Archive for 30 septiembre 2011

EL PRIMER ROUND VELASCO – MEO

septiembre 30, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 30 de septiembre de 2011)

Los más morbosos dijeron que sería un adelanto de la carrera presidencial. Pero lo cierto es que el primer cara a cara entre Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami no alcanzó a sacar chispas ayer en el Centro Cultural Gabriela Mistral.  Ambos fueron los invitados de honor a comentar el libro que los politólogos Francisco Javier Díaz, Alfredo Joignant y Patricio Navia acaban de publicar bajo el título “Diccionario de la política chilena”.

Velasco abrió los fuegos. Hizo una intervención articulada, se despachó un par de chistes y se dio el gusto de filosofar sobre el rol del lenguaje en la construcción de realidades. Siempre tratando –demasiado- de parecer un buen candidato, tarea que logró sólo a medias. Hay algunos que sencillamente no nacen con las habilidades para ser centro de mesa. El mateo del curso no puede ser –sino que lo diga Piñera- a la vez el más simpático. En todo momento se notó que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por dejar la frialdad del economista para adoptar la liviandad del entertainer. Su mejor momento, el más sincero, fue cuando propuso la incorporación de nuevos vocablos al diccionario, especialmente aquellos relacionados con el período de la dictadura –recurso fácil pero que todavía vende- y los dedicados a la contingencia (“Mesa de diálogo: mesa instalada en La Moneda donde el ministro Bulnes se sienta a escuchar”; “Mesa de diálogo ampliada: mesa instalada en La  Moneda donde el ministro Bulnes tiene que escuchar a más gente”).

Marco Enríquez, en cambio, fue la antítesis de Velasco. En lugar de deshacerse en elogios a los autores – Velasco los apodó nada menos que “los tres tenores”- MEO se hizo dueño de la tensión dramática de la sala de principio a fin a punta de provocaciones y doble sentido. Mientras más insidioso trataba de ser, más risas arrancaba. Acusó a sus contertulios de autocomplacientes, fue despectivo con el esfuerzo editorial – pensó que el libro se había escrito a la rápida en una semana- y se mofó de sí mismo –“soy pedante porque soy mediocre”- en varias ocasiones durante su intervención. Trató de darle a Velasco indirectamente criticando al gobierno de Bachelet – a lo que el ex ministro de hacienda respondió con una expresión con acento mexicano sin mucha gracia- y luego exigiendo que el término “tecnócrata” fuera incorporado en la próxima edición.

En resumen, fue un enfrentamiento de guante blanco donde quedó demostrado una vez más que los personajes serios no pueden transformarse en figuras encantadoras de la noche a la mañana –nota para el entorno de Velasco: por ahí no va la micro- y que los fenómenos comunicacionales de hace dos años conservan la frescura necesaria para nuevas batallas. En lo que todo el panel estuvo de acuerdo, incluidos los renombrados autores, fue en pegarle reiteradamente a la “Nueva Forma de Gobernar”, lo que no debe haber sido muy gracioso para los valientes funcionarios del gobierno presentes en el evento.

En todo caso, la derecha que se quedó al coctel –pobretón, por decir lo menos- estaba reducida a tres o cuatro rostros de segunda línea. La Concertación tampoco estuvo representada por figuras de calibre. De hecho, no se divisaron parlamentarios de oposición ni altos dirigentes partidarios. Dado el tonelaje de los autores, dudo que no haya sido una ocasión interesante para figurar. Quizás sencillamente no fueron invitados –para potenciar la imagen de transversalidad y extensión de las redes del trío Díaz, Joignant y Navia- o bien prefirieron abstenerse de validar el protagonismo de la dupla Velasco & Enríquez-Ominami. Mal que mal, el primero no tiene partido y no está en los planes inmediatos de ninguno de los jefes opositores, mientras el segundo les recuerda todos los traumas que desean superar. Velasco, por más que se mimetice con Bachelet, es un outsider para el establishment concertacionista. Su perfil liberal es problemático para las aspiraciones de mover la coalición hacia la izquierda y su opción sólo toma vuelo en ausencia de la ex presidenta, eventualidad que nadie quiere enfrentar. Marco, por su parte, es consistente con su estrategia de echar andar el ventilador con caca sobre todo lo que tenga que ver con los veinte años de la Concertación.  Así las cosas, nadie en los partidos de oposición tiene incentivos en agrandarlos.

El trío de dueños del boliche parecen creen que entre ambos está la cosa. Por algo los escogieron. Son tipos con ojo y no dan puntada sin hilo. Por eso los echaron a pelear ayer. Pelearon poco, es cierto. Pero alcanzaron a dibujar diferencias de forma y fondo que pueden ser determinantes en la carrera que se viene.

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/09/30/asi-fue-el-primer-round-velasco%e2%80%93meo/

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POR LA CRUZ DE SAN JORGE

septiembre 28, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 23 de septiembre de 2011)

No es común ver la bandera de Inglaterra –blanca con una cruz roja que la atraviesa- desplegada en las calles de Londres. Sí es común observar en todas partes la Union Jack –la mítica pop azul cruzada de rojo y blanco- que representa a toda la isla británica. Por estos días se juega el Mundial de Rugby en Nueva Zelanda, y como en toda competencia deportiva de envergadura, las naciones que componen la Gran Bretaña corren con colores propios. Los pubs ingleses exhiben la enseña inglesa, los escoceses la escocesa y los galeses la galesa.

Sin embargo, cuando no se trata de fútbol, rugby o cricket, flamear la bandera con la cruz de San Jorge no es un detalle decoroso. Es incluso mal visto. Recuerda tiempos en los cuales en nombre de esa bandera se organizó todo el movimiento nacionalista xenófobo de ultra derecha que atemorizaba inmigrantes y dejaba tras de sí una estela de violencia y exaltación política. Probablemente el mejor retrato del período esté en la película “This is England” del director Shane Meadows. Hace algunas semanas la temida English Defense League (EDL) marchó por la calles del sur de Londres para recordar a sus compatriotas que no han abandonado el objetivo de “purificar” suelo inglés. Como era de esperarse, la cruz de San Jorge fue protagonista.

Grupos anti-EDL se dieron cita para rechazar la convocatoria. Alegan tener conocimiento de los vínculos entre la extrema derecha inglesa y el asesino que acaba de terminar con la vida de 76 personas en una isla noruega. En efecto, Anders Behring Breivik era un entusiasta admirador de la EDL. A su vez, los nacionalistas ingleses han utilizado todo tipo de eufemismos para evitar una condena directa a la masacre. Muchos rescatan el “espíritu de la cruzada anti-musulmana” de Breivik.

Si bien ese sentimiento radical está muy focalizado y es absolutamente minoritario, existe otro sentimiento nacional más extendido que no involucra odiosidad frente a lo extranjero sino que se manifiesta a través de una actitud pragmática de aislacionismo. La mentalidad de isla no desapareció con la globalización. Hoy los conservadores británicos se congratulan por su consistente euroescepticismo. Mientras la moneda común del continente se hunde poco a poco, en Londres la libra esterlina sigue firme. “Tuvimos razón”, parecen decir, “siempre tuvimos razón al decir que no”. Tanto así que el actual gobierno está estudiando tomar medidas más profundas que los distancien de Bruselas.

Los dos sentimientos nacionalistas reseñados no tienen relación. Mientras el primero es racista, discriminador y de guata, el segundo es estratégico, respetuoso y con mucha cabeza.  El primero tiene por misión hacer de la vida de los ajenos un infierno, el segundo sólo busca asegurar mejores condiciones para los propios sin cargar con los costos de los demás. El primero se hace con la cruz de San Jorge, el segundo con la Union Jack.

Si los chilenos somos los ingleses de América Latina, entonces nada de esto nos debe parecer muy extraño. No tenemos una invasión islámica en Santiago y nuestra xenofobia se limita más bien al racismo que hacemos sentir a todos aquellos ligados al mundo indígena del continente. Pero sí tenemos algo de esa mentalidad de isla, forjada en el encierro entre cordillera y mar. Se lo firmo: si mañana despierta el debate sobre la necesidad de mayor integración regional, o sobre la creación de un parlamento sudamericano o eventualmente de unificación monetaria, los chilenos seremos los primeros en poner cara de asco. Como los británicos, nos sentimos mejor solos que en pandilla. Además porque al mateo del curso no le conviene hacerse cargo de las malas notas de otros. Se requiere cierto altruismo que no tenemos. Esto sin mencionar que los proyectos políticos latinoamericanos son todavía muy disímiles, a diferencia de lo que ocurre en Europa donde el camino está más o menos señalado.

Los laboristas británicos –generalmente entusiastas del proyecto de unificación europea – guardan silencio ahora que las cosas no están saliendo bien para el viejo continente. La derecha moderada de Cameron consolida su posición en esta materia. Como le ocurre a Sarkozy en Francia, tiene a su flanco una derecha extrema de la cual distanciarse, pero cuya fuerza está lejos de constituir una amenaza electoral como la que representa la dinastía Le Pen. La EDL no es un actor político legitimado, más bien una preocupación de orden público. El desafío de Cameron es encontrar el tono para empalmar con el independentismo histórico británico condenando al mismo tiempo la generación de focos radicales de xenofobia y fascismo que florecen cada cierto tiempo.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/por-la-cruz-de-san-jorge-2.html

Stand Up Liberal

septiembre 26, 2011

El pasado miércoles 21 de septiembre en las dependencias del Bar Recóndito en la comuna de Santiago se realizó el primer “Stand Up” o “Micrófono Abierto” de Red Liberal. Les dejamos a continuación algunas de las intervenciones que realizaron los autores de este blog:

Link para ver el resto de los videos: http://www.redliberal.cl/primer-stand-up-liberal

LA INVITACIÓN DE CAROLINA

septiembre 23, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 23 de septiembre de 2011)

Para producir cambios hay que generar tensión. Eso fue lo que hizo Carolina Tohá y la directiva del PPD al promover la superación de la Concertación y la ampliación de la coalición hacia otros actores políticos y sociales. Las reacciones del timonel DC Ignacio Walker, respaldado por su aliado PS Osvaldo Andrade, son testimonio de la resistencia que genera el cambio.

