Archive for 31 diciembre 2011

CEP: EL INVIERNO INTERMINABLE

diciembre 31, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 30 de diciembre de 2011)

Los analistas políticos tienen una teoría: cuando comienza la primavera el ánimo de la ciudadanía cambia para mejor y con ello mejoran las cifras de aprobación a los gobiernos. El caso chileno, según la encuesta CEP conocida ayer, desmiente la tesis. En un verdadero jueves negro para La Moneda, la administración de Sebastián Piñera tocó fondo y exhibió una paupérrima adhesión de 23%, puntos menos de lo que había obtenido en la misma medición de mediados de año.

Según Adimark el gobierno había logrado quebrar la tendencia a la baja –que registró agosto de 2011 como el peor mes- estabilizándose al alza en torno a los 35 puntos de aprobación. La CEP contradice esa versión, generando un desacuerdo evidente que debe tener a los asesores de palacio buscando desesperadamente una explicación. Cuando los ánimos internos parecían recomponerse, la CEP de noviembre/diciembre es un balde de vidrio molido sobre las expectativas del oficialismo.

Ofrezco dos interpretaciones.

Primero, la idea de consolidar el voto duro ha fracasado como estrategia. La razón es sencilla: durante el 2011 Chile se ha ido alejando progresivamente de los ejes que identifican a la derecha más pura. Ante la pregunta “¿con cuál posición política más se identifica usted?” la respuesta arrojó un 14%, el índice más bajo de este sector a lo largo de 21 años de democracia. Quienes creyeron que endureciendo el discurso recuperaban la base histórica de apoyo no leyeron esta transformación estructural del panorama político chileno. Es probable incluso que el homenaje a Krassnoff (realizado en el corazón del trabajo de campo de la CEP) haya salpicado a una administración que ha hecho poco para distanciarse de sus símbolos del pasado y ha sido negligente en la configuración de una derecha moderna capaz de capturar el centro. Los avances evidentes (postnatal extendido, eliminación 7% jubilados, salario familiar) todavía no han sido capitalizados.

Segundo, que salta a la vista el rechazo a todo tipo de institución que encarne algún tipo de autoridad, verticalidad, jerarquía o tradicionalismo. Cae la confianza en las FFAA y Carabineros. Caen los diarios, la televisión y los medios de comunicación. Sigue la caída libre de la Iglesia Católica y ahora también la Evangélica. Caen la municipalidades y obviamente el gobierno central. Caen los Tribunales y el Ministerio Público. Caen incluso los sindicatos. Caen, por supuesto, el Congreso, los Partidos Políticos y la Empresa Privada. Esto no puede ser casualidad. Todas estas instituciones encarnan algún tipo de poder –militar, moral, político, burocrático, social, económico- contra el cual hay motivos para justificar un sentimiento de rebelión. Piñera es la víctima más visible, pero este fenómeno es mucho más complejo y expresa la vigorosidad de un país distinto que crece incómodo al amparo de reglas del juego gravemente deslegitimadas.

En cierto sentido, las dos interpretaciones están relacionadas. Es precisamente la derecha la que auspicia el fortalecimiento de instituciones que históricamente en Chile han reflejado distribuciones muy asimétricas del poder disponible. Su sostén cultural se confunde con el mismo grupo que abusa de sus posiciones de privilegio y se resiste a emparejar la cancha. Por eso se hacen tan atractivos los liderazgos que amenazan el statu quo y parecen correr por fuera de las estructuras tradicionales.

Esta es también la razón por la cual el libreto del gobierno de Piñera debe sufrir alteraciones significativas. Las reformas políticas y tributarias pendientes son una oportunidad, pero también un laberinto. Si Piñera descansa en la centroizquierda para profundizar la democracia y la equidad encontrará fuertes resistencias en la derecha conservadora que hegemoniza su sector. ¿Podrá enfrentarlos con éxito, sabiendo que tampoco recibirá cariño alguno desde la oposición?

El escenario de crisis económica internacional, vaya paradoja, podría servir de respiro. La popularidad de Bachelet es testimonio de que los chilenos premian a los gobiernos que protegen a los grupos más vulnerables frente a las convulsiones del mercado. Por lo mismo el Presidente ha moderado las expectativas respecto del futuro: sabe que los adversarios externos contribuyen a la unidad interna. En cualquier caso, este se está transformando para Piñera y sus colaboradores en un invierno implacable que se resiste a terminar.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/12/30/cep-el-invierno-interminable-del-gobierno/

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MEJOR VOLUNTARIO QUE OBLIGATORIO

diciembre 28, 2011

por Alvaro Fischer (publicada en El Mercurio el miércoles 28 de diciembre de 2011)

Luego de modificada la Constitución para permitir la inscripción automática y el voto voluntario, diversos personeros del mundo político y de los centros de pensamiento comenzaron a plantear que eso había sido un error, y que el voto debía ser obligatorio. Ese debate ha continuado, incluso después de la reciente aprobación de la ley que regula la inscripción automática y el voto voluntario.

Aunque ambas posturas son legítimas, se sustentan en concepciones distintas de los principios y énfasis en los que se funda el contrato social. Si el voto es voluntario, es porque se le considera un derecho, y si el voto es obligatorio, es porque se le considera un deber. Algunos sostienen que votar es, a la vez, un derecho y un deber, lo que es lógicamente inconsistente o analíticamente imposible. Por definición, una persona sólo tiene “derecho” a voto si está en condiciones de optar entre ejercerlo o no. Pero si una persona está obligada a votar, deja de tener la opción de no votar, por lo que aquello que fundamenta su “derecho” desaparece, y sólo le queda su “deber” de votar. En consecuencia, las personas o tienen “derecho” a voto, o tienen “deber” de votar, pero no pueden tener ambos a la vez.

Instituir la regla de que el voto es un derecho -y que, por lo tanto, debe ser voluntario- tiene dos grandes ventajas desde el punto de vista de los principios. La primera, es que reconoce la primacía de la libertad por sobre la coacción. Ratificar la importancia de que los ciudadanos tengan la oportunidad de optar si desean votar o no, robustece la libre elección como corazón fundacional de las conductas de las personas en una sociedad que pretende ser moderna, abierta y civilizada. La segunda, es que genera un deseable aumento de la competencia política, pues los candidatos, además de procurar “seducir” o “persuadir” a los ciudadanos por las ideas o la personalidad que exhiban, deben poner una cuota extra de esfuerzo en sus campañas para lograr que el ciudadano se motive por los temas en debate, salga de su casa y concurra a sufragar. Adicionalmente, la incertidumbre respecto de quienes finalmente lo hagan colabora a generar aún más competencia, lo que ayuda a estimular la participación, que aunque sea voluntaria es siempre deseable. Quien ejerce el voto libre y voluntariamente, no deja dudas de su civismo, lo que no se despeja de manera categórica en el caso de la obligatoriedad.

