Archive for 29 octubre 2011

AL MUERTO LE VOLVIÓ EL HABLA

octubre 29, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 28 de octubre de 2011)

Después de meses de conducción errática en torno al conflicto estudiantil, el gobierno parece haber encontrado una voz. Hasta hoy, no le había resultado nada. Trató de ignorar al movimiento en un comienzo y su potencia le estalló en la cara. Intentó dividirlo y se estrelló con su cohesión. Apostó al desgaste de las movilizaciones y se sorprendió con su vigor.  Se la jugó por llevar la discusión al ámbito del orden público pero el éxito fue apenas marginal. En el camino, perdió un ministro del ramo y tocó fondo en las encuestas.

La llegada de un nuevo vocero empoderado a La Moneda cambió parte del escenario. El gobierno salió a recordar que la educación gratuita que pedían los universitarios beneficiaba en la práctica a los sectores de más altos ingresos del país. Aunque no se anotó una victoria determinante, el argumento permeó y fue repetido en innumerables foros. Esta semana los esfuerzos se concentraron en otra cuestión central: la gratuidad que exige la CONFECH deja fuera al 70% de la educación superior, la que se desarrolla en universidades e institutos privados. En castellano, lo que hizo el gobierno fue llamar la atención respecto de que las demandas del movimiento representan sólo los intereses de un determinado grupo de presión y no proporcionan respuesta al endeudamiento de la gran mayoría de los estudiantes chilenos que no asiste a las instituciones del Consejo de Rectores de Universidades Tradicionales (CRUCH).

De hecho, no se trata de demandas paralelas sino francamente incompatibles. La CONFECH quiere que el Estado chileno deje de inyectar recursos en la educación privada, como lo sostuvo claramente Giorgio Jackson en la discusión del presupuesto. Para Jackson, presidente de la federación de una universidad tan privada como cualquiera pero cuyos años le aseguran un estatus especial, el gobierno estaría beneficiando instituciones cuyo fin es el negocio y no el interés público.

El eslogan todo lo puede, pero ¿qué es realmente el interés público?

Algunos han sostenido que el aumento de cobertura –gracias a la proliferación de instituciones privadas- es ya un aporte público, en el sentido de abrir oportunidades inéditas para una generación, oportunidades que sus padres no tuvieron.  

Por otra parte, si bien es evidente que hay muchas universidades que violando la ley han preferido repartir utilidades entre sus dueños antes que reinvertir en calidad para sus alumnos, otras tantas sin fines de lucro han generado un espiral de competencia que redunda en mejor calidad para el sistema en su conjunto. Por primera vez en la historia este año tendremos ocho universidades privadas compitiendo con las tradicionales en el mismo mecanismo de postulación universal post PSU.

Finalmente, otros han señalado que el rol público de una universidad debe evaluarse considerando sus contribuciones al desarrollo del país y no atendiendo a sus dueños. La reforma procesal penal, por ejemplo, no salió de las aulas de una institución del CRUCH, sino de una universidad privada de indiscutibles credenciales republicanas. La reforma laboral, otro ejemplo, está siendo promovida en estos momentos por otra privada ¡de la cota mil!

¿No son estos argumentos suficientes para cuestionar la tesis del “interés público” que plantea la CONFECH?

Sus dirigentes han sostenido, diciendo la verdad, que la OECD comparte el diagnóstico del movimiento estudiantil chileno. Lo que no han querido decir es que la misma OECD no discrimina de acuerdo a la propiedad pública o privada de las instituciones, ni acerca de sus métodos de financiamiento. Compartir el diagnóstico es una cosa. Coincidir en las soluciones es otra distinta

Es altamente improbable que el gobierno logre derrotar al movimiento estudiantil con estos argumentos. Su apego a una particular visión ideológica (que el mercado debería absorber el problema educacional) y la poca visión que ha tenido para aprovechar de transformar la crisis en una oportunidad (nada más vacío que el Presidente hablando de una “revolución” en la educación) le seguirán penando. Pero al menos han conseguido poner un par de ideas propias sobre la mesa, ordenando la agenda en los medios de comunicación –El Mercurio y La Tercera asumieron el libreto- y encontrando aliados inéditos –como el cura Montes a nombre de la universidad privada de los jesuitas- bajo la causa de igualdad de trato y no discriminación entre estudiantes de instituciones tradicionales y privadas. Mejor tarde que nunca, a La Moneda le volvió el habla.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/28/conflicto-estudiantil-al-muerto-le-volvio-el-habla/

JESSE NORMAN Y LA IMPORTANCIA DEL RELATO

octubre 27, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital, edición del 21 de octubre de 2011)

Durante la campaña presidencial, el entonces candidato Sebastián Piñera tuvo que aguantar una procesión de analistas e intelectuales que enfatizaban la importancia de contar con un “relato” de gobierno que trascendiera al mero perfeccionamiento de la gestión pública. Digo que tuvo que aguantar porque nunca se compró mucho esa necesidad. Para Piñera, educado en el rigor de los números y los balances, esta obsesión por el “relato” obedecía más bien a la deformación profesional de asesores esotéricos, metafísicos y buenos para la paja molida. Por lo anterior, no les prestó oreja y siguió adelante con el plan señalado: convencer a los chilenos de que el país requería menos ideas abstractas y mejor trabajo en terreno. Que lo que le faltaba a Chile era una “nueva forma de gobernar”.

Hace un par de semanas el propio Piñera, esta vez como presidente, recibió en La Moneda al parlamentario y académico británico Jesse Norman. Se trata nada menos que de uno de los ideólogos de “relato” del gobierno de David Cameron, autor de The Big Society, obra calificada como la piedra angular del nuevo conservadurismo del Reino Unido. Por supuesto, no estuve presente en dicho encuentro e ignoro qué consejos pudo haber recibido el presidente chileno de boca del señor Norman. Sin embargo tuve la oportunidad de conocerlo y escucharlo el día anterior en una actividad organizada por la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. En la ocasión, lo interrogué directamente acerca de la importancia que, a su juicio, revestía para un gobierno –independiente de su color político– el contar con un relato articulador o narrativa central. La respuesta no dio espacio a dudas: lo consideraba fundamental. Asumo que le dijo lo mismo al presidente unas horas después.

