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¿NEUTRALIDAD O PROMOCIÓN? EL GOBIERNO DE PIÑERA FRENTE A LA RELIGIÓN

diciembre 31, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Ciudad Liberal el 30 de diciembre de 2013)

el tintan Te-Deum

En una elocuente columna titulada “Estado laico, por favor. Estado laicista, jamás”  Gonzalo Oyanedel argumenta que la legítima aspiración de separar el poder político de la religión debe distinguirse de la tendencia a reemplazar a la religión por una especie de credo secular que expulsa las diversas expresiones de fe del espacio público. La ideología del laicismo, como la llama el autor, sería inherentemente hostil a la religión. Todo esto en el marco del debate acerca del pesebre instalado en La Moneda y en general del rol de los símbolos religiosos en la república.

Me ha parecido importante hacer algunas precisiones y he querido hacerlas desde este blog: me interesa especialmente que aquellos que se reconocen políticamente como liberales tengan los elementos de juicio necesarios para adoptar una posición en un tema tan candente como éste.

En primer lugar, lo correcto es plantearse la posibilidad de tener tres –y no dos- escenarios a la hora de describir cómo los gobiernos se relacionan institucionalmente con la religión: Estado religioso, Estado a-religioso y Estado anti-religioso.

El primero utiliza sus recursos para forzar a los ciudadanos de su territorio a practicar ciertos ritos y los castiga cuando se comportan como infieles. El caso más evidente es el de los Estados teocráticos islámicos. En ellos la idea de libertad religiosa suele ser extravagante. Pero también se cuentan en esta categoría los Estados que presionan o proselitizan a favor de una determinada confesión. Algunos la promueven en forma abierta y desenfadada, otros en forma más sutil y solapada. Para estar en esta categoría no se necesita abrazar un credo específico. Promover la religiosidad (aunque sea en general) por sobre la irreligiosidad como camino superior de desarrollo personal también es una conducta política típica de los Estados ligeramente pro-religiosos.

El Estado anti-religioso hace lo mismo pero al revés. Destina parte de sus recursos a promover una visión contraria a los valores típicamente religiosos. Fue el caso de regímenes comunistas como Albania y Cuba, en tiempos en los cuales los creyentes fueron perseguidos. Pero podría también ser el caso de un gobierno que sostenga en sus discursos oficiales que la fe es un mecanismo epistemológico débil y que vería con buenos ojos que sus ciudadanos abrazaran de una buena vez metodologías del conocimiento basadas exclusivamente en la evidencia y la razón. Es decir, un tipo de proselitismo ateo aunque sin coerción de ninguna especie.

El Estado a-religioso se distingue de ambos extremos porque no emite un juicio sustantivo respecto de la religión. Es lo que se ha llamado una posición neutral o imparcial al respecto. Este tipo de gobierno se lava las manos frente al problema metafísico y al debate entre creyentes y no creyentes respecto a las grandes preguntas existenciales del ser humano. Esto no quiere decir que no interactúe con la religión cuando sus organizaciones persiguen fines que también pueden ser calificados de seculares (ej. Obras de caridad, celebraciones culturales, regulaciones sanitarias, etc.). Aunque en todos estos casos puede ser acusado de promover indirectamente la religión, el punto es que no promueve ni desincentiva la creencia ni la práctica religiosa en sí misma (recordemos que el liberalismo no aspira a ser neutral en sus efectos sino imparcial en la justificación de las acciones del poder).

Tanto el columnista Oyanedel como varios comentaristas parecen aceptar que esta última es la posición correcta para el Estado chileno: un Estado laico en tanto neutral respecto de la religiosidad. Los liberales suelen adoptar esta posición prácticamente en todo el mundo. Por tanto se equivocan quienes asumen que la neutralidad es esencialmente hostil a la religión. Salvo para ciertas escuelas teológicas, no decir nada sobre la existencia de seres sobrenaturales es distinto que afirmar desde el gobierno que las deidades no existen.

Sería fácil despachar el asunto aquí. Pero es más complejo. Al interior de la teoría de la neutralidad estatal conviven distintas versiones. De hecho, pareciera que toda nuestra discrepancia ocurre dentro de sus límites. Lo simplifico presentando dos alternativas: a un lado, la neutralidad inclusiva o pluralista. Al otro lado, la neutralidad excluyente o aséptica. En ambos casos el gobierno no declara preferencia, pero su estrategia de imparcialidad es distinta. En el primer caso, los espacios públicos están disponibles para que las diversas denominaciones religiosas “compitan” por el alma de los ciudadanos y exhiban orgullosas sus creencias. Aplicando esta versión de la neutralidad al caso que nos convoca, el pesebre y el vía crucis serían bienvenidos en La Moneda toda vez que también se celebren en su interior las festividades judías, islámicas, budistas, mormonas, hare krishna etcétera. Lo relevante, para ser consistentes, es conservar celosamente el principio de no-discriminación. Entiendo que algunos católicos no quedarían contentos con esta solución bajo el argumento que sólo sus símbolos están vinculados a nuestra tradición histórica y cultural. No me haré cargo en propiedad del argumento cultural porque es harina de otro costal y nos saca de la dimensión estrictamente religiosa. Sólo diré que afirmar como verdad que el creador del universo tuvo un hijo a través de una joven virgen de la edad de bronce que fue anunciado por un ángel y que al nacer recibió la visita de tres reyes extranjeros que siguieron una señal divina en los cielos califica perfectamente como una pretensión religiosa y no meramente cultural. Sin la afirmación de entidades sobrenaturales estoy dispuesto a aceptar que cualquier fiesta de origen religioso puede preservar su faceta puramente cultural. Pero, por lo que he leído estos últimos días, entiendo que la mayoría de los cristianos chilenos acepta la idea de neutralidad incluyente o pluralista. Lo que les irrita es la otra versión de neutralidad: la excluyente. Ésta se construye sobre varios argumentos. Algunos dicen que siendo imposible darle espacio a todas, lo justo es no dárselo a ninguna. De ahí que la imparcialidad real sea aséptica. Otros dicen que la religión es un asunto primordialmente privado: sus expresiones pertenecerían al hogar o a la iglesia, no a las instituciones públicas, las que por esencia están llamadas a evitar los símbolos divisivos y construir una identidad cívica común. Finalmente, otros consideran que la neutralidad excluyente es la única posición que respeta al no-creyente. La razón es simple: la neutralidad inclusiva abre amistosamente sus puertas a la religión pero ateos y agnósticos no estarían invitados a ese carnaval… ¿con qué ritos y símbolos participarían?

Acepto que la decisión entre la neutralidad inclusiva y la neutralidad excluyente no es fácil de tomar. Buenos y malos argumentos se han presentado para sostener ambas teorías. Lo que descarto es que la neutralidad excluyente sea culpable de los males que le achaca Oyanedel. La libertad religiosa queda perfectamente preservada si por espacio vedado a la religión entendemos una esfera pública delgada que incluya sólo edificios de alta expresividad simbólica. Es implausible que el Presidente Piñera pueda alegar falta de libertad religiosa porque no lo dejan instalar un pesebre gigante en el patio de La Moneda. Esa misma construcción delgada de espacio público reservado posibilita que los creyentes puedan hacer uso de todos los otros espacios públicos no reservados para manifestar sus convicciones religiosas. Piense en plazas, parques, calles, transporte y servicios públicos, etcétera. Por tanto también es desatinada la acusación de que esta versión da “un paso en falso en el fortalecimiento de la identidad de las personas”.

Termino esta reflexión, sin embargo, yendo más allá. Lo que hace el gobierno de Sebastián Piñera con el despliegue de símbolos y discursos religiosos en y desde La Moneda se parece mucho a lo que hacen los Estados que promueven sutilmente la religiosidad y NO a lo que debiera hacer el Estado laico, neutral y pluralista que le gustaría a Oyanedel (y a muchos liberales, por cierto). El Presidente no instala el pesebre pensando en su valor cultural ni en que el mensaje de la natividad cristiana sea imparcial. Lo hace para respaldar y promover una determinada visión religiosa. Así lo ha confirmado una y otra vez el propio Piñera. Al salir de la misa -oficiada en La Moneda- nuestro Presidente declaró sobre la fecha que “lo más importante es el nacimiento de un niño que cambió para mejor y para siempre nuestras vidas”… ¿No es acaso una declaración de contenido religioso? En teoría no hay problema alguno con que el Estado laico, neutral y pluralista reconozca la diversidad religiosa en el espacio público; lo que debe restringirse de hacer son endorsement de cualquier tipo de religiosidad. Soy de la opinión que este gobierno hace exactamente eso y nuevamente las palabras del Presidente me ayudarán a sacar de la duda a los escépticos. A propósito de la celebración navideña del año 2011 (y de la misma polémica), Piñera afirmó que “el Gobierno es tolerante y respetuoso de la libertad de culto (…) Pero eso no significa que el Gobierno sea neutral respecto de la espiritualidad. Hubo un tiempo en que daba la impresión que si uno era autoridad pública no podía hablar de Dios (…) Este es un Gobierno que cree firmemente, al menos como Presidente, como creyente, aunque pecador, en el valor de la espiritualidad y es por eso que buscamos promoverla y hablar de Dios“. Puedo aceptar que la idea de espiritualidad religiosa de Sebastián Piñera sea lo suficientemente ecuménica como para incluir varias denominaciones religiosas, pero evidentemente está utilizando su especial tribuna para promocionar la religiosidad por sobre la irreligiosidad. De esta manera viola incluso la neutralidad a la cual aspiran los partidarios del Estado laico pero incluyente. Oyanedel debería estar conmigo en esta.

Con sorpresa, en los últimos días he descubierto que hasta connotados pensadores comunitaristas como Charles Taylor son de la misma idea. Comentando sobre un discurso de Nicolás Sarkozy –que en líneas generales sostiene que la auténtica plenitud humana elude a quienes no abrazan una visión trascendental de la vida- Taylor reconoce que esas palabras son difíciles de reconciliar con el igual respeto que las autoridades políticas deben transmitir a creyentes y no creyentes. Agrega “aunque el ciudadano Sarkozy es obviamente libre de sostener dichas creencias, ellas son más problemáticas cuando son pronunciadas por el presidente de la república en el ejercicio de sus funciones”.

Me he alargado más de la cuenta. Espero que el punto –lo compartan o no- haya quedado claro a estas alturas.

Link: http://www.ciudadliberal.cl/neutralidad-o-promocion-el-gobierno-de-pinera-frente-la-religion/

L.U.N. POLITICAL AWARDS 2013

diciembre 29, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 29 de diciembre de 2013)

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No son los APES ni los Altazor, pero en LUN la fauna política también tiene festival. Y premiación. A continuación los mejores del año que termina.

Premio Julio César

Después de dos años con figuras nuevas en el escenario –Camila Vallejo en 2011 e Iván Fuentes en 2012- el reconocimiento al personaje rutilante del 2013 recae sobre un nombre conocido: MICHELLE BACHELET JERIA. Como el legendario fundador del imperio romano, Michelle bien puede celebrar el año nuevo con sus palabras: Vini, Vidi, Vinci. Aterrizó desde Nueva York y participó en tres elecciones consecutivas. Las tres las ganó por masacre y no se le movió un pelo. Virgen de la Nueva Mayoría, patrona del socialismo a la chilena, madre de las expectativas, ruega por nosotros.

El Novato del Año

Es el premio a la revelación del año. O como dicen en la NBA, al Rookie de la temporada. El jurado le otorga esta distinción a FRANCO ALDO PARISI. Aunque lleva en las pantallas algo más de tiempo, el 2013 fue el año de su despegue nacional. Lo que partió como una humorada terminó en un nada despreciable 10% de los votos de la elección presidencial. Para algunos fue una brisa de aire fresco, para otros un destello de populismo. Como sea, se las arregló para amargar la campaña de la derecha. Los otros nominados son Roxana Miranda y Alfredo Sfeir.

Premio Estrella Fugaz 

Este reconocimiento recae sobre el actor político sobre el cual recaían grandes esperanzas y terminó siendo finalmente una decepción. En forma inapelable el jurado consideró que LAURENCE GOLBORNE RIVEROS debía llevarse este galvano. Partió el año con cartel de estrella, salvador de mineros y candidato presidencial competitivo. En el transcurso del 2013 le sacaron viejos trapos al sol, lo bajaron de la primaria de la derecha sin que pudiera reaccionar y terminó incluso perdiendo la senatorial por Santiago Oriente, que parecía accesible para su tonelaje. Un poco más lejos se ubicó el beato Claudio Orrego Larraín.

