CUALQUIER PLUMA: UNA RADIOGRAFÍA DEL COLUMNISMO CHILENO

Son seguidos, algunos alabados y otros, repudiados. También están los ignorados. La masificación de tribunas provocó un verdadero boom de columnistas, un oficio que requiere su tiempo para que las letras marquen tendencias, provoquen comentarios e irriten a los adversarios. El desafío es uno: no pasar desapercibido. ¿Quiénes son los principales y cuál es su juego? Por Cristóbal Bellolio (publicado en Revista Capital, edición del viernes 17 de junio de 2011)

El “columnismo” es un oficio. No se enseña casi en ninguna parte sino que se aprende observando a los maestros. Como las del aprendiz, las habilidades del columnista se van desarrollando y puliendo a través del tiempo. Y aunque estamos hablando de un oficio tan antiguo como la libertad de expresión, resulta interesante concentrarse en los cambios que ha experimentado en el Chile de los últimos años. Hace no más de una década las connotadas plumas de la plaza se limitaban a un puñado. Gracias a la proliferación de sitios electrónicos y efecto multiplicante de las redes sociales, el mercado de la opinión ilustrada ha crecido notablemente. Hoy, todos son columnistas en potencia. Son miles los que analizan la actualidad en sus blogs personales. Otros cientos los que escriben buscando “colocar” sus columnas en sitios que les aseguren mayor difusión. Unas pocas decenas alcanzan la estabilidad en las grandes ligas. A fin de cuentas, la tarea del columnista es influir. O como decía José Zalaquett en una columna de 2004 sobre los mismos columnistas, “influir sobre los que más influyen”. Para hacerlo exitosamente, por tanto, la clave es contar con medios de comunicación aptos para amplificar el mensaje.

En las siguientes líneas me propongo radiografiar el columnismo chileno al año 2011. Con nombres y apellidos. Explicando quiénes son, cuáles son sus fortalezas y a qué categoría pertenecen. Antes de comenzar, sin embargo, vaya una aclaración. Los columnistas acá mapeados pertenecen al subgénero del columnista de opinión política nacional. Quedan fuera del recuento  los especialistas en opinión económica y análisis internacional, así como aquellos que nos deleitan con reflexiones sobre la vida misma y el tipo de sociedad en que vivimos. Es cierto que muchos de ellos también han escrito columnas de coyuntura política, pero no ha sido ese el oficio que los ha destacado por sobre el resto. Por esa razón, le anticipo, es probable que eche de menos algunos nombres en el recuento que sigue a continuación. Lo más probable, sin embargo, es que se lleve una sorpresa al constatar la cantidad y diversidad de analistas políticos criollos.

Los Mandamientos del Columnista Político

No existe una receta para ser un columnista influyente. Pero hay ciertos criterios que no debieran estar ausentes a la hora de evaluar a nuestros columnistas. A mi juicio, son cuatro: su capacidad de enganchar con la contingencia; la originalidad de su enfoque; su habilidad para provocar reacciones; y la regularidad con que es publicado. Vamos por parte.

Primero, contingencia. Los diarios de ayer envuelven el pescado de hoy. Opinar sobre sucesos que no están en los titulares – por extemporáneos o porque nunca encabezaron la agenda- es una jugada riesgosa. El columnista debe traer la actualidad a su propio marco interpretativo, y desde ahí abordar todo tipo de coyuntura. Hoy puede ser postnatal, mañana reformas electorales y pasado mañana crisis energética. Esto no significa, dicho sea de paso, que la columna tenga la misión de entregar la última palabra de acuerdo a las complejidades técnicas de cada asunto. La columna no pretende ser un artículo académico. El columnista de contingencia recopila fuentes, presenta un caso y provee una lectura propia del problema.

