CORREA POR KNOCKOUT

Texto y fotos por Cristóbal Bellolio (publicado en revista Capital el 8 de marzo de 2013)

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La campaña de Correa tuvo presencia en todos los rincones del Ecuador.

Durante los 28 días del mes de febrero pasado estuve recorriendo Ecuador. Visité las provincias de Guayas, Azuay, Cañar, Chimborazo, Tungurahua, Pastaza, Pichincha, Cotopaxi, Imbabura, Manabí, Santa Elena y Galápagos. Es decir, casi todas. Sierra, selva, costa, islas. Lo suficiente para llevarme una idea del momento político y social ecuatoriano, y especialmente para echar un buen vistazo a la campaña electoral desatada que culminó el domingo 17 de febrero con la reelección de Rafael Correa como Presidente de la República.

Hablar de una mera victoria de Correa es mezquino. Lo suyo fue una masacre. Sus partidarios llamaban a terminar el trámite en “una sola vuelta” (recuerdo un pegajoso jingle con música de Twisted Sister), cuestión que parecía difícil con 8 candidatos en competencia. Sin embargo, el actual mandatario ecuatoriano obtuvo el 56,7% de los votos. Es más, la ley electoral señala que con sólo 40% de las preferencias y 10 puntos porcentuales sobre el más cercano competidor no es necesario el ballotage. Guillermo Lasso, el segundo más votado, obtuvo apenas un 23,3% de los sufragios. La diferencia fue brutal. El triunfo del correísmo también fue absoluto a nivel parlamentario: 95 asambleístas de un total de 137.

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17 de febrero por la tarde. La cara del presidente llena de risa. Yo me banco la eterna ley seca en el balneario de Montañita.

1. LAS RAZONES DE LA PALIZA

A mi juicio, tres argumentos son definitivos para explicar la aplanadora de Rafael Correa y su Alianza PAIS. El primero se concentra en los atributos personales del presidente-candidato. Correa no se ganó el cariño del pueblo ecuatoriano de la noche a la mañana. Ha sido un proceso de conquista y seducción que ya lleva 6 años en marcha. Se trata de un gobernante indiscutiblemente carismático que combina una alta dosis de credibilidad, elocuencia oratoria y dotes de rockstar andino hasta factores tan veleidosos como el voto hormonal. “Termina Correa, comienza Rafael” tituló un semanario político, haciendo alusión al vínculo de intimidad que generó el mandatario ecuatoriano con el electorado. Sus afiches publicitarios enfocaron la campaña desde ese activo simbólico: “Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael”. Aunque al comenzar su travesía política no era más que una apuesta en un mar de trucos fallidos y esperanzas truncadas, a pocos meses de cumplir 50 años Correa pasa por su mejor momento político personal. Tan fuerte fue su impronta que inconscientemente la gran mayoría entendió esta elección como un verdadero plebiscito a favor o en contra de la figura del presidente en ejercicio antes que una auténtica contienda programática. De esto último hubo poco y nada.

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Ya no es Correa, ahora es Rafael. No quieren a ningún otro.

El segundo argumento emerge al revisar la historia reciente del Ecuador. Los 10 años previos al ascenso de Correa -en enero de 2007- vieron desfilar a 6 mandatarios diferentes. Esta inestabilidad política endémica llegó a su fin de la mano de este joven economista que, guste o no guste, al menos tiene en mente un proyecto político y una idea país de contornos definidos. El punto de partida refundacional fue la aprobación en 2009 de la llamada Constitución de Montecristi (que entre otras cosas sirvió, a-la-Pinochet, para reelegir automáticamente a Correa por 4 años más), verdadero puntapié inicial de la cacareada “Revolución Ciudadana” que tanto entusiasma a la mayoría de los ecuatorianos. En lo central, se trata de un manifiesto que reivindica el protagonismo del Estado por sobre el mercado y de la bandera abstracta del bien común por sobre la iniciativa individual y la libertades personales. Los adversarios del presidente nunca pudieron levantar un discurso capaz de rivalizar con el proyecto correísta, que además abusa inteligentemente de una jerga patriotera perfecta para encender corazones nacionalistas.