Premio Pepe Cortisona

Es el equivalente al tradicional premio limón que se ganaba Marcelo “Chino” Ríos en los torneos que participaba, pero aplicado a la elite política chilena durante el 2013. Una rápida revisión de la prensa bastó para adjudicárselo al senador electo ANDRES ALLAMAND ZAVALA. Su gran mérito fue haber peleado con todos los seres vivos de su entorno. Boxeó a Golborne para dejarlo fuera de carrera, pateó el tablero cuando le ganó Longueira, le aserruchó el piso a su protegida Catalina Parot, se hizo el lindo cuando Evelyn le pidió ropa y recientemente mandó a freír monos al propio Presidente Piñera y sus ministros. El segundo lugar, que recibe un magnífico Chupete de Fierro, lo obtiene el presidente del PS Osvaldo Andrade.

Premio Iván Zamorano

Corría 1994 y Jorge Valdano no quería a nuestro Bam Bam en el Real Madrid. Pero el chileno se quedó con el puesto y se consagró Pichichi a puro ñeque. En su honor se instaura esta categoría que premia al político con menos talento pero con más entusiasmo. En reñida pelea, se lo lleva el senador electo IVÁN MOREIRA BARROS. Quería ser candidato en Santiago y él mismo se hacía barra con carteles que le decían “Grande Moreira”. Lo cortaron y lo mandaron a pelear solo en el sur. Allá partió a evangelizar Iván, Biblia en mano, y regresó a Valparaíso con el escaño senatorial en el bolsillo. Mención honrosa para la mismísima Evelyn Matthei, que tomó un fierro caliente y batalló hasta el final contra todos los pronósticos.

Premio Rosa Espinoza

Tres mujeres se disputaron fuertemente la final de la categoría Boquita de Señorita: Evelyn Matthei, Marta Isasi y Roxana Miranda. Sin embargo un candidato de última hora las aventajó a todas y se quedó con la (dudosa) distinción: el reelegido diputado socialista FIDEL EDGARDO ESPINOZA, que ya hace unos años se había hecho famoso dirigiendo un poco elegante “momia CTM” a una de sus colegas en la Cámara, esta vez arremetió con la vocera de Gobierno (tratándola de “imbécil”) por Twitter y se ganó una denuncia de las propias mujeres socialistas por declaraciones supuestamente machistas. Se hacen gestiones para que la entrega del premio la realice el directorio de Comunidad Mujer.

Premio a la Trayectoria

Reconocimiento a la trayectoria de grandes hombres públicos que ya no están con nosotros. Pero no porque hayan fallecido: este año hubo muertos en vida que tuvieron más epitafios que Nelson Mandela. Puntea la tabla el ex diputado, ex senador, ex ministro, ex candidato presidencial y ex político PABLO LONGUEIRA MONTES. Una severa depresión clínicamente diagnosticada le robó parte de su energía vital. Recientemente anunció que se retiraba del juego del poder. Todos se deshicieron en elogios como si se tratase de un velorio. A Harald Beyer también le propinaron lo que algunos llaman una “muerte política” con la acusación constitucional. Pero sólo lo lloraron los propios y una alianza de apoyo transversal de académicos.

Bonus track: las mejores frases del 2013

Son muchas pero nos vemos obligados a dejar las más representativas del acontecer político 2013. La terna la inaugura el “Paso” de Bachelet cuando se le pregunta por el gobierno de Piñera. Simboliza en dos sílabas una estrategia de campaña brillante donde el silencio y la ambigüedad fueron manejados con maestría. La segunda es del propio Presidente, quien refiriéndose a sus compañeros de coalición sentencia “hay muchos que fueron cómplices pasivos” respecto de las violaciones a los DDHH cometidas en dictadura. Piñera corona así el septiembre negro de la derecha, la catarsis de los 40 años y raya la cancha en su sector. Cerramos con Roxana Miranda, la más florida participante de los debates, que no sólo rebautizó a la Nueva Mayoría como la “Nueva Pillería” sino que además graficó el áspero tenor del diálogo político cuando encaró al resto del panel: “Señor Parisi, no queremos Porsche. Señora Bachelet, no queremos bonos. Señora Matthei, no queremos represión”. Elija su preferida.

Link:  http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-29&NewsID=249850&BodyID=0&PaginaId=16

¿SE DESANGRA RN?

diciembre 27, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 27 de diciembre de 2013)

Corría el año 2010 y el presidente de Renovación Nacional se debatía en una encrucijada: seguir o no seguir conduciendo el partido. Si hubiese tomado la decisión de llegar hasta ahí, habría completado 4 fructíferos años. Recordemos que Carlos Larraín sucedió al veterano Sergio Díez, quien a su vez asumió de emergencia ante la remoción de Sebastián Piñera de la testera ordenada en 2004 por el entonces líder unitario Joaquín Lavín. Eran tiempos difíciles para el partido de calle Antonio Varas y don Carlos le puso el hombro. No sólo reorganizó y vigorizó a sus alicaídas huestes –para sorpresa de muchos- sino que además se dio el lujo histórico de instalar democráticamente a un correligionario en La Moneda. No tengo en la memoria otro presidente de un partido de derecha que haya logrado eso, habiendo sido don Jorge Alessandri un celoso independiente. Pero le tocaron la oreja, como le gusta decir en su estilo campechano, y se quedó para demostrar que podía ganarle a su competencia interna.

No fue una buena decisión, podemos asegurarlo en retrospectiva. Por tres razones principales. Uno, porque la relación de RN con su propio gobierno fue derechamente mala y en eso la conducción de la mesa tuvo mucho que ver. Dos, porque Carlos Larraín termina su cuarto período bianual con un partido absolutamente desorientado en términos políticos que hace noticia por las renuncias que sufre. La tercera, más profunda, es porque el larrainismo terminó por sepultar la expectativa de transformar a RN en el partido liberal que le hacía falta a la derecha chilena para crecer hacia el centro, al no sacudirse nunca las amarras pinochetistas y negarse a apostar fuerte por la renovación del sector. Voy a profundizarlas a continuación.