Esto se relaciona con el segundo mandamiento: la originalidad. Al meterle cabeza a los distintos escenarios, el columnista aporta con algo que es suyo y de nadie más. A diferencia de la ciencia, las humanidades y las artes no replican procesos. Así como no hay dos sinfonías iguales, no debiéramos tener dos columnas iguales. La noticia, entendida como la descripción precisa de los hechos, no requiere originalidad. Con las columnas la exigencia es la inversa: no queremos un relato de los sucesos, buscamos una interpretación.

De la originalidad a la provocación, el tercer mandamiento, hay un paso. Como alguien me dijo alguna vez, la columna de opinión hace las veces de infantería ligera. Corta, precisa y al mentón. Pocas ideas pero bien afiladas. Hay buenas reflexiones políticas que pierden audiencia porque el lector ni se inmuta con ellas. Se vuelven insípidas de tan sensatas que son. El buen columnista, esto es obvio, no es aquel que necesariamente piensa como nosotros. Hermógenes Pérez de Arce, decano retirado del oficio, llevó la máxima de la provocación al extremo. Hace poco reapareció con una columna que promovía el Nobel de la Paz póstumo para Pinochet. Por supuesto, pasarse tres pueblos puede minar la credibilidad del columnista. Cuando Carlos Peña reconoce que disfruta irritando a los conservadores chilenos, legítimamente nos preguntamos si lo que escribe es aquello que realmente piensa o más bien está alimentando el personaje cuyo rol es provocar.

Sin embargo, estos dos grandes inquisidores han hecho gala de una regularidad impresionante. Hermógenes mantuvo su tribuna en El Mercurio por más de 40 años. Peña otros tantos. Para llegar a esos números se necesita más que enrabiar a los adversarios ideológicos. La frecuencia con que un columnista es publicado es esencial. Le recuerda al lector que su opinión forma parte del caleidoscopio imprescindible de opiniones. El genio que se despacha una obra maestra al año no hace del columnismo su oficio y revela que no le interesa demasiado influir en la opinión pública. Por lo mismo, he procurado que los opinantes más abajo mencionados sean efectivamente aquellos que escriben en forma regular: semanal, quincenal o a lo menos mensualmente.

Esto no es todo, por supuesto. Una buena opinión política debiera además ser coherente en su argumento, verídica en su exposición, ágil en su narración e inteligible en su mensaje. Pero estos elementos no son privativos de la columna, sino que son extensivos a casi toda la literatura de no ficción. Por ahora, no ahondaré en ellos.

La Categoría Senior

Los años son -casi siempre- sinónimo de experiencia. Leer columnistas de vasta trayectoria siempre es instructivo. Para estos efectos, consideraré como tales aquellos que han traspasado la barrera de los 50 años. Todos consolidados, son los peces gordos de la opinología política chilena. Los encabeza el propio Carlos Peña, que suele liderar además todos los sondeos que buscan al mejor columnista de Chile. Desde un púlpito paradójicamente conservador –Reportajes del Mercurio–  el rector de la Diego Portales entrega su sermón secular y republicano a los fieles que no quieren quedarse fuera de la discusión. Menos prescriptivo y más analítico, lo sigue de cerca Ascanio Cavallo. Pocos conocen mejor los circuitos del poder –incluida la Iglesia y las Fuerzas Armadas- y pocos lo desnudan con tanta rigurosidad. Inmediatamente a continuación, la sutileza penetrante de Héctor Soto. Algunos dicen que si Cavallo es el mejor radiógrafo de la Concertación, Soto lo es de la Alianza. Juntos le dan al Reportajes de La Tercera un peso específico que ha resultado difícil para El Mercurio contrarrestar. La lista prosigue con Eugenio Tironi, cuyas “tesis” suelen –o solían- ser puntos de referencia para los políticos locales. Más desfachatado y menos preocupado de influir, Alfredo Jocelyn-Holt se las arregla desde hace un buen tiempo para montar argumentos consistentes y frescos desde la perspectiva historiográfica. En Gonzalo Rojas Sánchez recayó la misión de reemplazar a Hermógenes. Tarea nada fácil, pero que no le queda grande a un especialísimo personaje como Rojas, conocido defensor del régimen militar y conservador hasta la médula. Alternando los domingos, Luis Larraín y Harald Beyer tienen otra complicada misión: contrapesar a Peña. Representantes de los más prestigiosos think tanks chilenos (Libertad y Desarrollo y el CEP respectivamente), sus voces son escuchadas con particular atención por la tribu de la centroderecha. Mientras Larraín se ha hecho notar por su mirada crítica a la conducción de Piñera, muchos todavía no se explican por qué Beyer no terminó en el gabinete. Los viudos televisivos de Sergio Melnick, por su parte, señalan que no hay nadie mejor para dispararle a la izquierda. Desde su espacio en el vespertino La Segunda -y recientemente en Capital– Melnick continúa imperturbable enumerando los pecados de la Concertación. Una de las tribunas más apetecidas (fin de semana en La Tercera) ocupa Andrés Benítez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez. Conocedor del arte de la provocación, Benítez tiene una particular habilidad para reconocer los estados de ánimo del oficialismo y detectar sus estrategias. Desde un púlpito menos politiquero –revista del Sábado de El Mercurio– reflexiona Roberto Méndez, cuya opinión suele influir en el mismísimo Presidente de la República. Incombustible, Oscar Guillermo Garretón lo sigue haciendo en La Segunda. No puedo dejar de mencionar a dos caballeros del columnismo criollo que, aunque menos polémicos que sus pares, se han ganado la admiración de los liberales de derecha y de izquierda. Respectivamente, me refiero a David Gallagher y Agustín Squella.

La Renovación

Acepto que el subtítulo es equívoco. Muchos de los columnistas sub 50 están presentes en los medios desde hace varios años. Pero si en política se puede ser promesa a los cuarenta y tantos, ¿por qué no en el “columnismo”? El principal exponente de esta categoría es Patricio Navia, cuyo nombre se ha transformado para muchos en el sinónimo del columnista profesional, siempre al pié del cañón, describiendo los escenarios con prolijidad matemática, calculando los costos y beneficios de cada suceso político con la frialdad propia de un cirujano. También desde La Tercera, lo equipara en influencia el connotado abogado democratacristiano Jorge Navarrete. “Pirincho” combina serenidad y buen juicio con jugadas interpelaciones generacionales. Sus columnas recorren rápidamente las redes sociales. De cerca lo sigue su ex compañero de panel en Estado Nacional, Alfredo Joignant, uno de los intelectuales obligados del progresismo chileno. Igualmente crítico es Max Colodro, que también tiene su tribuna en La Segunda. Colodro, ex vocero de Marco Enríquez, es quizás la más lúcida de las voces del discolaje concertacionista. A ellos sumemos el nombre de Gonzalo Müller representando al mundo gremialista. Irónico y contundente, Müller se da el lujo de escribir a pesar de estar en el gobierno, cuestión que otros como Leonidas Montes o José Miguel Izquierdo dejaron de hacer cuando asumieron tareas de confianza presidencial. Su estrecha labor con Bachelet era justamente lo que le impedía al socialista Francisco Javier Díaz -otra adquisición de Capital– escribir con la productividad que lo ha hecho desde marzo de 2010. ¿Su especialidad? Darle duro al gobierno. Y vaya que lo hace bien. Igualmente productiva es María de los Ángeles Fernández, directora de Chile 21, que combina enfoques de género con descarnado realismo político. En La Tercera y El Mostrador también podemos leer frecuentemente al cientista político Claudio Fuentes, director del ICSO de la Diego Portales. Daniel Mansuy es, como me lo sugirió alguien vía Twitter, el novato del año. Tan republicano y versado como Peña, Mansuy posee una de las mejores plumas de la derecha. Una muy influyente tribuna tienen Juan Carlos Eichholz y Jaime Bellolio, que acompañando a Beyer y Larraín respectivamente, también están llamados a equilibrar al acorazado Peña los domingos en El Mercurio. Lucas Sierra, del CEP, hace mensuales apariciones en el mismo cuerpo de Reportajes. Por su parte, en revista Qué Pasa ha encontrado finalmente la regularidad que necesitaba el agudo olfato político de Camilo Feres. La lista suma y sigue: Patricio Dussaillant y Ernesto Águila desde La Tercera; Eugenio Guzmán y Cristina Bitar en La Segunda; Patricio Fernández y Pedro Cayuqueo representando a The Clinic; Martín Rodríguez habitualmente en revista Capital. Finalmente, queda el suscrito. Sería poco razonable que me excluyera de este listado después de varios años azotando el teclado, actualmente para El Mostrador y la propia Capital. Aunque no seré yo quien describa mis virtudes y defectos como columnista, con tiernos 31 años me permito la inclusión en el lote de la renovación.