Mi tesis es que Piñera subestimó una herramienta política tremendamente relevante. Y al hacerlo, debilitó su conducción. Las razones son las siguientes.

La primera es estratégica. Un eje semántico al cual apegarse ordena la agenda. Si la bandera es, por ejemplo, reducir la desigualdad, todas las batallas se articulan en función de dicha bandera. Todas las propuestas políticas salidas del Ejecutivo van con el sello “reducir la desigualdad” y la opinión pública entiende que la evaluación depende del cumplimiento de ese objetivo. En el caso del actual gobierno, la dispersión ha sido constante. Un día es la sociedad de las oportunidades, al otro día la sociedad de las seguridades y una semana después la sociedad de los valores. Al mes siguiente son siete ejes y al rato tres transformaciones. La dispersión facilita la pérdida del control de la agenda.

La segunda razón es interna. Tal como los jugadores de un equipo de fútbol saben a qué atenerse cuando el planteamiento táctico es conocido, un relato orientador de la gestión de gobierno funciona como la brújula que ordena todos los esfuerzos hacia un mismo norte. Sean del partido político que sean, de la repartición que sean o del nivel que sean, los funcionarios de gobierno juegan con un libreto que establece prioridades y administra contingencias desde una idea central. Más aún, si el Presidente no es capaz de contagiar a sus huestes de mística y sentido colectivo, un relato atractivo y compartido por los miembros de un gobierno puede suplir esa carencia.

En tercer lugar, un relato sustantivo –es decir, uno que conecte con ideales políticos y no sólo con mejoras en la administración– promueve una serie de discusiones intelectuales de las cuales el gobierno puede sacar provecho. Una vez instalado en el debate público, el relato es defendido por algunos y criticado por otros, pero en ese proceso crece y adquiere vida propia. Hasta las teorías extravagantes merecen discusión. Una discusión, por lo demás, que no termina en el primer ni en el segundo año de gobierno. Ya que se trata de ideas relativamente abstractas, no es fácil tampoco desecharlas a la primera, lo que le ha ocurrido al gobierno de Piñera cada vez que se denuncia la lentitud del proceso de reconstrucción o las fallas en los hospitales públicos; si la promesa era excelencia y sentido de urgencia, es procedente su cobro en cualquier momento.

Finalmente, contar con una idea fuerza capaz de proyectarse en las labores más relevantes de un gobierno le permite al oficialismo elegir la asociación simbólica que le sea más favorable. En otras palabras, no tiene que aceptar el calificativo que le ponga el rival. Así por ejemplo, si somos el gobierno de la clase media –y situamos el eje en la igualdad de oportunidades– dejamos de ser el gobierno de los empresarios o de los trabajadores. Pero ello implica también convocar un gabinete que represente a dicha clase media. Si el eje está totalmente volcado a la superación de la pobreza, lo mismo. Cuando esto se hace en forma coherente, la oposición ya no sólo ataca al oficialismo sino a todo lo que el oficialismo representa. Hoy, en cambio, pegarle a Piñera es gratis: son pocos los que tienen en alta estima a los grandes empresarios.

Entendería si todo esto le resulta al lector inasible, etéreo y, una vez más, paja molida. El presidente Piñera estaría de acuerdo con usted. Pero en tiempos en los cuales la aprobación o desaprobación depende tanto de la habilidad política y comunicacional de los actores, ignorar estos consejos puede ser una mala idea. Jesse Norman le diría lo mismo.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/jesse-norman-y-la-importancia-del-relato-2.html

ABORTO TERAPÉUTICO: NO ELUDIMOS NADA (UNA RESPUESTA A LA COLUMNA DE ROSARIO VIDAL)

octubre 25, 2011

por Rodrigo Cáceres, Doctor (c) en Filosofía y César Miranda, Vocero de Red Liberal (publicada también en El Dínamo el 20 de octubre de 2011)

Hace algunos días atrás Política Para Principiantes publicó la columna ABORTO TERAPÉUTICO: LA FALACIA DE ELUDIR LA CUESTIÓN (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2011/10/04/aborto-terapeutico-o-la-falacia-de-evadir-la-cuestion) escrita por Rosario Vidal, miembro del movimiento político Red Liberal. Puesto que consideramos que Rosario se equivoca en algunas de sus apreciaciones, y motivados por la intención de contribuir a una discusión más precisa sobre el tema, y además para expresar lo que estimamos es la postura mayoritaria de Red Liberal sobre el asunto en cuestión, hemos decidido escribir esta columna en respuesta al trabajo de la citada autora.

¿Qué se elude?

Comienza Rosario recordándonos la falacia denominada Ignoratio Elenchi (elusión del asunto) en torno a la cuestión del aborto terapéutico. Supone quien escribió dicho artículo que una de las primeras elusiones en que incurriríamos aquellos que defendemos el aborto terapéutico consistiría en no tomar en cuenta que existe una legislación clara para evaluar los casos en que sería lícito interrumpir el embarazo –abortar– cuando la madre corra peligro de muerte.

Esto, debe enterarse el lector, es completamente erróneo. A nivel jurídico existe una amplia discusión sobre la configuración o no del delito de aborto en el supuesto de aborto terapéutico, tanto en sus fundamentos como en su extensión. Para ello recomendamos a Rosario revisar el artículo “Consideraciones críticas sobre la regulación del delito de aborto en el anteproyecto de nuevo código penal elaborado por el foro del Ministerio de Justicia” de los profesores Horvitz y Soto. Además debemos dejar hacer presente que no existe la claridad que supone la señora Vidal en la práctica médica respecto de si la legislación actual es suficiente para generar la confianza en los médicos como para realizar un aborto terapéutico. Ejemplos a favor de esto hay varios, basta que recordemos artículos difundidos por la prensa en los que distintas madres no han podido abortar en casos en los que era evidente que debió haberse realizado un aborto.

