LAS CINCO CLAVES DEL PLAN GOLBORNE

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 23 de noviembre de 2012)

  1. La maldición de Alessandri Besa: El actual escenario se parece bastante al de 1993. El favoritismo del entonces candidato Eduardo Frei Ruiz-Tagle era tan amplio como la primera opción que hoy ostenta Michelle Bachelet. En aquella ocasión, RN patrocinó la candidatura del empresario Manuel Feliú y la UDI hizo lo propio con su presidente Jovino Novoa. Sin embargo el gremialismo cedió su derecho en favor del senador independiente Arturo Alessandri Besa. Veinte años después, haciendo gala de un pragmatismo similar, la UDI vuelve a postergar a uno de sus fundadores –Pablo Longueira- para apostar sus fichas a un independiente como Laurence Golborne. Aquella vez el objetivo parecía cumplido impidiendo el triunfo de RN. En esta ocasión los optimistas creen estar invirtiendo en un rival competitivo con potencial para retener La Moneda y asegurar un segundo período para la centroderecha. El primer desafío de Golborne es transmitir que no es Alessandri Besa. Es decir, que no es un candidato funcional a la derrota (como lo fue el propio Frei en 2009). La construcción del mensaje debiera ser: “Allamand sólo quiere estar en la papeleta para coronar su carrera, sólo Golborne puede ganarle a Bachelet”.
  2. Saneando el modelo: El mandato de Sebastián Piñera no ha sido capaz de sacudirse el mote del “gobierno de los empresarios”. La ciudadanía percibe que el entorno del Presidente es reflejo prototípico de la concentración del poder. Por eso el discurso a favor del libre mercado no encuentra entusiasta acogida cuando sale de la boca de aquellos que han sido sistemáticamente beneficiados por él. Más creíble parece ser cuando una persona que tuvo que lidiar con los mismos problemas que padece la mayoría de sus compatriotas asume la defensa del modelo económico. En este sentido la historia personal de Laurence Golborne es su principal activo. Si el libre mercado sólo consolida las desigualdades de origen es un gigante con pies de barro para la derecha. En cambio, si es capaz de premiar el mérito y el talento individual con independencia de las condiciones de partida recupera parte de su legitimidad social. Aunque Allamand insista en su pertenencia a la clase media –emulando en forma algo patética y ciertamente deshonesta al propio Piñera- sólo Golborne puede afirmar con relativa veracidad que su ámbito de experiencias vitales, al menos al inicio, se asemeja a las del chileno común. La derecha gana en términos de relato si Golborne es capaz de articular su trayectoria –desde las calles de Maipú al rutilante éxito profesional- como prueba contra la tesis del derrumbe del modelo.
  3. El arte de la ambigüedad: Dicen que Bachelet sigue encumbrada porque no habla y nadie sabe lo que piensa en la infinidad de temas complejos que han cercado al gobierno de Sebastián Piñera. ¿Hidroaysén? ¿Educación superior gratuita? ¿Asamblea constituyente? ¿Matrimonio igualitario? No se pronuncia. Bachelet parece encarnar todos los anhelos –incluso los contradictorios- en la medida que no sea obligada a definirse. Golborne ha demostrado similares destrezas en el arte del silencio y la ambigüedad. No sabemos a ciencia cierta qué opina en los temas más espinudos. Por eso no extraña que Allamand busque reiteradamente sacarlo al pizarrón. Tomar partido implica dejar contentos a unos y desilusionar a otros. El candidato Golborne quiere evitar esa sangría navegando en la indefinición, esquivando el área chica, prodigo en generalidades y eufemismos, sin que parezca negarse al debate de ideas. Su modelo a seguir es Bachelet, cuyos promotores trabajan por ahuyentar la ansiedad programática de las primarias. Si de ellos dependiera, que la ex Presidenta aterrizara en Chile un día después de ser confirmada candidata. Esta será la tónica boxeril que veremos en la derecha: Allamand correteando a Golborne y este último escabullendo el enfrentamiento.
  4. La horma de Bachelet: En su faceta de analista político, el vicepresidente RN Manuel José Ossandón ha sostenido que al gobierno de Piñera le han fallado los afectos y que la derecha debe contar con un candidato cercano y empático en las próximas presidenciales. Inexplicablemente Ossandón concluye que ése hombre es Andrés Allamand. Pero todas las premisas de su silogismo apuntan a Laurence Golborne. El rescate de los mineros le entregó al ex ministro de Obras Públicas un enorme capital político capaz de disputarle a Michelle Bachelet el corazón de los chilenos. Cuando la razón y la emoción colisionan en política, dicen los entendidos, invariablemente triunfa la emoción. Si aquello es cierto la derecha debería optar por el mejor generador de emociones. Allamand insiste en que la ciudadanía quiere un estadista de vasta trayectoria política. Ojalá fuese así, pero los sondeos indican otra cosa: hastío con los rostros repetidos y demanda por liderazgos menos verticales. Los analistas hablan de tipos femeninos y masculinos de ejercer el poder. Si el viento sopla a favor de los primeros, entonces la horma de Bachelet es indiscutiblemente Golborne. Si la estrategia es el contraste, entonces hay buenos argumentos a favor de Allamand.
  5. ¿Laurence de la UDI?: La asociación UDI-Golborne es un arma de doble filo. Por un lado es la única chance real que tiene el candidato independiente de ganar la primaria de la centroderecha. El gremialismo desplegado en terreno de Arica a Magallanes es de temer. Y este tipo de elección se trata justamente de movilizar a los propios. Sin embargo la UDI también es un salvavidas de plomo. Podrá ser el partido más grande de Chile, pero también el que despierta más anticuerpos. Su performance como elenco oficialista ha sido controvertida. En los temas que empiezan a importarle a la sociedad chilena la UDI aparece siempre a contrapelo, reaccionaria, dispuesta a ejercer su poder de veto. Golborne se ha declarado agnóstico pero jugará con la camiseta de un equipo a ratos confesional. Transformarse en “el candidato de Jovino” resta más de lo que suma. La participación de figuras como José Antonio Kast o Patricio Melero en su equipo político enciende las alarmas del mundo liberal de la derecha. En todo caso la UDI ya tuvo que tragarse a Lavín firmando piernas desnudas en 1999 y parece ser el tipo de partido que entiende que las campañas no son trinchera para adoctrinamientos. Golborne tendrá que evaluar cuán cerca y cuán lejos le conviene mantener a su sponsor.

Link: http://www.capital.cl/poder/las-cinco-claves-del-plan-g/

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