Archive for 29 agosto 2011

WALKER, ENTRE FUEGO CRUZADO

agosto 29, 2011

Entrevista publicada en Revista Capital edicion del 26 de agosto de 2011

No será uno de los dirigentes estudiantiles, pero también desde la Alameda –número 1460, sede de la DC-, Ignacio Walker ha estado en el centro de la noticia. El senador –que además está de vocero de la Concertación -tiene batallas por todos lados. Critica con fuerza al gobierno, pero en su conglomerado lo tildan de derechista por no apoyar la idea de un plebiscito. El dice que está al centro. Y que ser DC es, por esencia, signo de contradicción. Por Cristobal Bellolio, desde Londres. Fotos: Verónica Ortiz.

Diez de la noche en Londres, cinco de la tarde en Santiago. El presidente de la Democracia Cristiana y senador por la V Cordillera, Ignacio Walker, se conecta a Skype para contestar mis preguntas. Aunque a miles de kilómetros de distancia y tras las pantallas de un computador, estamos cara a cara.

Han sido días polémicos para él. Incluso apareció como una suerte de isla dentro de la Concertación. ¿El motivo? Su negativa a plebiscitar las demandas estudiantiles como un mecanismo para salir de la actual crisis. “La democracia plebiscitaria, por definición, tiende a bypassear las instituciones de la democracia representativa”, sostiene al iniciar la conversación. Su argumento tiene lógica: “la base de la democracia representativa es intermediar, eso se pierde al consultar directamente al pueblo. Para hacer frente a esta situación debemos fortalecer más que debilitar las instituciones de la democracia representativa. La democracia plebiscitaria ha demostrado el efecto contrario”.

-¿Cómo se fortalecen esas instituciones? 
-Con una profunda reforma políticoinstitucional, que se la hemos planteado como DC a los tres ministros políticos de La Moneda, que se haga cargo de dos cuestiones centrales para resolver la crisis política que estamos viviendo en Chile. Una, sustitución del sistema binominal por uno de representación proporcional corregido. Dos, fin de las supermayorías, aquellas que requieren 4/7 para la aprobación de ciertas leyes y que constituyen una suerte de veto de la minoría. Hay muchas otras, como en materia de descentralización, primarias abiertas y vinculantes, democratización interna de los partidos políticos, fin del Consejo de Seguridad Nacional, etc. Para desempatar esta democracia empatada, que está produciendo la crisis, hay que llevar a cabo todas estas reformas.

-¿Eso se produce distribuyendo el poder entre los mismos actores o admite la entrada de nuevos actores? ¿Le haría bien a Chile el nacimiento de nuevas alternativas?
-Una de las reformas propuestas es el Consejo Económico y Social, justamente para permitir mayor participación de los actores sociales, en este caso empresarios y trabajadores. Pero más allá de eso, estamos presenciando una forma de hacer política que muere y que es ese diálogo entre cuatro paredes entre el gobierno y la oposición. Necesitamos una mesa de tres patas: gobierno, oposición y actores sociales. No se puede seguir legislando de espalda a estos últimos. Se requiere una metodología de trabajo que legitime el espacio político de una nueva manera de cara a los actores sociales.

-O sea, no más actores políticos
… -Más que nuevos partidos –lo que es bienvenido en la medida que obtengan un mínimo de representación– lo importante es alcanzar mayor democracia interna en los actuales partidos. Más que una política puertas adentro, necesitamos una política puertas afuera.

-Que la actual estructura sea lo suficientemente dinámica como para absorber lo nuevo sin tener que ser reemplazada… 
-Absolutamente. No se trata de que los actores sociales nos pasen por el lado. Se trata de ejercer nuestro rol de mediación y representación política.

-¿Y sus socios de la PS y PPD, Osvaldo Andrade y Carolina Tohá, abdican de ese rol al dejarle la resolución del problema a un plebiscito? 
-Así como es un error que el gobierno endose la política al Parlamento –como lo está haciendo en educación– también es un error que los partidos políticos y el Parlamento endosen la toma de decisiones en cuestiones que son propias de la democracia representativa y deliberativa. ¡Que las instituciones funcionen! ¡Que el Parlamento haga lo suyo! Este movimiento social da cuenta de una tremenda efervescencia, eso hay que desdramatizarlo.

-Asumo que descarta la herramienta plebiscito no sólo para el caso de educación sino también para otras materias como la propuesta por Longueira antes de ser ministro –sobre salida al mar a Bolivia–, o de Guido Girardi, sobre proyectos energéticos de alto impacto ambiental. 
-Yo no soy partidario de los plebiscitos en materia de políticas públicas –educación, salud, vivienda, previsión, trabajo– que son propias del ámbito legislativo. Sí creo en el plebiscito en el ámbito local, donde se aplica la democracia directa, y para tomar grandes decisiones paradigmáticas de una sociedad, como la puede decir el cambio de régimen político, entrar o no entrar a la OTAN, o el caso separatista de Quebec en Canadá, por ejemplo. Decisiones que se toman cada 20 o 30 años sobre cuestiones muy centrales.

-¿Cuán necesaria es una nueva Constitución? 
-Absolutamente necesaria. Las reformas que hemos propuesto al gobierno – las más radicales en 20 años– conducen en cierta forma a una nueva Constitución. A pesar de todos los cambios que le hemos introducido, desde las 54 reformas plebiscitadas el año 89 hasta la nueva Constitución del 2005, ésta sigue siendo percibida como la Constitución del 80. Es importante que la sintamos como nuestra, y eso todavía no ocurre.

-¿Asamblea constituyente o vía parlamentaria? 
-Vía parlamentaria, como lo proponía la campaña de Frei.

-Vamos al tema peak de la actual discusión pública. ¿Está en contra de que las personas lucren –obtengan una utilidad que no reinvierte sino que va a los dueños del capital– con la educación? 
-Aquellos establecimientos educacionales que reciben fondos públicos no deben lucrar.

-Si yo quiero lucrar con mi establecimiento y me las arreglo sin fondos públicos, ¿podría hacerlo? 
-Por supuesto.

Pastelero a tus pasteles 

-Examinemos el gobierno de Sebastián Piñera. Su principal acierto y su peor error. 

-El principal acierto es el rescate de los mineros. Principal error, esta nueva forma de gobernar que nunca prendió y murió de muerte natural.

-¿Qué falló? 
-Falló el intento absurdo de querer trasladar la lógica del sector privado al sector público. No es que unos sean mejor que otros, son cosas distintas. El reclutamiento de gerentes, técnicos, expertos, doctorados, etcétera, no funciona: la política para los políticos.

-¿No ve ningún mérito en la gestión de las políticas públicas, más allá de la incapacidad del gobierno para transmitir sus logros? 
-La economía anda bien. La falla estructural de este gobierno está en el nivel político. El manejo económico ha sido prudente, con continuidad en los equilibrios macroeconómicos y las políticas contracíclicas. Pero lo que está apareciendo acá es un nuevo paradigma, producto de las transformaciones socioeconómicas que han tenido lugar en el último tiempo. La modernización es, en sí misma, disruptiva. Las fuerzas sociales que estaban sumergidas están apareciendo. Esto es el ABC de la modernización. ¿Qué hay que hacer? Que las instituciones funcionen. Instituciones racionales, coherentes, flexibles y autónomas, que permitan canalizar estas fuerzas sociales que son esencialmente disruptivas. En Chile este proceso adolece de un déficit de conducción política.