La segunda elusión a la que se refiere la señora Vidal dice relación con el concepto de “aborto terapéutico”. Afirma la autora que se debe usar la expresión “interrupción terapéutica del embarazo” en vez de la anterior, y que esta última no pasa de ser un eufemismo. Nos sorprende este argumento, más aún si consideramos las fuentes que utiliza Vidal para esta conclusión. No negaremos el hecho de que existen autores que realizan la contraposición entre lo que se denomina “aborto terapéutico” y la “interrupción terapéutica del embarazo”. Sin embargo dicha distinción nos parece artificial, al menos por dos razones:

 a) Carlos Valenzuela (sí, el mismo que Vidal utiliza como fuente en su artículo), profesor de Genética, Ética y Epistemología de la Universidad de Chile, si bien reconoce la distinción realizada en el párrafo anterior, la critica diciendo “hemos visto que si no hay intención de matar al ser humano en gestación no debería llamarse ‘aborto’. Pero es innegable que si no se tienen los recursos para continuar el desarrollo del feto o embrión ‘ex útero’, una interrupción del embarazo cuando este ser no es viable es conducente a su muerte. Luego, aunque no se quiera matarlo, se detiene su desarrollo y queda en condiciones de muerte. Por eso continúo llamando a esta acción ‘aborto terapéutico’ porque físicamente lo es” (“Aborto: Aborto terapéutico y Ética científica”, publicación del Colegio Médico de Chile). La crítica que realiza Valenzuela es certera al exponer la artificialidad del término.

b) si tenemos en cuenta que la definición de aborto es, efectivamente, “interrupción del embarazo”, y si hacemos un simple ejercicio de lógica, a saber:

            b1) tenemos en cuenta que “aborto” se define como “interrupción del embarazo”

            b2) y en la expresión “aborto terapéutico” remplazamos la palabra “aborto” por la definición arriba expuesta, dando como resultado:

            b3) “interrupción terapéutica del embarazo”

cabría la duda sobre dónde radicaría el eufemismo, si en aquellos que en vez de decir “interrupción terapéutica del embarazo” dicen “aborto terapéutico”, o bien, en    aquellos que, como la señora Vidal, no queriendo usar la palabra “aborto” al lado de “terapéutico”, eluden que “aborto” significa “interrupción del embarazo”.

Debemos agregar que existe una diversidad de casos en los que la madre ve en riesgo su salud en virtud del embarazo. La intervención médica para resolver el dilema anterior podrá ser, considerando la naturaleza del riesgo, una de las siguientes:

a) Una medida que permita el mejoramiento tanto de la madre sin hacer peligrar al feto o al embrión.

b) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que puede ser privativo de la vida del feto o del embrión, pero que en caso alguno tiene esta última intención.

c) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que será privativo de la vida del feto o del embrión, resultado que en este último caso es “no deseado, no intentado”.

d) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que será privativo de la vida del feto o embrión pues consiste, precisamente, en su eliminación, y donde la intención de sanar es coexistente con la intención de matar.

El caso c) nos merece un comentario, similar a la que plantea Valenzuela. Sin querer adentrarnos en una discusión de carácter médico-ético nos cuesta comprender por qué no existe intención idéntica en c) y d) si en ambos casos la acción tendrá como resultado, inevitablemente, la muerte del feto o del embrión. Podemos entender que sea algo no deseado, pero sin duda alguna la acción, el intento, reúne las características de un acto privativo de vida para el sujeto que la sufre, a saber, el embrión o el feto. Si frente al riesgo vital de una embarazada de siete semanas la única solución para mantener viva a la madre es el vaciamiento uterino ¿no será lógica la muerte del embrión si se procede con dicha medida? Si entendemos por intención “la determinación de la voluntad en orden a un fin” no ponemos en duda que el fin sea salvar la vida de la madre, sin embargo dicho supuesto se encuentra presente tanto en c) como en d) y en ambos casos, el medio utilizado es la privación de la vida de otro sujeto (suponiendo que el feto o embrión lo es). Si se pretende justificar señalando que en un caso el resultado es indirecto y el otro directo, como da a entender la frase “la paciente no se cura porque el embrión o feto muere, sino que el embrión o feto muere al curar el médico la enfermedad”afirmamos que dicha distinción no pasa más allá de ser un artificio lingüístico, pues la cura, en sí misma, conlleva a la inexorable muerte del feto o embrión.

Consideraciones finales sobre el aborto como derecho

Ahora bien, Vidal afirma que la defensa del “aborto como derecho”, en tanto se sostiene como una defensa de los derechos de la mujer, supondría lo siguiente: a) que la maternidad sería un obstáculo; b) que la responsabilidad sería exclusiva de la mujer; c) que un embarazo no planeado sería un fracaso; y d) que el embarazo le restaría autodeterminación a la mujer.

Quizás ahora estemos en presencia de otro tipo de error argumental de parte de la señora Vidal. Podría perfilarlo de la siguiente manera: en general, la defensa del aborto como derecho de la mujer supone que ser madre no es una obligación. Supone que cada mujer puede abordar su embarazo de la manera en que le parezca, según sus creencias y valoraciones –suponiendo un Estado de Derecho, por cierto, pues, para que no se retruque apresuradamente, la defensa del derecho de la mujer a abortar no supone ponerle una lápida a la sociedad en su conjunto–. Supone, en este sentido, que si una mujer cree que un feto anancefálico es una carga emocional innecesaria, ella tiene el derecho de abortar; que si una mujer es violada y queda embarazada por esta razón, ella tiene el derecho a abortar si esto es lo que desea; supone que la responsabilidad parental es de ambos padres, pero que la mujer es la que queda embarazada; supone que si una mujer no quiere quedar embarazada en un momento determinado, tiene derecho a ponerle fin a dicho embarazo, y que si ella considera que quedar embarazada le implicaría algún costo que no está dispuesta a asumir, tal consideración le corresponde exclusivamente a ella y no a alguna otra instancia, como el Estado.

