Archive for 30 abril 2012

Entrevista a Cristóbal Bellolio en “Realismo Visceral”

abril 30, 2012

“El pre-candidato al sillón municipal en Providencia compartió su tiempo con nosotros y nos contó parte de su formación política. Además, dio a conocer su visión sobre la comuna y cuáles son las motivaciones que lo llevaron a tomar la decisión de participar en el proceso electoral que viviremos el 2012”

Link: http://www.realismovisceral.cl/vervideo.php?pagina=1

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COSTANERA DE LA DISCORDIA

abril 27, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en radioagricultura.cl el lunes 23 de abril de 2012)

Ya está colapsado. Pero lo que se viene para Sanhattan será peor. La inauguración del Mall Costanera Center convertirá en realidad la peor pesadilla urbana: un auténtico caos social y vial. Algunos expertos como Iván Poduje han señalado que “el taco podría llegar hasta Plaza Italia”, mientras el ingeniero en Transporte Louis de Grande cuenta que el modelo de simulación computacional colapsó cuando se le pidió proyectar el aumento de tráfico vehicular. Los traslados en hora punta, añaden, podrían tardar hasta un 60% más. Algunos han sostenido que estos nefastos efectos terminarán por compensar los eventuales beneficios económicos que traería bajo el brazo el gigante de Horst Paulmann: “si la generación privada de valor derivada de un proyecto como Costanera Center fuese inferior al costo social por mayor congestión, la ciudad sería más pobre y por ello irracional continuarlo” escribió Manuel Cruzat. Pero las máquinas siguen funcionando, la mayoría de las obras de mitigación vial están pendientes, y la inauguración del edificio se avecina.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Tan grande es el grado de imprevisión de nuestra institucionalidad? ¿Tan displicente el compromiso de la autoridad? ¿Tan poderosos los actores empresariales y tan poco importante la opinión de la comunidad?

Sí, grande es el grado de imprevisión de nuestra institucionalidad. Sí, notoriamente displicente la autoridad local. Sí, poderosísimos los actores privados e irrelevante la comunidad.

Que el camino de Costanera Center ha estado plagado de dudas es de conocimiento público. Permisos mal otorgados, flexibilidades administrativas impropias, posibles irregularidades. No me obsesiono con la búsqueda de culpables. A estas alturas lo imperativo es promover una nueva institucionalidad que sea capaz de lidiar con proyectos de esta envergadura. Ministerios y municipalidades se pasan la pelota y nadie asume responsabilidad. Urge un enfoque integral de la ciudad y su desarrollo. Hasta los liberales estamos de acuerdo en las bondades de una planificación urbana inteligente y sustentable, que les permita a nuestros hijos gozar de una calidad de vida similar o superior a la que disfrutamos nosotros. La propuesta de una Alcaldía Mayor para Santiago, que ya fuera discutida superficialmente a propósito del Transantiago, debe regresar al debate. En lo particular, sería interesante avanzar hacia un mecanismo que pueda decidir y evaluar construcciones complejas en los vértices y perímetros de una comuna. Por ejemplo, ¿qué rol jugaron Las Condes, Vitacura y Huechuraba respecto de una obra radicada en Providencia pero de evidente impacto en todo el sector oriente?

Que el alcalde de la misma Providencia juega a Poncio Pilatos también resulta evidente a partir de sus declaraciones. Es muy cierto, como sostiene Labbé, que este proyecto se arrastra desde la adquisición de los terrenos por parte de la CCU y que luego contó lo la venia explícita de los gobiernos de Lagos y Bachelet. Pero nada de eso exculpa que como representante local no haya tomado partido por los vecinos y la defensa de sus intereses. La negligencia política de Cristián Labbé la pagarán los residentes de Pedro de Valdivia Norte, del barrio Suecia y Holanda, del eje Andrés Bello, del extenso sector de Tobalaba hacia el Poniente. No me parece honesto señalar que debió sin más oponerse al proyecto. Sin embargo esa voz fuerte que golpea la mesa cuando se trata de enfrentar a los estudiantes estuvo ausente para demandar que los actores públicos y privados cumplieran con sus obligaciones en materia de procedimientos y mitigaciones requeridas: el túnel Andrés Bello, el puente sobre el Mapocho, el aumento de Ciclovías, el rediseño de veredas, los nuevos paraderos y la eventual extensión del metro, entre otras. Sabemos que las nuevas patentes comerciales que irán a parar a las arcas de la Municipalidad son una poderosa razón para amigarse con Costanera Center, pero el gobierno local no debe nunca perder de vista quiénes son sus representados y a quiénes debe proteger.

Finalmente, llama la atención al año 2012 la poca participación de la sociedad civil. Probablemente hace un par de décadas la palabra progreso generalmente iba asociada a la idea de más autos, más edificios, más centros comerciales a gran escala. Nadie se tomaba la molestia de preguntar nada. Sin embargo los tiempos han cambiado. Vale la pena invertir las horas que sean necesarias para consultar y socializar proyectos que alteran el entorno local. Los resultados siempre serán más legítimos cuando los procedimientos sean inclusivos. Mi hipótesis es que la nueva ciudadanía, al menos en Providencia, abraza un paradigma de desarrollo urbano con más verde y menos concreto, con alternativas de movilidad distintas al automóvil, con comercio de barrio y zonas típicas patrimoniales, de espacios públicos abiertos y menos opulentos. Por supuesto, es sólo una hipótesis, la que habríamos podido confirmar o refutar si hubiéramos incluido más a la comunidad.

Será tarea de la nueva autoridad comunal promover los cambios necesarios: incentivar a los legisladores a crear la institucionalidad adecuada, exigir las compensaciones y reparaciones que apenas atenuarán el costo que sufrirán los vecinos de Providencia, así como fundar un diálogo constante y fluido con la comunidad para enfrentar proyectos de alto impacto. Tendremos tiempo para indignarnos. Pero luego habrá que ponerse a trabajar.

Link: http://www.radioagricultura.cl/client/1578-Costanera-de-la-discordia.html

RESPUESTA A OSSA: DE BONUS TRACK Y PATALETAS

abril 25, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el martes 24 de abril de 2012)

La ¿respuesta? de Juan José Ossa a mi columna sobre las expectativas presidenciales de Allamand fue sorpresiva. Para quienes no lo conocen, se trata de un tipo inteligente, moralmente recto y genuinamente convencido de que la derecha liberal puede ganar espacios en el futuro. Pero que esta vez fue utilizado por quienes no soportaron la elocuencia de una crítica política.

Lo más triste es que en lugar de hacerse cargo de mi argumento central —si un eventual gobierno de Allamand constituiría unbonus track para su generación— escoge salir a golpear al mensajero. Su poción contiene una cuota considerable de veneno personal que rebaja su exposición y anticipa un estilo matonesco que en nada contribuye a la imagen de su candidato. El lector se vio arrastrado a un curioso relato de cahuines y pasadas de cuenta, que en su gran mayoría son groseras mentiras o superficiales pachotadas. Ossa prefiere interpelarme en mi calidad de actor político y no como analista —porque en este último plano no aportó nada— así es que en ese nivel le contesto.

El asunto de fondo en esta escaramuza endogámica es que ciertos grupos no asumen el inclaudicable derecho de cuestionar a la tribu. Yo no vivo de glorias pasadas, no tengo tótems ni animitas, no juego a la política con padrinos. Creo en la capacidad de los seres humanos de dibujar nuevos comienzos allí donde parecen improbables. Fue lo que hizo Frei Montalva y sus jóvenes católicos al desafiar el tronco conservador. Fue la pulsión fundacional de Lagos al crear el PPD y colaborar en el nacimiento de la Concertación. Es lo que motivó al joven Allamand a invertir en un buque remozado —en lugar de revivir el viejo Partido Nacional— para enfrentar mejor los nuevos tiempos. Es el ciclo de la vida: algunas estructuran persisten, otras desaparecen, unas tantas nacen. Renovación o remplazo.

No tengo certidumbre respecto del destino del proyecto liberal que aspiro a representar. Mi cancerbero de turno no es el primer escéptico que me recomienda “cambiar las cosas por dentro”. Yo respeto a quienes toman ese camino y exijo respeto para quienes buscamos nuevos horizontes políticos. A diferencia de otros, no conversamos la política desde un pomposo salón con una copa de coñac, sino que nos entregamos con pasión y dedicación obligándonos a salir de la esfera de la comodidad. Porque vaya que es difícil convocar nuevas fuerzas y no aprovecharse de las redes que ya existen. Aquí no basta el seso. También se necesitan muchos huevos.

La titánica tarea que emprendemos para generar alternancia en Providencia es el mejor ejemplo de que no espero invitaciones de nadie. El partido de Juan José Ossa me ofreció gentilmente “otra comuna”, oferta que con la misma deferencia rechacé. Estoy seguro que Allamand habría hecho algo similar en su época: salir a enfrentar con decisión a la derecha más autoritaria. Por eso tantas personas cercanas a RN han manifestado simpatía o derechamente apoyado nuestra opción. Les recuerda ese espíritu de lucha. Les recuerda la promesa del Allamand llamado a refundar la derecha con contornos ideológicos liberales. Una promesa que se fue desvaneciendo en el tiempo y que no se reconstituye ladrando ni tejiendo sofisticadas operaciones. Se hace con autocrítica y encarnando un sincero proyecto renovador. Eso no se está transmitiendo y no tiene absolutamente nada que ver conmigo. Sigo sin ver por qué su hipotético gobierno encarnaría la promesa que ya incumplió Piñera: emanciparse de contemporáneos y aliados históricos para dar espacio a savia nueva, para abrir un nuevo ciclo y no seguir estirando el chicle del antiguo régimen.

Raro es que se me reproche no haber seguido el precoz derrotero de Allamand. Las personas no pueblan el mundo que quieren; sólo deciden qué hacer con el tiempo que les toca vivir. Él tuvo su dictadura y debió terciar con Jarpa para generar un nuevo escenario. Nosotros tenemos la política en el congelador y nuestro deber es enfrentarnos a quienes la tienen en ese estado.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/04/24/respuesta-a-ossa-de-bonus-tracks-y-pataletas/

Progress and its discontents

abril 23, 2012

A continuación el polémico artículo publicado en The Economist, edición del 14 de abril:

IN A ritual marking the start of the academic year, last month the streets of Santiago were full of students dressed in colourful combinations of rags and body paint politely seeking donations from passers-by in the late-summer sunshine. Many of their predecessors had spent their summer holidays swotting, having devoted last year to occupying classrooms and taking to the streets in their tens and hundreds of thousands, in sometimes violent demonstrations to demand free and better higher education. This mass popular protest, and the huge public sympathy it aroused, took the centre-right government of Sebastián Piñera by surprise, leaving it floundering.

The habit of protest seems to be catching on. Thousands of residents of Aysén, a remote region in Patagonia, have blocked roads to demand cheaper petrol and in protest over a new fishing law. Similar regional protests have occurred in Calama, a mining area in the northern desert, and (last year) in Punta Arenas.

Such protests have been commonplace for years in Peru, a poorer and more diverse country. But Chile? In the two decades since General Augusto Pinochet’s dictatorship gave way to democracy, Chile has stood out in Latin America for its rapid growth, social progress, political stability and relatively robust institutions. Now Chile’s political leaders are wondering if they are seeing a popular rebellion against “the model”, as some call the free-market policies bequeathed by Pinochet and left largely intact by his successors.

Two years ago Mr Piñera, a billionaire businessman, led the centre-right Alliance to power after two decades of rule by the centre-left Concertación coalition. When his government organised a successful rescue of 33 trapped miners in October 2010, his approval rating soared to 63%, says Adimark, a pollster. Thanks mostly to the students, it is now just 29%.

Part of the problem is that Mr Piñera has proved to be an inept politician—a view not confined to the opposition. The government was slow to respond to the student protests. The president zigzagged between talking tough and giving in, undercutting his ministers in the process. The latest casualty was the energy minister, who resigned over the mishandling of the Aysén protest. The public dislikes Mr Piñera’s arrogance. “He has convinced Chileans that he’s very intelligent, but he hasn’t convinced them he has a heart,” says Arturo Fontaine of the Centre for Public Studies (CEP), a liberal think-tank.

