CONFLICTO DEL GAS: LA IRRUPCIÓN DEL NUEVO CIUDADANO

por Daniel Brieba (publicado en El Dínamo el viernes 14 de enero de 2011)

Como ya varias voces han alertado, el conflicto del gas no es tanto sobre el precio del gas en sí como sobre una forma de relación entre el gobierno central radicado en Santiago y los habitantes de Magallanes. Es el contexto en que se dio el alza- un sentimiento regionalista arraigado y una vieja percepción de los puntarenenses acerca de la radical incomprensión de la realidad local por parte de las autoridades centrales- lo que ha transformado una necesariamente impopular medida económica en una movilización ciudadana de alto voltaje desplegada bajo el signo de la bandera magallánica.

Por ello, si bien el conflicto abre una serie de frentes inmediatos al gobierno- control de daños a su popularidad, no alienar el voto crucial del Senador Bianchi en el Congreso, y sobre todo acordar una salida mínimamente satisfactoria a ambas partes en el conflicto-, el desafío de fondo es otro: cómo redefinir la relación de largo plazo entre Santiago y las regiones.

Aquí no está en juego sólo una preferencia normativa por un país más descentralizado, sino que también aparece una cuestión de efectividad: es cada vez más evidente que la vieja relación territorial entre centro y periferia del Estado chileno- jerárquica y dependiente, pero históricamente exitosa- empieza a hacer agua a medida que Chile se desarrolla económicamente, se complejiza social y culturalmente y se democratiza políticamente. Cada uno de estos procesos fomenta ciudadanos más autónomos y un tejido social más diferenciado, donde las identidades locales florecen y donde por ende la posibilidad de decidir e imponer tecnocráticamente desde el centro disminuye.

En efecto, ya no es sólo el conflicto mapuche el que desafía al Estado chileno con una otredad que se pretende irreducible: tanto en Rapa Nui como en Magallanes escuchamos demandas no de trato igualitario respecto al resto de los chilenos, sino de reconocimiento y trato especial, es decir, adecuado a sus características particulares, y por ende más justo.

Zonas con identidades propias, se hallan en la periferia de esa chilenidad unitaria y homogénea construida desde el Estado y que tanto acomoda a las élites santiaguinas, acostumbradas a identificar sin más los intereses de Santiago y del país.

Por su parte, en Arica se escuchan demandas parecidas, y por todas partes asoman la cabeza movimientos políticos regionalistas que desafían la estructura nacional, uniforme y programática de nuestro sistema de partidos. El regionalismo podría prender aún en nuevas zonas, y la rebelión frente al centralismo bien puede darse en casi cualquier lugar del territorio.

En la medida en que sea producto de una ciudadanía más autónoma y consciente de sus derechos democráticos de resistencia y protesta, la conflictividad social en sí no es algo que lamentar. Impone, no obstante, el desafío de construir una democracia a la altura de las circunstancias: que pueda, de manera ordenada, transparente e institucional regular los conflictos entre un gobierno central preocupado del bien común y las demandas de autonomía y trato particular de las localidades. Para ello, hacer del eterno mantra de la descentralización un verdadero proyecto de transferencia de poder hacia las regiones es un buen lugar donde comenzar.

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/conflicto-del-gas-la-irrupcion-de-un-nuevo-ciudadano

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