De esta manera, al parecer la señora Vidal, en la enumeración de suposiciones que realiza respecto de quienes defienden el “aborto como derecho”, cae en lo que se conoce como “conclusión desmesurada”, es decir, generaliza más allá de lo que los datos le permiten. Y lo hace de la siguiente manera: eludiendo el concepto de “libertad” que está implicado en la defensa del derecho de la mujer a abortar. Como elude dicho concepto, llega al absurdo de suponer que la defensa del derecho al aborto implica considerar que la maternidad sería un obstáculo, cuando dicha
consideración le cabe exclusivamente a la mujer –es decir, es una cuestión que va de caso a caso–. Al contrario, quienes defienden este derecho no suponen que la maternidad en sí misma sea un obstáculo, sino que puede haber mujeres a las que les parezca que sí lo es, y entonces, estar a favor del derecho de la mujer a abortar no implica sino que la maternidad puede ser considerada como un obstáculo o como una bendición, como una carga o como lo más maravilloso del mundo, como algo azaroso e irrelevante, como el medio para una meta, como su realización personal o como sea. De la valoración de cada cual no se hace cargo dicha postura. Pero cuando Vidal afirma que defender este derecho supone tal obstáculo, tanto como que la crianza de los hijos sería responsabilidad exclusiva de la mujer, generaliza la posición de la mujer que opta por abortar y que arguye alguna de las circunstancias, valoraciones o creencias que enumera y a las que hemos hecho referencia. Asimismo pasa con las asociaciones embarazo = fracaso, o embarazo ≠ autodeterminación.

Naturalmente, la cuestión que en este artículo no se aborda, como tampoco lo hace la señora Vidal, es lo que ella plantea al final de su columna, “si el ser humano que se encuentra en su vientre tiene derechos o no”. Instamos a la señora Vidal a abordar esta cuestión en otra columna, en lugar de imaginar ignorationes elenchi donde no las hay, y caer ella misma en tales elusiones (como la ambigüedad que ella misma supone, aunque no explicita, respecto del concepto de aborto).

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/aborto-terapeutico-no-eludimos-nada/

LA REPUBLICA DE PONCIO PILATO

octubre 23, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 21 de octubre de 2011)

Si el lema nacional dependiera de las actitudes más recurrentes de un pueblo, el escudo patrio chileno debería decir “Yo me lavo las manos”. Los actores políticos y sociales llevan un buen tiempo entrenándonos en el deporte nacional de echarle la culpa al vecino, de mirar para el lado, de hacerse los huevones. No recuerdo la última vez que escuché algún dirigente pronunciando la frase “yo me hago responsable”.

Esta semana los líderes del movimiento estudiantil señalaron que los encapuchados violentistas no tenían nada que ver con ellos. Sin duda es positivo que levanten la voz y hagan las distinciones pertinentes. De esa manera evitan caer en el juego del Gobierno que espera que la opinión pública finalmente no diferencie entre causa legítima y barricada absurda. En el fondo, lo que los estudiantes hicieron fue reconocer que son incapaces de autorregularse. Aceptaron no tener el control. Aceptaron que la convocatoria a la marcha pacífica y la explosión delictual son fenómenos correlativos. Pero sin hacerse cargo de lo último. Para eso está Carabineros, dicen. Paradójica tautología: luego culpan a Carabineros por el origen de la violencia.

Desde Nueva York, la ex Presidenta Bachelet se saca todos balazos respecto de la crisis de la educación. Ella no tuvo ninguna culpa. Otros fueron los responsables. Lamentable actitud, viniendo de quien sufriera en carne propia el lavado de manos de su antecesor Ricardo Lagos, quien señaló que el problema del Transantiago no había estado en el diseño sino en la implementación. Como Pedro Fernández, todos en la Concertación entonando el “Yo No Fui”.

En la UDI el síntoma Poncio Pilato alcanza dimensiones dramáticas. Uno de sus alcaldes preferidos cierra la matrícula escolar para los alumnos que provengan de otras comunas, vulnerando medio a medio el principio “popular” que dice promover el gremialismo. Otro alcalde de la misma tienda se juega a brazo partido para perpetuar la segregación capitalina, impidiendo el acceso de hinchas del verdadero club “popular” de Chile. Uno de sus diputados forcejea con una secretaria de la Cámara, con resultados lamentables: la secretaria pierde la criatura que cargaba en su vientre. El diputado, como Camila y Michelle, se saca los pillos. Peor aún, dice que no murió una guagua sino un embrión. Pero sigue representando al partido que dice defender la vida desde la concepción. No hay tirón de orejas, no hay amonestación. Nadie se hace cargo, nadie asume una responsabilidad.

Por lo anterior es destacable que el PS y el PPD pase a Tribunal Supremo a sus militantes Jaime Estévez y Daniel Fernández, respectivamente. Entiendo que mi posición puede resultar curiosa: los liberales no nos sentimos cómodos en instituciones rígidas y militarizadas. Pero la chacota tiene un límite. Si un partido político es una agregación de convicciones y no un club de amigos, entonces es esperable que tome medidas cuando uno de sus miembros parece atentar contra el corazón de dichas convicciones. El PS tiene razones para cuestionar la conducta de Estévez como presidente de la UC así como la tiene el PPD para preguntarse por la gestión de Fernández a la cabeza del proyecto Hidroaysén. Es cierto que ambas de desarrollan en el ámbito privado, pero la repercusión pública de ambas está fuera de discusión. Un partido que no toma cartas en el asunto, avala con su silencio. Como lo hace la UDI, que ya va necesitando una piscina para lavar tantas manos.

Pero no nos extrañemos tanto. Heredamos la cultura Poncio Pilato de una derecha que nunca fue capaz de hacer un mea culpa institucional por las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura que apoyó, y de una izquierda que profitando del romanticismo de sus íconos nunca fue sólida para decir “la cagamos”. Lo triste es que parece que la “savia nueva”, la generación que estábamos esperando para cambiar los códigos de la política chilena, viene formateada con el mismo chip: lista y presurosa para no asumir ninguna responsabilidad.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/21/la-republica-de-poncio-pilatos/

La Entrevista de Pirincho en El Post: Cristóbal Bellolio

octubre 20, 2011

Viene llegando de Inglaterra y, tema obligado, iniciamos los fuegos con los movimientos ciudadanos y los desórdenes públicos. ¿Hay alguna relación entre los ocurridos en Londres y lo que vemos en Chile? Para Cristóbal Bellolio, abogado, profesor y fundador de “Red Liberal”, las coincidencias son pocas o ninguna.