Ahora bien, Tohá no estaba esperando resultados inmediatos. Es demasiado inteligente como para haber creído que sus socios aceptarían incondicionalmente la invitación del documento “Convergencia Opositora”. ¿Con qué objetivo habrían de regalarle un triunfo político al partido que más arriesga las cuotas de poder distribuidas en la Concertación? Sin duda, Tohá debió anticipar el chaparrón. Pero aun así, consideró que valía la pena sacar a sus pares de la comodidad.

Tiene razón el PPD en su diagnóstico central. La Concertación debe morir para dar paso a otra cosa. Aquellos que se aferran a ella demuestran su incapacidad para crear algo nuevo, con todas las incertidumbres y oportunidades que todo proceso fundacional conlleva. Los que se aferran a ella le hacen un flaco favor al recambio de las elites y en general a la política chilena.

Pero el proyecto parece estar cruzado de contradicciones. Por cierto, la más importante no es que la nueva coalición se apellide “opositora”. Quedarse en ese detalle refleja una vez más el corto alcance del debate en Chile.

Las contradicciones relevantes están en tres frentes. Primero, a nivel ideológico y programático. De la invitación de Tohá se desprende un giro a la izquierda. Es un llamado a recomponer lazos con el marquismo, el comunismo y los movimientos sociales que auspician un cambio en el modelo político y económico. Es otra expresión de la victoria final de los autoflagelantes. En este escenario, pedirle a la Falange de Walker que sonría en la foto es por lo menos iluso. El mundo liberal concertacionista tampoco parece estar convocado. Ninguna de estas pérdidas, en todo caso, resulta muy dramática para el Girardismo.

La segunda contradicción apunta a las formas y los estilos de hacer política. Tohá apela a cambiar los códigos a través de los cuáles la dirigencia se relaciona con la militancia y la ciudadanía. Eso implica estar dispuestos a ceder parcelas de influencia que nadie entrega de manera gratuita. Pero más importante aún, implica desconocer el modus operandi que mantuvo robusta a la coalición mientras estuvo en el poder. Las redes clientelares son parte del tejido nervioso de la Concertación. La incapacidad del actual gobierno para anticipar, monitorear y contener las movilizaciones sociales le da toda la razón a quienes defendían la existencia de operadores políticos, verdaderos intermediadores entre la política y los estudiantes, trabajadores y gremios.

La tercera contradicción se radica en la escasa renovación de figuras capaces de liderar el novel proyecto. Incluso aquellos que se presentan como representantes de la nueva generación hacen gala del mismo lenguaje confrontacional, cargado de resentimientos y premunido de los viejos prejuicios que se escucharon en otro tiempo. Por otra parte, que los partidos le hayan encargado al líder del PS echar las bases de la refundación resulta al menos incoherente en este contexto de demandas oxigenadoras.

En síntesis, la tensión generada por la propuesta de Tohá superó los umbrales de tolerancia de las llamadas fuerzas conservadoras de la Concertación –aunque ellos prefieren denominarse “el eje histórico”- y lo más probable es que disminuya a niveles productivos arrojando resultados bastante más modestos: un cambio de marca, arreglos cosméticos, un partidito invitado para hacer como que la coalición creció. En cualquier otra aventura hay mucho que perder.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/09/23/la-invitacion-de-carolina/

LA DERECHA Y EL FANTASMA DEL ’93

septiembre 16, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 16 de septiembre de 2011)

Aunque es probable que la cruzada de Carola Tohá por refundar la Concertación termine estrellándose contra mil intereses creados, cien dirigentes apernados e innumerables prácticas nauseabundas, hay que reconocer que al menos en la centroizquierda hay algunos tratando de revertir el clamoroso rechazo que reciben los actores políticos. En el oficialismo, en cambio, a nadie se le pasa por la cabeza que sus partidos requieren cirugía mayor. Ya sea porque las urgencias de renovación y reconfiguración no parecen tan urgentes cuando se está ejerciendo el poder, ya sea porque a final de cuentas se trata de la misma generación que se resiste a abandonar el protagonismo, lo cierto es que la centroderecha no se inmuta frente a al virus que también los afecta. Les preocupa la baja aprobación del gobierno, seguramente. Pero ni la UDI ni RN se sienten genuinamente parte del problema.

Por lo anterior, tal como muchos en la Concertación no están dispuestos a muchos sacrificios cuando Bachelet puede recuperar el poder sin esforzarse demasiado, otros tantos en la Alianza –no le sigamos llamando Coalición por el Cambio a lo que sigue siendo la vieja Alianza por Chile- están conscientes de que con padrón limitado y sin outsiders suficientemente poderosos, la batalla del 2013 estará reducida al mismo enfrentamiento de siempre. Para cuando llegue ese momento, la tragedia y el acaso le han regalado dos precandidatos presidenciales. Golborne el primero. La resurrección de Allamand el segundo.

