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SISTEMA ELECTORAL PARA PRINCIPIANTES

julio 30, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del viernes 26 de julio de 2013)

Quiero partir desahogándome. La necesidad de cambiar el sistema binominal se cae de madura desde hace un buen rato en Chile y es falso que sólo ahora “haya llegado el momento” de discutir seriamente su modificación. Tampoco es cierto que Carlos Larraín haya puesto el tema sobre la mesa. Este plato lleva muchos años servido y es probable que la jugada del líder de RN sólo sirva para ganar tiempo, frenar otras reformas políticas y guardar las apariencias. Es decir, que nada cambie realmente en el corto plazo. La respuesta legislativa del gobierno en esta materia tampoco promete movimientos significativos sino más bien se lee como el tradicional impulso reactivo de la administración Piñera para no caer en la irrelevancia quedándose fuera de la conversación.

Habiendo dicho todo lo anterior, estas líneas tienen en verdad otro objetivo: subrayar didácticamente para el lector lego algunos conceptos esenciales para entender el debate que se está dando en la actualidad. Me parece que es un esfuerzo que vale la pena toda vez que el consenso por cambiar el binominal pocas veces viene acompañado de un acuerdo respecto del método alternativo. Los sistemas electorales tienen ciertos objetivos y obedecen a ciertos principios. Por ende es imprescindible tener claridad de cómo sus efectos producen esos objetivos y encarnan dichos principios. Veamos.