Por su condición de treintañero, dedicamos varios minutos al debate del recambio y al juicio que tiene sobre el rol de las nuevas generaciones en política. Todo inmerso también en el esfuerzo por consolidar un nuevo referente político, plural y transversal, que supere los viejos anclajes del que son presa los actuales protagonistas del debate público.

Por supuesto que el conflicto de la educación estuvo presente, especialmente en lo que se refiere a los problemas de la desigualdad, la falta de oportunidades y cómo esos y otros tópicos son abordados por un liberalismo igualitario, tradición de la cual se siente parte. Nos hicimos también espacio para la autocrítica y sus apuestas sobre cómo se viene el futuro de corto y mediano plazo.

Video 1: Comparación política entre Gran Bretaña Y Chile ante manifestaciones.
Video 2: Desigualdad, educación y crecimiento. Ser díscolo hoy.
Video 3: Red Liberal y el recambio generacional.
Video 4:  Autocrítica, la Concertación y sus “nuevos” dirigentes.

*Agradecemos la cordialidad y gentileza de Sheraton Santiago
Créditos: Asistencia de Dirección y cámara: Antonio Sáez. Cámara: Constanza Brito. Producción periodística: Iván Stipicic. Dirección General: Marco Silva, Edición Periodística: Juan Manuel Astorga.

Link: http://elpost.cl/producto-post/entrevistas-de-pirincho

Salvemos la Democracia: ¡Inscripción Automática Ahora!

octubre 18, 2011

Transcribimos carta firmada por 108 académicos, actores sociales y líderes de opinión publicada en El Mercurio el lunes 17 de octubre de 2011:

“Chile tiene en la actualidad uno de los sistemas de registro electoral más extraños del mundo: en la Constitución existe la inscripción automática desde abril de 2009, pero en la práctica seguimos teniendo la obligación de inscribirnos en un registro disponible en ciertos lugares, en ciertos días y cierto horario.

Si todos los sectores políticos manifestaron su voluntad de eliminar esta verdadera barrera a la entrada a la participación política, ¿qué pasa que la inscripción automática hoy no está vigente? Se requiere de una ley que la implemente. Los responsables han aludido la dificultad técnica de incorporar parte importante de los no inscritos al padrón automático. De esta manera se pone en riesgo su implementación para las elecciones municipales del 2012 y presidenciales – parlamentarias 2013.

El resultado del actual sistema: después de 21 años de democracia, más del 90% de los mayores de 45 años votan, pero sólo el 20% de los menores de 30 años lo hace. 

Chile tiene la capacidad de acelerar el proceso y cumplir lo señalado en la reforma. Lamentablemente la inscripción automática significa para muchos representantes mayor incertidumbre respecto de su propio resultado electoral, escenario que prefieren evitar. El incentivo pareciera estar en dejar las cosas como están, mientras se sigue debilitando la representatividad de nuestra democracia.

Los firmantes de esta carta, formando parte de un movimiento ciudadano transversal, no buscan una ventaja electoral para un partido o sector político determinado. Del mismo modo tienen visiones distintas respecto del debate de fondo sobre la voluntariedad u obligatoriedad del voto. Entre ellos también existen diferencias respecto de las otras modificaciones que requiere nuestra democracia. Aun así, todos coinciden en que el estado actual sólo consolida un padrón estrecho y avejentado a la vez que augura menos competencia y participación electoral; la inscripción automática es paso esencial y prioritario para revertir la crisis de representatividad.

Por lo anterior, especialmente en un año en el cual la juventud se ha tomado la calle para expresar su deseo de incorporarse al debate público, se hace urgente que los actores políticos cumplan su compromiso. Sabemos que nuestras instituciones públicas son capaces en corto plazo de salvar las barreras técnicas que implica este desafío. Lo que demandamos es la voluntad política para que esta reforma se haga operativa antes de las próximas elecciones municipales. Estamos contra el tiempo y no podemos esperar un día más.

A través de esta carta y los abajo firmantes exigimos al Gobierno, Congreso y Partidos Políticos que discutan con urgencia inmediata la legislación que permite la pronta implementación de la inscripción automática.

Sebastián Iglesias, Cristóbal Bellolio, Sebastián Bowen, Claudio Fuentes S., Jaime Bellolio, Marcela Ríos, Robert Funk, José Francisco García, Tomás Chuaqui, Lucia Dammert, Francisco Javier Díaz, Patricio Navia, Jorge Navarrete, Juan Pablo Luna, Nicolás Grau, Mauricio Dorfman, Humberto Sichel, Felipe Heusser, Marcelo Brunet, Luis Felipe Merino, Rodrigo Castro, Danae Mlynarz, Eugenio Guzmán, Cristobal Aninat, Lucas Sierra, Oscar Landerretche, Julio Pertuzé, Alejandro Micco, Stephanie Alenda, Andrés Valdivia, Claudia Heiss, Daniel Hojman, Aldo Schiappacasse, Juan Pedro Pinochet, Claudia Sanhueza, Eduardo Engel, Javier Couso, Andrea Betancor, Aldo González, Andrés Azocar, Camilo Ballesteros, Cecilia Castro, Sebastián Cantuarias, Gonzalo Müller, Consuelo Saavedra, Ángel Soto, Vlado Mirosevic, Jorge Contesse, Gonzalo de la Maza, Sergio España, María de los Ángeles Fernández, Pedro Glatz, Cristóbal Huneeus, Alex Godoy, Alejandra Jorquera, Soledad Teixidó, Marcelo Mena, Claudio Castro, Juan José Ossa, Rodrigo Jordán, Matias Asún, Daniel Manoucheri, Rodrigo Guendelman, Fernando Paulsen, Claudio Agurto, Luis Argandoña, Davor Mimica, Javier Sajuria, Alfredo Joignant, José Miguel Benavente, Rolando Jiménez, Monserrat Nicolás, Carlos Correa, María Gracia Subercaseaux, Roberto Méndez, Kenneth Bunker, Andrea Repetto, Harald Beyer, Camilo Feres, Cristina Bitar, Felipe Melo, Elisa Zuleta, Axel Káiser, Andrés Kalawski, Diego Schalper, Gloria De La Fuente, Pamela Díaz-Romero, Manuel Antonio Garretón, Matías del Río, Juan Carlos Eichholz, José Viacava, Pablo Ruiz-Tagle, Patricia Politzer, Sergio Micco, Kenzo Asahi, Leo Prieto, Patricio Fernández, Max Colodro, Cristóbal Tello, Cristóbal Yurazseck, Javier Fano, Esperanza Cueto, Javier Sanfeliú, Pablo Lira, Juan Manuel Astorga, Andrea Sanhueza, Rossana Castiglioni, Francisco Javier Urbina, María Olivia Recart, David Altman.

