Archive for 30 septiembre 2013

PIÑERA: MANOS LIMPIAS

septiembre 30, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de septiembre de 2013)

Una “herida balística de carácter suicida”, según el Servicio Médico Legal, puso anticipado fin a la vida del general en retiro Odlanier Mena, uno de los 10 ex uniformados privados de libertad que se trasladarían del penal Cordillera a la cárcel de Punta Peuco por disposición del Presidente de la República. Algunos afiebrados han afirmado que Piñera tendría cierta responsabilidad en este trágico desenlace, teoría que merece ser completamente erradicada de cualquier debate serio al respecto. Lo que ocurrió fue lamentable pero no es culpa del Presidente que Mena no haya resistido un minuto más su angustiante situación. Los historiadores de la dictadura suelen recordar que Mena era un profesional de las armas que no arrastraba las manos manchadas con sangre, al menos no tanta como la que puede rastrearse en la siniestra trayectoria de su eterno rival Manuel Contreras. El primero sentía que estaba siendo injustamente tratado cuando se le metía en el mismo saco del segundo, como lo revela una carta que envió a El Mercurio pocos días antes de quitarse la vida. Para Piñera podría haber sido peor si Mena se hubiera ultimado en las nuevas dependencias penitenciarias –dando piso al argumento de las deficientes condiciones de seguridad de los reclusos- pero lo hizo en su propia casa gozando del régimen de salida sabatina que tenía en la prisión vip de Cordillera.

El Presidente puede y debe quedarse con la conciencia tranquila. La decisión de cerrar el penal Cordillera fue acertada si de respetar la igualdad ante la ley se trata. Políticamente hablando, Piñera cierra el ciclo de conmemoraciones de los 40 años del Golpe en forma impecable para un gobernante de derecha con conciencia y responsabilidad de Estado. A propósito o no, marca una diferencia entre su gobierno y la mayoría de RN y la UDI. Hace rato sabemos que es un bicho raro en su sector, donde la inmensa mayoría apoyó la dictadura de Pinochet. Piñera en cambio no pierde instancia para recordar que votó NO en el plebiscito de 1988. Así pudo presentarse a la elección presidencial de 2009 con credenciales impecablemente democráticas y lograr que votantes históricos de la Concertación cambiaran su preferencia electoral.

En la derecha dura no quieren que este desmarque le salga gratis. El líder de su partido, Carlos Larraín, ha señalado que el cierre de Cordillera es “injustificado e inoportuno”. Desde la llamada familia militar han surgido voces llamando a no votar por la derecha en noviembre próximo. Incluso antes de este episodio, el diputado gremialista Felipe Ward había escrito en su cuenta de Twitter que no volvería a votar por Piñera en una eventual repostulación. Entre otras cosas, acusan al Presidente de estar torpedeando indirectamente la candidatura de Evelyn Matthei y pensando demasiado en el 2017.

Escenario difícil para Piñera. Parte importante de su base de apoyo lo considera desleal y los que desde la oposición le agradecen su valentía jamás votarían por él. Pero el ejercicio de liderazgo es una tarea solitaria y muchas veces ingrata que en este caso no se mide en éxito electoral sino en efectividad para movilizar políticamente hacia un horizonte donde la derecha manifieste un irrestricto compromiso con la democracia y los derechos humanos

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-30&NewsID=240286&BodyID=0&PaginaId=40

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ME-O VERSUS PARISI

septiembre 24, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 20 de septiembre de 2013)

Hay pocas dudas al respecto: Bachelet saldrá primera y Matthei segunda. Marco Enríquez-Ominami y Franco Parisi deberían acercarse al 10% y con eso se distancian considerablemente del resto del pelotón de postulantes a La Moneda. En cierto sentido, de lo que sumen entre los dos depende que haya segunda vuelta.

Marco va por su segunda elección presidencial, pero su objetivo no es replicar el tremendo 20% que obtuvo en 2009. En ese entonces, las condiciones eran diferentes. El adversario era un añejo Eduardo Frei y nadie mejor que ME-O para delatar las falencias morales de una coalición acomodada en el poder y representar toda la frescura de un discurso joven y rupturista en la centroizquierda. El hijo político no reconocido y el sucesor perfecto de Lagos y Bachelet, dijeron algunos. ME-O fue una bocanada profunda de oxígeno, una alternativa a la oferta tradicional.

