PIÑERA EN LA ENCRUCIJADA: LA PROMESA, LA DERECHA Y LA FAMILIA

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 20 de mayo de 2011)

Hace un año la pregunta era la misma: ¿incluirá Piñera al matrimonio gay en el discurso del 21 de mayo? Finalmente, no lo hizo. Probablemente tampoco lo haga ahora. Su último comentario al respecto dejó poco espacio a especulaciones: “Creo en el matrimonio como debe ser: entre un hombre y una mujer, que se casan para compartir un proyecto de vida, para generar una nueva familia, para recibir los hijos que Dios nos mande”.

Tres discusiones son pertinentes.

La primera, como todos recordaremos, es que Sebastián Piñera como candidato levantó la bandera de la igualdad de derechos entre los distintos tipos de parejas, sean éstas heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales. La utilizó en su franja televisiva con buena recepción de la audiencia. Más de algún votante pudo haberse decidido por el competidor Piñera en base a esa información. Todos aquellos que creyeron y hasta el día de hoy siguen esperando, tienen el derecho de sentirse un tanto engañados. Otra vez, el talón de Aquiles del Presidente: su baja credibilidad. La Concertación parece haber encontrado un respiro de su verdadero puzzle interno acusando al gobierno de enviar todos los proyectos emblemáticos con “letra chica”, especialmente aquellos que fueron munición de campaña. Si el concepto toma fuerza –para graficar al comerciante que juega sucio- el oficialismo seguirá pasándolo mal en los sondeos de opinión y a la hora de negociar en el parlamento.

La segunda cuestión apunta a la consistencia una “nueva derecha” que nacería al alero del Presidente. Cuando el “Acuerdo de Vida en Común” fue puesto sobre la mesa en plena campaña, los partidarios de Piñera quisieron ver en esa “toma de posición” una auténtica apertura doctrinaria. Una derecha menos temerosa de la diversidad, a tono con los tiempos, dispuesta a tensionar a los sectores más tradicionalistas de la sociedad chilena. Ellos son los segundos damnificados de la inactividad del gobierno en esta materia. Es la propia idea de una “nueva derecha” la que pierde brillo. Es cierto que algo hemos visto en la agenda económica y social, pero la creatura no alza el vuelo sin un impulso de progresismo moral. Aunque algunos sostienen que se trata de temas poco relevantes para la mayoría de la población, lo cierto es que lejos de pasar inadvertidos, siguen siendo altamente combustibles en la discusión pública.

Esto se relaciona con la tercera discusión. Algunos analistas han sostenido que Hidroaysén marca un antes y después para La Moneda. La tesis es la siguiente: después de mucho tiempo tratando de darle en el gusto a las encuestas –sin resultados muy estimulantes- habría llegado el momento de decir lo que la derecha realmente piensa respecto de los temas. Fuera los disfraces. Sin juego de luces, con más franqueza, con mayor poder diferenciador. En la llamada agenda valórica, esto implicaría resucitar el histórico discurso conservador chileno respecto de la familia. Piñera, de acuerdo a este libreto, podría sostener sin ambigüedades que su sector gobierna orientado por principios cristianos intransables, dentro de los cuales está el estatus exclusivo que gozan las parejas heterosexuales en desmedro de las otras. La UDI tendría al frente, al fin, al Presidente que les gustaría ver.

Las tres discusiones son interdependientes. Si Piñera cumple lo que pareció una promesa de campaña, apoyando una legislación que amplíe los derechos y obligaciones del matrimonio a parejas no-heterosexuales, avanzaría al mismo tiempo hacia el proyecto de una derecha menos juzgadora y autoritaria. Pero al tomar ese camino, heriría profundamente su alianza con el conservadurismo que manda en la  UDI y en parte importante de RN.  Mi impresión es que el Presidente no sacrificará su relación con el bloque oficialista. Las uniones civiles y el matrimonio gay, políticamente hablando, todavía no lo valen. Subrayo el todavía. A diferencia de lo ocurrido en el caso de la píldora del día después, Piñera sabe que en este tema nadie lo apura. La ciudadanía no se vuelca a las calles. La comunidad gay no tiene los mejores lobbystas. La Concertación no tiene cara para reprocharle nada. ¿Lo apuran entonces los imperativos de una “nueva derecha”? Tampoco. Es probable que la sola idea sea para Piñera tan abstracta e inconmensurable como la del “relato”.

Como se escribió al comenzar su período, Piñera en cuestiones “valóricas” no sería más tímido ni más osado que sus antecesores. Dejaría que las cuestiones cayeran por su propio peso, sin cerrarse al cambio pero sin promoverlo activamente. La vitalidad del proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo no provendrá de La Moneda, la que actúa para estos efectos como fuerza conservadora. Por el contrario, provendrá de cómo y cuándo los actores políticos relevantes perciban que el tiempo de esta ley ha llegado.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/20/pinera-en-la-encrucijada-la-promesa-la-derecha-y-la-familia/

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2 comentarios to “PIÑERA EN LA ENCRUCIJADA: LA PROMESA, LA DERECHA Y LA FAMILIA”

  1. vozyvoto Says:

    Un breve comentario: como bien me lo han hecho ver Javier Sajuria y Luis Larraín entre otros, Sebastián Piñera nunca prometió matrimonio homosexual. Por el contrario, ha sido consistente en su rechazo. Lo que yo llamo la promesa de Piñera se refiere a dos cuestiones. La primera es la apertura a legislar para igualar derechos de parejas no heterosexuales. La propuesta de AVC (Acuerdo de Vida en Común) apuntaba en esa dirección. Esta última sería “la promesa rota”, y no el matrimonio propiamente tal. En segundo lugar, sin embargo, me parece importante no subestimar el efecto simbólico de la inclusión de este tópico en la franja. Es cierto que en ella tampoco se compromete a nada, pero es entendible que muchos interpreten en este gesto una señal de empatía con las demandas de la comunidad gay. En ese contexto, tampoco se han cumplido las expectativas.

  2. Leyla A Says:

    Me parece impresentable que el Presidente que representa a todos los chilenos exprese una vision de gobierno que señale que el matrimonio es entre un homre y una mujer para “recibir los hijos que Dios nos mande”. Se le olvida al presidente que no todos los chilenos comparten su vision y que no todos creen en Dios. En un estado secular el gobierno debiera velar por la igualdad ante la ley la cual no se cumple si se excluye a un porcentaje de la poblacion del acceso al matrimonio o se les ofrece alternativas de ciudadanos de segunda clase. Hasta cuando nos imponen a todos una meta narrativa del matrimonio que no todos comparten y que viola derechamente la igualdad ante la ley. Espero que el tema siga en el foro publico.

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