Link: http://diario.elmercurio.com/2011/10/17/nacional/politica/noticias/E447E226-03FF-412F-8E4E-63B1ADA119B3.htm?id=

http://www.mer.cl/modulos/catalogo/Paginas/2011/10/17/MERSTNA004CC1710.htm

http://www.eldinamo.cl/blog/salvemos-la-democracia-%c2%a1inscripcion-automatica-ahora/

REFORMA POLÍTICA: LA OTRA BATALLA DE LOS ESTUDIANTES

octubre 16, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 14 de octubre de 2011)

El movimiento estudiantil aceleró el proceso de agotamiento de una generación en el poder. El capital político construido debe ponerse ahora al servicio de una causa necesaria, factible y ampliamente legitimada por la ciudadanía: reformar el sistema político.

El plebiscito convocado por estudiantes y profesores fue, desde el punto de vista simbólico, todo un éxito. Aunque es evidente que no tiene ningún efecto vinculante –contra lo que han sostenido algunos entusiastas poco serios- y que sus defectos formales recuerdan el otro plebiscito que terminó en la aprobación de la Constitución de 1980, la capacidad que tuvieron los organizadores de entregar un señal potente de unidad y conexión con la sociedad civil fue notable. El movimiento no sólo se legitimó internamente a partir de la masiva participación y el previsible resultado, sino que además dio una lección de compromiso cívico en el segmento generacional que menos se involucra en los procesos eleccionarios a nivel nacional. Dicho de otra manera, demostró tener la pólvora necesaria para amenazar la comodidad de la clase política, con votos y no con molotov.

La oportunidad es inmejorable para promover la reforma del sistema político –sistema binominal, descentralización, financiamiento, ley de partidos, cuotas de género, voto en el extranjero, entre otras materias- apuntando a devolver la soberanía al pueblo donde más tiene sentido hacerlo: en el origen de la distribución del poder. La nueva constitución a la que muchos aspiran no es una
expectativa realista durante este período y enfrentarse a eso es perder el tiempo. Pero la reforma política tiene mejores horizontes.

Los dirigentes estudiantiles y los actores sociales involucrados en el debate sobre la educación tienen todo el derecho se seguir apelando a una causa sectorial, así como lo tienen los que luchan por una vivienda digna o lo que instan por la igualdad de derechos civiles. Pero sólo los primeros amasan tamaña capacidad de transformar el infantilismo revolucionario en efectivo poder político. Ya no necesitan invitaciones de nadie. A la nueva generación le llegó la hora de ponerse pantalones largos para desafiar a los incumbentes.

La otra alternativa es seguir en la patada y el combo con Carabineros, en la confrontación absurda de “quién es el más ultra”. El problema de esta estrategia es que evade justamente el espacio político como foro idóneo para deliberar sobre lo público. Es comprensible la desconfianza a las instituciones, pero si en algo pueden ayudar los dirigentes de la centroizquierda adulta –que hasta ahora han sido completamente inútiles- es en transmitir la importancia que tiene el respeto a las reglas del juego en un contexto democrático. Es más fácil mandar a todos los partidos políticos a la punta del cerro, pero es más efectivo convertirse en un actor que dispute los espacios de poder y desde ahí realice las transformaciones que estime conveniente. Saltarse las instituciones es ignorar una de las claves del desarrollo de los pueblos.

Empujar una consulta nacional sobre el sistema político ahuyenta los miedos –fundados- de aquellos que no quieren entregar cada política pública al vaivén demagógico que significa saltarse la representación, porque apunta justamente a la raíz de dicha representación. Pareciera haber agua en la piscina para una empresa de esta envergadura. A la Concertación se le hace difícil negarse al encanto juvenil del movimiento y hará cualquier cosa por colgarse de su popularidad. Y aunque estamos acostumbrados a escucharlos de la boca para afuera para luego deshacer en la penumbra, es de esperar que esta vez los ojos se multipliquen para observar el cumplimiento de las promesas. Por el lado derecho, no es realista esperar ayuda de ninguno de los dos partidos. Sí es relevante aprovechar la fisura que existe al menos dentro de RN, donde un grupo disidente ha manifestado públicamente su interés de avanzar en cambios al sistema político. Si eventualmente el Presidente se convence de que hacer estas reformas es saludable para la democracia chilena, el escenario será más propicio que nunca. Y los estudiantes le habrán hecho a Chile un tremendo favor.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/14/reforma-politica-la-otra-batalla-de-los-estudiantes/

THE END

octubre 13, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 7 de octubre de 2011)

Esta es mi última Calling from London. La razón es sencilla: ya no vivo en la capital británica. Ya estoy de regreso instalado en Santiago. Escribo esta columna frente a la cordillera –qué tremenda que es, qué referencia majestuosa que es- y con la vista limitada al poniente por una cortina horizontal de humo gris. Estuve fuera de Chile exactamente un año y un día. Una dulce condena, como dirían Los Rodríguez. Pero todo lo bueno dura poco. Acá ofrezco un par de reflexiones para cerrar el ciclo.

Cuando me preguntan qué fue lo mejor del viaje, mi respuesta parece poco atractiva: lo que aprendí en el Máster. Nunca había disfrutado tanto leyendo y estudiando. Cuando estaba en la Universidad –varios años atrás- jamás leí un texto antes de llegar a clases. Como gran parte de los que hoy rasgan vestiduras por mejor calidad en la educación, yo era de aquellos que –salvo excepciones- aplicaba la ley del mínimo esfuerzo. Es probable que haya obtenido mi título de abogado con un promedio de asistencia inferior al 10%. Con varios años de más y la responsabilidad de hacer rendir una oportunidad única, esta vez me tomé en serio clases, seminarios, lecturas y ensayos. Muy en serio. No falté a ninguna sesión, leí todo el material asignado. Bueno, cuando se oscurece a las 3 y media de la tarde en invierno los incentivos para ser ratón de biblioteca aumentan.

Sobre el nivel académico, es evidente que están muy por sobre nosotros, tanto en metodología –imposible no sentir que uno perdió olímpicamente el tiempo en una carrera de cinco o seis años- como en la calidad de la discusión entre los estudiantes. Ignoro si en el pregrado la desidia de los universitarios chilenos tenga un correlato en la versión inglesa, pero al menos en el postgrado la realidad es muy distinta.

Claro está, la diferencia de recursos materiales y la variedad de estímulos intelectuales crean condiciones particulares. Al menos en el ámbito de la filosofía política, la mayor parte de las discusiones que pude absorber en mi etapa universitaria en Chile llegaban hasta el pensamiento del teórico americano John Rawls y su monumental Teoría de la Justicia, que justamente este año cumple 40 primaveras desde su publicación. En las universidades británicas, por el contrario, los debates comienzan con Rawls y se extienden hasta las últimas contribuciones académicas del profesor que acabas de ver pasar en el pasillo. Tuve la oportunidad de conocer a Ronald Dworkin, Quentin Skinner, Phillipe Van Parijs, Chandran Kukathas, Ann Phillips, Jonathan Wolff, John Finnis, Richard Bellamy, entre otros, cuyos equivalentes en el fútbol podrían ser Cristiano Ronaldo, Zlatan Ibrahimovic o Cesc Fábregas, o en el mundo del cine George Clooney, Nicole Kidman o Kevin Spacey. Y si bien en Chile la universidad más popular de Londres –por muy buenas razones- sigue siendo The London School of Economics (LSE), mi experiencia en University College London (UCL) –que hoy vive su mejor momento histórico al meterse por segundo año consecutivo entre las mejores 5 del planeta según el ranking Times- fue tan gratificante que puedo sin vacilaciones recomendarla para casi todas las áreas del conocimiento, particularmente en derecho, arquitectura y ciencias aplicadas.

¿Otro deleite para la mente? Los chilenos en Reino Unido. Para aquellos que a estas alturas nos volvemos monotemáticos con los asuntos públicos, encontrarse con un batallón de compatriotas en la misma frecuencia es impagable. Echaré de menos las conversaciones con ellos a calor de una pint, en los techos de Camden o en las terrazas de Angel, en los bares de Bloomsbury o en los callejones de Hackney. A través de esta columna les envío a todos ellos mi agradecimiento por lo aprendido a su lado. Ojalá que las ganas de cambiar el mundo –partiendo por Chile- no se apaguen con los años.

Sobre Londres, la ciudad, nada de lo que escriba acá será suficiente. Si bien monstruosa e inabordable como Ciudad de México o Bangkok, es también sofisticada como Nueva York e inteligente como Berlín. Es imposible domar a Londres. Es imposible ganarle. Fueron y volvieron diez veces. Va demasiado rápido y no se detiene a recoger a los caídos. Las alternativas son ponerse las zapatillas de clavo para seguirle la pista o mejor no salir de la casa. Dan ganas de tener cien ojos para fotografiarlo todo. De hablar mil lenguas para entenderlo todo. De ser multimillonario para acceder a todo.

Gasté varias zapatillas en sus cuadras interminables, visité los baños de todos los locales nocturnos del norte y el este de la ciudad, comí todas las variedades de curry imaginables, fumé rapidísimos puchos congelándome los huesos, hice incontables peregrinajes a Heathrow, me reencontré con el deporte rey en los pastos de Regent’s Park, taché de la lista todos los mercados que había que patiperrear, trabé amistades de los cinco continentes, me sentí más latino que nunca, cumplí uno de los sueños de mi vida. A través de 22 columnas, incluida ésta, intenté transmitir algo de lo que iba absorbiendo para los lectores de Capital. Espero que haya sido de su agrado.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/the-end-2.html

40 AÑOS DE “TEORÍA DE LA JUSTICIA” DE JOHN RAWLS

octubre 11, 2011

por Daniel Loewe (publicada en La Tercera el lunes 10 de octubre de 2011)

En 1971 fue publicada la Teoría de Justicia. Un tratado de más de 600 páginas que cambió el paradigma de la filosofía política y cuya influencia ha traspasado los límites de la academia.

El tema de Rawls, profesor en Harvard fallecido el 2002, es la justicia de la sociedad. Rawls entiende la sociedad como una empresa cooperativa, y la justicia está llamada a repartir sus cargar y beneficios. Pero si en las sociedades coexiste una pluralidad de concepciones del bien ¿cómo fundar los principios de justicia?

La respuesta de Rawls es demandante: independientemente de su concepción de la vida buena, usted coincidirá con los principios por él propuestos. Sólo tiene que acceder a un experimento mental que genera una situación de imparcialidad: la posición original. ¿Si no supiese cual es su posición económica, sus talentos naturales, sus virtudes productivas, así como su concepción del bien, qué principios de justicia escogería para organizar la sociedad en la que vivirá?

Esta es una decisión bajo incertidumbre. Y siguiendo una interpretación de la Teoría de la Decisión Racional en estos casos hay que guiarse por el criterio de decisión Maximin, que asegura el máximo de los mínimos.

Una analogía aclara la idea: imagine que usted no puede saber si mañana lloverá, pero debe decidir hoy si mañana sale de su casa con paraguas. El mejor de los mundos es salir sin paraguas y que brille el sol; el segundo es salir con paraguas pero con sol. El tercero, con paraguas y con lluvia. Pero el peor de los mundos es que usted decida salir sin paraguas y que mañana esté diluviando. El criterio Maximin nos lleva a evitar este último escenario: sin información, usted siempre debe salir con paraguas.

Lo mismo sucede con los principios de la justicia: en la posición original usted aceptaría principios de distribución desigual sólo si van en beneficio de todos, especialmente de los más desaventajados. Según Rawls usted escogerá dos principios de justicia. El primero distribuye las libertades y derechos fundamentales de un modo estrictamente igualitario. El segundo, que se compone de dos partes, acepta la desigualdad pero sujeta a condiciones. Por una parte, el acceso a cargos y posiciones debe estar abierto a la justa igualdad de oportunidades. Por otra parte, cualquier mejoramiento en la posición de los más aventajados sólo es legítimo si mejora la posición de los más desaventajados. Este es el muy discutido Principio de la Diferencia.

