Archive for 28 enero 2012

Discurso Brindis “ProvixBellolio”

enero 28, 2012

El día miércoles 25 de enero de 2011 en el restorán El Divertimento se realizó el “brindis” de la campaña “ProvixBellolio”, que busca llevar a Cristóbal Bellolio a la alcaldía de Providencia. A continuación las palabras del candidato:

Notas de prensa sobre el evento: http://www.elmostrador.cl/sin-editar/2012/01/27/bellolio-recibe-apoyo-de-andres-velasco-lily-perez-claudio-orrego-y-jose-antonio-gomez/

http://diario.latercera.com/2012/01/27/01/contenido/pais/31-98535-9-udi-toma-distancia-de-respaldo-de-dirigentes-rn-a-bellolio-en-providencia.shtml

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LAS TENSIONES DEL 2012

enero 22, 2012

por Cristóbal Bellolio (contribución para el Observatorio de Género y Equidad, publicada el 13 de enero de 2012)

El año 2012, en lo político, estará marcado por dos tensiones. La primera enfrenta las agendas del gobierno y la oposición. La segunda profundiza la demanda por renovación de las elites ante la obstinación de los viejos cuadros por pasar a retiro.

El Presidente Piñera entiende que las reformas políticas y tributarias ya no son una aspiración circunscrita a unos pocos grupos organizados. Era cierto, hasta hace algunos años, que la preocupación por remplazar el sistema binominal se limitaba a una porción menor de la ciudadanía –aquella parte más informada y politizada en el buen sentido del término. Hoy los sondeos de opinión revelan que la mayoría de los chilenos considera que se trata de un modelo electoral injusto, que reproduce un duopolio de escasa representatividad y asegura empates minando el sentido de la competencia. No es, por supuesto, la única reforma política. Limitar la relección indefinida, transparentar el financiamiento de las campañas, aumentar los niveles de participación femenina y modificar la ley de partidos para generar democracia interna y bajar barreras de entrada a otros actores son todas cuestiones de alta relevancia. Sin embargo el binominal parece ser la madre de las batallas en este ámbito. El problema es que el oficialismo no lo entiende así. Los presidentes de la UDI y RN han anticipado que esta es una cuestión secundaria en su agenda 2012. Lo mismo respecto de la idea de modificar la estructura tributaria chilena. Subir los impuestos a las empresas es otra demanda instalada por el movimiento social chileno durante el 2011, con la finalidad específica de inyectar recursos al sistema universitario. Aunque el Presidente se ha mostrado abierto a discutir un cambio tributario, difícilmente contará con el entusiasmo de su propia coalición este proceso. Para ellos la prioridad debe estar en seguridad ciudadana –lo que parece razonable dado los magros índices del sector que prometió que a los delincuentes se les acabaría la fiesta-, reforma educacional –aunque en este caso ni siquiera haya coincidencia respecto de la dirección de los cambios- y control de la crisis económica internacional –con el fin de transmitir la señal de responsabilidad fiscal y moderar las demandas del movimiento social, tal como hizo el último gobierno de la Concertación. 

La segunda tensión fundamental tomará forma durante el segundo semestre, gatillada por las elecciones municipales. A estas alturas es evidente que la demanda por nuevos liderazgos dejó de ser subterránea. Los personajes de la transición son cada vez más resistidos. Salvo en el caso de Bachelet, los personajes mejor evaluados son justamente independientes como Andrés Velasco y Laurence Golborne. Marco Enríquez sigue en una posición expectante. El movimiento estudiantil puso en el escenario dos o tres nombres de relevancia nacional y amplia aprobación ciudadana, a lo que se suman nuevos movimientos que pujan por su espacio en el espectro político. Lo interesante es que las próximas municipales incorporarán al universo electoral casi 5 millones de potenciales votantes, los que a su vez no tendrán una oferta novedosa en la gran mayoría de los casos. El aumento sustantivo del padrón podría producir un terremoto político en otras condiciones, pero en las actuales podemos anticipar que los cambios serán marginales. Los partidos deberán hacerse cargo de esa diferencia de expectativas y su capacidad de procesarla exitosamente determinará su suerte en el corto y mediano plazo. Si las estructuras tradicionales no se renuevan satisfactoriamente la tensión se hará más notoria y la aspiración por desechar dichas instituciones crecerá invariablemente. La noticia del regreso de Bachelet no es una gran contribución en este sentido, única y exclusivamente porque sabemos que con ella regresa la vieja Concertación, un nuevo bonus track para que el ciclo político se la transición –con sus mismos símbolos, figuras y clivajes- se siga estirando como un chicle.

Link: http://www.observatoriogeneroyliderazgo.cl/index.php/las-noticias/5475-las-tensiones-del-2012

LA ESTRELLA DEL CORONEL SE APAGA

enero 21, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 20 de enero de 2011)

El acuerdo que presentaron las mesas de RN y la DC puede analizarse desde el contenido y desde la táctica.

En torno a la primera discusión no cabe hacerse muchas ilusiones. Después de años llenando la piscina que posibilitara un cambio al sistema binominal, el texto de Walker y Larraín se concentra en una pieza de exuberancia política: avanzar hacia un régimen semipresidencial con primer ministro. ¿Es una mala idea? Para nada. Somos muchos los que creemos que hiperpresidencialismo chileno está resultando nocivo. ¿Representa una demanda real de la ciudadanía? Claro que no. Se trata de una transformación estructural escasamente socializada que requiere una serie de explicaciones que van desplazando de la agenda la cuestión central: qué hacemos con el binominal. Cierto, el pomposo y “patriótico” documento RN-DC señala que debemos optar por un sistema electoral proporcional corregido. Pero luego guarda silencio y no dice nada más sobre el punto. Paradójico, tomando en cuenta que el binominal es precisamente un sistema proporcional, aunque el menos proporcional de la familia por estar “corregido” a través de un subsidio a la primera minoría. Los optimistas quieren ver en este entendimiento programático la antesala de un cambio efectivo en las reglas electorales. Yo prefiero guardar un sano escepticismo: en los detalles aparecen las diferencias y esos detalles no están ni remotamente abordados por el acuerdo.

Por lo anterior dedico el resto de la reflexión a lo que este episodio implica desde el punto de vista de las señales políticas y los equilibrios de poder.  No hay dudas respecto de que el principal perdedor es la UDI. Carlos Larraín rompe la alianza conservadora que parecía hegemonizar los ritmos del oficialismo y deja al gremialismo aislado a la derecha.  Por eso sus dirigentes han montado –con razón- en cólera. El caso más paradigmático es el de Jovino Novoa, defensor del statu quo, último bastión del viejo régimen. Ni todas sus redes parecen ser suficientes esta vez para contener el impulso democratizador. Dentro de propia UDI, además, es el bando ortodoxo de Novoa el que más resiente la ofensiva de RN. Y aunque la vulnerabilidad exhibida por Coloma pueda inflamar las pasiones de Jovino por reconquistar la presidencia del partido, a estas alturas se hace evidente que su poder declina, su estrella se apaga.

Carlos Larraín se fortalece. Transigir a espaldas del partido aliado no es decoroso, pero el presidente de RN entendió a tiempo que no le convenía asumir de villano en materia de reformas políticas. La deslealtad al pacto oficialista parece un precio razonable para redituar en otros escenarios. Mal que mal, la UDI que firma cartas contra el Jefe del Gabinete no es el prototipo de la fidelidad coalicional. Internamente Larraín también gana. Días atrás, los denominados liberales de RN eran profusamente elogiados en las redes sociales por su arrojo y convicción democrática mientras “Don Carlos” era el blanco de los dardos progresistas. Hoy aparece dando la sorpresa, articulando acuerdos, definiendo la cancha y reafirmando su poder.