  1. Que la mayoría mande. Uno de los dramas del sistema binominal es su tendencia a producir empates ficticios. La Concertación se ha quejado, con razón, porque a pesar de tener reiteradas mayorías en elecciones parlamentarias debe compartir el poder casi cincuenta-cincuenta con la Alianza. Si el objetivo es que el peso de la mayoría se note, entonces el sistema a implementar pertenece a la familia de los mayoritarios. El mejor ejemplo es el uninominal: una elección donde sólo hay un cargo a repartir y el que saca más votos se lo lleva íntegramente. Es, sin ir más lejos, la fórmula con que actualmente elegimos al presidente de la república y a los alcaldes (en el primer caso con el requisito de mayoría absoluta y en el segundo con mayoría relativa). Es también el tradicional sistema con que el Reino Unido escoge a sus representantes parlamentarios. ¿El riesgo? Una buena racha puede convertir una mayoría electoral en una híper-mayoría parlamentaria sin contrapesos en su voracidad legislativa.
  2. Bendita gobernabilidad. Los sistemas donde la mayoría efectivamente se lleva el poder para la casa suelen ser calificados de “eficaces”. Nada como heterogéneas y dispersas asambleas para dilatar la toma de decisiones, entrampados en un mar de negociaciones. Sin embargo la cacareada gobernabilidad tiene que ver con muchos aspectos que superan con largueza la eficacia en la toma de decisiones o la cantidad de partidos con presencia parlamentaria. Las dictaduras son eficaces y eso no las vuelve legítimas. Venezolanos y colombianos vivieron escenarios de estabilidad forzada –con dos partidos que se repartían siempre la torta- que terminaron por explotar debido su incapacidad dinámica. El binominal chileno, en particular, no produjo gobernabilidad por sus bondades mayoritarias ni por su capacidad de reducir la oferta partidaria sino más bien por los cerrojos contramayoritarios que obligan a la primera fuerza política a negociar con la segunda para alcanzar los altos quórums de aprobación que requieren las reformas relevantes.
  3. ¿Muchos o pocos partidos? Los sistemas mayoritarios uninominales tienden a concentrar la oferta electoral en pocos partidos, o al menos en grandes coaliciones que se disputan el poder. Esto ocurre teóricamente en el centro, contribuyendo a la moderación de las alternativas. Los sistemas proporcionales, en cambio, consisten en que cada partido obtiene un número de escaños lo más correspondiente posible a su caudal de sufragios. De esta manera cualquier partido chico podría obtener representación parlamentaria si los umbrales de entrada son bajos. Esto favorece la dispersión o fragmentación política que, temen algunos, obstaculizaría la eficacia del buen gobierno además de polarizar ideológicamente al país. Lo positivo es que amplía la oferta electoral incentivando la participación de nuevos actores: bajo el modelo proporcional –a diferencia del mayoritario- siempre hay muchos ganadores. Si el objetivo es la inclusión de minorías no representadas, entonces lo lógico es adoptar un tipo de proporcional. Por lo demás, no está claro si países históricamente multipartidistas como Chile dejen de serlo por la adopción de la regla mayoritaria.
  4. Activando la competencia. Se ha dicho, con justicia, que el binominal desincentiva la competencia. Al menos entre las dos grandes coaliciones casi no hay interés en competir porque la disputa se traslada al interior de ellas. Cada bloque sabe que, salvo un descalabro excepcional o una victoria aplastante, le corresponde un escaño en cada distrito y circunscripción. Si el objetivo es activar competencia parece que el mayoritario es el sistema indicado: cuando hay un solo asiento en juego los actores van fieramente tras él. A veces ocurre desde dos grandes partidos –republicanos y demócratas en EEUU- pero otras veces la competencia se prende con terceros que se meten a la pelea –como en el caso de los Lib Dems en Gran Bretaña.
  5. Qué hacer con los independientes. La Constitución chilena dice en su artículo 18 que la ley velará por la igualdad de independientes y militantes de partido en los procesos electorales. Desde esta perspectiva el sistema binominal es inconstitucional: los independientes fuera de pacto deben sacar más votos que la suma de dos candidatos de un pacto para ganar. No sé quién puede interpretar esta desventaja como igualitaria. Si queremos potenciar a los independientes resulta recomendable el mayoritario. Uno contra uno, el independiente está en igualdad de condiciones con el candidato de un pacto o partido. Así lo han demostrado las elecciones municipales en Chile: es más accesible para un independiente ser alcalde que ser diputado o senador. Por supuesto, algunos ven con malos ojos la irrupción de estos personajes caudillezcos sin domicilio conocido y apuestan por sistemas proporcionales con listas precisamente como forma de dificultarles el acceso al poder y reforzar la política desde los partidos.
  6. Una tercera vía. No todo es blanco o negro así como no todo es mayoritario o proporcional. Los llamados sistemas mixtos buscan ecualizar los principios de ambos rescatando en abstracto lo mejor de cada uno.  De esta manera algunos congresistas se escogen con una fórmula mayoritaria y otros por vía proporcional paralela o compensatoria. Ejemplo para Chile: de los 120 diputados, podríamos escoger 80 de ellos en distritos uninominales donde gane el que obtenga más votos. De esa manera se fortalece el principio mayoritario con todos sus efectos en la formación de coaliciones y en la competencia. Los restantes 40 se seleccionarían observando el porcentaje nacional de cada partido y compensando las diferencias que se susciten respecto de los elegidos por vía mayoritaria. Si algún partido no fue capaz de salir primero en ninguno de los 80 distritos pero aun así obtuvo un 10% de la votación en la suma de ellos, con esos 40 escaños supletorios se le asigna un número que se acerque al 10% del total de la Cámara. Así la composición parlamentaria se diversifica y se cumple la promesa de inclusión de los proporcionales.
  7. El fantasma del redistritaje. El problema insoluble de la reforma electoral es que los llamados a producir el cambio se podrían ver perjudicados con el nuevo sistema. La mayoría de las propuestas conocidas implica cierto nivel de reorganización de las unidades territoriales que dan origen a los distritos y circunscripciones. Esto es lo que se conoce como redistritaje y los parlamentarios en ejercicio le temen como a la cesantía. Nadie legisla para poner riesgo su certidumbre laboral. Una forma de evadir este obstáculo es conservando los actuales distritos pero aumentando la cantidad de cargos a escoger en los más populosos. De esa manera algunos territorios seguirán escogiendo dos, pero otros podrían escoger tres, cuatro o más representantes dependiendo del número de habitantes. En este caso el problema es otro: no es muy popular la idea de ampliar el Congreso con más políticos pagados de nuestro bolsillo. 

Link: http://www.capital.cl/opinion/sistema-electoral-para-principiantes/

¿LOCAL O VISITA?

julio 29, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de julio de 2013)

La región de Antofagasta elegirá dos senadores en las elecciones de noviembre. Y la contienda se viene buena. El actual senador de la Alianza, Carlos Cantero, ha sido privado de su cupo porque RN ha decidido apoyar al actor y ex ministro de Cultura Luciano Cruz-Coke. Apenas lo supo, Cantero contraatacó acusando a su ex partido de imponer candidatos desde Santiago. Reflota así un viejo debate: a la hora de escoger representantes ¿importa si son locales o visitas?

La apuesta de Cantero es replicar la fórmula que usó en 2009 el viñamarino Francisco Chahuán para ganarle a Joaquín Lavín en la Quinta Costa. Aunque Lavín era una figura de tonelaje nacional, Chahuán lo enfrentó con el eslogan “vota local”. En este caso es Cruz-Coke el que juega el papel de Lavín: un personaje de alto conocimiento pero muy poco identificado con el norte grande. Su postulación es una buena noticia para la renovación generacional de la política, pero será manchada si los antofagastinos la interpretan como un nuevo despliegue de prepotencia capitalina. En esta hebra Cantero tiene un aliado: el eventual compañero de lista de Cruz-Coke sería el UDI Manuel Rojas, que lleva cuatro períodos como diputado por la zona. A Rojas, una de las “víctimas” del baile del Koala en el congreso, también le conviene sacarle lustre a su condición de local.