-¿Qué siente como opositor cuando ve al gobierno con un 26% de aprobación? Hay algunos que creen que eso es bueno porque el poder está más cerca de cambiar de mano…
-A mí no me pone contento. Yo quiero que a este gobierno le vaya bien, para que al país le vaya bien. Además, porque no podemos hacer la apuesta fácil y engañosa de creer que porque al Gobierno le va mal a nosotros nos va bien automáticamente, que nos van a elegir por descarte, por ser el mal menor. Me parece de una mediocridad tremenda. Tenemos que hacer bien la pega, tener mejores ideas y mejores líderes.

-La DC forma parte de una coalición que nace con el objetivo político de vencer a Pinochet en las urnas. Lo logra y luego dicha coalición gobierna durante veinte años. En ausencia del viejo elemento unificador, ¿cuál es el proyecto común que une a la DC con el PS, PPD y PRSD hacia el futuro?

-Yo me siento cómodo en una coalición de centroizquierda que ha sido capaz, hasta hace poco, de interpretar a una mayoría social y política en Chile. Nuestra participación ha sido clave en términos de gobernabilidad democrática, crecimiento económico y equidad social. Uno de los mayores servicios que la DC ha prestado al país es ser parte de una coalición de centroizquierda. Como dice graciosamente el senador Navarro, pero con mucha sabiduría, “sin la DC la Concertación es la Unidad Popular”.

-Ok, pero esa es una razón retrospectiva… 
-¡Pero hacia adelante también! La DC no es ni ha sido nunca un partido de derecha: nació rompiendo con el viejo Partido Conservador hace 70 años. Pero tampoco es de izquierda. Es un partido que nació más allá de derechas e izquierdas, un partido nacional y popular, que hoy marca esa impronta desde una coalición de centroizquierda porque puede captar la adhesión del centro y los sectores medios que en la última elección transformaron al piñerismo en mayoría electoral. Eso sólo lo puede hacer la DC. Llámese Concertación o no Concertación, la esencia es una coalición de centroizquierda que sea capaz ahora de interpretar a una nueva mayoría social y política, hacia el futuro y sin nostalgia.

-¿Seguimos representando a la clase media? 

-La DC es un partido pluriclasista, que representa a ese mundo moderado que no quiere polarización, siempre fiel a su raíz socialcristiana…

-¿No se hace compleja la tarea en un mundo que abandona progresivamente los postulados tradicionales del cristianismo? ¿No es la misma modernidad la que nos invita a enjuiciar esos valores? Me da la impresión de que cargar con la misión de sembrar el evangelio en política es ir a contrapelo… 
-Para nada. La síntesis que hace la DC es conciliar la tradición cristiana con el mundo moderno, democrático y secular. Eso la hace progresista en contraste a un catolicismo integrista y conservador que se fue por otros derroteros…

-Ok, los jesuitas de la política.… 
-Me sonó como jesuita, a mucha honra. ¡La DC se adelantó en 20-30 años al Concilio Vaticano II, que finalmente se abrió al diálogo con el mundo moderno! Esa síntesis de tradición y cambio o modernidad, es la esencia de la DC. El desafío sigue siendo descifrar los signos de los tiempos, esta vez del siglo XXI. Las cosas nuevas – Rerum Novarum– ya no de 1891 ni de 1962 sino del siglo XXI. En ese sentido, cuando veo que hace dos semanas 138 jóvenes que vienen de Un Techo para Chile o de la FEUC entran a militar al partido con los lemas “yo creo en la política y me sumo a la DC”, pienso que ahí tenemos la nueva Falange y nuestra misión es pasarles el bastón de relevo a esa generación.

-Al año 2011, ¿el partido de la Iglesia es la UDI o la DC?
-Afortunadamente no hay partido de la Iglesia. Pero evidentemente esos dos son los más cercanos.

De príncipes y herejes

-Dentro la misma DC se puede distinguir entre varios grupos. El de los llamados príncipes –muy a pesar de sus integrantes– es asociado con una mentalidad menos culposa respecto del mercado y por lo mismo más cercana a la derecha. Ya sea porque tienen mayor conexión con el mundo exterior o porque aprendieron las lecciones de la historia, pareciera que este grupo tiene una mirada más abierta en contraste con la de otros camaradas… 
-Creo que eso es correcto. Tenemos una mayor apertura a la modernidad del siglo XXI. Tenemos un concepto indivisible de libertad: política pero también económica, social pero también cultural. Lo bueno de los “príncipes” es que desde el día que obtuvimos el 60% de los votos en la elección interna nadie más nos llamó así. Esta idea de un grupo elitista o iluminado dejó de existir. La gente tomó un riesgo con nosotros, hizo una apuesta, en el sentido de transformar a un gran partido del siglo XX en un gran partido del siglo XXI. Ahí está nuestra doble misión: hacer el click del cambio de siglo y el nexo con las nuevas generaciones.

-Más allá del buen resultado en la última senatorial, la DC ha ido perdiendo peso electoral a lo largo de los últimos 20 años. ¿Cuál es el plan estratégico para distinguirse de sus socios del llamado mundo humanista laico y volver a ser una marca atractiva?
-La DC está llamada a ser una fuerza articuladora. Desde la oposición no podemos renunciar a esa iniciativa política. Somos de la Concertación, pero la DC ¡tiene! que marcar la diferencia. Eso se hace evitando que la política se defina en blanco y negro, en Sí y No, en un tono polarizado. Eso no es neutralidad, hemos sido un partido bien definido hasta en los temas más escabrosos, lo que nos ha valido incluso la incomprensión de sectores más integristas del catolicismo. La DC siempre ha sido signo de contradicción: nacimos como herejes al renegar del conservadurismo, nos negamos al proyecto falangista de Franco, votamos en contra de la Ley de Defensa de la Democracia cuando la moda era el anticomunismo, y luego hicimos una reforma agraria basada en el fin social de la propiedad… Por donde se nos mire hemos sido signo de contradicción. Imagínate cuando introdujimos la ley de divorcio con Mariana Aylwin en los 90. También nos trataron de herejes. Pero nunca le hemos temido a los cambios.

-¿Qué se le viene a la mente con la palabra “liberal”?
-No me identifica. Creo en la libertad pero eso no me transforma en un liberal. Soy crítico del liberalismo filosófica y económicamente, y soy ultra crítico del neoliberalismo. Pertenezco a la escuela de CIEPLAN, donde nos dedicamos 14 años de nuestras vidas a criticar el modelo de los Chicago Boys. Pero creo en la libertad económica, por cierto.

Lagos Weber, Tohá, Velasco, Orrego……y yo 

-Aunque faltan más de dos años para la próxima presidencial, imagino que la DC ya tiene una posición respecto de cómo enfrentarlas, al menos mientras Michelle Bachelet no se pronuncie.
-La DC va a llevar precandidato o precandidata presidencial sí o sí.

-Hablamos de una primaria… 
-Primaria abierta y vinculante dentro de la Concertación. Pero uno no puede renunciar al premio mayor, menos en un sistema presidencialista como el nuestro, sobre todo para un partido que quiere volver a ser la primera fuerza política nacional. Ojalá que haya varias cartas, una gestión cooperativa de liderazgos…

-¿Aunque se trate de un saludo a la bandera si la competencia es Bachelet? 

-Vamos a tratar de que no sea un saludo a la bandera. Si uno no se la cree, mejor no concursar.

-Si Bachelet no corre, le dejo estos nombres: Lagos Weber, Tohá, Velasco, Orrego y usted mismo. La generación de recambio de la Concertación, ¿no? 
-Ese quinteto me gusta. Es el tipo de liderazgos que debe emerger. ¿Por qué no hay ninguno consolidado? Porque los procesos de renovación son largos.

-O sea, los Lagos Escobar o los Insulza no están en ese abanico. 
-No, pero no estoy por jubilar a nadie. Son liderazgos vigentes…

-¿Son liderazgos vigentes?
-Sí claro, y les tengo mucho respeto. Son un aporte.

-¿Pero no serán un retroceso tratando de interpretar lo que quiere el país?
-Para nada. Siempre he dicho que la renovación es sin carnet. No tenemos que jubilar a nadie. Yo converso seguido con Patricio Aylwin que tiene 92 años.

-Y que suele ser de lo más sensato. 
-Por lo mismo. Para qué te digo como echamos de menos a Edgardo Boeninger. Yo me nutro mucho de ellos. En todo caso, a ninguno lo veo como candidato ni creo que estén pensando en competir.

-Como todo político, imagino que usted también quiere ser presidente, pero en su misma directiva está el alcalde Claudio Orrego, el otro potencial candidato de la DC. Asumo que tienen una estrategia para enfrentar el minuto de la verdad, ¿no? 

-Uno no puede estar en política sin tener altos niveles de ambición. Si no tuviéramos vocación de poder estaríamos en una sociedad filantrópica o en una ONG. Y nosotros la tenemos. Pero para nosotros la política es un proyecto colectivo y no individual, además de una vocación más que una profesión. Por eso nos ponemos al servicio de la causa. En lugar de destruirnos tenemos que potenciarnos.

-¿No hay ningún un pacto de no agresión firmado? Deben haberlo conversado, tipo “primero tú y luego yo”, o quizás “las encuestas mandan”…… 
-Con Orrego tenemos códigos tácitos. No hemos firmado nada pero hay una forma de relacionarse que entiende que el escenario de competencia es posible. Yo tengo internalizado el hecho de ser presidente del partido, por tanto cualquier señal que haga respecto de una eventual candidatura presidencial me debilita internamente. No la voy a insinuar si quiera hasta que termine mi mandato Así es que por ahora sólo te puedo decir: tres puntos suspensivos, que significan no cerrarse a la posibilidad pero también ser ubicado.

-Dentro del quinteto está Velasco. ¿Qué relación tiene con él? 
-Excelente. Somos muy amigos.

-¿Podría ser quien interprete a la DC si las circunstancias lo ameritan? 
-Andrés representa un mundo que, más que de centro, es liberal. Él piensa que hay un espacio ahí que no lo cubren los partidos tradicionales. Y tiene razón: ese mundo concertacionista que no es de tal o cual partido, tiene en Andrés Velasco un excelente precandidato. Yo le deseo lo mejor. Siento mucha afinidad con Velasco así como con Orrego, así como con Lagos Weber y Tohá. Por eso te digo que me gusta el quinteto. Trayectorias similares, matices no menores y una visión –casi una obsesión– sobre el futuro. Yo no estoy aquí para ponerme nostálgico con el plebiscito del 88. Hay que pensar en los próximos 20 años.

-En la vereda del frente, ¿es Golborne el mejor candidato? ¿Representa algo distinto? 
-Hasta hoy creo que sí. Tiene un plus. Tal como Piñera le dio un plus, más allá de RN y la UDI –hay un piñerismo que no es de derecha tradicional– creo que Golborne tiene un potencial similar. Es un personaje atípico –entiendo que votó NO en el plebiscito–, que tiene una imagen no vinculada a la política tradicional y le deseo que le vaya bien. Chile necesita de nuevos liderazgos.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/walker-entre-fuego-cruzado/pagina1-2.html

LA VENGANZA DE LOS AUTOFLAGELANTES

agosto 28, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 26 de agosto de 2011)

Dos almas habría tenido la Concertación. Una que se declaraba más o menos conforme con el camino que Chile tomaba bajo sus gobiernos -crecimiento sostenido, estabilidad macroeconómica, disminución de la pobreza, reformas sociales graduales- y otra que renegaba del “modelo” y propiciaba transformaciones más profundas. Durante 20 años, a pesar de las pataletas de los segundos, el control lo tuvieron los primeros.

Los llamados autoflagelantes de la Concertación han encontrado en el movimiento social su mejor aliado para inflingir la última derrota a sus socios autocomplacientes. Porque la única manera de presentar la adhesión de sus partidos al paro convocado por la CUT en forma consistente es reconociendo que a lo largo de dos décadas gobernaron con el libreto equivocado. No voy a hablar de oportunismo ni de querer poner a Piñera de rodillas. Estar constantemente atribuyéndole oscuras intenciones al adversario es síntoma del deterioro de la política. Prefiero creer que el balance de poder ha cambiado legítimamente al interior de la actual oposición.

Los mejores trofeos de guerra que pueden exhibir los autoflagelantes en su disputa interna son los dos eufemísticos apoyos que el ex ministro Andrés Velasco y el presidente de la DC Ignacio Walker otorgaron a la paralización de dos días.

El primero representa a ese mundo liberal de la Concertación que no tiene traumas con el mercado ni cree que todas las soluciones vengan del Estado. Está consciente de que acceder a todas las demandas de los actores involucrados en el paro puede constituir un desastre en el largo plazo para el país. Su rol a la cabeza de Hacienda es el mejor testimonio, lo que fue recordado una y otra vez por un Francisco Vidal ebrio de victoria vía Twitter.

El segundo dice querer darle a la DC un perfil distintivo en el seno de la coalición opositora, ese capaz de recuperar los votos del centro que le habrían dado el triunfo a la derecha en la pasada elección. Por lo anterior, tiene claro que el petitorio de los convocantes no es el suyo, menos encabezando una corriente abiertamente autocomplaciente respecto de lo realizado por los gobiernos de la Concertación.

Ambos, sin embargo, se han visto en la necesidad de claudicar frente a la necesidad. Velasco dice apoyar el “sentimiento” tras el paro –cómo no hacerlo- y Walker sostiene que su partido participa pero no convoca. Pero estos matices se pierden en la película completa. En escenarios de polarización no hay espacio para aquellos que quieren “solamente la puntita”. Andrés Velasco sabe que la chance de convertirse en candidato presidencial de la Concertación pasa por jugar –como todos los que aspiran a obtener el 50+1 de los votos- a la ambigüedad. En su posición sería una torpeza estratégica –aunque también una señal de valentía- salir a confrontar a sus antagonistas ideológicos puertas adentro. Por eso escoge la ruta fácil: pegarle al Gobierno. Para el senador Walker la situación no es tan distinta. Después de haberse distanciado del resto en el ítem plebiscito, en esta pasada no le quedaba otra que agachar el moño. Como el hombre también tiene ambiciones presidenciales, sabe que no puede convertirse en el reaccionario del grupo. Por lo mismo, no se desgasta explicando sus acuerdos y discrepancias con la CUT. Como el anterior, dispara contra el blanco fácil que es La Moneda.