La posición de Rawls se suele denominar liberalismo igualitario. Es liberal, porque el primer principio (las libertades fundamentales) tiene prioridad por sobre el segundo. Es igualitario, porque funda la justicia en el humilde reconocimiento de que muchas de nuestras ventajas no son más que resultado del azar. ¿Acaso usted merece su posición económica y social inicial, o sus talentos naturales? Esta lotería, nos recuerda Rawls, no es ni justa ni injusta. La justo e injusto refiere a como la enfrentamos.

En torno a este opus magnum han girado los debates de la filosofía política de los últimos 40 años. Sea para criticarlo o para defenderlo, la referencia a Rawls es obligatoria. Además, ha tenido influencia en múltiples temas y disciplinas. Entre muchos otros, la justicia social y penal, el derecho internacional, la democracia, el entendimiento del bienestar, la salud y la educación.

En nuestro país son muchos los que se han visto influidos por el pensamiento de Rawls. Para celebrar los 40 años de Teoría de la Justicia, el Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales y la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez han organizado una conferencia con la participación de importantes académicos e intelectuales, entre los que se cuentan Fernando Atria, Olof Page, Carlos Peña, Carlos Ruiz, Miguel Vatter, Pablo Ruiz-Tagle, Juan Ormeño y Cristóbal Bellolio.

12 de octubre, de 15:00 a 20:30; 13 de Octubre, de 10:00 a 18:30. Sede: Auditorio Biblioteca Central, Universidad Diego Portales, Vergara 324. Más información en: andres.florit@udp.cl

Link: http://papeldigital.info/lt/2011/10/10/01/paginas/044.pdf

AUTORITARIOS, POPULARES Y DISPERSOS

octubre 9, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 7 de octubre de 2011)

¿Qué alternativas le quedan al gobierno una vez quebrada la mesa de conversaciones con el movimiento estudiantil? A grandes rasgos se pueden identificar dos caminos.

Del primero ya tuvimos una probadita a comienzos de semana. La ley que “penaliza la toma” –ese es el titular, no es realista esperar que la ciudadanía espere leer el proyecto para opinar- apunta como han sostenido muchos a consolidar el voto duro de la derecha, ese que pide mano dura y no le perdona a su gobierno que se le escape el orden público. Es una estrategia curiosa porque es osada, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los chilenos apoya la causa de los estudiantes. La interpretación de La Moneda, asumo, es que llegó la hora de gobernar con los propios antes de ofrecerle amor –nunca correspondido- a los del frente. Sin embargo, estaremos de acuerdo en que falló la prudencia política: las fallidas negociaciones estuvieron precedidas por recriminaciones mutuas y un ambiente de crispación y desconfianza.

El segundo camino también lo hemos visto, escuchado y leído cada vez que el Presidente o su ministro de educación señalan que no están dispuestos a financiar la universidad de los ricos con el impuesto que pagan los pobres. Independiente de cuán ajustada a la verdad sea esa declaración, es indiscutible que suena sensata y razonable. Cuando va dirigida justamente a los sectores más desposeídos del país –aquellos que todavía sueñan con el acceso a la educación superior y no han llegado a la etapa de amargarse por el endeudamiento posterior- se trata de un discurso que puede surtir cierto efecto. El problema, una vez más, está en la credibilidad. ¿Pareciera ser este el tipo de gobierno que pone énfasis en los más pobres? Las encuestas demuestran que, por el contrario, más personas creen hoy que se trata del gobierno de los empresarios, los mismos de La Polar, una clase endogámica que después de concentrar el poder económico ahora se protege con el poder político.

En resumen, la primera alternativa casa al gobierno de Piñera con la dureza tradicional de los gobiernos de derecha y alimenta el fantasma del autoritarismo, mientras la segunda pareciera encaminarse a recuperar la narrativa popular del lavinismo: “que los ricos se cuiden solos”.

Lo que llama poderosamente la atención –y lo que indigna a quienes votamos por este gobierno por una razón distinta a las anteriores- es la carencia de un discurso unificador coincidente con el perfil del Presidente que pusiera todas las fichas en la igualdad de oportunidades. Si esta centroderecha estuviera realmente comprometida con la idea de una sociedad meritocrática donde sean las capacidades y no el origen el que determine el éxito en la vida, habría tirado toda la carne a la parrilla desde el minuto uno para construir una cancha pareja. En concreto, se la habría jugado por transformar el triste estado de la educación pública en sus etapas preescolar y escolar. Hasta una reforma tributaria habría tenido sentido en ese caso.

Piñera siempre subestimó la necesidad de contar con un relato que orientara todos los esfuerzos de su gobierno. Aylwin tuvo la transición, Frei la apertura al mundo, Lagos y Bachelet las garantías universales –en salud y previsión respectivamente. Este gobierno quiso poner huevos en todas las canastas. Confundió el necesario pragmatismo con el pecado de la dispersión. La misma dispersión que le está pasando la cuenta al movimiento estudiantil (¿No era la calidad para todos? ¿O la erradicación del lucro? ¿Ahora es la gratuidad para las tradicionales? ¿Asamblea constituyente y renacionalización del cobre?).

Varios analistas han anticipado que la actual administración no será más que un paréntesis en el largo ciclo de la centroizquierda. Que por querer escribir todas las páginas de la historia terminará apareciendo en ninguna. Que por estar cruzada de miedos atávicos, conflictos de intereses y debates ideológicos no resueltos, su aporte político será limitado. La educación, como le gusta decir al Presidente, era efectivamente la madre de todas las batallas. Pero no ahora retrocediendo pasito a paso con un escudo para bloquear los golpes, sino desde el comienzo como la expresión más pura de una nueva derecha dispuesta a acabar con la injusticia de la cuna que marca el destino. Entonces sí adquiere sentido la competencia, la libertad y el emprendimiento. Bachelet encontró la brújula a medio camino. Ojalá lo mismo le pase al Presidente.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/07/autoritarios-populares-y-dispersos/