En la vereda concertacionista la discusión es parecida. En reemplazo del actual senador José Antonio Gómez, los radicales levantan la candidatura de Alejandro Guillier, hombre ancla de noticiarios varios y rostro televisivo inconfundible. Guillier sale del clóset, por así decirlo, reconociendo su filiación política. Su compañero de lista será el siempre joven Pedro Araya, que a sus 39 años ya acumula tres períodos como diputado por Antofagasta. Araya partió como DC pero luego siguió al difunto Adolfo Zaldívar en el éxodo de los colorines hacia el PRI. Ahora postula al Senado como independiente dentro del pacto Nueva Mayoría. No sería raro que su campaña recordara que Guillier viene de Santiago avivando el sentimiento localista de los electores*.

Lo de Antofagasta se repite en varias circunscripciones del país donde los partidos designan candidatos desde sus oficinas centrales sin mucha participación de la dirigencia local. Es importante señalar que la calidad de afuerino no implica representación negligente o mala capacidad legislativa. Más aun, quizás sea mejor para Chile tener senadores que estén pensando en el bienestar de todo el territorio y no sólo en ventajas para su región. Lo que molesta, con justicia, es el divorcio entre el discurso pro descentralización y la práctica política cotidiana de decidirlo todo desde Santiago.

*En rigor, Alejandro Guillier nació en La Serena, hizo sus estudios secundarios en Antofagasta e incluso se tituló de periodista en la Universidad del Norte. Su identificación y cercanía con la zona es muchísimo mayor que la de Luciano Cruz-Coke. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-07-28&NewsID=234313&BodyID=0&PaginaId=23

EL SECRETO DEL “COTE”

julio 26, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de julio de 2013) 

No le ha salido fácil a la UDI decidir qué candidato los representará en la poderosa batalla por Santiago Oriente. Primero se debatieron entre la ex vocera Ena Von Baer y el eterno diputado Iván Moreira. Se anunció entonces una primaria que nunca se hizo. Los bajaron a los dos y subieron al vicepresidente del partido José Antonio Kast. Ayer se confirmó desde el gremialismo que ahora será el ex precandidato presidencial Laurence Golborne el definitivo compañero de lista del RN Manuel José Ossandón.

Con sistema binominal, sabemos, el compañero se transforma en el competidor. Sin probabilidades de doblar, cada coalición tendrá un ganador. En el caso de la Alianza, será Golborne u Ossandón. Este último ni se inmuta. Se tiene tanta confianza que incluso coqueteó con la posibilidad de representar a su partido como presidenciable tras la retirada de Allamand. Dijo que le podía ganar a la Evelyn en una primaria del sector pero que aun no estaba preparado para dar el gran salto a La Moneda.

La idea, sin embargo, no le desagrada. Ossandón va para arriba y la meta de cualquier político es llegar a lo más alto calzándose la banda tricolor. Carlos Larraín se ha deshecho en elogios sobre la capacidad política del “Cote” Ossandón. Si gana el escaño senatorial por Santiago, se transformará por derecho propio en un aspirante presidencial 2017.

¿A su favor?  Como ex alcalde de la populosa y popular comuna de Puente Alto, tiene calle y experiencia en terreno. Además entiende que la política no se limita los números sino también a la capacidad de transmitir afectos. De ahí sus críticas al gobierno de Piñera. ¿En su contra? No es un intelectual muy sofisticado y sus posiciones valóricas conservadoras lo ubican a la derecha de la derecha: no cuesta mucho imaginárselo en la UDI. En fin, será Laurence Golborne el indicado para medirlo electoralmente en las ligas mayores.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-07-26&NewsID=234191&BodyID=0&PaginaId=28

JAQUEMATTHEI

julio 21, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de julio de 2013)

Y será Evelyn Matthei la candidata. La ministra del Trabajo del Presidente Piñera, ex senadora por Coquimbo, ex diputada por San Antonio y por Las Condes, la rubia de la patrulla juvenil, la ex RN y actual militante gremialista, la hija del general de la Junta, la deslenguada y furiosa Evelyn es la candidata. Al menos de la UDI, hasta el cierre de esta columna.

El partido de Longueira se adelantó esta vez a Carlos Larraín. Hizo su comisión política rapidito en la mañana del sábado y los participantes se inclinaron –unánimemente, cuentan- por la figura de Matthei. Habiendo ganado la primaria, se sentían con el mejor derecho de hacer la primera oferta al partido aliado. RN quedó en jaque: si se niega a apoyar a Matthei se fractura en dos en la Alianza y la UDI nos dirá que los culpables vienen de Antonio Varas, no de calle Suecia. Eso significaría llevar dos candidatos a noviembre y poner en serios aprietos al gobierno de su propia coalición, al que aún le quedan varios meses por delante.

¿Qué pasó con Allamand? El candidato derrotado en la primaria dijo que sólo estaba disponible como carta de consenso e unidad. Al nombrar a su ex compañera de gabinete la UDI está notificando explícitamente a RN que Allamand es persona non grata. El problema para Carlos Larraín es que no hay muchas más opciones en su partido del tonelaje de Matthei.

Pero dejando el ajedrez de lado, Evelyn Matthei es lo mejorcito que tiene la derecha en su repertorio. No tiene más posibilidades que Pablo Longueira de ganarle a Michelle Bachelet, pero puede hacer un digno combate. Mujer contra mujer, además, lo que le da una connotación histórica a la elección presidencial del 2013.

Por si fuera poco, Evelyn y Michelle tienen historias cruzadas. Se conocieron de niñas cuando sus padres vestían el uniforme de la Fuerza Aérea. El camino que cada uno de sus progenitores tomó en un momento dramático de la historia de Chile determinó el de sus hijas. Una exiliada en Berlín, la otra en el círculo de poder del régimen. Hay quienes señalan que la buena relación que tienen anticipa una campaña sin tanta virulencia.

Las vueltas de la vida: desde ayer Evelyn Matthei retoma una senda que abandonó hace 21 primaveras, cuando era una atractiva diputada treintañera y sonaba fuerte en RN como precandidata presidencial. Una radio Kioto y una serie de cochinadas bajo la mesa la dejaron a ella y a Sebastián Piñera fuera de carrera por años. Este último se rearmó y con el tiempo llegó a La Moneda. ¿Habrá llegado el turno de la Evelyn?

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-07-21&PaginaId=9&bodyid=0

FUNERAL DE ESTADO PARA UNA GENERACIÓN

julio 19, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador del 18 de julio de 2013)

La castrante inhabilidad clínica diagnosticada dramáticamente al candidato único de la derecha Pablo Longueira retrata con precisión macabra el estado de su sector. En especial, de una generación. La de los coroneles en la UDI y la otrora patrulla juvenil en RN. Allamand alguna vez dijo que la Concertación sufría fatiga de materiales. Era cierto. Pero en paralelo su propia generación también se iba cansando, abatiendo, disminuyendo. No todos son Piñera.

En efecto, el ascenso de Piñera en 2010 fue la única vez que la generación de Longueira pudo cantar victoria a lo largo de una contienda política de más dos décadas contra su archirrival. Hasta entonces, la UDI y RN asociadas habían perdido un plebiscito, cuatro presidenciales, cinco parlamentarias y cinco municipales. Sin embargo su primera línea seguía ahí, sin pagar costo alguno y sin hacer mayores concesiones. Conscientes de que nadie les disputaría el poder y aprovechando el seguro a la derrota que garantiza hasta hoy el sistema binominal.

Jovino Novoa y Andrés Allamand lo dijeron: si no ganaban con Piñera, era una generación marcada por el fracaso electoral que debía dar un paso al costado. Pero Piñera ganó y con su victoria se despertaron las ambiciones nunca del todo dormidas de su generación. El Presidente olfateó bien el escenario y comenzó por mantenerlos a distancia. No alcanzó a pasar un año y comenzó el reclutamiento de los viejos cracks: Allamand, Matthei, Chadwick, Longueira. La alternancia no había significado necesariamente la renovación de los cuadros.

Entonces creyeron que todavía había espacio para seguir. Sin un arraigado principio de responsabilidad política y sin una generación menor lo suficientemente poderosa y valiente como para desafiarlos, naturalmente estimaron que todavía era su turno. Jovino Novoa entendió antes que el resto su propia caducidad. Dijo que no seguía en el Congreso y apostó por Laurence Golborne: rostro fresco, savia nueva. Las razones por las cuales cayó no invalidan la tesis de Novoa, pero cuando cayó su apuesta él cayó con ella.

Tampoco surtió efecto la de Allamand. El otrora político más preparado de la derecha para ser presidente, como alguna vez lo llamó Carlos Peña, una vez más resbaló en los azares de por sí resbaladizos del poder. Se debatió sin éxito entre el candidato tradicional del orden y la autoridad mientras invocaba al centro para contener el éxodo de liberalotes, como los llamó Larraín, que emigraban al velasquismo.

Y ahora esto. Una lamentable enfermedad deja fuera de combate al vencedor de la histórica primaria del 30 de junio. Una postal trágica. Un remezón existencial para los que lo conocen. Y también el síntoma de un “no va más”. La caída de Longueira es la caída de su generación.

Mirando hacia adelante, hay dos tareas.

La primera, esencial, un funeral de estado para la generación de los coroneles y la patrulla juvenil. Con honores y cañonazos. Con todo el respeto y el agradecimiento que se merecen. Fueron la generación que condujo la transición y, entre vetos y acuerdos, nos legaron un país mejor que el que conocieron al llegar. Muchos de ellos, por primera vez en décadas, no estarán en el Congreso ni en La Moneda a partir de marzo de 2014. Es importante rescatar su sabio consejo, pero en ningún caso alentarlos a seguir en esta teleserie. Los retiros dignos no son con elástico.

La segunda tarea va ineludiblemente asociada a lo anterior. Para que ellos puedan descansar tiene que salir gente al camino dispuesta a llevar el testimonio. Hasta el momento ni en la UDI ni en RN las nuevas generaciones se han demostrado capaces, ya sea por temor reverencial o escaso acceso a las fuentes de financiamiento determinante. Esa deuda es capital para entender el descalabro. Rehuir culpa es infantil. En Gran Bretaña, ni Tony Blair ni David Cameron esperaron a cumplir cuarenta para tomar el control del laborismo y el conservadurismo respectivamente. Sencillamente se cansaron de mirar.

El principal enemigo de la generación de recambio, paradójicamente, es el propio Presidente. Como encarnación ohigginesca de Freddy Turbina, Piñera siente que tiene cuerda para rato. Y no faltan quienes lo alientan a pensar en el 2018. Craso error sería para los desafiantes engordar ese animal. La teoría de los “puentes” entre generaciones funciona tarde mal y nunca. Para avanzar, hay que cortar en algún lugar. La paliza que les va a dar Bachelet bien amerita una poda de liderazgos y aunque sea injusto, Piñera también tiene que salir del escenario.

En la centroizquierda, no nos equivoquemos, el panorama no es menos preocupante. Pero mientras tengan en su poder la piedra filosofal de Michelle el resto no parece imperioso ni acuciante. Sin embargo la verosimilitud de la tesis del fin del ciclo político y el comienzo del uno nuevo depende en grado sumo de que los intérpretes del Chile que viene sean distintos de los compositores del pasado. Los hombres y mujeres de ayer no pueden ser los hombres y mujeres de mañana.

Este es el momento maduro para matar al padre. Ya no es una rabieta sino un imperativo. Ya no un clamor subterráneo ni quejumbroso sino una constatación política. Es el momento de los osados. Para superar la vara alta que nos dejaron los que hoy despedimos y por el bien de Chile.  

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/07/18/funeral-de-estado-para-una-generacion/

¿Y AHORA QUIÉN?

julio 18, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de julio de 2013) 

La fragilidad del ser humano y ese andamio de intereses pesados arriba. Fue demasiado para los hombros del Pablo Longueira de carne y hueso. Una ironía desagradable o una profecía autocumplida sobre el líder místico y declaradamente sacrificial de la UDI. Perfil de martirio misionero, no de gloria individual. Pero una vez pasado –y en paralelo- al momento de duelo, compasión y solidaridad evidentes, la derecha entiende que el reloj sigue corriendo. 

En el corto, el partido de Longueira tiene que asimilar el golpe y pararse rápido. Son demasiadas las cosas en juego. El modelo, entre otras. Revive la tesis de Jovino: no estamos para delirios mesiánicos de figuras que creen que realmente pueden ganarle a Bachelet, de lo que se trata es de custodiar las vigas del sistema. El poder económico, sobre todo, necesita algo más macizo y robusto donde arrimarse. Algo a lo que no le dan depresiones, por cruel que parezca.

El problema es que pedirle a Golborne que haga nuevamente esa tarea no se sostiene por lo mismo. Los custodios de ese poder lo acuchillaron políticamente en vivo y en directo. Lo más sensato –en tiempos de unidad- habría sido llamar al segundo en la primaria, Andrés Allamand. Pero ya no son tiempos de unidad en la Alianza. La jugarreta de Carlos Larraín a La Moneda todavía suena, y pesada. El Presidente Piñera incluso podría inclinarse por el mejor derecho de la UDI, que a fin de cuentas fue el partido que ganó esa primaria. Pero ahí todos los nombres suenan un poco a gastado (Lavín) o a chirriante (Matthei).

El presidente de RN vive su partido aparte. Si no es Allamand, ¿por qué habrían de apoyar a cualquier candidato que imponga la UDI? Ganar una primaria no es un cheque en blanco. Los incentivos de los socios parecen claros: llegar con dos candidatos a la primera vuelta. No faltan quienes se preguntan, ¿en qué estuvo Velasco que no corrió derecho hasta noviembre? ¿No era una imagen republicana a la cual asirse en tiempos de tempestad como alguna vez lo fue para derecha Eduardo Frei Montalva? ¿Y qué decir de Franco Parisi –pensarán otros- que entre pito y flauta marca más que cualquiera de la banca de la Alianza?