Es importante notar que no votar no tiene el mismo efecto que no pagar impuestos -que sí debe ser obligatorio-, pues quien no contribuye con sus impuestos está restando recursos al resto de los ciudadanos, pero simultáneamente está beneficiándose de los fondos recaudados por aquéllos, transformándose así en un “free rider”. En cambio, si alguien decide voluntariamente no votar, no está siendo un “free rider”, sólo está aceptando la decisión política de los otros con un mínimo daño social, similar al que produce votar nulo o blanco en el caso del voto obligatorio.

Éste último se funda, según sus partidarios, en dos razones principales. La primera, es que la vida en sociedad exige de sus miembros que participen en sus decisiones, como elegir autoridades, y, en consecuencia, votar constituye un deber cívico. Sin embargo, como ya se indicó, el no hacerlo produce un daño social mínimo, por lo que el voto obligatorio tiene un carácter más autoritario que de construcción de civilidad. La segunda, es que si el voto es voluntario, éste tiende a ser menos ejercido por los grupos de menores ingresos o de menor educación, los que quedan así subrrepresentados en los resultados electorales. Las personas de menores ingresos o educación son las que más quejas podrían tener con el statu quo , y, por lo tanto, deberían ser más fácilmente seducibles por políticos que les ofrezcan cambiar ese estado de cosas. Así, obligarlas a manifestarse en las elecciones, porque eso les “conviene”, en vez de dejarlas tomar su propia decisión, parece más bien un argumento paternalista, impropio de invocar a estas alturas de nuestra democracia.

El derecho a voto, es decir, el voto voluntario, preserva y enaltece la libertad, y promueve y fortalece la competencia. Ello parece una mejor regla institucional que la participación obligada, que fuerza, mediante la coacción, una participación civil no necesariamente deseada por los ciudadanos, y parece fundarse en una mirada más bien paternalista de la vida en comunidad.

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/12/28/mejor-voluntario-que-obligator.asp

La crisis de RN mirada desde la centroizquierda

diciembre 26, 2011

A continuación transcribimos dos buenas columnas de analistas vinculados a la Concertación que dan su visión respecto de las dificultades internas que vive Renovación Nacional y las perspectivas de una derecha distinta:

LA DERECHA QUE NO FUE

por Ernesto Águila (publicada en La Tercera el 7 de diciembre de 2011)

LA DURA y cada vez menos disimulada disputa que se vive en Renovación Nacional (RN), junto con poner en evidencia que el Presidente de la República carece de un partido propio, remite a un tema de mayor calado histórico: el fracaso de la constitución en Chile de una ” derecha liberal”; es decir, de una derecha proclive a una democracia sin tutelajes de ninguna especie, abierta a la diversidad y al pluralismo moral de la sociedad, con una postura sin ambigüedades ni matices, frente a las violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile en el período 1973-1990.

Esta derecha “liberal-democrática” existió embrionariamente y jugó un rol importante en el período tardío de la dictadura y a comienzos de los 90, a través del Acuerdo Nacional, las reformas laborales y tributarias, y su mayor apertura política. Pero fue torpedeada y finalmente subordinada mediante episodios como el “espionaje telefónico” del 92 y la derrota de Allamand en la senatorial del 97. La derecha de impronta conservadora-autoritaria, unida a los llamados “poderes fácticos” (por usar una expresión de la época) se encargó de tornar inviable el surgimiento de esta otra derecha.

Con el paso de los años, esta derecha liberal se fue dispersando y desdibujando. La otrora “patrulla juvenil” se disolvió, cada uno de sus integrantes siguió su camino y para sobrevivir políticamente debió “madurar”, rendir tributo y dar pruebas de lealtad a la derecha conservadora que había terminado por imponerse sin contrapesos. Así, Allamand logró llegar al Senado en 2005, gracias a la omisión de la UDI, y con sus tesis del “desalojo” terminó de quedar claro que del desierto y de su travesía había regresado más conservador que liberal.

Desaparecida en los 90, la “derecha liberal” fue el momento de la UDI y de la tesis de la “derecha popular”, la que estuvo muy cerca de conquistar el gobierno. Finalmente y por esas paradojas de la política, quizás la paradoja es la forma propia de la política, la derecha logró acceder al gobierno a través de un candidato y de un programa de corte “liberal-democrático”. Pudo haber sido la hora de los liberales. Sin embargo, a poco andar quedó en evidencia la orfandad política de este proyecto cada vez que intentó expresarse (reforma al binominal, proyecto de Vida en Común, entre otras). Posiblemente el punto más bajo fue su pasividad frente al homenaje a Krassnoff y su repliegue ante al avance dentro de la derecha mayoritaria, del “negacionismo histórico” en materia de violaciones a los derechos humanos que este episodio hizo evidente.

El fracaso de la conformación de un núcleo político liberal en forma, hoy reducida a los márgenes de RN, de unos pocos grupos juveniles e intelectuales, y de manera neutralizada dentro del gobierno, posiblemente, sea una de las asignaturas pendientes de la transición y una de las razones (no la única) del inmovilismo político-institucional de estos últimos lustros. En el fondo, interroga sobre la real viabilidad que un liberalismo político con capacidad hegemónica pueda domiciliarse con éxito alguna vez en la derecha chilena. La “derecha liberal” fue una de esas “eternas promesas” de los últimos 20 años, una promesa cuyo incumplimiento ha tenido consecuencias históricas negativas para el país.

Link: http://latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2011/12/895-409639-9-la-derecha-que-no-fue.shtml

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LIBERALES Y CONSERVADORES EN RENOVACIÓN NACIONAL

por Sergio Micco (publicada en El Mostrador el 21 de diciembre de 2011)

El debate al interior de Renovación Nacional ha ido subiendo en intensidad. Hay quienes creen que sólo se trata de una querella interna que dice relación con cupos de poder, internos y de nominación de candidatos municipales. Otros lo asocian a una conflictiva relación entre su presidente, el senador Carlos Larraín, con el Presidente de la República. Finalmente, la senadora Lilly Pérez ha planteado que se trata de una pugna entre liberales y conservadores. Ambas familias siempre habían existido en el partido; pero ahora, a juicio de la senadora, la actual directiva ha roto las más elementales normas de la convivencia en una asociación pluralista. De ser cierto lo anterior, se trata de un debate central para el actual proceso político chileno si y sólo si involucra dos grandes debates: reformas políticas y reformas sociales. Pero esto no es claro. Veamos por qué.

El debate dentro de Renovación Nacional es de la mayor importancia para el sistema político chileno siempre y cuando  diga relación con las necesidades sociales y demandas políticas del momento actual. Al respecto es bueno recordar que la pugna liberal-conservadora se dio durante un siglo y medio en Chile sin que cambiara en nada la estructura socioeconómica del país. Esta es la cuestión. Hasta 1965 hubo dos partidos políticos en la derecha. Liberales y conservadores debatieron, a veces incluso llegando a las armas, acerca de la separación de la Iglesia Católica del Estado chileno o del régimen político presidencial y centralista chileno. Sus enfrentamientos respecto de la ley de matrimonio civil, cementerios laicos o igualación de derechos de los nacidos dentro y fuera del matrimonio son recordados. También sus conflictos político-institucionales, en torno a reformas que atemperaran el presidencialismo y centralismo del régimen político, son parte de la historia de Chile. Sin embargo, ni a unos ni a otros, se les ocurrió jamás cuestionar las más flagrantes injusticias sociales del régimen capitalista. Incluso, unos y otros, cuando gobernaron en el siglo XIX, tendieron a ser  autoritarios. No dudaron tampoco en apoyar el Golpe de Estado en 1973, cuando el capitalismo y la democracia liberal estaban seriamente cuestionados por el proceso de democratización social.

¿Un liberal puede ser un conservador? Puede parecer confuso, pero no lo es si distinguimos los planos. El liberalismo es una filosofía política que afirma los derechos individuales y que plantea que el Estado sea neutro en materias morales. Los conservadores tienden a concentrarse en los deberes para con la comunidad y no dudan en utilizar el Estado para lograr el orden social. Así un liberal puede ser más amigo de la emancipación cultural y un conservador del orden social. Sus batallas son fieras y centrales para el futuro de la democracia. Sin embargo, hay un segundo concepto de conservador que puede hermanar a estos adversarios. Conservador es el que se opone al cambio social. En este caso, un liberal de derecha, en una sociedad capitalista, puede ser un profundo conservador. Como un conservador católico puede ser un revolucionario en una sociedad comunista y atea.

¿De qué tipo de conservadores y liberales estamos hablando en el caso de  Renovación Nacional? La verdad es que no queda claro; sobre todo cuando leemos los planteamientos tributarios de los “liberales”. Sin embargo, escuchar a la senadora Lily Pérez ayuda a abrigar esperanzas democratizadoras. Esta ha planteado sus dudas sobre su permanencia en RN. Ella se queja que “Ante el acuerdo de vida en pareja, la ley contra la discriminación, la modificación al binominal, temas que hicieron al Presidente ganar la elección, se ve una resistencia en la directiva que no es coincidente con la militancia”. Luego ha señalado que la resistencia a su propuesta de poner fin al lucro en la educación universitaria  demostraría que la hegemónica ala conservadora de su partido no respeta las diferencias en su seno. En el programa  televisivo Estado Nacional además agregó, con mucha indignación, la liviandad con la cual se habría actuado en lo relativo al homenaje a Miguel Krassnoff, un violador de derechos humanos que sólo amerita una completa y total condena.  Requerida si se ella era partidaria de la reforma tributaria, la apoyó plenamente e incluso se atrevió a aventurar que la tasas de impuestos a las empresas debía elevarse hasta 24 puntos (está en 17 en forma permanente). Como se ve, la senadora plantea demandas sociales y políticas hondamente sentidas.

Ojala que la senadora  Lily Pérez sea representativa de una derecha que no teme abrirse a una democracia más plena, a una sociedad más inclusiva y a una economía más igualitaria. Esperamos que ella no ceje y que su ejemplo cunda.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/12/21/liberales-y-conservadores-en-renovacion-nacional/

PEGARLE A PIÑERA ES GRATIS

diciembre 23, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 23 de diciembre de 2011)

Esta columna no va a insistir en una cuestión obvia: los meses de Piñera en La Moneda han servido para aportillar la denominada “dignidad presidencial”. Era, por lo demás, previsible: el propio Presidente había manifestado su intención de renunciar a la solemnidad intangible del Jefe de Estado para descender al ajetreo doméstico del Jefe de Gobierno.

Por el contrario, esta columna quiere apuntar con el dedo a toda la ciudadanía virtual de las redes sociales que festina con el Presidente con un doble estándar escandaloso y con una deshonestidad intelectual notoria. ¿Por qué lo hacemos (me incluyo)? Porque pegarle a Piñera es gratis. Subirlo al columpio es deporte nacional. Es bulliyng tipo sandía calada. Y cómo no: Dos de cada cinco electores de Piñera hoy se arrepiente de haberlo votado. Como San Pedro –analogía bíblica del gusto de S.E.- se apuran en negarlo tres veces.

No cabe duda que el personaje aporta mucho material. Se sale de libreto, es desatinado, vive de clichés y todas las micros le sirven. Las piñericosas se han instalado como marca de fábrica y lo acompañarán hasta su último día en La Moneda. Muchos de esos errores son accidentes menores, propios de un tipo que anda a mil kilómetros por hora y no se detiene a reflexionar. Pero viralizados en la red adquieren dimensión de pecados mortales, regreso a las cavernas, misiles contra la república.

A Piñera no se le perdona ni una. Si Bachelet pierde un zapato inaugurando un campeonato de fútbol es una anécdota “simpática”. Si lo hace Piñera es un posero, payaso, ramplón. A ratos parece que Piñera es más culpable por decir “tu-sunami” que la propia ex presidenta por no advertir del real tsunami que azotó las costas chilenas. La lógica es extensiva a su gobierno: lo que se hace o se deja de hacer se mide con otra vara respecto de las administraciones anteriores. Y aunque se haga exactamente lo mismo, siempre habrá razón para darle un par de nalgadas.

Todos los que recordamos nuestro paso por el colegio entendemos la dinámica. El mejor compañero tiene manga ancha y línea de crédito. Todos le prestamos ropa. Porque facilita sus cuadernos, siempre tiene un consejo sincero y sabemos que nunca nos apuñalará por la espalda. Pero cuando el insoportable mateo del curso quiere dárselas de chistosito le paramos los carros. Cuando quiere ser el capitán del equipo de fútbol lo bajamos a patadas. Cuando quiere robarse la película en la pista de baile lo empujamos entre ocho. La ley de la vida: da gusto reírse de los prepotentes.