El error de cálculo de Piñera

Cuentan que en 2010 el Presidente Piñera estaba muy pendiente de lo que ocurría en su partido. Intuía –con razón- que convivir con Carlos Larraín sería una pesadilla. No es un misterio que la relación entre ambos no es buena. Por lo mismo el primer mandatario habría preferido una conducción más leal al oficialismo, más afín a su tendencia y más funcional a su agenda. Algo parecido a lo que encontró Michelle Bachelet en Camilo Escalona en los días más duros de su primer gobierno: un aliado dispuesto a pagar todos los costos por defenderla. Cualquier cosa menos una república independiente, como diría Carlos Peña, incapaz de “domar su subjetividad”. Sin embargo eso fue lo que tuvo: a Larraín en estado de asamblea permanente, receloso y despechado, sin entender jamás que los roles institucionales cambian cuando se pasa de la oposición al gobierno. Dicen que Piñera hizo esfuerzos por alentar el recambio en su partido desde el segundo piso, consultando con sus amigos personales y sus cuasi-liberales diputados, pero todas las alternativas le fallaron. Nadie estuvo a la altura para desafiar al patrón de RN. Era vital tener un piñerista a la cabeza de su partido. De haber sabido cómo terminaba la historia, quizás habría redoblado esos esfuerzos.

El éxodo

Esta historia lleva años: un grupo de militantes RN se iría del partido por diferencias ideológicas –y personales- irreconciliables con Carlos Larraín. Sin embargo, siguen ahí. Con sistema binominal, los partidos tienen el sartén por el mango. Simple y brutal: los que se van pierden el cupo. Bien lo sabe el –todavía- senador Carlos Cantero. Por eso los motines se han contenido. La idea vuelve a tomar fuerza cada vez que los parlamentarios aseguran su reelección. Esta vez no ha sido la excepción. Se rumorea que el éxodo incluiría figuras connotadas del Senado y la Cámara. Ver para creer. Pero las primeras señales están: hace unos meses fue el histórico Daniel Platovsky quien puso fin a 20 años de militancia. Hace unos días fue el turno del senador Antonio Horvath. Luego vino la renuncia de la ex diputada Carmen Ibáñez y del director ejecutivo de Horizontal Hernán Larraín Matte*. Todos unos pipiolos comparados con los dirigentes de la actual mesa directiva. La hipótesis más fuerte es que varios de ellos se rearticularían en otro espacio político que tendría a Sebastián Piñera como líder natural. Al fin tendría expresión orgánica la famosa “nueva derecha” que hasta hoy ha sido un espejismo. Si ello ocurre, RN pierde parte importante de su teórico atractivo: la diversidad interna. Sin el piñerismo, la tienda de Antonio Varas se vuelve insípida. La paradoja está a la vista: para retenerlos, el larrainismo debe ceder o al menos compartir el poder.

*Días después de enviada esta columna, se sumaron explícitamente a la posibilidad de abandonar RN los Ministros de Estado Cecilia Pérez y Bruno Baranda. Habrían manifestado la misma idea los Ministros Rodrigo Hinzpeter y Juan Carlos Jobet.

El factor Evopoli

La equivocación histórica de RN es no haber asumido que el crecimiento de la UDI los obligaba a buscar nuevos horizontes hacia el centro político. Confundieron la derrota electoral de Allamand en 1997 con la inviabilidad de un proyecto liberal que nunca se apagó del todo. Era cuestión de tiempo para que la marea fuese más propicia. El lavinismo se agotó a los pocos años. La dictadura se siguió devaluando progresivamente. Llegaron nuevas generaciones más abiertas de mente que sus padres. Pero cuando todos esos factores se combinaron, los jóvenes liberales encontraron al PPD virando hacia a la izquierda y a Carlos Larraín presidiendo RN. Como dato anecdótico, parte importante de los adherentes del movimiento Red Liberal –que apoyó a Andrés Velasco en las primarias- provienen justamente de ese partido. Sin embargo la pregunta más interesante no es cuantos se han ido sino cuántos han dejado y van a dejar de ingresar a RN para engrosar, por ejemplo, las filas de otros movimientos como Evopoli. Con toda justicia un joven de centroderecha liberal podría preguntarse qué espacio político tendrá más futuro y será más proclive a sus ideas. Si sigue bajo la hegemonía larrainista, la respuesta difícilmente es RN. Como muestra un botón: cuando en septiembre del presente año un grupo de académicos –muchos de ellos vinculados a ese mundo liberal y entre los cuales me cuento- firmó una carta solicitando que los partidos de derecha revisaran la adhesión al Golpe que consignan sus declaraciones de principios, Carlos Larraín les dio un elegante portazo. En síntesis, finalmente parecen habérselas ingeniado para extirpar toda posibilidad de convergencia liberal al interior de sus paredes, fenómeno que terminará ocurriendo fuera de ellas.

Por cierto, RN sigue siendo un partido grande y respetable. Incluso sin el piñerismo, tiene figuras de estatura nacional como Andrés Allamand y monstruos electorales como Manuel José Ossandón y Francisco Chahuán. Aunque no es la UDI, tiene una respetable estructura territorial y –a diferencia de sus socios- sus bases sí están acostumbradas a la democracia interna. Sus raíces históricas son profundas y se conectan mejor que el gremialismo con la tradición de la derecha chilena del siglo XX. Su contribución a la transición es innegable. Activos no le faltan. Y sin embargo, parece que se desangra.