En el bando de los autoflagelantes, el desafío es recomponer confianzas con un mundo que ya no les cree. Deben convencer a los “indignados” chilenos de que esta vez no se dejarán intimidar. De que siguen siendo “la” alternativa. De que han visto la luz. En consecuencia no les sirve ningún “defensor de la obra” modelo Lagos Escobar. Esta parece ser la hora de destruir lo construido, irónicamente, en los mejores 20 años de historia republicana. Total, el objetivo político es recuperar la mayoría para volver a tomar las riendas. Una vez de vuelta en La Moneda, la lucha entre autoflagelantes y autocomplacientes escribirá un nuevo capítulo. Pero esa ya es otra historia.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/08/26/la-venganza-de-los-autoflagelantes/

ENTENDIENDO A WALKER

agosto 19, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 19 de agosto de 2011)

El senador Ignacio Walker sabe lo que hace cuando se opone a un plebiscito para zanjar el interminable conflicto que enfrenta al Gobierno con estudiantes y profesores. Aunque sus argumentos han sido principalmente académicos –los efectos nefastos de las democracias populistas y plebiscitarias en contraste con las democracias representativas altamente institucionalizadas- en el fondo Walker está haciendo un punto político: los partidos y los parlamentarios no son adornos.

Además, ha sido tan trabada la cruzada principesca por alcanzar el control de la DC, que una vez en el poder le resulta inimaginable delegar gratuitamente el proceso de toma de decisiones. Que los otros presidentes de la Concertación estén dispuestos a abdicar de parte de sus responsabilidades políticas no vincula al timonel falangista. Que 15 diputados de su propia tienda impulsen la idea del plebiscito no es suficiente para que el senador por la Quinta Cordillera renuncie al protagonismo que legítimamente ha ganado. No, esta no es la hora de las interdicciones voluntarias ni de las recusaciones amistosas, piensa Walker.

Se equivocan quienes sostienen que el móvil principal de los reticentes al plebiscito es el “temor al pueblo”. Puede ser cierto que en ciertos sectores de la derecha ese miedo exista. Fue la propia Bachelet, si mal no recuerdo, quien dijo “cuando la izquierda sale a la calle, la derecha tiembla”. Pero Ignacio Walker no pertenece a esa derecha. Por alcurnia, está más cerca de la elite que cree que la masa informe no es digna de consulta, especialmente sobre cuestiones complejas. Pero tampoco es eso, al menos no este caso. Walker sabe que acceder al plebiscito significa reconocer inequívocamente el fracaso de los mecanismos democráticos establecidos para lidiar con el disenso y encontrar las rutas del consenso. Es ese fracaso el que Walker y otros tantos no están dispuestos a aceptar. Educado en la lógica reformista de los fundadores de su partido y curtido en la dinámica gradualista de la transición, está consciente de que el sistema requiere de varias mejoras pero no está dispuesto a desahuciarlo. Aceptar la moción plebiscitaria le significa abandonar sus más profundas convicciones respecto de cómo deben funcionar las democracias en forma.

Convengamos que los pronósticos de Walker son más bien catastrofistas. Si bien es cierto que la herramienta plebiscitaria es usada y abusada por presidentes que quieren aprovechar mayorías transitorias en torno a su popularidad –especialmente en Latinoamérica- también hay casos de referéndums valiosos tanto por la socialización política que se genera en torno a ellos como por la legitimidad social de sus resultados. Estos últimos no parecen comprometer la salud de la democracia, sino más bien complementarla.

Donde Walker tiene toda la razón es en el especial cuidado que debemos tener para que la fiebre plebiscitaria no signifique una dictadura de las mayorías que arrase con los derechos y libertades individuales de la minoría. Las leyes que hoy aprueba el Parlamento están sujetas a ciertos controles cuyo espíritu debe ser observado si eventualmente vamos a decidir los grandes temas votando SI o NO.

Finalmente, sumado a su lectura sobre el rol que le corresponde jugar como actor político y a su sensata pero poco romántica tesis sobre la importancia de una “democracia de instituciones”, uno podría añadir una tercera motivación estratégica. Por las características del espectro político chileno, la DC está llamada a servir de puente y hacer la diferencia cuando las posturas se han polarizado. Un plebiscito no admite matices: es una elección binaria. Pura polarización. La DC en cambio recupera su perfil centrista cuando dialoga para acercar posiciones, cuando es posible detenerse en el gris a medio camino entre el blanco y el negro. Esa habilidad sólo cobra vida en la deliberación parlamentaria y muere en cambio en la agitación plebiscitaria. Esto puede no ser un problema para los partidos de izquierda que suscriben en su totalidad el petitorio estudiantil – y que se atribuirán el triunfo llegado el momento- pero sí puede serlo para una DC encabezada por una directiva que entiende también la importancia de asegurar otros bienes mientras enfrenta el desafío de reposicionar su marca invirtiendo en identidad propia.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/08/19/entendiendo-a-walker/

LA NIEBLA VERDE

agosto 15, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 12 de agosto de 2011)

En diciembre de 1952, Londres se vio sumido en una densa neblina que reclamó la vida de aproximadamente 12 mil personas. No se trataba sólo de la habitual capa fantasmagórica que suele evocar los oscuros callejones donde acechaba Jack the Ripper o donde develaba misterios Sherlock Homes. Esta vez la niebla iba a acompañada de humo… Fog + Smoke: Smog. En efecto, un invierno particularmente frío hizo que los residentes quemarán leña y carbón como nunca. El fatal  elemento adicional fue la falta de viento. Sólo cuando la ventilación regresó a la ciudad, cinco días después, la situación de emergencia se pudo superar.

Los británicos aprendieron la lección. Ese mismo año pusieron en marcha una ordenanza para limitar el uso de combustibles fósiles, que sirvió de base al posterior desarrollo legal en materia de protección medioambiental. El mejor testimonio es sobrevolar Londres: una ciudad de chimeneas tapiadas. La imponente Tate Modern se erige en la ribera sur del Támesis como un ícono en la batalla contra la contaminación: una vieja fábrica que recuerda las glorias de la revolución industrial convertida en una galería de arte contemporáneo.

Y aunque escribo esta columna bajo un cielo casi azul, la polución atmosférica de Londres no ha sido derrotada. Las señales de alerta apuntan a los Juegos Olímpicos del próximo año. Los más alarmistas incluso señalan que algunas competencias podrían suspenderse para proteger la salud de los atletas, lo que es desestimado por las autoridades. Lo cierto es que en lo que va del 2011 la ciudad ya ha traspasado los límites que la Unión Europea establece en términos de material particulado para un año completo, lo que no ocurría desde 2003. La culpa ya no es de las chimeneas, sino del tráfico, señalan los especialistas.

Las responsabilidades políticas, a su vez, son confusas. El gobierno central y el gobierno local se disputan atribuciones. Recientemente el alcalde mayor Boris Johnson ha reclamado la independencia de Londres para gestionar su política anticontaminante, lo que obviamente es resistido por la administración de David Cameron. En lo que ambos están de acuerdo es que los efectos del problema superan con largueza los medioambientales y se extienden hasta el terreno de la salud pública: 3 mil muertes al año son relacionadas con la contaminación ambiental. Como actores políticos, ambos también coinciden en que los costos electorales de endurecer las leyes (por ejemplo, restringiendo aun más el uso del automóvil) pueden ser demasiado altos. De hecho, han sido criticados por relajar las zonas de cobro por congestión.

