PARA LOS HIJOS QUE AÚN NO TENGO

por Cristóbal Bellolio (publicada en el sitio Chile B el 19 de agosto de 2013)

Me pidieron escribir sobre cómo sueño el Chile del futuro. No es un mal ejercicio. Me dedico usualmente a analizar lo que otros dicen, lo que está pasando en nuestro país. Esta vez pondré por escrito lo que me gustaría que ocurriera.

Me gustaría, evidentemente, que Chile fuera un país más liberal. Pero esa etiqueta da para mucho. Es bueno explicar a qué se refiere uno con eso de “un país más liberal”.

Pienso primero en un país más abierto al mundo, menos chauvinista, más cosmopolita. Cuyos habitantes entiendan que haber nacido en este pedazo de tierra fue una casualidad del destino. Que los chilenos no somos mejores que nuestros vecinos, que nos parecemos bastante a ellos. Que reciba con brazos abiertos al extranjero. Que aproveche la diversidad cultural del intercambio. Que supere las fronteras mentales que estrechan nuestras posibilidades de desarrollo.

Pienso a continuación en un país que define su identidad en la adaptación constante, que reinventa y enjuicia su tradición, que se arriesga al futuro. Un Chile que comprende que todavía no hemos hecho nada particularmente notable y que lo mejor –si lo intentamos- está por venir. Una sociedad con menos certezas y dogmas, con más escepticismo y preguntas. Donde los valores autoritarios y religiosos instalados desde la colonia retrocedan ante los valores racional-seculares de una ilustración que lamentablemente nunca tuvimos. Un Chile hambriento de aprendizaje. Donde nunca estemos quietos, siempre en movimiento.

Pienso en un país con más libertades y menos culposo del despligue creativo de la individualidad. Un Chile más risueño y más hedonista pero también más emprendedor y más innovador. Donde la opinión de la comunidad, la costumbre mayoritaria o la presión social no ahoguen la autenticidad ni la originalidad personal. Donde la excentricidad no se castigue, se valore. Donde la libertad de expresión pueda expandirse voluminosa. Donde la libertad de asociación encamine nuestros anhelos colectivos. Donde no haya más límite que el daño efectivo a terceros. Donde el Estado no define la vida buena.

Pienso finalmente en un país que entiende sus prioridades políticas: superar la pobreza e igualar la cancha donde se distribuyen las oportunidades. Un país cuyas instituciones políticas no claudican pusilánimes al populismo ni a la fuerza de grupos de interés que roncan en los foros empresariales o en la calle. Un Chile donde se pueda pensar a largo plazo, donde podamos contar con acuerdos básicos y estrategias de desarrollo que trasciendan generaciones. Donde sus actores políticos abandonen el doble estándar y la deshonestidad intelectual. Donde se le reconozcan méritos al adversario de turno. Donde el abuso de poder sea sancionado. Donde nos pongamos en el lugar del otro. Donde entendamos los efectos nocivos de la segregación urbana, donde podamos recuperar los espacios públicos, donde reconstruyamos el sentido de república.

Algo así, rapidito, se me ocurre. Algo así entiendo por un país más liberal. Algo así es el Chile donde quiero que crezcan los hijos que aún no tengo. 

Link: http://www.chileb.cl/perspectiva/dos-visiones-de-chile/

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