El Gobierno se complica. Se le genera una división interna que trae a la memoria la dificultad crónica de la centroderecha de construir confianzas. Pero además se le devuelve la pelota que había lanzado magistralmente al Congreso: el Presidente pidió que los partidos se pusieran de acuerdo y los partidos respondieron poniéndose de acuerdo. Todo esto sería una gran oportunidad para Piñera si tuviera un conductor político capaz de llevar la empresa a buen puerto, pero esa ausencia ha sido justamente una de las debilidades de La Moneda. Lo relevante es que el Presidente ha sido notificado que tiene espaldas políticas –y eventualmente los votos- para avanzar en la reforma.

Walker también canta victoria. Cuando todos estábamos a punto de sentenciar que su período al mando de la DC sería recordado sin pena ni gloria, como un paréntesis principesco de escasa vocación renovadora, saca del sombrero la vieja habilidad falangista de operar como bisagra del sistema político. Porque es evidente que la foto de los cuatro presidentes de la Concertación suscribiendo un acuerdo para sustituir el binominal no constituye novedad y menos provoca las tensiones necesarias para producir cambios. De esta manera manda recado a sus socios: no subestimen a la flecha roja.

La izquierda concertacionista alcanzo a reaccionar bien. Aunque varios ensayaron el libreto del picado finalmente primó la cordura: “importa el fondo y no la forma”. El objetivo es el mismo y ahora parecen contar un nuevo aliado, el decisivo para obtener la mayoría requerida. Todas las otras conjeturas respecto de un eventual pacto DC – RN que vaya más allá de esta pasada me parecen equivocadas. Tanto la DC como RN han reafirmado su domicilio político en la centroizquierda y en la centroderecha respectivamente. Una golondrina no hace verano, no derriba la lógica del duopolio ni borra las culturas tribales excluyentes que se han forjado durante décadas.

En síntesis, más ruido que nueces. Se agradece el espíritu cívico de buscar acuerdos cruzando el río pero es muy temprano para descorchar champañas. La operación está pasada a gestos, símbolos, guiños y pasadas de cuenta, y no resulta sabio dejarse embrujar por todo eso sin tener la certeza de que esta vez, al fin, algo va a cambiar.

 Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/01/20/la-estrella-del-coronel-se-apaga/

Vuelve THINK PUNK

enero 18, 2012

La última edición de revista Capital -publicada el 30 de diciembre de 2011- trae novedades. Después de un año con la sección Calling from London, regresa renovada la propuesta lúdico-política Think Punk, con textos de Cristóbal Bellolio y diseño de Gonzalo Pino. Échele un vistazo en ThinkPunk !

PD: La edición cerró antes de conocerse los resultados de la encuesta CEP.

LA PROVIDENCIA GRANDE

enero 16, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en Panoramas News, edición del 13 de enero de 2012)

No me engaño. Estoy perfectamente consciente de que el interés mediático y la adhesión espontánea que ha recibido mi precandidatura a la alcaldía de Providencia está gatillada por los vergonzosos episodios que ha protagonizado recientemente Cristián Labbé.  He observado como agrupaciones de vecinos, partidos políticos y redes sociales proceden a alinearse en una especie de “cruzada moral” para impedir que acceda a su quinto período al mando de la comuna. Yo he decidido hacerme cargo de esa demanda y portar esas banderas en la contienda municipal de octubre de este año. Sin embargo no me engaño. La idea de “sacar a Labbé” cumple una función preliminar, llena la mitad de la piscina, es condición necesaria pero no suficiente. La tarea ahora es convencer al habitante de Providencia de que tenemos un mejor proyecto, serio y ambicioso a la vez, para la comuna. El desafío es transmitir que no sólo somos una mejor carta desde el pragmatismo electoral, sino además que tenemos las herramientas para dibujar la Providencia después de Labbé.

Soy de aquellos que creen las políticas públicas no son neutras, sino que emanan de una visión respecto de qué tipo de sociedad queremos. Me gustaría compartir algunas nociones sobre esa visión, aplicada esta vez a nivel local.

