Archive for 29 junio 2012

VELASCO CONTRA LA CONCERTACIÓN

junio 29, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 29 de junio de 2012)

La arremetida de Andrés Velasco contra Guido Girardi y las prácticas clientelistas de la Concertación le renta favorablemente al ex ministro de Hacienda. Más allá de los legítimos cuestionamientos sobre la oportunidad, Velasco levanta el eje de la probidad para diferenciar entre aquellos que ponen los intereses del país por delante y aquellos que sólo buscan favorecer a los ahijados políticos. Así como Marco Enríquez-Ominami sintetizó en Escalona todos los males de una Concertación añeja y cerrada sobre sí misma, Velasco también escoge un antagonista a la medida para encarnar en él todas las vergüenzas de la actividad política. Y así como en su momento Escalona fue creíble en el rol de villano, Girardi es perfecto para este papel de bandido.

Sin embargo, ME-O fue exitoso en su estrategia de victimización (“no me dejan competir”) porque llevó su discurso a la acción y pateó fuerte el tablero: renunció al PS y corrió por fuera hasta primera vuelta. Cuesta entender en cambio cómo Andrés Velasco quiere ser el candidato de una coalición cuyos principales referentes despliegan un estilo que él rechaza categóricamente. Pedir que la Concertación opere bajo una lógica no-clientelista es como esperar que el peronismo no utilice el aparato público como caja pagadora de fidelidad.

Por lo anterior la bengala lanzada por el precandidato independiente no sólo quema a Girardi, sino indirectamente a la propia Bachelet. De ganar las próximas elecciones, la ex presidenta volverá a gobernar con la Concertación que todos conocemos. Es vox populi que las disputas internas de la oposición giran en torno a quiénes controlaran el poder en un segundo mandato bacheletista. El propio Girardi, Camilo Escalona, Osvaldo Andrade, Gutemberg Martínez o Jorge Pizarro son sólo algunos de los caciques que afilan sus colmillos a la espera de reposicionar sus redes de influencia en el Ejecutivo. Es altamente improbable que Bachelet sacrifique su conservadora dinámica de lealtades en aras de refundar la coalición en base a nuevos actores o nuevos modelos de acción política. Al denunciar el cuestionable modus operandi concertacionista, Velasco emplaza a su ex Jefa a hacerse cargo del virus que terminó por aniquilar el espíritu de la coalición política más exitosa que recuerde la historia de Chile.

Girardi argumentó que Velasco quería maquillar diferencias ideológicas con cuestiones de estilo. El segundo respondió que las divergencias eran de forma y no de fondo. Pero ocurre que en estos casos la forma afecta al fondo. Lo que tenemos aquí son dos estructuras de incentivos que pugnan pero coexisten en el ámbito de la política: Girardi representa al clásico político profesional interesado en la distribución de los productos públicos y de qué maneras éstos afectan a ciertos grupos, en especial electores propios. Velasco en contraste aparece como el tecnócrata preocupado de la eficiencia económica de las políticas públicas y cómo éstas afectan a la sociedad en su conjunto.

Ahora bien, Girardi tiene razón al sostener que ambos apuntan a proyectos de país distintos. La tesis del derrumbe del modelo y la aspiración a izquierdizar la Concertación que testimonia el comportamiento del senador PPD no es intelectualmente compartida en el entorno liberal de Velasco. Es entendible que el ex ministro quiera echarle tierra encima al debate ideológico –su postura parece ser minoritaria al interior de la Concertación- y por lo mismo prefiere llevar la conversación al terreno ético de las buenas y malas “prácticas”, lo que le permite además forjar alianzas transversales con figuras específicas en lugar de casarse con organizaciones completas.

