ABORTO TERAPÉUTICO: NO ELUDIMOS NADA (UNA RESPUESTA A LA COLUMNA DE ROSARIO VIDAL)

por Rodrigo Cáceres, Doctor (c) en Filosofía y César Miranda, Vocero de Red Liberal (publicada también en El Dínamo el 20 de octubre de 2011)

Hace algunos días atrás Política Para Principiantes publicó la columna ABORTO TERAPÉUTICO: LA FALACIA DE ELUDIR LA CUESTIÓN (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2011/10/04/aborto-terapeutico-o-la-falacia-de-evadir-la-cuestion) escrita por Rosario Vidal, miembro del movimiento político Red Liberal. Puesto que consideramos que Rosario se equivoca en algunas de sus apreciaciones, y motivados por la intención de contribuir a una discusión más precisa sobre el tema, y además para expresar lo que estimamos es la postura mayoritaria de Red Liberal sobre el asunto en cuestión, hemos decidido escribir esta columna en respuesta al trabajo de la citada autora.

¿Qué se elude?

Comienza Rosario recordándonos la falacia denominada Ignoratio Elenchi (elusión del asunto) en torno a la cuestión del aborto terapéutico. Supone quien escribió dicho artículo que una de las primeras elusiones en que incurriríamos aquellos que defendemos el aborto terapéutico consistiría en no tomar en cuenta que existe una legislación clara para evaluar los casos en que sería lícito interrumpir el embarazo –abortar– cuando la madre corra peligro de muerte.

Esto, debe enterarse el lector, es completamente erróneo. A nivel jurídico existe una amplia discusión sobre la configuración o no del delito de aborto en el supuesto de aborto terapéutico, tanto en sus fundamentos como en su extensión. Para ello recomendamos a Rosario revisar el artículo “Consideraciones críticas sobre la regulación del delito de aborto en el anteproyecto de nuevo código penal elaborado por el foro del Ministerio de Justicia” de los profesores Horvitz y Soto. Además debemos dejar hacer presente que no existe la claridad que supone la señora Vidal en la práctica médica respecto de si la legislación actual es suficiente para generar la confianza en los médicos como para realizar un aborto terapéutico. Ejemplos a favor de esto hay varios, basta que recordemos artículos difundidos por la prensa en los que distintas madres no han podido abortar en casos en los que era evidente que debió haberse realizado un aborto.

La segunda elusión a la que se refiere la señora Vidal dice relación con el concepto de “aborto terapéutico”. Afirma la autora que se debe usar la expresión “interrupción terapéutica del embarazo” en vez de la anterior, y que esta última no pasa de ser un eufemismo. Nos sorprende este argumento, más aún si consideramos las fuentes que utiliza Vidal para esta conclusión. No negaremos el hecho de que existen autores que realizan la contraposición entre lo que se denomina “aborto terapéutico” y la “interrupción terapéutica del embarazo”. Sin embargo dicha distinción nos parece artificial, al menos por dos razones:

 a) Carlos Valenzuela (sí, el mismo que Vidal utiliza como fuente en su artículo), profesor de Genética, Ética y Epistemología de la Universidad de Chile, si bien reconoce la distinción realizada en el párrafo anterior, la critica diciendo “hemos visto que si no hay intención de matar al ser humano en gestación no debería llamarse ‘aborto’. Pero es innegable que si no se tienen los recursos para continuar el desarrollo del feto o embrión ‘ex útero’, una interrupción del embarazo cuando este ser no es viable es conducente a su muerte. Luego, aunque no se quiera matarlo, se detiene su desarrollo y queda en condiciones de muerte. Por eso continúo llamando a esta acción ‘aborto terapéutico’ porque físicamente lo es” (“Aborto: Aborto terapéutico y Ética científica”, publicación del Colegio Médico de Chile). La crítica que realiza Valenzuela es certera al exponer la artificialidad del término.

b) si tenemos en cuenta que la definición de aborto es, efectivamente, “interrupción del embarazo”, y si hacemos un simple ejercicio de lógica, a saber:

            b1) tenemos en cuenta que “aborto” se define como “interrupción del embarazo”

            b2) y en la expresión “aborto terapéutico” remplazamos la palabra “aborto” por la definición arriba expuesta, dando como resultado:

            b3) “interrupción terapéutica del embarazo”

cabría la duda sobre dónde radicaría el eufemismo, si en aquellos que en vez de decir “interrupción terapéutica del embarazo” dicen “aborto terapéutico”, o bien, en    aquellos que, como la señora Vidal, no queriendo usar la palabra “aborto” al lado de “terapéutico”, eluden que “aborto” significa “interrupción del embarazo”.

Debemos agregar que existe una diversidad de casos en los que la madre ve en riesgo su salud en virtud del embarazo. La intervención médica para resolver el dilema anterior podrá ser, considerando la naturaleza del riesgo, una de las siguientes:

a) Una medida que permita el mejoramiento tanto de la madre sin hacer peligrar al feto o al embrión.

b) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que puede ser privativo de la vida del feto o del embrión, pero que en caso alguno tiene esta última intención.

c) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que será privativo de la vida del feto o del embrión, resultado que en este último caso es “no deseado, no intentado”.

d) Una medida que permita el mejoramiento de la madre mediante un tratamiento que será privativo de la vida del feto o embrión pues consiste, precisamente, en su eliminación, y donde la intención de sanar es coexistente con la intención de matar.

