Archive for 31 marzo 2011

CONCERTACIÓN Y LABORISMO: UNA COMPARACIÓN CRUEL

marzo 31, 2011

por Javier Sajuria (publicada en El Mostrador el martes 29 de marzo de 2011)

¿Qué tienen en común el laborismo en el Reino Unido con la Concertación? Hoy en día, parece que muy poco. Ambos conglomerados representan a la centro izquierda en sus países y ambos estuvieron en el poder por un buen rato hasta que perdieron las elecciones en el 2010. Pero una vez en la oposición, las diferencias entre ambos grupos son marcadas.

El sábado recién pasado, 400.000 personas marcharon por las calles de Londres en lo que llamaron “Marcha por la Alternativa”. Anarquistas, sindicatos, miembros de diferentes iglesias, estudiantes, familias, en fin todos aquellos que tienen algo en contra del gobierno de David Cameron se dieron cita en esa oportunidad. Estamos hablando de una de las protestas más numerosas e importantes que ha habido en el Reino Unido en los últimos 30 años. Pero no se trata sólo de los cientos de miles de personas en las calles el fin de semana pasado, sino que las encuestas muestran que la desaprobación del gobierno de Cameron se alza por el 53% y la aprobación no sobrepasa el 31%. Guardando las proporciones, Piñera ha sufrido un poco de lo mismo. Éste último ha tenido protestas – aunque no tan numerosas ni convocantes – y su aprobación es más baja que su desaprobación, la que se acerca peligrosamente al 50%. Pero la diferencia en el Reino Unido la hace la oposición.

En la marcha del sábado, que concluyó con una serie de discursos en Hyde Park, uno de los oradores principales fue Ed Milliband, líder del partido laborista. Milliband, al asumir su cargo en reemplazo de Gordon Brown, una vez que éste perdiera en las elecciones del 2010, hizo lo que poca gente esperaba: jubiló a toda la generación del “New Labour”, encabezada por Tony Blair, Gordon Brown y compañía (incluido su propio hermano, David Milliband). La jugada atrevida del líder laborista fue decir que la derrota electoral respondía a un modelo agotado de laborismo, que era hora de savia nueva y de una conducción distinta en el partido. En definitiva, Milliband se atrevió a hacer lo que ninguno de los connotados “jóvenes” de la Concertación se han atrevido: jubilar a una generación de políticos que ya tuvieron su hora y que no pueden seguir liderando desde la oposición. Su discurso no dio lugar a interpretaciones ni a malos entendidos, la hora de una nueva generación había llegado y los que habían sido recientemente derrotados debían dar un paso al costado.

Al principio la movida fue vista como una muestra de soberbia y de poca gratitud con quienes le habían quitado el gobierno a los Conservadores en 1997 y que habían logrado un gobierno relativamente exitoso de 13 años. Pero el olfato político de Milliband no falló. El comprendió que la ciudadanía había decidido castigar a esa generación de laboristas y que sólo el recambio haría posible el resurgimiento del partido. Tenía razón. Milliband no sólo fue aplaudido en la marcha del sábado – lo que es harto decir si lo comparamos con la aparición de dirigentes concertacionistas en marchas como la del 1º de mayo o el aniversario del terremoto -, sino que los laboristas se han mantenido consistentemente en el primer lugar de las intenciones de voto y han podido aglutinar bajo su manto a las voces opositoras al gobierno.

La comparación con la Concertación parece ser cruel. Mientras en el Reino Unido aparece un laborismo renovado, en Chile la realidad es otra. Ansiosos de volver a contar con el beneplácito de la ciudadanía, la Concertación vuelve sus ojos a los documentos que publica Lagos, o le entrega la presidencia del Senado a Girardi. Mientras en el laborismo aparecen nuevos liderazgos, en la Concertación mantienen la esperanza de enfrentar las próximas elecciones detrás de una candidatura de Bachelet. Mientras la oposición británica aparece liderada por un diputado de 42 años, en Chile siguen viendo a los ex presidentes como una especie de iluminados que pueden señalar el camino correcto. ¿Cuál es el resultado de esta estrategia? La Concertación no ha logrado capitalizar ni un solo punto de desaprobación al Gobierno. Siguen sufriendo el fuerte rechazo de la ciudadanía y no parecieran tener la película clara de cómo salir del entuerto. Quizás sea el momento de que dejen de mirarse el ombligo y levanten la vista hacia lo que pasa en otras partes del mundo. Quizás llegó la hora en que la “generación de recambio” deje de pedir permiso antes de decir algo, y tengan la valentía de “matar al padre” (o a la madre). No sé si sea la solución ideal, pero al menos es distinta a la que están haciendo ahora. Y eso ya es un avance.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/03/29/concertacion-y-laborismo-una-comparacion-cruel/