Subrayar estos liderazgos no constituye ninguna falta de sensibilidad u oportunismo. Sostener esta acusación es ignorar cómo funciona la política. Maquiavelo solía decir que un buen gobernante requería de armas propias –virtud- y armas ajenas –fortuna- para tener éxito en su labor. En otras palabras, talento y oportunidad. Hay quienes vivieron siendo talentosos, sostenía Maquiavelo, pero nunca tuvieron la oportunidad que necesitaban para demostrarlo. Otros en cambio se vieron súbitamente premiados con la oportunidad, la cual desperdiciaron por no ser lo suficientemente talentosos. Golborne y Allamand no crearon estas situaciones. Simplemente les sucedieron. Ahora hay que ver cómo administran ese capital. El primero desde la epopeya eufórica de San José, el segundo desde la tristeza sobria de Juan Fernández.

Si la derecha tuviera que escoger a su candidato presidencial mañana, tanto la UDI como RN reclamarían su derecho a competir con caballo propio. Con Lavín reducido a cenizas y Longueira buscando su espacio desde el gabinete, es razonable pensar que –al fin- llegaría el momento de este último. Con Hinzpeter absolutamente devaluado y Allamand en una posición incierta pero expectante, también se hace lógico pensar que –al fin- llegaría el turno del otrora líder de la patrulla juvenil.

Sin embargo, hasta cierto punto, Allamand y Longueira son lo mismo. Larga historia partidaria en ambos casos, vidas enteras dedicadas a la política. Justamente esos partidos y esa política que a la ciudadanía le provoca dolor de cabeza. Golborne en cambio está fresquito. A diferencia de lo que ocurre en la cultura política de la izquierda, en la derecha siempre los independientes han gozado de buena reputación.

Si el escenario fuese el anterior, es imposible no acordarse de la definición presidencial de la entonces “Unión por el Progreso de Chile” allá por 1993. En aquella ocasión, cuando RN no pudo imponer el nombre del empresario Manuel Feliú y la UDI batallaba testimonialmente con su entonces presidente Jovino Novoa, los gremialistas declinaron su opción en favor del senador independiente Arturo Alessandri, que calentaba a pocos pero no irritaba a nadie. La opción de RN se esfumó. Raya para la suma: Golborne puede ser el nuevo Alessandri. Si la fuerza de los dos partidos oficialistas es pareja y se neutraliza mutuamente, el independiente caído del cielo empalma perfectamente con la tradición del sector.

La política es impredecible y por supuesto que esta proyección puede desvanecerse en pocos meses. Pero con el reingreso de los coroneles a la primera línea y el espaldarazo que acaba de recibir el ala dura de Larraín en RN, no pareciera haber en ninguno de los dos partidos el ánimo de replantearse el presente para dibujar un futuro distinto para la centroderecha.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/09/16/la-derecha-y-el-fantasma-del-93/

AMY, BIENVENIDA AL CLUB

septiembre 11, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 9 de septiembre de 2011)

Hay un solo aspecto en la vida en el cual me declaro derechamente conservador: mis preferencias musicales. Estoy convencido que la música popular, en especial el Rock and Roll, no ha visto mejores días que aquellos en los cuales The Beatles nacían, se reinventaban y morían. Los sesenta, y en menor medida los setenta, no han sido superados. Por lo mismo, el célebre, trágico y exclusivo Club de los 27 –superestrellas del rock fallecidas a esa tempranísima edad- está poblado por leyendas de antaño. Brian Jones, de la formación original de los Rolling Stones muere en una piscina en 1969. Jimi Hendrix, la guitarra más endemoniada del planeta, ahogado en su propio vómito en 1970. Janis Joplin, ícono de la generación hippie, el mismo año por sobredosis de heroína. Pocos meses después, Jim Morrison, el poeta maldito de The Doors, también deja de existir por causas que nunca se aclararon del todo. La potentísima influencia de Nirvana en la escena musical de principios de los noventa le permite también a Kurt Cobain –suicidio, 1994- entrar al selecto grupo de las leyendas que no llegaron a las 28 primaveras. Siempre me pareció una inclusión justa: mi conservadurismo musical no me impidió disfrutar la adolescencia de la mano del grunge y el funk, respectivamente, de Pearl Jam y Red Hot Chilli Peppers.

Por todo lo anterior me costó evaluar la repentina –si se puede hablar de repentina cuando el protagonista grita a los cuatro vientos durante años que se va a matar- desaparición de la británica Amy Winehouse. Y después de darle varias vueltas al asunto, mi conclusión personal es que Amy tiene todas las credenciales para pertenecer al Forever 27. Como todos sus predecesores, fue una creyente ortodoxa de la filosofía Better to Burn Out Rather than Fade Away. Su corta vida fue una poesía espasmódica al estilo de vida del Rock and Roll, pero no reducida a las cantidades de alcohol y droga, sino a la creencia sincera de que “la habilidad de lucha no tiene que ver con cuán grande seas, sino con cuanta rabia posees”, en sus propias palabras. Por lo mismo Amy estaba desilusionada –con razón- de sus contemporáneos: “escucho la música de la radio y no pretendo ser grosera, pero esa gente no tiene alma”.