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Las alusiones a la patria -por fin altiva y soberana – fueron recurrentes en la campaña.

La tercera razón es la que algunos llamaron el “voto agradecido”. Correa ha sido efectivo y eficiente en los años que ha ostentado el poder. Su gobierno exhibe innegables resultados en áreas como infraestructura, salud y educación. La economía vive un momento propicio gracias al precio del petróleo, tan determinante como el cobre para Chile. En los peores años de inestabilidad el barril se cotizaba en 8 dólares, subiendo a 60 el año que Rafael Correa asciende a la primera magistratura y llegando a US$100,6 el año recién pasado. Estos fuertes ingresos le permitieron al sector público ecuatoriano incrementar notablemente el gasto y la inversión, la que se ha triplicado desde el 2006. Así, el producto interno crece, el desempleo baja y la inflación se mantiene a raya. La pobreza, cuestión central en el discurso correísta, también ha experimentado una significativa baja porcentual gracias a una agresiva política de subsidios y bonos a las familias más vulnerables. Los sectores tradicionalmente marginados, en especial los grupos indígenas, también han sido visibilizados desde la narrativa del nuevo poder. Todo esto le ha valido extendidos aplausos y ayuda a comprender el fenómeno de su altísima popularidad.

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La lista parlamentaria oficialista también consiguió supermayoría. Entre ellos Alexis Sanchez.

2. LAS AREAS SENSIBLES

A pesar de las razones recién reseñadas, existen aspectos preocupantes en el despliegue político de Rafael Correa y su entorno. Me concentraré básicamente en dos: un excesivo paternalismo y un creciente autoritarismo.

Como muchos gobernantes latinoamericanos, el presidente del Ecuador a veces se conduce como un padre preocupado por el bienestar de sus hijos antes que como un presidente con un mandato constitucional acotado. Me llamó especialmente la atención que uno de los temas de campaña fuera la polémica prohibición de vender y comprar alcohol los días domingo. En efecto, el gobierno de Correa decretó que el séptimo día de la semana debía estar dedicado al descanso, al recato y a la comunión familiar. Como todo régimen moralista, en lugar de educar a la población en el ejercicio de su libertad, el filo-bolivarianismo ecuatoriano optó por restringir el derecho de comerciantes y consumidores (sufrí en carne propia esta medida cuando asistí a un bar en la ciudad de Cuenca para ver un partido de selección chilena Sub-20… Tuve que resignarme a un café en lugar de disfrutar una refrescante cerveza). Ejemplos de este tipo hay varios, en todos los cuales el gobierno actúa sobre la voluntad de los ciudadanos en la convicción que conoce mejor que ellos la receta de su “buen vivir”, garantía que incluso tiene consagración constitucional. Por supuesto, como en todos los lugares donde esto se intenta, no hay realmente una superación moral o ética del pueblo. La Revolución Ciudadana no produce sudamericanos más virtuosos. Por el contrario, la experiencia del turista puede ser amarga en estos lares cuando toca ser víctima de la mentira, la irresponsabilidad o la incompetencia. El resto es chauvinismo parroquial.

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Se ufanan de la mejor red vial de Sudamérica. Pero cualquier trayecto en transporte público es una pesadilla.

El segundo gran problema de Correa lo asemeja a Hugo Chávez. Su epidermis es demasiado sensible para aceptar la crítica y saca a relucir el mejor repertorio autoritario cuando se trata de callar a la disidencia. De muestra un botón: en enero recién pasado el presidente se cansó de las observaciones que le hacía un interlocutor vía Twitter y por la misma vía (@MashiRafael) ordenó a la Secretaría Nacional de Inteligencia “investigar a ese malcriado”. Lo mismo hizo con otros dos usuarios cuyas cuentas fueron cerradas a las pocas horas. Sabemos que la tolerancia cívica no ha sido la característica más sobresaliente del socialismo del siglo XXI. El lenguaje de enemigos que se instaló en la política ecuatoriana no ha llegado a los soeces extremos venezolanos, pero se le acerca a veces. Los medios de comunicación opositores a Rafael Correa han vivido tiempos difíciles y saben que lo que viene por delante puede ser peor. Algunos creen que el poder omnímodo que acaba de conquistar el oficialismo disminuirá los niveles de confrontación como una señal de madurez política –o bien porque ya no quedan muchos adversarios de cuidado- pero lo cierto es que Correa ha anticipado que su próximo objetivo será arremeter contra lo que él entiende como una expresión burguesa y antipopular de la libertad de prensa y expresión.