En cualquier caso, y habida cuenta que el fenómeno Michelle es hipotéticamente incontrarrestable, cada partido estará pensando en cómo sacar mejor provecho a su plantilla parlamentaria. En las heladas mañanas de Valparaíso se seguirán observando –y cautelando- esos pesados andamiajes. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-07-18&NewsID=233482&BodyID=0&PaginaId=4

Violación y Aborto

julio 17, 2013

(Carta al director publicada en La Tercera del 17 de julio de 2013)

Señor director:

Belén ha sido violada desde que tiene nueve años. Ha sido denigrada, ultrajada, amenazada, rebajada a una categoría de instrumento de satisfacción sexual, reducida a objeto de dominación; manipulada en sus actos y en la representación que ella tiene de su experiencia. Hoy tiene 11 años. Engendra un feto producto de reiteradas violaciones de un pedófilo de su círculo íntimo, y vivencia su estado actual como si se tratara de un regalo para el cual aún hay que esperar unos meses. Seguro esto último es lo que le han dicho adultos a su alrededor, seguramente también con el fin de “protegerla”.

Coacción, violación, violencia, pedofilia, embarazo infantil y manipulación son algunos de los actos cometidos contra Belén. Para varios, la candidez de la niñez parece querer borrar el delito y la inmoralidad de estos actos. Como si Belén tuviese que redimirnos y mostrarnos la exuberancia de la bondad ante el despliegue del mal. Otros la niegan como niña y le atribuyen una “madurez” que es buena excusa para no decidir lo que se debe.

Frente a todo esto, lo menos que se puede hacer ahora por Belén es interrumpir su embarazo y darle la oportunidad de recuperar su dignidad de ser niña. Ni siquiera se trata de su derecho a elegir si en el futuro querrá tener hijos o no, sino de su derecho a ser por sí misma, y no continuar siendo el medio de otros.

Aldo Mascareño, Juan Luis Ossa, Cristóbal Bellolio, Daniel Loewe, Andrea Repetto, Nora Sieverding, Mauro Basaure, Claudia Mora y Daniel Chernilo. 

Link: http://diario.latercera.com/2013/07/17/01/contenido/opinion/11-141767-9-violacion-y-aborto.shtml

EL VOTO HUÉRFANO

julio 16, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 12 de julio de 2013) 

De las casi tres millones de personas que votaron en las primarias del pasado 30 de junio, prácticamente un millón votó por alternativas que quedaron fuera de competencia. Son los votos que sumaron, entre ambas primarias, Andrés Allamand, Andrés Velasco, Claudio Orrego y José Antonio Gómez. ¿Qué sucede con esas preferencias? ¿Adónde van esos votos? ¿En qué situación queda el electorado huérfano de candidato con miras a la contienda presidencial de noviembre?

El compromiso político

La regla de oro de las primarias dice así: los candidatos perdedores se comprometen a apoyar al candidato ganador. Salvo en casos muy justificados –cuando se acusa juego sucio, por ejemplo- los derrotados no tienen más chance que desplazarse al comando del victorioso a reconocer su triunfo y expresar su voluntad unitaria. Si un postulante no está dispuesto a esto, entonces es mejor que no participe de una elección primaria que por definición tiene por objeto seleccionar un candidato único de un partido o coalición. Así lo entendieron los protagonistas del último domingo de junio. Orrego, Velasco y Gómez fueron a saludar a Michelle Bachelet mientras Allamand concurrió a la sede del gremialismo a hacer lo mismo con Pablo Longueira. Hay casos en cuales el ánimo del derrotado no es de los mejores (estamos enterados del poco fino impasse que sufrió el abanderado de RN en las dependencias de calle Suecia) y hay otros en los cuales todo es risa y complicidad (la ex presidenta aprovechó la presencia de Gómez en el escenario para molestarlo por la imitación de Kramer). Eso es normal. Los compromisos se pueden cumplir de buena o de mala gana, lo importante es que se cumplan. Pedirle a un candidato ofuscado y abatido que realice proezas circenses para demostrar amor está fuera de las exigencias razonables. Las elecciones primarias suelen provocar heridas que toman tiempo en cicatrizar.

