UNA VICTORIA MODESTÍSIMA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de noviembre de 2013)

Según los números fue una paliza por dónde se le mire. Michelle Bachelet obtuvo casi el 47% de los votos y la candidata Evelyn Matthei se ubicó a más de veinte puntos de distancia con sólo un 25% de los sufragios. La diferencia es tan grande que todo hace presagiar que la segunda vuelta será un mero trámite. Bachelet está a un paso microscópico de La Moneda y sólo la fantasía –o la fe religiosa- puede hacer creer que la derecha tiene alguna opción de retener el poder. Las posibilidades de crecimiento de Matthei son muy acotadas. La mayoría de los siete candidatos que quedaron en el camino tienen un discurso que los ubica a la izquierda de la propia Bachelet. El salvavidas pudo haber sido Franco Parisi, pero las relaciones entre la postulante aliancista y el “economista del pueblo” se agriaron en el camino. No hay por dónde.

El porcentaje de votos que obtuvo Evelyn Matthei supera apenas el peor registro histórico de la derecha, cuando Arturo Alessandri obtuvo el 24,4% frente al joven e imbatible Frei Ruiz-Tagle de 1993. Por tanto se salvaron jabonados del bochorno. Por cierto la culpa no es entera ni principalmente de la candidata. Las culpas son compartidas. A la ex ministra del Trabajo le tocó agarrar un fierro caliente después de una traumática sucesión de presidenciables caídos en desgracia. Si a eso le sumamos un gobierno marcando bajito en las encuestas de aprobación y una dirigencia partidista no exactamente talentosa, no es mucho más lo que se podía esperar. A todo ese coctel de infortunio súmele la estrategia de Matthei de salir a consolidar el voto más conservador de la derecha antes de ir a buscar el electorado más centrista o liberal.

Por cierto, también se puede mirar el vaso medio lleno: Bachelet no les ganó en primera vuelta. Haberla forzado al ballotage puede considerarse una modesta –modestísima- victoria, obtenida contra las expectativas que torpemente levantó el propio bacheletismo. De esta manera los incombustibles líderes de RN y la UDI evitan –una vez más- asumir los costos políticos que en cualquier país civilizado del mundo suelen asumir los responsables de una deficiente conducción. Probablemente no veremos pasos al costado por el lado de los viejos cracks ni arengas para disputar el control de sus respectivos partidos por el lado de las jóvenes promesas. Al zafar del descalabro, la Alianza corre el riesgo de no ver con claridad la necesidad de una cirugía mayor en su interior. La propia Matthei puede quedar vigente. Andrés Allamand habría ganado la senaturía por Santiago Poniente. El Presidente Piñera no se va jubilar voluntariamente. Todos miran al 2017. Como si nada hubiera pasado.

En el intertanto, el Congreso será el lugar donde la Alianza resistirá las transformaciones que trama Michelle Bachelet. La Nueva Mayoría no obtuvo todos los doblajes requeridos para pasar la máquina y deberá negociar las reformas más ambiciosas. La derecha volverá a desempeñar el papel al que llegó a acostumbrarse: ser oposición.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-18&NewsID=245589&BodyID=0&PaginaId=4

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