Revelando que la carga afectiva tira, Andrés Velasco todavía se siente parte de lo que Patricio Navia llamó la “gran familia concertacionista”. Pero a estas alturas parece el marido que después de 20 años de matrimonio descubre que sus problemas conyugales se deben a que su señora es fea y le exige una cirugía. Lamentablemente para él, su señora se asume orgullosa con sus defectos. Al marido le quedan entonces dos alternativas: quererla como es o mandarse a cambiar, ya que no tiene sentido seguir pateando la perra en la intimidad. Si Velasco realmente quiere encarnar un nuevo estilo debe transitar por el camino del heroísmo solitario –y por qué no, fundacional-, desechar las primarias de un conglomerado que no va a cambiar el chip, y seguir adelante hasta la primera vuelta presidencial.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/06/29/velasco-le-da-de-carambola-a-bachelet/

Andrés Velasco: entre pro-sistema y anti-sistema

junio 27, 2012

por Kenneth Bunker (publicada en tresquintos el miércoles 27 de junio de 2012)

En Tolerancia Cero, y luego en varias entrevistas, el candidato presidencial independiente pro-Concertación Andrés Velasco manifestó que el Senador PPD Guido Girardi “es el líder del clientelismo y de las malas prácticas”. Más productivo que analizar la veracidad del supuesto modus operandi de Girardi—porque probablemente sea verdad, el cuoteo de los partidos es una práctica típica en la política chilena—resulta evaluar la estrategia tras la critica de Velasco. Surgen dos preguntas: primero, ¿qué pretende con criticar a Girardi?, y segundo: ¿cuál es el peligro de criticar a Girardi? Mi intuición es que Velasco lo hace para aislarse de la mala evaluación de la clase política. Pero el peligro es que arriesga ser castigado tanto por la gente como por los partidos.

Cuando Velasco se refiere a las malas prácticas de Girardi, se refiere en específico a las malas prácticas de la Concertación, y en general a las malas prácticas del sistema político. Desde al menos el retorno de la democracia que los presidentes electos responden a las demandas de los partidos. Si bien ha sido el mandatario el encargado de designar a los ministros, han sido los propios partidos los encargados de llenar los cargos bajo ellos. Esta práctica va más allá de Chile. Hay un amplio cuerpo de literatura sobre regímenes presidenciales que muestra como el cuoteo se repite en sistemas políticos gobernados por coaliciones. La conclusión es que es normal que cuando varios partidos apoyan a un mismo candidato cada uno de ellos exija obtener cuotas de poder en retorno si el candidato es electo.

Es extraño, entonces, ver a Velasco criticar a un político en particular dentro de un universo donde todos actúan igual. Extraña, además, porque él mismo formó parte del sistema que reprocha. Si bien no aceptó el cuoteo tradicional en su cartera, no significa que no haya ocurrido en otras carteras del mismo gobierno. De hecho patrones de rotación ministeral durante el gobierno en que fue ministro sugieren que el cuoteo estuvo igual de presente que en gobiernos previos. Si la práctica del cuoteo habría sido un quiebra-trato para Velasco, simplemente no habría formado parte del gobierno de Bachelet. Por eso resulta extraño, o mejor dicho inconsecuente, protestar contra un sistema del cual él mismo formó parte. Si bien es válido recapacitar y denunciar las prácticas que le parecieron mal, el momento que escoge para hacerlo responde más a una estrategia política que a una redención moral.

La paradoja, entonces, es que Velasco critique con alevosía las prácticas de una coalición, mientras abiertamente manifiesta su intención de ser un candidato presidencial de esa coalición. El problema está en la ambigüedad con la cual Velasco define su candidatura. No sabemos si es un candidato pro-sistema o un candidato anti-sistema. Por un lado, se presenta como un candidato de la Concertación, al mostrarse ansioso de participar de las primarias, y manifestar su intención de contar con los votos de los militantes de sus partidos. Pero por otro lado, se presenta como un independiente, lejano a las prácticas políticas de los líderes de esos partidos. Su estrategia mixta, entonces, consta en ser considerado un candidato que pueda ofrecer gobernabilidad, pero sin caer en los problemas endógenos que tienen los candidatos que provienen de los partidos.

