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¿BACHELET, MATTHEI O NINGUNA DE LAS ANTERIORES?

noviembre 29, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 29 de noviembre de 2013)

Otra vez me quedé sin candidato. Con Andrés Velasco fuera de competencia después de las primarias y Marco Enríquez-Ominami desplazado al –honroso- tercer lugar en las elecciones presidenciales, tengo que decidir como ciudadano si votar por Michelle Bachelet o por Evelyn Matthei. Antes de pasar a los argumentos sustantivos hago dos prevenciones. La primera es que realmente no puedo votar porque los chilenos residentes en el exterior somos privados de nuestro derecho constitucional al sufragio. La disyuntiva es sin embargo una ficción válida si uno se considera un ciudadano motivado por la discusión pública e interesado por influir en ella con sus opiniones. La segunda prevención va contra aquellos que con acotada inteligencia piensan que uno es un camaleón por ir cambiando de candidato según van pasando las elecciones. Coincidiremos en que suena raro votar por candidatos distintos si disputan las mismas elecciones con menos de un mes de diferencia. Pero no es el caso. Cuando nuestras preferencias originales o ideales quedan en el camino es lógico evaluar las fortalezas y debilidades de las alternativas que siguen en carrera. Algunos le llaman a esto “votar por el mal menor”. Yo lo veo de otro modo: seguir interesado en participar me parece una demostración de responsabilidad cívica y consciencia republicana.  Entonces, ¿Michelle o Evelyn?

Permítanme darme otra vuelta. Hice en Twitter una pregunta jodida: ¿debemos los ciudadanos votar por quien nos conviene personalmente o por quien le conviene al país? La mitad me respondió que el dilema era irreal porque necesariamente lo que es bueno para Chile será bueno para nosotros. La otra mitad consideró que ambos intereses perfectamente podían diferir y en ese caso había que tomar una vía u otra. Unos pocos me señalaron que no existía ninguna entelequia llamada bien común y que todo se reducía a beneficios individuales.

¿Por qué esta pregunta? Porque sospecho que si se trata de votar según lo que me conviene a mí debería votar por Bachelet y si se trata de votar según lo que le conviene a Chile mi voto debería ir para Matthei. Puede leerse contraintuitivo y por eso paso a explicar.

Desde una perspectiva individualista podría decir que mis necesidades materiales están cubiertas y lo que realmente me interesa es avanzar en dimensiones inmateriales: mayor respeto a la diversidad, separación Estado e Iglesia, derechos de autodeterminación reproductiva, libertades individuales, etcétera. Llamémosle agenda valórica progresista. Bachelet es sin duda una mejor opción en este sentido. En cambio, desde una mirada país, no me queda en absoluto claro que un segundo gobierno de Bachelet sea mejor que la continuación de la derecha en el poder. Piñera ha cumplido las expectativas de crecimiento y gozamos de tasas de empleo históricas. Agrandar la torta y dar trabajo son elementos claves a la hora de reducir la pobreza y entregar más oportunidades a los sectores menos aventajados de la distribución. Creo que Matthei puede ser más exitosa en ese sentido.

Esta es sin duda una súper-simplificación de una ecuación mucho más compleja. Mi ejercicio puede ser sometido a innumerables objeciones. Resumo dos. Primero, que la agenda valórica progresista (a la cual podemos sumar ciertas reformas políticas que me parecen imprescindibles) no sólo me benefician a mí sino a Chile entero. Como ciudadano aparentemente lúcido y bienintencionado yo podría esperar que mis intereses coincidieran con los mayoritarios. Pero los grupos conservadores sin duda discreparían de esta afirmación. Por otro lado, mis razones “pensando en Chile” tendrían un fundamento estrechamente economicista. Adicionalmente, quizás los chilenos ya se cansaron del énfasis pro-crecimiento y quieren pasar de una buena vez a la fase de la redistribución. Seguramente eso es lo que piensan los que votan Bachelet convencidos de que ella asegura mejor calidad de vida para todos. Yo me reservo el derecho del escepticismo.

Acepto que es muy extraño que alguien haga estos experimentos mentales para decidir por quién votar en la siguiente ronda. Y por lo visto no permiten arribar a ninguna conclusión irrefutable. El criterio tendrá que ser otro.

Matthei rejuveneció su equipo y según entiendo va en busca del voto centrista-liberal. Tiene la pista pesada: todo lo que hizo en primera vuelta fue en sentido contrario. Hay un problema de credibilidad evidente. Nos busca ahora porque nos necesita, hace dos semanas no le importábamos. Se huele un oportunismo poco sincero. Además esto ya lo vivimos con Piñera, que una vez en el poder no fue capaz de cumplir. No hay razón para pensar que con Matthei será distinto. Le perdí la fe. Si la UDI y RN están el gobierno las fuerzas conservadoras siempre ganarán la batalla interna. Agrego que la participación de ambos partidos acompañando a Piñera fue tan lamentable que no me gustaría verlos haciendo lo mismo (*).

Bachelet vuelve a La Moneda con una coalición con nombre nuevo pero cuyos tótems siguen siendo los mismos de la vieja Concertación. Todo Chile ha sido testigo de cómo se han comportado como oposición. Entiendo que la política es un juego rudo, pero el doble estándar crónico y la deshonestidad intelectual desatada de algunos de sus líderes me parecen vicios dignos de sanción ciudadana. Da la impresión que todos sus esfuerzos han sido dirigidos a la tarea de torpedear al Presidente y su gobierno. La incapacidad de reconocer los aspectos positivos del rival me resulta una marca indeleble del elenco que acompaña a la ex presidenta. Tampoco abrigo esperanzas en la erradicación de las ya célebres malas prácticas. En síntesis, tengo una diferencia ético-política antes que programática con ellos.

¿Qué me queda? En este escenario, no me quedaría más que anular o dejar el voto en blanco. 

Link: http://www.capital.cl/opinion/bachelet-matthei-o-ninguna-de-las-anteriores/

(*) Como resulta evidente del tenor del texto, esta reflexión fue escrita días antes que la candidata Matthei sostuviera que no promovería ninguna legislación o política contra la Biblia. Si hubo alguna vez una mínima esperanza respecto de su apertura liberal, lo que ocurrió después acabó por cerrar todas las puertas. 

