EL SEGUNDO PLATO DE MICHELLE

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de diciembre de 2013)

En una versión remozada, la vieja Concertación vuelve al poder. Cuenta con dos activos potentísimos. El primero es Michelle Bachelet. La presidenta electa sigue siendo propietaria de un capital político personal e intransferible como lo han tenido pocos dirigentes en la historia de Chile. El segundo es haber timbrado las demandas del llamado movimiento social. Desde Camila Vallejo hasta Iván Fuentes, todos caben en el amplio paraguas de la Nueva Mayoría. Las claves del éxito, al menos en una primera etapa, están en saber cómo jugar estas dos cartas de triunfo.

Respecto de Bachelet, todo indica que la estrategia será volver a blindarla como en la segunda parte de su anterior gobierno. A diferencia del Piñera de parca roja metido en todas las chuchocas, doña Michelle no sirve para la patada y el combo. Es una Jefa de Estado más que una Jefa de Gobierno. Pero para sobrevivir en la torre de marfil se necesitan leales soldados dispuestos a ofrecer su pecho a las balas. La conformación de su gabinete nos dirá quiénes serán los encargados de representarla en la desgastante refriega del día a día. No es tarea sencilla: deberá encontrar el equilibrio entre la ambición de los impopulares partidos y la necesidad imperativa de caras nuevas.

La nueva presidenta sabe que las expectativas son altas y hay que aprovechar la luna de miel que suelen tener los mandatarios en los primeros meses después de asumir. Aprovechando la legitimidad de las demandas estudiantiles, una buena jugada sería partir por hincar el diente ahí. Si lo hace mata varios pájaros de un tiro: abrocha una alianza parlamentaria con los ex líderes universitarios y desactiva la pólvora de la calle, aquella que le amargó la vida –y le botó un par de ministros- a mediados de 2006. La cuestión constitucional puede esperar para el segundo tiempo. Por un lado, es un tema árido que todavía requiere socialización (educación gratuita es un eslogan mucho más fácil y pegajoso); por el otro lado, porque la tentación de hacerla corta puede terminar en un texto aprobado por vía parlamentaria matando a los poetas de la asamblea constituyente.

Más que eso es difícil aventurar. El programa apenas define prioridades. Un buen gobierno se define en su capacidad de controlar la agenda y de salir jugando cuando le apedrean el rancho. Quizás en este minuto se están incubando las crisis que va a enfrentar Bachelet en dos años más. La señora ya se las arregló una vez y probablemente lo haga de nuevo. Los que se repiten el plato conocen mejor el sabor. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-12-17&NewsID=248590&BodyID=0&PaginaId=14

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