Esta estrategia mixta, que a Velasco le resulta cómoda, tiene dos grandes problemas. Primero, si insiste en considerarse pro-sistema, la gente lo asociara como tal. Pero la mala imagen de los políticos en las encuestas es una evaluación a la clase política, no a políticos en particular. Velasco tendrá que asumir el castigo que significa formar parte de la clase política. Segundo, y más importante, si insiste en ser considerado anti-sistema, tendrá que criticar a los líderes de la Concertación, pero arriesgara ser tachado de las primarias. Enríquez-Ominami entendió este problema en 2009, cuando optó por ser un candidato anti-sistema. Entendió que tener un pie dentro de la política tradicional y uno fuera lo perjudicaba más que tener los dos pies adentro o los dos pies afuera. Si Velasco insiste en usar la estrategia mixta, será castigado tanto por los votantes como por los líderes de los partidos.

Velasco deberá decidir si va ser un candidato pro-sistema o un candidato anti-sistema. Si decide adoptar una estrategia pro-sistema, deberá competir en primarias. Pero si lo hace, no podrá criticar los poderes fácticos de la Concertación, al menos hasta después de las primarias. Pues son los líderes de esa coalición quienes imponen las reglas de las primarias. Y una buena relación con los líderes significa bajar los costos que significa no pertenecer a un partido en primarias de partidos. En cambio, si decide adoptar una estrategia anti-sistema deberá competir como independiente. Y si lo hace podrá levantar todas las criticas que tenga contra las prácticas políticas de la Concertación. Sin embargo, ésta estrategia también implica que es probable que enfrente el mismo destino que Enríquez-Ominami en 2009. Una díficil, pero necesaria decisión.

Link: http://www.tresquintos.com/2012/06/27/andres-velasco-entre-pro-sistema-y-anti-sistema/

Think Punk Junio (II)

junio 25, 2012

La revista Capital publicada el 22 de junio de 2012 trae la undécima versión del nuevo Think Punk, con texto de Cristóbal Bellolio y diseño de Gonzalo Pino, dedicado esta vez a escarbar en el pasado de la mano de Allende, Pinochet y Aylwin. Acá lo puede leer directamente en PDF: ThinkPunk11 (1)

PIÑERA Y LA IDEOLOGÍA

junio 22, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 22 de junio de 2012)

En una reciente entrevista concedida a un medio mexicano, el Presidente Piñera señaló que profundas “diferencias ideológicas” separaban a su gobierno de los líderes del movimiento estudiantil chileno. Se trata de una afirmación mucho más honesta que aquella que pronunció en la ONU, cuando calificó la causa de los marchantes como “noble, grande y hermosa”.

El Presidente se equivoca, sin embargo, al radicar la brecha en la supuesta militancia comunista de universitarios y secundarios a la cabeza de la movilización. Cierto es que algunos de sus rostros más visibles pertenecen al PC, pero La Moneda estaría equivocando el blanco si estima que la fortaleza de su adversario proviene de la tienda de Tellier, Gajardo y compañía. La potencia de las demandas estudiantiles obedece a una combinación de elementos: comienza con un problema práctico de financiamiento para la clase media, continúa con la propia ineptitud política del Ejecutivo, y finaliza con los factores propiamente ideológicos que superan con creces las fronteras del comunismo criollo.

El Presidente Piñera lo simplifica sosteniendo que el oficialismo cree en la “sociedad docente” mientras su adversario sólo en el “Estado docente”. A mi entender lo que ha hecho el movimiento estudiantil es agudizar la contradicción en un campo donde hasta hace poco encontrábamos total hegemonía: la dinámica del Estado subsidiario.

En efecto, el legado político de Jaime Guzmán puede resumirse parcialmente en la idea de que el gobierno no debe inmiscuirse en los asuntos de grupos intermedios capaces de cumplir sus propios fines específicos. La aplicación práctica de este principio refundacional se traduce en la focalización del gasto social en aquellos que más lo necesitan. Porque, como declarara Joaquín Lavín en sus tiempos de candidato, “los ricos se cuidan solos”. La Concertación continuó en buena medida desplegando esta filosofía, incrementando los mínimos sociales y extendiendo la cobertura a las capas medias de la población. Aun así, los más aventajados de la sociedad se dispararon con colores propios, acentuándose la percepción de desigualdad y la realidad de segregación. Por lo mismo resulta casi natural que ninguna de las pretendidas reformas en educación toque a los colegios particular-pagados.