En particular, la música británica ha perdido la hegemonía que alguna vez tuvo. Es cosa de hacer la lista de las mejores bandas de la historia. Aparte de los Fab Four de Liverpool y los mitos vivientes que son Jagger, Richards, Wood & Watts, seguramente incluiremos a Led Zeppelin, Queen, Pink Floyd, The Who y The Clash. Todos británicos. U2? Cerquita, irlandeses. Por eso la escena inglesa estaba tan convulsionada con la aparición del Brit Pop de los noventa. La armada de Pulp, Oasis, Radiohead y Blur entre otros tuvo lo suyo, pero el tiempo se encargó de dar vuelta la página. Un paseo por la noche de Manchester –ex Madchester– basta para darse cuenta. Los clubes y discotecas son territorio de Lady Gaga y hiphoperos que hace tiempo no viven en el ghetto. De hecho, para los hombres amantes del viejo riff de una guitarra el trade off es difícil de aceptar: los locales con buena música no tienen muchas mujeres, y éstas abundan en los recintos donde es mejor entrar con orejeras aislantes.

Sin embargo, Amy era distinta. Su segundo disco Back to Black –no he parado de escucharlo desde entonces- es una joya. Su vozarrón nos recuerda a Aretha Franklin, su corazón Soul al sonido Motown. Sus letras, con el permiso de Calamaro, pura honestidad brutal. Escogió bien al hacer de Camden, el mítico barrio del norte de Londres, su hogar y guarida. Allí la vida transcurre a mil kilómetros por hora y ella no quería ir más lento que eso. Donde todavía se puede bailar en estado de catarsis al ritmo del rockabilly. La noche del 23 de julio, apenas se descubrió su cuerpo inerte, fui con un grupo de amigos chilenos a The Dublin Castle, uno de los locales preferidos de la Reina de Camden, a brindar por ella. Al día siguiente hicimos la procesión a su casa. Entre copas de vino, botellas de vodka y latas de cerveza, escondí dos cigarros como ofrenda a su memoria.

Bienvenida al Club de los 27, Winehouse. Bienvenida al panteón de los héroes trágicos del exceso, de los amantes lujuriosos de las cavernas musicales, de los creadores mágicos de mundos paralelos. O como cantarían los australianos de AC / DC, For Those About to Rock, We Salute You.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/amy-bienvenida-al-club-2.html

EL CARTEL DE LOS PARTIDOS

septiembre 9, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 9 de septiembre de 2011)

Dos noticias recibimos esta semana respecto a reformas políticas. Una buena y otra mala. La buena es que el Gobierno anunció, con la venia de todos los partidos, el proyecto de ley que establece primarias vinculantes para decidir quiénes corren tras un cupo presidencial, parlamentario y edilicio. La mala es que las mismas autoridades dejaron entrever que los plazos se acortan para la aplicación de la inscripción automática y que, con toda probabilidad, no estará en funciones para las elecciones municipales del próximo año. Quizás ni siquiera para las presidenciales y parlamentarias del 2013.

El problema es que la buena noticia no es tan buena como parece y la mala es realmente nefasta.

Que se entienda bien: por supuesto que la ley de primarias es un avance. En un sistema que privilegia a los candidatos dentro de pacto, ganarse la nominación del partido es a veces más relevante que competir en la carrera final. Si el vencedor de la primaria representa a la coalición completa, entonces ya tiene el escaño en el bolsillo. Recuerde el reciente episodio de Lo Barnechea, con los RN Felipe Guevara y Ximena Ossandón sometidos a una primaria voluntaria que declaró vencedor al primero, transformando la elección oficial de alcalde en un mero trámite. Lo positivo es que se abren las puertas a quienes quieren disputar dicha nominación sin depender de lo que decida una comisión entre cuatro paredes, cargada de intereses, clientelismos y sondeos propios. Es el sueño mojado del marquismo original: que exista competencia -aunque muchas veces sea apenas un saludo a la bandera frente a la irreductibilidad de los incumbentes.

Pero la iniciativa tiene también una lectura estratégica. Los partidos políticos están reafirmando su voluntad de cartel, coordinados para evitar el surgimiento de nuevos actores que los desafíen por fuera, obligando a los interesados a canalizar sus aspiraciones a través de sus estructuras, las únicas viables para abrigar expectativas de éxito. ¿Se oxigena así la elite política? En cierta medida. Sin embargo el lamentable costo puede haber sido abandonar indefinidamente la reforma al sistema binominal. A fin de cuentas, si los partidos abren sus puertas a la competencia interna, el binominal no parece tan perverso. Seguirá siendo un empate concertado, con la bienvenida pero limitada cuota de incertidumbre radicada en el proceso previo.