LA CULTURA DEL TEXTO

marzo 28, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en Calling from London de Revista Capital, edición del 24 de marzo de 2011)

Acabo de terminar de ver la última temporada de la serie The Tudors, que cuenta los avatares del reinado de Enrique VIII en el siglo XVI británico. Por supuesto que la intriga y el morbo giran casi siempre en torno a sus celebradas dotes amatorias, pero no es menor la atención que se le dedica a la reforma protestante y sus efectos. Contra las reglas del Vaticano, los grupos reformistas buscaban la posibilidad de leer directamente los textos sagrados. De esta manera, se libraban de la interpretación de las Escrituras que hasta entonces le correspondía en forma exclusiva al clero, abriendo un período de discusión teológica sin precedentes entre la población común.

Un amigo sociólogo me explicó que justamente la Ilustración europea se concibe como una expresión –o quizás un efecto- de esta verdadera “cultura del texto”, bajo la cual los argumentos son evaluados en su mérito, idealmente en un espíritu abierto de mente y promotor de la discusión pública. Nosotros los latinoamericanos, en cambio, vivimos bajo el influjo de la contrarreforma española y sus múltiples manifestaciones barrocas. El texto, nos dijeron los evangelizadores católicos, no era tan relevante como el símbolo merecedor de adoración. La discrepancia sobre el dogma era sospechosa de herejía. Nos criamos, por así decirlo, en una cultura que no aprendió a discutir en torno a la palabra escrita, sino a confiar nuestras creencias a íconos y formas.

Hoy esa evidencia nos golpea en todas partes. Me interesa llamar la atención sobre la manera en que abordamos las cuestiones públicas, especialmente en las diferencias en cómo nos enfrentamos en la arena política. Mientras los debates que he podido presenciar en Londres giran en torno a ideas y contenidos, en Chile mi experiencia ha sido la opuesta: las discusiones tienden a caen en la descalificación del adversario. Comparar los rounds que protagonizaron Cameron, Clegg y Brown en las pasadas elecciones con lo que vimos entre los nuestros a fines de 2009 es desalentador.

Me dirán que los ingleses son conocidos por su temperamento flemático y su caballerosidad. Pero no creo que les hierva menos la sangre que a nosotros cuando llega la hora de disputar posiciones. No, se trata de otra cosa. Sencillamente, poseen la especial capacidad de separar personas y argumentos. Pueden trapear con los segundos, dejando incólumes a las primeras.

Por el contrario, unos pocos años como columnista me han enseñado que, en general en nuestro país, estamos acostumbrados a matar al mensajero y olvidarnos del mensaje. En lenguaje de comentarista deportivo, no vamos al balón sino a la canilla del rival. Si no me cree dese una vuelta por los blogs de los medios habituales. Ante la falta de “cultura de texto”, optamos por una estrategia intelectualmente más económica: disparar contra los autores. Los desacuerdos sustantivos se transforman automáticamente en juicios sobre intenciones y moralidades. No es inusual que algunos comentarios simplemente omitan referirse a la columna y opten por ir directamente sobre la presa. Seguramente, me dirá algún psicólogo, estas instancias funcionan como catarsis colectivas. Puede ser. Pero para efectos de construir, razonar y deliberar, son escasamente productivas.