DE QUÉ SE RÍE CARLOS LARRAIN

noviembre 24, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de noviembre de 2013)

Carlos Larraín tiene razones para sonreír. Su partido se jugaba mucho en la contienda senatorial por Santiago y emerge finalmente victorioso: Andrés Allamand superó a Pablo Zalaquett en el Poniente mientras Manuel José Ossandón despachó a Laurence Golborne en el Oriente. Ambos eran sillones históricos para la UDI. El primero de ellos lo ganó el patriarca gremialista Jaime Guzmán en 1989 y fue dos veces eficientemente retenido por otro tótem: Jovino Novoa. El segundo fue el escaño que en 1997 obtuvo Carlos Bombal sentenciando a muerte el proyecto liberal del propio Allamand y luego en 2005 defendido por el ya mítico Pablo Longueira. En 24 años, sólo Sebastián Piñera había sido capaz de ganar democráticamente para RN uno de esos codiciados asientos. Pero eso es pasado. Durante los próximos años serán dos conspicuos militantes de ese partido los representantes de la región metropolitana en el Senado. A través de ellos Larraín extiende su hegemonía en la tienda de Antonio Varas: Ossandón es su producto político y con Allamand viene tejiendo una alianza que se selló cuando Don Carlos, como le llaman en el partido, tomó su cargo como senador por Valdivia.

No sólo eso. Ossandón y Allamand son cartas presidenciales de la derecha mirando al 2017. El ex alcalde de Puente Alto lo ha hecho explícito. El otrora líder de la patrulla juvenil no necesita ni decirlo. Mientras Ossandón puede ufanarse, a-la-Longueira, que ha ganado todas las elecciones que ha disputado, Allamand se salva de una derrota que bien pudo haber sido una lápida para su carrera política. El primero se consagra en las grandes ligas, el segundo se rehabilita y obtiene un segundo –más bien un cuarto- aire. En el partido aliado, en cambio, las figuras de estatura presidencial escasean. El baúl de los coroneles huele a naftalina y las promesas tipo Golborne no pasaron la prueba de fuego.

Pero no sólo la UDI se lamenta. El propio Sebastián Piñera se muerde las uñas. Hasta tuvo que salir a contener el entusiasmo de Ossandón. No es secreto que le interesa la idea de volver a postularse. El poder es un vicio y cuatro años se hace poco. Sin embargo le salió gente al camino. Un contingente nada dócil, por lo demás. El trío Larraín-Allamand-Ossandón evitará a toda costa que el presidente retome el control de RN una vez que deje su alta investidura. El piñerismo no podrá volver en gloria y majestad en estas adversas condiciones. Ossandón ya se las cantó claritas: ellos prefieren la “vieja derecha” antes que las innovaciones doctrinarias que despliega La Moneda. Será un choque de trenes donde importará la capacidad de conectar con las bases pero también el espesor de las billeteras.

Ni la rebelión de Horvath puede robarle la satisfacción a Carlos Larraín. Poco puede importarle ahora que la candidatura de Evelyn Matthei se pegue un guatazo en segunda vuelta. No le va a tirar las orejas a nadie por irse de vacaciones. Su doble objetivo está cumplido: ganarle a la UDI donde importa y darle a entender a Piñera quién (todavía) manda.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-24&NewsID=246256&BodyID=0&PaginaId=15

EL FUTURO DE LA CENTROIZQUIERDA

noviembre 20, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 15 de noviembre de 2013)

En la pasada edición de Capital, Francisco Javier Díaz realiza una interesante clasificación entre las variantes ideológico-culturales de la derecha chilena que quedarían en condiciones de disputar el control del sector una vez perdido el poder. Varios analistas se preguntan cómo se rearmará el oficialismo cuando deje de serlo, especialmente si la debacle se traslada de lo electoral a lo político-moral. Sin duda es una excelente pregunta. Sin embargo en esta columna me gustaría preguntarle a la centroizquierda qué ocurre con ella una vez agotado el capital sanador de Michelle Bachelet. Me parece una interrogante justa, sobre todo cuando es evidente que su popularidad personal está desprendida de la valoración institucional de su coalición.

A diferencia de Díaz, no voy a hacer una taxonomía de la Nueva Mayoría. Me la jugar directamente por una teoría: el futuro (éxito) de la centroizquierda está en las manos de jóvenes como aquellos que integran el movimiento Revolución Democrática. ¿Muy entusiasta con la novedad? Evalúe los argumentos:

Históricamente en Chile las élites políticas comienzan a desplegar sus alas en la dirigencia estudiantil. La política universitaria en concreto ha sido un fecundo semillero. Revise las biografías de las figuras más relevantes de cada partido. El problema es que, desde hace un tiempo a esta parte, los partidos tradicionales de la ex Concertación prácticamente no existen cuando se trata de disputar las grandes federaciones. Véalo de este modo: cualquier universitario con legítimas ambiciones políticas y algo de olfato entiende que competir bajo los colores de juventud DC, PS o PPD es matar la magia. En la actualidad los estudiantes de izquierda construyen sus propias plataformas en condiciones de autonomía respecto de los partidos tradicionales. Sólo así son competitivos. La primera premisa de mi argumento es la siguiente: quien hoy posee cantera, mañana tiene primer equipo.

Vamos ahora de lo general a un caso particular. En la Universidad Católica el movimiento NAU! acaba de ganar su sexta FEUC consecutiva. Este colectivo sirve al dedillo como ejemplo porque ocupa justamente el espacio político que hasta hace una década ocupaban los grupos que se reconocían pro Concertación, con el gremialismo a un lado y una izquierda más radical al otro. Adicionalmente, los líderes del NAU! no carecen de vínculos con el mundo concertacionista. Su primer presidente, Miguel Crispi, fue hasta hace poco militante PS. El segundo, Joaquín Walker, todavía lo hace en la DC. El tercero, Giorgio Jackson, es apoyado por la Nueva Mayoría en su carrera a diputado por Santiago.

Lo llamativo es que al egresar de las aulas no partieron a engrosar los partidos de los padres sino que levantaron una casa propia: Revolución Democrática. Como todo proyecto que aspira a interpretar los tiempos, RD fija su hito fundacional y originario en las movilizaciones estudiantiles del 2011. En torno a ese petitorio -y a ese testimonio- se construye su relato ideológico y generacional. Para un joven de 25 años ya no sirve seguir girando eternamente contra la cuente corriente de 1988 y la épica de la recuperación de la democracia. RD actualiza el mito.

Pero eso no es todo: su novedad doctrinaria es que dentro de sus márgenes se difumina esa vieja separación de culturas cuya unión le dio sentido a la Concertación. Ya no se sabe dónde termina el humanismo cristiano y dónde empieza el humanismo laico. Ambas tribus culturales se han fusionado tras la larga convivencia de los padres en el poder.