En contraste, la izquierda parece reclamar la instauración de un principio de garantías universales igualitarias en el goce de los distintos bienes públicos. Teóricamente hablando, sería más importante preservar un patrón de equidad (en nombre de la justicia, la cohesión social o la solidaridad) que permitir la libertad de unos pocos para acceder a mejores prestaciones en base a su mayor capacidad de pago. Es, sin ir más lejos, un debate que se da actualmente en torno al sistema de salud británico: unos argumentan a favor de la libertad de poner unos pocos pesos más sobre la mesa para obtener ciertas mejoras en el servicio, mientras otros rechazan esa posibilidad justamente porque violenta el espíritu igualitario que informa al sistema.

La libertad, como notaba Robert Nozick, altera todos los patrones. La derecha en el poder defiende el principio subsidiario que pone al Estado a cargo de los más pobres –y eventualmente de las clases medias- mientras garantiza la libertad de los sectores más acomodados para generar desigualdad y segregación. Acusan a la tesis igualitarista de amenazar libertades básicas y de disminuir la utilidad social nivelando siempre hacia abajo. La izquierda en tanto parece más preocupada de asegurar a todos los chilenos un mismo set de derechos explícitos reduciendo el espacio de la desigualdad por considerarla dañina en sí misma –es la razón por la cual aspiran a la gratuidad para todos los estratos socioeconómicos y no se conforman con ningún tipo de cobertura parcial a titulo de beca o crédito.

Es altamente probable que esta conversación tenga una serie de bemoles entre ambas posiciones puras. Si nuestra joven generación insiste en desechar la lógica del plebiscito de 1988 a la hora de ordenar políticamente a Chile, es sano y necesario entonces que verbalice las ideas que estructurarán el espectro ideológico del mañana.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/06/22/pinera-la-educacion-y-la-ideologia/

#ChaoBinominal y la frustración de Lagos

junio 18, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 15 de junio de 2012)

Desde las alturas Ricardo Lagos descendió a encabezar la necesaria cruzada para modificar el sistema binominal. Los medios cubrieron respetuosamente los encuentros que el ex Presidente sostuvo con congresistas de la oposición más algunos oficialistas. Desde su comunidad online “El Quinto Poder” consiguió en pocas horas transformar la campaña en Trending Topic de Twitter con el Hashtag #ChaoBinominal. Días después, la lluvia se lo llevó todo: Lagos desapareció de la agenda, el timonel de RN regañó a sus diputados y una vez más se hicieron inútiles los esfuerzos por sustituir las injustas reglas electorales. ¿Qué pasó en el camino?

Digamos que desde el comienzo fue una mala idea promover la figura de Ricardo I para liderar la iniciativa. Sin discutir la majestuosidad del personaje, convengamos que en la actualidad su nombre no genera el tipo de adhesión que se requiere para despertar las pasiones de la opinión pública. Probablemente genere la sensación inversa: un insípido y descreído hastío. Por supuesto es muy difícil que el propio Lagos advierta su pérdida de ascendencia política. Por regla general los políticos no se jubilan voluntariamente -por ahí me comentaron que el senador Frei no descarta competir nuevamente por recuperar La Moneda y que don Andrés Zaldívar está muy disponible para encabezar la nueva mesa de la DC- y por lo tanto el error recae sobre los consejeros de su majestad.