¿Está a nuestro alcance ponernos al día? ¿Podemos convertir la lectura crítica en un hábito nacional? Me considero escéptico. Pero eso no impide intentarlo. No sólo ganaríamos en autonomía individual e independencia jerárquica a nivel ciudadano, sino que un ejercicio extendido de esta virtud podría ser clave para mejorar las condiciones de nuestro debate político. No derriba los muros ideológicos ni elimina el conflicto –cuestión que no es enteramente deseable-, pero provee a los participantes de herramientas que atenúan la violencia verbal, el sarcasmo venenoso y la falta de respeto entre pares. El balón puede seguir siendo fieramente disputado, pero la canilla del adversario queda a salvo para el siguiente partido.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/la-cultura-del-texto-2.html

PROTECCIÓN SOCIAL RECARGADA

marzo 25, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 25 de marzo de 2011)

Durante mucho tiempo se dijo que la Concertación había “humanizado” el modelo de Pinochet. Adoptando las reglas de una economía de mercado, hizo los ajustes que consideró necesarios desde su rol de centroizquierda moderada a tono con los tiempos. A lo largo de veinte años logró tejer, poquito a poco, su preciada red de protección social. Como era previsible, el gobierno de Piñera ha representado la continuidad de lo realizado por sus predecesores. Una vez que el modelo ya ha sido “humanizado”, habría llegado la hora de hacerse cargo de sus ineficiencias.

En ese contexto, a mi juicio, se enmarca la propuesta del Ingreso Ético Familiar, cuya primera parte se empieza a aplicar el próximo mes para estar completamente operativo en 2012. Concentrando beneficios dispersos (algunos de ellos incluidos en el Chile Solidario del ex presidente Lagos), y condicionando nuevos recursos al cumplimiento de ciertos comportamientos del grupo familiar, el nuevo programa social de la centroderecha en el poder es la expresión de un consenso político indiscutible: el Estado debe asegurar a todos los chilenos un nivel de vida digno.

Algunos dirán que todavía es insuficiente. Les doy toda la razón. Pero para cada una de las 130.000 familias que viven en la pobreza extrema –los destinatarios del programa- esta es una inyección de recursos valiosísima. Piénselo así: Si usted pertenece a una familia indigente que tiene un  ingreso promedio del orden de los 60 mil pesos mensuales, la asignación que promueve el gobierno puede aumentar esa cifra hasta en un 50%.

No me detendré en los recovecos técnicos de la medida ni en los avatares de su proceso legislativo; quiero reflexionar sobre el sentido que la sustenta. Lo primero que llama la atención es que funciona como un subsidio a la vena, plata fresca garantizada a todo evento. Que algunos dirigentes de la Concertación se quejen por eso resulta por lo menos curioso, cuando la política de bonos fue generosa en sus tiempos. Es difícil determinar con claridad si la idea viene de la derecha (como el “Impuesto Negativo sobre la Renta” de Milton Friedman) o de la izquierda (a partir de la teoría del “Ingreso Básico” de Philippe Van Parijs). Adaptando la discusión a un viejo adagio, pareciera que se está entregando el pescado y no enseñando a pescar. Los beneficios de esta práctica, sin embargo, son probados. De todos ellos, me quedo con su capacidad de atenuar la sensación de incertidumbre y angustia en la que viven miles de jefes de hogar que sencillamente no saben si el mes siguiente trae algo o no trae nada.

Ahora considere que sólo una fracción del aporte está asegurada. Para ganarse la otra parte hay que cumplir ciertas condiciones (control del niño sano, matrícula y asistencia escolar, formalización laboral de la mujer), dándole la oportunidad al Estado de promover ciertas responsabilidades sociales e individuales. Volviendo al adagio, la mitad del pescado se condiciona a aprender a pescar. Con esto, asumo, el nuevo Ministerio de Planificación quiere mejorar los índices de “egreso exitoso” de la indigencia respecto de los que actualmente exhibe el Chile Solidario.

Pero hay más detrás de todo esto. Se va consolidando en la cultura política chilena –sin excepción- una noción de derechos sociales mínimos. Pero es la idea misma de libertad la que se complejiza y enriquece cuando supera su etapa meramente formal. Es cierto que los indigentes son tan libres como los millonarios a la hora de ejercer la libertad de expresión, asociación o desplazamiento, en el sentido que ninguna fuerza física o legal se los prohíbe. Pero el valor -o la efectividad- de esa libertad es diametralmente distinto para unos y otros. Medidas como éstas apuntan a fortalecer lo que Amartya Sen llamaba las “libertades sustantivas” del ser humano. Ofrecer sólo libertad formal a quienes batallan por pan, techo y abrigo, como reconocía Isaiah Berlin, es reírse de su condición.