Por eso algo extraño sucedió  durante la rutina de Stefan Kramer en la última Teletón. Mientras el humorista ridiculizaba al hermano del Presidente, la cámara no dejaba de mostrar a un Piñera incómodo, sonriendo por obligación, sufriendo cada minuto del sketch. Y si bien los conocedores del mundo de la televisión saben que al espectador le gusta el morbo, también saben que no le gusta sentir vergüenza ajena. Alguna tecla de humanidad se activa cada vez que un humorista es pifiado, un artista es humillado, un personaje masacrado en vivo y en directo. Se llama compasión, y Piñera -por primera vez- fue su digno acreedor.

Criticar una figura que se eleva por sobre el 80% de aprobación –lo sé por experiencia propia- es un suicidio. Disparar contra una que apenas se empina por sobre el 30% es grito y plata. Salvo que empiece a operar la compasión. Recién entonces agarrar a patadas al bulto pasa a ser sadismo. Como el yogurt americano, puede que en fondo el mateo insoportable sea dulce (aunque muy muy en el fondo).

Varios analistas auguran que el gobierno de Piñera ya tocó fondo y ahora empieza a experimentar una curva de ascenso que coincide con los primeros logros que mostrar. Mientras más arriba esté el Presidente, más costoso será pegarle: más gente saldrá a defenderlo y la contienda en las redes sociales se irá emparejando. Está por verse.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/12/23/pegarle-a-pinera-es-gratis/

CRISTÓBAL BELLOLIO

diciembre 21, 2011

por Max Colodro (publicada en La Segunda del martes 20 de diciembre de 2011)

Que un joven liberal de centroderecha considere una batalla electoral emblemática el desbancar al alcalde Labbé de Providencia, es un signo de los cambios políticos vividos en Chile en los últimos años. Si en la campaña presidencial pasada fue la Concertación la que se enfrentó a su desgaste y a su falta de renovación, ahora, con Sebastián Piñera en el poder, es su sector el que vive aires de recambio. El Gobierno ha dado en esto señales claras, que sin embargo no logran todavía aquilatarse en toda su trascendencia. Pero, sin duda, su convicción de que en este período no habrá de su parte indultos ni homenajes para los violadores de DD.HH., su apertura para discutir ahora reformas políticas —incluido el binominal— y la fuerte arremetida en contra del abuso corporativo y la defensa de los consumidores, marcarán para la centroderecha y para el país «un antes y un después».

Cristóbal Bellolio encarna hoy día a una nueva generación que mira sin traumas ni complejos el pasado y el presente de su sector, y que asume desafíos que buscan precisamente romper con una densa herencia de relativismo en materia de convicciones democráticas y libertarias. En los hechos, competir con Cristián Labbé representa algo mucho más importante que una mera contienda comunal: supone, de hecho, enfrentarse con convicción a los horrores del pasado, mostrar que hay una generación que ya no está disponible para los eufemismos y que, a partir del escenario abierto por la alternancia, es de verdad posible construir una nueva derecha. La misma que hoy representan también y desde distintas sensibilidades Lily Pérez en su lucha contra el conservadurismo valórico o Karla Rubilar en la defensa y promoción de los DD.HH.

Es una pelea dura y que no será fácil. Más allá de los estertores públicos, el mar de fondo de estas tensiones se sigue fraguando mayoritariamente en silencio. Los sectores duros de la derecha tienen todavía una fuerza social e ideológica enorme. Pero sus espacios de influencia y legitimidad son cada vez menores. Se sienten arrinconados ya no por sus adversarios de la vereda del frente, sino por la fuerza de esta nueva generación propia, que no comulga con sus lecturas del pasado y, menos aún, con sus temores frente al futuro. La decisión de la UDI de respaldar una nueva incursión electoral de Labbé, y por lo tanto de darle «piso político» a todo lo que él representa, no hará más que profundizar esta línea divisoria, que en función del binominal mantiene unidos en la Alianza por Chile a sectores que ya no lo están, del mismo modo como ocurre también en el espacio de la centroizquierda.

La Concertación definitivamente no logra entender y valorar los alcances de este fenómeno. Su miopía y egoísmo político la obligan a seguir prisionera de una visión simplista y maniquea, donde lo más cómodo es alimentar al sector que representa el propio alcalde Labbé. Sólo así puede explicarse que estén pensando llevar a un candidato socialista para enfrentarlo electoralmente. Es decir, una apuesta condenada de antemano al fracaso, en una comuna donde la única chance de impedir la reelección de la actual autoridad edilicia es lograr penetrar y dividir al electorado de centroderecha. Algo que en ningún caso logrará un candidato de izquierda, pero que sí podría intentar con alguna probabilidad de éxito una candidatura de alguien como Bellolio. En rigor, lo que parece evidente al final del día es que a la Concertación no le es útil ni conveniente apostar en serio por la derrota del alcalde.

En definitiva, éstas son las batallas que valen la pena. Del mismo modo como lo hizo Marco Enríquez-Ominami en la presidencial pasada, son estos esfuerzos los que van abriendo de a poco las puertas de un Chile distinto, más diverso y plural, no anclado en las divisiones y dicotomías rígidas del pasado. La apuesta de Cristóbal Bellolio representa así un paso más, pequeño quizás y electoralmente arriesgado. Pero es sin duda un buen signo del país que puja por ver la luz, algo que las generaciones del mañana, transversalmente, terminarán finalmente por agradecer.

Link: http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2011/12/20/cristobal-bellolio.asp

Sobre Providencia, Red Liberal y otras hierbas…

diciembre 19, 2011

Meganoticias, Jueves 15 de diciembre 2011:

http://www.meganoticias.cl/embed/?v=ehICe

Mano a Mano, lunes 28 de noviembre 2011:

Hasta Agotar Stock, miércoles 23 de noviembre 2011:

Última Mirada, martes 22 de noviembre 2011:

EL COMANDO JUVENIL DE BACHELET

diciembre 16, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 16 de diciembre de 2011)

Respondiendo a las primeras declaraciones del nuevo timonel de la FECH, el presidente del Partido Socialista Osvaldo Andrade sostuvo que “Bachelet no necesita ningún comando juvenil para ganar”. Del episodio sacamos varias interpretaciones.

En primer lugar legitima la posición desde la cual obtuvo la victoria el estudiante Gabriel Boric. Su campaña estuvo justamente orientada a cuestionar la vigencia de las actuales estructuras políticas y sus liderazgos tradicionales. El diputado Andrade, avezado en las grandes ligas, picó el anzuelo del novato. Tal como lo hizo Noam Titelman cuando el ex ministro Vidal trató de subirse al carro de la victoria, ahora es Boric quien raya la cancha y mantiene lejos a la Concertación.

