COSTANERA DE LA DISCORDIA

por Cristóbal Bellolio (publicada en radioagricultura.cl el lunes 23 de abril de 2012)

Ya está colapsado. Pero lo que se viene para Sanhattan será peor. La inauguración del Mall Costanera Center convertirá en realidad la peor pesadilla urbana: un auténtico caos social y vial. Algunos expertos como Iván Poduje han señalado que “el taco podría llegar hasta Plaza Italia”, mientras el ingeniero en Transporte Louis de Grande cuenta que el modelo de simulación computacional colapsó cuando se le pidió proyectar el aumento de tráfico vehicular. Los traslados en hora punta, añaden, podrían tardar hasta un 60% más. Algunos han sostenido que estos nefastos efectos terminarán por compensar los eventuales beneficios económicos que traería bajo el brazo el gigante de Horst Paulmann: “si la generación privada de valor derivada de un proyecto como Costanera Center fuese inferior al costo social por mayor congestión, la ciudad sería más pobre y por ello irracional continuarlo” escribió Manuel Cruzat. Pero las máquinas siguen funcionando, la mayoría de las obras de mitigación vial están pendientes, y la inauguración del edificio se avecina.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Tan grande es el grado de imprevisión de nuestra institucionalidad? ¿Tan displicente el compromiso de la autoridad? ¿Tan poderosos los actores empresariales y tan poco importante la opinión de la comunidad?

Sí, grande es el grado de imprevisión de nuestra institucionalidad. Sí, notoriamente displicente la autoridad local. Sí, poderosísimos los actores privados e irrelevante la comunidad.

Que el camino de Costanera Center ha estado plagado de dudas es de conocimiento público. Permisos mal otorgados, flexibilidades administrativas impropias, posibles irregularidades. No me obsesiono con la búsqueda de culpables. A estas alturas lo imperativo es promover una nueva institucionalidad que sea capaz de lidiar con proyectos de esta envergadura. Ministerios y municipalidades se pasan la pelota y nadie asume responsabilidad. Urge un enfoque integral de la ciudad y su desarrollo. Hasta los liberales estamos de acuerdo en las bondades de una planificación urbana inteligente y sustentable, que les permita a nuestros hijos gozar de una calidad de vida similar o superior a la que disfrutamos nosotros. La propuesta de una Alcaldía Mayor para Santiago, que ya fuera discutida superficialmente a propósito del Transantiago, debe regresar al debate. En lo particular, sería interesante avanzar hacia un mecanismo que pueda decidir y evaluar construcciones complejas en los vértices y perímetros de una comuna. Por ejemplo, ¿qué rol jugaron Las Condes, Vitacura y Huechuraba respecto de una obra radicada en Providencia pero de evidente impacto en todo el sector oriente?

Que el alcalde de la misma Providencia juega a Poncio Pilatos también resulta evidente a partir de sus declaraciones. Es muy cierto, como sostiene Labbé, que este proyecto se arrastra desde la adquisición de los terrenos por parte de la CCU y que luego contó lo la venia explícita de los gobiernos de Lagos y Bachelet. Pero nada de eso exculpa que como representante local no haya tomado partido por los vecinos y la defensa de sus intereses. La negligencia política de Cristián Labbé la pagarán los residentes de Pedro de Valdivia Norte, del barrio Suecia y Holanda, del eje Andrés Bello, del extenso sector de Tobalaba hacia el Poniente. No me parece honesto señalar que debió sin más oponerse al proyecto. Sin embargo esa voz fuerte que golpea la mesa cuando se trata de enfrentar a los estudiantes estuvo ausente para demandar que los actores públicos y privados cumplieran con sus obligaciones en materia de procedimientos y mitigaciones requeridas: el túnel Andrés Bello, el puente sobre el Mapocho, el aumento de Ciclovías, el rediseño de veredas, los nuevos paraderos y la eventual extensión del metro, entre otras. Sabemos que las nuevas patentes comerciales que irán a parar a las arcas de la Municipalidad son una poderosa razón para amigarse con Costanera Center, pero el gobierno local no debe nunca perder de vista quiénes son sus representados y a quiénes debe proteger.

Finalmente, llama la atención al año 2012 la poca participación de la sociedad civil. Probablemente hace un par de décadas la palabra progreso generalmente iba asociada a la idea de más autos, más edificios, más centros comerciales a gran escala. Nadie se tomaba la molestia de preguntar nada. Sin embargo los tiempos han cambiado. Vale la pena invertir las horas que sean necesarias para consultar y socializar proyectos que alteran el entorno local. Los resultados siempre serán más legítimos cuando los procedimientos sean inclusivos. Mi hipótesis es que la nueva ciudadanía, al menos en Providencia, abraza un paradigma de desarrollo urbano con más verde y menos concreto, con alternativas de movilidad distintas al automóvil, con comercio de barrio y zonas típicas patrimoniales, de espacios públicos abiertos y menos opulentos. Por supuesto, es sólo una hipótesis, la que habríamos podido confirmar o refutar si hubiéramos incluido más a la comunidad.

Será tarea de la nueva autoridad comunal promover los cambios necesarios: incentivar a los legisladores a crear la institucionalidad adecuada, exigir las compensaciones y reparaciones que apenas atenuarán el costo que sufrirán los vecinos de Providencia, así como fundar un diálogo constante y fluido con la comunidad para enfrentar proyectos de alto impacto. Tendremos tiempo para indignarnos. Pero luego habrá que ponerse a trabajar.

Link: http://www.radioagricultura.cl/client/1578-Costanera-de-la-discordia.html

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