Los Nuevos Medios

Del listado anterior es fácil desprender que El Mercurio y La Tercera concentran lo más granado del columnismo chileno. Pero la explosión del género tiene mucho que ver con las nuevas tribunas de opinión.  Dentro de los medios online, probablemente El Mostrador sea la punta de lanza, con columnistas de todo el abanico político. A varios de los mencionados se suman como habituales los nombres de Santiago Escobar, Carlos Correa, Roberto Funk y Tere Marinovic. ¡Hasta Hermógenes ha resucitado en El Mostrador! Igualmente rico en columnistas es proyecto online El Post. Aglutina plumas tan ilustres como las de Fernando Paulsen, Cony Stipicic, Juan Manuel Astorga, “Pirincho” Navarrete y la del incansable Díaz, así como refrescantes aportes de Marcela Ríos, Pablo Larraín y Claudio Agurto. El caso de Paulsen es llamativo. En una reciente encuesta vía Twitter (ver recuadro), el periodista de Chilevisión obtuvo el tercer lugar de las preferencias. Hay dos interpretaciones: o los encuestados leen a Paulsen exclusivamente en El Post, o mucha gente vota pensando también en su función radial y televisiva. La misma pregunta vale para otros casos similares.

Sin embargo, el mérito de haber creado estos verdaderos “carteles” de columnistas es de la edición online de La Tercera que debutó en 2008. Su sección de Blogs se ha transformado en semillero y plataforma de opinión política altamente comentada en las redes sociales. Seguro ha leído a más de alguno: Marcelo Brunet, Cecilia Valdés, Alejandro Krautz, Gonzalo Bustamante, Pablo Lira, Davor Mimica y Kenneth Bunker, entre otros. Muchos de ellos contribuyen en otros medios digitales. Destaco dos: El Dínamo –proyecto vinculado a figuras DC- y El Quinto Poder –sitio web asociado al ex presidente Lagos. ¿Un bonus track? La cantera del sitio Política Rock. Conozco sólo un caso en el cual los lectores acuden a la página personal del columnista: el de la bloguera residente en Washington DC, Monserrat Nicolás, alias Curvas Políticas.

Los técnicos y los políticos

Como señalé al comienzo, esta es una revisión de columnistas de coyuntura y no de especialistas académicos. Lo que no impide revisar la contribución de aquellos “técnicos” en políticas públicas que despliegan sus talentos también en el análisis político. Probablemente los tótems en esta cancha son Eduardo Engel y Sebastián Edwards, ambos de frecuentes apariciones en Reportajes de La Tercera escribiendo desde prestigiosas universidades norteamericanas. Sus lecturas pesan. Otros dos casos son singulares. En la vereda derecha, no se pueden ignorar las columnas del abogado Axel Buchheister, que clama por un gobierno que abandone su ambigüedad y reivindique de una buena vez los valores propios de la Alianza. En la vereda izquierda, la polifuncionalidad de Oscar Landerretche le permite moverse como pez en el agua entre los documentos orgánicos, la economía política y las aspiraciones refundacionales de la Concertación. Pero no son los únicos que calzan con el perfil. Rodrigo Castro, Dante Contreras, Axel Káiser, Fernando Larraín, Jorge Fábrega, Rodrigo Delaveu, Daniel Brieba y Kenzo Asahi, entre otros, ya les hacen compañía.