But the public is equally dismissive of the Concertación. At just 21%, its approval rating is even lower than the governing Alliance (24%), according to Adimark. Rather, the emblematic figure of Chile’s year of discontent is Camila Vallejo, a 23-year-old Communist student leader. Having been an irrelevance on the margin of Chile’s two-party system, the Communist Party enjoys “more influence than at any time in the past 20 years,” says Guillermo Teillier, its president.

What makes this collapse of public confidence in the system odder is that in many ways Chile continues to thrive. The economy is growing by 6% a year, and with virtually full employment, wages are rising equally fast. The government has done a reasonable job of reconstruction after a severe earthquake two years ago.

Less poor, still unequal

In opinion polls the students’ demands enjoy the support of 70% of respondents, even if their sometimes disorderly methods attract the disapproval of a narrow majority. The student movement has struck a chord in a society that is increasingly middle-class but remains highly unequal. Only 15% lived below the poverty line in 2009, down from 45% in the mid-1980s. But the distribution of income in Chile is the most unequal in the OECD, a group of 31 mainly rich countries that it joined in 2010. Taxes and government transfers do little to reduce inequality (see chart 1). The education system has locked in social inequality rather than breaking it down.

Chile has made a big effort to increase access to education, partly by allowing private entities to run schools and universities. Politicians from both main coalitions repeat the numbers with pride: over 1.1m young people now study in universities or technical colleges, up from just 200,000 in 1990. That amounts to around 45% of 18-24 year olds. Over 70% of these students are the first generation in their families to go on to higher education. All in, Chile spends around 7% of GDP on education—above the OECD average, though its population is younger. But more than a third of the spending is private. Many Chileans find they are paying a lot for an uncertain return.

All universities, both private and public, rely on student tuition fees, which account for 80% of spending on higher education, according to Carlos Peña, the rector of Diego Portales University. Fees range from $700-1,000 a month at the top universities, down to around $70 a month for a two-year vocational course at DUOC, a non-profit technical college linked to the Catholic University.

But fees at most universities cluster at the upper end, irrespective of quality. And on average, they have been rising by 3-4% a year in real terms in the past 15 years, notes Harald Beyer, an academic who in January became Mr Piñera’s third (“and I hope last”) education minister. To make matters worse, the average university course lasts six years and four months, compared with an OECD average of four years and four months, according to Mr Beyer.

Although around 60% of students get grants or government-backed loans, these cover only 70-80% of fees. Loans at “traditional” universities—a group of 25 public and private non-profit institutions—carry an interest rate of just 2% a year. But the interest rate on state-guaranteed bank loans to students at newer private universities, introduced in 2006, was fixed at 5.8%. Many poorer families find that they can achieve their dream of educating their children only by taking on large debts.

Many students arrive with the idea that they will derive the same advantages that universities offered when they catered for only a small minority. That is no longer true. As the number of educated Chileans rises, the premium they command in the labour market falls. (This is why income inequality in Chile has been falling a bit.) Employers give more weight to degrees from the top universities. In addition, drop-out rates are high. Those who drop out have accumulated debts but will be little better off than if they had gone straight into the labour market after school, according to a CEP paper by Sergio Urzúa, an economist at the University of Maryland. Mr Urzúa estimates that 39% of those who do graduate will find that their salaries do not compensate for the cost of their courses. As Andrés Velasco, a former finance minister, puts it, “the combination of lower-than-expected income and higher-than-expected debt is explosive.”

Poorer students are more likely to drop out, and less likely to get into the poshest university courses. That is because they go to worse schools. Thus at DUOC, where three-quarters of students come from the poorest three-fifths of society, about 35% drop out, either for economic reasons or because they find the courses too hard, according to Jaime Alcalde, the rector. “Students arrive without being able to do basic arithmetic or with weak language skills,” he says. About a quarter of each course at DUOC involves remedial classes in maths, language and English.

DUOC has a good reputation for achieving upward mobility: within six months, nine out of ten graduates are working in their area of specialisation, for salaries ranging from $1,150 to $2,450 a month, says Mr Alcalde. That may be why few of its students joined the protests.

But many other institutions offer much worse value. “In Chile there are good universities for the rich and bad universities for the poor,” complains Camilo Ballesteros, president of the students’ union at the University of Santiago last year and now the Communist candidate for mayor in one of the capital’s student districts. He wants “free high-quality universities for all”. The student movement also wants the national government to take over municipal schools and to abolish for-profit state-subsidised schools. Universities are barred by law from making profits, but some find loopholes, such as when their owners set up property companies that charge high rents for their campuses.

Fair, not free

“We’re not going to yield to demagogic demands,” says Andrés Chadwick, who is Mr Piñera’s cabinet secretary (and first cousin). “Free education doesn’t seem fair to us, because those in higher education still tend to be the better-off.”

Instead, the government wants to make higher education cheaper and better, in several ways. It has sent a bill to Congress to equalise the interest rate on all student loans at 2% a year. That this has not been swiftly approved suggests that the traditional universities are quietly lobbying against it. Another bill would set up a regulator whose job would be to enforce the law barring universities making profits. The government has also announced a modest rise in state-funded student grants, and it is mulling a law to reform university governance.

Some in the opposition want to see a cap on fees. But that risks hurting quality. Mr Urzúa argues that the biggest problem is the lack of information students have when choosing their course about the cost and the likely economic return.

But most of the government’s efforts are directed at improving schools. Mr Beyer points out that, by the time they are ten years old, pupils’ performance already varies sharply with household income. That is partly because less than half of Chilean children receive any pre-school education. But it is also because the poor go to worse schools.

Pinochet left a voucher system in which the government runs no schools itself, but instead pays a fixed fee per pupil. But while private schools ask parents for top-up fees, most municipal schools do not. The Concertación government of Michelle Bachelet (2006-10) raised the voucher to $100 per pupil each month, and added an extra $50 for poorer children. But Mr Velasco, who was Ms Bachelet’s finance minister, says the voucher needs to double if poorer children are not to lose out.

Perhaps the most pressing need in Chile’s schools is a radical shake-up of the teaching profession. Because teachers are mediocre, even the poshest private schools in Santiago are no better than an average state school in London or New York. Mr Piñera’s government has made a start: a 2010 law gave head teachers more power to hire and fire. Missing is a grand bargain in which higher salaries would attract brighter graduates into better teacher-training programmes and then make them accountable to parents for their schools’ performance.

