EL FUTURO DE LA CENTROIZQUIERDA

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 15 de noviembre de 2013)

En la pasada edición de Capital, Francisco Javier Díaz realiza una interesante clasificación entre las variantes ideológico-culturales de la derecha chilena que quedarían en condiciones de disputar el control del sector una vez perdido el poder. Varios analistas se preguntan cómo se rearmará el oficialismo cuando deje de serlo, especialmente si la debacle se traslada de lo electoral a lo político-moral. Sin duda es una excelente pregunta. Sin embargo en esta columna me gustaría preguntarle a la centroizquierda qué ocurre con ella una vez agotado el capital sanador de Michelle Bachelet. Me parece una interrogante justa, sobre todo cuando es evidente que su popularidad personal está desprendida de la valoración institucional de su coalición.

A diferencia de Díaz, no voy a hacer una taxonomía de la Nueva Mayoría. Me la jugar directamente por una teoría: el futuro (éxito) de la centroizquierda está en las manos de jóvenes como aquellos que integran el movimiento Revolución Democrática. ¿Muy entusiasta con la novedad? Evalúe los argumentos:

Históricamente en Chile las élites políticas comienzan a desplegar sus alas en la dirigencia estudiantil. La política universitaria en concreto ha sido un fecundo semillero. Revise las biografías de las figuras más relevantes de cada partido. El problema es que, desde hace un tiempo a esta parte, los partidos tradicionales de la ex Concertación prácticamente no existen cuando se trata de disputar las grandes federaciones. Véalo de este modo: cualquier universitario con legítimas ambiciones políticas y algo de olfato entiende que competir bajo los colores de juventud DC, PS o PPD es matar la magia. En la actualidad los estudiantes de izquierda construyen sus propias plataformas en condiciones de autonomía respecto de los partidos tradicionales. Sólo así son competitivos. La primera premisa de mi argumento es la siguiente: quien hoy posee cantera, mañana tiene primer equipo.

Vamos ahora de lo general a un caso particular. En la Universidad Católica el movimiento NAU! acaba de ganar su sexta FEUC consecutiva. Este colectivo sirve al dedillo como ejemplo porque ocupa justamente el espacio político que hasta hace una década ocupaban los grupos que se reconocían pro Concertación, con el gremialismo a un lado y una izquierda más radical al otro. Adicionalmente, los líderes del NAU! no carecen de vínculos con el mundo concertacionista. Su primer presidente, Miguel Crispi, fue hasta hace poco militante PS. El segundo, Joaquín Walker, todavía lo hace en la DC. El tercero, Giorgio Jackson, es apoyado por la Nueva Mayoría en su carrera a diputado por Santiago.

Lo llamativo es que al egresar de las aulas no partieron a engrosar los partidos de los padres sino que levantaron una casa propia: Revolución Democrática. Como todo proyecto que aspira a interpretar los tiempos, RD fija su hito fundacional y originario en las movilizaciones estudiantiles del 2011. En torno a ese petitorio -y a ese testimonio- se construye su relato ideológico y generacional. Para un joven de 25 años ya no sirve seguir girando eternamente contra la cuente corriente de 1988 y la épica de la recuperación de la democracia. RD actualiza el mito.

Pero eso no es todo: su novedad doctrinaria es que dentro de sus márgenes se difumina esa vieja separación de culturas cuya unión le dio sentido a la Concertación. Ya no se sabe dónde termina el humanismo cristiano y dónde empieza el humanismo laico. Ambas tribus culturales se han fusionado tras la larga convivencia de los padres en el poder.

Por todo lo anterior creo que el futuro de la centroizquierda les pertenece parcialmente a ellos. Sus líderes se han mostrado talentosos y pragmáticos a la hora de negociar. Realizan trabajo en terreno en varias ciudades del país. Apoyan las causas claves con las cuales la ciudadanía parece simpatizar. Y tienen una dinámica cantera que sigue ganando elecciones. De esa manera puede seguir construyendo músculo hasta que llegue el momento de correr con colores propios y marcar el ritmo del sector. ¿Acaso es otra la receta del éxito de la UDI?

En cualquier caso, falta todavía para que eso ocurra. Por los próximos cuatro años el calor de Michelle es suficiente para alejar las preguntas incómodas sobre el futuro.

Link: http://www.capital.cl/opinion/el-futuro-de-la-centroizquierda/

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