OPERACIÓN PROVIDENCIA

De la noche a la mañana, este columnista de Capital apareció como precandidato a alcalde de la comuna que dirige el UDI Cristián Labbé. Le quiere quitar el mando al ex coronel; más aún, después de haber permitido el polémico homenaje a Miguel Krassnoff. Le pedimos a Cristóbal Bellolio que escribiera por qué quiere ser alcalde de Providencia (publicada en Revista Capital, edición del 2 al 15 de diciembre de 2011)

La Invitación

Ser candidato a alcalde no estaba en mi horizonte de corto plazo. Después de un año en el extranjero tenía pensado enfocarme en la vida académica desde las aulas de la Universidad Adolfo Ibáñez. Nunca he ocultado mi vocación política. Pero hacerme cargo de una gestión municipal nunca estuvo entre mis ambiciones. Hasta que recibí la llamada de un grupo de vecinos de la comuna, que coincidieron en mi nombre como candidato idóneo para enfrentar al actual alcalde de Providencia Cristián Labbé. Los escuché con la atención que merecían. Sus razones pueden resumirse en las siguientes tres.

En primer lugar, argumentaron, la demanda de renovación política en Chile se hace ya incontenible. Si la exitosa candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami servía como antecedente, el despliegue del movimiento estudiantil de este año reforzaba dicha convicción. Así, mientras Labbé encarnaba para ellos a la vieja generación marcada por el pasado, mi figura representaba la fuerza de una nueva camada de liderazgos jóvenes que reclamaban su espacio en la discusión pública. Por supuesto, no es asunto sólo de edades. Se trata además de un alcalde que completará 16 años en el cargo y que aspira a dirigir la comuna por un ¡quinto período! ¿No era la misma Alianza la que resaltaba las virtudes de la alternancia y acusaba a la Concertación de fatiga de materiales?

La segunda razón apuntaba a cuestiones de fondo. Yo critiqué duramente al alcalde Labbé cuando éste anunció que restringiría las matrículas de aquellos estudiantes que no eran residentes de la comuna. Como liberal comprometido con la igualdad de oportunidades, no acepto que la condición fortuita de la residencia –los niños no eligen donde vivir- afecte el tipo de educación que reciben. Si Providencia cuenta con liceos de excelencia, éstos deben estar al servicio de toda la comunidad sin distinciones. El estilo de liderazgo vertical y autoritario del ex coronel Labbé, sostuvieron, contrastaba además con mi vocación por la participación horizontal y democrática.

Un tercer argumento agregaron: era conocida mi inclinación a la derecha, cuestión que en una comuna con el perfil de Providencia podía ser un activo. La Concertación, lo sabemos, tiende a darla por perdida. Las votaciones de Labbé suelen ser mayorías nacionales. Seguir enfrentándolo con el tradicional candidato de centroizquierda les parecía negar la realidad electoral. Estaban enterados de que mi abuelo había sido militar y funcionario del régimen de Pinochet y de que en el pasado yo había colaborado con el propio Sebastián Piñera. Pero también sabían que no me sentía identificado con ninguna de las ofertas partidarias de la derecha chilena. La combinación les parecía atractiva y con mayores posibilidades de disputar el caudal electoral de Labbé.

El Escenario

Como corresponde, prometí evaluar seriamente la invitación. Para ello comencé una serie de conversaciones con distintos actores de partidos políticos e independientes, así como con los miembros de Red Liberal, proyecto político del cual soy fundador y activo participante. Me parecía relevante explorar la viabilidad de aventura. Llegué a la convicción de que se trata de una batalla abierta en dos escenarios copulativos.

El primero es la ampliación del padrón electoral a través de la inscripción automática. Esta es una causa que he abrazado desde hace años y por la cual comencé a participar en el movimiento “Salvemos la Democracia”, que nace justamente para instalar en la agenda la imperiosa necesidad de oxigenar el estancado y avejentado universo electoral chileno. En Providencia el actual padrón llega a los 90 mil inscritos. Con inscripción automática y una campaña de actualización de domicilios podría llegar a aumentar en 18 mil nuevos electores. La cuestión es relevante tomando en cuenta que el alcalde Labbé obtuvo 44 mil sufragios en su última reelección (los que se transforman en un 60% debido a la alta abstención). En síntesis, mientras más extenso y renovado el padrón, más posibilidades hay de triunfo. Con el viejo padrón, el partido se juega en una cancha archiconocida por Labbé. Al cierre de esta edición seguimos ejerciendo presión para que la Cámara de Diputados apruebe de una buena vez la ley que implementa la inscripción automática, nada menos que una reforma constitucional aprobada en el mandato de Michelle Bachelet.

El segundo escenario es la existencia de un solo candidato que sea capaz de aglutinar todas las fuerzas opositoras al actual alcalde. Sabemos que el sistema bajo el cual se eligen los ediles es de mayoría simple: el que tiene un voto más que el otro gana. Por lo tanto, dividir las energías es trabajar para Labbé. Acepto que todos los interesados tienen el derecho de competir hasta el final. Nadie puede cerrarles el camino. Pero desde la óptica del pragmatismo electoral no rinde. Si la cruzada por reemplazar a Labbé pretende ser exitosa, el candidato único es condición sine qua non. El debate respecto de cómo seleccionar a dicho candidato está abierto. Las primarias aparecen como la mejor alternativa, siempre y cuando sean primarias que superen el arco iris de la Concertación y sean capaces de motivar a todos aquellos precandidatos que no pertenecen a ese mundo. Insisto en este punto: una cosa es recibir el apoyo de los partidos de la Concertación y otra distinta es transformarse en el candidato de la Concertación.