Mr Beyer points to a poll showing support for free higher education falling from 80% to 45% over the past year as evidence that the government is starting to win the argument. But it may be losing the wider propaganda war. Roberto Méndez of Adimark says that, for the first time in 30 years, “trust in the liberal economic model has weakened”, from 60% to 40%. That may be because the student movement has crystallised a widespread feeling that the economy, politics and the media are all rigged in favour of a small elite.

Collusion and cartels

Partly because Chile is a fairly small, remote country, its economy is riddled with oligopolies. For example, just three chains of pharmacies control 90% of the market. In January, the competition authority found that they had colluded to push up the price of more than 200 medicines by around half. The authority has also fined bus companies for collusion. It is now investigating an alleged chicken cartel. Retailers get away with usurious interest rates on store cards. This came to light last year when La Polar, a retail chain, was found to be fraudulently covering up loan losses by jacking up interest rates without telling customers. Several senior politicians from both main coalitions are shareholders in for-profit universities—sorry, property companies—in covert defiance of the law. The private health insurers and pension funds that Chileans are required by law to use also extract large profits.

The tax system similarly favours the better-off, though it has also proved effective at promoting private savings and investment. Corporate income is taxed at 18.5%; shareholders receiving dividends can set this against their personal income tax. Since the top rate of personal income tax is 40%, high earners shield their income by creating shell companies. The government is planning a tax reform that would raise the corporate income tax to 20%, while cutting tax rates on personal incomes and for small businesses, as well as cutting a stamp tax on credit. The reform will raise around $700m (or 0.3% of GDP), to be spent on education, says Felipe Larraín, the finance minister.

Is this enough? Unlike some other left-of-centre governments in Latin America, the Concertación was a model of fiscal responsibility. It raised social spending, but entrenched a fiscal rule that requires the government to balance its books over the economic cycle and to save windfall profits when the price of copper—Chile’s main export—is high, as it is now. Alejandro Foxley, finance minister in the first Concertación government, says that the state needs to raise an extra 2-3% of GDP in taxes to satisfy the public demand for better education, infrastructure and institutions (see chart 2).

Mr Larraín disagrees. He says that Chile’s total tax take of 21.3% of GDP is about right for a country of its income level once spending on social security, which is privatised, is taken into account. But the governing Alliance is divided. Pointing to the sense of neglect in far-flung regions such as Aysén, Lawrence Golborne, the minister of public works and a likely presidential candidate in 2013, says that public spending on infrastructure needs to double from its current level of 1% of GDP. The Independent Democratic Union (UDI), the larger and more conservative member of Mr Piñera’s coalition, has long favoured a small state. But it now has a populist wing that wants to cut taxes while also doling out additional subsidies.

The debate about public spending will dominate the 2013 presidential election. But even more important are reforms to promote competition and raise productivity. Without them, growth may slow and Chile will remain overly dependent on copper. Reforms often stall in Congress because the vested interests they hurt are often big political donors, points out Eduardo Engel, an economist at Yale and the University of Chile. It took a decade to overcome lobbying from incumbents and approve a law allowing consumers to keep their phone numbers if they switched telecoms providers, for example.

Indeed, the most unpopular oligopoly in Chile may be the two-party system that has given the country stability. It is propped up by an electoral system of two-member constituencies, devised by Pinochet as one of several measures to ensure that the right, then a minority, would maintain a veto over change. Its critics say that this has had the effect of turning political office into a sinecure, which in turn risks creating a gerontocracy. The president has offered to reform the electoral system if there is consensus about an alternative, but ministers acknowledge that the Congress, in which the government lacks an overall majority, has no appetite to change the rules under which it was elected.

It is almost a truism that the student movement marks a generational change in Chile. The student leaders were born as their parents were voting in the plebiscite that ended Pinochet’s rule. They do not share their parents’ fears. They have grown up in a society used to material progress. They have bypassed Chile’s generally conservative media with their own means of communication. Fernando García, a political scientist at Diego Portales, points out that Chile has the fourth-highest usage of Twitter per person in the world, with almost 30% of the population tweeting. Eight out of ten Chileans under 30 are on Facebook and there are more cellphones than people, “so the cost of mobilisation is zero,” says Francisco Díaz, a former adviser to Ms Bachelet.

Fatigue may yet diminish the intensity of the protests later this year, but student leaders now talk of a broader movement drawing in regional protests. Some political analysts worry that the current crop of relatively pragmatic student leaders will be replaced by yet more radical ones.

Many believe that Ms Vallejo (who declined requests for an interview) has a bright political future. But that may be despite her affiliation with the Communist Party, not because of it. Mr Teillier says his party and its allies command no more than 10% of the vote. He sees the possibility of a single opposition platform for municipal elections in October. Indeed, in the short term the student movement may have even greater impact on the Concertación than it has on the government. After its leaders were jeered when they tried to join the protest marches, the Concertación sheepishly adopted the movement’s main demands. It risks being pulled farther to the left than the country as a whole.

Mr Peña, the rector of Diego Portales, says that popular support for the student movement is “not really a radical rebellion against the market economy”. Rather, it is the consequence of a “gigantic revolution of expectations”. It is also a sign that Chilean society has changed faster than its elites and its political system. The politicians have been warned.

Link: http://www.economist.com/node/21552566

EL BONUS TRACK DE ALLAMAND

abril 21, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 20 de abril de 2012)

El ministro de Defensa Andrés Allamand ya está delineando la estrategia que debe conducirlo a la papeleta presidencial de fines del próximo año. Según informan los medios, la tarea imperativa en esta etapa pasaría por alinear al partido tras su figura y evitar a toda costa los desbandes internos. Para eso ya están trabajando sus parlamentarios más leales. Nada de ampliar la base, leer los movimientos sociales, incorporar nuevas generaciones o redefinir los márgenes ideológicos del sector. No, lo importante es ganar la nominación.

Si lo consigue y se convierte en el candidato único de la Alianza, Allamand habrá cobrado su derecho a bonus track, esa “pista adicional” que la política siempre reserva a quienes no tienen interés en abandonar el juego, similar al time extension que nos regalaban los flippers cuando uno estaba por agotar el tiempo en la carrera y pasaba por la meta segundos antes del final.

