QUÉ DIABLOS SIGNIFICA ESTAR EN EL CENTRO POLÍTICO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de julio de 2013)

Cuando Chile se repartía políticamente en tres tercios estaba clarito donde estaba el centro. La izquierda a un lado, la derecha al otro, y al medio la Democracia Cristiana. Pero después del plebiscito de 1988, que dividió como una grieta tectónica a la sociedad chilena en dos grandes bandos, se hizo más difícil identificar con claridad el centro político. El sistema binominal diseñado en dictadura contribuyó a consolidar la idea de dos bloques robustos disputándose el poder.  

Ser de centro en un sistema de dos polos es básicamente estar a la derecha de la izquierda y estar a la izquierda de la derecha. Es decir, ser moderado en cuestiones políticas. Es aceptar la necesidad del cambio y el progreso pero sin tirar a la chuña lo conseguido ni abandonando todas las tradiciones. Eso es lo que podríamos llamar una posición centrista.

Sin embargo se trata de un mundo que no comparte una habitación única. En las primarias de la Nueva Mayoría se hablaba de la disputa entre el centro socialcristiano que representaba Orrego y el centro liberal de Velasco. Si le creemos a los resultados, ganó el segundo. En la Alianza sucedía otro tanto: Allamand sostenía su mejor derecho para llegar al elector del centro político y Longueira respondía construyendo una entelequia denominada centro social. En eso, digámoslo, la habilidad de la UDI es insuperable: tuvo varios días a todos los analistas políticos del país tratando de descifrar qué diablos era el centro social.  

Lo anterior se podría reforzar con lo que dicen los estudios de opinión. El porcentaje de aquellos que sienten “de centro” ha ido disminuyendo progresivamente desde el retorno a la democracia, de la misma manera como la DC ha ido encorvando su base de apoyo. Sin embargo cuando le piden al encuestado que se ubique en una escala del 1 al 10 entre la izquierda y la derecha la mayoría se agolpa en las opciones del medio. Hay varias maneras de estar en el centro y la DC dejó de ser su casa propia.

En los próximos meses seguiremos hablando del centro porque según reza la sabiduría popular, las elecciones presidenciales se ganan en el centro. El problema es que el escenario Bachelet y Longueira –una socialista y un gremialista- polariza las alternativas y deja a los electores moderados relativamente huérfanos. Esto es más jodido para Longueira. No es necesario hacerle muchos ojitos al centro cuando se tiene la potencia electoral de la ex presidenta.  

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-07-14&NewsID=233058&BodyID=0&PaginaId=13

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