¿Es esta otra de las características de la “nueva derecha”? Probablemente. Al menos demuestra que en materia de protección social no piensa abandonar la senda demarcada por los gobiernos socialdemócratas chilenos, sino por el contrario, sacarle más trote. Primero fue el postnatal de 6 meses y ahora da el segundo paso. ¿Significa esta similitud que no hay diferencias entre ambas tribus políticas? Vámonos con calma. No es lo mismo combatir la pobreza extrema que promover una sociedad más igualitaria. Una Sociedad de Seguridades, como le llama el Presidente, tampoco es lo mismo que un Estado de Bienestar con todas sus letras. Cuanto redistribuir es todavía una pregunta cuya respuesta divide aguas. Sin embargo, como solía decir el ex ministro Andrés Velasco, ya no es sostenible decir que Chile tiene un modelo neoliberal puro.

Hace unos años en Guatemala escuché a un calificado orador sostener que la clave del éxito chileno en el contexto regional era su “continuidad en las políticas públicas”. Ahora, lo anterior no tiene mucha gracia cuando el mando se traspasa dentro de la misma coalición. En cambio, cuando asumen los adversarios y los esfuerzos continúan orientados en la misma dirección, da para abrigar un contenido optimismo.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/03/25/proteccion-social-a-la-vena/

SIMPLEMENTE NO TE QUIERE

marzo 18, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 18 de marzo de 2011)

El gobierno hizo lo que tenía que hacer. Activando el recuerdo del terremoto, movilizó recursos, ordenó evacuar las costas y mantuvo a la ciudadanía vigilante. Varios dirigentes de la oposición quisieron ridiculizar lo que consideraron una sobrerreacción de La Moneda. Pero el operativo, según se hizo evidente horas más tarde, fue en gran medida necesario. En palabras de Fernando Paulsen, era la “estrategia dominante”: en todos los escenarios era mejor actuar que no hacerlo.

Cuando las críticas concertacionistas ya desteñían por su pequeñez, habló el Presidente. Fiel a su estilo, dejó entrever que se notaba el cambio de mano. Que el buque ahora estaba a cargo de funcionarios aptos para la tarea. Al aludir a la situación vivida un año atrás, les tocó la sensible tecla Bachelet. Como era previsible, la Concertación no mantuvo silencio. Salió rápidamente a encarar a Piñera. La “unidad nacional” –esa que tanto predica el primer mandatario- se fue nuevamente a las pailas.

En jerga deportiva, Piñera les celebró el gol en la cara, lo que ya atenta contra el fair play. Para peor, lo hizo como si se tratara de un gol de media cancha cuando la verdad es que con la información y la distancia que disponía el gobierno lo suyo fue más bien un golcito lauchero. La combinación perfecta para picar el amor propio del equipo rival.

La dinámica que está generando el Presidente y la oposición es políticamente compleja. En otros tiempos, era la figura de Pinochet la que servía para mantener a la Concertación unida cada vez que una trizadura se asomaba en el entonces andamiaje oficialista. La sola evocación de su recuerdo era suficiente –para algunos todavía lo es- para dejar de lado los intereses de cada facción y aleonarse contra el enemigo común. Hoy parece ser el personaje de Sebastián Piñera el que basta para erizar los pelos de democratacristianos, pepedés, radicales y socialistas, juntos como hermanos. Hasta la más inocua de sus apariciones públicas puede servir para que los ánimos concertacionistas vuelvan a jugar al unísono.

Pero a diferencia de Pinochet, odiado en lo personal y combatido en lo político, Piñera concentra la mala vibra sólo en el primero de estos planos. En lo político, hay que decirlo, las diferencias con sus antecesores no son llamativas. La actual administración ha puesto en marcha una serie de medidas que habrían encajado bastante bien en un gobierno socialdemócrata a la chilena. El Presidente, es sabido, se tiende a posicionar al centro.

No, el problema de Piñera con la Concertación no es ideológico. Es personal. Por eso cada vez que la oposición parece quedar fuera de juego en la discusión política se asemeja más bien a la vieja peladora que busca la manera de embarrar de chismes al vecino. No la concibo exhibiendo los mismos bajos niveles de tolerancia frente a un prototipo Lavín. ¿Es porque su exuberancia de millonario irrita a la austeridad política criolla? ¿Es porque su infinita autoconfianza resulta grosera entre tanta mediocridad? ¿Es porque naturalmente caen mal los sobreactuados? ¿O es sólo porque los sacó del poder? No tengo la respuesta, pero intuyo que de todo un poco.

Nada indica que esta relación vaya a cambiar con el tiempo. Como reconoció el columnista Francisco Javier Díaz en este mismo espacio, en la Concertación se impuso la lógica de reeditar la política chica, de cerbatana y escupitajo, la que durante largo tiempo practicaron en la Alianza. La deliberación democrática en serio no goza de su mejor momento en Chile. Parece que no habrá “majestuosidad republicana del cargo” que sirva para aislar al Presidente del torrente de odiosidad que provoca, con o sin razón. Quizás, para minimizar los encontrones, podría partir por dejar de celebrar los goles con tanta parafernalia.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/03/18/simplemente-no-te-quieren/

CAMERON CONTRA EL MULTICULTURALISMO

marzo 14, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en Calling from London de Revista Capital, edición del 11 de marzo de 2011)

Hace unas semanas, el primer ministro David Cameron señaló que el multiculturalismo era un proyecto fallido en suelo británico. Se une así a la canciller alemana Angela Merkel, que sostuvo que su nación debía abrazar los valores específicos de la civilización cristiana, y a los desplantes laicistas (a partir de la promulgación de la ley que prohíbe el velo islámico) de Nicolás Sarkozy en Francia. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Lo primero que debemos despejar es el concepto en tela de juicio. Rechazar el multiculturalismo no significa desconocer la evidencia de que en nuestros días Europa es el hogar de distintas expresiones culturales, proveniencias étnicas o afiliaciones religiosas. El alegato de Cameron no se dirige entonces contra el dato empírico del pluralismo. Tampoco hay que confundir multiculturalismo con la aspiración de una sociedad cosmopolita. Esta última es aquella que hace del mundo (y sus diferencias) un espacio propio, con derechos universalmente reconocidos y una desconfianza general a las fronteras. El multiculturalismo, en cambio, sería el programa político que permite -y alienta, según Cameron- que las distintas minorías culturales vivan separadas y aisladas de la vida nacional mayoritaria. En otras palabras, lo que habría fracasado es la integración de los inmigrantes.

¿Qué cuestiones, en concreto, parecen molestarle al gobierno británico? Hoy casi todas están vinculadas al mundo musulmán. Piense en el caso de las cientos de niñas que son forzadas por sus familias a casarse con hombres mayores que no conocen, para que éstos puedan trasladarse a suelo inglés desde medio oriente o el sudeste asiático. La pregunta que se hace Cameron –y que tiene mucho sentido- es si acaso las instituciones políticas británicas deben seguir haciendo la vista gorda frente a ciertas situaciones que son inaceptables desde una perspectiva occidental. Dicho de otro modo, con tal de no ser acusados de imperialismo cultural, hoy estarían alternando entre el relativismo y la indiferencia. La propuesta del líder tory es activar lo que llamó “liberalismo muscular”, es decir, de un modelo que abandone la tolerancia pasiva y salga a promover abiertamente sus valores (en este caso, por ejemplo, el respecto de la estricta igualdad de género).

La cuestión no es puramente filosófica. Los británicos están en la mira del terrorismo. Cameron teme que instancias de adoctrinamiento antiliberal se estén llevando a cabo bajo sus narices en las mezquitas de Londres, e –irónicamente- estén siendo subsidiadas por el estado como parte de su política de apoyo a las actividades comunitarias. El discurso de los cortes en el gasto público se cruza inevitablemente en este punto.

Pero hay más. Los gobiernos de centroderecha europea quieren “cubrir sus bases” para impedir el avance de grupos radicales ubicados más a derecha. Gran Bretaña no tiene un Jean-Marie Le Pen, pero sí un importante grupo de nacionalistas que flamean cada cierto tiempo la bandera con la cruz de San Jorge, que se muestran hostiles a todo tipo de inmigración y que están preocupados por la pérdida de identidad patria. A ellos iría  dirigido este mensaje, con el objeto de transmitir tranquilidad y seguridad. Pero la línea roja es delgada: no pocos vieron en la declaración de Cameron un innecesario incentivo a la xenofobia en general y a la islamofobia en particular.

Los musulmanes organizados, como era previsible, se han victimizado. La causa de todos los recientes desbarajustes, dicen, está en las invasiones a Iraq y Afganistán, y no en los defectos del proceso de asimilación a la cultura británica. 

