Andrés Velasco: entre pro-sistema y anti-sistema

por Kenneth Bunker (publicada en tresquintos el miércoles 27 de junio de 2012)

En Tolerancia Cero, y luego en varias entrevistas, el candidato presidencial independiente pro-Concertación Andrés Velasco manifestó que el Senador PPD Guido Girardi “es el líder del clientelismo y de las malas prácticas”. Más productivo que analizar la veracidad del supuesto modus operandi de Girardi—porque probablemente sea verdad, el cuoteo de los partidos es una práctica típica en la política chilena—resulta evaluar la estrategia tras la critica de Velasco. Surgen dos preguntas: primero, ¿qué pretende con criticar a Girardi?, y segundo: ¿cuál es el peligro de criticar a Girardi? Mi intuición es que Velasco lo hace para aislarse de la mala evaluación de la clase política. Pero el peligro es que arriesga ser castigado tanto por la gente como por los partidos.

Cuando Velasco se refiere a las malas prácticas de Girardi, se refiere en específico a las malas prácticas de la Concertación, y en general a las malas prácticas del sistema político. Desde al menos el retorno de la democracia que los presidentes electos responden a las demandas de los partidos. Si bien ha sido el mandatario el encargado de designar a los ministros, han sido los propios partidos los encargados de llenar los cargos bajo ellos. Esta práctica va más allá de Chile. Hay un amplio cuerpo de literatura sobre regímenes presidenciales que muestra como el cuoteo se repite en sistemas políticos gobernados por coaliciones. La conclusión es que es normal que cuando varios partidos apoyan a un mismo candidato cada uno de ellos exija obtener cuotas de poder en retorno si el candidato es electo.

Es extraño, entonces, ver a Velasco criticar a un político en particular dentro de un universo donde todos actúan igual. Extraña, además, porque él mismo formó parte del sistema que reprocha. Si bien no aceptó el cuoteo tradicional en su cartera, no significa que no haya ocurrido en otras carteras del mismo gobierno. De hecho patrones de rotación ministeral durante el gobierno en que fue ministro sugieren que el cuoteo estuvo igual de presente que en gobiernos previos. Si la práctica del cuoteo habría sido un quiebra-trato para Velasco, simplemente no habría formado parte del gobierno de Bachelet. Por eso resulta extraño, o mejor dicho inconsecuente, protestar contra un sistema del cual él mismo formó parte. Si bien es válido recapacitar y denunciar las prácticas que le parecieron mal, el momento que escoge para hacerlo responde más a una estrategia política que a una redención moral.

La paradoja, entonces, es que Velasco critique con alevosía las prácticas de una coalición, mientras abiertamente manifiesta su intención de ser un candidato presidencial de esa coalición. El problema está en la ambigüedad con la cual Velasco define su candidatura. No sabemos si es un candidato pro-sistema o un candidato anti-sistema. Por un lado, se presenta como un candidato de la Concertación, al mostrarse ansioso de participar de las primarias, y manifestar su intención de contar con los votos de los militantes de sus partidos. Pero por otro lado, se presenta como un independiente, lejano a las prácticas políticas de los líderes de esos partidos. Su estrategia mixta, entonces, consta en ser considerado un candidato que pueda ofrecer gobernabilidad, pero sin caer en los problemas endógenos que tienen los candidatos que provienen de los partidos.

Esta estrategia mixta, que a Velasco le resulta cómoda, tiene dos grandes problemas. Primero, si insiste en considerarse pro-sistema, la gente lo asociara como tal. Pero la mala imagen de los políticos en las encuestas es una evaluación a la clase política, no a políticos en particular. Velasco tendrá que asumir el castigo que significa formar parte de la clase política. Segundo, y más importante, si insiste en ser considerado anti-sistema, tendrá que criticar a los líderes de la Concertación, pero arriesgara ser tachado de las primarias. Enríquez-Ominami entendió este problema en 2009, cuando optó por ser un candidato anti-sistema. Entendió que tener un pie dentro de la política tradicional y uno fuera lo perjudicaba más que tener los dos pies adentro o los dos pies afuera. Si Velasco insiste en usar la estrategia mixta, será castigado tanto por los votantes como por los líderes de los partidos.

Velasco deberá decidir si va ser un candidato pro-sistema o un candidato anti-sistema. Si decide adoptar una estrategia pro-sistema, deberá competir en primarias. Pero si lo hace, no podrá criticar los poderes fácticos de la Concertación, al menos hasta después de las primarias. Pues son los líderes de esa coalición quienes imponen las reglas de las primarias. Y una buena relación con los líderes significa bajar los costos que significa no pertenecer a un partido en primarias de partidos. En cambio, si decide adoptar una estrategia anti-sistema deberá competir como independiente. Y si lo hace podrá levantar todas las criticas que tenga contra las prácticas políticas de la Concertación. Sin embargo, ésta estrategia también implica que es probable que enfrente el mismo destino que Enríquez-Ominami en 2009. Una díficil, pero necesaria decisión.

Link: http://www.tresquintos.com/2012/06/27/andres-velasco-entre-pro-sistema-y-anti-sistema/

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: