LONDONISMO

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición del 25 de febrero de 2011)

En enero de 2000, Joaquín Lavín estuvo cerca de llegar a la presidencia de Chile desde la municipalidad de Las Condes. Cuenta la leyenda que la travesía comenzó 5 años antes, cuando el entonces diputado Longueira convenció a Lavín de que era posible pasar directamente de un sillón edilicio a la primera magistratura del país, como lo acababa de demostrar Jacques Chirac saltando de la alcaldía de París a la presidencia de Francia. Ignoro si la historia es verídica, pero lo que es indiscutible es que desde entonces todos los partidos políticos chilenos han mirado el trabajo local con un poco más de respeto.

El mismo respeto se está ganando en la política británica el Mayor of London, Boris Johnson. Miembro del Partido Conservador, los analistas anticipan que será el más complicado rival que enfrentará David Cameron por el liderazgo interno en los próximos años. Sus estilos están en las antípodas: mientras el actual primer ministro es más bien opaco, rígido y formal, Johnson es carismático, deslenguado y desguañangado.

Valga la aclaración: la jurisdicción del Mayor of London, por extensión territorial, se parece más a la de nuestros intendentes regionales que a la de nuestros ediles comunales. Sus atribuciones son amplísimas y la calidad (buena o mala) de su gestión se siente en la vida de millones de londinenses. Pero el asunto de fondo no está en el particular estilo de Boris Johnson. Durante los casi tres años que ha permanecido en el cargo algo especial se ha generado en torno a la ciudad que dirige. En una de sus últimas ediciones, The Economist habla del “Londonismo”, como si se tratase de una nueva ideología.

¿De qué se trata? Londres se vende a sí misma como la primera y genuina ciudad global. No es casualidad que la campaña que le dio a Londres la sede de los Juegos Olímpicos 2012 se haya basado en esta característica y no en ser la capital del Reino Unido. No hay que ser muy observador para darse cuenta de que la etiqueta tiene fundamento. Suelo compartir el paradero con raperos negros, mujeres musulmanas completamente cubiertas -salvo los ojos-, varios prototipos del lejano oriente que no soy capaz de distinguir, el clásico inglés de elegancia superlativa y uno que otro judío ortodoxo de rizos negros. Manejando el bus viene montado un joven Sikh de turbante naranja.

La apuesta cosmopolita de Londres puede traerle problemas a Cameron (que acaba de anunciar que el multiculturalismo es un proyecto fallido) y a la derecha nacionalista inglesa, pero para Boris Johnson y su Londonismo es puro beneficio. De hecho, el Mayor of London ha enfrentado a su partido cada vez que los conservadores han intentado bajarle los decibeles a la inmigración.

Esta veta de apertura cultural se combina con fuerte impulso al negocio y al movimiento de capitales. Más mano de obra, más inversión, más crecimiento, parece ser la fórmula del Londonismo. Pero no todo queda relegado al sector privado. Johnson también exige del sector público una activo involucramiento en el mejoramiento de calidad de vida de los londinenses, particularmente en transporte e infraestructura. Por todo lo anterior es difícil saber si el Londonismo es una doctrina de derecha o de izquierda. Pro inmigración, pro mercado y pro servicios públicos suena una receta heterodoxa.

El próximo año Boris Johnson debería reelegirse. Su adversario será su antecesor en el cargo, el laborista Ken Livingstone, quien para muchos es el verdadero promotor del renacer de Londres y de su pragmática ideología. Sea cual sea el resultado, es el Londonismo el que gana.

¿Existe en Chile algo semejante? ¿Puede hablar Claudio Orrego del Peñalolenismo o Manuel José Ossandón del Puentealtismo –por citar dos jefes locales con aspiración presidencial-? Probablemente no. Si bien es cierto que individualmente han alcanzado notoriedad, los chilenos en general no sabemos qué filosofía distintiva opera detrás de sus premiadas gestiones. No se trata de saber si existe el peñalolenino o puentealtino de corazón, sino de si existe un modelo de gestión fundado en ciertas premisas ideológicas aplicables sólo en ese contexto e independientes del conductor de turno.

Por su parte, y dado el sistema político británico, si Johnson quiere conducir gobierno debe ser elegido parlamentario. No le costaría demasiado (de hecho, lo fue hasta 2007). Pero sólo sería para cumplir con el requisito. Ha sido el City Hall y no Westminster el que ha desatado su popularidad.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/londonismo-2.html

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4 comentarios to “LONDONISMO”

  1. Angello Giorgio Says:

    Sólida propuesta administrativa.

  2. Jacinto Gorosabel Says:

    El cargo ayuda, pero lo esencial es el hombre que lo ocupa.

  3. GVB Says:

    Si ese autodenominado “Londonismo” está basado en la apertura multicultural, promoviendo una política inmigratoria sin límites, habría que ver qué opina de ello el ciudadano Inglés común y corriente, que es el que vota (ese al que le robaron la bicicleta, que le molesta el olor a ajo en su condominio o ese al que lo estafó el taxista)….. El fenómeno no sólo se vive en Londres, sino que (aunque concedo que en menor escala) en todas las grandes ciudades de la Europa Occidental. Holanda es otro ejemplo. En Amsterdam también el paradero de bus parece una vitrina de disfraces costumbristas del mundo. Sin embargo, el político que logró llegar al poder (sistema parlamentario) fue el ultra-derechista Geert Wilders, quien no sólo se ha impuesto la tarea de “desislamisar” el país sino que contra quien se siguen incluso procesos judiciales por xenofobia. Por qué obtuvo los votos con un discurso tan radical?… Bueno, he preguntado a muchos holandeses su opinión sobre las ideas de Wilders, y puedo concluir que en el fondo, se sienten invadidos por estas masas inmigrantes (principalmente turcos y marroquíes) y aunque no lo reconozcan públicamente, les gustaría frenar esa invasión. Claro, el discurso es política y socialmente incorrecto, pero el voto es secreto….. cómo le iría a este amigo Johnson con su discurso multicultural en una carrera por el sillón de primer ministro? mmmm, habría que ver qué siente ese inglés que va a ir a votar.

  4. vozyvoto Says:

    Guillermo, esperad la próxima edición de Revista Capital donde trato el tema del multiculturalismo en específico, concediendo varios de los puntos que señalas. Particularmente respecto del Islam.

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