Jovino Novoa señaló con sinceridad hace algunos años que si la centroderecha no ganaba la elección de 2010 su generación debía jubilarse por repetidos fracasos electorales. Pero Sebastián Piñera ganó y todos sus contemporáneos reclamaron la tajada que les correspondía en el botín. Por eso les pareció indignante que el primer gabinete estuviera dominado por técnicos y mozalbetes sin experiencia política. A poco andar las cosas volvieron a su lugar y el Presidente se vio obligado a llamarlos a su lado. Junto con el propio Allamand llegaron los también senadores Evelyn Matthei, Pablo Longueira y Andrés Chadwick. En la pasada se afirmó Lavín y se sacrificó la sangre nueva. En el reciente sondeo para nombrar nuevo ministro de Energía la UDI no se perdió con sus propuestas: Cristián Leay y Julio Dittborn, dos de la vieja guardia.

Por lo anterior se hace plausible pensar que un hipotético triunfo de Allamand en las próximas presidenciales implica también un bonus track para su generación. Todo parece indicar que en un eventual gobierno suyo los coroneles y la ex patrulla juvenil seguirán dominando el escenario y concentrando el poder. Esta fundada sospecha debería complacer a quienes quieren preservar el statu quo, pero debe rebelar a todos quienes esperamos asistir en los próximos años a una sustantiva renovación de los elencos políticos.

En esto Allamand no es mejor que Bachelet. Ambos apuestan a la pax romana de sus respectivas tiendas para instalarse sin oleajes ni fuego amigo. En ambos casos, salvo consideraciones de marketing y táctica, la promesa real es desplegar las viejas redes. Si con Allamand se repetirán el plato los emblemas del aliancismo clásico, con la ex presidenta serán los Andrade, Escalona, Girardi y Pizarro los que dispondrán del poder efectivo –lo que acaba de ser casi literalmente refrendado en la renuncia de Fulvio Rossi y Marcelo Díaz a la mesa del PS. No es un juicio de valor, es la constatación de un hecho: el retorno de Bachelet, independiente de las simpatías evidentes que genera su nombre, es también el bonus track, el time extension de la antigua Concertación.

A principios de los noventa, Andrés Allamand fue un ícono de la renovación política. Cargaba en esos años mozos con el coraje suficiente para desafiar a los tótems de su partido, a los poderes fácticos y al mundo conservador de la derecha. Es probable que algo quede de eso, bien detrás de una piel más dura y curtida por los avatares de la vida. Muchos prefieren esta versión madura y aburguesada a la irreverencia juvenil y belicosa de otros tiempos. Sin embargo es solo esta última la que tiene la llave emotiva para conquistar al nuevo electorado. El que busca colores en un sueño de país y rechaza el gris de las componendas tradicionales. El que se agotó de pistas adicionales y tiempos extendidos.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/04/20/el-bonus-track-de-allamand/

FIDELIDAD

abril 19, 2012

por Patricio Fernández (publicada en The Clinic el jueves 12 de abril de 2012)

Lo que pasa en Cuba no es chacota, Camila, al menos para quienes valoramos la libertad. Por eso tus declaraciones, tras viajar a la isla, son un gravísimo error. Y digo error, para exculparte. A alguien de tu generación, sin deudas ni compromisos acumulados, no le corresponde seguir repitiendo como loro las consignas de sus antepasados. La realidad cubana está en las antípodas del mito gastado que algunos continúan defendiendo, ya sea por intereses espurios, terquedad o simple ignorancia.

Todos mis amigos de allá, los que viven adentro y los exiliados, son de izquierda (si acaso esta palabra significa algo), y detestan a Fidel. Han seguido con entusiasmo el movimiento estudiantil chileno. Se sienten identificados, porque han visto en él la irrupción de fuerzas frescas por una causa justa. Su equivalente en Cuba, sin ningún lugar a dudas, sienten que está en la oposición a la dictadura. Son los jóvenes rockeros, los escritores, los vanguardistas y los numerosísimos hastiados. Los Castro son la derecha dura. Actúan como los patrones de un gran fundo en el que los ciudadanos son tratados como inquilinos. Antes de transformarse en una vieja encorvada, Fidel se paseaba con un aire de superioridad insoportable. Tú dices que no viste nada raro: “No vi en ningún momento gases lacrimógenos, vi a la policía circulando por las ciudades sólo con su uniforme, sin cascos ni armas de ningún tipo. Ese nivel de cultura cívica, tanto del Estado como del conjunto de la sociedad, está a años luz de la represión que vivió el movimiento estudiantil el año pasado”.

Semejante declaración, Camila, sinceramente, está a la altura de los comentarios de las señoronas pinochetistas, para las que el Chile del régimen militar era un oasis de tranquilidad. El cineasta y actor cubano, Ismael Diego, hijo de revolucionarios, te lo explicó en una carta próxima y afectuosa: “Los coches lanza agua, los gases lacrimógenos y demás maquinaria represiva a las que usted está acostumbrada, no son la única forma de represión que existe. En Cuba se aplican otros métodos, en gran medida porque no va dirigida a una muchedumbre que se manifiesta en plena calle y que además responde con violencia, quizás justificada, ante la agresión. Aquí la represión va dirigida principalmente a grupos defensores de los derechos humanos, periodistas independientes, activistas políticos, blogueros, artistas e intelectuales, todas personas de ideas, de ideas incómodas para el sistema, pero de ideas. Personas pacíficas que, hasta la fecha, no han realizado ningún acto público que se asemeje a lo que usted ha experimentado, entre otras cosas, porque no tienen ese derecho. Y es ese, el acto de manifestarse a plenitud en las calles, el mayor temor que mueve al sistema represivo en mi país”. Para la visita del Papa, Camila, detuvieron a mucha gente, buena parte de los cuales siguen presos, solo por gritar en público.

Jamás autorizaría el gobierno una concentración en la Plaza de la Revolución. La ciudadanía teme expresarse. El nivel de control que se ejerce desde los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), es impresionante. Están en todos los barrios, y caer en desgracia con sus funcionarios conduce a la ruina, cuando no a penas mayores. Últimamente no han sido pocas las pateaduras. Cuba no es Fidel, y el afecto por ese pueblo no se manifiesta avalando al sistema que lo oprime. Te preguntaron por la importancia de las redes sociales en la lucha de los jóvenes chilenos, y contestaste que había sido muchísima, y luego agregaste algo que no termino de comprender: que se trataba de una “herramienta del capitalismo”. ¿Los avances tecnológicos son “herramientas del capitalismo”?¿O lo capitalista es la interconexión? Porque no sé si te diste cuenta, pero allá en Cuba, salvo contadas excepciones, la internet está prohibida. Dijiste que en Chile la prensa estaba controlada por un duopolio –cosa harto cierta-, en la Meca de la falta de libertad de expresión. Allá no podríamos tener esta revista. Existen sólo el Granma y Juventud Rebelde, y ambos parecen folletos parroquiales.

Las verdaderas noticias circulan de boca en boca. “La bola”, le llaman ellos. ¿Viste en los noticieros de televisión a alguien hablando contra el régimen? Buena parte de la energía que tú encarnaste, aquí se vio traicionada. Los hermanos Castro no son ninguna luz ni guía para los que aspiramos a una sociedad más libre, participativa e igualitaria. Todo lo contrario. Tú pudiste ser la que se rebelara contra lo predecible, pero la disciplina fue más fuerte. En lugar de hurguetear tras bambalinas, te contentaste con el tour oficial, caíste de rodillas ante el barbón de los afiches, flameaste la bandera del Partido en vez de representar a tus auténticos cómplices habaneros. Las críticas que recibas de los que apoyaron a Pinochet, valen poco y nada. No tienen cara para quejarse de los abusos de una dictadura. Te recuerdo que varios de ellos evaden sus responsabilidades diciendo que de haber sabido lo que ocurría, no la hubieran apoyado. Estamos peleando por más y mejor democracia, ¿cierto, Camila?

Link: http://www.theclinic.cl/2012/04/12/fidelidad/

Think Punk Abril (I)

abril 17, 2012

La revista Capital del 13 al 26 de abril incluye la sexta edición del recargado Think Punk (dedicado en esta ocasión al Súper Domingo de la Concertación), como siempre con textos de Cristóbal Bellolio y diseño de Gonzalo Pino. Acá va el link para que puedan echarle un vistazo en PDF: ThinkPunk6

LA CAZA DEL GAY

abril 15, 2012

por Mario Vargas Llosa (publicada en El País el domingo 8 de abril de 2012)

La noche del tres de marzo pasado, cuatro “neonazis” chilenos, encabezados por un matón apodado Pato Core, encontraron tumbado en las cercanías del Parque Borja, de Santiago, a Daniel Zamudio, un joven y activista homosexual de 24 años, que trabajaba como vendedor en una tienda de ropa.

Durante unas seis horas, mientras bebían y bromeaban, se dedicaron a pegar puñetazos y patadas al maricón, a golpearlo con piedras y a marcarle esvásticas en el pecho y la espalda con el gollete de una botella. Al amanecer, Daniel Zamudio fue llevado a un hospital, donde estuvo agonizando durante 25 días al cabo de los cuales falleció por traumatismos múltiples debidos a la feroz golpiza.

Este crimen, hijo de la homofobia, ha causado una viva impresión en la opinión pública no sólo chilena, sino sudamericana, y se han multiplicado las condenas a la discriminación y al odio a las minorías sexuales, tan profundamente arraigados en toda América Latina. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, reclamó una sanción ejemplar y pidió que se activara la dación de un proyecto de ley contra la discriminación que, al parecer, desde hace unos siete años vegeta en el Parlamento chileno, retenido en comisiones por el temor de ciertos legisladores conservadores de que esta ley, si se aprueba, abra el camino al matrimonio homosexual.

Ojalá la inmolación de Daniel Zamudio sirva para sacar a la luz pública la trágica condición de los gays, lesbianas y transexuales en los países latinoamericanos, en los que, sin una sola excepción, son objeto de escarnio, represión, marginación, persecución y campañas de descrédito que, por lo general, cuentan con el apoyo desembozado y entusiasta del grueso de la opinión pública.

Lo más fácil y lo más hipócrita en este asunto es atribuir la muerte de Daniel Zamudio sólo a cuatro bellacos pobres diablos que se llaman neonazis sin probablemente saber siquiera qué es ni qué fue el nazismo. Ellos no son más que la avanzadilla más cruda y repelente de una cultura de antigua tradición que presenta al gay y a la lesbiana como enfermos o depravados que deben ser tenidos a una distancia preventiva de los seres normales porque corrompen al cuerpo social sano y lo inducen a pecar y a desintegrarse moral y físicamente en prácticas perversas y nefandas.

Esta idea del homosexualismo se enseña en las escuelas, se contagia en el seno de las familias, se predica en los púlpitos, se difunde en los medios de comunicación, aparece en los discursos de políticos, en los programas de radio y televisión y en las comedias teatrales donde el marica y la tortillera son siempre personajes grotescos, anómalos, ridículos y peligrosos, merecedores del desprecio y el rechazo de los seres decentes, normales y corrientes. El gay es, siempre, “el otro”, el que nos niega, asusta y fascina al mismo tiempo, como la mirada de la cobra mortífera al pajarillo inocente.

En semejante contexto, lo sorprendente no es que se cometan abominaciones como el sacrificio de Daniel Zamudio, sino que éstas sean tan poco frecuentes. Aunque, tal vez, sería más justo decir tan poco conocidas, porque los crímenes derivados de la homofobia que se hacen públicos son seguramente sólo una mínima parte de los que en verdad se cometen. Y, en muchos casos, las propias familias de las víctimas prefieren echar un velo de silencio sobre ellos, para evitar el deshonor y la vergüenza.

Aquí tengo bajo mis ojos, por ejemplo, un informe preparado por el Movimiento Homosexual de Lima, que me ha hecho llegar su presidente, Giovanny Romero Infante. Según esta investigación, entre los años 2006 y 2010 en el Perú fueron asesinadas 249 personas por su “orientación sexual e identidad de género”, es decir una cada semana. Entre los estremecedores casos que el informe señala, destaca el de Yefri Peña, a quien cinco “machos” le desfiguraron la cara y el cuerpo con un pico de botella, los policías se negaron a auxiliarla por ser un travesti y los médicos de un hospital a atenderla por considerarla “un foco infeccioso” que podía transmitirse al entorno.