Providencia es sin duda un lugar privilegiado. Cuenta con recursos suficientes para desarrollar una amplia gama de iniciativas, se encuentra en el corazón de la capital en contacto con diversos mundos santiaguinos, su trajín cotidiano exhibe la complejidad del nuevo Chile, su población residente se va haciendo más heterogénea, sus liceos y colegios representan la llave de miles de jóvenes hacia la igualdad de oportunidades, sus estándares de calidad de vida son muy superiores al promedio nacional, y su equipo de funcionarios municipales realiza una gestión destacada en todas las mediciones. Con todas estas ventajas, la comuna que yo sueño es la Providencia de puertas abiertas, la Providencia inclusiva, la Providencia grande al servicio de Chile. Los residentes de Providencia deben ser los orgullosos anfitriones de una microciudad que refleja lo que todo chileno quisiera que fuese su comuna.

Es importante entender que la idea de una Providencia conectada y diversa no significa la rendición ante el progreso que asfixia la vida de sus residentes. Más bloques de concreto no es la solución. La vida de barrio pasa por el diseño de ciudades a escala humana, donde las prioridades estén puestas en la autonomía y la felicidad de los vecinos. Sin desarrollo sustentable, seguridad ciudadana, preservación patrimonial y espacios familiares no hay progreso que valga. Estoy convencido de que la inversión futura será con nosotros mucho más sensible a estas tensiones y demandas.

Creo en las posibilidades de la creatividad humana y mi propuesta es escuchar todas aquellas ideas –por descabelladas que parezcan en un comienzo- que apunten a transformar a Providencia en una comuna excepcional en compartir lo público y respetar lo privado. Esto es posible hacerlo en marcos amplios de participación y encuentro cívico, más difícil con liderazgos verticales y despóticos. La metodología liberal que busco interpretar admite que no tiene todas las respuestas y sale a buscarlas con humildad, con mucha oreja y empatía con los problemas del otro, mientras por el contrario el modelo autoritario se las sabe por libro, aplicando discrecionalidad como si de un feudo medieval se tratara. La comuna que tengo en mente administra las tensiones de la libertad, mientras la comuna autoritaria permite a algunos y niega a otros la posibilidad de ejercer dicha libertad.

El tiempo de la actual administración ha terminado. 16 años son suficientes. Nuevos tiempos requieren nuevos desafíos, nuevas ideas y nuevos liderazgos. Tenemos las ideas matrices de esa Providencia Grande del siglo XXI, polis de encuentro ciudadano, hervidero cultural, pulmón del sector Oriente, crisol de nuestra diversidad, niveladora de la cancha nacional, sueño de una vida urbana mucho mejor vivida.

Link: http://www.pnews.cl/edicion/2012/57/

http://www.pnews.cl/2012/01/13/bellolio-arremete-contra-labbe-se-acabo-la-derecha-autoritaria-en-providencia/

Y SI LA DERECHA SE DIVIDE… ¿QUÉ?

enero 14, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 13 de enero de 2012)

A Carlos Peña le gusta comparar a Piñera con Jorge Alessandri. En efecto, no son pocas las similitudes. Los dos Presidentes –ambos con destacada trayectoria empresarial- comenzaron sus respectivos mandatos con “gabinetes de gerentes” que subestimaron la importancia del componente político en la administración del poder. Ambos también debieron corregir el diseño sobre la marcha. Lo interesante es que Alessandri terminó gobernando con un sector distinto al que lo eligió –los radicales-, cuestión que resuena al leer las declaraciones del senador Jovino Novoa: “Lo que el gobierno tiene que decir es si va a querer gobernar con la Alianza o con la Concertación, más dos o tres votos”.

