¿IMPORTA CUÁNTOS CHILENOS VOTEN HOY?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de noviembre de 2013)

Desde 1989 las elecciones presidenciales en nuestro país han contado con una participación estable en torno a los 7,2 millones de chilenos. Como desde entonces los jóvenes prácticamente se dejaron de inscribir en los registros electorales, el padrón electoral se estancó generacionalmente en el grupo que votó en el plebiscito de 1988. Es más, en ese mítico referéndum votó más gente que en la elección que puso a Sebastián Piñera en La Moneda hace apenas 4 años. En lugar de ir creciendo de la mano con el aumento de la población, nos hemos ido achicando en términos electorales.

Las municipales fueron un balde de agua fría para aquellos que pensaron –pensábamos- que la inscripción automática renovaría el hambre democrática de la nación. Pero nunca había votado tan poca gente en relación al padrón: no llegaron a ser 6 millones. Vino la explicación: las elecciones municipales no calientan a nadie a diferencia de las presidenciales (en un país de tradición fuertemente presidencialista). Por lo tanto es razonable pensar que la prueba de fuego del nuevo sistema de inscripción automática y voto voluntario es hoy.

Sin embargo es bueno precaverse de dos interpretaciones: la triunfalista y la catastrofista.

La interpretación triunfalista dice que si el conteo final arroja más de 8 millones de chilenos el sistema político se mejoró de su enfermedad y ya no hay nada de qué preocuparse. Por cierto es una buena noticia que participe mucha gente. Pero hay que tener en consideración (1) que tenemos nueve candidatos presidenciales que como nunca cubren un arco ideológico de lo más amplio y variado. La mayoría de estas candidaturas se presentan como radicales críticas al modelo político y/o económico. Que sean capaces de juntar muchos votos es una señal de alerta para la elite y los partidos tradicionales. Y (2) que la figura de Bachelet es un fenómeno de masas con pocos precedentes en la historia de Chile. La adhesión que reciba el día de hoy le pertenece a ella y no es necesariamente transferible a las organizaciones que la respaldan. Sin Michelle, otro gallo les cantaría. Este es un punto a considerar si queremos celebrar la solidez de nuestras instituciones representativas.

La interpretación catastrofista dice que si votan menos de 7 millones la culpa la tiene el voto voluntario. La solución al problema pasaría, según algunos, por reponer rápidamente su obligatoriedad. Sin duda el voto obligatorio –sobre todo con sanciones duras para la abstención- contribuye a aumentar el grado de participación. La pregunta es si acaso es honesto deshacernos del termómetro porque no nos gusta que marque la fiebre. La baja participación es un síntoma del problema y no su causa. Esto no significa que no haya buenas razones para discutir sobre los méritos de uno u otro sistema electoral. Pero el argumento no puede agotarse en que la voluntariedad es sinónimo de baja participación y por eso debe  cambiarse.

Con la cabeza fría se pueden evitar ambas tentaciones. Si votan los mismos 7 millones y pico de siempre, al menos sabremos que la cantidad de candidatos o el voto voluntario no tuvieron efectos decisivos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-17&NewsID=245502&BodyID=0&PaginaId=13

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: