Archive for 30 mayo 2011

Mouseland

mayo 30, 2011

Los dejamos con este sencillo pero elocuente video que ilustra uno de los más celebres discursos del político canadiense Timmy Douglas (1944). Ideal para estos días en los cuales ninguna de las dos coaliciones políticas chilenas goza del favor de la opinión pública:

ANIMALES POLÍTICOS

mayo 27, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 27 de mayo de 2011)

El fair play se acabó. La defensa del oficialismo se ve tan mal parada que los atacantes de la oposición saben que el gol está calentito. No se van a preocupar ahora de jugar limpio. Ahora, todo es cancha. A través de escaramuzas chicas –como los lienzos en el Congreso Pleno y la polémica por la transmisión oficial del 21 de mayo- y otras de mayor envergadura –como la cuestionable jugada sobre el proyecto de post natal-, la Concertación ya dejó clara cuál será su ruta de navegación: persuadir a los chilenos de que la derecha no es apta para gobernar.

Seguramente algunos en la Concertación creerán que es “un imperativo ético” sacar a la derecha del poder. Desde la vereda contraria apuntan a que la oposición demuestra con su actitud que en realidad no le interesa el bien de Chile. Yo no me arrogo el derecho de validar tales juicios morales. A mi entender el problema es más simple: la Concertación necesita volver a La Moneda tanto como el aire que respira. Después de veinte años, se han convertido en auténticos animales políticos. El episodio de La Florida los retrata de cuerpo entero: es el poder, sobre todas las cosas, lo que los mueve. Da lo mismo lo que diga la ley, la Constitución o las necesidades de la comuna, la consigna es una sola: “o nosotros o ninguno”. Sin el poder, la Concertación es como un drogadicto con síndrome de abstinencia. Haría cualquier cosa por terminar su angustiosa espera.

Las protestas y el palpable descontento ciudadano surgido a partir de la aprobación de Hidroaysén han servido como aliciente en las huestes concertacionistas. El cálculo es previsible: anda suelta una mala vibra contra Piñera que no puede dejarse pasar. No existe otra manera de interpretar que una coalición que durante su estancia en el poder promovió sin ambigüedad el proyecto haya cambiado tan notablemente de opinión.

Algunos analistas han hecho notar que la frustración de la calle golpea a la clase política por igual. Que si el clima político no se arregla entre sus propios actores, a todos les va a llegar la cuenta. Es una teoría sensata. Piense en el tipo que busca por todos los medios de convencer a la niña que le quita el sueño que su actual pololo es un patán. El pololo, por su parte, se deshace pelando al contendor. Al final la niña se aburre y los termina mandando al carajo a los dos. No vaya a ser que después de tanto jactarnos de nuestra solidez y estabilidad institucional nos encontremos ad portas de un reventón político de consecuencias insospechadas. Nos sentimos lejos de los Chávez, Humalas y Keikos del continente, pero en la última elección un candidato outsider obtuvo ya el 20% de los votos. Oficialistas y opositores deberían, en beneficio de su propia subsistencia y del sistema político chileno en general, enfriar un poco la cabeza y asumir el problema en perspectiva, tal como lo hicieron en los noventa para conducir una transición exitosa o como resultó del pacto Lagos-Longueira a partir de los casos de corrupción que entonces florecían.

Creo, sin embargo, que no hay razones para abrigar optimismo. Por una parte, porque el gobierno parece carecer de la habilidad para dialogar sin asperezas. Es más, suele apagar los incendios con bencina. Por la otra, porque la Concertación, sacando lecciones del reciente caso español, puede argumentar que los que ostentan el poder siempre sacan la peor parte en la crispación del debate. Si la Concertación sólo piensa en recuperar La Moneda, como creo que piensa, entonces el conflicto puede seguir escalando hasta niveles autodestructivos. Total, después se verá. Muchos de ellos deben pensar que no hay nada que el aura de Bachelet no pueda sanar. Entonces, resulta lógico escucharles que este gobierno ya se acabó, que no hay agenda, que el cambio fue en vano. Claro, estos camiseteados concertacionistas prefieren no recordar que la propia Bachelet, al momento de su segunda cuenta pública, cargaba a cuestas con la revolución pingüina y la puesta en marcha del Transantiago, dos desastres políticos que tenían a los chilenos igualmente encabronados. Fue sólo en el segundo semestre de su tercer año al mando cuando sus números se dispararon. Lo que ocurra con el gobierno de Piñera en el futuro todavía es un misterio. Para peor, ni siquiera la suerte que corra éste es determinante para el resultado de la próxima elección presidencial.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/27/animales-politicos/

EL DIOS DEL PRESIDENTE

mayo 24, 2011

por Daniel Loewe (publicada en El Mostrador el domingo 22 de mayo de 2011)

Si su vecino le dice que “después de Dios” la familia es lo más importante, o que el matrimonio “como debe ser” es “entre un hombre y una mujer”, unidos “para recibir los hijos que Dios nos mande, nadie dudaría que está en su sano derecho. Si el que se lo está diciendo es el presidente del país, y no en una ocasión privada sino que durante una ceremonia pública, es definitivamente grave. Si además el presidente no duda en presentarse a sí mismo como parte de una nueva derecha moderna y liberal, no es sólo grave, sino un sinsentido. Me explico.

El presidente Piñera es el máximo representante democráticamente elegido de un Estado laico. Y su apelación a Dios tiene por objeto la definición prescriptiva de una institución social: lo que debe ser el matrimonio. Pero si un representante de un Estado laico apela a (algún) Dios para otorgarle contenido normativo a proposiciones a favor o en contra de alguna ley, normativa o política pública –y no sólo refiere a él en frases coloquiales del lenguaje ordinario del tipo “gracias a Dios”– está violando flagrantemente la separación entre la iglesia y el Estado. Mediante el uso (indebido en este caso) de su cargo y de los diversos poderes que conlleva, no sólo está avanzando la agenda de una religión, sino que está utilizando a la religión como fuente legitimadora de su posición y así de las leyes, normativas o políticas públicas correspondientes. Esto es inadmisible: no sólo está socavando la estructura de un Estado laico. Por encima de esto, está violando el respecto debido a los ciudadanos en cuanto libres e iguales.

¿Está en desacuerdo? Imagínese que durante sus pocas horas de sueño el presidente tiene esta noche una revelación similar a la que habría tenido Joseph Smith (fundador de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días), y en su discurso del 21 de mayo hubiese afirmado que Dios ha ordenado a su pueblo vivir en matrimonios últiples (entendiéndose por esto que un hombre puede contar con más de una ujer) para así alcanzar el más alto de los cielos, y que está revelación guiará la agenda valórica del gobierno. Más allá de la sorpresa de su propia esposa –que seguramente no sería mayor que la de Emma Smith, la esposa de Joseph Smith, quien hasta el fin de sus días negó que su esposo hubiese tenido esta revelación– resulta evidente que el presidente estaría violando gravemente la igualdad y la libertad de los ciudadanos. La igualdad, porque la opinión de los elegidos (los que tienen el credo verdadero) valdría más que la de los otros. La libertad, porque las leyes, normativas y políticas públicas que resultasen de esta agenda valórica restringirían el marco de libertad de algunos (por ejemplo de las mujeres). Independientemente de su posición con respecto a la poligamia, una restricción que refiere a una creencia religiosa es ilegítima. Dicho de otro modo, es violencia. ¿Cambia acaso en algo la apreciación de los hechos el que más del 60% de los ciudadanos afirme compartir la creencia en el Dios del presidente?

Ciertamente, la separación entre la iglesia y el Estado puede ser entendida de modos diversos. Pero la posibilidad de estructurar interpretaciones liberales no es infinita.

Un primer principio (no exclusivamente liberal) a la base de la separación es la tolerancia. El respeto a la libertad religiosa implica aquí que el Estado debe permitir la práctica de toda religión. Al menos la protección de la libertad de creencia (la prohibición de inculcar creencias religiosas por la fuerza), de la libertad de culto, a participar en las prácticas de la religión, y a transmitir estas creencias a los propios hijos. Este entendimiento no implica firmar un cheque en blanco para las religiones. Desde una perspectiva liberal hay derechos y libertades fundamentales que deben ser protegidos. Por tanto, el Estado puede intervenir legítimamente en aquellas prácticas religiosas que violen los derechos de otros, que pongan en peligro la salud pública o la paz social. Importante como sin duda lo es, este principio no garantiza que el Estado no privilegie a una religión por sobre otra.

Un segundo principio a la base de la separación que si busca esta garantía es la igualdad entre las religiones. Al otorgar un estatus especial a una o algunas religiones se establecen privilegios. Por ejemplo en el acceso a cargos y bienes. Pero incluso si el estatus especial no está vinculado a privilegios legales, estatus especiales (por ejemplo, invitaciones a los representantes de una o algunas religiones a actos públicos o gremios de consulta) continúan privilegiando a ciertas religiones y discriminando a otras en el imaginario social simbólico. La igualdad entre las religiones debe garantizar que ninguna religión sea privilegiada por sobre otra. Ya por referencia a este principio las reiteradas referencias del presidente a su Dios violan la tesis de la separación entendida de un modo liberal.

Pero esta violación va todavía más allá. En sentido estricto, la protección de la libertad religiosa debe incluir la libertad para rechazar puntos de vista religiosos. De este modo, si un Estado expresa preferencia por todas las instituciones religiosas o por la religiosidad, desventaja a todos aquellos que la rechazan. Así surge presión para adoptar una religión o seguir ritos religiosos en espacios públicos. Esta presión puede llegar a infringir de un modo importante la libertad religiosa que un Estado liberal debe proteger (por ejemplo, al considerar como válidas sólo las razones religiosas en procesos de objeción de conciencia), y tiende a disminuir el poder de los individuos no religiosos cuyos puntos de vista suelen no ser debidamente considerados. Como le resultará evidente a cualquier ciudadano de nuestro país, en una sociedad en la que el Estado manifiesta preferencia por las religiones o la religiosidad, es más difícil rechazar los puntos de vista religiosos. Lo que el Estado liberal debe garantizar es neutralidad hacia la religión. Evidentemente, el presidente Piñera es tan poco neutral hacia la religión como lo puede ser un miembro de Los de Abajo hacia el futbol.

Independientemente de lo que piense acerca del así llamado matrimonio homosexual, si usted es representante de un Estado laico no puede recurrir a su religión para justificar o darle peso a sus puntos de vista en la discusión pública. Las reiteradas referencias del presidente Piñera a su Dios nos indican, o que el presidente no es tan liberal como se esforzó en hacernos creer durante su campaña. O que en tanto estratega político en una situación evidentemente frágil está dispuesto a hipotecar sus principios (o ponerlos entre paréntesis) para hacer guiños a los más conservadores de la Alianza y así alcanzar objetivos políticos –pero si es así, sería más productivo que jugara con las cartas abiertas. O que el presidente no entiende nada de estas cosas o no le interesan. Probablemente es una mezcla de los tres factores.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/22/el-dios-del-presidente/

AFFECTIO SOCIETATIS

mayo 22, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición del 20 de mayo de 2011)

El pasado 5 de mayo se votó en Gran Bretaña un proyecto para cambiar el sistema electoral. El modelo actual es el clásico “quien tiene más votos gana”, aunque se trate sólo de una mayoría relativa. La propuesta, en cambio, postulaba el “voto alternativo”, donde cada elector debe rankear a los candidatos en el orden de su preferencia (1, 2, 3, etc.). La idea detrás de este mecanismo es que el candidato vencedor –recordemos que se trata de distritos uninominales- sea finalmente aquel que logre la mayoría absoluta de primeras preferencias, y que en caso de no conseguirlo, vaya sumando sus segundas y terceras preferencias sucesivamente hasta alcanzar el umbral del 50% + 1. ¿El resultado del referéndum? Un aplastante 68% contra 32% a favor de la opción “NO” al cambio de sistema.

Los principales perdedores de la jornada fueron los Liberal-Demócratas, los más visibles promotores de la reforma. Por si fuera poco, el efecto se extendió a las votaciones locales que tuvieron lugar el mismo día y le significaron al partido de Nick Clegg pérdidas emblemáticas y un descenso del apoyo a nivel nacional. Y aunque nadie ha salido a desafiar públicamente el liderazgo interno del propio Clegg, es un secreto a voces que su posición es delicada.

Las lecturas de lo sucedido son básicamente dos. Una de las más recurrentes es que los electores quisieron castigar a los Lib-Dems por su desempeño en el gobierno de coalición. Se ha dicho incluso que Clegg se transformó en un salvavidas de plomo para la propuesta del “voto alternativo”, la que se habría contagiado de la impopularidad del vice-primer ministro. La otra interpretación es más sencilla: los ciudadanos rechazaron la reforma en su propio mérito porque no les parecía mejor que el sistema actual. El “voto alternativo” les habría resultado demasiado complejo. Así, como buenos británicos, habrían escogido preservar el statu quo.

