HACIA UNA DEMOCRACIA MÁS DIALOGANTE

por Daniel Brieba (publicada en El Dínamo el lunes 5 de septiembre de 2011)

A pesar de la violencia y la polarización ciudadana de las últimas semanas, el conflicto actual revela una democracia que – más que estar simplemente deteriorándose- ha roto definitivamente con su estructura cupular y elitista, y que inciertamente transita hacia otra más inclusiva y horizontal. El Chile del mañana se jugará en buena parte en la calidad de la democracia que construyamos para esta nueva época, donde las demandas de inclusión por parte de una clase media emergente y empoderada serán la tónica y donde el consentimiento ciudadano a las decisiones políticas ya no se podrá dar por sentado.

Aumentar la capacidad de nuestra democracia para procesar demandas y conflictos no es tarea fácil. Los 20 años de democracia de consensos parecen haber sido un fenómeno cupular y generacional antes que un cambio cultural profundo en la manera de relacionarnos, la cual sigue tendiendo con pasmosa facilidad a la confrontación y a las medidas de fuerza. Así, la construcción de una democracia a la vez inclusiva y dialogante requerirá avanzar en varios frentes, de los cuales quiero destacar dos.

El primero, institucional, es donde por buenas razones se ha centrado la atención, y supone aumentar la representatividad, accountability y capacidad de acción del sistema político mediante reformas electorales y partidistas. Para ello se han propuesto algunas medidas- como mayor proporcionalidad en el sistema electoral, fin a algunas supermayorías en el Congreso, financiamiento público a los partidos políticos e inscripción automática, entre otras- que de implementarse ayudarían a recomponer el vital nexo entre partidos, instituciones y ciudadanía, sin el cual la conflictividad endémica y una primacía constante de la calle sobre la urna serán la consecuencia más probable.

El segundo frente es más difuso pero no por ello trivial: debemos seguir avanzando en la construcción de normas compartidas sobre los modos legítimos de ejercer el derecho a protesta y sobre las formas legítimas que tiene el Estado para mantener el orden público. Hemos visto repetidamente como al conflicto de fondo sobre educación se han sumado innecesarias y dañinas disputas sobre la legalidad de las marchas o la legitimidad del actuar de Carabineros. Un debate público sobre las reglas que regulan la expresión y el control de la protesta serviría para empezar a renegociar y consensuar éstas. Por cierto, una mayor rendición de cuentas en esta área sería altamente deseable: por ejemplo, la confianza en Carabineros se vería acrecentada si tuviésemos un sistema imparcial y efectivo de reclamo ante el actuar indebido de fuerzas policiales, al modo de la Independent Police Complaints Commission del Reino Unido.

Las movilizaciones sociales son un correctivo a los inevitables déficits de las instituciones representativas, y por ello también son parte de una democracia saludable. Nuestro aprendizaje democrático en esta área está en ciernes, pero en la medida en que nos acostumbremos a la marcha y al control policial pacíficos, al diálogo en serio como estrategia anterior a la toma (y no al revés) y a la civilidad y respeto mutuo en el lenguaje público, erosionarán menos la convivencia y ganarán en legitimidad como parte normal y hasta deseable de un sistema institucional que otorga amplio espacio a la expresión y resolución de conflictos.

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/hacia-una-democracia-mas-dialogante/

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