EL FÉRTIL VALLE UNIVERSITARIO

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital el 20 de diciembre de 2012)

El movimiento Nueva Acción Universitaria (NAU) obtiene por quinta vez consecutiva el control de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC). Disputó una inédita segunda vuelta contra la lista Solidaridad, agrupación formada hace apenas dos años. El poderoso Movimiento Gremial quedó relegado al tercer lugar. En la Universidad de Chile los Autonomistas lograron retener la Federación. La segunda lista más votada fue “Luchar”. Las juventudes comunistas –en alianza con las juventudes socialistas- retrocedieron de la vicepresidencia a la secretaría general.

¿Tiene todo esto alguna relevancia? Podría tenerla. Durante los ochenta y los noventa la política universitaria estuvo dominada por los partidos políticos, los que monitoreaban el proceso a través de sus dirigentes juveniles. Los plenos de la CONFECH eran habitualmente suspendidos para que los representantes universitarios recibieran las instrucciones del partido en el pasillo. Hoy, en cambio, el escenario es desolador para las tiendas tradicionales. Llevar la camiseta de un partido de la Alianza o la Concertación es un pasivo electoral. Esto no implica despolitización. Por el contrario, han surgido nuevos grupos auténticamente políticos que sencillamente no están dispuestos a cargar las banderas de sus padres.

El caso del NAU es paradigmático. Aunque ocupa el mismo espacio ideológico de la Concertación –una centroizquierda compuesta por socialdemócratas y socialcristianos- rechaza cualquier tipo de asociación con ésta. El presidente saliente Noam Titelman lo dejó claro al pedirle al ex vocero Francisco Vidal que “no se subiera al carro de la victoria”. Algunos –como el ex presidente de la FEUC Joaquín Walker- han optado por reforzar el partido familiar (en este caso la DC) pero la mayoría ha insistido en la necesidad de un camino propio. Otro de sus ex presidentes, Miguel Crispi, renunció públicamente hace pocos meses a su militancia en el PS para dedicar sus esfuerzos al naciente movimiento Revolución Democrática, el mismo en el que participa Giorgio Jackson. Su carta fundacional acusa literalmente la caducidad del duopolio político chileno y se proclama como alternativa a los actores existentes. Sería ingenuo no advertir que la marea binominal los arrastra a un acuerdo parlamentario con la Concertación, pero por pragmatismo antes que por afecto societario con sus cuatro partidos.

Solidaridad, a su vez, nace dela costilla derecha del gremialismo para transformarse en su peor pesadilla. Más intenso ideológicamente y menos eufemístico en su adhesión religiosa, este grupo amenaza con formar una nueva generación política que no comulga ni con RN ni con la UDI. Sus inspiradores, los miembros del colectivo IdeaPaís, recorren foros y seminarios promoviendo su idea de desarrollo humano integral crítica del libremercadismo. También enfrentan el riesgo de ser cooptados –especialmente por los tentáculos del larrainismo- pero bien podrían seguir adelante en la tesis del camino propio. También en la PUC, 10 años cumple recién el movimiento Opción Independiente que condujo la FEUC 2006 y de cuyo seno nacieron los fundadores de los nuevos referentes políticos Red Liberal y Frecuencia Pública.

En la casa de Bello los autonomistas tampoco parecen estar dispuestos a oxigenar las tribus cansadas de antaño. El propio Gabriel Boric notificó al timonel socialista Osvaldo Andrade que los suyos no serían  “el comando juvenil de Bachelet”. Y aunque la izquierda universitaria ha sido pródiga en liderazgos intelectualmente notables que luego no florecen en el escenario nacional –ocurrió con la Surda y la Nueva Izquierda- el eventual acuerdo del PC con la Concertación deja más espacio en ese flanco para proyectar iniciativas políticas con identidad.

No sostengo que estas noveles fuerzas vayan necesariamente a conformar el futuro espectro político chileno. Este análisis no toma en cuenta el ímpetu de los movimientos sociales no-universitarios ni las inercias institucionales de la política adulta ni las complejidades sistémicas de todo proyecto fundacional. Lo que sí sostengo es que lo que se siembra en las universidades se cosecha tiempo después. Lo hizo Frei Montalva con el falangismo, luego la DC. Lo hizo Jaime Guzmán con el gremialismo, luego la UDI. ¿Quién dice que los partidos del Chile del mañana no están ya germinando en el valle universitario?

Link: http://www.capital.cl/opinion/el-fertil-valle-universitario-bellolio/

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