3. LA RENOVACIÓN DE LOS ACTORES

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La demagogia de los viejos líderes en retirada. Como Noboa, que prometía “Sacarte de la Pobreza”.

Los partidos tradicionales de Ecuador sufrieron una debacle en las últimas elecciones. El ex presidente Lucio Gutiérrez obtuvo apenas el 6,6% de los votos y su Sociedad Patriótica capturó sólo 6 escaños de la asamblea. El PRIAN se quedó fuera del parlamento y su sempiterno candidato -el millonario Álvaro Noboa- tuvo la más baja votación de sus cinco postulaciones presidenciales (3,7%). El Partido Roldosista del controvertido ex presidente Abdalá Bucaram presentó como candidato a un pastor evangélico que prometió terminar con los conciertos de rock y con suerte se empinó sobre el 1% del total. El electorado castigó duramente la vieja “partidocracia” denunciada por Correa y, por el contrario, abrió la ventana de nuevas opciones políticas. La del propio presidente, para empezar. Frente a ella, una auténtica nueva derecha liderada por sublíder de la competencia, Guillermo Lasso. Rafael Correa dio la bienvenida a esta nueva agrupación (“CREO”) por considerarla una derecha propiamente ideológica y no capturada por intereses clientelares u oportunistas. Los analistas especulan sobre la conveniencia de este bipartidismo: a Correa le interesa tener una oposición visible y civilizada pero que a la vez carezca de caudillos carismáticos y que sea fácilmente caricaturizable (el mismo Lasso es un connotado banquero). Pocas semanas atrás, al ser interrogado sobre sus similitudes con la derecha de Juan Manuel Santos o Sebastián Piñera en la región, Lasso se diferenció sosteniendo que ambos mandatarios mantenían un “silencio cómplice” y “poca personalidad democrática” frente a los atropellos al Estado de Derecho en la vecina Venezuela. Sin embargo, esta nueva derecha –a la que podría sumarse el capital de la joven promesa Mauricio Rodas que se quedó sorpresivamente con el cuarto lugar con un 4% de los votos- todavía no es una alternativa real de gobierno. Continuando con la analogía bolivariana, está aun en una etapa pre-Caprileana de conformación.

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Guillermo Lasso, Liga de Quito y cerveza Pilsener en la Sierra ecuatoriana.

Y al otro lado del espectro, ¿existe izquierda más allá del hegemónico correísmo? Poca y nada. Su ex colaborador Alberto Acosta intentó unir a todos los grupos radicales y frustrados de la tibieza del presidente pero alcanzó un desilusionante 3,2%. Más abajo quedó el interesante Norman Wray del colectivo “Ruptura” (el ME-O ecuatoriano, como le escuché a un amigo chileno residente en Quito) con un escuálido 1,3%. El drama para ambos es la tentación de sus huestes de regresar al redil oficialista en busca de alguna apetecible cuota de poder. El mapa de fuerzas que se configura en Ecuador es novedoso respecto de los actores y da cuenta de una genuina renovación política que en cuestión de años ya entra en tierra derecha.

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El bastión electoral del ex mandatario Lucio Gutiérrez era la Amazonía ecuatoriana. También la perdió.

4. LO QUE VIENE

Correa, como Chávez, es un fenómeno político que nace de la ineptitud e indolencia de la oligarquía local para administrar el poder en paz y justicia. Es el grito de revancha de los postergados y en ese sentido su relato es redondo. El contundente espaldarazo electoral que acaba de recibir es un cheque abierto para pasar de la poesía a la acción. Como ocurre pocas veces, el gobernante ecuatoriano tiene el camino despejado para dibujar el país que tiene en mente. La primera medida no se hizo esperar; hace pocos días el periódico opositor “El Universo” tituló “Por decreto, Gobierno dicta control de precios”. El diario estatal “El Telégrafo” moderó la información hablando sólo de “precios de referencia” para una cincuentena de productos básicos. Independiente del énfasis, la orientación es clara: menos libre mercado, más planificación central. Correa no se da vueltas de carnero y tiene todas las de ganar. Entre otras cosas porque entendió a la perfección la importancia de contar con una máquina propagandística aceitada. En todos los rincones del país se anuncian las obras y progresos de la Revolución Ciudadana. Muchos de estos afiches y carteles se confundían sutil pero intencionadamente con la profusa publicidad de campaña del candidato Correa. El Consejo Nacional Electoral –compuesto por figuras proclives al régimen- consideró que el agresivo despliegue comunicacional del gobierno de los últimos meses no constituía campaña propiamente tal aunque el parecido fuera evidente a los ojos de cualquier espectador. De esta manera, Rafael Correa inaugura sus últimos 4 años –no se repetiría el plato, según sus propias declaraciones- en un auspicioso escenario de poder casi incontrarrestable.

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El gigantesco mercado indígena de Otavalo. Al fondo, Norman Wray, el ME-O ecuatoriano.

Link: http://www.capital.cl/poder/correa-por-knockout/

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5 comentarios to “CORREA POR KNOCKOUT”

  1. Alfonso Mallegas Says:

    estimado, me parece muy bueno tu análisis, pero dentro del mismo se te quedó afuera algo muy, pero muy importante: la maquinaria publicitaria que mueve Rafael Correa!!!.de hecho el mayor y mejor cliente de las agencia de publicidad (no todas las agencias por supuesto) es el Gobierno!!!…te recuerdo o te informo que el gobierno tiene dos canales incautados GAMA y TC (incautados a la familia Isaías) y el Canal público EcuadorTV…y estos canales son los que tienen el fútbol…entenderás la gran cantidad de comerciales de TV, sobreimposiciones, menciones, etc que se despliegan para dar a conocer las obras oficialistas y los proyectos…definitivamente es un punto que se debe agregar, ya que la publicidad (propaganda) es fundamental para una REVOLUCIÓN CIUDADANA!

  2. Cristian Oliveros Says:

    Entiendo que Correa tiene estudios universitarios de primer nivel, y por ello me cuesta entender como llega a aplicar medidas que en el mediano plazo terminarán afectando el desempeño económico. Aclaro que no soy partidario del libre mercado a destajo, como el que existe en Chile, me gustaria servicios básicos en manos del estado (agua, educación, salud ) pero el resto de las actividades económicas deben estar en manos privadas, de lo contrario no se aprovecha el potencial de los emprendendores.

  3. Rodrigo Ugarte Niemes Says:

    sin querer parecer simplista, el apoyo a Rafael Correa se puede resumir en que la mayoría de los ecuatorianos creemos que vivimos en un país que funciona.

    Además, como administrador Correa se ha revelado muy eficiente.

    Por ejemplo, el barril de petróleo subió hasta los $140, con lo que el gobierno pudo iniciar una obra pública inédita en educación, salud, vialidad y megaproyectos ( aeropuertos, hidroeléctricas ), así como inyectar dinero vía prestamos al agro y vivienda popular.

    Pero en 2009, en el marco de la crisis mundial, el barril de petróleo cayó a $18 dólares, un desplome inédito en nuestra historia petrolera, y así se mantuvo algunos meses, recuperándose lentamente hasta alcanzar los $70. Pero el gobierno no paró la obra pública ni sus programas económicos, ni subió impuestos, como hacían los gobiernos anteriores. Anunció que la crisis la cargarían los que más tenían. Era justo que quienes más dinero hacían en bonanza, más se sacrificaran en tiempos de crisis. Y así fue.

    Entonces, se limitó a las empresas es sus cupos de importación y se subió el impuesto a las salidas de capitales en los bancos. Además, el gobierno echó mano de dinero en reserva para mantener funcionando la economía. De esa manera la crisis no se sintió en Ecuador. Y lo más importante es que Correa demostró que las antiguas soluciones neoliberales habían sido solo dogmas, que podrían echarse abajo sin dañar la economía.

    Otra buena jugada del gobierno fue invertir los porcentajes de las regalías petroleras.

    Los gobiernos neoliberales nos habían vendido la idea que el petróleo había que regalarlo para que vinieran los inversionistas. Otro dogma que Correa echó abajo.

    Así, el gobierno anunció a las transnacionales que renegociaría los contratos petroleros, y el que quería se quedaba y el que no se largaba del país.

    Ahora Ecuador recibiría el 85% y el inversionista el 15% ( antes era al revés ), con lo cual hubo más dinero para inversión social, en bienes de capital ( carreteras, aeropuertos, hidroeléctricas ) y préstamos para la clase trabajadora ( vivienda, vehículos, insumos de hogar ).

    Correa también declaró que ya no se garantizaría deuda externa con petróleo, y desbarato un fondo o fideicomiso en el que se guardaba el dinero del petróleo para pagar deuda, y declaró que se usaría en vialidad, educación, salud y vivienda popular.

    La sola idea que el gobierno de Correa ha logrado tanto por los altos precios del petróleo es un error. En 1972, cuando empezamos a exportar petróleo en cantidades considerables, el barril costaba $2,oo dólares, y ese era un precio alto en esos tiempos, suficiente como para crear un entorno económico tan favorable, que Ecuador tenía un PIB más alto que los de EE.UU. y Canadá ( claro, eso no significa que nos hayamos desarrollado de igual manera, lo cual demuestra lo relativo de estos indicadores ).

    En los años 90s el precio promedio del barril cayó casi a la mitad de los años 80s, pero la producción se duplicó con la construcción de un nuevo oleoducto, que permitió transportar más petróleo desde los pozos en el oriente hasta la refinería en la costa esmeraldeña. Y el PIB petrolero se mantuvo igual ( en Google hay bastante información al respecto ).

    Lo que realmente perjudicó a mi país fue la política petrolera de los gobiernos neoliberales, que regalaban el petróleo a cambio de recibir coimas de las transnacionales. Algunos de esos “expertos” petroleros fugaron a Miami con la llegada del gobierno de Correa, y otros militan en la oposición, después de haber sido despedidos y retiradas sus prebendas sindicales. Esos son los que dicen que estamos en dictadura.

    En el plano fiscal Correa apretó el acelerador y empezó a cobrar impuestos a grandes grupos empresariales que tradicionalmente burlaban al Estado, todo eso sin subir ni el IVA ni el IR.

    Por otro lado, Correa ordenó que se investiguen grandes negociados y perjuicios al Estado, cometidos por empresas familiares en gobiernos pasados, lo cual generó la reacción de esos grupos oligárquicos, que eran incluso dueños de medios de comunicación, con lo que empezaron la muletilla esa de la supuesta persecución a la libertad de expresión, lo cual es falso.

    Estos y otros detalles permiten entender el triunfo de Correa, más allá de los lamentos y justificaciones de los perdedores.

  4. Rodrigo Ugarte Niemes Says:

    Contrariamente a lo que sostienen los sectores neoliberales y dogmáticos, este gobierno ha apoyado al empresariado nacional más que ningún otro gobierno.

    Por ejemplo, la construcción de vivienda popular, la obra pública y los megaproyectos se hacen mayoritariamente con constructoras privadas.

    Las clínicas se encuentra vinculado al IESS, lo que inyecta grandes sumas de dinero al sector privado de la salud, incluyendo al farmacéutico y los laboratorios. Entonces, no fue necesario privatizar al IESS para mejorarlo.

    El SOAT funciona a través de las aseguradoras privadas, y los bancos cada año tienen mayores utilidades gracias a la estabilidad económica que devolvió la confianza en el sistema.

    El sector automotriz y la industria de bienes para el hogar ha crecido mucho, por los planes de reciclaje de vehículos, refrigeradoras y cocinas.

    Los malls están llenos de artículos importados de última tecnología, y el uso de internet cada vez se extiende más.

    La recaudación de impuestos cada año sube, sin aumentar tributos, lo que indica el buen estado financiero del sector privado

    Otra señal de esa situación saludable de la economía privada es que por primera vez en nuestra Historia el presupuesto del Estado para el 2013 está financiado con petroleo solo en un 40%. El otro 60% se genera en el sector privado.

    Empresarios, comerciantes, empleados y profesionales pagamos impuestos y los vemos convertidos en obra y servicios eficientes, como nunca había sido antes.

    Cualquier persona seria en sus negocios puede recurrir a la financiación pública ( banca de fomento ) o privada ( bancos comerciales ) y obtener crédito sin cabildeo ni tráfico de influencias.

    Es decir, quienes nos movemos en el sector privado nada tenemos que reclamar a este gobierno.

    Paradójicamente, cuando el Estado ecuatoriano estuvo administrado por ejecutivos “prestados” desde el sector privado es cuando peor estaban las cosas y el país quebró. ( en 1999 ).

    Claro que en el sector rural aun hay mucho por hacer. Pero los ecuatorianos sentimos que Ecuador es un país que se está moviendo hacia delante, y eso gracias al gobierno. Por eso reelegimos a Correa.

    Ciertamente, Correa tienen mucho a favor, sobre todo su gestión, mientras la oposición tiene un pasado bochornoso, que no logra ocultar.

    Sugerir una ventaja en los organismo electorales demuestra, al menos, ignorancia ( sino mala fe ) de quien lo diga, pues el sistema y proceso electoral están supervisado por los actores políticos..

    En cuanto a las cervezas en fin de semana, compra las bielas el viernes…y no pasa na´aa !!

  5. Rodrigo Ugarte Niemes Says:

    bueno, en cuanto al tema de la venta de cerveza, lo cierto es que en Ecuador la venta de bebidas alcohólicas está permitida de lunes a jueves hasta las 22 hrs. locales ( 10 de la noche ), a excepción de discotecas y bares, que podrán servir hasta las 00 horas ( 12 de la noche ), y los viernes y sábados hasta las 2 am.( madrugada ).

    Asimismo, está prohibida la venta en las tiendas de gasolineras y durante los domingos en el resto del mercado.

    Al principio los comerciantes se quejaron, pero el tempo demostró que la medida no afectó al comercio, pues la prohibición es de vender, no de beber.

    Es decir, si usted desea beber el domingo, puede muy bien comprar las bebidas el sábado, Nadie va a allanar su vivienda por beber dentro de ésta un domingo. Mientras, la vía pública se mantiene libre de borrachos.

    Existen formas variadas de “ley seca” en muchos países de la región, por diversos motivos.

    Así, en Chile existe restricción de horario para la venta de bebidas alcohólicas, con miras a reducir los accidentes de tránsito, y evitar la presencia de ebrios en las calles y la contaminación acústica que generan las personas bajos los efectos del alcohol..

    En Colombia existe la llamada “ley zanahoria”, que son las restricciones de horario para bares y sitios de expendio de licor hasta determinadas horas, como es después de las 3:00 de la madrugada. Estas restricciones son decretadas por las administraciones municipales.

    En Costa Rica, los costarricenses compran el licor en los días previos a la vigencia de alguna ley seca, por lo que es común que se incremente la venta de bebidas alcohólicas y se consuma de igual manera en casa.

    En España existen diversas regulaciones de ámbito autonómico que restringen los horarios de venta y los espacios de consumo de alcohol, conocidas genéricamente como ley antibotellón.

    En Wikipedia hay bastante información al respecto.

    Acá en Ecuador hubo dos candidatos en las pasadas elecciones, uno de la “izquierda verdadera” y otro de derecha, que anunciaban que levantarían la prohibición de vender cervezas el domingo. Ambos perdieron.

    Entonces, el tema no es como para quitar el sueño… y mucho menos como para decidir el voto.

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