Pero esta vez se enfrenta a un escenario distinto. Michelle no es Frei. No sólo en términos de carisma, popularidad y capital simbólico. La ex Presidenta se apropió de las banderas de ME-O. Varias de sus propuestas de hace cuatro años –y que entonces eran radicales o excéntricas– hoy forman parte de la columna vertebral del programa bacheletista. Sin embargo, ése no es el problema fundamental de su candidatura. El problema se llama Parisi.

Franco Parisi le arrebata las otras banderas. No las del fondo, sino las de la forma. Esta vez la novedad es Parisi, la frescura es Parisi, la propuesta anti-establishment es Parisi. Y eso, en un contexto tan adverso para los actores tradicionales, es grito y plata. Despotricar contra “Camilo” a la izquierda o contra “Jovino” a la derecha vende como pan caliente, especialmente en públicos juveniles. Además, Parisi encarna la legítima aspiración meritocrática que pudo haber transmitido Laurence Golborne si las cosas hubieran resultado de otra manera. Un hombre de clase media, capaz de superar su realidad socioeconómica original sobre la base de esfuerzo y talento.

Ésta es una situación compleja para ME-O. Si Parisi se queda con el tercer puesto pone en jaque su carrera ascendente. Independiente del porcentaje que obtenga, el líder del PRO debe quedarse con el tercer puesto si quiere seguir proyectando su carrera presidencial. Si sale cuarto, su proyecto político se debilita.

ME-O tiene un gran mérito. Recorrió Chile y levantó un partido político en tiempos en los cuales ese negocio, para la opinión pública, huele mal. En ese sentido, hay pocos actores políticos más trabajadores que Marco Enríquez-Ominami. Ha estado en permanente campaña durante tres años y eso acarrea un desgaste natural. Ése es su dilema frente al elector: mientras gana en seriedad y crece en peso específico, pierde en sex-appeal. Su poderosa capacidad de entender los nuevos códigos mediáticos, rivaliza ahora con la habilidad que ha demostrado Parisi de seducir a través de la televisión.

Por si fuera poco, Franco Parisi tiene más espacio ideológico para jugar. Matthei no cubre a toda la derecha y en ese juego tiene una oportunidad. ME-O está aprisionado entre la socialdemocracia de Bachelet y la izquierda pura de Marcel Claude. A su favor, ME-O podrá decir que sus votantes están convencidos del futuro de su proyecto político, que eventualmente llegará al poder. Los votantes de Parisi, en cambio, no obedecen a una filiación doctrinaria estructural. O lo ven como un mesías populista o sencillamente lo ocupan como recurso para expresar descontento. Como sea, los números se encargarán de elevar a uno y de postergar a otro.

Link: http://www.capital.cl/opinion/meo-vs-parisi/

LA LEY RICARTE

septiembre 22, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de septiembre de 2013)

A los 61 años ha fallecido el periodista Ricarte Soto aquejado de un cáncer al pulmón. Popular por su faceta de comentarista de farándula, yo tengo un recuerdo distinto y cariñoso del personaje. La primera vez que estuve en televisión fue en 1997 cuando aún no cumplía los 18 años y Soto participaba como panelista estable de un programa de debate en La Red. Me trató con la benevolencia y sabiduría con la que se trata a un mocoso que sabiendo muy poco cree que las sabe todas.

Ricarte Soto además se transformó en el símbolo de la lucha por el acceso universal a medicamentos que en condiciones de mercado son prohibitivos. Hace poco tiempo encabezó la llamada “marcha de los enfermos” que convocó a miles de chilenos, aunque no tuvo la repercusión mediática que han tenido otras demandas sociales. El  titular de salud Jaime Mañalich (ministro record: pocos duran tanto en su cartera) se había comprometido con el activista-enfermo a acelerar un proyecto de ley que crea un fondo nacional de medicamentos con recursos públicos. Como ya ocurrió con la ley antidiscriminación –que se apuró después del asesinato a Daniel Zamudio- es probable que ahora los parlamentarios le metan el acelerador a la ley Ricarte.

