ATEOS FUERA DEL CLÓSET

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el lunes 25 de abril de 2011)

En una columna de opinión notable, el sacerdote jesuita Jorge Costadoat extiende la invitación a pensar la “Iglesia post-Karadima” también a los no creyentes. Como miembro de este lote acuso recibo y despliego mi respuesta. Me parece, en todo caso, que ateos y agnósticos tenemos poco que decir respecto de la ropa sucia del clero católico, más allá de las esperables reacciones de indignación ante el abuso de poder y la hipocresía moral de algunos de sus exponentes. Nuestro problema con la institución vaticana y con otras organizaciones del género es mucho más profundo y desafía la idea misma de una divinidad creadora y omnipresente así como su conveniente representación en la tierra; aun en el hipotético caso que los curas fueran verdaderos modelos de virtud, nuestras discrepancias con la Iglesia no serían sustantivamente menores.

La pregunta que me gustaría añadir a la de Costadoat es en qué condiciones queda la comunidad de “no creyentes post Karadima”.

Parto enfatizando que nada de lo que ha ocurrido nos sirve como argumento para sostener que no tener fe es mejor que tenerla. El destape de las fechorías de un anciano megalómano y cobarde -o varios de ellos- no constituye prueba alguna de que Dios no exista, que Jesús no haya efectivamente resucitado o que María no haya sido una auténtica virgen. Ninguna batalla filosófica o teológica relevante se gana o se pierde al presenciar estos lamentables casos. Los que creen sinceramente en un ser superior bondadoso, a mi juicio, pueden seguir haciéndolo tranquilamente. Añadir dos cucharaditas de contradicción a un mar de contradicciones no hace la diferencia.

Sin embargo, el affaire Karadima y todas sus conexiones y coletazos sirven para recordar a la tradicionalista sociedad chilena que el estándar moral de las personas no se mide por su filiación religiosa. Que decirse “católico” no sirve como una presunción de comportamiento ético. Y que, por el contrario, ateos y agnósticos son merecedores del mismo respeto social que reciben los más se golpean el pecho.

Ok, reconozco que los tiempos han cambiado y hemos progresado bastante desde que infieles, herejes y apóstatas eran quemados en las plazas públicas. Pero Albert Einstein vivió hasta hace poco y la correspondencia que recibió al declarar que no creía en el Dios de cristianos o judíos es testimonio vivo de la intolerancia y estrechez mental de nuestros contemporáneos. Es sabido que, hasta nuestros días, es imposible competir por la Presidencia de Estados Unidos sin hacer alarde de algún compromiso religioso. Chile parece un país más maduro en este sentido: tanto Lavín como Piñera trataron de arrinconar a Lagos y Bachelet, en 1999 y 2005 respectivamente, con el discurso del pretendido monopolio valórico. En ambas ocasiones, los rimbombantes católicos fueron derrotados por humanistas agnósticos y ateos.

Pero aún falta mucho. En muchísimos círculos reconocerse ateo equivale a confesar una desgracia. O peor aún, a hacerse digno de una especie de sospecha moral. Somos los licenciosos, los individualistas, los nihilistas. A fin de cuentas, ¿a qué le tememos aquellos que no tenemos Dios? La respuesta debe ser contundente: una vida sin ritos religiosos puede ser tanto o mejor –desde el punto de vista de la virtud personal- que una vida abundante en cruces, santitos, misas u oraciones. También tenemos nuestras creencias –seculares, claro- respecto de cómo transformar al mundo en un mejor lugar para todos. Estas se han desarrollado racionalmente y en muchos casos son más aptas para responder a las preguntas de la vida moderna que las que se encuentran en textos escritos hace dos mil años.

Es hora que los ateos, agnósticos e incluso deístas (aquellos que creen en la participación de una inteligencia superior en el diseño del universo, pero no meten a Dios en los aconteceres cotidianos ni dan un peso por la validez de los vicariatos terrenales) salgan del clóset. Mientras más seamos, más convencidos estemos y más ayuda inesperada recibamos de los Karadima por venir, más haremos retroceder ese miedo social a rechazar los convencionalismos católicos, desde la presión a “hacer la confirmación” o “casarse por la Iglesia” hasta el casillero que marque el próximo año en el Censo de población. El catolicismo no es la opción por defecto. Debe estar acompañada de una voluntad explícita de participar en dicha comunidad de creencias. El resto… hagamos y digamos la firme.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/04/25/ateos-fuera-del-closet/

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3 comentarios to “ATEOS FUERA DEL CLÓSET”

  1. Giorgio Says:

    “…no constituye prueba alguna de que Dios no exista”, pero constituye prueba fehaciente de que si Dios existiera sería el ser más sádico entre las bestias más brutales!

  2. diego schalper Says:

    Estimados,
    Recomiendo el libro “Una locura bastante razonable”, del profesor García Huidobro. En una de esas se logran sacar algunas cucharadas de contradicción, metiendo mayor información.

    Cuando se habla del “estándar moral” (aquél que no se mide por filiaciones religiosas), ¿a qué te refieres? Porque estándar (del contexto de la oración), aparece como algo que pudiese aplicarse como medida común a varios (por no decir a todos). Pero si mal no recuerdo, tú no crees en estándares comunes, sino más bien individuales, definidos por el mismo que debe (en apariencia) respetarlos. Entonces, o Inglaterra te ha venido muy bien; o en realidad para ti la pertenencia a cualquier club o grupo es irrelevante (inclusive la sociedad), porque el único estándar es la propia autonomía (dejando de ser estándar, en ese mismo instante).

    Los datos históricos no son más que eso: datos. Honestamente (y con el respeto de siempre), no veo que ese párrafo sea aporte. Reconozco que evidencia algo que a los católicos nos vendría bien asumir: culturalmente perdemos por W/O hace mucho rato. Pero eso, que es dramático hoy, abre enormes perspectivas para el futuro, porque el otro equipo se descoloca cuando se entra a la cancha. Acostumbra jugar solo, por ausencia o a punta de falacias ad hominem. Hay que atreverse a entrar no más.

    Y confío en que las afirmaciones (“ (…)una vida sin ritos religiosos puede ser tanto o mejor –desde el punto de vista de la virtud personal- que una vida abundante en cruces, santitos, misas u oraciones”(…)”, “(…)en muchos casos son más aptas para responder a las preguntas de la vida moderna que las que se encuentran en textos escritos hace dos mil años (…)”; etc.) en una próxima columna den paso a argumentos que las funden, para poder evaluarlas en su mérito.

    Y coincido: ojalá se salga del clóset. Y vale para todos: en mi trinchera, especialmente para aquellos que creen que la Caritas et Veritate no es un buen cuento de hadas, sino las coordenadas para volver a humanizar la sociedad. Ojalá con coherencia no se case por la Iglesia aquél que lo ve como un rito social solamente. Ojalá que el seminarista que entra por status, de un pie al costado. Ojalá que el “comecura”, nos cuente su posición antes de apretar los gatillos cotidianos. Aunque parezca crítico, creo que lo mejor que podría pasar es que quede en evidencia la minoría que realmente somos.

  3. Rodrigo Malandre Says:

    Comparto lo de que “decirse “católico” no sirve como una presunción de comportamiento ético”. Igualmente, los calificativos de nihilistas o individualistas son comunes contra los agnósticos o ateos. Si nos vamos en “la profunda” lo que no se escucha comúnmente es una respuesta coherentre y clara respecto de cuál es el fundamento moral del agnóstico o ateo para perseguir un bien común que vaya más allá de sus propios intereses. Aquí, generalmente se recurre al paradigma neoclásico de alcanzar el bien común a través de la persecución de los intereses indivduales, pero también caben las respuestas del corte de Rorty donde se adscribe a una coinsenso social respecto de lo que es razonable y bueno. Sería interesante que elaboraras más tu visión en torno a la respuesta a la cuestión que fundamenta las “sospechas” de los católicos.

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