NO HAY PEOR ASTILLA

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 1 de noviembre de 2013)

Corría octubre de 2009 y un leve pero inquietante temor se instalaba en el corazón concertacionista: según algunas encuestas existía la posibilidad que Marco Enríquez-Ominami superara al candidato oficial Eduardo Frei Ruiz-Tagle en la primera vuelta. En las semanas siguientes esa posibilidad se fue diluyendo. Del empate técnico que algunos ponderaban en torno al 24%, el senador DC levantaba tibiamente su intención de voto mientras ME-O bajaba unos cuantos puntos. El resultado de diciembre así lo confirmó: el candidato de la Concertación obtuvo el 29% de los sufragios contra el 20% del novel desafiante. Todo volvía a la normalidad: la segunda vuelta sería entre las dos grandes coaliciones que han venido disputándola desde 1999.

Cuatro años después ha ocurrido algo semejante pero en la otra vereda del espectro político. Hace un par de meses todo indicaba que Michelle Bachelet y Evelyn Matthei competirían en el ballotage, mientras ME-O y el debutante Franco Parisi se pelearían voto a voto el tercer puesto. A tres semanas de la elección presidencial la mayoría de las encuestas indican que Parisi ya superó al fundador del PRO y se acerca peligrosamente a la candidata Matthei. Según la última IPSOS el “economista del pueblo” ya estaría en 16% mientras la ex ministra del Trabajo no superaría el 22%. La medición de la UDP los ubica a sólo tres puntos de distancia. Una encuesta de radio Biobío limitada a la Quinta Región pone a Parisi en claro segundo lugar. Más allá de los números exactos, casi todas coinciden en que Parisi va en alza y Matthei se estanca.

Como es lógico, Parisi ha amplificado y exagerado estos resultados: “Caballo pillado es caballo pisado” ha dicho en reiteradas entrevistas (entendiendo que quiso decir ganado en lugar de pisado). Desde el comando de Matthei, como también es previsible, han desestimado las inquietantes cifras. Más de alguno, sin embargo, siente el mismo escalofrío que sufrió el comando de Frei frente a la amenaza ME-O. Parisi está teniendo para el establishment de la derecha chilena el mismo efecto destructivo que tuvo entonces Marco Enríquez para la Concertación.

“No hay peor astilla que la del mismo palo”, dice el refrán. ME-O fue vital para el colapso de la vieja estructura concertacionista. Básicamente porque la crítica siempre es más creíble cuando viene de adentro. No era Sebastián Piñera el más indicado para desnudar las falencias político-morales de un oficialismo agotado. Marco Enríquez jugó ese papel a la perfección. Reclamando su derecho a competir le reveló a los chilenos en qué se había transformado la otrora épica coalición del NO: en una organización apernada de defensas corporativas, bajo vuelo intelectual y escasa renovación de contenidos. La centroizquierda chilena tuvo que padecer a su enfant terrible después de haberlo mirado en menos. 

Si bien es cierto que Franco Parisi no puede alegar que no lo dejaron competir –aprendiendo de los errores de Camilo Escalona, Andrés Allamand y Carlos Larraín sí lo invitaron a participar de sus primarias- a la derecha le está pasando algo parecido con su incómoda candidatura. ¿Qué es lo que más molesta a derecha del fenómeno Parisi? Creo que hay tres factores claramente distinguibles. El primero es que su campaña le pega fuerte a la persistente cultura de apitutamiento que caracteriza a la política chilena y en especial a la derecha. Este año más que nunca, por ejemplo, la UDI recurre a “hijos de” para competir por varias diputaciones de la Región Metropolitana. En su particular estilo, Parisi les enrostra que su discurso meritocrático no tiene correlato con la realidad. En ese sentido lo que representa su candidatura no es muy distante de lo que trató de encarnar la fallida aventura presidencial de Laurence Golborne. Pero ahí viene el segundo factor de discrepancia: a la fronda aristocrática de nuestro país le simpatizan los independientes siempre y cuando sean manejables. Los caudillos mesiánicos, desde tiempos de O´Higgins, han sido resistidos por la elite. Parisi ha sido majadero en recordar que él no responde a los intereses de ningún grupo económico, agregando explícitamente que los partidos de la derecha sí. Un ají para la otra cultura del sector: el secretismo respecto a sus fuentes de financiamiento. Por último y como tercer eventual factor, el desenfado hedonista, ostentoso y aspiracional de Parisi está resultando más sexy para ciertos sectores jóvenes y medios –que en otros escenarios habrían votado por el postulante ofrecido por la derecha- que el acartonamiento mojigato y pseudoculposo de la derecha tradicional. El priapismo de ME-O revisitado.

Las reacciones del comando de Matthei en las últimas semanas delatan la latente incomodidad de la centroderecha con su más cercano perseguidor. La propia candidata de la Alianza se dedicó varios días a sacarle trapitos al sol en lugar de concentrarse en la puntera Bachelet. Suena una estrategia absurda en condiciones normales. Salvo que se hayan visto en la imperiosa necesidad de recurrir a que usualmente se conoce como campaña negativa para cortar las alas de Parisi antes de verse sobrepasados. En cualquier caso es poco probable que eso ocurra. Es cierto que la campaña de Matthei no ha sido particularmente bien dirigida y que la derecha se expone a una derrota abultada, pero su estado de descomposición anímica no es para tanto. Como ME-O a la Concertación, Parisi (sólo) les hará pasar un buen susto. Juzgue usted si un buen susto ya es daño suficiente. No hay peor astilla… 

Link: http://www.capital.cl/opinion/no-hay-peor-astilla/

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