Link: http://www.capital.cl/opinion/se-desangra-rn/

EL PROBLEMA DE TENER UN PESEBRE EN LA MONEDA

diciembre 22, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de diciembre de 2013)

¿Hay algún problema con que el gobierno haya instalado un pesebre gigante de 14 millones de pesos en La Moneda? Sí, lo hay. La escena de la natividad no es una imagen vacía de contenido, ecuménica o meramente cultural. Posee una innegable dimensión metafísica y teológica. Celebra el hito más importante de los cristianos: nada menos que el nacimiento de su dios. ¿Por qué es problemático que este gobierno proclame a los cuatro vientos cuál es preferencia en asuntos de fe? Porque las democracias liberales y seculares han llegado a la conclusión que no es bueno usar la política para promover una visión religiosa sobre las demás. Al auspiciar la narrativa que emana del pesebre, el estado de Chile viola su deber de imparcialidad o neutralidad religiosa. El Presidente Piñera ni se arruga cuando se lo señalan. Ha reconocido honestamente que el suyo no es un gobierno neutral en estos asuntos porque aparentemente sería mejor creer en alguna deidad que no hacerlo. Usando los recursos discursivos y simbólicos que entrega la tribuna del poder, lo que hace el gobierno es trazar una diferencia impropia entre creyentes y no creyentes. Ateos y agnósticos no serían merecedores del mismo respeto por parte de sus agentes.

¿Estoy siendo muy exagerado? La verdad es que no. Este es un tema polémico en todo el mundo occidental que asume ciertos grados de separación entre el estado y la iglesia. En Estados Unidos las cortes de justicia ya han ordenado a varios organismos públicos retirar pesebres navideños y escenografías con los diez mandamientos. En casi todo el mundo, por el contrario, se considera que el árbol de navidad no es necesariamente un ícono de adhesión religiosa ni una manifestación evidentemente teísta. Como el Viejo Pascuero, el pino adornado ya se ha secularizado lo suficiente. Ambos entraron al acervo cultural compartido. No habría inconveniente, por tanto, con los hermosos árboles iluminados que se instalan en las plazas y explanadas de oficinas públicas a lo largo de Chile. El caso de los villancicos en escuelas pertenecientes al estado ha sido más peleado: es difícil saber dónde termina la alegre expresión artística y empieza el proselitismo religioso solapado.

¿Es acaso intolerancia reclamar por el pesebre en La Moneda? Para nada. Intolerancia sería restringir la libertad religiosa de las personas en su espacio social y/o privado por el simple hecho de desagradarnos. Pero aquí nadie le está pidiendo al Presidente ni a sus Ministros que dejen de adorar a su constelación de deidades. Lo que se les dice –una vez más- es que hay ciertos espacios públicos que por su inherente capacidad expresiva deben ser gestionados más cuidadosamente. Ya ocurrió hace unos años cuando la hermana del electo senador Ossandón arrimó una tremenda virgen en las dependencias de la JUNJI. Ahora se trata nada menos que de la Casa de Gobierno. Y para peor, el endoso religioso se hace con plata de todos los contribuyentes.

Es de esperar que el regreso de Michelle Bachelet restablezca el deber básico de neutralidad capaz de transmitirle a todos –creyentes y no creyentes- el respeto debido.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-22&NewsID=249109&BodyID=0&PaginaId=11

EL SEGUNDO PLATO DE MICHELLE

diciembre 18, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de diciembre de 2013)

En una versión remozada, la vieja Concertación vuelve al poder. Cuenta con dos activos potentísimos. El primero es Michelle Bachelet. La presidenta electa sigue siendo propietaria de un capital político personal e intransferible como lo han tenido pocos dirigentes en la historia de Chile. El segundo es haber timbrado las demandas del llamado movimiento social. Desde Camila Vallejo hasta Iván Fuentes, todos caben en el amplio paraguas de la Nueva Mayoría. Las claves del éxito, al menos en una primera etapa, están en saber cómo jugar estas dos cartas de triunfo.

Respecto de Bachelet, todo indica que la estrategia será volver a blindarla como en la segunda parte de su anterior gobierno. A diferencia del Piñera de parca roja metido en todas las chuchocas, doña Michelle no sirve para la patada y el combo. Es una Jefa de Estado más que una Jefa de Gobierno. Pero para sobrevivir en la torre de marfil se necesitan leales soldados dispuestos a ofrecer su pecho a las balas. La conformación de su gabinete nos dirá quiénes serán los encargados de representarla en la desgastante refriega del día a día. No es tarea sencilla: deberá encontrar el equilibrio entre la ambición de los impopulares partidos y la necesidad imperativa de caras nuevas.

La nueva presidenta sabe que las expectativas son altas y hay que aprovechar la luna de miel que suelen tener los mandatarios en los primeros meses después de asumir. Aprovechando la legitimidad de las demandas estudiantiles, una buena jugada sería partir por hincar el diente ahí. Si lo hace mata varios pájaros de un tiro: abrocha una alianza parlamentaria con los ex líderes universitarios y desactiva la pólvora de la calle, aquella que le amargó la vida –y le botó un par de ministros- a mediados de 2006. La cuestión constitucional puede esperar para el segundo tiempo. Por un lado, es un tema árido que todavía requiere socialización (educación gratuita es un eslogan mucho más fácil y pegajoso); por el otro lado, porque la tentación de hacerla corta puede terminar en un texto aprobado por vía parlamentaria matando a los poetas de la asamblea constituyente.

Más que eso es difícil aventurar. El programa apenas define prioridades. Un buen gobierno se define en su capacidad de controlar la agenda y de salir jugando cuando le apedrean el rancho. Quizás en este minuto se están incubando las crisis que va a enfrentar Bachelet en dos años más. La señora ya se las arregló una vez y probablemente lo haga de nuevo. Los que se repiten el plato conocen mejor el sabor. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-17&NewsID=248590&BodyID=0&PaginaId=14

NUEVOS ACUERDOS PARA UN NUEVO CICLO POLÍTICO

diciembre 17, 2013

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 16 de diciembre de 2013) 

Con los votos de la segunda vuelta ya contados, finalmente se ha consolidado el significativo cambio en el balance de poder ya anticipado en la elección de noviembre. La Nueva Mayoría ha conquistado inapelablemente el gobierno, a la vez que logró holgadas mayorías en el Congreso, que le permiten aprobar una reforma tributaria y la ponen a un tris de poder aprobar una profunda reforma educacional. Sólo para la reforma constitucional requiere buscar verdaderos consensos transversales con la oposición. Ante este escenario, ambas coaliciones  deben preguntarse qué estrategia seguir frente al escenario que avecina- uno donde la Nueva Mayoría tiene la iniciativa y buena parte de las fichas, pero donde la Alianza está lejos de ser irrelevante, en especial dada la ambición, extensión y profundidad de las reformas que quiere acometer la Nueva Mayoría.