Por todo lo anterior creo que el futuro de la centroizquierda les pertenece parcialmente a ellos. Sus líderes se han mostrado talentosos y pragmáticos a la hora de negociar. Realizan trabajo en terreno en varias ciudades del país. Apoyan las causas claves con las cuales la ciudadanía parece simpatizar. Y tienen una dinámica cantera que sigue ganando elecciones. De esa manera puede seguir construyendo músculo hasta que llegue el momento de correr con colores propios y marcar el ritmo del sector. ¿Acaso es otra la receta del éxito de la UDI?

En cualquier caso, falta todavía para que eso ocurra. Por los próximos cuatro años el calor de Michelle es suficiente para alejar las preguntas incómodas sobre el futuro.

Link: http://www.capital.cl/opinion/el-futuro-de-la-centroizquierda/

¿LLEGÓ LA RENOVACIÓN?

noviembre 19, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias el 19 de noviembre de 2013)

La elección parlamentaria del domingo trajo algunas novedades. Me interesa abordar una en particular: un tercio de la Cámara de Diputados se renueva. 40 diputados de 120 jurarán por primera vez en marzo de 2014. Se abren las ventanas y entra una porción considerable de aire fresco.

De estos 40 noveles representantes electos un grupo importante no ha cumplido los 40 años. Me atrevería a decir que la mitad de este grupo no hay cumplido ni siquiera los 30. Según entiendo, desde el retorno de la democracia no habíamos tenido una elección que significara un ingreso tan masivo de figuras sub 40 a la Cámara de Diputados.

Echemos un rápido vistazo de algunos sub 40 –e incluso sub 30- que jurarán por primera vez como diputados en marzo de 2014: Vlado Mirosevic por Arica, Renzo Trisotti por Iquique, Paulina Núñez por Antofagasta, Daniela Ciccardini por Copiapó, Karol Cariola por Recoleta-Independencia, Joaquín Lavín Jr. por Maipú, Giorgio Jackson y Felipe Kast por Santiago, Camila Vallejo por La Florida, Daniel Melo por El Bosque-La Cisterna, Jaime Bellolio por San Bernardo, Juan Antonio Coloma Jr. por Melipilla y Talagante, Marcelo Chávez por Coronel, Diego Paulsen por Lautaro y Gabriel Boric por Magallanes. Se me pueden escapar algunos nombres. Sin embargo se advierte el punto: una robusta bancada joven se gana su derecho a participar de la toma de decisiones en el espacio republicano por esencia. A todos ellos vayan nuestras felicitaciones.

¿Quiere decir esto que la renovación de las elites políticas ya es una realidad en Chile? No necesariamente. Los números que acabo de presentar constituyen un indicio auspicioso, pero no determinante. No sabemos cuán relevantes serán estos nuevos diputados en el complejo juego del poder. Los pasillos del edificio de Valparaíso tienen su ciencia. Algunos llegan al Congreso convenientemente auxiliados por sus apellidos mientras sus habilidades políticas son un misterio. De otros –especialmente los ex líderes estudiantiles- ya sabemos lo efectivos que pueden ser a la hora de instalar agenda y movilizarse en la calle. Resta por saber si tienen la dosis adecuada de paciencia para sobrevivir al tedio legislativo.

Para todos ellos llegó la hora de probar que se trata de una generación a la altura del desafío: capaz de deliberar con exigencia intelectual, conducirse con rectitud moral y especialmente de marcar diferencias con sus mayores en el esfuerzo de establecer puentes de diálogo empático, productivo y respetuoso con el adversario ideológico.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-19&NewsID=245664&BodyID=0&PaginaId=2

UNA VICTORIA MODESTÍSIMA

noviembre 18, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de noviembre de 2013)

Según los números fue una paliza por dónde se le mire. Michelle Bachelet obtuvo casi el 47% de los votos y la candidata Evelyn Matthei se ubicó a más de veinte puntos de distancia con sólo un 25% de los sufragios. La diferencia es tan grande que todo hace presagiar que la segunda vuelta será un mero trámite. Bachelet está a un paso microscópico de La Moneda y sólo la fantasía –o la fe religiosa- puede hacer creer que la derecha tiene alguna opción de retener el poder. Las posibilidades de crecimiento de Matthei son muy acotadas. La mayoría de los siete candidatos que quedaron en el camino tienen un discurso que los ubica a la izquierda de la propia Bachelet. El salvavidas pudo haber sido Franco Parisi, pero las relaciones entre la postulante aliancista y el “economista del pueblo” se agriaron en el camino. No hay por dónde.

El porcentaje de votos que obtuvo Evelyn Matthei supera apenas el peor registro histórico de la derecha, cuando Arturo Alessandri obtuvo el 24,4% frente al joven e imbatible Frei Ruiz-Tagle de 1993. Por tanto se salvaron jabonados del bochorno. Por cierto la culpa no es entera ni principalmente de la candidata. Las culpas son compartidas. A la ex ministra del Trabajo le tocó agarrar un fierro caliente después de una traumática sucesión de presidenciables caídos en desgracia. Si a eso le sumamos un gobierno marcando bajito en las encuestas de aprobación y una dirigencia partidista no exactamente talentosa, no es mucho más lo que se podía esperar. A todo ese coctel de infortunio súmele la estrategia de Matthei de salir a consolidar el voto más conservador de la derecha antes de ir a buscar el electorado más centrista o liberal.

Por cierto, también se puede mirar el vaso medio lleno: Bachelet no les ganó en primera vuelta. Haberla forzado al ballotage puede considerarse una modesta –modestísima- victoria, obtenida contra las expectativas que torpemente levantó el propio bacheletismo. De esta manera los incombustibles líderes de RN y la UDI evitan –una vez más- asumir los costos políticos que en cualquier país civilizado del mundo suelen asumir los responsables de una deficiente conducción. Probablemente no veremos pasos al costado por el lado de los viejos cracks ni arengas para disputar el control de sus respectivos partidos por el lado de las jóvenes promesas. Al zafar del descalabro, la Alianza corre el riesgo de no ver con claridad la necesidad de una cirugía mayor en su interior. La propia Matthei puede quedar vigente. Andrés Allamand habría ganado la senaturía por Santiago Poniente. El Presidente Piñera no se va jubilar voluntariamente. Todos miran al 2017. Como si nada hubiera pasado.