En cualquier caso la pregunta de fondo es otra: ¿qué ocurre en Chile que la salud como derecho universal garantizado no es prioridad en la agenda política? Ni siquiera en el programa de la doctora Bachelet, que probablemente será la próxima presidenta del país, se contemplan medidas sustantivas al respecto. Revisando su sitio web sólo aparecen reformas menores, nada estructural que se haga cargo del problema. Quizás sea mucho pedir: la Nueva Mayoría ha construido su propuesta al ritmo que imponen las movilizaciones. Como los enfermos no suelen poblar la calle con manifestaciones frecuentes y masivas su demanda queda postergada. Así nos encontramos en el curioso escenario que parece justificar que gastemos los pocos pesos que tenemos en educación universitaria gratuita. 

En otros países la salud sí es prioritaria. En Gran Bretaña, por ejemplo, uno de los principales consensos transversales que alcanzó la clase política después de la Segunda Guerra Mundial fue levantar un sistema de salud gratuito y calidad para toda la ciudadanía. Ricos y pobres se atienden en el notable NHS (National Health Service), defendido por la derecha y la izquierda por igual.

Si  queremos construir un país más justo tenemos que partir por lo básico. Una enfermedad catastrófica puede ser devastadora no sólo para el paciente sino para la calidad de vida de su familia y entorno. Muchas veces se trata de contingencias que no tienen que ver con negligencias ni menos falta de esfuerzo. El famoso discurso de emparejar la cancha tiene que comenzar por atenuar este tipo de circunstancias azarosas del destino. Si la muerte –quizás inevitable- de Ricarte Soto sirve para reflexionar al respecto, hagamos que no sea en vano. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-22&NewsID=239602&BodyID=0&PaginaId=11

DÉJENME VOTAR

septiembre 15, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 15 de septiembre de 2013)

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Esta es la última columna para LUN que escribo en suelo chileno. El comentario político del próximo domingo será despachado desde Londres, donde en pocas horas parto a radicarme por algunos años. Y como Chile no ha implementado un sistema de voto para sus ciudadanos en el exterior, no podré sufragar en las elecciones presidenciales de noviembre próximo. Mentiría si dijera que estoy sufriendo, pero me apena bastante no poder ejercer mi derecho y participar en un hito republicano tan relevante como la elección de un presidente.

Junto a esa decepción siento también una pizca de rabia. Hemos tenido tiempo suficiente para haber resuelto este problema que, desde la reforma constitucional que dejo a todos los mayores de 18 años inscritos, tiene fácil solución administrativa. Pero no ha sido tan fácil porque todavía hay grupos que se oponen.

La semana que acaba de terminar vio nuevamente la posibilidad de concretar el anhelado voto de los chilenos en el exterior. Básicamente se les pide que vayan a embajadas y consulados a registrarse. Nada del otro mundo. Sin embargo los senadores de la UDI (más Carlos Larrain) exigieron también acreditar otro tipo de vínculo, que para ellos solo se verifica viajando a Chile cada cierto tiempo. Como si el asunto del retorno no estuviera robustamente relacionado a la capacidad económica de las familias y los individuos.

La leyenda dice que la derecha no quiere que los chilenos de afuera voten porque “serían todos exiliados”. Eso hace mucho tiempo que dejo de ser verdad. Compatriotas que por razones laborales y académicas pueblan el planeta se multiplican por miles. Y aunque no fuese así, no estaría de más pensar en este tipo de reformas institucionales como gestos concretos de reconciliación. Más todavía, este proyecto es parte de las promesas de Sebastián Piñera. Gobernar con éxito cuando tu propia coalición atornilla al revés es muy difícil.

