DE QUÉ SE RÍE CARLOS LARRAIN

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de noviembre de 2013)

Carlos Larraín tiene razones para sonreír. Su partido se jugaba mucho en la contienda senatorial por Santiago y emerge finalmente victorioso: Andrés Allamand superó a Pablo Zalaquett en el Poniente mientras Manuel José Ossandón despachó a Laurence Golborne en el Oriente. Ambos eran sillones históricos para la UDI. El primero de ellos lo ganó el patriarca gremialista Jaime Guzmán en 1989 y fue dos veces eficientemente retenido por otro tótem: Jovino Novoa. El segundo fue el escaño que en 1997 obtuvo Carlos Bombal sentenciando a muerte el proyecto liberal del propio Allamand y luego en 2005 defendido por el ya mítico Pablo Longueira. En 24 años, sólo Sebastián Piñera había sido capaz de ganar democráticamente para RN uno de esos codiciados asientos. Pero eso es pasado. Durante los próximos años serán dos conspicuos militantes de ese partido los representantes de la región metropolitana en el Senado. A través de ellos Larraín extiende su hegemonía en la tienda de Antonio Varas: Ossandón es su producto político y con Allamand viene tejiendo una alianza que se selló cuando Don Carlos, como le llaman en el partido, tomó su cargo como senador por Valdivia.

No sólo eso. Ossandón y Allamand son cartas presidenciales de la derecha mirando al 2017. El ex alcalde de Puente Alto lo ha hecho explícito. El otrora líder de la patrulla juvenil no necesita ni decirlo. Mientras Ossandón puede ufanarse, a-la-Longueira, que ha ganado todas las elecciones que ha disputado, Allamand se salva de una derrota que bien pudo haber sido una lápida para su carrera política. El primero se consagra en las grandes ligas, el segundo se rehabilita y obtiene un segundo –más bien un cuarto- aire. En el partido aliado, en cambio, las figuras de estatura presidencial escasean. El baúl de los coroneles huele a naftalina y las promesas tipo Golborne no pasaron la prueba de fuego.

Pero no sólo la UDI se lamenta. El propio Sebastián Piñera se muerde las uñas. Hasta tuvo que salir a contener el entusiasmo de Ossandón. No es secreto que le interesa la idea de volver a postularse. El poder es un vicio y cuatro años se hace poco. Sin embargo le salió gente al camino. Un contingente nada dócil, por lo demás. El trío Larraín-Allamand-Ossandón evitará a toda costa que el presidente retome el control de RN una vez que deje su alta investidura. El piñerismo no podrá volver en gloria y majestad en estas adversas condiciones. Ossandón ya se las cantó claritas: ellos prefieren la “vieja derecha” antes que las innovaciones doctrinarias que despliega La Moneda. Será un choque de trenes donde importará la capacidad de conectar con las bases pero también el espesor de las billeteras.

Ni la rebelión de Horvath puede robarle la satisfacción a Carlos Larraín. Poco puede importarle ahora que la candidatura de Evelyn Matthei se pegue un guatazo en segunda vuelta. No le va a tirar las orejas a nadie por irse de vacaciones. Su doble objetivo está cumplido: ganarle a la UDI donde importa y darle a entender a Piñera quién (todavía) manda.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-11-24&NewsID=246256&BodyID=0&PaginaId=15

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