En el intertanto, el Congreso será el lugar donde la Alianza resistirá las transformaciones que trama Michelle Bachelet. La Nueva Mayoría no obtuvo todos los doblajes requeridos para pasar la máquina y deberá negociar las reformas más ambiciosas. La derecha volverá a desempeñar el papel al que llegó a acostumbrarse: ser oposición.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-18&NewsID=245589&BodyID=0&PaginaId=4

“La Nueva Mayoría ha domesticado la furia ciudadana y ofrece una versión institucionalizada de ese radicalismo”

noviembre 17, 2013

Entrevista publicada el 17 de noviembre de 2013 en El Mostrador (por Claudia Rivas Arenas)

Cristóbal Bellolio se cuenta entre los cientos de chilenos que no podrán votar el 17 de noviembre, ya sea porque viven o están de paso estudiando en el exterior, pero que siguen con atención el devenir político de nuestro país. Como la mayoría de los analistas tiene la convicción de que hoy no habrá sorpresa en el triunfo de Michelle Bachelet, pero también de que el voto voluntario ha generado un importante grado de incertidumbre acerca de si lo hará en primera o segunda vuelta.

Para el analista lo relevante es qué viene para la derecha después del triunfo de Bachelet. Considerando que el Presidente Sebastián Piñera habrá demostrado la total ineficacia de prolongar su administración por un periodo más.

-¿Cuáles son tus expectativas para el domingo?

-No tengo expectativas personales. Mi candidato quedó fuera de carrera en las primarias de junio, así es que miro esta elección desapasionadamente. Si te refieres a qué espero que ocurra, me imagino que Michelle Bachelet tendrá una holgada primera mayoría relativa que estará muy cerca de ser absoluta. La ex Concertación se impondrá también cómodamente en las parlamentarias aunque probablemente no obtenga todos los doblajes necesarios para entrar a picar el andamiaje institucional como quisiera.

-¿Qué se juega a tu juicio en esta presidencial?

-La eventual victoria de Michelle Bachelet representa a mi juicio tres cosas: primero, la envergadura incombustible de su figura como fenómeno electoral y lo que ello pueda significar en términos de la personalización o caudillización de la política chilena. Segundo, la incapacidad de la derecha de convertirse en algo más que un paréntesis en La Moneda y el fracaso político del propio Presidente en esa tarea. Tercero, la habilidad que tuvo Bachelet de hacer propias las demandas de la calle. La Nueva Mayoría ha sido capaz de domesticar la furia ciudadana y ofrecer a cambio una versión institucionalizada de ese radicalismo. La fórmula Bachelet + movimiento estudiantil es grito y plata, como le gusta decir a la ex Presidenta respecto del delantal de doctor.

-¿Cuáles serían los elementos clave a los que es necesario poner atención?

-Hay que ver si finalmente Michelle obtiene la correlación de fuerzas que requiere para hacer las reformas que predica.

-¿Qué viene para la derecha si su representante no pasa a segunda vuelta?

-Si la paliza es mucha, deberíamos ver fuertes presiones para reordenar el sector y especialmente para jubilar a la generación de la patrulla juvenil y los coroneles. Esta puede ser su batalla final si la savia nueva de la centroderecha se anima a reclamar el espacio que les corresponde. Lamentablemente el binominal opera como un seguro a la derrota que impide que los dirigentes políticos paguen costos por su fracaso electoral. En cualquier país serio sería impresentable que siguieran los mismos a cargo después de perder estrepitosamente. La absoluta falta de destreza política que ha exhibido RN y la UDI durante este gobierno –especialmente este año– ha sido patente para todos los chilenos menos para ellos mismos. Haciendo las cosas tan mal es difícil que te vaya bien.

-¿Si al balotaje pasan Bachelet y Matthei qué se puede esperar de esa campaña?

-Evitando que Bachelet gane en primera, a la derecha le vuelve el alma al cuerpo. Pueden empezar con la cantinela de la “gran final” y transmitir la sensación que en una de esas la contienda está abierta. Por cierto, no es lo mismo Matthei pasando a segunda vuelta con un 35 por ciento que con un 25 por ciento, como tampoco es lo mismo enfrentar a una Bachelet que obtiene 49,9 por ciento y una que no pasa el 45 por ciento. Matthei tendría que ir a buscar al votante de Israel y Parisi, me imagino, porque no hay mucho más allá. No sé cómo lo va a hacer con el parisismo después de las peleas que hemos visto. Además, la UDI tendría que soltarla para ir a buscar votos al centro político, cuestión que hasta ahora no ha hecho.

-¿Existe, a tu juicio, alguna posibilidad de que Bachelet no gane esta elección, como plantean algunos dirigentes de derecha?

– Creo que es una posibilidad ínfima. En un escenario realista la derecha tendría que darse por satisfecha pasando a segunda vuelta y perdiendo en diciembre con más del 40 por ciento de los votos. Eso es digno.

-En un escenario hipotético, ¿qué tendría que haber hecho Matthei para ganar en estos comicios?

-Ella toma la posta en una situación ya muy desventajosa. No sólo en términos de tiempo de campaña, sino que asumiendo el liderazgo de una coalición en estado político y anímico calamitoso tras la bajada de (Laurence) Golborne, la reñida primaria con mal perdedor y la dramática inhabilidad de (Pablo) Longueira. A eso súmele enfrentar al portaviones que significa Michelle Bachelet llegando de Nueva York como Mesías. Es cierto que Matthei pudo hacer las cosas mejor. De hecho partió bastante bien. Pero luego se empantanó asociándose a las posiciones más conservadoras de su sector. Sin embargo, yo la exonero de culpa significativa: a veces ni siquiera haciendo una gran campaña se puede revertir un escenario tan complejo.

A evitar los doblajes

-¿Cuál sería un resultado aceptable para la Alianza en la parlamentaria?

-Evitar los doblajes que emitirían las reformas que de acuerdo a la Alianza desmantelarían las vigas centrales del modelo en educación, salud, previsión, impuestos, Constitución.

-¿Qué posibilidades tiene la Alianza de sacar un resultado aceptable en esta materia?

-Con voto voluntario no me aventuro a hacer pronósticos. En las municipales me fue Malena con las predicciones.

-¿Cuánto influirá el desempeño de Matthei en las cifras de la Alianza en las parlamentarias?

-El sistema binominal permite que cualquier coalición pueda atrincherarse en su 35 por ciento duro y sacar un representante por circunscripción o distrito. Me imagino que lo que se le pide a Matthei es que sea capaz de defender ese refugio movilizando al electorado de derecha para que vaya a votar el domingo. Dicen que esa es la ciencia del voto voluntario: más que convencer a nuevos prospectos hay que asegurar la base propia.

-¿Tiene algún sentido el discurso del “terror” que ha aplicado Matthei en esta campaña, si es que la Nueva Mayoría logra algunos doblajes que le permitan hacer cambios?

-No creo que se juegue, como dicen desde la derecha, si vamos para adelante o para atrás. Es cierto que la señora Bachelet viene con un programa más bien autoflagelante, pero una cosa es la campaña y otra distinta es gobernar. Con guitarra en mano, poco tiempo y la necesidad de negociar reformas clave, tengo la impresión que será más bien pragmática. En cualquier caso el oficialismo tiene el derecho, creo yo, de decirles a los chilenos que sus números son mejores que los que tenía Bachelet o que el programa de la Nueva Mayoría no parece orientado al crecimiento económico. Eso podría ser cierto. Pero los chilenos no parecen urgidos por eso. La están eligiendo por otras razones. Entre ellas, por la promesa de mayor igualdad. Puede que la torta siga agrandándose, podrán pensar, pero al menos estará mejor repartida. En cualquier caso, la frustración de la derecha es comprensible: como gobernante Bachelet ni siquiera fue exitosa reduciendo la desigualdad o la pobreza.

-¿Cree posible que Bachelet pudiera ganar en primera vuelta?

-Es una posibilidad, claro. Pero con tanto candidato crece el universo electoral y se hace más difícil obtener mayoría absoluta de una vez. Matthei debería estar en torno al 30 por ciento. Si entre Marco Enríquez y Parisi hacen 20 puntos, la segunda vuelta es un hecho.

-¿Cómo queda la derecha en un escenario de primera vuelta?

-Hay que ver cómo queda en las parlamentarias para hacer la lectura completa. Pero es evidente que un triunfo de Bachelet en primer vuelta retrotrae a la derecha a su peor resultado desde el retorno de la democracia: Alessandri el 93. Quizás hasta sería bueno un descalabro electoral para hacer cirugía mayor que comience con el descabezamiento de las dirigencias partidarias, la apuesta por nuevos liderazgos, el diseño de una remozada narrativa intelectual y la elaboración de una estrategia de largo plazo para convertirse en una alternativa sustentable –y no esporádica– de gobierno. Ese es el gran desafío de la derecha después de esta elección. No pueden pretender obtener resultados distintos haciendo lo mismo de siempre con los mismos de siempre. Seguir viendo a (Joaquín) Lavín representando los colores de la derecha en los foros políticos es un síntoma de la urgencia de recambio. No dudo de las buenas intenciones de Carlos Larraín y Patricio Melero, por ejemplo. Pero es difícil pensar en actores políticos más desconectados con lo que está ocurriendo en Chile. El problema es que nadie se quiere ir. Y por eso la pregunta relevante es quiénes organizarán el asalto al poder en Suecia y Antonio Varas. Esperar a (Sebastián) Piñera puede ser una pésima estrategia. Los nobles conspiradores tienen que moverse desde ya para asegurar su posición cuando llegue el huracán Sebastián.

Link: http://www.elmostrador.cl/pais/2013/11/17/la-nueva-mayoria-ha-domesticado-la-furia-ciudadana-y-ofrecer-una-version-institucionalizada-de-ese-radicalismo/

¿IMPORTA CUÁNTOS CHILENOS VOTEN HOY?

noviembre 17, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de noviembre de 2013)

Desde 1989 las elecciones presidenciales en nuestro país han contado con una participación estable en torno a los 7,2 millones de chilenos. Como desde entonces los jóvenes prácticamente se dejaron de inscribir en los registros electorales, el padrón electoral se estancó generacionalmente en el grupo que votó en el plebiscito de 1988. Es más, en ese mítico referéndum votó más gente que en la elección que puso a Sebastián Piñera en La Moneda hace apenas 4 años. En lugar de ir creciendo de la mano con el aumento de la población, nos hemos ido achicando en términos electorales.

Las municipales fueron un balde de agua fría para aquellos que pensaron –pensábamos- que la inscripción automática renovaría el hambre democrática de la nación. Pero nunca había votado tan poca gente en relación al padrón: no llegaron a ser 6 millones. Vino la explicación: las elecciones municipales no calientan a nadie a diferencia de las presidenciales (en un país de tradición fuertemente presidencialista). Por lo tanto es razonable pensar que la prueba de fuego del nuevo sistema de inscripción automática y voto voluntario es hoy.

Sin embargo es bueno precaverse de dos interpretaciones: la triunfalista y la catastrofista.

La interpretación triunfalista dice que si el conteo final arroja más de 8 millones de chilenos el sistema político se mejoró de su enfermedad y ya no hay nada de qué preocuparse. Por cierto es una buena noticia que participe mucha gente. Pero hay que tener en consideración (1) que tenemos nueve candidatos presidenciales que como nunca cubren un arco ideológico de lo más amplio y variado. La mayoría de estas candidaturas se presentan como radicales críticas al modelo político y/o económico. Que sean capaces de juntar muchos votos es una señal de alerta para la elite y los partidos tradicionales. Y (2) que la figura de Bachelet es un fenómeno de masas con pocos precedentes en la historia de Chile. La adhesión que reciba el día de hoy le pertenece a ella y no es necesariamente transferible a las organizaciones que la respaldan. Sin Michelle, otro gallo les cantaría. Este es un punto a considerar si queremos celebrar la solidez de nuestras instituciones representativas.

La interpretación catastrofista dice que si votan menos de 7 millones la culpa la tiene el voto voluntario. La solución al problema pasaría, según algunos, por reponer rápidamente su obligatoriedad. Sin duda el voto obligatorio –sobre todo con sanciones duras para la abstención- contribuye a aumentar el grado de participación. La pregunta es si acaso es honesto deshacernos del termómetro porque no nos gusta que marque la fiebre. La baja participación es un síntoma del problema y no su causa. Esto no significa que no haya buenas razones para discutir sobre los méritos de uno u otro sistema electoral. Pero el argumento no puede agotarse en que la voluntariedad es sinónimo de baja participación y por eso debe  cambiarse.