A pocos días de celebrar fiestas patrias -curioso momento donde los chilenos se sienten más chilenos que nunca y especialmente en el extranjero- me uno a la plegaria cívica del grupo que desde fuera pide que dejen al voto volar. Me parece hasta absurdo tener que probar que me importa lo que pasa en mi país aunque no resida en su territorio. No hay manera de objetivar ese vínculo. Déjeme votar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-15&NewsID=239041&BodyID=0&PaginaId=23

TRIBU, MEMORIA Y MORAL

septiembre 14, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 6 de septiembre de 2013)

Soy un hijo sobrealimentado de la dictadura. Mi familia vivió su lado amable porque varios de sus integrantes trabajaban en el gobierno de Pinochet. Sin embargo yo no había nacido para el golpe y había cumplido recién los 9 años para el plebiscito de 1988. Siendo absolutamente evidente que no tengo nada que ver con lo que allí ocurrió, me pregunto sin embargo si acaso tengo alguna responsabilidad moral que expiar a nombre de mis padres, tíos y abuelos. No se trata de ser más papista que el Papa. La pregunta se construye sobre una duda más fundamental: ¿poseen las tribus políticas y culturales cierta continuidad histórica o sus integrantes más jóvenes pueden evaluar y ser evaluados como seres independientes?

La respuesta afirmativa se funda en la idea de las narrativas comunitarias. Juan Pablo II pidiendo perdón por la inquisición o la Alemania contemporánea pagando reparaciones por los pasados agravios al pueblo judío son ejemplos en este sentido. Somos seres que cuentan historias, decía MacIntyre. Y pertenecemos a historias de la cuales no podemos renegar sencillamente porque no tengamos directa participación en sus capítulos precedentes. Las apelaciones a la construcción de una memoria histórica nacional también encuentran su raíz en esta teoría.

La otra posibilidad es reclamar la emancipación de las cargas del pasado. Es la alternativa que adoptan quienes piensan en clave liberal porque se funda en el individualismo normativo. Desde esta perspectiva no es justo responder por asuntos donde no estuvo involucrado nuestro consentimiento. Las exigencias comunitarias parecen aquí excesivas.

Yo suscribo la segunda tesis. Más aun, mis feroces críticas al régimen que interrumpió un proceso democrático y luego violó sistemáticamente los derechos individuales de miles de chilenos emanan desde un proceso racional de emancipación de la tribu de origen. Ha sido justamente el individualismo normativo el que me ha permitido cortar el cordón de la complicidad tribal. Mi propia deliberación moral se ha enriquecido utilizando dispositivos mentales típicamente liberales. El velo de la ignorancia rawlsiano, ese que permite imaginar una posición original sin apegos ni ataduras contingentes, me ha servido como instrumento clave para entender que no podría ser consistente con mis principios sin rechazar enérgicamente gran parte de lo ocurrido entre 1973 y 1990.

Abandonar la perspectiva comunitaria ha sido, al menos en mí caso, un ejercicio difícil pero productivo y liberador de aprendizaje. Estoy consciente que la evaluación moral autónoma puede significar un desafío a la memoria histórica en tanto actúa como procedimiento desmitificador. No me desanima la idea. Como señala el periodista de guerra y crítico norteamericano David Rieff en su último libro Contra la Memoria, “la memoria histórica tal como las comunidades, los pueblos y las naciones la entienden y la despliegan –la cual, para reiterar lo esencial, siempre es selectiva, casi siempre interesada y todo menos irreprochable desde el punto de vista histórico- ha conducido con demasiada frecuencia a la guerra más que a la paz, al rencor más que a la reconciliación y a la resolución de vengarse en lugar de obligarse a la ardua labor del perdón”. Por la misma razón no me siento presionado a defender a priori ninguna posición en aras de la continuidad histórica. Ni siquiera la de mi tribu familiar o cultural. Contra MacIntyre, no creo que la clave esté en averiguar de qué historia formo parte, sino en cómo razonamos con independencia de nuestros cordones umbilicales.  

Link: http://www.capital.cl/opinion/contra-la-memoria/

CRUZ-COKE QUEDA OFF-SIDE

septiembre 13, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de septiembre de 2013)

El Tribunal Calificador de Elecciones determinó que Luciano Cruz-Coke sí fue ministro del Presidente Piñera y no meramente un jefe de servicio a cargo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Por lo anterior se le aplican las inhabilidades constitucionales respectivas: si un ministro quiere postular al parlamento debe renunciar un año antes de la elección a sus funciones. Cruz-Coke, en cambio, renunció hace pocos meses para integrarse a la campaña de Andrés Allamand para las primarias de la Alianza. Después lo convencieron de competir por un escaño senatorial en Antofagasta. Para apoyarlo, RN tuvo que quitarle el respaldo al histórico Carlos Cantero.

En el Partido Socialista no aguantaron que la derecha quisiera pasar gato por liebre afirmando que Cruz-Coke no era un auténtico ministro. “El señor Cruz-Coke tiene cara de ministro, habla como ministro, tiene orejas de ministro, ojos de ministro y ocurre que ahora no es ministro” ironizaba entonces su líder Osvaldo Andrade. Sin embargo se trataba de una cuestión discutible. Los abogados del socialismo protestaron y ganaron la partida. La teleserie terminó mal para Cruz-Coke quien quedó fuera de juego.

También deja a la Alianza en una posición complicada. El naciente movimiento Evopoli pierde una de sus figuras de mayor tonelaje, RN se queda sin poder usar ese cupo (ya no se pueden inscribir candidatos) y el UDI Manuel Rojas tendrá sobre sus hombros la presión de evitar el doblaje de la ex Concertación. Por si fuera poco, Cantero corre por fuera como independiente. Desde el gremialismo incluso afirmaron que el plan Cruz-Coke había sido una irresponsabilidad desde el inicio. Otro balde de agua fría para una coalición que no lo está pasando nada bien.

 Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-13&NewsID=238868&BodyID=0&PaginaId=24

A 40 AÑOS DEL GOLPE: UNA DECLARACIÓN GENERACIONAL

septiembre 11, 2013

(publicada en La Tercera del 11 de septiembre de 2013)

Con ocasión de la conmemoración de los 40 años del golpe militar de 1973, los abajo firmantes –pertenecientes a generaciones post 1973 que crecieron siendo testigos de una sociedad profundamente dividida– consideramos necesario escribir esta carta abierta compartiendo nuestra reflexión política acerca de los duros hechos del pasado y de cara a los desafíos del presente. Al hacerlo, nuestro objetivo es contribuir a establecer mínimos comunes transversales sobre los cuales fundar una convivencia política más profunda y robusta. No se busca, por ende, afirmar ciertas narrativas históricas sobre lo sucedido en Chile ni menos juzgar la eventual ‘superioridad moral’ de un sector sobre otro, ejercicios que sentimos no nos corresponden y que son, en cualquier caso, profundamente inconducentes al objetivo de la reconciliación. No obstante ello, queremos afirmar lo siguiente:

  1. El golpe de Estado fue la culminación de un proceso de deterioro de la convivencia cívica y de erosión transversal en los valores democráticos y republicanos que habían sustentado la vida política nacional desde al menos 1932. Creemos que las causas de este deterioro fueron complejas y trascienden lo que aquí es nuestra intención abordar, pero ciertamente protagonista entre ellas fue la creciente validación de la violencia como método para conseguir objetivos políticos. La afirmación ideológica del camino de la violencia, el apoyo explícito o tácito a acciones políticas violentas y los llamados a la intervención de las FF.AA., fueron todas formas concretas de dicha validación. Por ello, no queda sino reafirmarlo con total claridad: la violencia como vía de acción política es radicalmente incompatible con la democracia, y el abandono de este principio fundamental estuvo al centro de las causas que llevaron finalmente al 11 de septiembre de 1973. No obstante, creemos que incluso en la dificilísima situación política, económica y social de entonces, un golpe de Estado no era ni puede ser una manera aceptable de resolver incluso profundas diferencias políticas. Con ello no queremos desconocer la profunda complejidad política que entrañó para millones de chilenos tener que escoger entre apoyar una salida armada a la crisis económica e institucional de entonces, o continuar obedeciendo a un régimen que, para muchos chilenos, parecía haber abandonado un compromiso con la legalidad vigente. Con todo, reafirmamos que una comprensión ponderada de las causas y circunstancias del golpe –un ejercicio clave en el cual seguimos en deuda como país– no es sustituto de una clara condena al mismo como forma de zanjar crisis económicas, políticas o institucionales, por agudas que éstas sean.
  2. No obstante lo anterior, e independientemente del análisis que cada chileno haga respecto al golpe de Estado y de sus causas, creemos que es fundamental separar dicho análisis de lo que sucedió después: una política de gravísima y sistemática violación de derechos humanos seguida por la dictadura durante sus 17 años en el poder. Un piso compartido de nuestra convivencia política futura debe ser, ineludiblemente, la más absoluta condena a todas y cada una de las violaciones cometidas en ese aciago período de nuestra historia. Simplemente no hay compatibilidad posible entre defender la democracia y justificar –siquiera parcialmente– una política de violaciones a los derechos humanos y de uso del aparato del Estado como instrumento de terror. Por cierto, si esa condena es seria debe también ser universal: ni en Chile, ni en ninguna parte del mundo la violación de derechos humanos es compatible con la democracia.
  3. Si bien la transición política chilena a la democracia fue en muchos sentidos ejemplar –y una muestra de enorme responsabilidad política por parte de los dirigentes de la época–, ella tuvo inevitablemente sombras que nos han seguido penando. Creemos que, a 40 años del Golpe y a más de 23 de recuperada la democracia, es posible hacer un esfuerzo colectivo adicional para, progresivamente, ir superando los fantasmas de un período histórico que sigue marcando –y manchando– la convivencia nacional. Creemos que este esfuerzo requiere avanzar en varios frentes distintos:

