LA SEGUNDA CAÍDA DE ANTONIO VARAS

por Cristóbal Bellolio (publicada en el semanario The Clinic el 14 de diciembre de 2012)

La designación de Rodrigo Hinzpeter como ministro de Interior de Sebastián Piñera prometía reeditar en la política chilena la duodinámica que alguna vez protagonizaron Manuel Montt y Antonio Varas. Después de haber conducido una campaña impecable que instaló a la centroderecha en La Moneda, Hinzpeter ejercía su legítimo derecho a liderar el gabinete. Después de tres septuagenarios en el cargo (Andrés Zaldívar, Belisario Velasco y Edmundo Pérez Yoma), asumía un energético ministro capaz de participar en operativos policiales por la mañana y hacer llamados de atención al empresariado por la tarde. Todo marchaba sobre ruedas hasta la entrevista en la cual trató de instalar la tesis de la nueva derecha. La idea no era mala pero nadie le prestó ropa. Ni el propio Piñera. Y como en La Guerra de Galio que tanto dice disfrutar, a Hinzpeter se le vino la noche.

Su rol como jefe político se diluyó progresivamente mientras tomaba fuerza su perfil de sheriff de la república. Un “ministro inexistente”, exageró el columnista Carlos Peña. Sin embargo Hinzpeter optó conscientemente por fortalecer la segunda responsabilidad de su cartera: la Seguridad Pública. En eso lo pillaron las movilizaciones estudiantiles del 2011. El ministro cumplió su cuota en la comedia de equivocaciones políticas del gobierno. Intentó convencer a la opinión pública que la cuestión se reducía al dilema orden versus anarquía. Los chilenos no compraron el marco de análisis. Para peor, acusaron represión de las fuerzas policiales. Y el principal responsable de ello era el propio Hinzpeter. Ahí murió la esperanza política de la sucesión. La tarea de demolición política comenzó la UDI la terminaron los manifestantes en la calle.

Pienso en la experiencia de Hinzpeter como una especie de autosabotaje. Ciudadano de no pocas virtudes –intelectuales, políticas y humanas- parece haberse resignado a desempeñar el personaje que dibujó para él Stefan Kramer, ese robocop insensible a las demandas sociales e incluso a las libertades individuales. De otra manera no se entiende el tesón con que su ministerio persiguió al inocente pakistaní o se involucró en el caso bombas. Lo mismo respecto del cuestionable orgullo que exhibe al celebrar la ley tolerancia cero, desproporcionada y autoritaria. Para colmo, la ley en trámite que para muchos contribuye a criminalizar el derecho a protesta se conoce por su apellido.

Tenía Hinzpeter, sin embargo, una ventana de oportunidad. Si el gobierno cumplía al menos con aquella petulante promesa de campaña que anunciaba el final de la fiesta de los delincuentes, los chilenos se habrían visto obligados a conceder el punto al ministro de la mano dura. Pero los resultados en esta materia han sido contradictorios y el propio Presidente ha reconocido que se trata de una tarea bastante más difícil de lo que habían supuesto.

Cuenta la historia política que Manuel Montt entendió que la nominación de su inseparable Antonio Varas como candidato presidencial en 1861 era una provocación para sus adversarios. Por lo mismo echó pie atrás y buscó una figura menos controversial. Es posible que recién en 2012 Piñera se haya percatado que la permanencia de su leal Rodrigo Hinzpeter en Interior era notoriamente un pasivo. Andrés Chadwick ya oficiaba de facto como panzer de palacio y en sus pocas semanas al timón ya ha generado un clima político menos áspero. No es un misterio que Hinzpeter estaba devaluado para la oposición como interlocutor válido.

Su salida de Interior cierra un ciclo de grandes expectativas y magros resultados. Su desafío es reinventarse políticamente desde el ministerio de Defensa. Es comprensible que se interprete este enroque como un premio de consuelo. Sacarlo definitivamente del gabinete habría sido demasiado castigo para tamaña fidelidad. Además es consistente con la caricatura militarizada que cultivó Hinzpeter durante su paso por La Moneda. El 2013 le espera con un importante desafío: enfrentar desde una posición estratégica el fallo de La Haya.

Hinzpeter pudo haber renunciado en el último ajuste ministerial para competir por un escaño parlamentario. Todo indica que abandonará el gobierno junto al Presidente. Como Antonio Varas, siempre presto a cumplir los designios del amigo y mentor.

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