La segunda noticia ya parece el cuento de Pedrito y el lobo. Era promesa fija del gobierno de Bachelet y no pasó nada. Era parte esencial del programa político de Piñera, y todavía no pasa nada. Aunque la medida ya está aprobada, esta vez los inconvenientes surgen en la etapa de implementación. ¿Pueden ser nuestras autoridades tan displicentes? No, no es displicencia ni incompetencia ni desidia. Es nuevamente el espíritu de cartel. El escenario está tan líquido, la juventud tan revoltosa y los partidos tan resistidos que mejor diablo conocido que bueno por conocer. Con el padrón actual y sin el milagro de una inscripción masiva, los mismos de siempre ganarán las futuras elecciones. Por eso nadie está muy apurado en el Ejecutivo ni en el Congreso por cumplir la palabra empeñada. ¿O se imagina usted a la clase política atentando contra su propia estabilidad laboral? Desde la derecha dicen que quieren evitar un “Transantiago electoral” –refiriéndose al riesgo de tener un padrón irregular- pero es razonable sospechar -sencillamente porque ya no quedan explicaciones plausibles para el retraso- que lo que buscan es esquivar un descalabro electoral a manos de las nuevas generaciones, donde más ha caído la popularidad del actual Gobierno.

Sumando y restando, el Gobierno pierde la oportunidad de presentar un paquete completo y audaz de reformas políticas para romper la tensa calma de la crisis de representación y se protege de las eventuales inclemencias electorales, mientras los partidos de todo el espectro respiran aliviados de que sus posiciones de poder no serán sustancialmente amenazadas. En otras palabras, el sistema político chileno se pone un parche curita cuando necesita un trasplante de riñón.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/09/09/el-cartel-de-los-partidos/

HACIA UNA DEMOCRACIA MÁS DIALOGANTE

septiembre 6, 2011

por Daniel Brieba (publicada en El Dínamo el lunes 5 de septiembre de 2011)

A pesar de la violencia y la polarización ciudadana de las últimas semanas, el conflicto actual revela una democracia que – más que estar simplemente deteriorándose- ha roto definitivamente con su estructura cupular y elitista, y que inciertamente transita hacia otra más inclusiva y horizontal. El Chile del mañana se jugará en buena parte en la calidad de la democracia que construyamos para esta nueva época, donde las demandas de inclusión por parte de una clase media emergente y empoderada serán la tónica y donde el consentimiento ciudadano a las decisiones políticas ya no se podrá dar por sentado.

Aumentar la capacidad de nuestra democracia para procesar demandas y conflictos no es tarea fácil. Los 20 años de democracia de consensos parecen haber sido un fenómeno cupular y generacional antes que un cambio cultural profundo en la manera de relacionarnos, la cual sigue tendiendo con pasmosa facilidad a la confrontación y a las medidas de fuerza. Así, la construcción de una democracia a la vez inclusiva y dialogante requerirá avanzar en varios frentes, de los cuales quiero destacar dos.

El primero, institucional, es donde por buenas razones se ha centrado la atención, y supone aumentar la representatividad, accountability y capacidad de acción del sistema político mediante reformas electorales y partidistas. Para ello se han propuesto algunas medidas- como mayor proporcionalidad en el sistema electoral, fin a algunas supermayorías en el Congreso, financiamiento público a los partidos políticos e inscripción automática, entre otras- que de implementarse ayudarían a recomponer el vital nexo entre partidos, instituciones y ciudadanía, sin el cual la conflictividad endémica y una primacía constante de la calle sobre la urna serán la consecuencia más probable.

El segundo frente es más difuso pero no por ello trivial: debemos seguir avanzando en la construcción de normas compartidas sobre los modos legítimos de ejercer el derecho a protesta y sobre las formas legítimas que tiene el Estado para mantener el orden público. Hemos visto repetidamente como al conflicto de fondo sobre educación se han sumado innecesarias y dañinas disputas sobre la legalidad de las marchas o la legitimidad del actuar de Carabineros. Un debate público sobre las reglas que regulan la expresión y el control de la protesta serviría para empezar a renegociar y consensuar éstas. Por cierto, una mayor rendición de cuentas en esta área sería altamente deseable: por ejemplo, la confianza en Carabineros se vería acrecentada si tuviésemos un sistema imparcial y efectivo de reclamo ante el actuar indebido de fuerzas policiales, al modo de la Independent Police Complaints Commission del Reino Unido.

Las movilizaciones sociales son un correctivo a los inevitables déficits de las instituciones representativas, y por ello también son parte de una democracia saludable. Nuestro aprendizaje democrático en esta área está en ciernes, pero en la medida en que nos acostumbremos a la marcha y al control policial pacíficos, al diálogo en serio como estrategia anterior a la toma (y no al revés) y a la civilidad y respeto mutuo en el lenguaje público, erosionarán menos la convivencia y ganarán en legitimidad como parte normal y hasta deseable de un sistema institucional que otorga amplio espacio a la expresión y resolución de conflictos.

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/hacia-una-democracia-mas-dialogante/

EDUCACION: LA BATALLA IDEOLOGICA

septiembre 2, 2011

por Cristobal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 2 de septiembre de 2011)

Unos dicen “el Gobierno hace primar razones ideológicas”. Los otros, “los estudiantes están ideologizados”. ¿Quién tiene razón? Ambos. Gran parte de los argumentos esgrimidos –y que volverán a ser presentados en la mesa de negociaciones que se viene- son legítimamente ideológicos, en el sentido que promueven una determinada visión de cómo debe funcionar la sociedad.

La derecha cree sinceramente que el emprendimiento privado es una expresión de la libertad. Libertad económica, dirán algunos. Está bien, pero desde esta particular perspectiva la libertad para producir y consumir los bienes que las personas estimen conveniente es por excelencia la libertad donde el ser humano despliega sus intereses y capacidades. No sólo esto, además la derecha cree –o debiera creer, como ha sostenido la UDI- en que la expectativa de utilidad funciona como incentivo y aliciente necesario para mejorar la oferta. No es mentira: no les entra en la cabeza que algunos piensen que lucro se opone a calidad.

En la vereda opuesta, los estudiantes han promovido ideas generalmente de izquierda. Salvo la demanda de “educación superior gratuita” –que implicaría que los impuestos de todos los chilenos paguen la universidad de los más ricos- el resto está bastante alineado: educación entendida como un bien público que no puede ser sometida a la lógica de mercado. Más Estado, menos negocio. Aunque existan algunos establecimientos lucrativos que desarrollan una buena labor y otros sin fin de lucro que dan pena, el principio se presenta como indisoluble: una vez terminada la fiesta de los empresarios inescrupulosos se abre el jardín de la calidad. Sarcasmo aparte, este razonamiento contiene una verdad del porte de una catedral: plena libertad de emprendimiento en educación deriva en mayor desigualdad de resultados.

En síntesis, mientras el Gobierno no quiere sacrificar libertad de enseñanza por igualdad, el movimiento estudiantil –y el lote de actores políticos que se le cuelgan- prefiere menos libertad en este particular ámbito en aras de asegurar un bien público igual para todos.

Nada en esta discusión –la que he simplificado para efectos expositivos- es particularmente nuevo. Ya Tocqueville decía que el amor de los hombres por la igualdad los predisponía al sacrificio de la libertad, siendo preferible para ellos la igualdad en la pobreza a la libertad en la aristocracia. El libertario Robert Nozick hacía notar que la libertad altera todos los patrones: aunque todos comiencen la partida con lo mismo, al cabo de un tiempo la libertad imperante habrá cambiado el estado original de las cosas. Vargas Llosa reconocía la tensión entre libertad e igualdad con cierta resignación, animando a los hombres a tratar de conciliarlas.

Se trata, sin duda, de un debate que más allá de sus aristas técnicas esconde definiciones ideológicas centrales. Como es improbable que los actores sentados a la mesa de negociaciones cambien su manera de entender el problema –los defensores de la libertad no se hacen cargo de sus efectos, los amantes de la igualdad no ven sus riesgos- la única salida del conflicto está en hacer concesiones en terreno intermedio. Como se trata justamente de una disputa política –como bien ha dicho Camila Vallejo y le costó entender al ministro Hinzpeter- las partes deben asumir una lógica política: avanzar hacia los acuerdos y aislar los desacuerdos hasta que se produzca una nueva correlación de fuerzas. El actual gobierno de centroderecha, nos guste o no, fue elegido por la mayoría de los chilenos para ejecutar su plan 2010-2014. Tiene derecho a hacerlo conforme a sus paradigmas ideológicos. El movimiento estudiantil ha sido exitoso en presentar el suyo como una alternativa viable y popular. Pero no puede exigirle a quien legítimamente ostenta el poder que cambie el suyo de la noche a la mañana. Eso no es política, sino imposición de las ideas propias por la fuerza. Su mayor éxito radica en sentar al Ejecutivo a buscar puntos de encuentro entre ambas posiciones normativas. El tiempo de los que algunos llamaron “infantilismo revolucionario” se acabó. Ahora corresponde hacer política, el arte de lo posible, sin abandonar necesariamente las convicciones ideológicas.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/09/02/educacion-la-batalla-ideologica/

ESA POLICÍA AZUL

septiembre 1, 2011

por Cristóbal Bellolio (solicitada pero NO publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición del 26 de agosto de 2011)

¿Cómo se imagina el cielo un europeo? Que cocinen los franceses, que los autos sean fabricados por los alemanes, que los amantes sean italianos, la policía sea inglesa y todo coordinado por los suizos. ¿Cómo sería entonces el infierno? Con chefs ingleses, mecánicos franceses, amantes suizos, policías alemanes y gobernado por italianos.

Me he acordado mucho de este chiste a partir de los confusos y violentos eventos que vivieron varias ciudades de Inglaterra hace un par de semanas. El debate desde entonces se ha centrado en el rol que jugaron las fuerzas de orden que batallaron contras las turbas furiosas en calle abierta. La crítica generalizada –deslizada desde Downing Street 10 y compartida por la mayoría de la ciudadanía- es que la policía actuó en forma tímida y permisiva.

Como lo revela el relato introductorio, la policía británica ha sido parodiada por su escaso poder intimidatorio. Los característicos bobbies han protagonizado varias series de televisión donde no destacan precisamente por su agudeza intelectual, su destreza física o su coraje ante la adversidad. ¿Se imagina usted un canal chileno emitiendo una telenovela donde una pareja de carabineros sea frecuentemente ridiculizada? Difícil.

Por el contrario, las fuerzas de orden en Chile no sólo son acreedoras del curioso cumplido de ser “las únicas no corruptas de Latinoamérica” –lo que se ve refrendado cada vez que puntean la categoría de la institución más confiable del país- sino además están revestidas de un aura de autoridad que genera temor reverencial, a diferencia de lo que ocurre en otros países donde no provocan especial respeto.

Estoy consciente que en muchos lugares a lo largo de nuestra tierra los Carabineros son parte de la vida cotidiana de la comunidad y en más de algún caso se habrán creado hasta lazos de compadrazgo entre civiles y uniformados. En lo personal, soy de aquellos que prefiere tener el menor trato posible con ellos. Si no fuera tan sospechoso, cambiaría de vereda para no encontrármelos cara a cara. No creo que sea necesario haber sido víctima de la represión en dictadura – en manos de “esa policía verde” de la que cantan las barras bravas en el estadio – para desarrollar una actitud de distancia y formalidad en el trato con las policías chilenas. Igualmente “atesoro” episodios de pequeños abusos y sutiles persecuciones que me indispusieron desde adolescente con los representantes de la ley. Por lo demás, la concentración de tanto poder en una sola persona –de carne y hueso, igual a nosotros- sumado al excepcional pero nada descartable error de criterio en la evaluación de los hechos delictuales, configuran un escenario de posibilidades coercitivas temibles para cualquier amante de la libertad. En síntesis, aun celebrando que nuestros Carabineros son comúnmente los buenos de la película, por diversas razones nunca he podido tragarme el eslogan de “un amigo, siempre”.

Más allá de las enormes diferencias de fondo entre las movilizaciones por la educación en Chile y los disturbios, saqueos e incendios de Londres, cabe entonces añadir una nueva diferenciación de orden policial. Mientras en Santiago no faltan voces que acusan que Carabineros provoca los incidentes y luego viola los derechos humanos, en suelo británico la pregunta es: ¿Dónde estuvo la policía mientras el lumpen ultrajaba nuestras calles? Los analistas anticipan el fin de la era del “policing by consent (que podría traducirse como el actuar policial restringido a la aceptación de la opinión pública) y el surgimiento de una nueva estrategia menos obsesionada con los derechos del ciudadano y más efectiva en el control del orden local.

Para que se haga una idea, en Gran Bretaña no se usa carro lanza-aguas ni bomba lacrimógena. Después del vendaval, un 90% de los encuestados se manifiesta a favor del uso del primero y un 78% respalda la utilización de las segundas. Nuestro ministro Hinzpeter se querría ese panorama. Y aunque en Chile hemos recibido con sensata incredulidad la propuesta de cierto alcalde de sacar a las FFAA a las calles, nada menos que un 77% de los consultados en la misma medición señaló que quería ver a los militares haciendo frente a los vándalos. Avalado por esta atmósfera de mano dura, David Cameron ha solicitado el consejo de expertos norteamericanos para lidiar con este tipo de amenazas, hiriendo los sentimientos del cuerpo policial británico.

Mientras en Chile el General de la zona metropolitana se limita a comentar que sus hombres “están cansados” por todo el trajín causado por los estudiantes, el Inglaterra el jefe de la policía fue más allá y señaló no estar de acuerdo con la utilización de “eslóganes vacíos” refiriéndose directamente a la promesa de tolerancia cero del primer ministro. La confrontación de la semana en los medios no es entre oficialismo y oposición, sino entre el gobierno y el alto mando policial. Estos últimos no quieren ser el chivo expiatorio: más dureza implica mayores riesgos para todos. Un balín de goma perdido que se va directo al ojo de una niña de 15 años puede implicar una condena insufrible para cualquier uniformado. Por lo demás, la dinámica de los recientes eventos anticipa una nueva forma de desorden callejero que demanda estrategias distintas a las convencionales. El guanaco y la lacrimógena dispersan los bloques compactos, pero son inútiles contra guerrillas urbanas que se esconden, se reagrupan y atacan simultáneamente distintos puntos de la ciudad. Blackberry en mano, los antisociales del siglo XXI se coordinan mucho mejor que antes. Todo indica que el único debate productivo, más allá de la definición central sobre el rol de la policía como agente contenedor o represor, estará en las aulas de las academias de ciencias policiales. Pero tendría que pasar mucha agua bajo el puente para el chiste del comienzo pierda su conexión con la realidad y el policía inglés inspire el mismo temor que el alemán.