En segundo lugar, la contestación del líder PS puede ser leída como la expresión paradigmática de la arrogancia de una orquesta que sigue tocando mientras el barco se hunde. Es cierto que nadie le ha pedido al movimiento estudiantil que actúe como banda calcetinera de Bachelet, pero afirmar que la ex presidenta no necesita la ayuda de las nuevas generaciones porque “ya es un liderazgo instalado” es actuar con la misma lógica de exclusión que origina buena parte del desprestigio de la oposición. Significa “nosotros podemos solos, a ustedes nadie los ha llamado”.

En tercer lugar, revela que los desvelos de la dirigencia concertacionista no están dirigidos a comprender los fenómenos producidos durante el año que termina. Más bien destapa que la verdadera motivación es sencillamente recuperar el poder para volver a desplegar sus redes y equipos en el aparato público. La vuelta de Bachelet carecería del romanticismo de la primera vez. En esta ocasión sólo se trataría de sacar a la derecha de La Moneda sin modificaciones sustantivas en el elenco.

Sin embargo, este plan puede tiene una grieta estructural. Aunque la ex presidenta siga marcando mejor que nadie en las encuestas, no tiene su victoria asegurada. El arrollador movimiento estudiantil es la expresión de la fuerza de una nueva generación que reclama su espacio en el escenario. Aun no sabemos si esta fuerza tendrá un correlato electoral, pero de tenerlo, es previsible que quieran levantar sus liderazgos y sus narrativas. Como lo reconocía Kant hace más de doscientos años, ninguna generación puede ser obligada a vivir de las historias de sus antecesores. Todas tienen el derecho a su propio tiempo. Aquellos que van de salida no pueden determinar el camino de aquellos que vienen de entrada. Hasta Andrés Velasco leyó mejor la situación y se apresuró a declarar que él “sí quería un equipo joven”.

Si Bachelet quiere retornar a conducir los destinos del país, lo peor que puede hacer es descansar en la estrategia conservadora del llamado “eje histórico” de la Concertación (PS-DC). Si lo hace, debe prepararse para un nuevo festín de Marco Enríquez y de todos aquellos que pujan por la renovación. Para empalmar con el Chile del 2013, la ex presidenta debe asumir que mucha agua ha pasado bajo el puente. Para reconquistar a los chilenos Bachelet debe doblar todas las apuestas y para doblar apuestas se necesita sangre dispuesta a arriesgar y no a defender sillones. De lo contrario, la vieja y cansada Concertación se expone a otra experiencia de reelección fallida. Y aunque gane, el regreso de Bachelet no marca ningún avance para Chile si no implica un verdadero recambio de ideas y cuadros políticos.

Esto lo entiende Boric. Pero no lo entiende Andrade.   

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/12/16/el-comando-juvenil-de-michelle-bachelet/

LA PULSIÓN FUNDACIONAL DE LAGOS Y EL IMPERATIVO DE EQUIDAD

diciembre 8, 2011

* Este es el texto íntegro del comentario de Cristóbal Bellolio realizado el 6 de diciembre de 2011 en el lanzamiento del libro editado por Ricardo Lagos y Oscar Landerretche “El Chile que se viene. Ideas, miradas y perspectivas para el 2030”.

Agradezco a los editores de este libro la invitación a comentar. Hay mucho de simbolismo, creo, en la elección de los comentaristas. Evidentemente tiene un componente generacional. Yo cumplí hace poco los 32 años y Giorgio debe andar por los 24, 25 años. Ambos, además, somos animales políticos sin partido, lo que revela una contradicción de nuestro tiempo: vocación pública, incomodidad con las actuales estructuras. Me consta que muchos de los convocados a escribir en este libro están en la misma situación.

Dividiré mi reflexión en dos partes. La primera la titularé la pulsión fundacional de Ricardo Lagos Escobar. La segunda la llamaré observaciones al imperativo de equidad.

Como todos ustedes saben, las huellas digitales de Ricardo Lagos están impresas en varios proyectos políticos. El PPD, la renovación socialista, la Concertación. Imagínense como se debe sentir haber cofundado la coalición política más exitosa de la historia de Chile, tanto en términos de extensión de su mandato como en resultados a la vista. El problema de los fundadores es que se niegan a enterrar a sus creaturas. Es el sentimiento natural de apego que vincula al creador con su creación. De hecho, es la razón principal por la cual Ricardo Lagos Escobar todavía cree que la Concertación como tal tiene futuro. Cito textual del libro: “En lo personal, esperaría que la coalición que condujo a Chile durante veinte años y que supo encabezar una transición ejemplar, pueda estar a la altura de su historia para conducir, con ideas y acciones, esta nueva transición a la que Chile está llamado”. No estoy diciendo que Lagos esté equivocado. Quién sabe, quizás la Concertación esté recargando las pilas para volver fresca y renovada en un par de años, pero a mí me hacen más sentido las palabras talladas en el umbral del Infierno de Dante: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.

Sin embargo, aquí estamos. Convocados una vez más por Ricardo Lagos. Fue Eduardo Frei quien en la pasada elección presidencial reclamó para sí el título de puente entre generaciones. Pero es Lagos quien hoy día hace los méritos para serlo. Los coautores de este libro, comenzando por el propio coeditor Oscar Landerretche, pertenecen a esa nueva camada que recibe el testimonio y continúa la carrera. Lo interesante es que Lagos se resiste a dejarlos continuar sin su orientación y guía. Mucho se ha dicho y escrito acerca de la necesidad de las nuevas generaciones de “matar al padre”, pero este es un padre que no se deja matar fácilmente. ¿O acaso no les parece llamativo que un actor político que parece haber abandonado la primera línea después de haber ocupado todas las dignidades posibles esté escribiendo un libro llamado “el Chile que viene”? ¡Y no el que viene mañana ni pasado, sino el Chile del 2030! ¿Verá Ricardo Lagos con sus propios ojos ese Chile? Esperemos que sí, pero aunque no esté con nosotros llegado el 2030, lo que está haciendo hoy día tiene una vez más sencilla explicación: la vocación fundacional de Lagos.

En este sentido no puedo dejar de recordar el relato de Hannah Arendt acerca de la experiencia romana de la fundación como expresión prototípica de la acción política. Fundar es dibujar nuevos comienzos, es volver a empezar. De ahí la obsesión que algunos compartimos por emprender políticamente hasta el infinito. Ricardo Lagos deja de ser Ricardo Lagos si deja de imprimir sus huellas digitales en un nuevo proyecto, un nuevo comienzo, la acción política por excelencia. Algunos, como Piñera, son sobrevivientes. Están donde están porque contra la adversidad hacen valer sus recursos para imponer sus términos. Para ellos sólo hay presente, aquí y ahora, y el único camino para seguir avanzando es la victoria, a toda costa. Otros, como Bachelet, son navegantes. Son conducidos por la marea de la historia y las circunstancias y se hacen cargo, “sin pedirlo ni buscarlo”, de grandes desafíos que aparecen de súbito en el horizonte. Lagos, en cambio, no sobrevive ni navega: Lagos funda. Las historias comienzan con él y no se acaban sin él. Es, a mi juicio, la trampa de la Concertación. Sus padres fundadores no la dejar ir. No es su culpa Don Ricardo: el problema es que todavía no aparecen nuevos fundadores, constructores de horizonte, hijos del mismo ideal pero hermanos de otro afán. Porque como usted bien sabe, cada día tiene su afán. La épica original de una cruzada no es transmisible por decreto. Ni siquiera por tradición oral. Los vínculos culturales que provee la tribu de origen requieren de reafirmación a través de nuevas batallas. Los nuevos clivajes amenazan con seguir difuminando aquel que dio sentido a la coalición más exitosa de la historia de Chile. Lo sabe bien Giorgio. Lo que ha ocurrido este año bien puede redefinir las lealtades y prioridades políticas de una generación.

Dicho esto me paso al segundo tema. El libro de Lagos y Landerretche sostiene que Chile enfrenta un imperativo de equidad. Correctamente, sostienen que existe una fuerte correlación entre el nivel de desigualdad de los países y una serie de indicadores sociales que revelan desarrollo humano y calidad de vida. O como dice el libro: “A mejor distribución, mejores indicadores sociales y económicos. A peor distribución, peores indicadores sociales y económicos”. Me tomaré la libertad de hacer algunas observaciones sobre este punto. Preliminarmente diré que no toda correlación implica causalidad: que menor desigualdad vaya acompañada de mejores índices sociales no necesariamente quiere decir que sea la menor desigualdad la que produce esos índices. Esa es justamente la crítica que recibe en la literatura académica la obra “The Spirit Level: Why Equality is Better for Everyone”, a partir de la cual Ricardo Lagos construye parte de su argumento. En todo caso esta no es una crítica que afecte la validez de dicho argumento. Mi observación de fondo es que dicho argumento, que reconstruye la vieja tesis utilitarista de Jeremy Bentham, no es la principal razón por la cual Chile se enfrenta a un imperativo de equidad. El principal argumento contra la desigualdad, a mi juicio, es que ésta se explica en gran parte por las contingencias arbitrarias e inmanejables de la fortuna. Es decir, en que vivimos un sistema donde reina la desigualdad injusta, aquella que no se produce en base al mérito real sino a las posiciones de origen de los jugadores. El niño que nace en Vitacura no elige gozar de una vida de privilegios, así como el que nace en La Pintana no escoge las privaciones y segregaciones que experimentará a lo largo de su existencia. La principal injusticia que azota el alma de Chile es que la cuna determina, casi siempre, el destino. No me cabe ninguna duda de que tanto Ricardo Lagos como Oscar Landerretche comparten este diagnóstico y son igualmente críticos respecto de esta situación. Si un liberal como yo puede verlo desde la vereda del liberalismo-igualitario, con mayor razón es evidente para dos pensadores que provienen de la tradición socialista. Pero no quería dejar pasar la oportunidad de subrayarlo. Cuando Ricardo Lagos hizo público su documento original a principios de año yo me encontraba viviendo en Londres. Motivado por una invitación de Enzo Abbagliati convoqué un grupo de chilenos que se encontraba también en Reino Unido para analizar el texto. Entre ellos estaba Daniel Brieba, que escribe también en esta compilación. Parte importante de nuestras conclusiones estuvieron en esta línea: el argumento consecuencialista que levanta Lagos funciona como una buena razón para reducir la desigualdad. También lo es el argumento de Landerretche que asume correctamente que la desigualdad significa desperdiciar toneladas de talento y oportunidades de crecimiento país. Es más, con ellos se podría incluso convencer a quienes se resisten a atenuar el rol de la suerte en la distribución de las recompensas sociales. Pero coincidimos en que el imperativo de equidad debe descansar sobre un fundamento normativo independiente que no depende de relaciones empíricas eventualmente contingentes.

Termino mis minutos respaldando la tesis central del libro: lo que estamos viviendo como país no es algo exótico. Dejamos atrás varias carencias estructurales típicas del mundo subdesarrollado y ahora transitamos hacia las demandas de un país que aspira al desarrollo, como muy bien lo explica Oscar Landerretche en el capítulo final. Entiendo que la generación que representa Ricardo Lagos fue educada en la lógica de gradualidad, tanto porque cargaban con el trauma de la violencia y la intolerancia política como porque aprendieron que la democracia exige acuerdos amplios y sustentables. Por lo mismo no me seducen las voces autoflagelantes ni el infantilismo revolucionario. No creo que ellos tengan las herramientas para hacer frente al potentísimo mundo conservador que se resiste a abandonar sus privilegios y sus cuotas de poder. Este esfuerzo, en cambio, me parece recorre la senda correcta: políticas públicas interrelacionadas con un paradigma de desarrollo moderno en mente, ajustado a la experiencia chilena, de la mano de un padre fundador y de una… ni tan joven ni tan promesa a estas alturas. Muchas gracias.  

Link: http://www.elquintopoder.cl/fdd/web/chile-2030/opinion/-/blogs/la-pulsion-fundacional-de-lagos-y-el-imperativo-de-equidad

OPERACIÓN PROVIDENCIA

diciembre 6, 2011

De la noche a la mañana, este columnista de Capital apareció como precandidato a alcalde de la comuna que dirige el UDI Cristián Labbé. Le quiere quitar el mando al ex coronel; más aún, después de haber permitido el polémico homenaje a Miguel Krassnoff. Le pedimos a Cristóbal Bellolio que escribiera por qué quiere ser alcalde de Providencia (publicada en Revista Capital, edición del 2 al 15 de diciembre de 2011)

La Invitación

Ser candidato a alcalde no estaba en mi horizonte de corto plazo. Después de un año en el extranjero tenía pensado enfocarme en la vida académica desde las aulas de la Universidad Adolfo Ibáñez. Nunca he ocultado mi vocación política. Pero hacerme cargo de una gestión municipal nunca estuvo entre mis ambiciones. Hasta que recibí la llamada de un grupo de vecinos de la comuna, que coincidieron en mi nombre como candidato idóneo para enfrentar al actual alcalde de Providencia Cristián Labbé. Los escuché con la atención que merecían. Sus razones pueden resumirse en las siguientes tres.