Con la cabeza fría se pueden evitar ambas tentaciones. Si votan los mismos 7 millones y pico de siempre, al menos sabremos que la cantidad de candidatos o el voto voluntario no tuvieron efectos decisivos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-17&NewsID=245502&BodyID=0&PaginaId=13

TRES CLAVES Y UNA HIPÓTESIS PARA EL DOMINGO

noviembre 15, 2013

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 15 de noviembre de 2013)

Sin duda, el domingo la atención de todos estará puesta sobre los resultados electorales y sus consecuencias sobre el (des)balance de poder que generen entre las grandes coaliciones que han gobernado Chile desde el retorno a la democracia. No sin cierta ironía, la arrolladora ventaja de Michelle Bachelet en las encuestas amenaza con convertirse en un verdadero tsunami electoral para la Alianza.Sin embargo, dichos resultados son sólo parte de la historia. En lo que sigue, sugiero tres claves interpretativas que nos ayudan a poner en contexto dichos resultados, y así contribuir a evaluarlos correctamente. Dichas claves refieren a cuántos van a ir votarquiénes van a ir votar de qué forma votarán los que concurran a las urnas. A través de estas claves, quiero sugerir una hipótesis de mayor alcance respecto a nuestra política: más allá de los ganadores y perdedores del domingo, en las corrientes profundas de nuestra democracia parece estar gestándose, lentamente, un nuevo electorado y un nuevo mapa electoral que no responde a las categorías políticas e ideológicas tradicionales, con consecuencias insospechadas para el futuro de nuestra política. Pero veamos esto por partes.

1. Quiénes votan: El nivel de participación

No cabe duda que esta elección es la verdadera ‘prueba de fuego’ del voto voluntario, ya que la elección municipal – donde la participación bajó bruscamente de los 7 millones históricos a menos de 5,9 millones con las nuevas reglas – es al fin y al cabo una elección local, con menor relevancia y donde no es tan raro que haya alta abstención. Como se puede ver en el Gráfico 1, la participación histórica en las elecciones presidenciales – desde 1989 a la fecha – ha sido sumamente estable, fluctuando muy cerca de los 7,2 millones de votantes. Sin embargo, como al mismo tiempo la población mayor de 18 años ha crecido sostenidamente, la tasa de participación ha caído precipitadamente, desde cerca del 90% de participación en 1989 a alrededor del 60% en el 2009. Por ello, un criterio absolutamente mínimo de éxito para estas elecciones es que participen al menos los 7,2 millones de elecciones anteriores. Con unos 7,5-7,6 millones, podríamos afirmar que además se logró detener la caída libre en la tasa de participación (estabilizándola en torno al 60%), lo cual sin duda sería una buena noticia. Por último, si la votación supera los 8 millones, se puede hablar de un indubitable éxito. A pesar de que la mayoría de los analistas pronostica una participación de entre 7,5 y 8 millones, hay espacio para la duda. Por ejemplo, en la encuesta CEP de julio del 2012 un 50% de los chilenos decía que con seguridad iría a votar en las municipales de octubre y un 19% dijo que ‘probablemente’ lo haría. Finalmente, votó solamente alrededor del 47% del electorado. En esta ocasión, en la CEP más reciente (septiembre/octubre) los que dijeron que irían seguro a votar suman un 50%, con un 23% adicional diciendo que ‘probablemente’ vote. Las cifras son sospechosamente similares al año pasado, lo que podría estar anticipando una participación de bastante menos de 7 millones. En dicho caso, es dable esperar una revivida polémica respecto a la deseabilidad del voto voluntario, sobre el cual Michelle Bachelet ya dijo que había ‘cambiado de opinión’.

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 Por otra parte, mucho se ha especulado acerca de si una alta votación podría amenazar el triunfo en primera vuelta de Michelle Bachelet, bajo la idea de que el votante más proclive a quedarse en su casa es de derecha, y por lo tanto, si sale en masa a votar, se diluyen las chances de Bachelet de lograr el 50% más uno de los votos. Sin embargo, la última encuesta CEP no valida dicha hipótesis. Como se puede ver en el gráfico 2, entre los que ‘probablemente’ voten la intención de voto por Bachelet es similar a aquellos que con seguridad irán a votar. Asimismo, se advierte que una alta votación favorecería a Franco Parisi mientras que perjudicaría a Evelyn Matthei y Marco Enríquez-Ominami. Así, en un escenario de alta participación es más probable que Parisi supere a MEO, mientras que a menor votación, las chances de MEO de lograr el tercer lugar se fortalecen.

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 2. Quiénes votan

Desde luego, importa no sólo el tamaño total de la torta de votos sino también su composición. El domingo, los chilenos que escogerán al futuro Presidente serán sustancialmente más viejos y más alineados con las coaliciones tradicionales que el ciudadano promedio. Esto se debe a la dramática diferencia en participación por edad que exhibe hace tiempo la democracia chilena, con votantes ‘viejos’ – que votaron en el plebiscito de 1988 – participando a altas tasas y votantes ‘jóvenes’ – que no alcanzaron a votar – haciéndolo a tasas bajas. En el gráfico 3, se muestra, por tramo de edad, la tasa de votación declarada en las municipales del año pasado y la intención de votar ‘con seguridad’ en las presidenciales del domingo:

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 Como se puede apreciar, en la municipal pasada la participación de los mayores de 60 triplicó a la de menores de 30, y la duplica en intención de voto para el domingo. Este desbalance etario no es trivial en términos de sus consecuencias. Como puede apreciarse en el gráfico 4, el voto por las candidatas de las dos coaliciones tradicionales (aunque especialmente el de Bachelet) tiene un marcado sesgo pro-vejez. Así, a pesar que la identificación con los partidos políticos y coaliciones tradicionales es transversalmente muy baja, los mayores votan, a pesar de ello, por las candidatas de éstas. En cambio, entre los más jóvenes esa baja identificación partidaria tiene un claro correlato electoral: el voto por Parisi, MEO y Claude está fuertemente concentrado en dicho segmento. Esto sugiere que la capacidad de las coaliciones tradicionales de reproducir lealtades electorales a lo largo de las generaciones se está deteriorando rápidamente. No obstante, precisamente porque los más jóvenes son los más proclives a no votar, el efecto de su preferencia por candidatos alternativos se verá fuertemente atenuado a la hora del conteo de votos. Ello se ve corroborado por los datos del gráfico 5, que comparan la intención de voto para este domingo entre aquellos que votaron en la municipal pasada, y aquellos que se abstuvieron. Como se puede apreciar en dicho gráfico, la votación sumada de MEO, Parisi y Claude entre los que se abstuvieron es sustancialmente mayor que entre los que fueron a votar. Ello sugiere, pues, una conclusión paradójica: el voto voluntario, lejos de ser una fuerza revolucionaria, opera (para bien y para mal) como una fuerza eminentemente conservadora, que ayuda a sostener en el poder a las dos grandes coaliciones ante la escasa disposición de ir a votar de aquellos con menor lealtad hacia ellas.