El primer ministro David Cameron sale fortalecido de esta escaramuza. Su partido obtuvo, además, una buena cosecha en las elecciones concurrentes. El precio, sin embargo, parece alto. Cameron se la jugó por la opción “NO”, siendo que había prometido a sus aliados Lib-Dems que tomaría distancia de la refriega y no se involucraría personalmente en la campaña. Para peor, en ésta arreciaron los ataques personales contra Clegg. A ratos parecía chiste cruel: los conservadores acusando a Clegg de “no cumplir promesas” cuando no puede cumplirlas justamente por estar gobernando con ellos. Como suele ocurrir tras estos episodios, las relaciones entre ambos partidos oficialistas quedaron muy deterioradas.

En jerga jurídica, se dice que uno de los elementos constitutivos de toda sociedad es el affectio societatis, el deseo de unirse y permanecer unidos en el tiempo. En algunos casos dicho afecto se manifiesta en la creación de fuertes vínculos sociales. En otros, es apenas el necesario para no buscarse otro socio. Este último pareciera ser el caso de la coalición que gobierna el Reino Unido y que se apresta a celebrar su primer año en el poder. Sólo que esta vez el ánimo no está para apagar velitas ni para que la pareja Cameron & Clegg haga una de sus sonrientes apariciones estilo matrimonio gay.

Como señaló un influyente ministro Lib-Dem, en adelante la relación será “estrictamente de negocios”. En el verdadero mundo de los negocios no existe ningún problema con esta expresión, pero en la vida política esta frase dice mucho. Da cuenta de dos actores que desconfían mutuamente de las intenciones del otro. El mismo ministro señala que la creación de la coalición tenía por objeto sacar al país de la crisis económica. Así, mientras la labor principal que motivó la alianza no esté concluida, todavía quedarían razones para la convivencia. En lenguaje doméstico, no habrá seducción en el dormitorio, pero ambos tienen que ir a dejar a los niños al colegio.

Durante mucho tiempo se especuló en Chile respecto del futuro de la Concertación una vez que ésta dejara el poder. No pocos apostaron a su derrumbe. Erraron, parece. Mientras haya binominal, son muchos los negocios electorales que conviene emprender en coalición. Pero además, después de tantos años, algún cariño por las experiencias compartidas se tiene que haber generado en el seno de lo que Patricio Navia llamó “la gran familia concertacionista”. Sería interesante explorar en qué estado se encuentra el affectio societatis político de la oposición.

En el oficialismo chileno, aunque la UDI y RN se sigan mirando feo, la realidad no es tan diversa. Además del binominal, es un largo pasado vinculado al régimen de Pinochet más 20 años de oposición conjunta lo que funciona como adhesivo afectivo suficiente. Los Lib-Dems británicos, en cambio, no comparten mucho más que un interés estratégico con sus socios conservadores: a Clegg le interesa demostrar que es factible gobernar en coalición, entendiendo que el destino de su partido es operar como bisagra del sistema entre derechas e izquierdas. Hoy su apuesta pende de un hilo. La falta de affectio societatis puede terminar por clausurar el experimento incluso antes de comenzar a ver sus frutos.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/affectio-societatis-2.html

PIÑERA EN LA ENCRUCIJADA: LA PROMESA, LA DERECHA Y LA FAMILIA

mayo 20, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 20 de mayo de 2011)

Hace un año la pregunta era la misma: ¿incluirá Piñera al matrimonio gay en el discurso del 21 de mayo? Finalmente, no lo hizo. Probablemente tampoco lo haga ahora. Su último comentario al respecto dejó poco espacio a especulaciones: “Creo en el matrimonio como debe ser: entre un hombre y una mujer, que se casan para compartir un proyecto de vida, para generar una nueva familia, para recibir los hijos que Dios nos mande”.

Tres discusiones son pertinentes.

La primera, como todos recordaremos, es que Sebastián Piñera como candidato levantó la bandera de la igualdad de derechos entre los distintos tipos de parejas, sean éstas heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales. La utilizó en su franja televisiva con buena recepción de la audiencia. Más de algún votante pudo haberse decidido por el competidor Piñera en base a esa información. Todos aquellos que creyeron y hasta el día de hoy siguen esperando, tienen el derecho de sentirse un tanto engañados. Otra vez, el talón de Aquiles del Presidente: su baja credibilidad. La Concertación parece haber encontrado un respiro de su verdadero puzzle interno acusando al gobierno de enviar todos los proyectos emblemáticos con “letra chica”, especialmente aquellos que fueron munición de campaña. Si el concepto toma fuerza –para graficar al comerciante que juega sucio- el oficialismo seguirá pasándolo mal en los sondeos de opinión y a la hora de negociar en el parlamento.

La segunda cuestión apunta a la consistencia una “nueva derecha” que nacería al alero del Presidente. Cuando el “Acuerdo de Vida en Común” fue puesto sobre la mesa en plena campaña, los partidarios de Piñera quisieron ver en esa “toma de posición” una auténtica apertura doctrinaria. Una derecha menos temerosa de la diversidad, a tono con los tiempos, dispuesta a tensionar a los sectores más tradicionalistas de la sociedad chilena. Ellos son los segundos damnificados de la inactividad del gobierno en esta materia. Es la propia idea de una “nueva derecha” la que pierde brillo. Es cierto que algo hemos visto en la agenda económica y social, pero la creatura no alza el vuelo sin un impulso de progresismo moral. Aunque algunos sostienen que se trata de temas poco relevantes para la mayoría de la población, lo cierto es que lejos de pasar inadvertidos, siguen siendo altamente combustibles en la discusión pública.

Esto se relaciona con la tercera discusión. Algunos analistas han sostenido que Hidroaysén marca un antes y después para La Moneda. La tesis es la siguiente: después de mucho tiempo tratando de darle en el gusto a las encuestas –sin resultados muy estimulantes- habría llegado el momento de decir lo que la derecha realmente piensa respecto de los temas. Fuera los disfraces. Sin juego de luces, con más franqueza, con mayor poder diferenciador. En la llamada agenda valórica, esto implicaría resucitar el histórico discurso conservador chileno respecto de la familia. Piñera, de acuerdo a este libreto, podría sostener sin ambigüedades que su sector gobierna orientado por principios cristianos intransables, dentro de los cuales está el estatus exclusivo que gozan las parejas heterosexuales en desmedro de las otras. La UDI tendría al frente, al fin, al Presidente que les gustaría ver.

Las tres discusiones son interdependientes. Si Piñera cumple lo que pareció una promesa de campaña, apoyando una legislación que amplíe los derechos y obligaciones del matrimonio a parejas no-heterosexuales, avanzaría al mismo tiempo hacia el proyecto de una derecha menos juzgadora y autoritaria. Pero al tomar ese camino, heriría profundamente su alianza con el conservadurismo que manda en la  UDI y en parte importante de RN.  Mi impresión es que el Presidente no sacrificará su relación con el bloque oficialista. Las uniones civiles y el matrimonio gay, políticamente hablando, todavía no lo valen. Subrayo el todavía. A diferencia de lo ocurrido en el caso de la píldora del día después, Piñera sabe que en este tema nadie lo apura. La ciudadanía no se vuelca a las calles. La comunidad gay no tiene los mejores lobbystas. La Concertación no tiene cara para reprocharle nada. ¿Lo apuran entonces los imperativos de una “nueva derecha”? Tampoco. Es probable que la sola idea sea para Piñera tan abstracta e inconmensurable como la del “relato”.

Como se escribió al comenzar su período, Piñera en cuestiones “valóricas” no sería más tímido ni más osado que sus antecesores. Dejaría que las cuestiones cayeran por su propio peso, sin cerrarse al cambio pero sin promoverlo activamente. La vitalidad del proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo no provendrá de La Moneda, la que actúa para estos efectos como fuerza conservadora. Por el contrario, provendrá de cómo y cuándo los actores políticos relevantes perciban que el tiempo de esta ley ha llegado.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/20/pinera-en-la-encrucijada-la-promesa-la-derecha-y-la-familia/

HIDROAYSÉN: LLEGÓ EL APAGÓN POLÍTICO

mayo 12, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el jueves 12 de mayo de 2011)

La aprobación del polémico megaproyecto de Hidroaysén dejó una estela de malas noticias que se extienden más allá de las estrictamente medioambientales. Por supuesto que a nadie le gusta que el patrimonio natural chileno sufra un daño irreparable como el que está a punto de padecer –especialmente cuando a la represa se le agregue el trazado eléctrico-  como tampoco suena bien que los mismos de siempre sigan concentrando, esta vez a través de la oferta energética, el poder económico del país. Pero fue la política la que esta vez hizo el papel más triste. Fallaron, todos, rotundamente. Oficialistas y opositores. Ninguno estuvo a la altura.

