ROTULANDO LA LIBERTAD

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 15 de abril de 2011)

El debate sobre la rotulación de alimentos parecía inocuo y se ha transformado en un campo de batalla donde vuelan los calificativos y las acusaciones. Pero más allá de los excesos del lenguaje y la imaginación, acá se están jugando ideas centrales sobre qué tipo de sociedad queremos que sea Chile.

Echemos un vistazo a los criterios fundamentales que sirven como estandarte a las posiciones en competencia. A la izquierda, tenemos un grupo de legisladores que estiman que el estado tiene la primera responsabilidad a la hora de combatir los males sociales, en este caso la obesidad. Lo que las propias personas decidan al respecto les parece una consideración secundaria. A la derecha, centros de estudio y connotadas figuras subrayan la importancia de la libertad de elección y la responsabilidad de la familia en la educación de sus hijos, especialmente respecto de hábitos alimenticios.

Si tuviera que elegir, me quedo con la segunda. Lo que Rossi, Girardi y compañía denominan “bien común” no puede tener primacía por sobre la libertad de las personas cuando las acciones que buscan prohibirse, limitarse o restringirse les afectan principalmente a ellas y no a terceros. Parafraseando a Stuart Mill, ni siquiera su propio bien, físico o moral, es justificación suficiente para la acción del estado. Entonces, respecto al proyecto en trámite, concuerdo con lo expuesto por el director de Libertad y Desarrollo: quienes valoran la libertad deberían oponerse a un proyecto excesivo.

Sin embargo, tres importantísimas precisiones tienen lugar.

Primero, que el principio de libertad –como lo reconoce el mismo Mill- no es aplicable a los niños o adolecentes que no han alcanzado la mayoría de edad. Por el contrario, ellos deben ser guiados en el proceso de maduración y resulta enteramente razonable que la sociedad pueda regular los alimentos que consumen. En consecuencia, el criterio aplicable para colegios, liceos y escuelas no debiera  ser el mismo que para universidades, institutos profesionales y centros de formación. Son justamente los adultos los que piden no ser tratados como niños. Estos últimos, en cambio, deben ser tratados como tales. Aquí, Libertad y Desarrollo prefiere poner sus fichas en el rol de la familia como transmisora de valores de autodisciplina y contención. Creo que es un error. Ese modelo de familia brilla por ausencia particularmente en los contextos más vulnerables. El estado tiene una responsabilidad ineludible, tal como en el caso de la educación sexual, con la formación de ciudadanos aptos para vivir sanamente.

Segundo, que son igualmente inescapables los deberes públicos en materia de acceso a información veraz, completa, transparente y oportuna respecto de los alimentos que se consumen. Si el estado no vela por el flujo igualitario e universal de dicha información, le abre la puerta al abuso.  El derecho a elegir se ve entonces reducido a caminar a tientas en la oscuridad. Si esto significa mayores costos para la industria (así como menores ganancias derivadas de su restricción en colegios), éstos deben ser asumidos por ella como parte de una estrategia de juego limpio.

Para mi tercer punto, quiero recordar la sensata declaración del senador Jovino Novoa: “una persona que quiere una parrillada tiene todo el derecho a comérsela… ¿o van a prohibir los asados también por el alto contenido de grasa de los chorizos?” Lo que resulta difícil de explicar es porque la UDI se opone entonces cada vez que la autonomía valórica de las personas adultas entra en discusión. Le cambio dos palabras a la oración: “una persona que quiere un pito tiene todo el derecho a fumárselo… ¿o van a prohibir la marihuana también por el alto contenido de THC que produce?”. Hago la misma pregunta respecto de la eutanasia, el matrimonio homosexual y otras tantas conductas que sólo afectan a sus consumidores o protagonistas y que debieran estar sometidas al mismo estándar libertario. Es la rancia combinación entre libertad para algunas cosas pero no para otras (quizás porque éstas le desagradan a la divinidad) la que provoca un especial rechazo por su inconsistencia desde el punto de vista de la razón pública.

La libertad conlleva el derecho de hacer cosas que no son buenas desde distintos puntos de vista.  El consumo de comida chatarra en exceso es una de ellas. En lo personal, soy uno de los que la detesta. Pero no le atribuyo al estado ninguna legitimidad para negar a personas adultas el acceso a ella. Donde el estado sí la tiene es respecto a la supervigilancia de los productos ofrecidos a los niños y a la información disponible al público en general. Por su parte, la UDI y sus centros afines debieran decidir de una buena vez qué ideología promueven: la neoconservadora a la Bush que gobierna con el mercado en una mano y la biblia en la otra, o la libertaria a la Friedman que prioriza la libertad en todos los ámbitos de la vida humana.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/04/15/rotulando-la-libertad/

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3 comentarios to “ROTULANDO LA LIBERTAD”

  1. Miguel Fernandez Says:

    Muy interesante columna, comparto plenamente tus argumentos. A mi entender, eso sí, se te queda un importante tema fuera, y es que reconociendo que el Estado no debiera obligar a personas adultas a seguir el hábito alimenticio A, B o C, sí esta en el deber de evitar “socializar” el costo que imponen a la sociedad las conducta dañinas de las personas en el uso de su libertad. Al igual que las externalidades generadas por el cigarrillo, la comida chatarra impone costos en el largo plazo sobre la sociedad (especificamente, sobre el sistema de salud). ¿Por qué debemos pagar colectivamente el hecho de que las personas atenten individualmente contra su salud? Junto con creer que la prohibición a los adultos es una tontera mientras que la regulación de la alimentación a los niños es necesaria, me gustaría ver un tratamiento a los costos sociales de esta libertad, un impuesto especifico, por ejemplo.

  2. Jean Paul Molliterre Says:

    Todo resultaria perfecto si ese abstracto concepto FAMILIA existiese.

    Hoy nuestra sociedad no tiene autoregulacion via familia, en realidad el egoismo es tan grande que Padres abandonan a sus hijos antes de nacer y tenemos que recurrir al ADN para asignar esas responsabilidades. Ni hablar de obligaciones morales como alimentar y educar, al final son persecuciones judiciales de años para lograr las migajas de un mal juicio de divorcio.

    La iglesia ya no es refugio de nada y solo queda el Estado que debe si o si, a lo menos para evitarse el despilfarro de los recursos de todos, debe salvar a un obeso que se nos morira de diabetes o algo siumilar.

    Podría seguir dando opiniones pero me da la idea que sera palabra muerta. A nadie le importa y a nadie le importara. Mientras no sea el un tema de dineros privados la sociedad jamas tomara cartas en el asunto y menos ahora que al estado le sobra los recursos.

  3. Nicolás Says:

    Pero si el gobierno decide no solo a qué enfermedades debemos volvernos inmunes, sino que además nos entrega la inmunidad, como si 3600 años de evolución del sistema inmune no fuesen suficiente!
    La obesidad está en estrecha relación y directa diría yo, en primer lugar con mis hábitos de actividades. Por mas que coma lechuga si paso todo el día sentado o echado, engordo. Las vacas, son un buen ejemplo.

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