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3. Cómo votan: la debilidad del voto programático

Una última clave para entender los resultados presidenciales es que las encuestas muestran una relativa pérdida de importancia de las posiciones políticas de los candidatos como factor ordenador de las decisiones de los ciudadanos. Por cierto, en un electorado donde aún perduran (especialmente entre los mayores) culturas políticas definidas, lealtades electorales adquiridas y divisiones profundas en torno a la dictadura (el clivaje Sí/No), no es de sorprenderse que el voto tanto de Bachelet como de Matthei esté compuesto principalmente por opositores y partidarios del actual gobierno, respectivamente. Esto se puede ver con claridad en el Gráfico 6. No obstante, si bien el voto de Matthei está compuesto en más de un 90% por personas que aprueban al actual gobierno, el voto de Bachelet es sorprendentemente heterogéneo, en cuanto casi un cuarto de los que aprueban el actual gobierno votaría por ella. Esto demuestra que el voto de Bachelet trasciende con comodidad las fronteras políticas habituales, y contiene con toda probabilidad un elemento importante de voto personal o no programático.

Con todo, acaso la mayor novedad esté en la composición ideológica de los votantes de las candidaturas ‘nuevas’, que como vimos están apoyadas principalmente por los jóvenes. Por ejemplo, la candidatura de Parisi es la tercera preferida entre aquellos que aprueban la gestión del gobierno, pero la segunda entre los que no la aprueban. Es algo más popular entre aquellos que sí aprueban al gobierno (un voto acaso más de centro-derecha ‘blanda’), pero la composición total de su voto se reparte casi en partes iguales entre partidarios y detractores del gobierno (ya que los segundos son más). Más heterogéneo aún es Marco, que a pesar de tener una agenda programática clara y explícitamente a la izquierda de Bachelet, recibe un apoyo casi idéntico entre partidarios y detractores del gobierno. Incluso Claude recibe aproximadamente un 20% de su caudal total de votos desde partidarios de la actual administración. (Por cierto, todos estos resultados son cualitativamente similares si usamos la encuesta CEP en vez de la UDP para estos cálculos).

En suma, podemos decir que tanto las estructuras ideológicas tradicionales, así como la potencia del clivaje Sí/No para orientar nuestra política, se encuentran notablemente debilitadas. Por ello, hay que tomar con precaución cualquier interpretación de los resultados del domingo que lea los resultados sólo desde el ‘mandato programático’ y no considere la disminuida capacidad de las categorías tradicionales de la política para iluminar el escenario actual.

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 Así pues, con un voto voluntario puesto a prueba por la cantidad de votantes, donde la participación juvenil será determinante para la suerte de las candidaturas alternativas y donde el clivaje Sí/No ayuda cada vez menos a entender el comportamiento electoral, parece estar configurándose un escenario de dos electorados: uno activo, más viejo y más leal a los clivajes y coaliciones históricas, y otro más joven, mucho menos participativo, sub-representado en las urnas, y con poca o nula lealtad a los actuales partidos y sus coaliciones. Si bien el triunfo de Bachelet será el dato principal del día domingo, no debemos perder de vista el lento pero inexorable reemplazo demográfico del primer electorado por el segundo, y los profundos cambios que éste puede traer a la estructura de competencia partidista que hemos tenido desde el retorno de la democracia. Debajo de la superficie de un nuevo triunfo presidencial y parlamentario de una ampliada Concertación, tanto a ésta como la Alianza bien podría estar acercándoseles su fecha de vencimiento.

Link: http://voces.latercera.com/2013/11/15/daniel-brieba/tres-claves-y-una-hipotesis-para-el-domingo/

CÓMO SER UN BUEN CANDIDATO Y NO MORIR EN EL INTENTO

noviembre 13, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de noviembre de 2013)

No es fácil ser candidato. Hacemos pebre a nuestros políticos pero a veces ignoramos las habilidades que se requieren para hacer ese trabajo. Yo he sido candidato en varias ocasiones: en el colegio, en la universidad, en movimientos políticos e incluso en una inédita primaria edilicia. Mis resultados han sido dispares: a veces me ha ido bien, otras veces me ha ido mal. En la sumatoria cargo con más derrotas que triunfos. Pero una que otra cosa he aprendido:

  1. Lo que uno piensa vs. lo que la gente quiere escuchar. Repartiendo volantes en el Parque Bustamante dos señoras me pidieron que prohibiera besos, caricias y abrazos en la vía pública. Las respetables veteranas pertenecían a una secta ultra puritana y condicionaban su voto a mi posición al respecto. Todo candidato enfrenta dilemas similares: o responden sin ambigüedades lo que realmente piensan (“me parecen estupendos los revolcones juveniles”) o bien acomodan el discurso para no cerrar la puerta a elector alguno (“sin duda la moral pública es una de mis principales preocupaciones”). Un ex candidato amigo me contó que en una población una dueña de casa le pidió pega para su hijo y que titubeó un instante antes de contarle que los diputados no eran agencias de empleo. Estuvo tentado de venderle el paraíso pero su honestidad pudo más. Probablemente perdió un voto.
  2. Voto hielo, agua y vapor. Los jefes de campaña obligan a los candidatos a optimizar el tiempo. Un candidato ineficiente en sus recorridos es un mal candidato. La regla básica es hablarle a la mayor cantidad de gente reunida en un mismo lugar. Quedarse pegado con un solo ciudadano es un crimen, por más que la conversación esté sacando chispas. Pero no sólo el número es importante. La calidad del receptor es fundamental. Existen tres tipos de electores: los que jamás votarán por ti, los que quizás votarían por ti si les dedicas tiempo de calidad y los que con apenas un empujoncito ya estarán marcando una raya en tu nombre. Hielo, agua y vapor, en jerga campañera. Saber distinguir estos especímenes es clave para optimizar la presencia y la saliva del candidato: al votante hielo hay que pasarlo de largo; el votante agua puede ser un buen negocio con cronómetro en mano; el votante vapor es chutear  y abrazarse.
  3. Inteligencia recortada. Otro buen amigo –actual diputado- me dijo hace muchos años que con sólo aparecer sonriente en un cartel tu inteligencia quedaba reducida al 50% de su capacidad. Lo he confirmado viéndome a mí y a otros en campaña. Pedir el voto a grandes cantidades de compatriotas no requiere argumentos sofisticados ni permite hacer matices intelectualmente rigurosos. La arenga electoral no se hace con pincel sino con brocha gorda. Ser demasiado inteligente puede ser incluso contraproducente cuando se trata de conectarse con el ciudadano común y corriente. Los que tratan de demostrar su seso quedan como pedantes. La gente suele votar por cuestiones bastante más emocionales. Moraleja: si tiene la suerte de tener un cerebro privilegiado, en este caso es mejor que pase piola.
  4. Guaguas con mocos. Hay dos lugares comunes en la vida del candidato que requieren ser sorteados con heroica entereza: la feria y el puerta a puerta. La feria es ese espacio mítico que reúne lo mejor de la experiencia urbana: economía de mercado a escala humana, comunidad de solidaridad vecinal y copucha de barrio. Entre calendarios repartidos a la rápida y tallas para llorar, el o la candidata se ve enfrentada a la difícil misión de abrazar y eventualmente besar guaguas ajenas que no paran de llorar. Si en lugar de lágrimas son mocos un buen candidato no se inmuta y sigue adelante. El puerta a puerta, por su parte, es una experiencia de proselitismo sólo comparable con la que desarrollan tenazmente los Mormones y los Testigos de Jehová.
  5. Dime con quién andas. La política es un zoológico, con animales y animalejos. Reconozcámoslo: hay que ser un bicho raro para estar tan metido en una actividad que la mayoría de las personas estima nauseabunda. Pero como en todos lados, hay personajes nobles y otros no tan nobles. El problema más agudo lo tienen las campañas que funcionan como imanes de entusiastas psicópatas o lunáticos de patio. Los candidatos a veces se encariñan con ellos pero deben tener presente el viejo refrán: una manzana podrida te puede echar a perder el cajón completo. Ciertamente no es fácil alejarlos cuando son soldados leales y hacen el trabajo sacrificado que otros no están dispuestos a hacer. Pero asesores conflictivos o adherentes cavernarios, a la larga, pueden restar antes que sumar.
  6. Calibrar la expectativa. Como en cualquier torneo deportivo, los aspirantes al título son muchos y muy pocos los que se prueban la corona. El próximo 17 de noviembre 1.796 chilenas y chilenos ofrecerán sus nombres para representarnos en la presidencia, el Senado, la Cámara de Diputados y los Consejos Regionales. Sólo serán electos 419. Un 77% de los postulantes se acostará esa noche masticando la derrota. Pero no para todos será amarga. Hay dos razones para competir en elecciones: algunos corren para ganar y otros cuando tienen buenas razones para perder. Muchos candidatos saben que la victoria es esquiva, pero aun así compiten porque quieren llevar un mensaje independiente del resultado. Calibrar correctamente la expectativa ayuda a enfrentar mejor el veredicto del pueblo.
  7. Siempre digno. Sabemos cómo se comportan los malos perdedores. No reconocen el triunfo del adversario, le echan la culpa al árbitro o a la cancha, piden que el partido se juegue de nuevo. Es la lección final pero fundamental que todo candidato debe aprender. En la gloria o la adversidad, siempre hay que mantener la dignidad y la estatura. Salir bien parado de una derrota bien puede ser el comienzo de una futura victoria. Perder con escándalo, por el contrario, es el camino más rápido para que hasta tus seguidores se avergüencen de haberte acompañado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-09&NewsID=244594&BodyID=0&PaginaId=32

LA ELECCIÓN CHILENA VISTA DESDE AFUERA

noviembre 10, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 10 de noviembre de 2013)

Los chilenos tenemos una fijación: queremos saber qué se dice de nosotros en el extranjero. El caso futbolístico llega a ser lastimero; nuestros corresponsales se las arreglan para meter el micrófono en medio de una conferencia para preguntar por el compatriota que jugó 5 minutos. Si alguno de nuestros héroes juega relativamente bien, al día siguiente los periódicos criollos son abundantes en descripciones de cómo la prensa de ese país cayó rendida ante los pies de un chileno. Después de esta odiosa observación no me pidan que les diga que en el exterior arrasa la bachelemanía, que los medios europeos están muy interesados en saber si gana ME-O o Parisi o si los analistas norteamericanos profetizan la debacle parlamentaria de la derecha. No, la verdad les importa bien poco. Sin embargo algo se ha dicho en los márgenes y como buen corresponsal en el extranjero yo procedo a contárselo.

En la mayoría de las pocas notas que he leído se repite esta pregunta: cómo diablos la candidata de La Moneda tiene tan mal pronóstico electoral si el Presidente Piñera ha comandado un gobierno que, según los números, ha sido exitoso. Recordemos que durante fines de los ochenta y principios de los noventa se habló del “milagro chileno” por nuestra capacidad de crecer económicamente a tasas altísimas. Entre Lagos y Bachelet los medios extranjeros dijeron que Chile se estaba pegando “una siesta”. Por eso a muchos les llama la atención que en el actual gobierno se haya recuperado la tendencia al alto crecimiento con bajísimo desempleo e inflación contenida, y aun así sea tan minoritaria la fracción de chilenos que quiere que la derecha siga en el poder. Especulan que la catarsis colectiva de los 40 años del golpe pudo haber sido letal para ese sector.

El segundo comentario en las revistas especializadas es cuán a la izquierda ha virado Michelle Bachelet respecto de su primera administración, que también es recordada por su inteligente manejo de las finanzas públicas frente a la crisis económica internacional. Algunos ven el vaso medio vacío y otros lo ven medio lleno. Los medios más conservadores, por ejemplo, se preguntan si acaso Chile bajo Michelle 2.0 está por tirar a la basura todo el trabajo realizado. Les asombra que sea tan aplaudido despotricar contra el modelo de desarrollo que según ellos es el responsable de una prosperidad inédita en el contexto Latinoamericano. Comentaristas menos pesimistas ponen acento en las movilizaciones estudiantiles –muy cubiertas en el exterior- como campana de alarma para empezar a repartir mejor la riqueza y construir una sociedad menos desigual en un país que parece haber superado las privaciones materiales más duras. Para ellos Bachelet es perfecta en el papel de reformadora porque la consideran moderada y pragmática, además respetada internacionalmente después de su paso por ONU Mujeres. Se apuran en señalar que Michelle no es Chávez: ser popular y ser populista no son la misma cosa, advierten.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-10&NewsID=244712&BodyID=0&PaginaId=19