El caso c) nos merece un comentario, similar a la que plantea Valenzuela. Sin querer adentrarnos en una discusión de carácter médico-ético nos cuesta comprender por qué no existe intención idéntica en c) y d) si en ambos casos la acción tendrá como resultado, inevitablemente, la muerte del feto o del embrión. Podemos entender que sea algo no deseado, pero sin duda alguna la acción, el intento, reúne las características de un acto privativo de vida para el sujeto que la sufre, a saber, el embrión o el feto. Si frente al riesgo vital de una embarazada de siete semanas la única solución para mantener viva a la madre es el vaciamiento uterino ¿no será lógica la muerte del embrión si se procede con dicha medida? Si entendemos por intención “la determinación de la voluntad en orden a un fin” no ponemos en duda que el fin sea salvar la vida de la madre, sin embargo dicho supuesto se encuentra presente tanto en c) como en d) y en ambos casos, el medio utilizado es la privación de la vida de otro sujeto (suponiendo que el feto o embrión lo es). Si se pretende justificar señalando que en un caso el resultado es indirecto y el otro directo, como da a entender la frase “la paciente no se cura porque el embrión o feto muere, sino que el embrión o feto muere al curar el médico la enfermedad”afirmamos que dicha distinción no pasa más allá de ser un artificio lingüístico, pues la cura, en sí misma, conlleva a la inexorable muerte del feto o embrión.

Consideraciones finales sobre el aborto como derecho

Ahora bien, Vidal afirma que la defensa del “aborto como derecho”, en tanto se sostiene como una defensa de los derechos de la mujer, supondría lo siguiente: a) que la maternidad sería un obstáculo; b) que la responsabilidad sería exclusiva de la mujer; c) que un embarazo no planeado sería un fracaso; y d) que el embarazo le restaría autodeterminación a la mujer.

Quizás ahora estemos en presencia de otro tipo de error argumental de parte de la señora Vidal. Podría perfilarlo de la siguiente manera: en general, la defensa del aborto como derecho de la mujer supone que ser madre no es una obligación. Supone que cada mujer puede abordar su embarazo de la manera en que le parezca, según sus creencias y valoraciones –suponiendo un Estado de Derecho, por cierto, pues, para que no se retruque apresuradamente, la defensa del derecho de la mujer a abortar no supone ponerle una lápida a la sociedad en su conjunto–. Supone, en este sentido, que si una mujer cree que un feto anancefálico es una carga emocional innecesaria, ella tiene el derecho de abortar; que si una mujer es violada y queda embarazada por esta razón, ella tiene el derecho a abortar si esto es lo que desea; supone que la responsabilidad parental es de ambos padres, pero que la mujer es la que queda embarazada; supone que si una mujer no quiere quedar embarazada en un momento determinado, tiene derecho a ponerle fin a dicho embarazo, y que si ella considera que quedar embarazada le implicaría algún costo que no está dispuesta a asumir, tal consideración le corresponde exclusivamente a ella y no a alguna otra instancia, como el Estado.

De esta manera, al parecer la señora Vidal, en la enumeración de suposiciones que realiza respecto de quienes defienden el “aborto como derecho”, cae en lo que se conoce como “conclusión desmesurada”, es decir, generaliza más allá de lo que los datos le permiten. Y lo hace de la siguiente manera: eludiendo el concepto de “libertad” que está implicado en la defensa del derecho de la mujer a abortar. Como elude dicho concepto, llega al absurdo de suponer que la defensa del derecho al aborto implica considerar que la maternidad sería un obstáculo, cuando dicha
consideración le cabe exclusivamente a la mujer –es decir, es una cuestión que va de caso a caso–. Al contrario, quienes defienden este derecho no suponen que la maternidad en sí misma sea un obstáculo, sino que puede haber mujeres a las que les parezca que sí lo es, y entonces, estar a favor del derecho de la mujer a abortar no implica sino que la maternidad puede ser considerada como un obstáculo o como una bendición, como una carga o como lo más maravilloso del mundo, como algo azaroso e irrelevante, como el medio para una meta, como su realización personal o como sea. De la valoración de cada cual no se hace cargo dicha postura. Pero cuando Vidal afirma que defender este derecho supone tal obstáculo, tanto como que la crianza de los hijos sería responsabilidad exclusiva de la mujer, generaliza la posición de la mujer que opta por abortar y que arguye alguna de las circunstancias, valoraciones o creencias que enumera y a las que hemos hecho referencia. Asimismo pasa con las asociaciones embarazo = fracaso, o embarazo ≠ autodeterminación.

Naturalmente, la cuestión que en este artículo no se aborda, como tampoco lo hace la señora Vidal, es lo que ella plantea al final de su columna, “si el ser humano que se encuentra en su vientre tiene derechos o no”. Instamos a la señora Vidal a abordar esta cuestión en otra columna, en lugar de imaginar ignorationes elenchi donde no las hay, y caer ella misma en tales elusiones (como la ambigüedad que ella misma supone, aunque no explicita, respecto del concepto de aborto).

Link: http://www.eldinamo.cl/blog/aborto-terapeutico-no-eludimos-nada/

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Una respuesta to “ABORTO TERAPÉUTICO: NO ELUDIMOS NADA (UNA RESPUESTA A LA COLUMNA DE ROSARIO VIDAL)”

  1. jose Says:

    esta mas o menos, muy poquito myu miserable el datoj

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