Para el militante DC o radical, el compromiso de Orrego y Gómez se hace extensivo. No sólo por el compromiso puntual adquirido en las primarias sino por participar en la misma coalición que eventualmente va a gobernar a partir de marzo de 2014. En rigor, éstos no son huérfanos políticos. Plegarse al electorado bacheletista es una buena manera de asegurar que los cuadros propios van a incorporarse al aparato del estado. Si Longueira tuviera chance real de llegar a La Moneda, los integrantes de RN se encontrarían en una situación parecida, en este caso, la de conservar sus puestos después de terminar el gobierno de Sebastián Piñera. El votante de Velasco enfrenta una disyuntiva distinta porque no está buscando una tajada del poder ni espera ver a su líder sentado en un ministerio. El ex ministro de hacienda comprometió su voto pero señaló al mismo tiempo que no tenía herramientas para hacer endosos de ningún tipo. Su electorado, en la medida que no se siente parte de la Nueva Mayoría, sufre el peor tipo de orfandad política.

El menos malo

Las primarias deberían abrir el abanico de opciones para satisfacer la mayor cantidad de paladares. Es decir, hay más posibilidades de encontrar al candidato ideal antes y no después de las primarias, donde las opciones se acotan. El huérfano político es aquel que no encuentra en el menú ninguna oferta electoral idónea, pero cuya lealtad republicana lo empuja a buscar una alternativa entre los candidatos en competencia. Es el mismo fenómeno de escoger candidato en segunda vuelta. El candidato original ya no compite y sólo queda votar por “el menos malo”. Esto no significa darse vuelta la chaqueta, como erróneamente sostienen algunos. Ciertos valores republicanos impulsan al elector a ejercer su derecho a voto aunque sea con dolor de guata y un perrito en la nariz.

Esta será, seguramente, la decisión que tomarán muchos votantes de Allamand en noviembre. Con poco entusiasmo concurrirán a marcar preferencia por Longueira. Muchos de ellos detestan a la cerrada tribu gremialista. También consideran que pasar de Piñera al “jesuita de la UDI” es un preocupante retroceso civilizatorio para el sector. Pero lo prefieren antes que a Bachelet, sobre todo en esta versión radicalizada y caudillista. Son esos electores que en este escenario polarizado habrían votado felices por Velasco si éste se hubiera decidido a correr directamente a noviembre. Hoy están huérfanos pero en nombre de la ética de la responsabilidad se inclinarán por lo que ellos estiman es lo “menos malo” para Chile.

Vitrinear afuera

Aunque el gobierno nos trató de convencer con una agresiva propaganda que lo que no pasaba dentro de las primarias prácticamente no existía, lo cierto es que hay varios candidatos que siguen en competencia sin haber pasado por el 30 de junio. Sus nombres son Marco Enríquez-Ominami, Franco Parisi, Marcel Claude, Alfredo Sfeir, Tomás Jocelyn-Holt, Roxana Miranda y Gustavo Ruz. No sabemos cuántos de ellos efectivamente estarán en la papeleta pero ciertamente son alternativas válidas para que los huérfanos vitrineen fuera de las coaliciones tradicionales. El votante de Velasco, para empezar, puede sentir cierta simpatía por el discurso antipartidista de Parisi. O adherir a la batalla anti duopolio y pro libertades civiles de ME-O, por ejemplo. El votante de Gómez puede considerar que Bachelet no es lo suficientemente progresista y optar por Claude. O bien por Ruz, el autodenominado candidato del movimiento por asamblea constituyente. En una de esas algún orreguista recuerde que Jocelyn-Holt alguna vez fue democratacristiano y quiera darle su voto. Dicho de otro modo, los huérfanos de la primaria pueden encontrar casa política por adopción en una primera vuelta con alternativas múltiples. Como es probable que ninguno de estos candidatos pase a segunda vuelta, la orfandad se posterga de todos modos para diciembre.

No presto el voto 

Queda siempre una última opción para el huérfano definitivo e indomable, aquel que vio en la candidatura de Allamand, Velasco, Orrego o Gómez una luz insustituible. Aquel que no se interesa por ser parte de una coalición mayor ni se siente deudor de ningún compromiso. Aquel que no vota por el menos malo sino que se levanta sólo para marcar por el candidato que lo inspiró transitoriamente. Aquel que no encuentra en las alternativas de afuera ninguna digna de llevarse su preferencia electoral. Esta opción es anular, dejar la cédula en blanco o sencillamente no asistir a votar, que en el marco del sufragio voluntario es prácticamente lo mismo. Es el elector al cual, en jerga romántica, le mataron el poeta. Y nada se puede hacer para revivirlo. La lógica indica que se trata de perfiles celosamente independientes que sólo se mueven políticamente en base a la ética de la convicción. Dado el actual escenario y el tono de la campaña, quizás sea el velasquismo el grupo donde más abunda el huérfano total.