La Cruzada

Así, mientras trabajaba en forma más o menos silenciosa en función de los escenarios señalados, los chilenos nos enteramos que el alcalde Labbé patrocinaba un polémico homenaje a Miguel Krassnoff, ex militar condenado a más de 140 años de prisión por violaciones a los derechos humanos en tiempos de la dictadura. Todos los procesos se aceleraron. Lo que ocurrió ese lunes 21 dentro y fuera del Club Providencia fue lamentable desde todo punto de vista. Retrocedimos 30 años. Revivimos el odio. Lisa y llanamente una provocación. No hay duda que también fue malo para el gobierno, además de nefasto para el nombre de la comuna y motivo de vergüenza para muchos vecinos. La cuestión de “sacar a Labbé” se transformó para muchos en un imperativo moral. El senador Lagos Weber llegó a ofrecer no llevar candidato opositor si la UDI accedía a cambiar a Labbé por otro cualquiera. La indignación formó una inédita coalición desde la izquierda hasta la derecha liberal. Precisamente el tipo de amplitud que requiere cualquier intento realista por destronar a un transatlántico electoral.

No desconozco que en lo personal y para Red Liberal se trata de una interesantísima oportunidad política. Las alianzas tradicionales están desgastadas y ha llegado la hora de probar nuevas alternativas. Providencia se puede convertir en una anomalía de relevancia nacional. Aunque la contienda se decide a nivel local, es evidente que sus repercusiones mediáticas traspasan sus fronteras. En las últimas semanas he sentido ese peso y esa responsabilidad.

La Comuna

El ex coronel Labbé ha realizado una buena labor al mando del municipio. Pocas voces discrepan con esta aseveración. Yo tengo clarísimo que para vencerlo en las urnas no basta con apelar a la cruzada ética que expliqué en el apartado anterior. Esa es una condición necesaria pero no suficiente. Una vez en tierra derecha será imprescindible contar con un plan de desarrollo comunal que por una parte entregue garantías a aquellos que no quieren desandar lo andado y que por otra parte doble la apuesta con miras a una administración joven e innovadora. Habrá que convencer al electorado de que tenemos una propuesta para transformar a Providencia en un ícono de calidad de vida urbana, una microciudad más amable, un espacio público para la ciudadanía del siglo XXI. También, por supuesto, para hacerse cargo de las deudas de la gestión de Labbé, particularmente en materia de seguridad ciudadana y distribución de las áreas residenciales, comerciales y recreativas de la comuna. El desafío será combinar las distintas necesidades de la heterogeneidad de Providencia: ¿cómo generamos más vida cultural sin sacrificar la tranquilidad? ¿Cómo abonamos el progreso material sin arrasar con los barrios históricos y la herencia patrimonial? ¿Cómo cuidamos a nuestros adultos mayores sin descuidar la energía creativa que viene con la juventud? ¿Cómo tomamos decisiones rápidas sin olvidarse de la participación de los vecinos? En el fondo, ¿Cómo respetamos la libertad de unos sin dañar la libertad de los otros? Todas estas cuestiones deberían ser resueltas en los próximos meses a través de un procedimiento democrático que involucre muchas cabezas y mucha generosidad.

La Decisión

Todavía soy un precandidato. He manifestado mi intención de recorrer este camino pero mi decisión final aún no está tomada. Con mucha franqueza y cariño, varios de mis cercanos me han recomendado esperar, ya sea para continuar invirtiendo en mi formación intelectual –mejor preparado podría servir mejor a Chile- o bien para emprender un desafío parlamentario -donde según ellos sería de más utilidad dado mi perfil. Son argumentos que resuenan en mi cabeza. Pero entiendo que la política no sólo es estrategia sino también estómago. Es a veces un salto al vacío más allá de las certezas. Sólo espero que al tomar la decisión ésta siga siendo mía; no quiero ser prisionero de las circunstancias. Si parto a la batalla, quiero hacerlo por las razones correctas. Tener la convicción de que es el mejor lugar donde puedo estar. 

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/operacion-providencia.html

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Una respuesta to “OPERACIÓN PROVIDENCIA”

  1. Rodrigo Bordachar Says:

    Tengo el corazón dividido. Y a veces me dan hasta ganas de unirme a la pelea y ser tu concejal. A ese nivel.
    Creo que lo que abunda en nustro país es un discurso parcial, donde la renovación es buena si el que se renueva es el del frente. Estoy por mandatos acotados, no más de 2 períodos. El buen gestor se confunde en el largo plazo con el poder enquistado y transforma, poco a poco, a los gobiernos locales en verdaderas monarquías.
    En el Chile urbano más crítico y celoso no se nota tanto como en el Chile provincial, donde el alcalde es amo y señor y, lo que es peor, no tiene sombra alguna (ni siquiera ciudadanos más críticos).
    Don HL decía que bastaba tener a tu gente contenta con un par de cajas de almacén, para asegurarte la reelección, lo que le molestaba, molestia que también comparto.

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