Pero Lagos no tiene un pelo de tonto. O al menos no le gusta que lo tomen por uno. Apenas avizoró que la empresa no tenía posibilidades de triunfo metió reversa y se fue a su casa. Si nos ponemos mezquinos diríamos que se trató de una fea derrota personal del ex Presidente. Sin embargo, el fracaso de #ChaoBinominal es el fracaso de todos los que aspiramos a una mejor democracia para Chile. La desilusión laguista es decidora: la clase política hace gárgaras con revertir la crisis de representatividad pero no está dispuesta a hacer nada que ponga en riesgo sus cuotas de poder. Triste pero cierto; Lagos probó en carne propia la indiferencia del sistema. Prácticamente nadie está interesado en alterar el statu quo. La Concertación porque apuesta al retorno sanador de la Reina Madre, capaz de contener todos los apetitos subversivos de la ciudadanía. La Alianza porque la carcome un estado de tal perplejidad y miedo que prefiere prudentemente aguantar en la trinchera. El fantasma del hipotético big bang anunciado a consecuencia del cambio de padrón los tiene a todos aun más atemorizados.

El llamado de atención que el senador designado Carlos Larraín propinó a sus parlamentarios liberales fue de antología: “Lo único que quieren los disidentes son más cupos (porque) se sienten perdedores en la próxima elección”. La traducción es sencilla: el que define quien merece un escaño soy yo, mientras tanto seguimos ganando tiempo con la vaporosa reforma integral del sistema político que llegará a puerto el próximo siglo. El absoluto silencio del Presidente Piñera en su última cuenta del 21 de mayo confirma que las prioridades de este gobierno están lejos de esta trascendental materia.

Una vez verificada la derrota de Lagos toma fuerza la tesis alternativa: ningún cambio real será inducido en forma exitosa desde el interior de las estructuras tradicionales. Si la calle y la organización ciudadana fueron determinantes para promover nuevas realidades en educación, medioambiente o diversidad sexual, ¿que perdemos con probar la misma estrategia para reclamar con energía la modificación del amarre duopólico y la apertura de un nuevo ciclo? Aunque no es la bandera más sexy que se pueda concebir, reiterados sondeos arrojan la adhesión de la gran mayoría de los chilenos a superar el binominal. Trabajemos para que la decepción laguista no sea en vano.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/06/15/chaobinominal-y-la-frustracion-de-lagos/

Reflexiones sobre la libertad de expresión

junio 14, 2012

por Cristóbal Bellolio (publicada el 14 de junio en http://www.redliberal.cl)

Las presunciones a favor de la libertad de expresión son fuertes. Ya sea porque reflejan la autonomía individual o porque generan progreso social, pocos discuten su valor en sociedades pluralistas, democráticas y ciertamente liberales. Aun así los mismos liberales consideran que ningún despliegue de libertad es absoluto cuando daña terceras personas. Este ha sido el principio invocado por quienes instaron a la prohibición del polémico homenaje a Pinochet. Daño a los familiares de víctimas de violaciones a los DDHH, daño a la memoria histórica nacional, daño a los valores básicos de la convivencia. Estos tres tipos de perjuicio deben ser sopesados contra la presunción general a favor de la libertad de expresión. Mi convicción es que en este caso particular no son suficientes para amparar la tesis prohibicionista.

 Lo primero que deberíamos observar es el tenor de la convocatoria. Sabemos que la idea era exhibir un documental que resaltaba los aspectos positivos del régimen de Pinochet. Es decir, adoptaba la perspectiva del vaso medio lleno. Los organizadores –hasta donde entiendo- no llamaban a celebrar el terrorismo de Estado. Puedo pecar de ingenuo, pero la “cara subjetiva” del acción no aspiraba a reivindicar una ideología de muerte y exclusión sino a defender una posición historiográfica altamente controvertida.

Lo segundo que me parece relevante a la hora de evaluar eventuales censuras previas de los denominados “discursos de odio” es su efectiva capacidad de ser actualizados. En este caso me parece que los convocantes no generan ningún llamado a la acción. El malón kitsch del Caupolicán es mucho más una reafirmación retrospectiva que una articulación política en torno a principios autoritarios. En este episodio concreto la delirante fanaticada pinochetista no promovió “continuar la tarea inconclusa”, declaración que razonablemente habríamos tomado como un manifiesto de guerra y que justificaría nuestra intolerancia respecto de los intolerantes.

