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GUERRA O PAZ

junio 24, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 24 de junio de 2011)

El senador Frei lo dijo todo. La Concertación rechazó en bloque el reajuste al salario mínimo porque el Gobierno “no estuvo dispuesto a conversar”. Otro revés para el equipo político de La Moneda, que todavía no encuentra la frecuencia adecuada para tratar con la oposición.

Algunos creen que el problema está en la conducción. La UDI no sido bastante directa en su crítica al ministro Hinzpeter. Otros apuntan a las dificultades que ha tenido la vocera para transmitir los logros de la administración Piñera, enredándose en polémicas donde generalmente no sale bien parada. El problema de Von Baer, en todo caso, dista de ser un asunto de competencias personales. El drama es que La Moneda no ha decidido cómo enfrentar a su adversario.

Como le explicaba Michael Corleone a Tom Hagen al removerlo de su cargo de consigliere familiar, hay consiglieries adecuados para tiempos de guerra y otros aptos para tiempos de paz. Tom Hagen, hombre de leyes, no era el indicado para organizar la sangrienta venganza de los Corleone. La lógica de la analogía es simple: el Presidente debe decidir si adopta una estrategia agresiva contra la oposición – en cuyo caso corresponde nombrar un vocero frontal capaz de oler la debilidad del rival- o se decanta por la opción de negociar y reeditar la era de los consensos –en cuyo caso se hace necesario un vocero que dialogue hasta caer exhausto sin perder jamás los estribos.

Von Baer no está hecha para la guerra. El senador Chadwick, que suena como probable sucesor, tampoco. Solicitar el recambio en la Secretaría General de Gobierno tiene poco sentido si el asunto se reduce a una cuestión de nombres. Como en el fútbol –como lo hacía Bielsa-, Piñera debe dibujar un sistema de juego antes de elegir a los jugadores. El orden táctico prima por sobre las individualidades. Aunque a veces éstas son desequilibrantes, lo que sucede en el equipo político tiene toda la cara de ser un problema de diseño. La ministra Von Baer ha sido víctima de un esquema que le favorece poco, sin mencionar que tuvo un primer año desgastante gracias a los conflictos de interés del propio Presidente.

El mejor ejemplo de un vocero exitoso en tiempo de paz fue Enrique Correa. Fue capaz de moverse con sagacidad en los tensos años de la transición y tendió puentes inexistentes con el entonces influyente mundo militar. Tanto le quedó gustando que hace poco declaró que Chile debía retomar “la política de los acuerdos”. El mejor ejemplo de un vocero exitoso en tiempo de guerra fue Francisco Vidal. Impecable en la administración Lagos, regresó con la pistola cargada para auxiliar a una complicada Bachelet. Cuando dejó el puesto, la ex presidenta ya estaba con la popularidad en las nubes. Los voceros de Frei –Rebolledo, Brunner, Arrate y Mladinic- pasaron sin pena ni gloria por el puesto: nunca quedó claro a qué jugaban.

En todo caso, no se trata de una posición particularmente apetecida si lo que se busca es proyección política. Es un oficio donde la lealtad se pone a prueba. Hay que poner el pecho a todas las balas. Las agendas propias demasiado evidentes son incompatibles con una vocería comprometida.

¿Cuáles son las posibilidades del Presidente? Para tiempos de paz, buenos consiglieries serían, además del propio Chadwick, el senador Chahuán y el subsecretario Rodrigo Álvarez. Para tiempos de guerra, tiene de sobra: los ministros Hinzpeter, Matthei y Allamand para empezar. A ninguno le tiritaría la pera al momento de encarar al lento y pesado bloque opositor. Tampoco a Longueira, pero éste amenaza primero con destrozar la convivencia dentro de La Moneda. Carlos Larraín es una alternativa extravagante pero no descabellada. Su retórica florida, contenida y enfocada al objetivo correcto, también puede rayarle la pintura a la Concertación. Es cierto que en varios de estos casos habría que ir a reclutar al Congreso, pero en este asunto la clase política ya perdió el pudor.

La ministra vocera acaba de ser interpelada por parlamentarios de oposición por su nexo familiar con una empresa de venta de semillas, a propósito del debate de una ley relacionada. Aunque la denuncia está fuera de lugar y raya en la bajeza política, Von Baer debió salir a dar explicaciones sobre sí misma. Aunque es aventurado sostener que el episodio la dañó políticamente –puede haber sido inocuo- claramente no salió fortalecida. Su posición es frágil y la responsabilidad primera la tiene Piñera, quien todavía es ambiguo respecto de qué quiere transmitir en ese cargo: guerra o paz.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/06/24/guerra-o-paz/

R*AN GI**S

junio 21, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 17 de junio del 2011)

La historia es la siguiente: un veterano futbolista del club Manchester United se acostó con una conocida de la farándula británica. Hasta acá, ninguna novedad. Los jugadores son famosos por sus líos sentimentales y la ex chica reality tiene a su haber varios otros astros del balompié. Lo que llamó la atención fue que el diario sensacionalista The Sun sólo pudo publicar el nombre de uno de los amantes: la modelo Imogen Thomas. ¿Y el futbolista? Innombrable.

Resulta que este hombre es casado y quiso evitarse una pelea matrimonial. Entonces, usando una vieja disposición del sistema inglés –conocida como la ley de privacidad- recurrió a tribunales para solicitar una orden judicial o injuction que prohíbe a los medios de comunicación divulgar su nombre. Así, la figura de los Red Devils impidió al periódico en cuestión –y a todo el resto de la prensa de Inglaterra- contar acerca de su affaire con la señorita Thomas.

Increíble pero cierto. En el país del chisme y el amarillismo desatado, los tabloides se encontraron repentinamente de manos atadas. Pero como reza la sabiduría popular, se puede engañar a todos por un tiempo, o a algunos todo el tiempo, pero nunca a todos todo el tiempo. A los pocos días Twitter destapó la olla: el jugador que había compartido el lecho de la bella Imogen era nada menos que el legendario galés Ryan Giggs. La noticia corrió como la corriente en un cauce empinado. 75 mil personas escribieron su nombre. Los abogados de Giggs partieron a la Corte para solicitarle a Twitter que revelara las identidades de los transgresores. La justicia se quedó pasmada. Un parlamentario aprovechó su inmunidad en la sala y también nombró al innombrable. Se ganó el repudio de sus colegas por burlarse de la ley. Pero el hombre estaba haciendo una pregunta sensata: ¿vamos a meter presos a los 75 mil usuarios?

Luego se vino el chaparrón. Primero fue un diario en Escocia que publicó la historia argumentando que la ley inglesa no llegaba a las tierras de William Wallace. Luego siguieron los propios periódicos ingleses, que se las ingeniaron para implicar a Giggs sin nombrarlo directamente. Salvo que haya estado viviendo en Corea del Norte o Myanmar, a esas alturas la perjudicada señora del jugador ya debió haberse enterado de la infidelidad de su marido, ajustando cuentas con él en el dormitorio conyugal.

Para el debate de fondo, los alcances del episodio Giggs son dos.

Primero, una colisión de derechos más vieja que el hilo negro que se da aquí y en la quebrada del ají. Privacidad e intimidad, por una parte. Libertad de prensa y expresión, por la otra. El sistema judicial inglés tiene en más alta estima a los primeros. La libertad de expresión no solo pierde contra la el derecho a la vida privada. Hace algunos años, cuando todos los periódicos continentales estaban publicando las caricaturas de Mahoma en solidaridad con sus pares daneses, los diarios británicos se abstuvieron, entre varias razones, por temor a ser formalizados como incitadores al odio religioso o como promotores del irrespeto a una cultura.

Segundo, y más jodido que lo anterior, es que ya no hay manera de silenciar a la opinión pública. Las redes sociales son indomables. El fiscal general del caso Giggs osó amenazar a los tuiteros y nadie lo tomó en serio. Si el estado quiere entrar a controlar lo que ocurre en un espacio inherentemente dinámico y anárquico como Internet, arriesga sustituir los procedimientos democráticos por otros más autoritarios. Ahora, por supuesto que Inglaterra no está dispuesta a seguir los pasos de Cuba o China en esta materia. Cuando el propio David Cameron reconoce que le parece “insostenible e injusto” establecer prohibiciones para la prensa escrita cuando una misma noticia está disponible abiertamente en Internet, más bien parece indicar que gracias a las redes sociales las restricciones deben caer para todos incluidos los medios tradicionales. Una ley de privacidad como la que opera actualmente en el sistema inglés ya no tiene sentido práctico.

Todavía recuerdo ese verdadero mito urbano del empresario chileno que partió de madrugada a comprar todo el tiraje de cierto periódico para evitar que se conociera una noticia que lo perjudicaba. Hoy, eso sería pura pérdida de plata. El murmullo de unos pocos se transformaría en huracán a punta de re-tuiteos.

CUALQUIER PLUMA: UNA RADIOGRAFÍA DEL COLUMNISMO CHILENO

junio 19, 2011

Son seguidos, algunos alabados y otros, repudiados. También están los ignorados. La masificación de tribunas provocó un verdadero boom de columnistas, un oficio que requiere su tiempo para que las letras marquen tendencias, provoquen comentarios e irriten a los adversarios. El desafío es uno: no pasar desapercibido. ¿Quiénes son los principales y cuál es su juego? Por Cristóbal Bellolio (publicado en Revista Capital, edición del viernes 17 de junio de 2011)

El “columnismo” es un oficio. No se enseña casi en ninguna parte sino que se aprende observando a los maestros. Como las del aprendiz, las habilidades del columnista se van desarrollando y puliendo a través del tiempo. Y aunque estamos hablando de un oficio tan antiguo como la libertad de expresión, resulta interesante concentrarse en los cambios que ha experimentado en el Chile de los últimos años. Hace no más de una década las connotadas plumas de la plaza se limitaban a un puñado. Gracias a la proliferación de sitios electrónicos y efecto multiplicante de las redes sociales, el mercado de la opinión ilustrada ha crecido notablemente. Hoy, todos son columnistas en potencia. Son miles los que analizan la actualidad en sus blogs personales. Otros cientos los que escriben buscando “colocar” sus columnas en sitios que les aseguren mayor difusión. Unas pocas decenas alcanzan la estabilidad en las grandes ligas. A fin de cuentas, la tarea del columnista es influir. O como decía José Zalaquett en una columna de 2004 sobre los mismos columnistas, “influir sobre los que más influyen”. Para hacerlo exitosamente, por tanto, la clave es contar con medios de comunicación aptos para amplificar el mensaje.

En las siguientes líneas me propongo radiografiar el columnismo chileno al año 2011. Con nombres y apellidos. Explicando quiénes son, cuáles son sus fortalezas y a qué categoría pertenecen. Antes de comenzar, sin embargo, vaya una aclaración. Los columnistas acá mapeados pertenecen al subgénero del columnista de opinión política nacional. Quedan fuera del recuento  los especialistas en opinión económica y análisis internacional, así como aquellos que nos deleitan con reflexiones sobre la vida misma y el tipo de sociedad en que vivimos. Es cierto que muchos de ellos también han escrito columnas de coyuntura política, pero no ha sido ese el oficio que los ha destacado por sobre el resto. Por esa razón, le anticipo, es probable que eche de menos algunos nombres en el recuento que sigue a continuación. Lo más probable, sin embargo, es que se lleve una sorpresa al constatar la cantidad y diversidad de analistas políticos criollos.

Los Mandamientos del Columnista Político

No existe una receta para ser un columnista influyente. Pero hay ciertos criterios que no debieran estar ausentes a la hora de evaluar a nuestros columnistas. A mi juicio, son cuatro: su capacidad de enganchar con la contingencia; la originalidad de su enfoque; su habilidad para provocar reacciones; y la regularidad con que es publicado. Vamos por parte.

Primero, contingencia. Los diarios de ayer envuelven el pescado de hoy. Opinar sobre sucesos que no están en los titulares – por extemporáneos o porque nunca encabezaron la agenda- es una jugada riesgosa. El columnista debe traer la actualidad a su propio marco interpretativo, y desde ahí abordar todo tipo de coyuntura. Hoy puede ser postnatal, mañana reformas electorales y pasado mañana crisis energética. Esto no significa, dicho sea de paso, que la columna tenga la misión de entregar la última palabra de acuerdo a las complejidades técnicas de cada asunto. La columna no pretende ser un artículo académico. El columnista de contingencia recopila fuentes, presenta un caso y provee una lectura propia del problema.

Esto se relaciona con el segundo mandamiento: la originalidad. Al meterle cabeza a los distintos escenarios, el columnista aporta con algo que es suyo y de nadie más. A diferencia de la ciencia, las humanidades y las artes no replican procesos. Así como no hay dos sinfonías iguales, no debiéramos tener dos columnas iguales. La noticia, entendida como la descripción precisa de los hechos, no requiere originalidad. Con las columnas la exigencia es la inversa: no queremos un relato de los sucesos, buscamos una interpretación.

De la originalidad a la provocación, el tercer mandamiento, hay un paso. Como alguien me dijo alguna vez, la columna de opinión hace las veces de infantería ligera. Corta, precisa y al mentón. Pocas ideas pero bien afiladas. Hay buenas reflexiones políticas que pierden audiencia porque el lector ni se inmuta con ellas. Se vuelven insípidas de tan sensatas que son. El buen columnista, esto es obvio, no es aquel que necesariamente piensa como nosotros. Hermógenes Pérez de Arce, decano retirado del oficio, llevó la máxima de la provocación al extremo. Hace poco reapareció con una columna que promovía el Nobel de la Paz póstumo para Pinochet. Por supuesto, pasarse tres pueblos puede minar la credibilidad del columnista. Cuando Carlos Peña reconoce que disfruta irritando a los conservadores chilenos, legítimamente nos preguntamos si lo que escribe es aquello que realmente piensa o más bien está alimentando el personaje cuyo rol es provocar.

Sin embargo, estos dos grandes inquisidores han hecho gala de una regularidad impresionante. Hermógenes mantuvo su tribuna en El Mercurio por más de 40 años. Peña otros tantos. Para llegar a esos números se necesita más que enrabiar a los adversarios ideológicos. La frecuencia con que un columnista es publicado es esencial. Le recuerda al lector que su opinión forma parte del caleidoscopio imprescindible de opiniones. El genio que se despacha una obra maestra al año no hace del columnismo su oficio y revela que no le interesa demasiado influir en la opinión pública. Por lo mismo, he procurado que los opinantes más abajo mencionados sean efectivamente aquellos que escriben en forma regular: semanal, quincenal o a lo menos mensualmente.

Esto no es todo, por supuesto. Una buena opinión política debiera además ser coherente en su argumento, verídica en su exposición, ágil en su narración e inteligible en su mensaje. Pero estos elementos no son privativos de la columna, sino que son extensivos a casi toda la literatura de no ficción. Por ahora, no ahondaré en ellos.

La Categoría Senior

Los años son -casi siempre- sinónimo de experiencia. Leer columnistas de vasta trayectoria siempre es instructivo. Para estos efectos, consideraré como tales aquellos que han traspasado la barrera de los 50 años. Todos consolidados, son los peces gordos de la opinología política chilena. Los encabeza el propio Carlos Peña, que suele liderar además todos los sondeos que buscan al mejor columnista de Chile. Desde un púlpito paradójicamente conservador –Reportajes del Mercurio–  el rector de la Diego Portales entrega su sermón secular y republicano a los fieles que no quieren quedarse fuera de la discusión. Menos prescriptivo y más analítico, lo sigue de cerca Ascanio Cavallo. Pocos conocen mejor los circuitos del poder –incluida la Iglesia y las Fuerzas Armadas- y pocos lo desnudan con tanta rigurosidad. Inmediatamente a continuación, la sutileza penetrante de Héctor Soto. Algunos dicen que si Cavallo es el mejor radiógrafo de la Concertación, Soto lo es de la Alianza. Juntos le dan al Reportajes de La Tercera un peso específico que ha resultado difícil para El Mercurio contrarrestar. La lista prosigue con Eugenio Tironi, cuyas “tesis” suelen –o solían- ser puntos de referencia para los políticos locales. Más desfachatado y menos preocupado de influir, Alfredo Jocelyn-Holt se las arregla desde hace un buen tiempo para montar argumentos consistentes y frescos desde la perspectiva historiográfica. En Gonzalo Rojas Sánchez recayó la misión de reemplazar a Hermógenes. Tarea nada fácil, pero que no le queda grande a un especialísimo personaje como Rojas, conocido defensor del régimen militar y conservador hasta la médula. Alternando los domingos, Luis Larraín y Harald Beyer tienen otra complicada misión: contrapesar a Peña. Representantes de los más prestigiosos think tanks chilenos (Libertad y Desarrollo y el CEP respectivamente), sus voces son escuchadas con particular atención por la tribu de la centroderecha. Mientras Larraín se ha hecho notar por su mirada crítica a la conducción de Piñera, muchos todavía no se explican por qué Beyer no terminó en el gabinete. Los viudos televisivos de Sergio Melnick, por su parte, señalan que no hay nadie mejor para dispararle a la izquierda. Desde su espacio en el vespertino La Segunda -y recientemente en Capital– Melnick continúa imperturbable enumerando los pecados de la Concertación. Una de las tribunas más apetecidas (fin de semana en La Tercera) ocupa Andrés Benítez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez. Conocedor del arte de la provocación, Benítez tiene una particular habilidad para reconocer los estados de ánimo del oficialismo y detectar sus estrategias. Desde un púlpito menos politiquero –revista del Sábado de El Mercurio– reflexiona Roberto Méndez, cuya opinión suele influir en el mismísimo Presidente de la República. Incombustible, Oscar Guillermo Garretón lo sigue haciendo en La Segunda. No puedo dejar de mencionar a dos caballeros del columnismo criollo que, aunque menos polémicos que sus pares, se han ganado la admiración de los liberales de derecha y de izquierda. Respectivamente, me refiero a David Gallagher y Agustín Squella.

La Renovación

Acepto que el subtítulo es equívoco. Muchos de los columnistas sub 50 están presentes en los medios desde hace varios años. Pero si en política se puede ser promesa a los cuarenta y tantos, ¿por qué no en el “columnismo”? El principal exponente de esta categoría es Patricio Navia, cuyo nombre se ha transformado para muchos en el sinónimo del columnista profesional, siempre al pié del cañón, describiendo los escenarios con prolijidad matemática, calculando los costos y beneficios de cada suceso político con la frialdad propia de un cirujano. También desde La Tercera, lo equipara en influencia el connotado abogado democratacristiano Jorge Navarrete. “Pirincho” combina serenidad y buen juicio con jugadas interpelaciones generacionales. Sus columnas recorren rápidamente las redes sociales. De cerca lo sigue su ex compañero de panel en Estado Nacional, Alfredo Joignant, uno de los intelectuales obligados del progresismo chileno. Igualmente crítico es Max Colodro, que también tiene su tribuna en La Segunda. Colodro, ex vocero de Marco Enríquez, es quizás la más lúcida de las voces del discolaje concertacionista. A ellos sumemos el nombre de Gonzalo Müller representando al mundo gremialista. Irónico y contundente, Müller se da el lujo de escribir a pesar de estar en el gobierno, cuestión que otros como Leonidas Montes o José Miguel Izquierdo dejaron de hacer cuando asumieron tareas de confianza presidencial. Su estrecha labor con Bachelet era justamente lo que le impedía al socialista Francisco Javier Díaz -otra adquisición de Capital– escribir con la productividad que lo ha hecho desde marzo de 2010. ¿Su especialidad? Darle duro al gobierno. Y vaya que lo hace bien. Igualmente productiva es María de los Ángeles Fernández, directora de Chile 21, que combina enfoques de género con descarnado realismo político. En La Tercera y El Mostrador también podemos leer frecuentemente al cientista político Claudio Fuentes, director del ICSO de la Diego Portales. Daniel Mansuy es, como me lo sugirió alguien vía Twitter, el novato del año. Tan republicano y versado como Peña, Mansuy posee una de las mejores plumas de la derecha. Una muy influyente tribuna tienen Juan Carlos Eichholz y Jaime Bellolio, que acompañando a Beyer y Larraín respectivamente, también están llamados a equilibrar al acorazado Peña los domingos en El Mercurio. Lucas Sierra, del CEP, hace mensuales apariciones en el mismo cuerpo de Reportajes. Por su parte, en revista Qué Pasa ha encontrado finalmente la regularidad que necesitaba el agudo olfato político de Camilo Feres. La lista suma y sigue: Patricio Dussaillant y Ernesto Águila desde La Tercera; Eugenio Guzmán y Cristina Bitar en La Segunda; Patricio Fernández y Pedro Cayuqueo representando a The Clinic; Martín Rodríguez habitualmente en revista Capital. Finalmente, queda el suscrito. Sería poco razonable que me excluyera de este listado después de varios años azotando el teclado, actualmente para El Mostrador y la propia Capital. Aunque no seré yo quien describa mis virtudes y defectos como columnista, con tiernos 31 años me permito la inclusión en el lote de la renovación.

Los Nuevos Medios

Del listado anterior es fácil desprender que El Mercurio y La Tercera concentran lo más granado del columnismo chileno. Pero la explosión del género tiene mucho que ver con las nuevas tribunas de opinión.  Dentro de los medios online, probablemente El Mostrador sea la punta de lanza, con columnistas de todo el abanico político. A varios de los mencionados se suman como habituales los nombres de Santiago Escobar, Carlos Correa, Roberto Funk y Tere Marinovic. ¡Hasta Hermógenes ha resucitado en El Mostrador! Igualmente rico en columnistas es proyecto online El Post. Aglutina plumas tan ilustres como las de Fernando Paulsen, Cony Stipicic, Juan Manuel Astorga, “Pirincho” Navarrete y la del incansable Díaz, así como refrescantes aportes de Marcela Ríos, Pablo Larraín y Claudio Agurto. El caso de Paulsen es llamativo. En una reciente encuesta vía Twitter (ver recuadro), el periodista de Chilevisión obtuvo el tercer lugar de las preferencias. Hay dos interpretaciones: o los encuestados leen a Paulsen exclusivamente en El Post, o mucha gente vota pensando también en su función radial y televisiva. La misma pregunta vale para otros casos similares.

Sin embargo, el mérito de haber creado estos verdaderos “carteles” de columnistas es de la edición online de La Tercera que debutó en 2008. Su sección de Blogs se ha transformado en semillero y plataforma de opinión política altamente comentada en las redes sociales. Seguro ha leído a más de alguno: Marcelo Brunet, Cecilia Valdés, Alejandro Krautz, Gonzalo Bustamante, Pablo Lira, Davor Mimica y Kenneth Bunker, entre otros. Muchos de ellos contribuyen en otros medios digitales. Destaco dos: El Dínamo –proyecto vinculado a figuras DC- y El Quinto Poder –sitio web asociado al ex presidente Lagos. ¿Un bonus track? La cantera del sitio Política Rock. Conozco sólo un caso en el cual los lectores acuden a la página personal del columnista: el de la bloguera residente en Washington DC, Monserrat Nicolás, alias Curvas Políticas.

Los técnicos y los políticos

Como señalé al comienzo, esta es una revisión de columnistas de coyuntura y no de especialistas académicos. Lo que no impide revisar la contribución de aquellos “técnicos” en políticas públicas que despliegan sus talentos también en el análisis político. Probablemente los tótems en esta cancha son Eduardo Engel y Sebastián Edwards, ambos de frecuentes apariciones en Reportajes de La Tercera escribiendo desde prestigiosas universidades norteamericanas. Sus lecturas pesan. Otros dos casos son singulares. En la vereda derecha, no se pueden ignorar las columnas del abogado Axel Buchheister, que clama por un gobierno que abandone su ambigüedad y reivindique de una buena vez los valores propios de la Alianza. En la vereda izquierda, la polifuncionalidad de Oscar Landerretche le permite moverse como pez en el agua entre los documentos orgánicos, la economía política y las aspiraciones refundacionales de la Concertación. Pero no son los únicos que calzan con el perfil. Rodrigo Castro, Dante Contreras, Axel Káiser, Fernando Larraín, Jorge Fábrega, Rodrigo Delaveu, Daniel Brieba y Kenzo Asahi, entre otros, ya les hacen compañía.

Junto a los “técnicos”, no podemos dejar pasar a los políticos que se involucran en la discusión pública a través de sus propias columnas. Es entendible que respecto de ellos exista una presunción de parcialidad. A fin de cuentas, son los menos independientes de todos. Y aunque suelen ser “políticamente correctos”, no son pocas las veces que sus artículos han sacado roncha.  El caso del diputado UDI Gonzalo Arenas es paradigmático: su discolaje se desata frecuentemente en El Mostrador. Menos polémicos pero más regulares, el alcalde DC Claudio Orrego y el ex ministro PS Ricardo Solari, ambos desde La Segunda y este último también en revista Capital.

Tres efectos positivos deberían traer esta explosión de columnistas de medios tradicionales o de Internet. El primero es que democratiza, en cierto sentido, el acceso a las tribunas de opinión y de influencia. Si bien todavía hay espacios reservados, las plumas emergentes ya están ganándose su titularidad en la cancha. Segundo, le permite a la ciudadanía contar con más y mejores elementos de análisis. Hay días en los cuales uno podría pasarse la mañana entera revisando columnas sobre un mismo suceso. Y tercero, me gustaría pensar que esto le significa a la propia clase política una especie de control adicional por parte de la ciudadanía opinante. Si esto llegara a ser así, bienvenido sea.

El Top 20 (Recuadro)

A través de una encuesta realizada vía Twitter para tomarle el pulso a la influencia de diversos columnistas en las redes sociales, se solicitó a los participantes que marcaran hasta 5 preferencias de una lista de más de 30 candidatos (con opción de agregar nuevos nombres). Casi 5 mil preferencias fueron recibidas en el lapso de una semana. A pesar de no revestir ningún rigor metodológico, los datos que arroja –especialmente por el alto número de personas que participó- marcan una pauta:

1° Carlos Peña: 498 votos (11,1%)

2° Jorge Navarrete: 492 votos (11%)

3° Fernando Paulsen: 460 (10,3%)

4° Patricio Navia: 359 votos (8%)

5° Ascanio Cavallo: 310 votos (6,9%)

6° Cristóbal Bellolio: 236 votos (5,3%)*

7° Alfredo Jocelyn-Holt: 205 votos (4,6%)

8° Alfredo Joignant: 190 votos (4,2%)

9° Héctor Soto: 187 votos (4,2%)

10° Eugenio Tironi: 164 votos (3,7%)

11° Sergio Melnick: 153 votos (3,4%)

12° Cony Stipicic: 135 votos (3%)

13° Oscar Landerretche: 132 votos (2,9%)

14° Francisco Javier Díaz: 89 votos (2%)

15° Marcelo Brunet: 76 votos (1,7%)

16° Monserrat Nicolás: 75 votos (1,7%)

17° Gonzalo Rojas: 69 votos (1,5%)

18° Juan Carlos Eichholz: 64 votos (1,4%)

19° Claudio Fuentes: 61 votos (1,4%)

20° Max Colodro: 57 votos (1,3%)

*Tomando en consideración que la encuesta fue convocada desde mi cuenta personal de Twitter antes de ser promovida por otras figuras de los medios de comunicación, asumo que la votación que obtuve está irremediablemente inflada.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/cualquier-pluma.-una-radiografia-de-los-columnistas-politicos-chi-2.html

LA ÚLTIMA MARCHA DE LOS CORONELES

junio 17, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 17 de junio de 2011)

Si está familiarizado con el mundo fantástico de JRR Tolkien y “El Señor de los Anillos”, seguramente recordará a los Ents, gigantescos árboles milenarios que despiertan de su sueño para vengar a sus amigos y hacer frente al inescrupuloso mago Sarumán.  Algo similar deben haber estado pensando en la UDI cuando decidieron despertar a sus ex presidentes para encabezar la
reivindicación gremialista ante el gobierno de Piñera. La motivación es inequívoca: los coroneles, como los Ents, marchan a la guerra.

Las señales que entrega esta curiosa decisión son múltiples. Casi todas son lamentables.

La primera es demasiado evidente. Mientras la demanda por renovación de la elite política crece, la UDI reinstala en primera línea a los protagonistas de una época pasada, tal como fatalmente lo hizo la Concertación al ungir a Eduardo Frei como su candidato en la última presidencial. Después de esto, nadie en el gremialismo puede criticar a la oposición por seguir dependiendo de Bachelet. Internamente, además, la movida pone atajo a los incipientes vientos de cambio. Me dirán que el diputado “rebelde” José Antonio Kast también fue incorporado como vicepresidente. Peor aún, contesto. Habría sido más coherente que fueran sólo los ex timoneles en su calidad de figuras unitarias y con experiencia en la conducción del buque. La inclusión de Kast, a dedo limpio, es de una arbitrariedad insólita.

La segunda es que compromete el apego de la UDI a los procedimientos democráticos. Esta era apenas su segunda directiva elegida tras una competencia entre dos listas. La bravata asambleística de Termas de Cauquenes los hace retroceder al estado pre-institucional del grupo de amigos que originalmente fueron. Me retrucarán que el consejo es soberano para revocar el mandato de sus líderes. Posiblemente lo sea –ignoro si la UDI tiene algo por escrito regulando estos episodios-, pero en ese caso no cabe sino admitir que se trata de un partido que no le pertenece a sus militantes sino a los pocos que tienen acceso a estas instancias.

La tercera es mala para el Gobierno del cual forman parte. Pase revista a los nuevos vicepresidentes. El senador Novoa monta una férrea defensa corporativa de la ex intendenta Van Rysselberghe que le costó carísima a La Moneda. El senador Larraín participa en las protestas del agro contra las políticas del Ejecutivo. El diputado Kast coordina una operación para cuestionar públicamente al ministro del Interior por su afán por sacar adelante la ley de uniones civiles. El senador Longueira, cual Francisco Vidal, critica la gestión de Hacienda y pide soltar la billetera en los proyectos más emblemáticos del Gobierno. En resumen, ninguno ha expresado particular lealtad a la administración del Presidente Piñera.

La cuarta pone freno de mano a los eventuales cambios al sistema político chileno. Los coroneles son entusiastas del binominal y del statu quo. No están dispuestos a oxigenar la agrietada democracia de nuestro país. No les afecta que menos ciudadanos voten o que la competencia sea apenas un espejismo mientras el gremialismo siga cosechando contundentes éxitos electorales. La entrada de nuevos actores les debe parecer una idea repulsiva. La convulsión de las calles, incomprensible. La política de los acuerdos, sandía calada.

Una quinta consecuencia se salva. Dicen que en la tienda de calle Suecia los ánimos han mejorado. Cómo no. “Bárbol” Longueira ha regresado. Y es que efectivamente la UDI es un partido muy especial. Lo que a cualquier observador externo le pareció una decisión insultante para Coloma, su directiva y los militantes que la eligieron, acá es motivo de aleonamiento colectivo. Conservan la ilusión de que los veteranos combatientes sabrán enmendar el rumbo político de un Gobierno sin brújula. Si lo hacen, nobleza obliga, la jugada habrá valido la pena. Por ahora, salvo en la propia UDI, es pura pena.

Los coroneles marchan hacia La Moneda. Puede ser la última, si finalmente es cierto que los senadores Larraín, Novoa y Longueira no van a la reelección. “A exigir y no a pedir” reza el estandarte. La última marcha de los Ents de la política chilena.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/06/17/la-ultima-marcha-de-los-coroneles/

GRACIAS, PERO NO ME CUIDE TANTO

junio 13, 2011

por Davor Mimica (publicada en El Mostrador el lunes 13 de junio de 2011)

Una ley que endurece la restricción a fumadores. Otra que limita qué y cómo podemos adquirir alimentos. Iniciativa de aplicar restricción permanente a vehículos catalíticos, y ahora una comisión que estudiará recomendaciones ante la posible relación entre el celular y el cáncer cerebral.

Si algo esperábamos de un gobierno de derecha, claramente no era esto. Menos aún si consideramos que este gobierno llegó a La Moneda vestido de un ropaje liberal, con la promesa de ser menos juzgadores, menos paternalistas y menos autoritarios que lo que ha sido tradicionalmente su sector.

Era esperable una gestión económica que eliminara capas de burocracia que fueran barreras al emprendimiento. Pero, a excepción de ciertas banderas conservadoras que desean seguir definiendo la vida privada de las personas, no era esperable que este gobierno de derecha apostara tan decididamente a controlar qué hacemos, cómo lo hacemos y dónde lo hacemos, en lugar de liberar a las personas de las burocracias que, tal como en la esfera económica, hoy son impuestas en el ámbito personal de los chilenos y les impiden llevar su vida de forma que puedan sacarle el mejor provecho posible mientras no dañen a otros.

Podemos estar de acuerdo con algunos de los límites planteados. El daño a terceros bien puede justificar aumentar los límites al consumo del tabaco, mientras la protección a menores que no pueden tomar decisiones por sí mismos bien puede llevarnos a limitar su consumo de alimentos de alto contenido de sodio o grasas. Pero la completa ausencia de una agenda que le entregue poder y herramientas a las personas adultas para que puedan tomar sus propias decisiones es, por el carácter de este gobierno y en particular de su presidente, al menos sorpresiva.

Esto se puede apreciar, por ejemplo, en la carencia de nuevas medidas para entregar más y mejor información a los consumidores, para tomar mejores decisiones al enfrentarse con productos que puedan ser dañinos para la salud. Cuando éstas pudieron haber sido el eje de la discusión de la “Ley del Súper 8”, finalmente el peso quedó en las prohibiciones. Cuando las nuevas restricciones al tabaco pudieron haber sido acompañadas por una decidida campaña de información ciudadana, sólo nos quedamos con un poco más de lo mismo.

Las imágenes que vienen desde el propio gobierno tampoco ayudan. Mientras Cecilia Morel es embajadora nacional de la campaña “Elige Vivir Sano”, vimos a los ministros agolpándose en los locales de Dominó para celebrar el día del completo. Mientras se proponen prohibiciones para fumar en espacios públicos, el ministro Hinzpeter con el mismísimo presidente son vistos fumándose unos “puchitos” en los patios del Palacio de La Moneda.

El gobierno en general y el ministro Mañalich en particular, han decidido demostrarnos que saben mejor que nosotros qué es lo que nos hace bien y qué es lo que nos hace mal. Y sin más, prohibirnos, restringirnos o dificultarnos todo aquello que nos haga mal. Y lo anterior, sin la mínima consideración de propia consecuencia que le dé algo de credibilidad a este discurso.

Ministro Mañalich, gracias por preocuparse, pero no me cuide tanto.

Que me digan que algo me hace mal, no será suficiente para convencerme de no hacerlo. Que me lo prohíban, no bastará para evitar que lo haga.

Prefiero que me dé información para tomar decisiones antes que, como padre omnipresente, me prohíba lo que me pueda dañar. De hecho, exijo más información. Quiero poder comparar los contenidos de sodio y de grasa de los alimentos sin tener que usar una calculadora. Deseo que apelen más a mi inteligencia que a mi miedo por la ley cuando me quiera fumar un pucho, manejar un catalítico o hablar por celular. Me gustaría que, de una buena vez, me traten como un adulto. ¿Será mucho pedir?

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/06/13/gracias-pero-no-me-cuide-tanto/

SEDÚCEME

junio 10, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 10 de junio de 2011)

En pedir no hay engaño. No tiene nada de curioso que distintos grupos de la sociedad se estén manifestando para solicitar, exigir o demandar ciertos beneficios. Algunas causas son novedosas en Chile, como la medioambientalista o la que reclama igualdad ante la diversidad sexual. Otras son de larga data, como la de los estudiantes por mejor educación, las de la CUT por reajuste sobre la inflación, o las del agro por el precio del dólar. El gobierno tiene la obligación de escucharlas todas. No tiene la obligación de acceder a todas.

Que quede claro: la mayoría de estas batallas son promovidas por grupos que tienen un particular interés y no están necesariamente pensando en el “bien de Chile”, salvo de una manera abstracta y remota. Así por ejemplo, si el Ejecutivo acepta subir el tope del postnatal como lo sugiere la Concertación para beneficiar a las trabajadoras más pudientes del país, inevitablemente eso significa cortar recursos en otro lado. Administrar el poder también implica aprender a decir que no en forma legítima y convincente.

Por supuesto, cada uno de estos grupos de presión considera que su lucha es la más importante. Pero sólo algunos tienen la habilidad de subir al carro a la opinión pública. El resto carece de la visión para hacerlo. Una causa que seduce a la ciudadanía originalmente no interesada es una causa que cuenta con un hándicap a favor.

Ya se ha dicho algo evidente: la tentativa de agresión al ministro Lavín le hace daño a la movilización de los estudiantes. ¿Por qué? Porque la opinión pública empatiza con la víctima y se aleja de los “violentistas”. Por lo mismo los manifestantes contra Hidroaysén estaban tan preocupados de detener cualquier arrebato delictual que pudiera convertirse en noticia. El movimiento dirigido por Patagonia sin Represas entendió a la perfección que había que ganarse al televidente, no espantarlo.

La mejor lección de la revolución pingüina del 2006 fue su capacidad de sumar. Se hacía difícil reprochar a un grupo de bien intencionados secundarios que peleaba pacíficamente por la calidad de la enseñanza mientras transformaba las tomas en verdaderas restauraciones de sus propios establecimientos. Todo Chile cayó rendido a sus pies. Botaron ministros, causaron una crisis política, instalaron la agenda, cambiaron la ley. ¿No consiguieron todo lo que querían? Por supuesto que no. Nadie obtiene lo que quiere de un día para otro. Pero avanzaron sustancialmente. Dos años después, con un petitorio casi calcado al anterior, los secundarios escupieron parlamentarios y le tiraron un jarro de agua a la ministra. Se ganaron la antipatía del ciudadano común.

¿Por qué nadie sale a la calle a pedir la liberación de los mapuches en huelga de hambre tal cual como lo hicieron miles de furibundos ciudadanos para oponerse a una represa de la cual sabían apenas lo suficiente? Sencillo: porque la “causa mapuche” no ha conquistado a los chilenos.

Comprendería si todo esto le parece algo distorsionado. A fin de cuentas ¿cómo puede ser que el éxito o fracaso de una causa dependa de su capacidad de caerle bien al respetable público independiente de la justicia intrínseca de la demanda?

No se sorprenda tanto. En la era de las comunicaciones, hay que saber seducir a la audiencia. Una portada en LUN vale más que mil columnas de opinión. Una campaña publicitaria que toca las teclas correctas moviliza a la población. He leído inteligentísimas reflexiones que se preguntan cómo nos preocupamos más de Hidroaysén que de la realidad de los estudiantes, los mapuches o los agricultores. La respuesta está a la vista: a través de un trabajo constante y dedicado, Patagonia sin Represas persuadió a los chilenos de la nobleza de su posición. Consiguió algo inédito: que estar a favor del proyecto fuera casi un motivo para pedir disculpas.

Para terminar, reconozco que ganarse a la opinión pública no significa arrancar del Gobierno las decisiones que uno espera. Una vez más, los casos de la revolución pingüina y recientemente Hidroaysén son paradigmáticos. Pero le ponen la pista pesada a la autoridad. Cambian el peso de la prueba. Le hacen difícil decir que no. Consiguen ciertas concesiones. En una expresión, tienen espalda. La gente los respalda.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/06/10/seduceme/

LA RAZÓN DE LA UDI

junio 6, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el lunes 6 de junio de 2011)

La molestia que a través de una carta manifestó una treintena de diputados de la UDI frente al aparente interés de La Moneda por sacar adelante el proyecto que regula las uniones de parejas del mismo sexo, es justificada. En efecto, el gremialismo pide volver al ABC de la política: las coaliciones gobiernan en base a las agendas comunes y no a las que difieren. Tal como lo hizo la Concertación durante 20 años. Al conservadurismo le resulta incomprensible que en lugar de salir a vocear los ejes del último 21 de mayo, el jefe de gabinete busque fórmulas con la oposición para aprobar lo que ante sus ojos es el preludio del matrimonio igualitario. En esto, independiente de que estemos a favor o en contra de la iniciativa, la UDI tiene la razón.

Pero esta máxima de gobernar en torno a lo que une y no a lo que divide tiene un límite. La UDI tiene el derecho de recordarle al Ejecutivo donde están las prioridades programáticas, pero no tiene poder de veto sobre la agenda legislativa. Si el proyecto de “Acuerdo de Vida en Común” es viable con la mayoría de los votos de RN más aquellos de la oposición, entonces la tienda de Coloma tendrá que aceptar hidalgamente su derrota sin buscar culpas en el equipo político del Presidente. La Coalición oficialista es capaz de resistir que sus partidos tomen caminos separados en ciertos proyectos que no sean
centrales para la identidad del sector. Usando una fórmula que no es nueva en la historia política chilena, la centroderecha debe ser capaz de distinguir las cuestiones cerradas –aquellas donde no puede haber dos opiniones- de las cuestiones abiertas –aquellas donde la diversidad es benigna. La Moneda debe encargarse de jinetear las primeras, no las segundas.

Esta estrategia sepulta las esperanzas que algunos todavía tienen de ver un Piñera liberal echando las bases de la “nueva derecha”. Ese es un proyecto que excluye a la UDI. El gremialismo desea ver a Piñera impulsando la agenda social y no perdiendo tiempo en las denominadas batallas valóricas. No es un libreto innovador. Durante los noventa la UDI insistió hasta el cansancio con la tesis de que las reformas políticas no figuraban entre las reales preocupaciones de la gente. Hoy, el diputado Kast repite que nadie lo para en la calle para pedirle uniones civiles sino para preguntarle por salud, seguridad o transporte. Algo de verdad hay en eso. Este tipo de discusiones se amplifican en públicos más informados y con menos carencias materiales. Pero esa no es razón suficiente para sacar el tema de la tabla. Hay asuntos urgentes y hay asuntos importantes. Ambos requieren atención. Por no preocuparnos en su oportunidad de diseñar un sistema político más dinámico y competitivo –en parte gracias a la reticencia derechista- estamos pagando hoy un alto precio en desconfianza ciudadana frente a todo lo que huela a política.

La posición de la UDI no se basa en que sus diputados no sean interceptados en la calle con encendidas peticiones a favor de la causa gay. La razón de la UDI es ideológica, en el mejor sentido de término: no pueden estar cómodos participando de un Gobierno que promueve un cambio relevante a una de las instituciones que más quiere preservar. La misión política de todo grupo conservador es defender los que considera pilares fundamentales de la sociedad, en este caso la noción tradicional de familia. Pedirles que se allanen ante la idea liberal de progreso social es pedirles que traicionen su propia naturaleza.

En diferentes momentos, la UDI fue reacia a la idea de igualar los derechos de los hijos nacidos fuera y dentro del hogar conyugal, a la ley de matrimonio civil que incorporó el divorcio vincular, y al reparto gratuito de anticoncepción de emergencia. La mayoría de los chilenos considera que éstos fueron avances y no retrocesos. Es difícil el papel que le toca jugar a los herederos de Jaime Guzmán. Chile está cambiando y ellos creen que pueden contenerlo, lo que generalmente no queda bien en los libros de historia. Esto, cuidado, no los transforma automáticamente en homofóbicos ni en evangélicos.

Es sano que Chile tenga un partido conservador que dialogue con actores más progresistas. Es sabio que el Gobierno ordene sus prioridades y no meta cuñas en su propio seno. Es patente que Piñera no será el paladín de la derecha liberal. En todo esto la UDI tiene la razón. Lo que es inaceptable es el veto de la discusión al interior de la centroderecha, la inmovilidad forzada del proyecto en arenas legislativas y la falacia de que estos temas a la gente no le importan. Acá, la UDI deja de tenerla.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/06/06/avc-la-razon-de-la-udi/

Matrimonio Igualitario: Una Cuestión de Principios

junio 5, 2011

Publicada en Cartas al Director de El Mercurio, domingo 5 de junio de 2011

Señor Director:

Una idea moral básica de nuestra sociedad es que la protección de la  autonomía individual faculta y restringe sin distinción alguna a los ciudadanos. Establece y garantiza igual libertad para todos. Este principio es el más  importante y fundamental valor en juego en el debate sobre el reconocimiento de derechos a personas de sexualidades diversas.

El Estado posee la potestad de entregar licencia sobre las instituciones que  norman la vida íntima de los individuos, tales como la reproducción, la sexualidad y la composición de la familia. Por eso, un avance del estado de derecho ha sido la eliminación de las barreras de reconocimiento para acceder al bien social básico de igual libertad para todos. Primero desaparecieron las condicionantes de tipo racial, luego la necesidad de pertenecer a un credo religioso, posteriormente se reconoció la igualdad de los cónyuges y se establecieron protecciones para que los hijos no fuesen simples bienes. Hoy corresponde reconocer a las personas de sexualidades diversas la dignidad que todo individuo sujeto de derechos en una sociedad merece.

Es un paso mínimo para acabar con una situación de discriminación inaceptable para la vida moderna y su búsqueda civilizadora.

Los firmantes poseemos distintas formaciones y actividades, tenemos diversidad de posiciones políticas y provenimos de distintas tradiciones, pero tenemos en común el creer que lo que está en juego en esta oportunidad es la dignidad de nuestra propia sociedad y de cada uno de sus miembros.

Por eso llamamos al gobierno, y muy especialmente al Presidente de la República, a actuar con justicia. No es un tema para el cálculo político, sino que un asunto de derechos humanos. Una sociedad decente es la que no humilla a sus ciudadanos. La falta de respeto a una identidad diversa, que niega el ejercicio de la autonomía y los derechos básicos, es una forma de humillación simplemente inaceptable.