Partamos por La Moneda, que sostuvo que “había que respetar la institucionalidad ambiental”, como si esta fuera un canal independiente, una especie de judicatura, un tribunal técnico, un comité de expertos. Falso. La institucionalidad ambiental fue desnudada en su precariedad cuando el Presidente telefoneó a un amigo para pedirle que moviera su central desde Punta de Choros. Escudarse en la “institucionalidad” cuando los que deciden son funcionarios de confianza del Ejecutivo -cuyo ministro del Interior les mandó esa misma mañana un recado directo y al grano-  es burlarse de nuestra inteligencia. Buena o mala, acá se tomó una decisión que finalmente es política, con todas sus letras.

Exactamente por lo mismo revienta saber que una de las empresas involucradas en el proyecto hizo una cuantiosa donación a una de las organizaciones que dirige la Primera Dama. Nunca he sido amigo de las teorías conspirativas, pero en política no sólo hay que ser sino además parecer. Que el cuñado del Presidente sea asesor del proyecto no tiene importancia alguna. El hombre tiene derecho a trabajar en su rubro. Es lo otro lo impresentable para la transparencia pública: queda la sospecha de una empresa que coimea al gobierno… ¡Justo al gobierno que quiere sacarse el mote de ser el defensor de los empresarios!

Luego, la guinda de la torpeza: la represión de carabineros en vivo y en directo para todo Chile. Como si tuviéramos un gobierno que no sólo lleva adelante iniciativas impopulares sino que además combate en las calles a sus disidentes. Los tribunales sostuvieron que las detenciones habían sido ilegales y todos quedaron en libertad, quitándole piso a la actuación policial. Con estos episodios el ministro Hinzpeter –hasta entonces de correcto desempeño- retrocede varios espacios en la carrera por la sucesión.

En la vereda del frente el panorama no es menos desolador. Es de público conocimiento a estas alturas que la Concertación y sus últimos 3 gobiernos promovieron Hidroaysén. Ahí están las frases de Lagos, Frei, Escalona, Bitar, Pérez Yoma, Tokman y otros tantos que se la jugaron por el proyecto. Sorpresivamente, hoy los parlamentarios de oposición son todos medioambientalistas con la camiseta puesta. Ellos no tuvieron nada que ver en lo que pasó antes del 11 de marzo de 2010. Es cierto: quien dio la aprobación final fue Piñera. Pero sostener, mirando a los ojos, que si hubiéramos elegido distinto en la última presidencial tendríamos otro desenlace es traspasar los límites de la decencia y la honestidad.

Por una parte, los entiendo. Ni al más valiente le gusta ser “funado”.  El diputado Alinco, por apoyar el proyecto, se llevó para la casa un saco de garabatos que poco tenían que ver con argumentos a favor o en contra. En las redes sociales el nivel de la discusión era de una intolerancia alarmante. El que pensaba distinto era un “vendido, ladrón, fascista” o un “hippie, eco-terrorista, fundamentalista”. Los términos del diálogo pacífico en Chile están pasando por un mal momento. La ciudadanía empoderada es literalmente la ciudadanía enrabiada. La forma en que se conduce nuestra clase política es apenas un reflejo de lo que nosotros estamos transmitiendo.

Lo único positivo, irónicamente, es la luz de esperanza que deja este episodio para los críticos del populismo. Piñera me hizo tragar las palabras de mi última columna y actuó contra lo que las encuestas aconsejaban. Tenía claro que en el corto plazo la ganancia era mayor bloqueando o chuteando Hidroaysén para adelante. Reconociendo que “los gobiernos deben tomar decisiones difíciles”, se la jugó por la alternativa políticamente más riesgosa pero que teóricamente rendirá mejores frutos en el largo plazo. Ojalá –y esto lo digo de todo corazón- sea el Presidente quien esté en lo cierto y la mayoría de los chilenos los que estemos equivocados. Así no nos quedaremos a oscuras como prevén algunos, aunque del apagón político no hay central que nos salve.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/12/hidroaysen-llego-el-apagon-politico/

SIN PASAPORTE Y SIN VISA VOY

mayo 9, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en Calling from London de Revista Capital, edición del 6 de mayo de 2011)

Esta vez no llamo desde Londres, sino desde un pequeño hotel en el quartier latino de París. Aprovechando vacaciones primaverales, semana santa y boda real, salí a recorrer algunas capitales europeas. En las siguientes líneas comparto con ustedes mis impresiones preliminares.

Mi primer destino fue Ámsterdam. Conocí el célebre barrio rojo y cumplí un viejo anhelo al consumir cannabis dentro de la más absoluta legalidad. Como caballero, sentadito en un coffee shop, eligiendo entre una amplia variedad de cepas. Los clientes sólo tienen una irónica limitación: no pueden tomar alcohol ni fumar tabaco. No presencié ni un solo escándalo. Cada uno en lo suyo en un ambiente de grata complicidad y camaradería. La pregunta cae de cajón: ¿funcionaría algo semejante en Chile? Mi compañero de aventura se mostraba pesimista. No por un asunto de principios (él es tan respetuoso de la libertad individual como yo), sino por sus consecuencias prácticas en contextos más o menos salvajes como el nuestro. Sus argumentos fueron tan potentes como desesperanzadores: mientras la civilización no se extienda, la libertad de los civilizados puede esperar. Yo preferí preguntar: ¿Cuánto nos falta para eso? ¿Están alineados los optimistas pronósticos económicos con las expectativas de mayor progreso cultural de la nación? Ojalá lo estén. Más desarrollo debiera traducirse en más libertad.

Luego de un fin de semana agitado en la capital holandesa me trasladé a Berlín. Una colorida fauna juvenil proveniente de todos los rincones de Europa me hizo olvidar la estereotípica imagen del oficial nazi que nos ha regalado el cine. Por el contrario, en Berlín todo fluye con una amabilidad inusual. Si a eso le sumamos que todo funciona con la proverbial prolijidad alemana es fácil encontrarse con un resultado ampliamente satisfactorio y placentero. Toda la nostalgia y el morbo, por supuesto, se depositan en el recuerdo de Alemania Oriental. El turismo gana a manos llenas evocando el régimen de Honecker, la historia del muro y aquella provechosa hermandad con los soviéticos. El Berlín de Bachelet, sin embargo, estaba lejos de ser el lugar soñado para vivir. Aunque no existía pobreza dura, los bienes de calidad eran casi inaccesibles para el común de los mortales. Los jerarcas y sus cercanos, en cambio, disfrutaban de condiciones envidiables. Imposible no rememorar “los años verde olivo” de Ampuero y esa contundente lección orwelliana: todos son iguales, pero siempre hay algunos más iguales que otros. En lo estrictamente político, lo sabemos, no era más que una democracia de fachada. Como anécdota, me quedo con que apenas una sola vez en más de 40 años uno de los partidos títeres del régimen comunista le negó el voto a una moción de gobierno: fue la Democracia Cristiana alemana ante el proyecto de ley que despenalizaba el aborto.

La tercera estación fue Praga. Tal como decía el horóscopo, empezaba una semana jodida para los Libra. Me percaté que no llevaba mi pasaporte –lo había dejado en el hotel de Berlín- justo en el instante que la policía checa subía al tren a realizar un control aleatorio. Transpiré helado, pero zafé. Ya en la estación, un tipo me trató de embaucar para cambiarme moneda húngara. Acto seguido un taxista me cobró 20 euros por llevarme a la vuelta de la esquina. Y aunque Praga es literalmente una maravillosa ciudad de cuentos, los checos a veces hacen lo posible por arruinar la estadía de los turistas. Me acordé de los reportajes sobre los taxistas chilenos a la salida de nuestro aeropuerto y de cómo por unos pocos bandidos la imagen que se lleva el visitante puede empeorar significativamente. El gobierno checo, me cuentan, quiere tomar cartas en el asunto. El nuestro también debería. La trampa es creer que los castillos –en el caso de ellos- y los paisajes naturales –en el caso nuestro- bastan.

Volviendo al pasaporte, el impasse pasó a café oscuro. Necesitaba recuperarlo en tres días, pero ningún servicio de encomiendas ¡en todo el territorio europeo! trabajaba el fin de semana de pascua. Pedí ayuda en la embajada italiana… un fiasco. Intenté luego con la chilena, con pocas esperanzas. La comunidad tuitera, siempre salvadora, me entregó las coordenadas exactas. El cielo se abrió para mí un lunes en la mañana –feriado en república checa- cuando a pocas horas de mi vuelo a París la embajada de nuestra larga y angosta faja de tierra en Praga pudo expedirme un pasaporte transitorio para abordar el avión a Francia. A través de esta columna aprovecho de manifestar mi gratitud infinita al embajador y al cónsul chileno en esa ciudad. Todavía espero que llegue mi pasaporte oficial desde Berlín. Por mientras, como cantaban los españoles de Tam Tam Go en “Espaldas Mojadas”, sin pasaporte y sin visa voy.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/sin-pasaporte-y-sin-visa-voy-2.html