Cameron, como Merkel y Sarkozy, ha decidido pasar a la ofensiva. Es una jugada riesgosa porque se compra tensiones con una importante minoría islámica al tiempo que se presta a interpretaciones extremistas desde los sectores nacionalistas. Pero por otra parte define los criterios de una nueva actitud que puede reducir las violaciones a los derechos e igualdades garantizadas en países democráticos y liberales, absorbiendo al mismo tiempo la ansiedad de aquellos que claman por más protección laboral y la adhesión a ciertos valores comunes para merecer la ciudadanía y sus extendidos beneficios. 

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/cameron-contra-el-multiculturalismo-2.html

EL VOTO DE INÉS

marzo 11, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 11 de marzo de 2011)

Los concejales de la Concertación no se aparecieron. Se habían puesto de acuerdo, con la venia de las autoridades partidarias, para boicotear la sesión que debía elegir al sucesor de Jorge Gajardo en la alcaldía de La Florida. Hicieron lo que en jerga futbolística se denomina un W.O. Si alguna vez ha estado en una cancha esperando a un rival que no llega, entonces el lector sabe perfectamente lo que esto significa. O, si lo prefiere, es como faltar a una prueba porque no se está suficientemente preparado, lo que tampoco es bien visto entre los compañeros que le ponen el hombro y no se hacen los enfermos. “Están en su derecho de hacerlo” dijo el timonel socialista Osvaldo Andrade. Puede que tenga razón. Pero es una pobre explicación viniendo de una oposición que no pierde oportunidad de recordarle al Presidente Piñera que no basta con cumplir la ley, sino que además hay que estar éticamente a la altura de las circunstancias.

El factor tiempo, dicen en la Concertación, podría cambiar el escenario. La presión –o el matonaje- sobre la concejala Inés Gallardo podría finalmente dar resultado. Todo vale con tal de retener el poder en una de las comunas más populosas de Chile. Con tal de no “regalársela a la derecha”.

Por supuesto, Andrade y compañía sienten que políticamente La Florida les pertenece. Ellos representan a la mayoría según la contienda del 2008. Les parece injusto que cambie de manos por los problemas personales de un alcalde o la vuelta de carnero de un concejal. El discolaje, apuntan, es el origen de los males de la democracia. Para fortalecer la política, dicen, hay que partir por respetar las decisiones colectivas. En ese contexto, nada mejor que un sistema que permita a las cúpulas partidarias elegir a dedo a los reemplazantes, como ocurrió hace poco con los nuevos senadores Uriarte (UDI) y Larraín (RN). Sin embargo, por razones obvias, a los chilenos esta solución no les cae bien.

Preguntarse a quién le pertenece el voto de Inés es mucho más relevante que la pugna picante entre Carter y los Sabat o el Dicom del futuro alcalde. Significa preguntarse quién es el dueño de la representación política en Chile. Si creemos que Inés le debe su cupo al PPD, entonces es el PPD quien debiera disponer de su voto y se acabó el asunto. Si creemos, en cambio, que los floridanos la pusieron a ella en el concejo municipal y no a su partido, entonces ella goza de autonomía para votar a conciencia, especialmente después de haber renunciado a su militancia. Lo mismo pasa con el ex alcalde: ¿los electores votaron por Gajardo o por el PS para ocupar el sillón municipal? Lo que nos lleva a la clásica disyuntiva: ¿Votaron por la persona o por el partido?

Imagínese ahora, como lo creen la mayoría de los chilenos particularmente tratándose de elecciones municipales, que los floridanos votaron por la persona. En consecuencia, que ni el PPD ni el PS tienen derechos adquiridos sobre votos o sillones. Entonces no sólo resulta aceptable, sino moralmente imperativo que Inés Gallardo se incline por quien considera más apto “profesional y personalmente”, como ha dicho. Sería absurdo exigirle que lo hiciera por el más inepto. Teóricamente, da exactamente lo mismo quien resulta beneficiado. Si fuera un concejal UDI dándole el cargo a su par del PPD se aplicaría exactamente la misma lógica. Es un error gigantesco asumir que en esta batalla la UDI impone sus términos. Creo, por el contrario, que la concejala Gallardo sin saberlo le propina al gremialismo una tremenda lección: la incondicionalidad termina cuando las aberraciones son evidentes

La Concertación, por su parte, desnudó su lado más triste. Instaló un alcalde mediático que no estuvo a la altura, visibilizó el caudillismo de un diputado que lleva la friolera de 21 años sentado en la Cámara, y utilizó malas artes –aunque legales- para postergar la votación del nuevo edil y darle un nuevo gobierno comunal a La Florida.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/03/11/el-voto-de-ines/

EL PLAN PIÑERA – LAGOS

marzo 3, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el jueves 3 de marzo de 2011)

El episodio Van Rysselberghe –y la particular reacción de la UDI- debe haber despertado en el Presidente Piñera un viejo anhelo: arrinconar al gremialismo hasta hacerlo desaparecer, y convertir a la derecha chilena en un gran partido de centro reformista como lo hizo el Partido Popular español (PP). Para llegar al Palacio de La Moncloa en 1996 de la mano de José María Aznar, el PP tuvo que pasar por una serie de transformaciones donde la clave estuvo en aislar y finalmente postergar a los elementos franquistas. A diferencia de lo que ocurrió en la Madre Patria, el pinochetismo en Chile siguió alojado por un buen tiempo en la coalición de centroderecha, hasta que finalmente la UDI despegó con alas propias y una insospechada potencia electoral. Piñera, entonces, no pudo consolidar su proyecto. Sin la UDI, lo sabe, jamás habría llegado a La Moneda.

En el otro lado del espectro, un sueño semejante albergaba el ex Presidente Ricardo Lagos. Dotar al eje PS-PPD de la misma fuerza y autonomía política que –también en España- ostenta el PSOE de su amigo Felipe González. Aunque a principios de los noventa tuvo que aceptar la primogenitura de la DC, con el paso de los años el llamado “bloque progresista” fue ganando terreno. En la última elección de diputados, la Falange alcanzó 14,2 puntos porcentuales contra 26,4 de sus aliados (incluyendo radicales). La popularidad con que salió el propio Lagos del poder y la inaudita adhesión a Bachelet podrían haberle hecho creer que “había agua en la piscina” para correr con colores propios y olvidarse de la DC. Pero a pesar de todas las virtudes de Bachelet, si algo no hizo fue promover liderazgos renovadores y menos proyectar nuevos referentes políticos. Que Lagos finalmente se haya restado de competir y se haya sumado a la opción “perder con Frei” es una pista de que parece haber tirado la toalla.

La compatibilidad de las “visiones” de Piñera y Lagos salta a la vista: Había que repartirse la torta política en dos grandes tajadas, igual que ahora. Pero los trozos habrían muy sido distintos.

Piñera quería llevarse a la derecha al centro despojándola de toda herencia autoritaria, para lo cual necesitaba a la DC. No sólo por cercanía familiar y coqueteos de juventud, sino porque juntos habrían encarnado un programa político perfectamente coherente: cristiano, moderado y pragmático. Tal como ocurre hoy en Alemania con la coalición gobernante de la democratacristiana-centroderechista Angela Merkel. Dicho de otro modo, si hubiera dependido exclusivamente de él, Piñera habría cambiado a la UDI por la DC.

Lagos, por su parte, quería una centroizquierda en serio, laica y progresista. Le habría regalado la DC a Piñera bajo dos condiciones. Que jugara sin la UDI –la que habría estado condenada a vagar en los márgenes de la extrema derecha, apagándose poco a poco- y siempre que el socialismo renovado pudiera domesticar, civilizar y asimilar a los grupos que a su vez vagaban en el borde izquierdo del mapa. (El lector se habrá dado cuenta que, si algo así ocurriera, el espectro político chileno se desplazaría levemente hacia la izquierda).

Aunque todo esto es, por supuesto, política ficción -a la UDI ronca fuerte con 40 diputados instalados en Valparaíso. La DC vive un proceso de decadencia que puede durar varios años- las huellas del españolísimo plan Piñera – Lagos son visibles para el observador. Que el experimento Ravinet no haya funcionado no quiere decir que Piñera ya no le tenga ganas a la DC mientras sigue en un matrimonio mal avenido con la UDI. Al otro lado, cada vez que se activa la agenda valórica o algo parecido al eje Girardi-Ominami, el fantasma de una Concertación sin DC reaparece, especialmente después de haber pasado la prueba de la inclusión del PC. En unos años más, por lo menos, da para una cumbre de jubilados en Caburga o Caleu.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/03/03/el-plan-pinera-lagos/