EL GOBIERNO ANTICIPADO DE MICHELLE

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 19 de abril de 2013)

Todo indica que Michelle Bachelet se repetirá el plato y gobernará los destinos de Chile desde 2014 a 2018. No es pesimismo ni optimismo. Es una predicción realista de acuerdo a los números disponibles. Pero no se trata sólo de su sólida posición en las encuestas, sino del efecto que cada una de sus palabras tiene en el mundo político y en la opinión pública. Es cierto que dice poco y lo que dice es ambiguo, pero eso ha bastado para que todos sus adversarios se pronuncien respecto a cada una de sus propuestas. Un ejército de exégetas pugna por explicar qué quiso decir con tal o cual frase, desarrollando una autentica ciencia de la bachetología. Todo esto pasa porque su ventaja es tan cómoda que da la sensación que sus ideas ya son realidades, sus frases se ven convertidas en proyectos de ley y sus intenciones en relatos de gobierno. Da la impresión que Bachelet empezó a reinar desde que puso un pie en Santiago. Esta fantasía de gobierno anticipado establece nuevas reglas para los actores políticos.

LA PESADILLA DE LA DERECHA

El primer damnificado es el Presidente Piñera. Aunque tiene toda la razón cuando señala que los candidatos deben responder las preguntas de la ciudadanía por incómodas que sean, al establecer un diálogo directo con la ex mandataria no la está tratando como una postulante cualquiera. Piñera no ha interpelado a ninguno de los otros aspirantes al sillón de O´Higgins. Sin quererlo además minimiza la autoridad de sus propios precandidatos –Golborne y Allamand- para enfrentar a Bachelet.

Trascendió a los medios que la vocera Cecilia Pérez difundió entre los funcionarios de gobierno un instructivo que alertaba sobre un eventual segundo mandato de la ex ONU Mujeres, adjetivándolo como una “pesadilla”. El drama es que la previa de Michelle ya es una pesadilla para el oficialismo. No es necesario que se apersone físicamente en La Moneda para empezar a sufrirla. Esta maldición espectral no es nueva. Durante casi todo el primer año de Sebastián Piñera se habló del fantasma de Bachelet –debido a la altísima popularidad que dejó- y como éste impedía que los chilenos se encariñaran con el nuevo Presidente. Imagínese la impotencia de Piñera al no poder asistir al mundial de Sudáfrica mientras Michelle se paseaba sonriente en los estadios donde jugaba Chile, estrechando su complicidad con el adorado DT nacional Marcelo Bielsa. Más de alguno asesor pensó en ese momento que para acabar con la Bachelemanía era también necesario sepultar a sus aliados simbólicos Mayne-Nicholls y Bielsa. Si aquella jugada fue consciente, claramente salió mal.

Los coletazos del 27/F siguieron invocando a la madre en el exilio. Los parlamentarios opositores quisieron demoler su aprobación tal como lo había padecido Ricardo Lagos Escobar. Tampoco funciono. De tanto mencionarla se apareció como Beetlejuice. Y ni un rasguño le hicieron. Por eso debe ser frustrante para la centroderecha que ahora regrese de los cielos con un lenguaje críptico y sin hacer absolutamente nada fuera de lo común le ponga término al gobierno de Piñera casi un año antes de lo previsto. La teoría del pato cojo es insuficiente para explicar este fenómeno. Piñera no pierde protagonismo en la recta final porque sus ministros estrellas lo abandonen para hacer campaña. El asunto es más complejo: Piñera se ha visto opacado durante casi todo su mandato por una sombra que no ha dejado de atormentarlo. Si durante el primer año fue su fantasma el que todavía rondaba en el palacio, ahora en su último año es ella hecha carne y hueso quien amenaza con un cogobierno.

LAS TAREAS DEL BACHELETISMO

Nunca ha sido fácil cargar con mucha expectativa. Es natural que uno no pueda cumplirlas todas y frustre a algunos sectores. Ese es desafío mayor del entorno de Michelle Bachelet: frustrar expectativas a un ritmo soportable. A diferencia de lo que afirman los otros candidatos –que pueden jugar al borde de la osadía programática- los anuncios de Michelle Bachelet son sopesados y medidos como probables realidades en el corto plazo. Si la carrera presidencial está decidida, entonces lo suyo no son anuncios de campaña sino anticipos expresos de su futura administración. Los riesgos son evidentes. Los movimientos sociales que ya dieron por terminada su relación con el actual gobierno tienen la mira puesta en las palabras de la ex presidenta. Esta suerte de reinado paralelo expone peligrosamente a Bachelet. Por eso no le conviene ser muy precisa en lo programático y prefiere establecer hojas de ruta más bien difusas.

Sin embargo se equivocan los que ven en Bachelet a la conductora de los nuevos tiempos. El liderazgo transformador no es lo suyo. Sus fortalezas están en su capacidad de navegar con el viento para llegar a puerto. “La política se trata de convicciones más que de la capacidad de maniobrar con éxitos los problemas del día a día” solía decir la fallecida Margaret Thatcher. Bueno, Bachelet no es Thatcher, básicamente porque no está dispuesta a asumir los costos de políticas impopulares. Si se me permite la analogía musical, Bachelet no es una compositora sino una gran intérprete. De sus manos no emerge la sinfonía del próximo Chile. Más bien ella escucha y aprende las notas que debe tocar. No determina el norte, sino que toma la temperatura ambiente y canaliza los anhelos ya existentes de un pueblo. El éxito simbólico de Michelle Bachelet depende de eso y no de otra cosa.

La idea de regresar al poder abrió los apetitos –cómo no- de la gran familia concertacionista. El síntoma final del gobierno anticipado de Bachelet es la soterrada repartición de cargos que ya ocurre en una serie de inevitables conversaciones informales. Todo indica que el economista socialista Alberto Arenas representa el papel que en 2005 jugó Andrés Velasco y acompañaría a la presidenta en Hacienda. Su protagonismo en el comando lo posiciona por sobre otras figuras como Mario Marcel u Oscar Landerretche. Para Interior son reiteradas las menciones a Camilo Escalona (PS), reconvertido en baluarte republicano y conocido aliado de Michelle. Si los equilibrios partidarios así lo exigen, el  DC Jorge Burgos es una posibilidad para dirigir el gabinete, aunque por su experiencia parlamentaria sería un espléndido Secretario General de la Presidencia. La vocería ya se la está probando Álvaro Elizalde (PS), que por alguna buena razón no está apuntando al congreso. Para la sensible cartera de Educación suena desde Mario Waissbluth hasta Carlos Peña –que también podría ir a Justicia. Carlos Montes (PS) iría a Vivienda si fracasa su asalto senatorial por Santiago Oriente. El ex subsecretario y actual agente chileno en La Haya Alberto van Klaveren (pro PPD) es una carta para conducir la cancillería. Francisco Vidal (PPD) podría volver a Defensa. Dante Contreras para el ex Mideplan. Andrea Repetto en Trabajo. No está claro quién(es) y dónde quedaría(n) mejor ubicado(s) el (los) comunista(s) que se integre(n), cuestión altamente sensible para un partido que no participa en el gabinete desde 1973. Tampoco está claro que ocurrirá con los presidenciables opositores que queden en el camino en la primaria concertacionista de Junio. Es un secreto a voces que Andrés Velasco está en la lista negra por atreverse a desafiar a su ex Jefa. Menos dramáticos son los casos de Claudio Orrego (DC) y José Antonio Gómez (PRSD): el ex alcalde de Peñalolén es una carta interesante para Obras Públicas –provechoso ministerio para sus futuras perspectivas electorales- mientras el líder radical está preparado para asumir una cartera política. Mucho más difícil de especular es lo que ocurra con Marco Enríquez-Ominami, cuyos votos serían claves para que Bachelet se imponga en segunda vuelta. Algunos profetizan que esta vez ME-O no se conformará con ver el partido desde afuera por cuatro largos años porque una posición atractiva desde el Ejecutivo es indiscutiblemente una mejor tribuna. Una posición relativamente autónoma que le permita compartir los logros del nuevo gobierno si los tiene y distanciarse rápidamente si no los tiene.

Una vez más, sin quererlo ni buscarlo (como decía en su franja presidencial de 2005) Michelle Bachelet comenzó a reinar en Chile.

Link: http://www.capital.cl/poder/el-gobierno-anticipado-de-michelle/

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