Pero Peña también subraya la vacilación que mostró Alessandri a la hora de optar por un modelo de derecha, en tiempos en los cuales la pugna se desplegaba entre el viejo tronco conservador, agrario y nacionalista versus la nueva burguesía liberal y urbana. La esperanza del columnista era que Piñera no cayera en la misma indecisión política. Que fundara justamente una “nueva derecha” orientada al centro, con credenciales democráticas intachables y compromiso con los DDHH, al mismo tiempo que respetuosa de la diversidad cultural e inflexible contra los atentados a la libre competencia. Que se sacudiera los lastres del autoritarismo –y de sus rostros más visibles- alejándose al mismo tiempo de la derecha confesional y temerosa de la participación ciudadana.

La polémica respecto de la agenda oficialista y la cacareada reforma al binominal vuelve a poner sobre la mesa la disyuntiva histórica que enfrenta Piñera, la que alguna vez enfrentó Alessandri, y cuya resolución aun está pendiente. Estas son, en mi opinión, las claves del proceso:

  1. El realismo político: el manual del gobernante aconseja apoyarse siempre en los propios antes de salir a buscar acuerdos en torno a grandes reformas. Piñera teme el destino de Alessandri: quedarse solo. Es posible que ésta sea la única razón por la que mantiene al ministro Hinzpeter. Es comprensible que prefiera soportar las asonadas de la UDI, hacer como que golpea la mesa, mandar al vocero a explicar intenciones y así sucesivamente, evitando siempre que la sangre llegue al río. Sabe bien el Presidente que cuenta con la lealtad del lote liberal de su partido –paradoja: se les llama díscolos a quienes están auténticamente alineados con el diagnóstico del Jefe de Estado- pero también sabe que eso no basta. Después de fallido intento por sumar figuras de la DC a su gobierno y la aspereza del clima político, es evidente que no puede construir nada sobre un eventual pacto con la Concertación. Especialmente en un tema –binominal- donde la propia oposición tiene tejado de vidrio.
  2. El fin del lavinismo: el episodio ha retrotraído al oficialismo a los años ’90. En ese entonces los líderes “liberales” de RN eran escandalosamente aserruchados por el bloque de senadores conservadores que se oponía al “desmantelamiento” de la Constitución del 1980. La hegemonía del partido que compartían Jarpa y la patrulla juvenil daba paso al lavinismo furioso, una batucada interminable que cambió el eje semántico de la política chilena e inauguró la era de “los problemas reales de la gente”. Hasta entonces ser de la UDI era complicado: era el partido ultra de la derecha, vinculando hasta el tuétano con Pinochet. Pero el fenómeno Lavín los pasó a la vanguardia. Un partido agresivo que se dio el lujo de arbitrar la política chilena –pregúntenle a Lagos- porque leyó los escenarios mejor que su aliado. Cuando el senador Coloma repite hoy exactamente lo mismo que decía Lavín hace 15 años –“a los chilenos no les interesan las reformas políticas”- revela que la fase de innovación del gremialismo tocó techo y entra en la etapa de los rendimientos decrecientes. Además de ser una aseveración falaz, regresa a su partido a la etapa de la reacción y el miedo al cambio. Que se manifiesten abiertos a la reforma tributaria y no a la modificación del binominal es sintomático: prima la defensa de las parcelas adquiridas.
  3. El tercer partido: nunca la coyuntura había sido tan propicia al separatismo aliancista. Pareciera que las diferencias entre la disidencia de RN y Carlos Larraín son mucho menos sustanciales que las que dividen a los llamados parlamentarios “liberales” del resto de su tienda. Hay divergencias en lo político, en lo económico, en lo moral e incluso en materia de medio ambiente. Son discrepancias “ideológicas absolutas” señaló Lily Pérez, la cabeza visible del descontento. Pero ¿hay agua en la piscina para una escisión organizada? Desde lo normativo, parece correcto que los liberales formen una estructura propia dentro del paraguas de la centroderecha. No sólo les permite conducirlo a gusto, sino que además borran el pecado original de la dictadura y extienden la base de apoyo hacia sectores del centro que son necesarios a la hora de construir proyectos mayoritarios. Desde lo práctico, el principal problema es el propio sistema binominal. ¿O cree usted que la UDI cederá cupos para este nuevo partido? ¿O que lo hará Carlos Larraín, quien acaba de ironizar comentando que estos congresistas prefieren ser “cabeza de ratón antes que cola de león”? Altamente improbable.
  4. ¿Qué quiere el Presidente?: Piñera fue hábil una vez más en chutear la reforma del binominal al Congreso y el ámbito de los partidos. Pero esa es una pasada de corto plazo. Se operó del problema pero no puede operarse de sus implicancias políticas. Una vez más, según el manual, a ningún mandatario le conviene que su partido se quiebre en plena administración. Sin embargo, hay bemoles. Este no sería un éxodo anti Piñera sino todo lo contrario; se trata del bloque que más sintonizaría con las convicciones del Presidente. Mientras el “tercer partido” siga siendo oficialista, podría incluso resucitar la idea de la Coalición por el Cambio que hasta entonces ha sido una gran mentira -no hay más que la vieja y conocida Alianza-. El factor sucesión es muy relevante: ¿qué escenario prefiere el presidenciable RN Andrés Allamand? Todo indica que este último ya no es el de los ’90 y ahora prefiere evitar los riesgos. Me atrevería a decir que no hay división posible sin la venia de Allamand, y que a su vez el ministro de Defensa quiere un partido ordenado que no haga olitas en su designación como candidato en 2013. Su entendimiento con Carlos Larraín –quien ocupa su plaza en el Senado- parece prevalecer sobre su simpatía hacia el sector liberal del partido.

La maldición del “paleta” Alessandri, dicen, fue el inmovilismo. Piñera tiene la oportunidad de romper el molde. Pero ello implica construir industria y no especulación bursátil. Requiere mirada de largo plazo. Está consciente de que el sistema político se encamina a un estado de inestabilidad en nombre de la propia estabilidad y que puede pasar a la historia como el Presidente que oxigenó la política chilena. Entiende que sus niveles de aprobación lo disminuyen frente a RN y la UDI pero también sabe que la única posibilidad de terminar bien su período es “a pesar” de ellos y no “gracias” a ellos. Más solo que hoy no puede estar. El resto es pura ganancia para él, su gobierno y la derecha del futuro. 

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/01/13/y-si-la-derecha-se-divide%e2%80%a6-%c2%bfque/

Entrevista con The Clinic TV

enero 12, 2012

Entrevista realizada el pasado miércoles 4 de diciembre para The Clinic TV

BACHELETISTAS SOMOS TODOS

enero 10, 2012

por Daniel Matamala (publicada en revista Qué Pasa el 5 de enero de 2011)

En 1972, cuando volvió por primera vez a Argentina, tras 17 años de exilio, Juan Domingo Perón analizó el electorado en una conferencia de prensa. “Un tercio son conservadores, un tercio socialistas, un tercio radicales”, describió. Confundidos, los periodistas se miraron entre sí. “¿Y los peronistas?”, preguntó al fin uno. “Ah, no”, respondió el general. “Peronistas somos todos”.

Era cierto. Durante la forzada ausencia de su líder, el peronismo había logrado lo imposible: convertirse en un paraguas capaz de agrupar a todos los argentinos bajo el mito de un pasado brillante y la promesa de un futuro esplendor. Había un Perón para cada uno. Para los obreros, el héroe que había liderado las reformas sociales. Para la derecha, el general anticomunista que había establecido el orden y el progreso con mano de hierro. Para los marxistas, el revolucionario que había dignificado a los descamisados. Para los fascistas, el admirador de Mussolini que pasaba su exilio como protegido de Franco. Para los progresistas, el presidente que dio derecho a voto a la mujer y fue excomulgado por la Iglesia Católica.

La insurgencia marxista (los Montoneros) se declaraba peronista. La insurgencia fascista (los Tacuaras) se declaraba peronista. Peronistas somos todos.