a. El primero es en términos de subsanar el déficit de verdad y justicia. Creemos que se deben apoyar todos los esfuerzos para la investigación de los crímenes de Estado cometidos durante la dictadura y la sanción de los responsables. Paralelamente a la vía judicial, y conscientes de los esfuerzos que ya se han hecho en el pasado, apoyamos la continua búsqueda de fórmulas institucionales o políticas (como programas de delación compensada u otras) que permitan que se conozcan los crímenes cometidos, sus autores y, sobre todo, el paradero de aquellos detenidos desaparecidos que aún se ignora.

b. Un segundo frente apunta a una dimensión personal, y refiere a la capacidad de pedir perdón y de perdonar. Creemos que la reconciliación nacional requiere también de esta dimensión ética, no institucional, que constituye el fundamento humano de un reencuentro verdadero. En esto no puede haber emplazamientos individuales ni caza de brujas, pues el pedir perdón sólo puede ser auténtico si es hecho libremente. Por lo mismo, tampoco caben las condicionalidades ni la búsqueda de empates morales. Algunos notables ejemplos que hemos visto a lo largo de los años de personas que se han atrevido a dar este paso nos alientan a pensar que este camino es posible. Hacemos, por ende, un humilde llamado a las personas de todos los sectores que se sientan interpelados por esta reflexión, a pedir y ojalá dar perdón, en la medida de sus posibilidades.

c. Finalmente, creemos que es imprescindible avanzar también en la dimensión netamente política de la reconciliación. Ello, puesto que si bien las responsabilidades éticas y penales son individuales, las responsabilidades políticas son en buena medida colectivas. Creemos que los partidos y dirigentes de todo el espectro que aún no lo hayan hecho, pueden realizar un proceso de reflexión y autocrítica pública respecto al rol que jugaron en el proceso de quiebre de nuestra democracia en 1973. Adicionalmente, creemos que los partidos de la Alianza harían una enorme contribución a la reconciliación nacional si estuvieran dispuestos a realizar una suerte de quiebre histórico con su voluntaria identificación con, y defensa del, Gobierno (Cívico-)Militar. Desde luego, la “obra” de éste en términos de políticas públicas puede ser valorada legítimamente por muchos. Pero dichas políticas no pueden ser puestas en una suerte de balanza contra algo tan profundamente inconmensurable a ellas como son las violaciones a los derechos humanos de miles de chilenos –como si una cosa compensara la otra. Por de pronto, tanto Renovación Nacional como la Unión Demócrata Independiente podrían empezar por quitar de sus respectivas declaraciones de principios la referencia a la “acción libertadora [de las Fuerzas Armadas] del 11 de Septiembre de 1973, que salvó al país de la inminente amenaza de un totalitarismo irreversible y de la dominación extranjera, culminando así una valiente resistencia civil y recogiendo un clamor popular abrumadoramente mayoritario”. El solo hecho de remover esta frase de los principios de cada partido constituiría una potente señal de que su vocación democrática es efectivamente incondicional (es decir, no meramente instrumental) y de que comparten lo señalado en el primer punto de esta carta, en el sentido de que los golpes de Estado no son una manera legítima de resolver incluso graves diferencias políticas. Crear una centroderecha cuyo ethos más profundo no esté asociado a la defensa política de una dictadura nos parece la mejor contribución que las actuales generaciones de dicho sector le podrían hacer a la democracia chilena y a las generaciones futuras, independientemente de que defiendan (o no) las reformas políticas y económicas concretas que dicho gobierno realizó, materias que son parte legítima del debate de cualquier democracia sana.

