CUBA, LA CELAC Y LA COPA AMÉRICA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Ciudad Liberal el 1° de marzo de 2013)

En el juego de las relaciones internacionales hay que comerse varios pasteles amargos. Sobre todo cuando hay posibilidades comerciales en el horizonte. No tengo recuerdo de algún jefe de estado occidental sermoneando a los representantes chinos por los sistemáticos atropellos a los derechos humanos cuando de hacer negocios se trata. Hubo una época en la cual la política implicaba también la economía. El eterno bloqueo norteamericano sobre Cuba es un ejemplo. Con el paso del tiempo y el debilitamiento ideológico nos hemos puesto más pragmáticos. Algunos dicen que es para mejor: infiltrando económicamente al enemigo es posible ganar la batalla por otros medios.

Algo parecido ha repetido el Pánzer de la OEA. Insulza dice que para democratizar Cuba hay que trabajar desde la inclusión y no desde la exclusión. Entonces, en lugar de reclamar por el nombramiento de la isla de los Castro a la cabeza temporal de la CELAC habría que aprovechar esta oportunidad para convencer a la gerontocracia comunista de las bondades de la libertad política. Dudo que los Castro lean la situación a la manera de Insulza. Es más probable que lo interpreten como la incapacidad definitiva del entorno latinoamericano de cambiar el régimen cubano y la aceptación resignada de su especial característica. Quien sabe qué pasa por esas cabezas revolucionarias.

Me pidieron que contestara si acaso considero legítimo o adecuado que Raúl Castro sea el nuevo líder de la CELAC. Mi respuesta es la siguiente: lo considero ridículo pero creo que se trata de uno de esos pasteles amargos que hay que comerse en el complejo mundo de las relaciones entre estados.

No me parece necesario ahondar en las razones de la ridiculez. Supuestamente los principios de la CELAC favorecen expresamente la democracia y el irrestricto respeto a los derechos humanos. Salvo para un grupo de calcetineras fanáticas siempre dispuestas a torcer la realidad –como todos los fanáticos, dicho sea de paso- es evidente que Cuba es una rancia dictadura, vestigio arqueológico de un pasado de ignorancia forzada y represión de libertades. País maravilloso, sin duda. Con una mierda de gobierno, también.

Entonces, ¿cómo aceptar tamaño sinsentido sin traicionar la honestidad política? El director de Human Right Watch, José Miguel Vivanco, ha dicho que debemos señalar esta incoherencia y rebelarnos frente a su materialización. O en su defecto dejar de tomar en serio la CELAC. Bueno, resulta que los jefes de estado que participaron en la Cumbre no dirigen una ONG encargada de resguardar el respeto a los derechos humanos extraterritorialmente. El rol de cada presidente es conducir las relaciones con los representantes oficiales de cada uno de los demás países. Nos guste o nos disguste, Raúl Castro tiene el poder soberano en Cuba y representa para todos los efectos a su bandera. Por tanto, con una mueca de asco y la nariz arriscada, hay que entregar a los cubanos el bastón de un mando simbólico que por fortuna sólo es temporal.

Ahora bien, Vivanco tiene razón en lo segundo: en estas condiciones no se puede tomar en serio a la CELAC. Pero eso no es dramático. Así como en el mundo hay organizaciones internacionales fuertes y necesarias, también hay centenares de foros multilaterales relativamente inútiles y decorativos. Si la CELAC no cumple su propia declaración de valores, entonces acepta implícitamente ser tratada como una instancia de segundo orden.

Para terminar no puedo sino acordarme de la Copa América, que en rigor fue históricamente instituida para definir al mejor del fútbol de Sudamérica. Aun así, en las últimas ediciones se ha hecho común invitar a México, Costa Rica, Estados Unidos, e incluso en una ocasión a Japón. No recuerdo si vino España, pero estoy seguro que alguna vez se le hizo la propuesta. En cambio, no recuerdo ninguna Eurocopa con Perú, Sudáfrica o Australia. Siempre he considerado que esta costumbre latina chacrea el campeonato, sobre todo tomando en cuenta que todos los países invitados tienen además su propia competencia regional. Pero no queda más alternativa que encogerse de hombros y partir a jugar. Son las reglas de un continente casi en serio, como se llamaba aquel mítico programa de Leo Caprile. Y en fin, en eso la CELAC se parece mucho a la Copa América.

Link: http://www.ciudadliberal.cl/es-legitimo-que-raul-castro-presida-la-celac/

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