LA JUSTICIA DE LONGUEIRA

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 31 de mayo de 2013)

En su magistral curso sobre la justicia impartido en la Universidad de Harvard, el filósofo Michael Sandel sostiene que básicamente hay tres miradas posibles sobre la justicia. La primera se funda sobre la idea de maximizar el bienestar, la segunda sobre el respeto a la libertad y la tercera sobre la promoción de la virtud. Dependiendo del enfoque adoptado, cambia la respuesta acerca de lo que consideramos justo o injusto.

Es pertinente entonces preguntarse qué idea de justicia subyace en la propuesta política del candidato UDI Pablo Longueira, que utiliza como eslogan la frase “Por un Chile más justo”. ¿Apunta la justicia de Longueira al bienestar, a la libertad o a la virtud?

Si se trata de lo primero, estamos frente a un político utilitarista en el sentido filosófico del término. Es decir, aquel que pretende conducir el gobierno desde la célebre máxima de Jeremy Bentham: producir la mayor felicidad del mayor número. Muchas de las teorías en boga acerca de la felicidad como objetivo político provienen de esta familia intelectual. Ahora bien, la premisa utilitarista llevada al campo práctico puede significar políticas públicas fuertemente redistributivas. La felicidad marginal que pierden unos pocos millonarios al ser obligados a pagar más impuestos se compensa con creces en la felicidad agregada de los miles de pobres que mejoran su condición. Lo relevante desde el punto de vista del bienestar es saber cuánta presión tributaria soportan los grupos que generan crecimiento económico antes de que empiece a producirse un resultado general negativo. Hasta ese punto, sin embargo, una teoría de la justicia basada en premisas utilitarias recomienda una política redistributiva fuerte… ¿A esto se referirá Longueira cuando utiliza el concepto de justicia?

La segunda alternativa es liberal, tanto en su versión libertaria como igualitaria. Es decir, se entiende que lo justo es cualquier resultado de un proceso que ha respetado el derecho de las personas a disponer libremente de sus bienes. Para esta visión, cualquier política pública que interfiera con este derecho a libre intercambio y pretenda alterar las relaciones naturales de mercado es ilegítima. Sin duda se parece a lo que muchos votantes de derecha piensan. Para ellos el modelo libremercadista no se fundamenta solamente en su probada capacidad de generar riqueza y mejorar progresivamente la calidad de vida de las personas –un argumento utilitario- sino en el valor intrínseco que se le asigna a la libre elección como componente de la dignidad humana. Si Longueira está de acuerdo, entonces considera que cada chileno tiene lo que se merece si el proceso de asignación de recursos tuvo lugar sin fraude. Su misión política sería repeler los abusos en las transacciones y no corregir la desigualdad porque en sí misma le parezca reprochable. Los libertarios, especialmente, no toman en cuenta el resultado si el proceso fue justo bajo sus términos. ¿Podría sostener la UDI una propuesta auténticamente liberal? Imposible. La justicia basada en la libertad también rechaza la pretensión estatal de promover una determinada concepción del bien, algo con lo cual Jaime Guzmán habría estado en franco desacuerdo.

Queda una última posibilidad: que Longueira se refiera precisamente a lo justo como expresión de determinadas virtudes que revelan una concepción particular del bien. El estado no es neutro, nos suelen recordar los conservadores, pues tiene el deber de conducirnos por el camino correcto. A diferencia del caso utilitario y del caso libertario, se hace más complejo definir cuál es el camino correcto. La interpretación aristotélica de la justicia –dar a cada uno lo suyo- implica un juicio de valor sobre el merecimiento sustantivo y no meramente procedimental. Pero ¿cómo saber quién se merece qué? Piense por ejemplo en el controvertido bono “bodas de oro”. Más allá del beneficio social que puede resultar de matrimonios estables y duraderos –argumento utilitario-, la autoridad nos está además diciendo que hay un tipo de vida –la conyugal- que es intrínsecamente preferible a otras alternativas. El propio Presidente Piñera suele distinguir entre la naturaleza de sus argumentos para superar la pobreza: junto con sostener que se trata de una inversión social –justicia como bienestar- agrega que se trata de un imperativo ético –justicia como virtud.

Es probable que la idea de justicia del candidato Longueira también se construya a partir de diversas tradiciones filosóficas. Nadie que aspira al gobierno se refugia en una sola teoría. Las personas comunes y corrientes tampoco lo hacemos en nuestras decisiones cotidianas. No obstante es importante que los actores políticos relevantes clarifiquen a qué se refieren cuando utilizan conceptos tan cargados de significado. Para saber a qué atenernos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/la-justicia-de-longueira/

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