El discurso verde, en todo caso, se ganó un espacio en el debate político británico. Al ocupar la cartera de Energía en 2008, el actual líder laborista Ed Milliband la rebautizó como “Energía y Cambio Climático”. El propio Cameron hizo campaña con ropajes medioambientalistas. “Quiero que el gobierno de la Coalición sea el más verde de todos”, señaló al asumir el poder el año pasado. Todavía es muy temprano para evaluar si sus promesas han sido cumplidas, pero algunos otrora entusiastas Cameronistas –como el ecologista Zach Goldsmith- ya dan señales de frustración. Recientemente, el voto de los conservadores en el parlamento europeo evitó el compromiso de reducir las emisiones de carbono en un 30% como lo solicitaban los laboristas. Sin embargo, bien sabemos que como oposición es más fácil exigir cambios radicales de los cuales no hay que hacerse cargo en el corto plazo.

Cierto parecido hay con el caso chileno. Sebastián Piñera, como pocos candidatos en el espectro tradicional derecha – izquierda, recalcó su compromiso con un progreso amigable con el medio ambiente. Hasta su grupo programático fue bautizado con el nombre de un parque natural chilote de su propiedad: Tantauco. Hoy, sin embargo, los ambientalistas no quieren saber nada con “la nueva forma de gobernar”. Primero fue el accidentado caso de Barrancones y recientemente la aprobación del proyecto Hidroaysén. Aunque el Ejecutivo se deshaga en explicaciones, la percepción instalada es que la derecha en el poder no es particularmente sensible con el daño medioambiental. Por un buen rato, los esfuerzos que se realicen en otras áreas – como disminuir el smog en Santiago – quedarán relegados en la retina de la opinión pública. Tampoco es realista esperar medidas drásticas en este tipo de frentes. Los intereses creados son muchos, los actores involucrados diversos, los derechos afectados varios. A diferencia del caso británico, no tendremos una gran neblina que acelere el paso ni ventolera que se lleve el gris.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/la-niebla-verde.html

LONDRES Y SANTIAGO: UN OCEANO DE DIFERENCIAS

agosto 12, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 12 de agosto de 2011)

No hay similitudes relevantes entre lo que ocurre en las calles de Inglaterra y las chilenas. Lo que estamos viendo en los últimos meses en Chile obedece a una motivación explicita, políticamente articulada y socialmente legitimada por la mayoría de los chilenos, lo que es indiscutible independiente del juicio particular que tengamos acerca de la sensatez o fortaleza de cada una de las demandas por separado. Lo que se esparció desde Londres hacia otros focos de la isla, en cambio, es una suma de disturbios ampliamente repudiados por la ciudadanía, la clase política en forma transversal y todos los medios de comunicación con tribuna.

Mientras el ímpetu de nuestras manifestaciones invernales lleva a sus protagonistas a pretender intervenir la estructura completa del sistema -para esos son las asambleas constituyentes y los plebiscitos fundacionales- los encapuchados que salen a tomarse la calles de Gran Bretaña no portan bandera inteligible alguna, ni parecen muy preocupados de encontrar una; es un aleteo violentista enfervorizado.

Por esto, los panoramas políticos son completamente distintos. En Chile, la discusión central está en la educación. Los problemas de orden público derivados de las movilizaciones son secundarios en la agenda. Ya sea porque se aceptan como externalidades negativas para que se escuche la primera, o bien porque todavía no alcanza los niveles suficientes para que la ciudadanía le quite piso apoyando de paso las medidas represivas del gobierno. Por eso la cosa esta más difícil para Pinera que para su colega conservador David Cameron. El primero preferiría llevar la controversia al clivaje paz o violencia. El segundo ha jugado en esa cancha desde el primer estallido. Los roles opositores en consecuencia han sido distintos. Mientras la Concertación se suma a tropezones a las demandas estudiantiles con un efecto bastante intrascendente, el laborismo británico salió a respaldar a la autoridad desde el día uno. Llega a ser irónico que el único flanco que encontraron para deslizar una crítica haya sido el desfinanciamiento de la policía. En corto, los ingleses quieren más guanaco y menos dialogo. Los chilenos, al revés.

“Todavía”, podría decir el ministro Hinzpeter, quien se ha llevado la tarea más pesada en esta maniobra de tratar de fijar en el orden publico el eje de la discusión (pagando de esta manera la lealtad del Presidente).

Ahora bien, que lo que ocurre en Reino Unido sea para la gran mayoría de la población una patética expresión delictual, la cultura pandillesca en acción, o el vandalismo en su expresión menos romántica, no implica que no puedan existir otras razones -más o menos profundas- para explicar el fenómeno.

Algunos han querido analogar lo que sucede en distintas partes del mundo en función de que manifiestarían un sentimiento generacional contra el modelo, el mercado o el neoliberalismo, como quiera ponerle. Sin embargo es una teoría tan gruesa como imprecisa. El blanco de los ataques de las turbas londinenses es simplemente el negocio donde el saqueo es más lucrativo: ropa de marca, artículos electrónicos, alcohol. Entonces, agarra Aguirre. El problema puede estar, a mi juicio, en las expectativas generadas respecto de la participación en el sistema y no en su rechazo consciente. Tampoco, finalmente, hay una trifulca racial desplegada. Pocos lugares del mundo son más cosmopolitas, respetuosos y receptivos de la diferencia cultural, étnica, religiosa o ideológica que la capital del Reino Unido. Por supuesto que hay marginalidad, desigualdad y clases sociales con mayores privilegios que otras, pero hemos sabido que los “manifestantes” están destruyendo el corazón de sus propias comunidades. Lo de Londres no es una venganza de las minorías contra los blancos.

Ni siquiera es la reivindicación del joven muerto en Tottenham, que gatilló la ola de desordenes que acaba de terminar. “No en nuestro nombre”, señaló su familia. Desde sus hogares, frente al noticiario, la mayoría de los chilenos aún parece pedirle a los estudiantes que sigan adelante “en su nombre”. Los británicos aspiran a que todo vuelva a la normalidad cuanto antes. ¡Al mismo estado de antes! En el caso nuestro, no tiene sentido que todo vuelva a estar como antes. Al movimiento estudiantil chileno no le conviene la comparación. Y al británico le sube el pelo inmerecidamente.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/08/12/las-revueltas-en-londres-y-santiago-un-oceano-de-diferencias/

SE ARRIENDA VIRGINIA WATERS

agosto 9, 2011

por Cristobal Bellolio (publicado en El Semanal de La Tercera el domingo 7 de agosto de 2011)

Desde el centro de Londres, llegar a la localidad de Virginia Waters toma poco más de una hora, haciendo conexiones de metro y tren. Se trata de una villa de algo más de seis mil habitantes, enclavada en el corazón del condado de Surrey, fuera de los límites de la capital. No tuvieron mal ojo los que escogieron este reducto como residencia del difunto general Pinochet durante su involuntaria estadía en Inglaterra; el lugar es tan hermoso como tranquilo. La vida social se concentra en unos pocos edificios comerciales y el resto son extensas arboledas con grandes casonas a lado y lado. Una especie de British Chicureo, que a ratos se confunde con los sectores emboscados de La Reina Alta o las calzadas de Piedra Roja en los Dominicos. A simple vista se nota que no es una zona cuyos residentes tengan problemas económicos. Muy por el contrario. A pocos kilómetros se encuentra el Castillo de Windsor – residencia real que lleva el apellido de la actual monarquía- y el exclusivísimo Eton College, donde se suele educar la más rancia aristocracia británica, incluyendo 19 primeros ministros hasta el actual David Cameron.