Junto a los “técnicos”, no podemos dejar pasar a los políticos que se involucran en la discusión pública a través de sus propias columnas. Es entendible que respecto de ellos exista una presunción de parcialidad. A fin de cuentas, son los menos independientes de todos. Y aunque suelen ser “políticamente correctos”, no son pocas las veces que sus artículos han sacado roncha.  El caso del diputado UDI Gonzalo Arenas es paradigmático: su discolaje se desata frecuentemente en El Mostrador. Menos polémicos pero más regulares, el alcalde DC Claudio Orrego y el ex ministro PS Ricardo Solari, ambos desde La Segunda y este último también en revista Capital.

Tres efectos positivos deberían traer esta explosión de columnistas de medios tradicionales o de Internet. El primero es que democratiza, en cierto sentido, el acceso a las tribunas de opinión y de influencia. Si bien todavía hay espacios reservados, las plumas emergentes ya están ganándose su titularidad en la cancha. Segundo, le permite a la ciudadanía contar con más y mejores elementos de análisis. Hay días en los cuales uno podría pasarse la mañana entera revisando columnas sobre un mismo suceso. Y tercero, me gustaría pensar que esto le significa a la propia clase política una especie de control adicional por parte de la ciudadanía opinante. Si esto llegara a ser así, bienvenido sea.

El Top 20 (Recuadro)

A través de una encuesta realizada vía Twitter para tomarle el pulso a la influencia de diversos columnistas en las redes sociales, se solicitó a los participantes que marcaran hasta 5 preferencias de una lista de más de 30 candidatos (con opción de agregar nuevos nombres). Casi 5 mil preferencias fueron recibidas en el lapso de una semana. A pesar de no revestir ningún rigor metodológico, los datos que arroja –especialmente por el alto número de personas que participó- marcan una pauta:

1° Carlos Peña: 498 votos (11,1%)

2° Jorge Navarrete: 492 votos (11%)

3° Fernando Paulsen: 460 (10,3%)

4° Patricio Navia: 359 votos (8%)

5° Ascanio Cavallo: 310 votos (6,9%)

6° Cristóbal Bellolio: 236 votos (5,3%)*

7° Alfredo Jocelyn-Holt: 205 votos (4,6%)

8° Alfredo Joignant: 190 votos (4,2%)

9° Héctor Soto: 187 votos (4,2%)

10° Eugenio Tironi: 164 votos (3,7%)

11° Sergio Melnick: 153 votos (3,4%)

12° Cony Stipicic: 135 votos (3%)

13° Oscar Landerretche: 132 votos (2,9%)

14° Francisco Javier Díaz: 89 votos (2%)

15° Marcelo Brunet: 76 votos (1,7%)

16° Monserrat Nicolás: 75 votos (1,7%)

17° Gonzalo Rojas: 69 votos (1,5%)

18° Juan Carlos Eichholz: 64 votos (1,4%)

19° Claudio Fuentes: 61 votos (1,4%)

20° Max Colodro: 57 votos (1,3%)

*Tomando en consideración que la encuesta fue convocada desde mi cuenta personal de Twitter antes de ser promovida por otras figuras de los medios de comunicación, asumo que la votación que obtuve está irremediablemente inflada.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/cualquier-pluma.-una-radiografia-de-los-columnistas-politicos-chi-2.html

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Una respuesta to “CUALQUIER PLUMA: UNA RADIOGRAFÍA DEL COLUMNISMO CHILENO”

  1. Matasanos Says:

    ¿Habrá por ahí un RSS feed con los columnistas del top 20? Buena selección!

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