En tercer lugar, abrigo demasiadas dudas respecto del efecto práctico de utilizar la herramienta penal para sucesos de este tipo. En particular, me genera problemas la pretendida indivisibilidad de los juicios sobre la dictadura. Entiendo perfectamente que para muchos chilenos no hay nada que rescatar ni matizar de un régimen que atentó sistemáticamente contra los derechos básicos de miles de chilenos. Pero, ¿hace apología pinochetista quien elogia el sistema de pensiones instaurado en dicho período? ¿O quien rescata principios jurídicos introducidos en la Constitución del ’80? ¿O acaso es intelectualmente imposible separar la extensa sombra del período de Pinochet de algunos de sus aspectos que pueden merecer un trato diverso? Finalmente, si el valor central a preservar es la vida y la dignidad humana, ¿corresponde igualmente un reproche penal para quienes ensalzan la memoria de quienes atentaron contra miembros de las Fuerzas Armadas y Carabineros? ¿O aquellos crímenes están moralmente justificados por la asimetría de poder, la nobleza del objetivo perseguido o la mirada unilateral de la historia? No está claro quien pueda efectuar estas distinciones y a qué título. No digo que sea imposible, pero anticipemos que no será nada pacifico hacerlas.

En cuarto y último lugar, sigo conscientemente a Stuart Mill a la hora de defender la entrada de opiniones estúpidas, aberrantes o disparatadas al debate público, toda vez que las opiniones correctas adquieren renovado vigor sólo en contraste con el error. De lo contrario las posiciones mayoritarias se convierten en dogmas indisputados que se asientan por tradición y no por peso argumental. En los últimos veinte años hemos presenciado el paulatino declive de la adhesión pinochetista y cada vez que intenta levantar cabeza sale trasquilado. Ocurrió con su detención en Londres –que permitió confrontar posiciones libremente en el debate público con un veredicto lapidario contra el dictador- y ocurre ahora con las expresiones de arrepentimiento de líderes políticos que alguna vez lo apoyaron. Dudo de la inteligencia de la estrategia de proscripción porque les regala la épica de un culto sostenido heroicamente en la clandestinidad. Prefiero que tengan el derecho de exhibirse –dentro de los límites amplios pero no absolutos de la libertad de expresión- siguiendo de esta manera su inexorable derrotero a la irrelevancia.

Link: http://redliberal.cl/reflexiones-sobre-la-libertad-de-expresion

Think Punk Junio (I)

junio 11, 2012

La revista Capital del 8 al 21 de junio le lleva la décima versión del remasterizado Think Punk, con textos de Cristóbal Bellolio y diseño de Gonzalo Pino, dedicada a evaluar a los presidentes de los distintos partidos políticos en lo que va de la era Piñera.  Quedó bonito, bonito. Acá se lo subimos en PDF: ThinkPunk10

CONDUCIR CON LA MIRADA FIJA EN EL ESPEJO RETROVISOR

junio 1, 2012

por Davor Mimica (publicada en latercera.com el martes 29 de mayo de 2012)

Durante los últimos días hemos sido expuestos a un espectáculo tan chocante como decidor. Comenzó con una entrevista al ex presidente Patricio Aylwin donde éste criticó duramente la presidencia de Salvador Allende y su legado como político. La crítica no puede resultar sorpresiva, pues el mismo Aylwin lideró su oposición desde el Senado hace ya 40 años. Pero lo que podría haberse quedado como una discusión histórica, tan interesante como relevante, pasó rápidamente a protagonizar la discusión política nacional. Líderes democratacristianos defendiendo a su nonagenario líder, por un lado, mientras por el otro, líderes de izquierda desde parlamentarios hasta Ricardo Lagos Escobar e incluso Carlos Altamirano, criticaron a Aylwin con casi tanta fuerza con la que defendieron también la memoria política de Allende y su presidencia. Desde la vereda del frente, parlamentarios y presidentes de partido han salido a defender la visión de Aylwin como si fuera la propia. El espectáculo, por cierto, ha sido patético, demostrando lo gerontocrática, añeja y apolillada de buena parte de nuestra clase política al, una vez más, demostrar que sus mayores intereses, motivaciones y pasiones se encuentran, no en el presente del país ni menos aún en su futuro, sino 40 años en el pasado.