En primer lugar, argumentaron, la demanda de renovación política en Chile se hace ya incontenible. Si la exitosa candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami servía como antecedente, el despliegue del movimiento estudiantil de este año reforzaba dicha convicción. Así, mientras Labbé encarnaba para ellos a la vieja generación marcada por el pasado, mi figura representaba la fuerza de una nueva camada de liderazgos jóvenes que reclamaban su espacio en la discusión pública. Por supuesto, no es asunto sólo de edades. Se trata además de un alcalde que completará 16 años en el cargo y que aspira a dirigir la comuna por un ¡quinto período! ¿No era la misma Alianza la que resaltaba las virtudes de la alternancia y acusaba a la Concertación de fatiga de materiales?

La segunda razón apuntaba a cuestiones de fondo. Yo critiqué duramente al alcalde Labbé cuando éste anunció que restringiría las matrículas de aquellos estudiantes que no eran residentes de la comuna. Como liberal comprometido con la igualdad de oportunidades, no acepto que la condición fortuita de la residencia –los niños no eligen donde vivir- afecte el tipo de educación que reciben. Si Providencia cuenta con liceos de excelencia, éstos deben estar al servicio de toda la comunidad sin distinciones. El estilo de liderazgo vertical y autoritario del ex coronel Labbé, sostuvieron, contrastaba además con mi vocación por la participación horizontal y democrática.

Un tercer argumento agregaron: era conocida mi inclinación a la derecha, cuestión que en una comuna con el perfil de Providencia podía ser un activo. La Concertación, lo sabemos, tiende a darla por perdida. Las votaciones de Labbé suelen ser mayorías nacionales. Seguir enfrentándolo con el tradicional candidato de centroizquierda les parecía negar la realidad electoral. Estaban enterados de que mi abuelo había sido militar y funcionario del régimen de Pinochet y de que en el pasado yo había colaborado con el propio Sebastián Piñera. Pero también sabían que no me sentía identificado con ninguna de las ofertas partidarias de la derecha chilena. La combinación les parecía atractiva y con mayores posibilidades de disputar el caudal electoral de Labbé.

El Escenario

Como corresponde, prometí evaluar seriamente la invitación. Para ello comencé una serie de conversaciones con distintos actores de partidos políticos e independientes, así como con los miembros de Red Liberal, proyecto político del cual soy fundador y activo participante. Me parecía relevante explorar la viabilidad de aventura. Llegué a la convicción de que se trata de una batalla abierta en dos escenarios copulativos.

El primero es la ampliación del padrón electoral a través de la inscripción automática. Esta es una causa que he abrazado desde hace años y por la cual comencé a participar en el movimiento “Salvemos la Democracia”, que nace justamente para instalar en la agenda la imperiosa necesidad de oxigenar el estancado y avejentado universo electoral chileno. En Providencia el actual padrón llega a los 90 mil inscritos. Con inscripción automática y una campaña de actualización de domicilios podría llegar a aumentar en 18 mil nuevos electores. La cuestión es relevante tomando en cuenta que el alcalde Labbé obtuvo 44 mil sufragios en su última reelección (los que se transforman en un 60% debido a la alta abstención). En síntesis, mientras más extenso y renovado el padrón, más posibilidades hay de triunfo. Con el viejo padrón, el partido se juega en una cancha archiconocida por Labbé. Al cierre de esta edición seguimos ejerciendo presión para que la Cámara de Diputados apruebe de una buena vez la ley que implementa la inscripción automática, nada menos que una reforma constitucional aprobada en el mandato de Michelle Bachelet.

El segundo escenario es la existencia de un solo candidato que sea capaz de aglutinar todas las fuerzas opositoras al actual alcalde. Sabemos que el sistema bajo el cual se eligen los ediles es de mayoría simple: el que tiene un voto más que el otro gana. Por lo tanto, dividir las energías es trabajar para Labbé. Acepto que todos los interesados tienen el derecho de competir hasta el final. Nadie puede cerrarles el camino. Pero desde la óptica del pragmatismo electoral no rinde. Si la cruzada por reemplazar a Labbé pretende ser exitosa, el candidato único es condición sine qua non. El debate respecto de cómo seleccionar a dicho candidato está abierto. Las primarias aparecen como la mejor alternativa, siempre y cuando sean primarias que superen el arco iris de la Concertación y sean capaces de motivar a todos aquellos precandidatos que no pertenecen a ese mundo. Insisto en este punto: una cosa es recibir el apoyo de los partidos de la Concertación y otra distinta es transformarse en el candidato de la Concertación.

La Cruzada

Así, mientras trabajaba en forma más o menos silenciosa en función de los escenarios señalados, los chilenos nos enteramos que el alcalde Labbé patrocinaba un polémico homenaje a Miguel Krassnoff, ex militar condenado a más de 140 años de prisión por violaciones a los derechos humanos en tiempos de la dictadura. Todos los procesos se aceleraron. Lo que ocurrió ese lunes 21 dentro y fuera del Club Providencia fue lamentable desde todo punto de vista. Retrocedimos 30 años. Revivimos el odio. Lisa y llanamente una provocación. No hay duda que también fue malo para el gobierno, además de nefasto para el nombre de la comuna y motivo de vergüenza para muchos vecinos. La cuestión de “sacar a Labbé” se transformó para muchos en un imperativo moral. El senador Lagos Weber llegó a ofrecer no llevar candidato opositor si la UDI accedía a cambiar a Labbé por otro cualquiera. La indignación formó una inédita coalición desde la izquierda hasta la derecha liberal. Precisamente el tipo de amplitud que requiere cualquier intento realista por destronar a un transatlántico electoral.

No desconozco que en lo personal y para Red Liberal se trata de una interesantísima oportunidad política. Las alianzas tradicionales están desgastadas y ha llegado la hora de probar nuevas alternativas. Providencia se puede convertir en una anomalía de relevancia nacional. Aunque la contienda se decide a nivel local, es evidente que sus repercusiones mediáticas traspasan sus fronteras. En las últimas semanas he sentido ese peso y esa responsabilidad.

La Comuna

El ex coronel Labbé ha realizado una buena labor al mando del municipio. Pocas voces discrepan con esta aseveración. Yo tengo clarísimo que para vencerlo en las urnas no basta con apelar a la cruzada ética que expliqué en el apartado anterior. Esa es una condición necesaria pero no suficiente. Una vez en tierra derecha será imprescindible contar con un plan de desarrollo comunal que por una parte entregue garantías a aquellos que no quieren desandar lo andado y que por otra parte doble la apuesta con miras a una administración joven e innovadora. Habrá que convencer al electorado de que tenemos una propuesta para transformar a Providencia en un ícono de calidad de vida urbana, una microciudad más amable, un espacio público para la ciudadanía del siglo XXI. También, por supuesto, para hacerse cargo de las deudas de la gestión de Labbé, particularmente en materia de seguridad ciudadana y distribución de las áreas residenciales, comerciales y recreativas de la comuna. El desafío será combinar las distintas necesidades de la heterogeneidad de Providencia: ¿cómo generamos más vida cultural sin sacrificar la tranquilidad? ¿Cómo abonamos el progreso material sin arrasar con los barrios históricos y la herencia patrimonial? ¿Cómo cuidamos a nuestros adultos mayores sin descuidar la energía creativa que viene con la juventud? ¿Cómo tomamos decisiones rápidas sin olvidarse de la participación de los vecinos? En el fondo, ¿Cómo respetamos la libertad de unos sin dañar la libertad de los otros? Todas estas cuestiones deberían ser resueltas en los próximos meses a través de un procedimiento democrático que involucre muchas cabezas y mucha generosidad.

La Decisión

Todavía soy un precandidato. He manifestado mi intención de recorrer este camino pero mi decisión final aún no está tomada. Con mucha franqueza y cariño, varios de mis cercanos me han recomendado esperar, ya sea para continuar invirtiendo en mi formación intelectual –mejor preparado podría servir mejor a Chile- o bien para emprender un desafío parlamentario -donde según ellos sería de más utilidad dado mi perfil. Son argumentos que resuenan en mi cabeza. Pero entiendo que la política no sólo es estrategia sino también estómago. Es a veces un salto al vacío más allá de las certezas. Sólo espero que al tomar la decisión ésta siga siendo mía; no quiero ser prisionero de las circunstancias. Si parto a la batalla, quiero hacerlo por las razones correctas. Tener la convicción de que es el mejor lugar donde puedo estar. 

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/operacion-providencia.html

NO MÁS INFANTILISMO REVOLUCIONARIO

diciembre 4, 2011

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 2 de diciembre de 2011)

Tuve la ocasión de moderar el primer debate de los postulantes a la FECH, invitado por los estudiantes de la Facultad de Economía. Hacia el final hice una pregunta sencilla que sólo requería por respuesta un nombre y un apellido: ¿por quién votarías en la próxima elección presidencial si pudieras elegir libremente de acuerdo a tu preferencia? El resultado fue increíble: 5 votos nulos (de las 5 listas que se definen de izquierda), 1 para Camila Vallejo (de la lista de las JJCC), uno para Optimus Prime (de la lista gremialista) y uno para Andrés Allamand (de la lista de Centro Derecha Universitaria). Dado que ni Camila ni Optimus cumplen los requisitos formales para acceder a la primera magistratura, si la voz de la burbuja sobreizquierdizada de la Universidad de Chile fuera vinculante, el próximo presidente de Chile sería el actual ministro de Defensa y correligionario del propio Sebastián Piñera, el mismo que tanto detesta el movimiento estudiantil.

Es obvio que el ejercicio no es válido para extraer proyección alguna. Sin embargo es interesante para sacar lecciones. Los interrogados tuvieron la oportunidad de escoger a Jorge Arrate, Tomás Hirsch, Gabriel Salazar, Guillermo Tellier, Arturo Martínez, Jaime Gajardo, Fernando Atria o Florcita Motuda. O cualquier otro dirigente poblacional, sindical o cultural que les llenara el gusto. Por último, pudieron optar por la salida siempre fácil que representa Michelle Bachelet. Pero la mayoría prefirió anular. He aquí el paradigma del infantilismo revolucionario: la incapacidad de ganar la partida siguiendo las reglas del juego.

Anular el voto, por cierto, es respetable. Es la excusa clásica de aquellos que se sienten obligados a elegir entre dos males. Sin embargo en este caso las opciones no estaban restringidas. Quizás los jóvenes no tuvieron tiempo suficiente para calibrar la respuesta, pero es decidor que la reacción instintiva haya sido el rechazo visceral a cualquier alternativa.

Durante los ochenta, la oposición se dividió respecto a la táctica a seguir para derribar a la dictadura. La historia nos enseña que tuvieron razón aquellos que decidieron ganarle a Pinochet en las urnas, sin violencia. Asumieron las reglas del juego –que no habían sido dictadas por ellos- y derrotaron al adversario utilizando el sistema a su favor. Lo importante: consiguieron el objetivo, recuperaron la democracia para Chile.

¿Cuál es, en cambio, la estrategia del infantilismo revolucionario? En la radio escuché un dirigente estudiantil señalando que no estaba inscrito en los registros electorales porque “el sistema no los representa”. Claro: si no participan, se hace muy difícil que el sistema los represente. La democracia es un proceso trabajoso de acuerdos y mínimos comunes, no de pataletas temperamentales.

Estoy consciente de que no todo el movimiento estudiantil es anti-institucional. Me consta que hay sectores que están pagando el costo interno de haberse acercado a conversar al Parlamento. Esos sectores merecen reconocimiento. No pueden ser objeto de bulliyng por acceder al diálogo. Todos somos responsables de proteger esos puentes.

La importancia estratégica de actuar políticamente quedó de manifiesto en el errático episodio de la Ley de Presupuesto. El movimiento estudiantil estaba en posición de aprovechar el servilismo explícito de la Concertación para abrochar próximas transformaciones estructurales a cambio de la aprobación del proyecto de La Moneda. En cambio, arriesgaron todo en una ley transitoria que sólo asigna recursos y finalmente sólo les quedó el puchero.

Todavía es tiempo para el movimiento estudiantil: la inscripción automática vive días claves en la Cámara de Diputados. La inyección de cuatro millones de nuevos electores –en su gran mayoría jóvenes- puede alterar la distribución de fuerzas políticas en Chile. Por de pronto, alcaldes y concejales. Luego, presidente y parlamentarios. ¿Optarán por seguir ausentes del escenario idóneo para producir cambios? ¿Renunciarán a elegir en el origen de la distribución del poder político? ¿O tomarán las banderas de una nueva generación que ha redefinido sus lealtades a partir de los hitos del presente año? Hay muchos –demasiados- actores políticos que en la comodidad de sus sillones apuestan por la continuidad del infantilismo revolucionario, estéril e improductivo. Ya no es tiempo de anular. Es hora de sacarlos de la comodidad.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/12/02/no-mas-infantilismo-revolucionario/