Estos casos extremos son atroces, desde luego. Pero, seguramente, lo más terrible de ser lesbiana, gay o transexual en países como Perú o Chile no son esos casos más bien excepcionales, sino la vida cotidiana condenada a la inseguridad, al miedo, la conciencia permanente de ser considerado (y llegar a sentirse) un réprobo, un anormal, un monstruo. Tener que vivir en la disimulación, con el temor permanente de ser descubierto y estigmatizado, por los padres, los parientes, los amigos y todo un entorno social prejuiciado que se encarniza contra el gay como si fuera un apestado. ¿Cuántos jóvenes atormentados por esta censura social de que son víctimas los homosexuales han sido empujados al suicidio o a padecer de traumas que arruinaron sus vidas? Sólo en el círculo de mis conocidos yo tengo constancia de muchos casos de esta injusticia garrafal que, a diferencia de otras, como la explotación económica o el atropello político, no suele ser denunciada en la prensa ni aparecer en los programas sociales de quienes se consideran reformadores y progresistas.

Porque, en lo que se refiere a la homofobia, la izquierda y la derecha se confunden como una sola entidad devastada por el prejuicio y la estupidez. No sólo la Iglesia católica y las sectas evangélicas repudian al homosexual y se oponen con terca insistencia al matrimonio homosexual. Los dos movimientos subversivos que en los años ochenta iniciaron la rebelión armada para instalar el comunismo en el Perú, Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), ejecutaban a los homosexuales de manera sistemática en los pueblos que tomaban para liberar a esa sociedad de semejante lacra (ni más ni menos que lo hizo la Inquisición a lo largo de toda su siniestra historia).

Liberar a América Latina de esa tara inveterada que son el machismo y la homofobia —las dos caras de una misma moneda— será largo, difícil y probablemente el camino hacia esa liberación quedará regado de muchas otras víctimas semejantes al desdichado Daniel Zamudio. El asunto no es político, sino religioso y cultural. Fuimos educados desde tiempos inmemoriales en la peregrina idea de que hay una ortodoxia sexual de la que sólo se apartan los pervertidos y los locos y enfermos, y hemos venido transmitiendo ese disparate aberrante a nuestros hijos, nietos y bisnietos, ayudados por los dogmas de la religión y los códigos morales y costumbres entronizados. Tenemos miedo al sexo y nos cuesta aceptar que en ese incierto dominio hay opciones diversas y variantes que deben ser aceptadas como manifestaciones de la rica diversidad humana. Y que en este aspecto de la condición de hombres y mujeres también la libertad debe reinar, permitiendo que, en la vida sexual, cada cual elija su conducta y vocación sin otra limitación que el respeto y la aquiescencia del prójimo.

Las minorías que comienzan por aceptar que una lesbiana o un gay son tan normales como un heterosexual, y que por lo tanto se les debe reconocer los mismos derechos que a aquél —como contraer matrimonio y adoptar niños, por ejemplo— son todavía reticentes a dar la batalla a favor de las minorías sexuales, porque saben que ganar esa contienda será como mover montañas, luchar contra un peso muerto que nace en ese primitivo rechazo del “otro”, del que es diferente, por el color de su piel, sus costumbres, su lengua y sus creencias y que es la fuente nutricia de las guerras, los genocidios y los holocaustos que llenan de sangre y cadáveres la historia de la humanidad.

Se ha avanzado mucho en la lucha contra el racismo, sin duda, aunque sin extirparlo del todo. Hoy, por lo menos, se sabe que no se debe discriminar al negro, al amarillo, al judío, al cholo, al indio, y, en todo caso, que es de muy mal gusto proclamarse racista.

No hay tal cosa aún cuando se trata de gays, lesbianas y transexuales, a ellos se los puede despreciar y maltratar impunemente. Ellos son la demostración más elocuente de lo lejos que está todavía buena parte del mundo de la verdadera civilización.

Link: http://elpais.com/elpais/2012/04/04/opinion/1333540547_113226.html

LA PLATA DE LOS POLÍTICOS

abril 13, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 13 de marzo de 2012)

Impresentable. Vergonzoso. Escandaloso. Adjetivos –de los suaves- que la ciudadanía repite al referirse al aumento de dos millones de pesos que recibirán los senadores por concepto de asignaciones a partir del mes de mayo. En efecto, visto desde la superficie el titular suena mal. Muy mal. Políticos ya desprestigiados miembros de una institución ya cuestionada legislando en provecho propio. Si en estos últimos años nos hemos indignado por todo tipo de abusos no hay que extrañarse de la reacción de nuestros compatriotas: ¿Cuántos trabajadores pueden, como lo hacen los parlamentarios, decidir unilateralmente sus condiciones laborales? ¿Qué parte de “el grado de desigualdad es inaceptable” no entendieron los honorables que forman parte del 1% más rico del país?

Sin embargo, los titulares en letra de liquidación muchas veces esconden las complejidades de un problema. En este caso la plata extra no entra al bolsillo de cada senador sino que se entrega en forma de asignación para mejorar el trabajo de la Cámara Alta. Y nadie en su sano juicio se opone a tener mejores leyes. Por lo demás, este incremento es apenas una leve señal que apunta a equilibrar la asimétrica relación entre las limitadas capacidades del Poder Legislativo y los gigantescos recursos que dispone el Poder Ejecutivo. Probablemente no es la mejor manera de moderar el excesivo presidencialismo chileno, pero al menos empuja en la dirección correcta. El hecho que varios diputados se muestren sorprendidos e irritados es un botón de muestra: esta asignación venía contemplada en la ley de presupuesto… lo que quiere decir que algunos siguen aprobando leyes sin alcanzar a leerlas, menos analizarlas.

Defender la asignación en comento es claramente impopular. Tan impopular como reclamar que la actividad política en general sea financiada con recursos públicos. Aun así sabemos que si el Estado no asume la responsabilidad de igualar la cancha en esta materia, la política queda reducida a un juego de ricos. Como lo era antes de aprobarse la primera dieta parlamentaria Como lo era en tiempos del voto censitario. Por algo el senador “nombrado” Carlos Larraín llegó a sostener que sus pares deberían trabajar gratis. Claro, su fortuna personal le permitiría participar de la discusión política casi como un hobbie.

La política es por esencia el espacio donde los iguales discuten sobre los asuntos comunes, así como el mercado se define por la desigualdad de sus actores. Como recordaba Michael Walzer, tenemos un problema cuando permitimos que las desigualdades que nos parecen aceptables en un campo de la vida humana –el económico- terminen traspasándose a un ámbito en el cual nos parecen inaceptables –el político.

Dicho lo anterior, y en el ánimo de mirar la película completa, la jugada del Senado admite muchos reparos. ¿Cómo se le garantiza a los representados que sus representantes van a utilizar esos pesos adicionales en subir el nivel de la representación? ¿Están sometidos los beneficiarios a algún régimen de rendición de cuentas y/o transparencia? ¿Qué les impide gastar en actividades,  productos o capitales que tengan como único fin la preservación del escaño propio? ¿No se hacen más fuertes los incumbentes cuando disponen de recursos que desnivelan aun más el terreno respecto de sus retadores?  Es ligeramente probable que la bronca de los diputados tenga mucho que ver con esto: muchos quieren llegar al Senado y se les hace más difícil desbancar a señores de billetera gorda y generosa.

En tiempos de epidermis sensibles y redes sociales que duermen con el dedo en el gatillo –me incluyo- se hace difícil digerir una noticia como ésta. La primera imagen que se nos viene a la mente es un político tomando piña colada en el Caribe a costa de nuestros impuestos. Los senadores debieran ser empáticos en este sentido. Pero los líderes de opinión también tienen un deber de rigurosidad en este sentido. Teniendo en cuenta que no todos los congresistas disfrutan de la asesoría de centros de estudios o institutos y que estamos lejos del sistema de staffs profesionales que existen en otras latitudes –modelo que deberíamos imitar- la idea de robustecer el financiamiento público de la actividad parlamentaria es, en principio, una buena idea.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/04/13/la-plata-de-los-politicos/

EL FUTURO DEL LIBERALISMO CHILENO

abril 10, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic el jueves 5 de abril de 2012)*

¿Dónde están los liberales? se preguntaba Héctor Soto en una columna publicada en La Tercera el sábado 25 de febrero. Con la lucidez que lo caracteriza, Soto hilvana una impecable historia del tránsito del liberalismo en Chile, destacando sus luces y apuntando sus sombras. Su conclusión es desoladora: en la actualidad sería más fácil encontrar en suelo chileno un monárquico, un estanquero o un marciano antes que un genuino liberal. La indefinición del gobierno de Piñera sería paradigmática respecto de la inexistencia de una derecha liberal en forma. El reciente anuncio del PPD de abandonar las banderas del liberalismo económico confirmaría que la Concertación es territorio hostil para los liberales consistentes.

A simple vista la tesis de Soto es indisputable. Pero adolece de dos problemas fundamentales. El primero es que ignora que las ideas liberales han permeado en el tejido político y cultural chileno con más éxito que en cualquier otro país de la región. El segundo es que olvida que el fracaso de su propia generación en la construcción de una identidad liberal no constituye designio invencible para que los que venimos de entrada.

El liberalismo latinoamericano ha sido sin duda una empresa precaria. Su expresión ha sido  fragmentaria: los abogados promoviendo el constitucionalismo y el estado de derecho; los periodistas la libertad de expresión; los empresarios el libre mercado y los economistas la libre competencia; los profesores la libertad de cátedra; los laicos la secularización; los políticos la democratización… mas nadie defendiéndolas todas juntas como un sistema indivisible de libertades. Pero aun sin haberse transformado en el proyecto hegemónico de modernidad –vive en constante tensión con el nacionalismo, el populismo, el autoritarismo y el integrismo religioso- es innegable que al menos en Chile su aliento ha sido resiliente y prevalente.

Al año 2012 Chile es una república democrática con libertades esenciales garantizadas constitucionalmente, una economía abierta al mundo y en proceso de transformarse en una sociedad pluralista, cosmopolita y respetuosa de la diferencia. Y aunque el discurso del mérito y la igualdad de oportunidades todavía es pura lírica, la indignación frente la injusticia en la asignación de recompensas sociales es mucho más visible que en otros períodos de nuestra historia. Se trata de indesmentibles victorias de la doctrina liberal, tan comunes que parece innecesario seguir batallando por ellas. Se han vuelto moneda común, denominación genérica, dato dado.

Si lo anterior es cierto, no parecería imperativo contar con un partido u organización que compita políticamente en nombre del liberalismo. A fin de cuentas, todos están infiltrados –en mayor o menor medida- por las convicciones liberales. Mejor sería seguir operando con espíritu transversal en el campo de las ideas. Pero esta es una mala estrategia. Urge una expresión autoconsciente de su misión: defender lo conseguido ante la nueva arremetida de paternalismos asistencialistas y colectivismos autoritarios, así como luchar por profundizar los espacios de autonomía individual frente a la resistencia tradicionalista y la lotería inmerecida de las posiciones sociales. En esto último, un partido liberal del siglo XXI haría suya una bandera igualitaria que sus antecesores ciertamente no tomaron, introduciendo en ello una auténtica- e imprescindible- novedad histórica en su accionar.

Es verdad: organizar liberales bajo una misma enseña es tan difícil como arriar gatos. Más complejo todavía cuando el eje binominal dibuja un muro que parece dividirlos invariablemente. Una dosis de escepticismo no sólo es recomendable sino que auténticamente liberal. Sin embargo el duopolio que heredamos del plebiscito no es eterno. Un proyecto liberal encuentra campo más fértil en poblaciones más educadas, más conscientes de sus derechos y más conectadas con el mundo. En tanto Chile siga avanzando en esa dirección, bien puede ser que los mejores momentos del liberalismo criollo estén aún por venir.

Link: http://www.theclinic.cl/2012/04/09/el-futuro-del-liberalismo-chileno/

*Agradecimientos a Daniel Brieba por comentarios y correcciones.