos en la coyuntura política del país.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/01/12/en-el-ano-de-nuestro-senor/

VIVIR BAJO VIGILANCIA

enero 10, 2011

por Cristobal Bellolio (publicado en la seccion Calling from London de Revista Capital, edicion 292 del 30 de diciembre)

Durante la última campaña, los liberales británicos pusieron sobre la mesa un tema que desde hace un tiempo venía produciendo rechazo entre sus filas: la excesiva vigilancia que el Estado ejercía sobre sus ciudadanos a través de cámaras de seguridad. En efecto, Londres es la ciudad con más dispositivos de vigilancia de este tipo en el mundo: si a las cámaras que utiliza la policía se suman las utilizadas por el comercio privado y el transporte público, se calcula que existe una por cada 12 habitantes.

Las razones que molestan a los liberales son de doble índole. La primera es el compromiso con las libertades civiles. En la caricatura, recuerda las peores distopías orwellianas donde un Gran Hermano conoce todos nuestros movimientos (no es casualidad que el primer reality show de fama mundial haya tomado ese nombre). Nos recuerda también al panóptico ideado por Bentham y analizado por Foucault, esa prisión ideal donde todos los reos pueden ser vistos pero ellos no pueden ver nunca al gendarme. ¿Pero por qué debería molestarles a las personas cumplidoras de la ley esta permanente vigilancia? ¿Acaso no es cierto que “quien nada hace nada teme”? Puede que “nada tema”, pero es razonable que una porción de las personas no quiera sentirse observada. Para ellos, una ciudadanía que vive bajo atenta observación se asemeja bastante a un colectivo de sospechosos. Y nadie quiere sentirse sospechoso. A nivel agregado y persistente en el tiempo, genera atmósferas de paranoia, incertidumbre y desconfianza. Los promotores de las CCTV (Closed-circuit television) argumentan que el objetivo es justamente el contrario: las cámaras deberían ser garantías de seguridad y confianza para las personas decentes.

La segunda razón esgrimida por los políticos liberales es de orden práctico: son caras y su eficiencia en el control del crimen es dudosa. Según algunos estudios, su influencia ha sido prácticamente imperceptible, pero también hay evidencia en contrario. Más que en su capacidad de prevenir, las cámaras han sido ocasionalmente provechosas en la identificación de algunos sujetos involucrados en delitos. Pero hay otras cuestiones espinudas: se ha reportado la filtración de los videos de seguridad (¿cuánto no pagaría un tabloide sensacionalista por una borrachera callejera de una estrella de cine o de un miembro del parlamento?), lo que obviamente abre una discusión mucho más profunda sobre el derecho a la intimidad de los ciudadanos, incluso en lugares públicos.

En Chile estamos en la etapa en la cual aplaudimos todo lo que parezca asociado a la mano dura. Más cámaras en las esquinas del centro de Santiago significan que más malos patos irán a parar a la cárcel. En contextos en los cuales la delincuencia se eleva como la principal preocupación de la ciudadanía, cualquier discurso que vaya contra la corriente se ve seriamente penalizado por la opinión pública. Aun así, eso no impide hacerse un par de preguntas, como diría Ricardo Lagos, respecto de qué tipo de sociedad estamos construyendo.

Hoy en Londres se ven afiches que piden a las personas reportar cualquier actitud extraña que vean en la calle o en el bus. Podemos interpretarlos como expresiones de una nación que busca legítimamente protegerse a sí misma (especialmente cuando el objetivo es frustrar planes terroristas). Pero por otro lado se ubican muy cerca de una  cultura que, si bien no necesariamente incentiva la delación, sí busca pasar el peso de la prueba a lo que se vea distinto, inusual o curioso.

Los conservadores de David Cameron acusaron en su minuto a los laboristas de estar construyendo un país bajo vigilancia. En alianza con los liberales, incluso lograron echar abajo la idea de crear una cédula nacional de identidad para cada ciudadano por considerarla abusiva contra las libertades individuales. Hoy no parecen echar pié atrás con el sistema de CCTV. Pasó a ser un instrumento más del poder. El problema es que la narrativa política que impulsa el nuevo gobierno y que busca revitalizar a Gran Bretaña bajo el lema de la Big Society –en la cual son las comunidades y no el Estado las principales responsables de llevar adelante los proyectos de vida de sus miembros- se basa en gran medida en la capacidad de generar confianzas interpersonales. Es esa demanda de confianza la que suena un tanto inconsistente cuando se pide a punta de cámara escondida, estaciones de monitoreo y extendida vigilancia.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/vivir-bajo-vigilancia.html