Fuera de la estación, una adorable caseta alberga a los taxistas del lugar, los mejores testigos del entonces peregrinaje chileno a Virginia Waters. Recuerdan haber llevado innumerables compatriotas hasta las puertas del condominio de Pinochet en Wentworth, una exclusiva área ubicada a un par de kilómetros de centro. Uno de ellos todavía se ríe de la vez que partidarios y opositores tuvieron que compartir el taxi para abaratar costos, sin dirigirse la palabra en el trayecto. Reaccionaron incrédulos al enterarse que el anciano dictador ya no vivía, pero no emitieron comentarios. Destacador amarillo en mano, tuvieron la gentileza de enseñarme el trayecto desde la estación de tren hasta la entonces casa de entonces senador vitalicio. Un poco más allá, un puñado de locales comerciales alimenta el escaso movimiento de Virginia Waters. Dos tiendas de abarrotes, una farmacia, un local de depilación y varias corredoras de propiedades. Los parroquianos se reúnen en el bar y restorán The Wine Circle, cuyo propietario no olvidaba la estadía de Pinochet en sus pagos.  “¡Claro que me acuerdo! ¡Si hasta Margaret Thatcher vino a visitarlo! Una verdadera desgracia…” se lamentaba mientras apuntaba orgulloso su Tatay de Cristóbal de Viña Von Siebenthal del Valle del Aconcagua.

Pero fuera de estos casos, los rastros de su estadía son casi inexistentes. A medio camino entre la estación y Wentworth se erige una moderna iglesia liberal cuya veterana recepcionista señaló sólo recordar a un general de la Guerra Civil Española que se había mudado a Virginia Waters unas cuantas décadas atrás. Muy cerca de la residencia de Pinochet el bicentenario Hotel Wheatsheaf parecía ser el lugar perfecto para divagar sobre la invasión chilena de entonces. Pero nadie en la recepción recordó haber alojado a ninguno. Entendible: para qué quedarse en un lugar donde no pasa absolutamente nada si con un poco de esfuerzo se llega a Londres. En la tradicional corredora de propiedades Barton Wyatt –que maneja la casa ocupada por el ex presidente chileno- una agente Senior lo graficó en una lacónica, educada y sugerente sentencia: “Esta no es una atracción turística”. En efecto, no hay placas conmemorativas ni huellas de detractores furiosos. No hay merchandising, no hay postales, no hay grafitis. No resulta fácil recoger testimonios. Las calles de la villa están prácticamente desiertas. Apenas se escucha el trabajo de los constructores de piscinas. Un parque y una laguna –donde se filmaron escenas de Harry Potter: el Prisionero de Azkabán- sirven como principales atracciones especialmente para los adultos mayores radicados en Virginia Waters. No es casualidad que en el trayecto haya notado varios anuncios de casas de retiro. Para su población económicamente activa, es poco más que una aldea dormitorio. Ni los tradicionales pubs son fuente de mucha contaminación acústica. En su estado habitual, Virginia Waters es una somnolienta pero encantadora taza de leche.

El mismo silencio me acompañó al ingresar a pié al condominio que los taxistas me marcaron en el mapa. Sus casas se desparraman en un infinito paño verde que comprende cuatro campos de golf, donde cuenta la leyenda que se disputó la primera edición –allá por 1926- de la afamada Ryders Cup que enfrenta a los mejores de América con los sus pares de Europa. El tránsito está sin embargo vedado para los autos: aun sin guardias en la puerta, estamos pisando propiedad privada.

Al momento de reportear esta nota, la ex casa de Pinochet se encontraba deshabitada. Al momento de publicarse, ya ha sido nuevamente ocupada. Se trata de sus terceros inquilinos después de los chilenos. Su identidad fue celosamente guardada por la agencia, pero con toda probabilidad se trata de una familia numerosa. Para hacerse una idea, estamos hablando de una casona familiar de ladrillo situada en un terreno de aproximadamente cuatro mil metros cuadrados, con un amplio jardín y estacionamiento para varios autos. Por dentro cuenta con cuatro habitaciones y según cuentan en la corredora, viene saliendo de sustantivas remodelaciones. Su renta mensual alcanza las 4.500 libras esterlinas ($3.345.000 chilenos) y al menos al día de hoy se arrienda desamoblada. La variación del precio, dicen, ha sido la normal en la zona y ha estado ajena a la particularidad de sus ocupantes temporales: el factor Pinochet no ha encareció ni abarató el inmueble.

Husmeando entre los arbustos, conocí a los vecinos. Fui invitado a la terraza a degustar un heladísimo vino blanco mientras era puesto al tanto de sus impresiones. “Vivía bastante bien” me indicaron en la casa del frente, comentando el penetrante olor a Barbecue que salía frecuentemente del patio en aquellos tiempos. Respecto del personaje mismo, no lograron hacerse una opinión; sólo veían a un anciano salir a caminar por la cuadra a tranco lento apoyado de un bastón, siempre rodeado del cariño incondicional de su familia. Este último aspecto fue destacado una y otra vez: no les calzaba la imagen del sanguinario dictador que promovían algunos medios con el familiy-oriented-guy que veían compartir con sus nietos. Quizás por lo mismo las quejas del vecindario no se concentraban tanto en Pinochet como en las externalidades negativas asociadas a su estancia en el barrio. Dos, subrayaron, les arruinaron la vida de sosiego que vinieron justamente a buscar a este lugar.

La primera era la presencia policial y el despliegue logístico al ingreso del condominio. De la noche a la mañana, los residentes de Chestnut Avenue y Lindale Close –esta última la calle de Pinochet- tuvieron que habituarse a ser controlados al salir e ingresar de sus respectivos hogares, cuestión que extendida en el tiempo puede hacerse insoportable. Imagínese organizar una fiesta de cumpleaños para su hijo de 5 años en la cual los pequeños invitados –disfrazados como animales del bosque- son detenidos y registrados en un control de policía fuera de su propia casa. Hoy lo rememoran como anécdota simpática. En el momento, sin embargo, estaban indignados. Lo mismo alegaba un diplomático retirado que acostumbraba a quemar las hojas de su jardín en otoño, a quien un día se le acercó una pareja de escoltas de traje y escarapelas tricolores a impedirle el sahumerio porque opacaba la visión de las cámaras de seguridad del perímetro de Pinochet.  “Las noches eran tan luminosas como el día” comentaba una joven que en ese entonces tenía 10 años, acordándose de los gigantescos focos blancos que apuntaban a su pieza y no la dejaban dormir. Mucho más grave fue el caso de la familia que vivía exactamente frente a los chilenos y que no pudo enterarse a tiempo de la muerte del padre porque sus teléfonos fueron intervenidos por alguna agencia de inteligencia británica como parte del operativo de seguridad. Cuando se mudaron, la casa que ocupaban quedó vacía; nadie quiso arrendarla con tan compleja vecindad. La tensión terminaba por contagiar inevitablemente al entorno.

El segundo problema lo tenían con los manifestantes ubicados a las afueras del cordón policial. Del relajante sonido de los pájaros, esa zona de Virginia Waters pasó a confundirse con el ruido de los tambores, los gritos y los cánticos contra el dictador. El verde del paisaje adquirió muchos más colores con cientos de manifestantes instalados de punto fijo exhibiendo ante el mundo las imágenes de los detenidos desaparecidos del Chile 73-90. Por supuesto, no hay en el tono de los vecinos ningún reproche a las motivaciones de los detractores de Pinochet. Conocen trazos de la historia y no se pierden en la película completa. Son capaces de entender el dolor y la sed de justicia de las víctimas. Simplemente se les hizo una pesadilla doméstica tenerlos día y noche en el oído. No es difícil creerles: se sentían viviendo bajo una interminable “funa”. En el lenguaje anglosajón se utiliza la sigla NIMBY (Not in my Back Yard) para referirse a los proyectos típicamente resistidos por los habitantes de un lugar, como prisiones, vertederos, centrales energéticas, líneas de alta tensión, antenas de telefonía móvil, etc. Para los residentes de Wentworth, la horda de inagotables activistas se transformó en un caso sui generis de NIMBY. Por el contrario, a los partidarios que entonces visitaron a Pinochet no los recuerdan. Asumen que eran esos personajes bien vestidos que traspasaban el cerco de seguridad y eran conducidos protocolarmente hasta la reja. Éstos, por razones obvias, no metían bulla.

Lo peor de todo, concluyen casi al unísono, es que no hubo de parte del gobierno británico ninguna explicación ni menos compensación al respecto. Sienten que les injertaron un problema en el seno de su comunidad sin siquiera entregar ayuda para sobrellevarlo. Por el contrario, alegan, fue Pinochet el indemnizado por el hecho de estar bajo arresto domiciliario en territorio inglés. Mientras tanto, los vecinos debieron seguir pagando las contribuciones regulares y las mejoras necesarias en el sector, incluso las asociadas a la estancia de tan singular figura. Además, en una cultura acostumbrada a pedir perdón hasta por el mal tiempo, les extrañó que de parte de los Pinochet no recibieran ni una modesta disculpa vistos los inconvenientes. 

Dieciséis meses fueron en total los que habitó Augusto Pinochet en Virginia Waters. Durante ese tiempo no cultivó relaciones humanas fuera de su entorno familiar, con la excepción del médico que acaba de retirarse dejando la consulta, a la usanza de pueblo chico, en manos de su hijo. El nombre de Pinochet se lo empieza a llevar el viento mientras sobrevive apenas borroso en la memoria de algunos. Seguramente las historias seguirán corriendo cada vez que un chileno llegue al reducto de los taxistas o pida un vino del valle central en algún restorán tradicional. Los nuevos arrendatarios de la casa, cuentan en la corredora, no tienen idea de que su nueva morada refugió al personaje más influyente del siglo XX chileno en condiciones de absoluta derrota política. “¿Por qué debería importarles?” añade la corredora. Probablemente tenga razón. No somos tan relevantes. Hace un buen tiempo que los niños pueden entrar libremente a los cumpleaños y el viejo diplomático, que dice haber tenido en común un bypass con Pinochet, podrá seguir quemando sus hojas sin que ningún hombre de lentes oscuros esta vez pueda impedírselo. La estancia del difunto dictador fue apenas un paréntesis que juega con el olvido en la apacible vida de Virginia Waters.

Link: http://papeldigital.info/elsemanal/2011/08/07/01/paginas/018.pdf

http://papeldigital.info/elsemanal/2011/08/07/01/paginas/019.pdf

http://papeldigital.info/elsemanal/2011/08/07/01/paginas/020.pdf

http://diario.latercera.com/2011/08/07/01/contenido/la-tercera-el-semanal/34-79236-9-se-arrienda-virginia-water.shtml

LOS 80

agosto 7, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 5 de agosto)

Ayer retrocedimos veinte años. Aunque la irritación se viene arrastrando desde hace meses, la postal del jueves 4 de agosto de 2011 retrató un país penosamente atormentado. Mientras Piñera obtenía en la encuesta CEP el índice de aprobación más bajo que ha tenido un Presidente desde el retorno a la democracia (26%), las calles de Santiago y otras ciudades eran escenario de violentas escaramuzas entre estudiantes y carabineros. El gobierno, convencido de la importancia de transmitir autoridad, no escatimó recursos represivos. Aquello fue suficiente para evocar en algunos el recuerdo de la dictadura. En la vereda opuesta, los marchantes reeditaron con su intransigencia el tristemente célebre “avanzar sin transar”. Salvo para lamentarse, las mentes serenas ayer desaparecieron de las redes sociales. Su silencio fue ocupado por una marea de cabezas calientes. El lenguaje volvió a emporcarse de intolerancia y la tradicional odiosidad retro de izquierda y derecha. Los adversarios políticos, aquellos que piensan distinto, volvieron a ser enemigos.

No puede esperarse demasiado de aquellos que fueron marcados a fuego por la división ideológica del pasado. A lo imposible nadie está obligado. La generación que dirige Chile desde 1990 está pringada. Por eso fue tan llamativa en el mundo entero su reconversión a la política de los acuerdos en la década de los 90. Aquellos que se querían matar tuvieron que colaborar. Lo hicieron por diversas razones: amor a Chile, pragmatismo, miedo. Pero fallaron donde no tenían que hacerlo: transmitieron a sus hijos la visión de un país en blanco y negro, de los buenos y malos, de los míos y los tuyos. No resulta extraño entonces leer a jóvenes de 18 años tanto o más prejuiciosos que sus padres respecto de bando del frente. “Fachos” y “comunachos” están de vuelta.

Lo anterior es grave. Si la permanencia de los políticos en sus cargos dependiera de la evaluación ciudadana, los líderes de todos los partidos habrían recibido el sobre azul hace rato. En Chile se necesita llegar al 17% de aceptación –como le ocurrió ayer a la Concertación- para que recién se deslice una tímida autocrítica. Imposibilitados políticamente e inhabilitados socialmente para llevar a cabo las transformaciones que nuestro sistema necesita, la actual clase dirigente debe retirarse progresivamente de la vida pública. Salvo honrosas excepciones, como conjunto en el imaginario colectivo carecen de la legitimidad para pensar el Chile del futuro. Se trata de una pega cuyos ejecutores deben ser justamente los chilenos del siglo XXI. Lo preocupante es que se trate de una generación que haya heredado los vicios familiares. Si los líderes que se incuban en las juventudes políticas son clones del equipo adulto, no vamos a llegar muy lejos en la superación de los conflictos en base al diálogo respetuoso, la aceptación de los errores propios, la concesión de puntos al contrario, la capacidad de escuchar distintos puntos de vista, el continuo aprendizaje, la mirada país, el espíritu generoso y la empatía cívica.