La frase calza perfecto con la última encuesta CEP: 82% de percepción positiva de la ex presidenta Bachelet. 5% de percepción negativa. Rozando la unanimidad y estableciendo nuevos récords. ¿Qué líder es desaprobado por apenas uno de cada veinte ciudadanos? Sin contar el ficticio apoyo a los “amados líderes” de las dictaduras del mundo, la respuesta es que muy pocos. Y ahí está la clave, con las obvias prevenciones del caso (el Chile democrático de hoy versus la Argentina dictatorial de los sesenta, una ex presidenta que cree en las instituciones versus un general populista). Tal como en la Argentina que añoraba al peronismo, la virtual unanimidad no es para un líder, sino para un símbolo.

Bacheletistas somos todos.  Porque en el pasado brillante y en el futuro esplendor del bacheletismo hay un espacio para cada uno. Un bacheletismo a la carta.

Elija: el recuerdo de un manejo económico responsable que resistía las presiones populistas. Que enfrentó la revolución pingüina sin cambiar el modelo educacional. Que legitimó el sistema previsional sin afectar a las AFP. El bacheletismo liberal, garantía de paz social sin satanizar el lucro ni destruir el emprendimiento privado.

Elija: la presidenta que multiplicó las salas cuna, mejoró las jubilaciones y enfrentó la crisis con bonos directos para los más pobres. El bacheletismo maternal, garantía de protección para un país que cuida a sus hijos y asiste a los más necesitados.

Elija: el gobierno de la gran reforma previsional,  que derogó la LOCE. El bacheletismo revolucionario, garantía de cambios estructurales que ahora, libre de los amarres de su primer mandato, acabará con la era neoliberal.

Pero este bacheletismo a la carta, transversal y unánime, sólo se sostiene al margen del liderazgo, desde la distancia física, el silencio habitual y las respuestas genéricas frente a los grandes temas, como las enunciadas por Bachelet esta semana.

¿”Fortalecer la educación pública” discriminando a los colegios subvencionados que la mayoría de los padres prefieren? ¿Implementar una “reforma tributaria de verdad” aun a riesgo de afectar el crecimiento económico y el empleo? ¿”Cambiar el sistema político” enfrentando los costos y las incertidumbres de la reforma?

Todas ésas son respuestas para un líder. Respuestas que significan definirse en los detalles, conformar a algunos y desilusionar a otros. Enfrentar presiones corporativas. Levantar oposiciones. En suma: pasar del simbolismo al liderazgo. Una etapa en que ya no todos podrán ser bacheletistas.

Link: http://www.quepasa.cl/articulo/opinion—posteos/2012/01/20-7459-9-politica-bacheletistas-somos-todos.shtml

RÉGIMEN O DICTADURA

enero 9, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 6 de enero de 2012)

¿Fue una dictadura? Evidente. ¿Fue un régimen militar? Por supuesto. En estricto rigor, ambas categorías sirven para etiquetar el período Chile 1973-1990. Lo que hoy está en discusión no es un asunto de precisión conceptual sino un reconocimiento al poder simbólico de las palabras. Y el término dictadura expresa una mayor carga de rechazo.

Pinochet perdió el plebiscito con la nada despreciable cifra de 44% de adhesión. Con el tiempo, sus adherentes fueron bajando. Primero porque la democracia de la Concertación resultó ser bastante digerible para la derecha. Luego porque Chile entero abrió los ojos respecto de las violaciones a los DDHH que fueron negadas o calladas durante tantos años. Más tarde porque el dictador fue aniquilado políticamente en las cortes de Madrid, Londres y Santiago. Los incondicionales también descendieron cuando se supo de las cuentas secretas de la familia Pinochet. Según los estudios, la opinión que tienen hoy los chilenos respecto de los 17 años de paréntesis democrático es más negativa que nunca. Por lo mismo es consistente utilizar el término que mejor refleja esa correlación de fuerzas: dictadura.

El ministro Beyer tiene algo de razón cuando sostiene que hablar de “régimen militar” es “más general”. Lo que ocurre es que la ciudadanía no quiere fórmulas “generales” cuando las específicas están disponibles y grafican mejor el estado de ánimo colectivo. La emotividad social quiere condenas ejemplares mientras la expresión “régimen militar” parece atenuar esa condena.

No siempre fue así. El mejor trabajo periodístico de la época de Pinochet debe ser “La Historia Oculta del Régimen Militar” de Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda. Entonces, referirse al “régimen” era una expresión extendida y no necesariamente neutral en cuanto a juicios de valor. Los autores de este libro, rigurosos investigadores, no son neutrales en este ámbito.

Pero la valoración de los términos ha cambiado. El historiador británico Quentin Skinner sostiene que cuando los conceptos tienen historia suelen escapan de las definiciones cerradas, especialmente cuando éstas aspiran a una supuesta neutralidad. Por lo mismo siguiendo a Nietzsche propone construir genealogías conceptuales, que revelen cómo el lenguaje y las ideas se van desarrollando a partir de los propósitos de un determinado grupo o actor social.

Tome por ejemplo la idea de libertad. Aquellos que instigaron el golpe militar y apoyaron el derrocamiento del Presidente Allende lo hicieron para “recuperar la libertad del yugo marxista”. Más de una década después, fueron esta vez los opositores a la dictadura los que se organizaron bajo el paraguas emblemático de la libertad. Las cadenas que rompía la mujer alada en la moneda de 10 pesos de la época fueron las mismas cadenas que los chilenos rompieron al vencer a Pinochet. Es imposible sostener que la motivación de los primeros fue una falsa aspiración a la libertad o que los segundos estaban conceptualmente confundidos cuando ocuparon la misma idea. Los conceptos están vivos y sirven objetivos distintos según el momento histórico.

Hasta hace algunos años, “régimen militar” parecía una solución de compromiso a medio camino entre gobierno militar y dictadura. Hoy no hay espacio para soluciones de compromiso. Esa es la lectura que acertadamente han hecho algunos dirigentes RN para distanciarse del partido aliado. Pero es al mismo tiempo la demostración más palmaria de que la derecha y el oficialismo en general siguen vinculados en el imaginario colectivo al período que los chilenos abrumadoramente repudian.  Es innegable que Allamand, Matthei, Chadwick o Longueira aportan peso específico al gobierno de Piñera, pero con ellos a bordo es inverosímil plantear que esta administración abre un nuevo ciclo político. Son los rostros del SI, son los hombres de la transición. Episodios como éste se encargan de refrescar la memoria.

Por supuesto, sería ideal que este tipo de discusiones se diera en espacios deliberativos menos viciados. Así como el remplazo de un concepto con tanta carga no puede ser “un gol” que metió un funcionario entre gallos y medianoche, nuestros estudiantes no pueden ser formateados entre vetos y verdades oficiales; y así como la izquierda debe aceptar que regímenes no democráticos en el exterior merecen la misma calificación, la derecha debe entender que su posición temporal en el poder no puede torcer la percepción histórica por decreto.  

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/01/06/regimen-o-dictadura/

Sex and Santorum

enero 5, 2012

La microcolumna de Paul Krugman aparecida ayer 4 de enero en el New York Times:

The race for the Republican presidential nomination has been an edifying spectacle. No, really: we are learning a lot of things that we might not have if it had been a simple Romney coronation. Until he rose in the polls, Ron Paul was seen by many liberals as an almost cuddly figure, a nice antiwar guy with some quirky ideas about gold; we’ve learned a bit since. Now Rick Santorum, whose frankness gives us an education in what “moral values” is really about, at least for a significant number of people:

Santorum has long opposed the Supreme Court’s 1965 ruling “that invalidated a Connecticut law banning contraception” and has also pledged to completely defund federal funding for contraception if elected president. As he told CaffeinatedThoughts.com editor Shane Vander Hart in October, “One of the things I will talk about, that no president has talked about before, is I think the dangers of contraception in this country,” the former Pennsylvania senator explained. “It’s not okay. It’s a license to do things in a sexual realm that is counter to how things are supposed to be.” .

Link: http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/01/04/sex-and-santorum/