Ahora, estos anacronismos no son monopolio de un lado del espectro. Personalmente pude asistir hace unos meses a un debate entre Carlos Larraín y Cristóbal Bellolio en la sede nacional de RN, donde, ante mi completa sorpresa, tanto la discusión de parte del presidente de RN como buena parte de las preguntas del público (casi todos militantes del partido local) no eran sobre los problemas del Chile actual o sus desafíos futuros, sino sobre lo ocurrido desde el Congreso de Chillán de 1965 del PS hasta el gobierno de Allende (ver video: http://www.redliberal.cl/debate-entre-cristobal-bellolio-y-carlos-larrain). Nuevamente, liderando políticamente el país con la mirada fija en el pasado.

De izquierdas y derechas, seguimos siendo liderados por una generación afectada por múltiples traumas que los marcaron a fuego y les impiden mirar hacia adelante.

Lo realmente trágico es que el futuro, sin cambios dramáticos, no se ve demasiado esperanzador. Las generaciones de recambio muchas veces heredan acríticamente las mochilas ideológicas de sus mayores, ya sea para pertenecer, para agradar o incluso como condición para avanzar en los escalafones partidarios, hasta el ridículo caso en que dirigentes jóvenes de partidos contrincantes se acusan mutuamente de hechos que ocurrieron antes que ambos hubiesen nacido.

Es muy decidor que las principales coaliciones que tenemos en Chile sean justamente las que nacieron al alero de la última gran lucha política del país: el plebiscito de 1988. Para muchos, ese muro político que separa teóricamente a la izquierda de la derecha es infranqueable. El que está del otro lado es el enemigo. Las conversaciones sobre acuerdos o alianzas se hacen siempre dándole la espalda a ese muro. Sólo los de “mi” lado son posibles socios. Los del frente, jamás.

Ya 24 años después de esos hechos, es tanto justo como necesario preguntarse si la existencia de estas líneas divisorias, alimentadas por las periódicas re-ediciones de las viejas discusiones, no son más bien funcionales al anquilosamiento de un mismo grupo en el poder. Si las viejas banderas se transformaron en convenientes impedimentos para la entrada de nuevos paradigmas, nuevos aires, nuevos liderazgos. Cuando ya más de la mitad del padrón nació después de 1973 y tenemos un significativo número de votantes que lo hicieron después de 1988, cada vez que nuestros representantes vuelven a discutir sobre lo ocurrido hace 40 años provocan mayor lejanía, mayor hastío y mayor indignación en el público que, crecientemente, debieran preocuparse por representar.

La “generación dorada” que vivió las grandes luchas ideológicas de la segunda mitad del siglo XX y que, una vez conseguida la democracia construyó el país en el que hoy vivimos, progresivamente se está convirtiendo en un lastre. El volver una y otra vez a los conflictos de décadas pasadas nos demuestran que, si bien escribieron y protagonizaron la historia, no fueron capaces de aprender sus lecciones.

Ni las viejas alianzas, ni las viejas banderas, ni los viejos traumas son necesarios para lo que viene. Sí el ser capaces de enfrentar el futuro sin ataduras y armados con el aprendizaje desapasionado de los errores del pasado. Por lo mismo, será labor de las nuevas generaciones decirle a buena parte de nuestros anquilosados líderes políticos que tampoco son necesarios para lo que viene. Esa es la gran gesta de nuestros tiempos. Esa es la recuperación de nuestra democracia.

Link: http://blog.latercera.com/blog/dmimica/entry/conducir_con_la_mirada_en