Nadie discute que los países que logran metas ambiciosas lo hacen a partir de grandes acuerdos de Estado que trascienden al gobierno de turno. Las metas del nuevo Chile ya están tomando forma: ya no se trata de cobertura, sino de calidad; ya no se trata de acceso, sino de igualdad; ya no se trata de tolerancia, sino de diversidad; ya no se trata de números, sino de sustentabilidad. El debate sobre éstas y otras metas –plasmadas en una nueva Constitución, en una carta de derechos, en un pacto social, etc.- no puede ser conducido por una elite políticamente agotada. Se trata de determinaciones demasiado esenciales como para ser amarradas por un duopolio moribundo o dibujadas por un bientencionado octogenario ex presidente. Llegó la hora de cambiar a los protagonistas en la esperanza de que los nuevos actores demuestren que existe una política distinta más allá del eslogan. De lo contrario Chile seguirá viviendo en los ochenta, dividido, amargado y cruzado de resentimientos.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/08/05/los-80/

Carta para nuevos DC

agosto 2, 2011

A continuación transcribimos carta redactada por Cristóbal Bellolio, Daniel Brieba y Davor Mimica con el motivo del ingreso de varios ex compañeros de Universidad al Partido Demócrata Cristiano:

“Queridos amigos,

Les escribimos estas líneas con motivo de vuestro ingreso al Partido Demócrata Cristiano. Al igual que ustedes, entendemos que la política chilena requiere más que nunca de actos decididos que la validen incluso contra la corriente. Por lo anterior felicitamos vuestra decisión más allá de las diferencias que tenemos con la colectividad que han elegido para desplegar sus vocaciones. La noticia de más personas honestas y capaces dispuestas a jugársela por convicciones es y siempre será bien recibida.

Cierta frustración, sin embargo, recorre esta carta. Participamos juntos de un movimiento político-universitario que ya se apresta a cumplir 10 años, donde todas las huellas digitales, las suyas y las nuestras, están impresas. Más allá de los éxitos o reveses electorales, es indiscutible que la Opción Independiente de la UC se ha convertido en un semillero de liderazgos jóvenes para Chile en el ámbito político, académico y social. Independiente del candidato que apoyáramos, todos nos enorgullecimos cuando Sebastián Bowen asumió con apenas 27 años la jefatura de la campaña concertacionista en la pasada presidencial. Pero el sueño que teníamos de permanecer unidos una vez comenzada la aventura política adulta no se hizo realidad. Las tribus de origen fueron casi siempre más poderosas que nuestro declarado anhelo de redibujar el mapa político, sin desmerecer las legítimas y considerables diferencias ideológicas que surgían cada vez que nos distinguíamos entre “liberales” y “jesuitas”. Estamos conscientes que para muchos de ustedes esta decisión refleja una segunda frustración, aquella que sepulta la posibilidad de haber creado un referente político nuevo – “Frecuencia Pública”- dentro del paraguas de la centroizquierda. Leemos vuestra decisión de ingresar a la DC como un testimonio sin palabras de la enorme dificultad de oxigenar el sistema político con actores frescos y renovar la política desde afuera.

Pero renovarla desde adentro no es una capitulación. Es sencillamente una estrategia distinta e igualmente digna de aplauso. No les regalarán nada; necesitarán el uno del otro para sobrevivir a la empresa. La DC del 2011 no es la misma de la Marcha de la Patria Joven. 20 años en el poder han dejado su mella moral en el partido. Las redes clientelares están a la vista, y la importancia que en el último tiempo se le ha asignado a ocupar una determinada posición de poder por sobre el bien común es patente. Por otra parte, se trata de un partido que enfrenta dilemas ideológicos notables. La DC nace como tercera vía entre el capitalismo salvaje y el marxismo ateo de principios del siglo XX. Hoy, cuando el capitalismo cuenta con regulaciones estatales y el socialismo se ha renovado, se hace complejo caracterizar el rol de la DC. Mientras el mundo avanza hacia sociedades más plurales y dinámicas, el partido que apuesta a defender valores cristianos tiene la difícil misión de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

Vuestros desafíos, por tanto, son de forma y fondo. Durante años han hablado, al igual que nosotros, de la necesidad de cambiar los estilos en la política chilena. Eso implica mayor horizontalidad en el trato, más democracia en la toma de decisiones y mayor transparencia en la gestión. Pero por sobre todo, implica superar la lógica de las actuales generaciones en el poder, aquellas marcadas a fuego por la confrontación y la odiosidad. Nosotros no cargamos con esa pesada mochila de afectos, entre nosotros no hay vencedores ni vencidos. No nos debería costar tanto mirar al que está al frente y tratar de entender sus razones, concederle el punto cuando está en lo cierto, frenarse antes de hacer leña del árbol caído, tener la perspectiva para mirar la película completa y no solamente el ombligo propio. Creemos que en la DC que los espera estas virtudes escasean, y por lo mismo ustedes valen oro. Tanto para el partido que los acoge como para el país que los necesita. Respecto del fondo, no podemos aconsejarlos demasiado. Sin embargo, esta no es una conversación entre fundamentalistas. Aunque la mayoría de ustedes preferiría ser clasificado de comunitarista antes que de liberal, sabemos que también entienden la importancia de la libertad individual para el desarrollo de las sociedades contemporáneas, así como de la necesidad de mayor competencia en los mercados, más oportunidades en educación y empleo, y mayor aceptación social de la diversidad de opciones de vida.

Pero mucho más importante que las coincidencias programáticas, estamos convencidos que nos une algo mucho más profundo, que es una épica fundacional común. Ésta no se encuentra en la Falange de la década de los 50 ni en el partido liberal chileno de los siglos XIX y XX. Compartimos recuerdos grabados a fuego de las aulas, pasillos y patios de la UC a inicios de este siglo XXI donde mostramos a los políticos universitarios tradicionales, de lado y lado, cómo la política se puede renovar, reenfocar y su práctica se puede redignificar. No desde el fundamentalismo ni el ideologismo, sino desde el trabajo en diversidad, con altura y apertura.

Hoy, para todos nosotros, el público ha cambiado. Ya no son los estudiantes, sino todos los chilenos, que esperan con ansias nuevos estilos, nuevos contenidos y nuevos liderazgos en la política. Esto bien puede justificar un cambio de estrategias y de alianzas. Pero no de lealtades. Les escribimos convencidos que nos sigue uniendo mucho más de lo que nos separa. Que la complicidad y el aprendizaje compartido no deben ser olvidados ni jamás reemplazados por las viejas formas de hacer política que juntos combatimos, con éxitos primero morales, y luego reales y duraderos. Que cuando hayamos todos subido esta gran montaña, desde laderas diferentes, podamos mirarnos a la cara con la aprobación mutua de un trabajo limpio, lleno de pasión y de logros.

Nos despedimos con un gran abrazo a cada uno de ustedes, Matías (Sime), Claudio (Castro), Vladimir (Glasinovic), Cristián (Herrera). Confiamos profundamente en que llegará pronto el día en que nuestra generación, inspirada hoy en este espíritu de fraternidad, podrá aportar sustancialmente a mejorar la calidad de vida de nuestros compatriotas. Saber que contribuyendo desde la Democracia Cristiana estarán ustedes, es toda una garantía.”

Link: http://mesumoaladc.blogspot.com/2011/07/palabras-de-c-bellolio-d-brieba-d.html