¿TANTO TE IMPORTA EL PROGRAMA?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1 de diciembre de 2013)

Esta semana conocimos una nueva versión del programa de gobierno de Evelyn Matthei. Algo sobre las oportunidades, la clase media y los abusos. No tuvo mucha resonancia. Bastó que la candidata de la Alianza se comprometiera con los evangélicos a no contradecir la Biblia para poner el foco de la opinión pública en otra parte. Curiosa esquizofrenia, toda vez que los cambios que sufrió el programa original habrían estado motivados por la necesidad de persuadir a sectores más moderados y menos tradicionalmente derechistas. La estrategia de poner caras jóvenes y supuestamente liberales en primera línea naufragó dolorosamente en aguas benditas.

Michelle Bachelet, en cambio, no tiene necesidad de hacer cirugía en su programa. A un 46% de los chilenos le gustó el paquete de propuestas de primera vuelta. Sin embargo en su coalición también campea la esquizofrenia: su programa se juramenta a cambiar el sistema binominal, sin embargo apenas tuvieron la oportunidad de botarlo –días después de la elección- los parlamentarios de la Concertación sencillamente se ausentaron de la sala. El set programático de Michelle también se la juega por más igualdad en la educación, pero esta semana vimos cómo sus diputados rechazaron la subvención preferencial escolar para los estudiantes de tercer y cuarto medio más vulnerables del país.

Estas anécdotas son pistas que confirman algo que sabemos: los programas de gobierno, en la práctica, importan bastante menos de lo que deberían. Los votantes no le dedican la semana previa a las elecciones a comparar propuestas y a extraer conclusiones al respecto. Quizás una excéntrica porción minúscula sí lo hace, pero el resto de los chilenos básicamente vota por el sector político por el cual ha votado siempre, por el que vota su familia o por el que resuena con sus aspiraciones ideológicas más generales. Esto no significa que los candidatos puedan olímpicamente omitir la presentación de abarcadores programas. Por el contrario, esa debiera ser la línea de base para cualquier postulación en serio. Los ciudadanos también debiésemos acostumbrarnos a exigir su cumplimiento. El punto es que en realidad nadie le presta mucha atención a los programas y nos engañaríamos creyendo lo contrario.

A fin de cuentas, gobernar no es seguir un recetario. Bien lo saben Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. La primera se disparó en popularidad recién después de la mitad de su mandato cuando el mundo padeció una crisis económica internacional, que le permitió a la ex presidenta mostrar su responsabilidad en el manejo de la billetera fiscal y su compromiso de protección social con los grupos más vulnerables. El presidente Piñera no tuvo ni el terremoto ni el rescate de los mineros ni la revuelta estudiantil en su programa. Sin embargo han sido estos tres hitos los que han determinado el curso de su gobierno. En buena medida, gobernar es saber navegar las turbulencias. Con independencia de lo que diga el programa

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-01&NewsID=246913&BodyID=0&PaginaId=27

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