Estos son los tipos de huérfanos post primarias. El que se suma contento al ganador de su bando tiene un duelo corto. El que vota con la guata apretada enfrenta meses de orfandad más cruda. Para el que encuentra una buena opción en los outsiders, un clavo saca otro clavo. Y para quien nada puede llenar el vacío que dejó la derrota de su candidato, la orfandad dura por lo menos cuatro años.

Link: http://www.capital.cl/opinion/nosotros-los-huerfanos/

QUÉ DIABLOS SIGNIFICA ESTAR EN EL CENTRO POLÍTICO

julio 15, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de julio de 2013)

Cuando Chile se repartía políticamente en tres tercios estaba clarito donde estaba el centro. La izquierda a un lado, la derecha al otro, y al medio la Democracia Cristiana. Pero después del plebiscito de 1988, que dividió como una grieta tectónica a la sociedad chilena en dos grandes bandos, se hizo más difícil identificar con claridad el centro político. El sistema binominal diseñado en dictadura contribuyó a consolidar la idea de dos bloques robustos disputándose el poder.  

Ser de centro en un sistema de dos polos es básicamente estar a la derecha de la izquierda y estar a la izquierda de la derecha. Es decir, ser moderado en cuestiones políticas. Es aceptar la necesidad del cambio y el progreso pero sin tirar a la chuña lo conseguido ni abandonando todas las tradiciones. Eso es lo que podríamos llamar una posición centrista.

Sin embargo se trata de un mundo que no comparte una habitación única. En las primarias de la Nueva Mayoría se hablaba de la disputa entre el centro socialcristiano que representaba Orrego y el centro liberal de Velasco. Si le creemos a los resultados, ganó el segundo. En la Alianza sucedía otro tanto: Allamand sostenía su mejor derecho para llegar al elector del centro político y Longueira respondía construyendo una entelequia denominada centro social. En eso, digámoslo, la habilidad de la UDI es insuperable: tuvo varios días a todos los analistas políticos del país tratando de descifrar qué diablos era el centro social.  

Lo anterior se podría reforzar con lo que dicen los estudios de opinión. El porcentaje de aquellos que sienten “de centro” ha ido disminuyendo progresivamente desde el retorno a la democracia, de la misma manera como la DC ha ido encorvando su base de apoyo. Sin embargo cuando le piden al encuestado que se ubique en una escala del 1 al 10 entre la izquierda y la derecha la mayoría se agolpa en las opciones del medio. Hay varias maneras de estar en el centro y la DC dejó de ser su casa propia.

En los próximos meses seguiremos hablando del centro porque según reza la sabiduría popular, las elecciones presidenciales se ganan en el centro. El problema es que el escenario Bachelet y Longueira –una socialista y un gremialista- polariza las alternativas y deja a los electores moderados relativamente huérfanos. Esto es más jodido para Longueira. No es necesario hacerle muchos ojitos al centro cuando se tiene la potencia electoral de la ex presidenta.  

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MIS MATEMÁTICAS Y LAS TUYAS

julio 12, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias el 12 de julio de 2013)

Carabineros cifra en 30 mil los asistentes a la marcha convocada por la CUT el día de ayer. Los organizadores, en cambio, afirman que los marchantes fueron 150 mil. Por su parte, el ministro del interior Andrés Chadwick sostuvo temprano que apenas un 6,4% de los funcionarios públicos había acogido el llamado a paro. Raúl de la Puente, eterno líder de la ANEF, lo contradijo señalando que calculaban en un 90% la adhesión a la paralización.

Entre 30 y 150 mil hay mucha diferencia. Me imagino que se trata de varias decenas de cuadras que en un caso experimentan tránsito normal y en el otro caso se rebalsan de manifestantes con pancartas. Entre un 6,4% y un 90% de empleados públicos ausentes hay todavía más distancia. En el primer escenario las oficinas funcionarían en forma prácticamente regular, mientras en el segundo con suerte quedaría el portero.

¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? Difícil saberlo de boca de los propios interesados. A la CUT y a la ANEF les conviene inflar la convocatoria para transmitir una señal de fuerza a la opinión pública: que todo Chile vea por las pantallas de televisión como se cae el modelo. A La Moneda y a los encargados del orden público les conviene bajar el perfil a un evento cuyo eje central es la crítica a las políticas del gobierno: serían grupos aislados de inconformistas que no valoran el progreso alcanzado. Es decir, todos los actores tienen claros incentivos para manipular las matemáticas en su favor.

En aras de la transparencia y el derecho a la información, quizás sea buena idea tener en Chile una ONG que se dedique a contabilizar en forma científica e imparcial los asistentes a cada movilización. No sería raro que sus mediciones cayeran en algún lugar intermedio entre aquellos que patrocinan la actividad y aquellos que buscan deslegitimarla.

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