Crece el malestar…

Los dejamos con dos columnas que interpretan y reflexionan con lucidez sobre el complejo momento político y social en Chile:

OCASO DE LA REPÚBLICA BINOMINAL (por Ernesto Águila, publicada en La Tercera el 6 de junio)

EL PROBLEMA en una sociedad no es que existan diferencias, muchas veces de fondo, sobre educación y otros temas conectados de manera profunda con distintas maneras de concebir la convivencia y el desarrollo del país, sino la imposibilidad de zanjar esas diferencias a través de los mecanismos e instituciones propias de una democracia representativa.

La decisión del gobierno de radicar en sede legislativa las propuestas sobre el futuro de la educación superior y secundaria no sólo deja al descubierto la dificultad del Ejecutivo para dialogar y  concordar aspectos mínimos con los actores del sistema educativo, sino que encierra un movimiento táctico que ya se ha hecho visible para la ciudadanía y que se encuentra, por lo mismo, desgastado: intentar contener los cambios a través de un proceso legislativo estructuralmente empatado y que, en las principales áreas estratégicas, exige ciertos quórum -la mágica fracción de 4/7- que resultan completamente inalcanzables.

El juego político en esta  República Binominal sigue así un guión y un desenlace conocidos: se debe concordar lo mínimo so pena de no lograr nada. Subvención preferencial, pero sin afectar el financiamiento compartido; pensión básica solidaria, pero sin AFP estatal; superintendencia para el sistema escolar, pero sin limitar el lucro;  protección garantizada para ciertas enfermedades Auge, pero sin legislar sobre las discriminaciones por edad y sexo en las isapres. En síntesis, reformas parciales dentro de una institucionalidad política concebida más para contener y recortar la voluntad de la mayoría que para darle cauce y expresión.

¿Por qué si este modo de gobernar funcionó por años hoy parece haber perdido eficacia y legitimidad? Las explicaciones pueden ser varias: la total disolución de la racionalidad, particularmente en las nuevas generaciones, de las lógicas gradualistas y consensuales de la transición; el agotamiento de un ciclo de reformas sin intervenir variables estructurales; una ciudadanía más informada y demandante.

¿Es posible que este ocaso de la República Binominal se haya acelerado al llegar la derecha al gobierno? Tal vez. Quizás desde la penumbra parlamentaria opositora era menos obvio el rol vigilante y garante de las esencias del modelo que ésta desarrollaba, transfiriendo buena parte de las responsabilidades políticas por la lentitud y parcialidad de los cambios a la centroizquierda gobernante. Sin duda, los términos de esta ecuación han cambiado de forma significativa con la derecha en La Moneda y la consiguiente dificultad para comprometer a la oposición en políticas que ésta había avalado parcialmente más por razones de gobernabilidad que por convicción.

Cada vez es menos sostenible una sociedad movilizada tras demandas que están institucionalmente bloqueadas, o que legítimas diferencias requieran de quórum inalcanzables y no puedan dirimirse según el principio democrático de la mayoría. La emblemática  fecha del bicentenario del Congreso encuentra a esa institución más que debatiendo soluciones a los problemas del país, transformada en el epicentro mismo de la crisis de representación y del debilitamiento de la legitimidad institucional que hoy vive nuestra democracia y su política.

Link: http://latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2011/07/895-377591-9-ocaso-de-la-republica-binominal.shtml

LA TIRANÍA DE LOS PROMEDIOS (por Claudio Orrego, publicada en La Segunda el 5 de julio)

La semana pasada hablé ante mil dirigentes secundarios en un seminario organizado por ChileSiempre. Se me pidió que los motivara para el servicio público y la lucha contra la pobreza, cosa que traté de hacer con pasión y vehemencia. Antes de mí, habló un funcionario del Gobierno responsable de promover el emprendimiento. También lo hizo con pasión, tratando de entusiasmar a la audiencia con los logros de grandes innovadores, como Bill Gates y Steve Jobs. Con absoluta convicción y buena intención, dijo cosas que me impactaron: “El mercado es cruel y es bueno que así sea; todos debiéramos aspirar a ser millonarios como estos emprendedores”.

Las multitudinarias marchas en pro de una mayor calidad y equidad de la educación parecen decirnos algo muy distinto a lo que escuché en esa conferencia. No se trata de negar la importancia del esfuerzo personal y el atractivo de emprender, y ni siquiera de desconocer la legítima aspiración de toda persona a ganar más por su trabajo. Lo que sí me parece obvio es que existe un grito fuerte e indignado en contra de una sociedad donde el lucro y la rentabilidad han sido endiosados, donde el más fuerte le gana siempre al más débil, y donde los caídos en el camino de esta selección natural de los “más capaces y emprendedores” son considerados como simple daño colateral del modelo.

Ante esta indignación, son muchos los que se apresuran en sacar su set de estadísticas. Mal que mal, la macroeconomía está bien. Chile creció en mayo al 7,3%. La economía ha creado más de 400 mil nuevos empleos. El ingreso per cápita ya es de US$ 15.000, y un conjunto de rankings nos muestran entre los países más aventajados de la región y del mundo en desarrollo. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué persiste el enojo?

Mi hipótesis es que estamos frente a una tiranía silenciosa y destructiva, ante la cual la gente se está rebelando: la tiranía de los promedios. Algo pasa que, cuando le tiramos a la gente estas cifras grandilocuentes, más que sentirse tranquilos, se sienten irritados. Esa rabia no viene de lo que las cifras dicen, sino más bien de aquello que NO dicen.

Veamos. Si la pobreza en Chile bajó del 40% al 15% es sin duda una buena noticia. El problema es que en el Alto Biobío (donde existe la represa más moderna de Chile) sigue siendo de 49% y en Providencia de 0%. Se nos dice que la mortalidad infantil es bajísima (7,2 por 1.000 habitantes); el problema es que en Sierra Gorda es de 58,3 y en Talagante, de 2. Que Santiago avanza en estándares de calidad de vida (OMS) con un promedio de 5 m2 de área verde por habitante. El problema es que mientras Cerro Navia tiene 1,2 m2, Vitacura tiene 18 m2. Finalmente, los ingresos: detrás de ese expectante promedio de 15.000 dólares per cápita, se esconde una fría realidad. Mientras el 10% de los chilenos más ricos tiene ingresos superiores a la media de Noruega, el 10% más pobre tiene ingresos más bajos que Costa de Marfil.

Cuando las tiranías tienen rostro y nombre, es más fácil identificarlas y combatirlas. Pero cuando son invisibles, sutiles y silenciosas, es posible que durante mucho tiempo no se sepa cuál es la verdadera causa del malestar. En lo personal, me resulta obvio que la desigualdad brutal de nuestra sociedad está en el corazón de los fenómenos de descontento. La ciudadanía se cansó de consumir promedios. Hoy, al tener más acceso a nuevas formas de comunicación (redes sociales e internet), la gente sabe que detrás de esas maravillosas cifras agregadas se esconden realidades que claman al cielo por justicia.

También existe la percepción de que quienes más defienden esta manera de medir la realidad, en promedios, son precisamente los que están en la parte de arriba de la pirámide. El discurso exitista de nuestras autoridades (empresariales y políticas), que proclama el pleno desarrollo a la vuelta de cada esquina, termina generando violencia en quienes están en los extremos desposeídos de la curva.

Si queremos construir un proyecto de desarrollo inclusivo, humano y con cohesión social, debemos rebelarnos primero contra esta tiranía de indicadores agregados e importantes, pero a la vez tan incompletos y sesgados. Debemos aprender a medir el bienestar social incorporando la dimensión de mayor igualdad y menor abuso.

Esta tiranía no mata, tortura o exilia. Pero hace algo peor: nos hace renunciar a esa infinita capacidad del ser humano de desafiar lo que hoy se considera como frontera de lo posible. Sólo con la creatividad que surge de esa urgencia provocada por los ciudadanos movilizados podremos empezar a buscar nuevas formas para medir en serio nuestra realidad, abandonando promedios y haciéndonos cargo de las particularidades. 

Link: http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2011/07/05/la-tirania-de-los-promedios.asp

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Una respuesta to “Crece el malestar…”

  1. Danilo Says:

    Excelente Blog.

    Opino que lo que hay es una crisis de representatividad y tiene que ver mucho con la forma del modelo eleccionario y luego la práctica política, la que se ha convertido en un producto más del mercado. Así yo no tengo por qué someterme y obedecer a los dictámenes de políticos que ni siquiera tuvieron los suficientes votos para ser elegidos y no me representan.

    Respecto del Binominal, efectivamente, este sistema deslegitima al actor político, pues se es elegido muchas veces con una mínima cantidad de votos. Gracias a este sistema, en las municipales salen electos Concejales con apenas el 1% de los votos, gracias a su compañero de lista. Es decir un representante con poder de representación que no representa a nadie. Eso se repite en las elecciones de Diputado y en las Senatoriales, lo que ya es un problema mayúsculo. Entonces tenemos literalmente que en Chile hay votos que en algunos casos valen por 2. O dicho de otra forma, hay ciudadanos que sus votos solo valen la mitad del voto de otros.

    Luego tenemos la práctica política. Se supone que cuando yo voto por un representante al Congreso o al Alcalde o al Concejal, es para que este represente mis intereses, pero luego tenemos que muchas veces estos se olvidan de sus obligaciones y salen defendiendo políticas que van contra mis intereses y más bien son políticas que benefician a sectores minoritarios y curiosamente de mucho poder. Yo n o voté por eso y ello me genera malestar. Soy ciudadano y a la clase política por la que voté le exijo que trabaje por mis intereses. Ahora, ¿cuáles son mis intereses?, pues ahí tenemos que existe otra crisis, la de los Partidos Políticos, que no dan cuenta en sus respectivas tienda de lo que sucede con sus electores y solo se limitan a estudiar sus estrategias electorales para seguir vigentes. Cosa curiosa, cuando con el Binominal nadie se hace daño, entonces lo que tenemos es cuidar las carreras de personajes de la política ya no de los partidos pues los cambios pueden ocurrir a nivel de actores.

    Sumándole a eso la estructura centralizada de administración del país que convierte a cada una de las Regiones de Chile en una Colonia de la capital y esto se evidencia en las practicas de todo orden cotidianamente. A su vez, tenemos prácticas coloniales a nivel intraregional y en la misma Región Metropolitana entre sus comunas.

    Saludos

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