Para esta última, el dilema muchas veces ha sido planteado como uno entre imposición y entreguismo, es decir, entre la opción de ejercer la mayoría sin dar mucho espacio real a las opiniones de la oposición, o bien abrirse a buscar acuerdos y arriesgarse en ello a entramparse en una compulsión a la ‘acuerditis’ donde la mayoría y la minoría terminan cogobernando. No cabe duda de que en sectores importantes de la Nueva Mayoría, cansados del eterno poder de veto en temas importantes que los dispositivos constitucionales le entregaron a la Alianza, hay poco ánimo por la segunda opción, que es vista como una renuncia al mandato entregado por la ciudadanía. Así, si la transición consistió en pasar del ‘avanzar sin transar’ al ‘transar sin parar’, el fin de aquélla marcaría la hora de empujar el péndulo nuevamente hacia la primera opción. Pero evidentemente la dicotomía entre estas dos opciones es un dilema falso, en cuanto asume que o se transa, o se manda. Se olvida así que el poder es mejor usado mientras más invisible se vuelve, que la persuasión genera menos resistencia que la amenaza, y que no por negociar se renuncia a la ultima ratio de los votos, que siempre estarán disponibles en caso de necesitarse.

Por cierto, consideraciones de largo plazo también apuntan en dicha dirección: todos sabemos que una reforma fruto de acuerdos transversales tiene mejores chances de sobrevivir en el tiempo que cuando es fruto de un acto unilateral, amén de que también son más fáciles de implementar y de hacer cumplir. Dada la naturaleza estructural de las reformas buscadas por Bachelet, el riesgo de ser revertidas en 5 o 10 años si los vientos políticos cambian parece demasiado alto como para no hacer el esfuerzo de dotarlas de la mayor legitimidad posible. Y por cierto, una lógica de imposición haría improbable que la Alianza esté dispuesta a negociar en aquellos puntos donde sus votos sí son necesarios.

Pero evidentemente, una estrategia de esta naturaleza requiere bailar de a dos. Si en vez de dialogar la Alianza se cierra sobre sí misma a la espera de mejores tiempos, no hará sino darle la razón a las facciones más maximalistas y menos pacientes de la Nueva Mayoría. Una lógica de agudización de los conflictos podría inducir una espiral de polarización política y social que seguramente favorecería a los extremos de cada coalición, pero al costo de aumentar la probabilidad de que un líder anti-partidos y con verdaderas tendencias plebiscitarias sea competitivo en la elección presidencial del 2017. Por lo demás, parapetarse en la defensa del ‘modelo’ es la mejor estrategia para no pensar soluciones nuevas a problemas viejos y para no darse el trabajo de repensar el proyecto político que la coalición le quiere ofrecer al país para los próximos 20 años. Así, una oposición verdaderamente dispuesta a llegar a acuerdos difíciles también es condición necesaria para una política más deliberativa.

Así las cosas, las perspectivas para una política deliberativa y sustentable dependerán en buena medida de que los sectores más moderados de ambas coaliciones no se dejen intimidar por sus socios de ruta que quieran plantear las cosas en la lógica binaria, según la cual cualquier concesión es una traición al pueblo o una renuncia a los propios principios. Lejos de ello, la capacidad de fundar con éxito un nuevo ciclo en la política chilena requerirá de extraordinarias habilidades propiamente políticas de prudencia, coraje, persuasión y responsabilidad, para así lograr combinar virtuosamente continuidad y cambio en nuestro modelo de desarrollo. En la encrucijada actual, donde una revolución de expectativas ciudadanas se está encontrando frente a frente con una crisis de representación, la consecuencia del fracaso bien puede ser una agudización del conflicto social y de la anomia política, con consecuencias insospechadas para nuestros muy debilitados partidos. Por eso, y a pesar de la indiferencia generalizada de los votantes ayer, pocas veces la apuesta ha sido más alta.

Link: http://voces.latercera.com/2013/12/16/daniel-brieba/nuevos-acuerdos-para-un-nuevo-ciclo-politico/

LA PELOTA NO SE MANCHA

diciembre 16, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de diciembre de 2013)

Chile vivió la jornada electoral con mayor abstención desde el regreso de la democracia. Aun así, Michelle Bachelet aumentó su votación en casi 400 mil votos respecto de la primera vuelta. Lo propio hizo Evelyn Matthei que conquistó 460 mil sufragios adicionales. No fue mucho lo que pudieron capitalizar de las candidaturas que quedaron en el camino el mes pasado. Sin embargo esto no resta –mucho- brillo a la contundente victoria de la postulante de la Nueva Mayoría. De hecho, Bachelet regresa a La Moneda con sólo unos pocos menos votos que los que obtuvo Sebastián Piñera en 2010: 3.466.930 contra 3.591.182.

Mucho periodista ayer preguntaba si la baja participación -40% del nuevo universo- afectaba la legitimidad del futuro gobierno. Es fundamental desterrar esa maligna teoría. Cualquier eventual debate respecto a la validez del resultado es artificial, le hace pésimo a Chile y sólo revela la irresponsabilidad de los pocos que la sostienen. La pelota no se mancha. Tenemos una bien ganada institucionalidad y debemos cuidarla entre todos. Bachelet será la presidenta de todos los chilenos.

Ligeramente distinta es la pregunta si acaso la ciudadanía quiere impulsar un programa de transformaciones radicales sin el respectivo respaldo abrumador en las urnas. Es una pregunta imposible de contestar. Nadie sabe a ciencia cierta en qué está pensando el 60% de los chilenos que no votó. En la UDI tienen su interpretación: si no votan es porque están contentos como están. Pero es una hipótesis tan débil y descartable como cualquiera. La fauna abstencionista es muy variada. En una de esas son más anti-sistémicos y consideran que Michelle no hará los cambios suficientes. Tal vez consideraron que ambas opciones eran malas. Quizás sencillamente les dio lata ir a votar.

Michelle Bachelet tendrá que ir tanteando terreno en el camino para ver qué tan lejos puede llegar, tomando en cuenta que tiene una importante mayoría parlamentaria. El desafío de su gobierno ya empezó: devolverle a los chilenos la confianza en que la política es una herramienta noble y efectiva para mejorar la calidad de vida de las personas. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-16&PaginaId=3&bodyid=0

LA REINVENCIÓN DE LA DERECHA

diciembre 13, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 13 de diciembre de 2013)

Los siguientes sucesos ocurrieron prácticamente en 24 horas. El presidente Piñera advirtió que en su coalición se están afilando los cuchillos para pasar cuentas después de la previsible derrota de Evelyn Matthei. El mitológico Pablo Longueira anuncia que -esta vez para siempre- se retira de la política. Desde su tribuna mercurial, el columnista Gonzalo Rojas llama a convocar una gran convención para deshacer los partidos actuales de la derecha y formar una nueva organización apta para la tarea de oponerse al inminente socialismo en Chile. El nuevo senador Iván Moreira llora la partida de Longueira y se pregunta en cámara si acaso subsisten razones para seguir en la UDI. El joven diputado Arturo Squella notifica al Pánzer Andrés Chadwick que su liderazgo en el partido de calle Suecia está en entredicho porque hace rato que se comporta más como piñerista que como gremialista. Chadwick no se hace problema y reconoce una obviedad del porte de una catedral: para su generación ha llegado la hora de dar un paso al costado y la renuncia de Longueira es un símbolo de aquello. Viviendo una realidad paralela, el senador Alberto Espina se autoproclama precandidato para el 2017. Dice que tiene todo el derecho. A fin de cuentas es el único integrante de la legendaria patrulla juvenil de los noventa que nunca fue promovido a presidenciable. Las redes sociales no saben si reír o llorar.

Los astros se posicionaron para decir cambio y fuera a la actual conducción de la derecha chilena. Lo presagiaron Jovino Novoa y Carlos Larraín al no postularse a un nuevo período senatorial. Lo avizoró la propia candidata Matthei al rodearse de rostros considerablemente más jóvenes para su comando de segunda vuelta. La pregunta es si acaso los dueños del poder entienden que la sobrevivencia política pasa por una transformación más profunda que excede los afanes cosméticos de una campaña. A la derecha hay que reconstruirla entera y no hay mejor momento para comenzar que después de una paliza electoral. No se trata de un castigo por este fracaso en particular. Es la campana de retirada para un elenco que en 25 años ganó apenas una sola elección. ¿Tienen acaso las nuevas generaciones la receta del éxito? Ni idea, pero la peor estrategia sería dejar que sus ímpetus se sigan atrofiando bajo la pesada frustración de las vacas sagradas.

Parten con una ventaja: no tienen deuda política ni moral por la dictadura. Hasta el día de hoy la pregunta que cae de cajón para cualquier candidato de derecha es si votó por la continuidad de Pinochet en 1988. Piñera fue la anomalía. El resto nunca se pudo sacudir el bulto. Quedaron etiquetados como cómplices pasivos. La historia emitió su veredicto y en este juicio no hay apelaciones. Cuando ganó Nicolás Sarkozy, la prensa francesa subrayó que se trataba del primer presidente nacido después de la segunda guerra mundial. Todo un símbolo de recambio después de los 26 años sumados que cumplieron en el poder los veteranos Mitterrand y Chirac. Para la derecha será igualmente simbólico cuando su primera línea no haya tenido siquiera la edad para votar en el plebiscito.

Asociado a lo anterior, uno esperaría que se tratase de una derecha de antecedentes limpios, irrestricto respeto a los derechos humanos y compromiso de fuego con la democracia. Nunca faltarán los clones ni los mini-me que repetirán el discurso pinochetista nostálgico de los abuelos. No es relevante. Lo que importa es que esos grupos sean marginalizados y reducidos a la irrelevancia política absoluta, como lo hicieron los españoles que fundaron el Partido Popular con los escombros franquistas que heredaron.

Uno esperaría, también, que se tratase de una generación con menos miedo. No vamos a volver a la UP ni Chile se va a convertir al chavismo por acceder a conversar una o dos reformas que se caen de maduras. De hecho, despachar de una buena vez el binominal sería la venganza perfecta de los hijos contra los padres: operando como un seguro contra la derrota, nuestro sistema electoral es responsable que los costos políticos por mala conducción los pague moya. La derecha partidaria de la libre competencia debería acogerse a un régimen dónde los buenos sean premiados y los malos se vayan para la casa. La asamblea constituyente puede ser un tema más complejo, pero sería extraordinariamente interesante que los nuevos liderazgos del sector se animaran a deliberar sus posibilidades antes de poner cara de amurrado. Quién sabe… en una de esas la mejor manera de superar el trauma de los políticos de ayer es construir entre todos las reglas de mañana. 

En la dimensión económico-social, la derecha que se viene tendrá que salir a dar una batalla eminentemente ideológica. Quizás haya que tomarse un par de años antes de tener una idea clara y consensuada del proyecto país que se quiere ofrecer. La pasadita por el poder sirvió para testear el sabor del servicio público pero no alcanzó para modelar una narrativa ideológica. Menos bajo la dispersión mental de su Excelencia. Lo peor que podría hacer la derecha en los próximos años es involucionar al lavinismo o al eslogan básico de los problemas de los políticos versus los problemas de la gente. El Chile joven que amanece ha reclamado el espacio público para discutir sobre principios: cuánta libertad y cuánta igualdad. La derecha requiere politizarse para estar a la altura. Es la hora de los ideólogos, no de los gerentes. Hay que pensar muy bien por qué se quiere hacer lo que se quiere hacer. La tarea no es fácil: la derecha tiene que re-convencer al país que la meritocracia es más justa que la inclusión, que la focalización del gasto es más justa que la universalización de los derechos, que el esfuerzo individual es más justo que la dependencia estatal como indicador de las recompensas sociales. Si la derecha no entrega argumentos de justicia al respecto estará condenada a la caricatura de actuar por interés antes que por ideales. En estos cuatros años, reconozcámoslo, la izquierda se dio un festín con la pobreza intelectual del oficialismo. Llegó la hora de contratacar y nada mejor que ser oposición para hacerlo.

