CAMBIANDO EL BINOMINAL

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 15 de octubre de 2013)

inasistencia

Sabemos que el sistema electoral binominal tiene severos defectos de competitividad e inclusión. Por ello, el hecho de que al fin el Congreso se esté mostrando abierto a cambiarlo es una señal esperanzadora. Como suele suceder, sin embargo, la propuesta de reforma en discusión tiene sus propios bemoles, y difícilmente llenará el gusto académico o el de quienes aspiran a un giro radical en nuestras reglas electorales. No obstante, la pregunta relevante es si esta reforma constituye una mejoría suficiente al actual estado de cosas.

Básicamente, la reforma propone transformar el binominal en un sistema proporcional moderado mediante una combinación de aumento de parlamentarios y de fusión de distritos y circunscripciones. En la Cámara pasaríamos de los actuales 60 distritos escogiendo a dos diputados cada uno, a 30 distritos escogiendo entre dos y seis, para un total de 134 diputados. En el Senado pasaríamos de 38 a 44 senadores, con 10 circunscripciones escogiendo dos senadores, y seis escogiendo a cuatro. Además, cada pacto podrá presentar dos candidatos más que la cantidad de cupos que haya para llenar.

No cabe duda que la propuesta trae buenas noticias. El aumento en dos de los cupos dentro de cada lista dificultará el bloqueo de candidaturas por parte de dirigencias partidarias y constituye una solución de más impacto que las primarias voluntarias al problema de la falta de competencia al interior de cada pacto.

Asimismo, al escogerse más parlamentarios en muchos distritos y varias circunscripciones, aumentará la competencia entre las grandes coaliciones, disminuirá la posibilidad de empate en el Senado y se abre una puerta de entrada a terceras fuerzas para poder aspirar a cupos, bajando las barreras de entrada y permitiendo cierta oxigenación del Congreso.

Sin embargo, la reforma también tiene costos. Por una parte, mantiene intacto el binominal en nada menos que 10 circunscripciones senatoriales, lo cual morigera sus efectos pro-competencia. Por otra, al escogerse más parlamentarios por distrito, lógicamente se tiende a perder lo que la literatura llama la representación geográfica personalizada, es decir, líneas claras de identificación entre los electores de un distrito y sus (pocos) parlamentarios. Particularmente, en los centros urbanos donde se escojan seis diputados y cuatro senadores  se puede diluir la rendición de cuentas de éstos ante un electorado sobrecargado de candidatos y representantes, y bien se puede terminar, paradójicamente, aumentando la distancia entre ciudadanía y Parlamento.

En suma, un sistema proporcional como el propuesto constituye un necesario paso adelante en términos de competencia e inclusión, si bien existe el riesgo de una menor rendición de cuentas de los parlamentarios en los distritos más grandes. Lo paradójico es que un sistema mixto bien diseñado -incluso sin redistritaje- lograría más competencia, más inclusión y a menor costo en términos de representación geográfica personalizada, por lo que sería ideal moverse en esa dirección. No obstante, ello debiera hacerse teniendo presente que no llegar a acuerdo y volver así al binominal sigue siendo la peor alternativa sobre la mesa.

Link: http://voces.latercera.com/2013/10/15/daniel-brieba/cambiando-el-binominal/?utm_source=twitter_cm

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