Por último, nos gustaría reiterar que cada uno de estos puntos busca establecer un estándar razonable de mínimos comunes democráticos sobre los cuales construir una comunidad política. A ya 40 años del Golpe, creemos que afirmar el rechazo incondicional a la violencia política en todas sus formas, y afirmar de modo igualmente incondicional la inviolabilidad de los derechos humanos de cada persona, debieran ser mínimos comunes transversalmente aceptados. Por su parte, y reconociendo lo difícil de la tarea de la reconciliación nacional dada la profunda carga emocional que conllevan los trágicos hechos que dividieron a Chile, creemos que colectivamente podemos hacer más. Nuestro llamado a generar las condiciones para seguir avanzando en perdón, justicia y afirmación pública de valores democráticos es, pues, un intento por ayudar a construir un país donde todos nos podamos mirar a los ojos sin rencor y donde las nuevas generaciones puedan habitar la memoria, sin por ello cargar con las pesadas mochilas del pasado.

Cristóbal Bellolio, Daniel Brieba, Gonzalo Bustamante, Ignacio Briones, Max Colodro, Jorge Fábrega, Camilo Feres, Jorge Ferrando, Andrés Hernando, Francisco Irarrázaval, Hernán Larraín M., Davor Mimica, Roberto Munita, Macarena Ponce de León, Slaven Razmilic, Lorena Recabarren, Javier Sajuria, Rafael Sánchez, Sergio Urzua, Valentina Verbal, Paz Zarate.

Link: http://www.latercera.com/noticia/politica/2013/09/674-542102-9-la-carta-mediante-la-cual-representantes-sub-40-piden-un-esfuerzo-colectivo-para.shtml

LA COMEZÓN DE LOS CUARENTA AÑOS

septiembre 9, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de septiembre de 2013)

Ha sido una especie de catarsis colectiva. No hay medio que no haya tocado el tema ni universidad que no haya hecho reflexiones al respecto. Los cuarenta años del golpe no han pasado desapercibidos. Algunos piensan que eso está bien porque nos ayuda a construir una memoria histórica nacional. Otros creen que volver a remover las heridas sólo trae más división y resentimiento. Lo indiscutible es que la mirada sobre lo que ocurrió en materia de derechos humanos es más crítica que nunca: las nuevas generaciones parecen haber asumido esa condena como piso moral compartido. Y eso no puede ser malo. 

Se han sumado varios factores que no estaban presentes en la conmemoración de los 30 años del golpe: Pinochet está muerto; la derecha está en La Moneda por primera vez desde la dictadura; las redes sociales sirven como caja de resonancia de programas y documentales; los nietos de los protagonistas ya están en edad de preguntar qué pasó; y estamos en pleno año electoral con dos candidatas cuyas biografías fueron marcadas a fuego por ese once de septiembre.

La onda expansiva de los cuarenta años ha logrado que algunos actores pidan perdón por sus actuaciones u omisiones en ese período. Lo hizo el senador Hernán Larraín desde la derecha, reconociendo la responsabilidad de su generación en todo lo que ocurrió. Lo hizo el senador Camilo Escalona desde la izquierda, admitiendo que ciertas posiciones que su sector tomó en ese entonces no ayudaron nada a la resolución pacífica de las diferencias. Lo hizo hasta la Corte Suprema, que si bien omitió la palabra “perdón” también asumió la negligencia de la judicatura durante la dictadura. Incluso el Presidente Piñera habló de los “cómplices pasivos” del régimen de Pinochet, marcando diferencias y agitando las aguas de su propia coalición.

A los líderes de la UDI y RN les complica estructuralmente el tema: la derecha profunda cree que el golpe estuvo bien dado y que los militares salvaron a Chile. Ya no es realista esperar de ellos un cambio de mentalidad. Sólo un recambio generacional importante puede hacer esa tarea. Al ex presidente Ricardo Lagos tampoco le gustó esto de andar pidiendo perdones. Según él no hay nada de qué arrepentirse en haber apoyado a Salvador Allende. Pero Lagos confunde dos cosas distintas. Por una parte, el respaldo a un proyecto político que cargaba con los legítimos anhelos de parte importante de los chilenos. Por la otra, la explícita validación de la violencia como método de acción política. Sobre lo primero no hay por qué excusarse. Para el mundo socialista puede ser incluso motivo de orgullo. Sobre lo segundo lo recomendable es ser menos arrogante. De eso justamente se trata esta catarsis si quiere ser productiva: en un ejercicio de auténtica y sincera autocrítica por dolorosa o electoralmente incómoda que sea.  

Link: http://www.lun.com/LunMobileIphone//Pages/NewsDetailMobile.aspx?dt=2013-09-08&BodyId=0&PaginaID=11&NewsID=238463&Name=I23&PagNum=0&Return=R&SupplementId=0&Anchor=20130908_11_0_I238463

QUE LLEGUE RÁPIDO EL DIECIOCHO

septiembre 2, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1 de septiembre de 2013)

A la derecha no le conviene esta ola de remembranza. Cada documental televisivo y foro universitario acerca de los 40 años del golpe es un sufrimiento nacional y un motivo de tensión para la derecha. Más allá de las razones que tengan para defender la actuación histórica de su sector, es evidente que en la sumatoria salen para atrás. El juicio contemporáneo sobre la dictadura es mucho más crítico de lo que era cuando ésta se terminó. Y el que explica se complica. No estoy diciendo que sea erróneo tratar de poner las cosas en contexto. Digo que esa discusión ubica automáticamente a la Alianza en una agenda adversa donde tiene poco que ganar y mucho que perder frente a la opinión pública.

Por eso en el entorno de la candidata Evelyn Matthei deben estar ansiosos por el comienzo de las fiestas patrias. Después del once viene el dieciocho y un largo fin de semana de regadas celebraciones. Una resaca digna para dar vuelta la página y empezar otra conversación. No por nada el nuevo corte radial de Matthei trae la sugerente cuña “ganémosle al pasado”. Para ser electoralmente competitiva, la derecha necesita dejar atrás sus fantasmas.

La propia candidata fue arrastrada sin querer queriendo al eje setentaytres-céntrico. Le preguntaron por el golpe y se sacó los balazos argumentando que entonces tenía sólo 20 años. Luego elegantemente agregó que la DC también pidió la intervención militar. Es decir, en lugar de pasar piola le puso más pimienta a la controversia. Está bien: Evelyn siente que es importante que no le reescriban la historia. Eso es legítimo. Pero la suya no es la batalla de los historiadores; ella tiene una elección por delante. Si no tiene nada realmente importante, novedoso y sustancial que decir al respecto es mejor que no diga nada, que apriete los dientes y navegue hasta el dieciocho. Ahí vuelve a enfrentar a Bachelet en los asuntos del futuro sin la mochila de la memoria. 

Lo dramático es que parte importante de la primera línea de RN y la UDI estuvo de algún modo vinculada con el régimen de Pinochet y a la izquierda en general le sale fácil apuntarlos con el dedo y con ellos despertar el pasado. Hasta hoy, los dos partidos de la derecha incluyen en su declaración de principios un apoyo explícito a la “acción libertadora” de las Fuerzas Armadas. Incluso los que tenían 20 años en 1973 apoyaron al SÍ con bastantes más primaveras en 1988. Por lo mismo la escasa renovación de los liderazgos al interior de la derecha es un problema adicional. Las nuevas generaciones de ese sector tienen buenas razones para quejarse de la negligencia política de sus padres y abuelos para lidiar de una buena vez con este asunto con altura moral correspondiente. En vez de eso, los obligan a cargar con el peso desaventajándolos de entrada contra el rival.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-01&NewsID=237703&BodyID=0&PaginaId=15