Queda el espinudo tronco de los temas valóricos, morales y culturales. En esto, me temo, la próxima derecha se verá irremediablemente dividida. Lo más probable es que Chile progrese hacia un escenario de más libertades individuales y ese avance será legítimamente resentido por los grupos más conservadores. No hay muchas vueltas que darle. Los únicos que tienen una oportunidad política aquí son los llamados liberales de la “nueva derecha”. Por un lado, para probar que realmente lo son y no seguir mancillando el calificativo. Hasta ahora han sido mucho ruido y pocas nueces. Por otro, para ampliar el arco de convocatoria del sector, antes que sea demasiado tarde y sus potenciales adeptos terminen todos en brazos de Andrés Velasco escapando de la beatería.

La tarea que le espera a la derecha es triple. En lo inmediato, organizarse para ser una oposición decente a Bachelet. Luego, entregar galvanos de reconocimiento y premios a la trayectoria para darle tiraje a la chimenea. Finalmente, densificar el discurso en busca de un relato doctrinario coherente y compartido. Puede que no lleguen al poder de la noche a la mañana. Pero no hay apuro: sus predecesores se tomaron su tiempo.

Link: http://www.capital.cl/opinion/la-reinvencion-de-la-derecha/

UN INSTANTE MANDELIANO

diciembre 8, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de diciembre de 2013)

Nelson Mandela fue un coloso porque dedicó su vida a luchar por la libertad de su pueblo y una vez que obtuvo el poder convirtió la rabia en perdón y reconciliación. En esa combinación radica su gigantesca estatura política y moral. Los que miran a Mandela como ejemplo e inspiración deben tener en cuenta que ambos aspectos son inseparables en su legado.

Esa es la principal diferencia que existe entre Mandela y otros gobernantes que usualmente son percibidos como igualmente justicieros. En Latinoamérica los casos más notables son los de Fidel Castro y Hugo Chávez. Ambos están a kilómetros del madiba sudafricano porque solamente siguen la primera parte de su ejemplo. Sin embargo una vez que acceden al poder son excluyentes, autoritarios y desprecian continuamente al adversario. Mandela –que pasó muchísimo más tiempo en la cárcel que el cubano y el venezolano- hizo algo muy distinto. Utilizó su privilegiada posición de influencia sobre la comunidad negra y los convenció que el camino no era la revancha sino la magnanimidad. Por ejemplo, cuando intercede por los blancos para que el equipo sudafricano de rugby pueda continuar usando los emblemas y colores históricamente asociados al apartheid. En la expresión más clara del ejercicio de liderazgo político, Mandela tuvo la valentía de exigir –en lugar de meramente complacer- a sus partidarios. De esa manera se validó frente a sus opositores afrikáners y los persuadió de hacer otras tantas concesiones por su lado. En resumen, movilizó a propios y rivales hacia un punto de encuentro. ¿Se nota la diferencia con el lenguaje de descalificación y guerra permanente que hasta el día de hoy utilizan los líderes de Cuba o Venezuela?  

Probablemente la próxima comparación sea desproporcionada, pero en Chile vivimos algo parecido a lo que podría llamarse un instante mandeliano. Era la noche del 12 de marzo de 1990 y el recién investido presidente de la república Patricio Aylwin se dirigía a los chilenos desde el estadio nacional. Pausadamente leía su discurso hasta que llega la parte en la cual resalta la importancia de restablecer un clima de respeto y de confianza entre todos los sectores, incluyendo civiles y militares. Cuando dijo esta última palabra se le vino encima una pifiadera del demonio, a la que Aylwin reaccionó enérgico y vehemente: “¡sí compatriotas: civiles o militares, Chile es uno sólo!”, con lo que transformó las pifias en aplausos. Era fácil dejarla pasar para no frustrar a los propios. Sin embargo Aylwin prefirió enfrentar incluso a sus partidarios para dejarles claro cómo se construye un país de todos. Más todavía, Mandela y Aylwin a diferencia de Fidel y Chávez, no se engolosinaron con el poder y entendieron que el sentido de sus gobiernos se proyectaba mejor dando paso a nuevas generaciones para evitar el virus de la dependencia personalista. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-08&NewsID=247595&BodyID=0&PaginaId=19

“GOBERNAR ES UN SHOW, PERRITO”

diciembre 5, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 5 de diciembre de 2013)

La extraordinaria filósofa Hannah Arendt era una fanática de la antigua Grecia y la vieja Roma porque en esos tiempos el político hacía uso del espacio público para dirigirse a sus compatriotas como en un gran teatro. Los hombres públicos eran verdaderos artistas, decía la Arendt, capaces de interpretar papeles que tocaban la fibra del auditorio.

¿Cuántos de nuestros actuales políticos están a la altura del ideal arendtiano? ¿Cuántos aprovechan su tribuna para demostrar su virtuosismo con las palabras, el ritmo, el histrionismo y el manejo de la emoción? Muy pocos en el Chile de hoy.

Dice la historia que los tuvimos. Cuentan que don Arturo Alessandri, el león de Tarapacá, era una bestia en el escenario. Frei Montalva, relatan los abuelos, también era un orador fenomenal. Allende, otro amigo de las palabras. Carismáticos, exuberantes… y completamente caricaturizables. Todos estos personajes habrían sido la delicia de un genio como el de Stefan Kramer y sus imitaciones.

¿Se imagina a Kramer viajando por el pasado y conectando a las nuevas generaciones con la historia gracias al atajo que regala el humor? ¿Cómo le habría ido a un imitador igualmente osado en tiempos menos amigables con la libertad de expresión? ¿Cómo habría descomprimido –o tensionado- el ambiente de los años de la transición? ¿Cómo se habría tomado Augusto Pinochet una subida al columpio cuando todavía tenía poder? ¿Cómo habría inmortalizado Kramer aquella guasonesca sonrisa de Aylwin, la parquedad de Frei Ruiz-Tagle, los tics de José Miguel Insulza, la vehemencia de Gladys Marín, la condescendencia autoritaria de Lagos o la exasperante suavidad del cardenal Errázuriz? ¿Cómo sería el Fidel Castro o el Hugo Chávez, dos gobernantes teatreros por excelencia, personificados por nuestro Kramer?

“Gobernar es un show, perrito” dice Miguel Piñera en “Ciudadano Kramer”. Suena ofensivo pero tiene un punto. Un buen político entiende la necesidad de ser un buen actor. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-05&NewsID=247357&BodyID=0&PaginaId=20