EL POPULISMO SOFT DE PIÑERA

mayo 6, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 6 de mayo de 2011)

Las personas y los grupos que ejercen el poder pueden verse tentados por dos extremos opuestos. Por un lado, el de hacer sólo lo que a ellos les parece importante, adecuado y necesario, sin gastar tiempo en dialogar o preguntarle a nadie. Son los autoritarios. En el otro rincón, el de hacer todo lo que “la gente” quiera que se haga, independiente de si la mayoría está o no en lo correcto desde un punto de vista “técnico”. A estos se le suele decir populistas. En otros términos, el líder del primer tipo es el que guía a su pueblo mientras que el segundo es el conduce hacia donde su pueblo le indica. ¿A cuál se parece más el gobierno de Sebastián Piñera?

Según algunos columnistas de oposición, este sería una especie de “populismo soft”, que habría abandonado las convicciones viscerales de la derecha profunda para no disgustar a los chilenos. Los grupos más ortodoxos que pueblan los centros de pensamiento de la Alianza estarían –según esta tesis- decepcionados de la marcha de la actual administración. A renglón seguido, desde varios sectores se le acusa al Presidente de “gobernar mirando la encuestas”. En lugar de osadía para emprender grandes transformaciones –aquellas que exigió la derecha en la oposición durante veinte años- tendríamos en cambio un revival aylwiniano de hacerlo todo “en la medida de lo posible”.

A mi juicio, esto no tiene nada de malo ni tendría por qué sorprendernos. No pretendo hacer una defensa del populismo per se, pero sí me gustaría subrayar una vez más que “otra cosa es con guitarra”. La prudencia política, aquella que según Aristóteles estaba en el justo medio entre el exceso y el defecto, debe ser la compañera de un gobierno con las características del actual.

Examinemos primero la demanda por transformaciones radicales. Los historiadores políticos saben muy bien que los cambios de esta especie suelen ocurrir en dictaduras o regímenes donde el poder es hegemonizado por un solo grupo. Pinochet no tuvo que negociar con ningún parlamento la reforma previsional ni la municipalización de la educación. Ninguna comisión investigadora complicó la privatización de las empresas a fines de los ochenta. Nunca tuvo que mendigar el voto de díscolos e independientes. En democracia el ritmo es más lento y apunta a la creación de grandes consensos políticos. Lo hubo respecto de la reforma procesal penal o el AUGE, en tiempos de la Concertación. Hoy es la centroderecha la que debe salir a buscar esos acuerdos, tal como lo hizo en materia educacional. Es la única manera de avanzar, sobre todo tomando en cuenta que al frente no tiene una oposición particularmente generosa o magnánima.

Ahora veamos si es tan dramático utilizar las encuestas como brújula política. Usualmente nos quejamos de lo pobre que es nuestra participación democrática: una raya en un papelito una vez cada ciertos años. Los sondeos de opinión, cuando son serios, cumplen una función importante al recordarle periódicamente a la autoridad cuáles son los intereses y las posiciones de la ciudadanía. Los gobernantes se nutren de esta forma de información dinámica y aplicada a políticas públicas concretas. Piñera, en particular, tiene clarísimo el potencial de esta herramienta. Sabe qué opinan los chilenos sobre determinadas materias y está dispuesto a acomodar la línea del gobierno a estas sensibilidades. Aunque las encuestas no reemplazan la ritualidad electoral ni constituyen deliberación política propiamente tal, contribuyen a que los gobiernos estén mejor conectados con las aspiraciones de los ciudadanos. A mí me suena a más y no a menos democracia.

El problema es que nada lo anterior resulta romántico o revolucionario. Por eso es tan chocante el tono mesiánico que a veces se utiliza desde La Moneda. Pero así funciona la política: las campañas que prometen poco no venden y las apuestas deben ser altas si el objetivo es que los electores se cambien de bando. Una vez en el poder, se nota quienes quieren conservarlo. La Matthei versión senadora de oposición estaba notoriamente más a la derecha que la Matthei versión ministra de estado. La ortodoxia ya no rinde. La flexibilidad y el pragmatismo se premian. ¿Se le puede llamar a esto “populismo soft”? Quizás. Pero en ese caso no veo razón para avergonzarse.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/06/el-populismo-soft-de-pinera/

Referéndum sobre reforma al sistema electoral en UK

mayo 4, 2011

A continuación les dejamos un video que explica las dos opciones que tienen los electores británicos mañana jueves 5 de mayo en el referéndum que promueven particularmente los Lib Dems: