LA LEY RICARTE

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de septiembre de 2013)

A los 61 años ha fallecido el periodista Ricarte Soto aquejado de un cáncer al pulmón. Popular por su faceta de comentarista de farándula, yo tengo un recuerdo distinto y cariñoso del personaje. La primera vez que estuve en televisión fue en 1997 cuando aún no cumplía los 18 años y Soto participaba como panelista estable de un programa de debate en La Red. Me trató con la benevolencia y sabiduría con la que se trata a un mocoso que sabiendo muy poco cree que las sabe todas.

Ricarte Soto además se transformó en el símbolo de la lucha por el acceso universal a medicamentos que en condiciones de mercado son prohibitivos. Hace poco tiempo encabezó la llamada “marcha de los enfermos” que convocó a miles de chilenos, aunque no tuvo la repercusión mediática que han tenido otras demandas sociales. El  titular de salud Jaime Mañalich (ministro record: pocos duran tanto en su cartera) se había comprometido con el activista-enfermo a acelerar un proyecto de ley que crea un fondo nacional de medicamentos con recursos públicos. Como ya ocurrió con la ley antidiscriminación –que se apuró después del asesinato a Daniel Zamudio- es probable que ahora los parlamentarios le metan el acelerador a la ley Ricarte.

En cualquier caso la pregunta de fondo es otra: ¿qué ocurre en Chile que la salud como derecho universal garantizado no es prioridad en la agenda política? Ni siquiera en el programa de la doctora Bachelet, que probablemente será la próxima presidenta del país, se contemplan medidas sustantivas al respecto. Revisando su sitio web sólo aparecen reformas menores, nada estructural que se haga cargo del problema. Quizás sea mucho pedir: la Nueva Mayoría ha construido su propuesta al ritmo que imponen las movilizaciones. Como los enfermos no suelen poblar la calle con manifestaciones frecuentes y masivas su demanda queda postergada. Así nos encontramos en el curioso escenario que parece justificar que gastemos los pocos pesos que tenemos en educación universitaria gratuita. 

En otros países la salud sí es prioritaria. En Gran Bretaña, por ejemplo, uno de los principales consensos transversales que alcanzó la clase política después de la Segunda Guerra Mundial fue levantar un sistema de salud gratuito y calidad para toda la ciudadanía. Ricos y pobres se atienden en el notable NHS (National Health Service), defendido por la derecha y la izquierda por igual.

Si  queremos construir un país más justo tenemos que partir por lo básico. Una enfermedad catastrófica puede ser devastadora no sólo para el paciente sino para la calidad de vida de su familia y entorno. Muchas veces se trata de contingencias que no tienen que ver con negligencias ni menos falta de esfuerzo. El famoso discurso de emparejar la cancha tiene que comenzar por atenuar este tipo de circunstancias azarosas del destino. Si la muerte –quizás inevitable- de Ricarte Soto sirve para reflexionar al respecto, hagamos que no sea en vano. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-09-22&NewsID=239602&BodyID=0&PaginaId=11

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