– Cristóbal Aninat, U. Diego Portales

– Gabriela Azócar, U. de Chile

– Carolina Banks, City University of New York

– Mauro Basaure, U. Diego Portales

– Antonio Bascuñán, U. Adolfo Ibáñez

– Cristóbal Bellolio, U. Adolfo Ibáñez

– Andrea Betancor, U. Adolfo Ibáñez

– Claudio Bravo, U. de Chile

– Gonzalo Bustamante, U. Adolfo Ibáñez

– Daniel Chernilo, U. Loughborough

– Mario Drago, U. Adolfo Ibáñez

– Jorge Fábrega, U. Adolfo Ibáñez

– Andrés Gómez-Lobo, U. de Chile

– Florencia Herrera, U. Diego Portales

– Gregory Elacqua, U. Diego Portales

– Marcela Ríos, PNUD

– Nicolás Espejo, U. Central

– Claudia Sanhueza, U. Diego Portales

– Andrés Hernando, Ministerio Planificación

– Oscar Landerretche, U. de Chile

– Daniel Loewe, U. Adolfo Ibáñez

– Claudia Martínez, U. de Chile

– Aldo Mascareño, U. Adolfo Ibáñez

– María Luisa Méndez, U. Diego Portales

– Alejandra Mizala, U. de Chile

– Claudia Mora, U. Alberto Hurtado

– Javier Núñez, U. de Chile

– Guillermo Paraje, U. Adolfo Ibáñez

– Laura Reagan, U. Adolfo Ibáñez

– Eugenio Rengifo, U. Adolfo Ibáñez

– Andrea Repetto, U. Adolfo Ibáñez

– Lucas Sierra, Centro de Estudios Públicos

– Nora Sieverding, U. Adolfo Ibáñez

– Rodrigo de la Fabián, U. Diego Portales

– Sergio Fuenzalida, U. Central

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/06/05/matrimonio-igualitario.asp

BFF

junio 3, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicado en la sección Calling from London de Revista Capital, edición del 3 de junio de 2011)

“Estoy aquí para honrar una de las más antiguas y potentes alianzas que el mundo haya conocido”. La frase sintetiza el ánimo y el carácter de la visita de estado que Barack Obama acaba de concluir en Reino Unido. Parafraseando el popular reality de Paris Hilton en MTV, Obama dejó claro que Washington y Londres están llamados a ser auténticos “BFF”: Best Friends Forever.

Las particularidades de la relación USA-UK están a la vista. Por de pronto, se trata de un viejo imperio y su colonia estrella. Luego, de dos enemigos en el campo de batalla. Más tarde, el siglo XX fue testigo de cómo ambas naciones construyeron un sólido entendimiento ideológico en torno a las ideas de libertad y democracia. Militarmente, Estados Unidos contribuyó a impedir el avance del autoritarismo continental europeo, salvando en dos ocasiones el pellejo de los propios británicos. Por eso no resulta tan sencillo responder negativamente a las propuestas del gigante americano, por indecentes que parezcan. Aunque para la mayoría de los electores el punto negro de la gestión de Tony Blair fue justamente la invasión a Irak, lo cierto es que no tenía demasiadas opciones. Blair estaba perfectamente consciente de que una guerra en medio oriente no era popular ni siquiera dentro del laborismo. Siguiendo a Weber, optó por la responsabilidad de estado antes que por la convicción personal. Hoy le resulta fácil a Ed Milliband, nuevo líder la oposición, decir “nos equivocamos con Irak”. A pesar de que algunos catastrofistas opinaban lo contrario, nuestro Ricardo Lagos tuvo mucha más independencia para declinar la invitación del gobierno de George W. Bush. Para los británicos el asunto es más jodido: no se le dice que no a tu mejor amigo.

“Hemos pasado una década turbulenta” dijo Obama en Westminster. “Hemos”, porque la han pasado juntos. Cuatro años después del 9/11 de 2001, varios bombazos sacudieron el corazón de Londres regando la muerte y el pánico en una isla que se pretendía intocable. Como nunca, la sensación de vulnerabilidad fue compartida, como también la necesidad de resarcimiento. La “guerra contra el terrorismo” se ha transformado en un estandarte tanto para Estados Unidos como para el Reino Unido. Hoy sienten que gran parte de la tarea está cumplida. La muerte de Bin Laden, recordemos, fue celebrada por David Cameron y transversalmente aplaudida en el parlamento británico. En una de sus recientes conferencias conjuntas, Obama y Cameron acaban de emplazar por enésima vez a Muamar el Gadaffi para que abandone el poder en Libia.

Puede ser que la solidez de Europa descanse sobre la economía alemana y que la tradición espiritual del viejo continente siga asociada al legado cultural francés. Pero el tándem transatlántico que combina las fuerzas de Estados Unidos y Reino Unido es el mejor exponente del estado de la civilización occidental, basado en sociedades abiertas y orgullosas de su patrimonio moral.

China, India y Brasil asoman en el horizonte, recalcó Obama. Pero sólo para negar de plano las teorías que sitúan a su país y la isla británica en el capítulo de potencias del pasado. Que Obama quiera repartir la carga de las obligaciones internacionales entre más actores no significa que Estados Unidos esté dispuesto a perder influencia. Parte de la visita tuvo que ver con eso: entregar el mensaje de que la Alianza está más viva que nunca y dispuesta a seguir liderando los procesos globales.

Para terminar olvídese un segundo de estos peces gordos y pregúntese ¿tiene Chile un “BFF”? Si la analogía fuera perfecta, debería ser España. Y si bien tenemos buenas relaciones con la “Madre Patria” (denominación que a algunos nos resulta odiosa), el problema es que nuestras condiciones de desarrollo todavía son muy asimétricas. Estados Unidos fue un alumno tan aventajado que terminó superando al conquistador. Nadie puede decir lo mismo en América Latina (salvo Brasil respecto de Portugal, en algunas áreas). ¿Qué tal Argentina? ¿Pueden ser ellos nuestros mejores amigos? Difícil caso. Estuvimos al borde de los combos hace 30 años. Además no hay claridad respecto de qué agenda podría ser promovida en iguales condiciones por ambos países. ¿Perú? A pesar del retail, el vecino del norte no parece calzar en lo que uno entiende por “mejor amigo”. ¿Bolivia? Ni hablar. La dinámica de los recaditos belicosos por la prensa no es digna de los BFF. Pero el mundo es grande. Quizás nuestros compadres se encuentren cruzando el Océano, esta vez el Pacífico en lugar del Atlántico. ¿Japón? ¿Australia? ¿Nueva Zelandia? No suena mal, pero cuando las relaciones entre países se basan en su balanza comercial es como cuando las amistades perduran por conveniencia. Eso no califica para BFF. Al menos da para una buena idea de reality show, como el de Paris Hilton, que nos ayude como nación a encontrar a nuestro mejor amigo planetario. Uno nunca sabe cuándo va a necesitar una mano amiga. Es cosa de preguntarles a británicos y norteamericanos.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/bff-2.html